APOCALIPSIS
Análisis de las profecías y visiones
Capítulo Cuatro
"Las Siete Trompetas"
Capítulos ocho, nueve, diez y once del libro de Apocalipsis

Siete trompeteos de advertencia
y orientación para los habitantes del planeta Tierra.
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Sección 2
Parte 6
La Sexta Trompeta (el “segundo ay”)
Apocalipsis 9:13-18; 10:1-11; 11:1-14
La “Parte 6” se compone de la “Introducción” para
el “Gran Drama de la Sexta Trompeta” y las “Cuatro escenas
principales” del drama.
Escena 4
(de las cuatro principales)

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Algunos dicen que los "dos testigos" son Moisés y Elias.
Abundantes evidencias hacen insostenible semejante tesis.
Los “dos testigos”, también llamados los “dos profetas”
Apocalipsis 11:3-14
3
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta
días, vestidos de cilicio. 4 Estos testigos son los dos
olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la
tierra. 5 Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de
ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe
morir él de la misma manera. 6 Estos tienen poder para cerrar
el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen
poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la
tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. 7 Cuando hayan
acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra
ellos, y los vencerá y los matará. 8 Y sus cadáveres estarán
en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama
Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado. 9
Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por
tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. 10 Y
los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y
se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían
atormentado a los moradores de la tierra. 11 Pero después de
tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y
se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los
vieron. 12 Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía:
Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron.
13 En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte
de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete
mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del
cielo. 14 El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene
pronto.”
“Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros
que están en pie delante del Dios de la tierra.”
Apocalipsis 11:4.
I. La identidad de los "dos testigos",
también llamados “dos profetas” en Apocalipsis 11:10.
"Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos
sesenta días, vestidos de cilicio" (Apocalipsis 11:3). “…porque
estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la
tierra” (Apocalipsis 11:10).
A. Todas las descripciones y
los eventos que arrojan luz sobre la identidad de los "dos
testigos-dos profetas” –su obra, poder, muerte y resurrección- nos
convencen que ellos son Jesucristo y el Espíritu Santo.
1. Jesucristo
es uno de los “dos testigos”. Considere, estimado lector, las
evidencias.
a) En
Apocalipsis 1:5, Jesucristo es identificado textualmente como "el
testigo fiel". En Apocalipsis 3:14, el Señor se identifica a sí
mismo como "el testigo fiel y verdadero". La función de
“testigo” es dar “testimonio”. Durante su ministerio terrenal, Jesús
dijo a los fariseos: “Yo soy el que doy testimonio de mí mismo,
y el Padre que me envió da testimonio de mí” (Juan 8:18).
Dirigiéndose a Pilato, dice: “Yo para esto he nacido, y para esto he
venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Juan
18:37). Al respecto, el ángel a quien el apóstol Juan pretendía adorar
apuntó: “…el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”
(Apocalipsis 19:10).
b) Durante la
Era Cristiana, Jesucristo está sentado sobre su trono a la diestra de su
Padre en el cielo, y “…preciso es que reine hasta que haya puesto a
todos sus enemigos debajo de sus pies…” (1 Corintios 15:25).
Allá donde reina, él, en su calidad de “Verbo”, da
testimonio. “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo:
el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo” (1 Juan 5:7). Pero,
sigue dando testimonio también en la tierra, haciéndolo por medio de
los cristianos que son “buenos administradores (evangelistas,
predicadores, maestros, maestras, obispos y diáconos) de la
multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 3:10), pues todos estos se
ocupan, efectivamente, en la encomienda espiritual de dar
"testimonio" tanto al mundo como a la iglesia acerca de la obra
redentora de Dios. Por ejemplo, el apóstol Pablo exhorta al evangelista
Timoteo: “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de
nuestro Señor…” (2 Timoteo 1:8). Algunos cristianos fueron
“…decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de
Dios” (Apocalipsis 20:4). En Pérgamo, “Antipas mi testigo
fiel fue muerto entre vosotros…”, anota Cristo en su carta a la
iglesia en aquella ciudad de la provincia romana de Asia (Apocalipsis
2:13).
2. El
Espíritu Santo es uno de los “dos testigos”. A continuación,
algunas evidencias.
a) "Y el
Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.
Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el
Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno" (1 Juan
5:6-8).
b) Si bien el
Espíritu Santo da “testimonio en el cielo”, también lo da en la
tierra. “Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el
Espíritu, el agua (del bautismo) y la sangre (vertida en
la cruz); y estos tres concuerdan” (1 Juan 5:8). “El Espíritu
es la verdad”, escribe el apóstol Juan (1 Juan 5:6), y
“tu palabra es verdad”, afirma Cristo en su oración al Padre
(Juan 17:17). Por tanto, tomando en cuenta que “la palabra del
Señor permanece para siempre” y que “esta es la palabra
que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25),
podemos asegurar confiadamente que el Espíritu Santo siempre da
testimonio en la tierra mediante la verdad divina indestructible,
imperecedera. De hecho, habiendo cumplido a cabalidad en el Siglo I su
tarea asignada de revelar a los apóstoles “toda la verdad” (Juan
16:13), el Espíritu Santo, al igual que Cristo, sigue testificando hasta
el sol de hoy mediante las personas que aceptan y siguen fielmente la
Palabra divina que él trajo, haciéndolo especialmente por medio de
“ministros competentes” del Nuevo Testamento (2 Corintios 3:6). Por
la misma palabra inspirada, y no por “sueños, visiones, sentimientos,
ángeles o lenguas jerigonzas”, “el Espíritu da testimonio a
nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16).
3. Al
proseguir con el análisis de Apocalipsis 11:3-14, encontraremos datos
adicionales que confirman esta identificación de los “dos
testigos-dos profetas”.
B.
"Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en
pie delante del Dios de la tierra" (Apocalipsis 11:4). Dos metáforas
constituyen pistas intrigantes para dar con la identidad correcta de los
“dos testigos”, a saber, estos testigos “son los dos olivos,
y los dos candeleros”.
1. "…los
dos olivos…".
a) El "olivo",
árbol que puede vivir hasta más de dos mil años, simboliza perfectamente
a Cristo, la iglesia, el Espíritu Santo y la Palabra inspirada, los
cuales permanecen siglo tras siglo durante la Era Cristiana, hasta el
fin del tiempo.
-“Olivo,
árbol muy longevo que se cultiva para obtener principalmente sus frutos,
las aceitunas u olivas, desde hace tres mil años. El olivo silvestre,
denominado acebuche, se extiende por los países ribereños del
Mediterráneo. De su fruto, la oliva o aceituna, se extrae el aceite de
oliva de tan alta calidad culinaria.” age fotostock.
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b) El profeta
Zacarías también vio, en las visiones que le fueron dadas, "dos
olivos". “Volvió el ángel que hablaba conmigo… Y me dijo: ¿Qué
ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un
depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro… Y junto a
él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su
izquierda”. Zacarías pregunta al ángel: “¿Qué significan estos
dos olivos…?” Y el ángel le dice: "Estos son los dos
ungidos que están delante del Señor de toda la tierra"
(Zacarías 4:1-14). Tomando “los dos ungidos” como pista
para dar con la identidad de los “dos testigos”, descubrimos que
cualifican perfectamente Jesucristo y el Espíritu Santo como “dos
ungidos” delante de Dios.
(1) Cristo es
el "ungido de Dios" (Lucas 2:26; 4:18; Hebreos
1:9).
(2) También
Dios "ungió" al Espíritu Santo para que este, a su vez, sea la
"unción" para los cristianos (1 Juan 2:20-27). “Pero la unción
que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros… la unción misma os
enseña todas las cosas, y es verdadera…”. El Espíritu de Dios
es quien nos enseña “todas las cosas”, o sea, “toda la verdad”
(Juan 16:13), y por consiguiente, él es aquella “unción” que
“enseña todas las cosas”.
(3) En
sentido espiritual, todo "buen ministro de Jesucristo" (1 Timoteo
4:6) es "ungido", es decir, apartado o elegido (Hechos 13:1-3) para los
ministerios del Reino, los cuales incluyen proclamar las profecías y dar
"testimonio" de Jesucristo.
2. Los “dos testigos” son
"los dos candeleros".
a) De
nuevo, las similitudes entre algunas visiones de Zacarías y la visión
apocalíptica de los “dos testigos” arrojan luz sobre la identidad
de estos. El profeta ve "un candelabro todo en oro, con
un depósito encima, y sus siete lámparas encima del candelabro".
Zacarías pregunta al ángel: "¿Qué es esto, señor mío?"
Respondiendo el ángel, dice: "¿No sabes qué es esto?... Esta es
palabra de Jehová... que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino
con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos…" (Zacarías
4:2-6).
(1) ¡Enigma
resuelto! El "candelabro", con sus “siete lámparas encima”,
simbolizan la "palabra de Jehová". Luz divina emana de
las siete lámparas, la luz de la “palabra de Jehová”. “Lámpara
es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).
Durante la presente Era Cristiana, la palabra de Cristo y el Espíritu
Santo (Juan 16:13-15) es luz para la iglesia y el mundo entero. “Tu
palabra es verdad" (Juan 17:17). Jesucristo personifica esta
“palabra”, siendo el “Verbo” (Juan 1:1) por medio del
que Dios divulga a los humanos su voluntad, y como tal, Jesús también
personifica la luz divina emanante de la “palabra de
Dios” (Colosenses 1:25). Al respecto, el Señor afirma
enfáticamente: “Yo soy la luz del mundo; el que me
sigue, no andará en tinieblas…” (Juan 8:12). “Aquella luz
verdadera, que alumbra a todo hombre” (Juan 1:9), “vino al
mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz…” (Juan
3:19).
(2) No es
menos cierto que por conducto del Espíritu Santo se hace llegar la luz
de la palabra divina a la raza humana. Tanto se identifica el Espíritu
con “la verdad” que de él se dice: "…el Espíritu es la
verdad" (1 Juan 5:6), personificando el Espíritu Santo la
verdad. Y “la verdad” es la “palabra de Dios”, y esta
“palabra” es luz tanto para gentiles como para judíos, y el portador
de esta luz celestial es el Espíritu mismo.
(3) Guiados
por estas similitudes y realidades, nos parece del todo razonable
plantear que "los dos candeleros" de Apocalipsis 11:4
representan muy apropiadamente a Cristo y al Espíritu Santo.
b) Aun las
palabras que oyó Zacarías, "No con ejército, ni con fuerza, sino
con mi Espíritu", son aplicables también durante toda la
Era Cristiana, incluso durante el "poco de tiempo" cuando las
naciones engañadas intentarán acabar con “la palabra de Dios” y
la iglesia verdadera. Porque los cristianos triunfamos sobre todos
nuestros enemigos por medio de “la palabra de Dios”, poderosa y
eficaz, entregada a nosotros por el Espíritu Santo, y no "con
ejército, ni con fuerza" materiales o carnales. “Estad, pues,
firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad… y calzados los pies
con el apresto del evangelio de la paz. Y tomad… la espada del
Espíritu, que es la palabra de Dios…” (Efesios 6:14-17).
c)
"…los dos candeleros… están en pie delante del Dios de la
tierra."
(1) “…en
pie...” O sea, parados. No acostados en el suelo, o tumbados.
“…están en pie delante del Dios de la tierra”, y esto
significa que están en el cielo. Efectivamente, Cristo y el
Espíritu Santo, representados por “los dos candeleros”, “están
en pie delante del Dios de la tierra”. “Estaba en pie un
Cordero como inmolado”, siendo Cristo mismo aquel Cordero. Los
“siete cuernos, y siete ojos” que tiene el Cordero “son los
siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”
(Apocalipsis 5:6). Percibimos a estos “siete espíritus” como la
personificación de los atributos y obras principales del Espíritu Santo,
y como tal, representan a él. Pues entonces, Jesucristo y el Espíritu
Santo están en el cielo, más sin embargo, esto no imposibilita que se
manifiesten en la tierra, y de hecho, lo hacen mediante la iglesia, con
sus ministros fieles al frente, y mediante la palabra inspirada del
“nuevo pacto”. No han sido apagados; no han sido derribados. Siguen
alumbrando con su luz celestial.
(2) “Los
dos candeleros” siguen "en pie" aun durante los años
difíciles del "poco de tiempo" hasta el momento cuando acaban su
testimonio (Apocalipsis 11:7). No se libran de la “gran tribulación”
de aquel tiempo futuro hasta casi, casi terminado el mismo.
C. Los “dos
testigos” son “dos profetas". Habiendo dado muerte a
los “dos testigos”, los “moradores de la tierra se regocijarán
sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque
estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la
tierra” (Apocalipsis 11:10). Desde luego, tanto el Espíritu Santo
como Jesucristo son profetas, pues los dos nos han revelado toda
profecía inspirada. Anticipando la encarnación del Hijo de Dios y su
obra a favor de la raza humana, Jehová dice a Moisés: “Profeta les
levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis
palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”
(Deuteronomio 18:18). Jesucristo es aquel “profeta”
prometido. Cónsono con este hecho es lo que dice el ángel al apóstol
Juan: “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”
(Apocalipsis 19:10).
II.
“Y daré a mis dos
testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de
cilicio” (Apocalipsis 11:3).
A.
¿Por cuánto tiempo profetizan los dos testigos?
“…por mil doscientos sesenta días...”
B. ¿Cuándo
transcurren estos "mil doscientos sesenta días"?
Durante el periodo de comparativamente poca duración que precede de
inmediato la voz de la Séptima Trompeta, la cual señala que el
tiempo mismo no será más. Este período se llama el “poco de tiempo”
(Apocalipsis 20:1-10).
1. Esta es
la posición temporal que ocupan los "mil doscientos sesenta
días" en la secuencia de profecías y visiones
proclamadas por la Sexta Trompeta. Repasemos lo revelado.
a) Desatados
los cuatro ángeles que aguardaban “junto al gran río Éufrates… la
hora, día, mes y año” programados para su intervención, matan “a
la tercera parte de los hombres” mediante “tres plagas”
(Apocalipsis 9:13-21).
b) Después,
el “ángel fuerte” anuncia el fin del tiempo y la consumación del
“misterio de Dios” para cuando comience a sonar la Séptima
Trompeta. También entrega al apóstol Juan el “librito abierto”
que es “dulce como la miel” en la boca, pero amarga el vientre.
Apocalipsis 10:1-11.
c) Entonces,
Juan recibe “una caña semejante a una vara de medir”, con
instrucciones de tomar la medida del “templo de Dios, y el altar, y a
los que adoran en él”, pero no del “patio que está fuera… porque
ha sido entregado a los gentiles” quienes hollarían “la ciudad
santa cuarenta y dos meses” (Apocalipsis 11:1-2).
d) La próxima
“Escena” en la secuencia de cuatro que componen el gran drama de la
Sexta Trompeta es la de los “dos testigos”. Por un lado, las
“tres plagas”, el anuncio del fin del tiempo y la orden de medir al
templo, y por el otro, el levantamiento de los “dos testigos”
(Apocalipsis 11:11-12), la señal de “un gran terremoto”
(Apocalipsis 11:13) y el trompeteo del séptimo ángel (Apocalipsis
11:15-19), fijan con bastante precisión parámetros temporales para
los “mil doscientos sesenta días”. Estos transcurren después
de los primeros tres eventos señalados, pero antes de los segundos tres.
Este hecho los ubica, necesaria e indiscutiblemente a nuestro parecer,
en el “poco de tiempo”, etapa que sigue el Milenio pero que
precede la Segunda Venida de Jesucristo “como ladrón en la noche”,
y por supuesto, la cesación del tiempo mismo.
2. Veremos
que confirma esta interpretación el análisis de las condiciones
prevalecientes durante los "mil doscientos sesenta días" y de los
acontecimientos profetizados para referido período.
B. El
tiempo de "mil doscientos sesenta días" es igual a
"cuarenta y dos meses".
1. Los
"gentiles... hollarán la santa ciudad cuarenta y dos meses"
(Apocalipsis 11:2).
2. Los dos
testigos profetizan por "mil doscientos sesenta
días".
3. Nuestra
convicción es que los dos tiempos transcurren simultáneamente,
tratándose en ambos casos de una porción, probablemente de la mayor
parte, del “poco de tiempo” que precede de inmediato la voz de la
Séptima Trompeta.
C. Los dos profetas (testigos)
profetizan “vestidos de cilicio”. “Cilicio.
Ropa de material áspero fabricado de pelo de
cabra o de camello, usada como señal de duelo o angustia (Isaías 58:5;
Jonás 3:8); ya sea una bolsa floja ubicada sobre los hombros o un
taparrabos.” (Diccionario bíblico conciso
Holman. Broadman and Holman Publishers. Nashville, Tennessee 37234.
Página 121)
¿Por qué profetizarían los
dos testigos con angustia, profunda tristeza y quizá lamentaciones
amargas?
1. Discernimos las siguientes
razones principales.
a) Porque durante
los "mil doscientos sesenta días" que preceden la muerte de los
dos testigos fieles, los "gentiles", o sea, gente
incrédula, depravada y opuesta a Dios, dominan completamente a los
gobiernos y las naciones de la tierra. Ellos hollan la "ciudad
santa" (la iglesia), efectivamente trabando la obra de Cristo y el
Espíritu Santo. Esta penosa, difícil y amenazante situación hace que los
dos testigos se vistan de "cilicio".
b) Además,
habiendo entrada ya en la iglesia “la plenitud de los gentiles”
(Romanos 11:25), pocas personas son las que se convierten al Señor
durante el “poco de tiempo”, hasta por lo menos los últimos días
del período cuando los ciento cuarenta cuatro mil judíos son sellados
(Apocalipsis 7:1-8). La cosecha de almas es parca, circunstancia que
entristece sobremanera a cualquier predicador sensible.
2.
Ubiquémonos con mucha exactitud en la línea del tiempo para poder
apreciar este particular importante de la profecía.
a) Durante el
Milenio de paz y libertad para la iglesia, con regocijo
los dos testigos dan su testimonio en la tierra mediante la Palabra y la
iglesia verdadera, con sus portavoces, obispos y maestros fieles. No son
perseguidos ni trabados en su obra. Muchas, muchas almas confiesan a
Jesucristo como Salvador, arrepintiéndose y bautizándose “para perdón
de los pecados”, conforme al mandato del Espíritu Santo en Hechos
2:38 y la previa orden de Cristo en Marcos 16:16. La cosecha es grande.
Entra “la plenitud de los gentiles” en el reino de Dios.
b) Pero, llegada
la época de los gobernantes engañados, de los "tres
espíritus inmundos a manera de ranas", de las "langostas" que
atormentan a los que no tienen el "sello de Dios", época sombría
cuando desaparecen la paz y la libertad para la iglesia, ¡los dos
testigos se visten de luto! Figurativamente, los ministros fieles
del Señor se visten de "cilicio" para continuar su obra aun en
tiempos sumamente difíciles. “Te encarezco delante de Dios y del
Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y
fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:1-2), exhortación que sigue
vigente durante toda la Era Cristiana hasta el momento cuando los dos
testigos son muertos.
c) Durante la
Edad del Oscurantismo (la Edad Media), la voz de los dos testigos
es casi inaudible, callada por las crueles fuerzas religiosas apóstatas,
las cuales, unidas por convenios diabólicos a los poderes seculares
engañados, se arremeten con violencia contra los dos testigos. Pocos son
los ministros valientes del Señor que proclaman las profecías dadas para
el tiempo de la gran "apostasía" (2 Tesalonicenses 2:1-12). Pero,
en marcado contraste, durante los "mil doscientos sesenta días"
de Apocalipsis 11:3, los incrédulos escucharán sí muy claramente el
"testimonio" de los dos testigos (de la iglesia con sus
“ministros competentes” llenos del Espíritu), tanto que se
sentirán atormentados por las profecías que anuncian
persistentemente estos dos siervos "en pie delante de Dios"
(Apocalipsis 11:10).
d) Afirmamos
que la profecía sobre los “dos testigos” no es aplicable al
tiempo largo de la Edad Media. Repasemos los hechos. La Reforma y el
Renacimiento ponen fin a la Edad Media, efectivamente librando a la
iglesia verdadera, con sus administradores fieles, de la persecución de
las bestias de Apocalipsis 13. Librados los “dos testigos” de sus
feroces perseguidores, con gozo inician una magna obra de restauración y
evangelización, la que continúa durante todo el Milenio. Respetado
lector, ¿discierne usted acertadamente la secuencia?
(1) Primero,
los “dos testigos” se encuentran duramente acosados durante la
Edad Media, casi callados de tiempo en tiempo.
(2) Luego,
librados de aquellas dolorosas trabas cuando las naciones se quitan,
violentamente, el yugo de la iglesia apóstata (la “gran ramera”,
con sus hijas rameras –Apocalipsis 17), no tolerando que ella siga con
sus persecuciones malvadas, comienzan a predicar con júbilo,
regocijándose por la preciosa libertad religiosa que los poderes
seculares ofrecen y garantizan.
(3) Continúan
así durante el tiempo de libertad y paz para la iglesia cuando las
naciones no están engañadas, es decir, durante el Milenio.
(4) Luego,
habiendo entrado “la plenitud de los gentiles” y cayendo de nuevo
las naciones bajo el dominio de Satanás, continúan su obra, pero
“vestidos de cilicio”, y esto lo hacen durante “mil doscientos
sesenta días”.
(5) Por lo
tanto, los “mil doscientos sesenta días” siguen al Milenio.
No son concurrentes con la Edad Media. Transcurren mucho tiempo después
de finalizada la Edad Media, como además, después del tiempo de la
Reforma y del Renacimiento.
III.
La obra de
los “dos testigos”.
A.
Su obra es profetizar. "Daré a mis dos testigos que
profeticen" (Apocalipsis 11:3 y 10). Leyendo desde Apocalipsis
11:1 en adelante, se infiere que quien “dará” a los “dos
testigos que profeticen” es Dios Padre. ¿Cuáles profecías traerían
los “dos testigos” para el periodo de los "mil doscientos
sesenta días"?
1. Pues, razonamos
que probablemente las profecías relacionadas específicamente con los
“mil doscientos sesenta días” halladas en el libro mismo de
“Apocalipsis” que estamos estudiando, como además, las de otros
textos proféticos relevantes del Nuevo Testamento, por ejemplo, 2
Tesalonicenses 2:1-12; 1 Timoteo 4:1-5; 2 Timoteo 3:1-9; 4:1-5; 2 Pedro
3:1-13, etcétera, aplicables, aunque sea en parte, al período bajo
escrutinio. Profecías sobre acontecimientos y situaciones durante el
“poco de tiempo”. Citándolas, repitiéndolas, explicándolas,
aplicándolas certeramente. Situándolas en su contexto verdadero.
Profecías de tormento para los que no tienen el "sello de Dios",
de las "tres plagas" y las “siete plagas” dolorosas,
devastadoras, de los últimos días, traídas para hacer que los pecadores
se arrepientan. Profecías acerca de los juicios severos de Dios que
vendrán sobre las cabezas de los impenitentes recalcitrantes. Profecías
sobre la obra satánica de los “los tres espíritus inmundos a manera
de ranas”, la batalla de Armagedón y la derrota final de los que se
levantan contra Dios. Profecías en torno al lago de fuego y azufre para
todos los enemigos de Dios que no se dobleguen ante él, etcétera,
etcétera. Este tipo de profecía atormentará grandemente a los incrédulos
y depravados (Apocalipsis 11:10), incitándolos a unirse para guerrear
contra Dios.
2. ¿Traerá Dios,
mediante los “dos testigos”, nuevas profecías para el
período de los “mil doscientos sesenta días”? Es decir,
profecías en adición a las registradas ya en el Nuevo Testamento.
Quizá, pero tal vez no, por las siguientes consideraciones.
a) “Las
profecías acabarán”, explicó el apóstol Pablo a los corintios.
¿Cuándo? “…cuando venga lo perfecto…”, apunta el apóstol
por el Espíritu (1 Corintios 13:8-13). Ahora bien, “lo perfecto”,
neutro, que vendría no tiene que ver con Cristo en su Segunda Venida, ni
con el Milenio, ni con la “tierra nueva”, sino, contextualmente,
con el perfecto conocimiento, “porque en parte conocemos, y en parte
profetizamos, mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte
se acabará”. Llegó el conocimiento completo de la voluntad divina
para la Era Cristiana, incluso toda profecía, cuando el canon del Nuevo
Testamento fue completado en el año 95 d. C. al escribir el apóstol Juan
el libro de Apocalipsis. Jesucristo mismo cierra el libro de Apocalipsis
con la siguiente advertencia: “Yo testifico a todo aquel que oye las
palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas,
Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si
alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará
su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que
están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18-19). Dadas, pues,
estas verdades y advertencias, no anticiparíamos adiciones, de parte
de Dios, al contenido del Nuevo Testamento. Desde luego, hoy día hay
muchos auto nombrados “profetas” que aseguran hablar de parte de Dios,
como los ha habido a través de toda la Era Cristiana, pero que sus
“profecías” provengan de Dios no lo creo personalmente. Acepto como
divinamente inspiradas solo las profecías escritas en el Nuevo
Testamento. Apoya nuestra posición el que ningún auto denominado profeta
desde el apóstol Juan hasta el presente ha sugerido siquiera que sus
“profecías”, supuestamente inspiradas, sean incorporadas a nuevas
ediciones de la Biblia.
b) Por cierto,
abundancia de profecías detalladas para los “mil doscientos sesenta
días” son reveladas en Apocalipsis y otros textos pertinentes. Así
que, ¿con qué pretexto pedir o esperar este servidor que se añadan más?
Por supuesto, si el Soberano Dios ha proyectado dar más, lo hará en el
debido momento, no importando mis razonamientos o interpretaciones
personales.
c) Pero,
suponiendo que no se trajeren nuevas profecías, en adición a las que ya
tenemos en el Nuevo Testamento, para los “mil doscientos sesenta
días”, ¿de qué manera, pues, profetizarían los “dos testigos”
si no proclaman nuevas profecías reveladas por inspiración divina?
Humildemente, doy mi parecer. Durante el “poco de tiempo”, etapa
que abarca los “mil doscientos sesenta días”, los siervos fieles
de Jesucristo, alumbrados por la Palabra escrita y guiados
providencialmente por Cristo y el Espíritu Santo (los dos testigos),
discernirán, sin equivocarse, “las señales de los tiempos” que
ocurran en derredor suyo, aplicando con precisión certera las profecías
relevantes, señalando su cumplimiento y vaticinando para los descreídos
rebeldes el desenlace de sus decisiones y acciones. Actuando así,
darían voz a las profecías ya reveladas en el Nuevo Testamento,
infundiéndolas veracidad y realismo para las generaciones del “poco
de tiempo”.
(1)
Consideremos: si no lo hacen así, si no citan para el público las
profecías bíblicas pertinentes, si no las exponen y aplican, entonces,
para aquellas generaciones incrédulas y rebeldes del futuro “poco de
tiempo”, que de Biblia no sabrán nada, ni querrán saber, ¡sería como
si referidas profecías ni siquiera existieran! Pero, si los portavoces
de Cristo en la tierra citan las profecías, las exponen y aplican
correctamente, entonces, efectivamente, los “dos testigos”,
Cristo y el Espíritu Santo, estarían profetizando a las gentes
sublevadas contra Dios durante los “mil doscientos sesenta días”.
(2) Abundando
un poco más, supongamos que cierto conjunto particular de señales
indique la pronta pérdida de libertad religiosa en países que la han
sostenida durante determinado tiempo. Identifico las señales, cito las
profecías bíblicas pertinentes, hago aplicaciones acertadas y señalo
desenlaces probables, por ejemplo, la persecución, aun el martirio, de
cristianos totalmente leales a su Señor. En efecto, Cristo y el Espíritu
Santo estarían manifestándose a través de mi persona, orientando y
profetizando a todo aquel que me prestara atención. Fíjese: sin que se
añadieran profecías nuevas a las ya reveladas en la Biblia. De hecho, en
la actualidad, estoy haciendo más o menos lo mismo indicado,
prediciendo, sin atribuirme inspiración divina, pero apoyándome en
eventos del presente y profecías bíblicas, el rápido acercamiento del
fin del Milenio para el verdadero pueblo de Dios –el fin de “mil
años” de paz y libertad de culto para la iglesia auténtica de
Jesucristo- y la entrada no tardía del satánico “poco de tiempo”.
Si tengo razón, bien pudiera decirse que los “dos testigos”, es
decir, Cristo y el Espíritu Santo, estarían dando a conocer a través de
mi persona profecías para la presente generación. Por extensión, diríase
lo mismo de cualquier otra persona que hiciera semejante rol espiritual.
(3) Una
observación adicional sobre este tema: De suceder en cualquier etapa o
lugar de la Era Cristiana que ninguno cite o exponga correctamente las
profecías del Nuevo Testamento, daría lo mismo como si no existieran
para la etapa o lugar que fuera. Por lo tanto, el deber sagrado de los
que conocen, entienden y saben explicar las profecías de Dios es darlas
a conocer, sin fanatismo o sensacionalismo humanos que resten de su
seriedad y solemnidad divinas.
B. La obra de los dos testigos es
dar testimonio. "Cuando hayan acabado su
testimonio" (Apocalipsis 11:7).
1. Dan
testimonio a favor de Dios, su plan ("misterio") y su
iglesia.
2. Dan testimonio
en contra de los que se oponen a Dios, su plan y su iglesia.
IV.
El poder de
los dos testigos.
A.
"Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora
a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la
misma manera" (Apocalipsis 11:5).
1. Reflexionando
sobre este texto, observamos que se compone de un paralelismo
retórico. Es decir, la segunda afirmación es una repetición de la
primera, variando solo algunas palabras que no cambian el sentido
fundamental.
a) Primera
afirmación. “Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de
ellos, y devora a sus enemigos.”
b) Segunda
afirmación. “Si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la
misma manera.”
2. Tengamos
presente el que los dos testigos se manifiestan en la tierra a través de
la iglesia verdadera, con sus ministros fieles (evangelistas, obispos,
maestros, etcétera). Los dos testigos siempre tienen “enemigos”
en el mundo. “Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4). Ubicándonos en el
“poco de tiempo” donde proyectamos el cumplimiento de las
profecías de la Sexta Trompeta, aquellos que aman “al mundo” y
“las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2:15-17) los vemos
multiplicarse alarmantemente, pues Satanás engaña “a los reyes de la
tierra en todo el mundo” (Apocalipsis 16:13-14), reuniendo a las
“naciones” airadas (Apocalipsis 11:18) para guerrear contra
Dios y sus dos testigos. Conforme a las implicaciones de la cláusula
“Si alguno quiere dañarlos”, algunos enemigos de Dios, quizá muchos,
se tornan físicamente agresivos hacia los dos testigos. Quieren
“hacerles daño”. “Daño” corporal. “Daño”
material. ¿Cómo podrían lograrlo? Pues, atacando a la iglesia
genuina del Señor, en particular, a los portavoces de la iglesia, es
decir, a los evangelistas, maestros y ministros que proclaman y
defienden la Palabra de Dios.
3.
"Quiere hacerles daño" significa intentar agredir corporalmente
o matar a los miembros de la iglesia verdadera. Al que lo intente los
dos testigos lo matan. "Sale fuego de la boca de ellos,
y devora a sus enemigos." "Debe morir él de la misma
manera." ¿Qué los dos testigos maten literalmente a sus enemigos?
Por cierto, esta misma acción es la que se atribuye a los dos. A
Jesucristo y al Espíritu Santo. Los dos disponen de la autoridad y el
poder para ejecutar tal represalia. Y lo hacen desde el cielo, no
mediante sus representantes humanos en la tierra, es decir, los
cristianos leales a ellos. Durante los "mil doscientos sesenta días",
Cristo y el Espíritu Santo intervienen providencialmente para
proteger a los siervos fieles del Señor de la agresión física o
la muerte violenta a manos de los obstinados pecadores empeñados en
“hacerles daño”. Estos “enemigos” bien pueden "hollar" la
"ciudad santa". Pueden hacer afrenta a los cristianos verdaderos,
despreciarlos, humillarlos, denegarles privilegios y libertades, aun
cerrar o destruir sus lugares de reunión. Pero, no pueden matarlos. No
pueden callarlos del todo. Seguirán con vida, dando "testimonio"
hasta acabar de darlo (Apocalipsis 11:7), cumpliendo plenamente su
misión asignada por Dios.
a) "Sale
fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos."
El "fuego" que sale "de la boca" de los dos
testigos acaso simbolice las "plagas" u otros castigos traídos
sobre los que intenten agredir o matar a los siervos fieles del Señor.
¿Se acuerda de las “las tres plagas” de la “Escena 1”? En
escenificarse la misma, estábamos viendo cuando de la boca de los
caballos de los doscientos millones de jinetes al servicio de los cuatro
ángeles “salían fuego, humo y azufre” y “fue muerta la tercera
parte de los hombres” fanáticos enemigos de Dios (Apocalipsis
9:15-18). Sale “fuego” de la boca de los doscientos
millones de caballos, una plaga de “fuego”, que mata a “la
tercera parte de los hombres”. Seguramente, este es un ejemplo del
poder que tienen los dos testigos, Jesucristo y el Espíritu Santo, para
castigar corporalmente en la tierra a los que se les oponen, deseando
hacerles “daño”.
b) “¿No
es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que
quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29). Mientras sea cierto
que la Palabra de Dios es “como fuego", por sí solo el
"fuego" de la Palabra divina no detiene a los enemigos acérrimos de
los dos testigos. No los hace desistir de sus ataques. Al contrario,
¡los atormenta grandemente! No los hace "morir". Más bien, los incita a
más violencia contra los dos testigos y sus representantes en la tierra.
Por lo cual, concluimos que el “fuego” que sale “de la boca”
de los dos testigos, devorando “a sus enemigos”, no es el
“fuego” retórico al cual se compara la Palabra de Dios, sino una
especie de castigo físico que resulte en su muerte física.
c) De no
contar los siervos de Dios en la tierra con esta protección divina
durante el dificilísimo “poco de tiempo” peligroso cuando los dos
testigos profetizan “vestidos de cilicio”, se infiere que los
enemigos fieros de Dios acabarían enseguida con ellos. Sin protección
providencial, los ministros fieles no podrían dar su "testimonio"
en medio de un mundo tan hostil a la verdad. Pero, ¡darán su
"testimonio" a las multitudes incrédulas e inmorales,
atormentándolas mediante sus mensajes, y esto significa que contarán con
la protección providencial de Dios hasta acabar su “testimonio”!
d) Los fieles siervos de Dios en la
tierra no poseen, ni inherentemente ni por concesión divina, este gran
"poder" para detener físicamente o matar a los enemigos de
los dos testigos. Bien que podamos suplicar a Dios en oración que
intervenga, el "poder" actual para tomar represalias físicas o
materiales corresponde solo a la Deidad. Por eso, lo encontramos del
todo inconcebible que este "fuego" que "devora a los enemigos"
salga directamente de la iglesia, lanzado a voluntad de ella, o de sus
administradores en particular. Al fin y al cabo, se trata de un
"poder" violento y destructivo incompatible con el carácter pacífico de
la iglesia y sus ministros de reconciliación. Tengamos presente una
norma fundamental de la iglesia auténtica del Señor, a saber: “…no
militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son
carnales…” (2 Corintios 10:3-4). Además, el Espíritu de Dios nos
amonesta: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad
lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo
pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Repetimos y ennegrecemos la
última oración con el propósito de llamar mucha atención a ella:
“Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Así que, esta
“venganza”, este "poder" de castigar, aun
destruir, corporalmente, a los enemigos intratables de Dios, no es
incompatible con el carácter de la Deidad, pues Dios mismo reclama el
derecho para sí castigar a sus enemigos.
B. "Estos tienen poder
para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía;
y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y
para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran"
(Apocalipsis 11:6). Así que, los dos testigos, Jesucristo y el Espíritu
Santo, no solo tienen “poder” para matar a sus enemigos sino
también poderes sobre la naturaleza misma. Poder para causar
sequías descomunales. Poder para contaminar las aguas. Poder para herir
la tierra con plagas “cuantas veces quieran”. Poderes espantosos
de castigo y muerte.
1. Jehová Dios obró mediante su
siervo Moisés para traer plagas devastadoras sobre Egipto (Éxodo
7 - 13). El profeta "Elías... oró fervientemente para que no
lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses"
(Santiago 5:17; 1 Reyes 17; 18:1). A la luz de estos dos casos,
¿deberíamos deducir que los "dos testigos" de Apocalipsis 11 sean
Moisés y Elías? De modo alguno. Consideremos.
a) Postular
que los dos testigos de Apocalipsis 11:3-12 sean Moisés y Elías
“resucitados” y encargados de profetizar o dar “testimonio”
durante los “mil doscientos sesenta días” de la Sexta Trompeta,
dando como razón el parecido entre eventos que ocurrieron durante
sus ministerios y los que los dos testigos tienen poder para ejecutar,
nos parece un argumento muy flojo. Observamos, por ejemplo, que aquellas
plagas o sequías afectaron a tan solo dos países, a saber, Egipto e
Israel, mientras las plagas sobre las cuales los dos testigos tienen
potestad están proyectadas a impactar a países en todo el mundo. De
todos modos, un mero parecido entre eventos o circunstancias no
constituiría prueba suficiente para establecer, de forma irrefutable, la
identidad de los dos testigos.
b) Moisés y
Elías murieron hace miles de años. Ni el uno ni el otro conocieron a
Cristo y su iglesia. Nada sabían ellos de las profecías de Apocalipsis,
o de cualquier otro libro del Nuevo Testamento. No tenían ellos
conocimiento de las señales del fin del tiempo o de la consumación del
“misterio de Dios”. Vivían bajo la ley dada en el monte Sinaí.
¿Cómo, pues, darían testimonio y pronunciarían mensajes o profecías
relevantes a la Era Cristiana, y especialmente, al “poco de tiempo”?
Ciertamente, su presencia o intervención durante el “poco de tiempo”
sería una anomalía extraña. En cambio, Jesucristo y el Espíritu
Santo se identifican personal e íntimamente con la Era Cristiana, siendo
Cristo el mediador del Nuevo Pacto y el Espíritu Santo el instrumento de
su revelación a la iglesia y al mundo entero. Estos dos cualifican
admirablemente para ser los “dos testigos”, y si lo son, pues
entonces, definitivamente, Moisés y Elías no lo son.
c) ¿Es
concebible que los "dos testigos" sean dos cristianos
particulares sobresalientes que se levanten durante el “poco de
tiempo”, semejantes en espíritu y ministerio a Moisés y Elías, a
quienes Dios utilizara como instrumentos para traer plagas sobre los
“enemigos” de él en tiempos antiguos? Muy dudoso. De nuevo, pensamos
en Romanos 12:9. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino
dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza,
yo pagaré, dice el Señor.” Pero, si represalias o venganza se
hicieran manifestar a través de dos personajes destacados de la iglesia
en la tierra, cualquier observador bien pudiera señalar que los
cristianos se vengaban a sí mismos, cosa que no deberían hacer. Además,
Cristo enseña a sus discípulos: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a
los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los
que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44), lo cual es todo lo
contrario de tomar represalia o vengarse.
2. "…poder
para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su
profecía..."
a)
"…poder para cerrar el cielo..." Es decir, poder para
retener las bendiciones del cielo. No solo la lluvia sino, por
inferencia, todas las demás bendiciones que Dios suele derramar
"sobre malos y buenos... sobre justos e injustos" (Mateo 5:45). Así
que, si lo disponen los dos testigos, ¡el cielo no dará sus bendiciones
durante los "los días de su profecía", o sea, durante los "mil
doscientos sesenta días"! Dios concede a Cristo y al Espíritu Santo
poder para "cerrar el cielo", y lo pueden hacer a su discreción,
conforme indica la cláusula "cuantas veces quieran" (Apocalipsis
11:6).
b) Según
nuestra apreciación, este es un “poder” para castigar mediante
privación a los “enemigos” de Dios y los “dos testigos”,
con el propósito de refrenarlos, hacerlos recapacitar y proteger a la
iglesia, con sus portavoces, los cuales han de seguir dando testimonio
hasta la hora determinada por Dios para la cesación de la proclamación
del evangelio. Cristo y el Espíritu Santo tienen autoridad para
ejercitar este “poder” dondequiera y cuando quiera haga falta
para asegurar que no sea acortada prematuramente el tiempo de gracia
programado para los humanos.
3. "…poder sobre las aguas para
convertirlas en sangre..."
a)
Es decir, “poder” para contaminar las aguas. Al extremo de
hacerlas asquerosas, repugnantes, por ser llenas de bacterias, químicas,
partículas, etcétera, que cambien su color y consistencia. ¿Quién sería
capaz de tomar agua con la apariencia de sangre? ¿Agua contaminada que
causara toda suerte de enfermedad estomacal, renal, etcétera, etcétera?
b) Al
desatarse la tercera plaga de las "siete plagas postreras"
(Apocalipsis 15:1), los "ríos" y las "fuentes de las aguas"
se convierten "en sangre" (Apocalipsis 16:4-6). Lo estimamos
del todo concebible que la tercera plaga de estas siete postreras sea
una de las plagas que los dos testigos traigan sobre la tierra.
4. "…poder…
para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran."
a)
"…con toda plaga…"
(1) Las
"tres plagas" de la “Escena 1” de la Sexta Trompeta señalan el
acercamiento del fin (Apocalipsis 9:18).
(2) Las
"siete plagas postreras" ocurren en el tiempo cuando se consuma
"la ira de Dios" (Apocalipsis 15:1).
(3) Nos
parece totalmente plausible que “toda plaga" en Apocalipsis 11:6
abarque las tres, las siete y aún otras plagas.
b) "…cuantas veces
quieran."
(1)
¿“Quieran” quiénes? La respuesta correcta es: los dos testigos.
Por consiguiente, qué tipo de plaga y cuántas veces se traigan las
plagas sobre la tierra durante los “mil doscientos sesenta días”
que dura esta “Escena 4”, son decisiones que toman los dos testigos,
Cristo y el Espíritu Santo.
(2) Tomando
en cuenta el hecho de que aun los mejores y más sabios líderes de la
iglesia en la tierra son seres falibles, a veces volubles, de corta
visión y propensos en ocasiones a acciones precipitadas, razonamos que
la iglesia realmente no está capacitada para tomar decisiones de
tanta envergadura como las de azotar a la tierra “con toda plaga,
cuantas veces quieran”. ¿Semejante poder a la disposición de los
cristianos aún más santificados y cautelosos? ¿Traer ellos sobre la
tierra desastrosas plagas con la frecuencia que quisieran? Planteamos
que sus atributos más positivos, por excelentes que fueran, no los
cualificarían para el manejo de poder tan grande. Por otro lado, Cristo,
única Cabeza de la iglesia, y el Espíritu Santo, Consolador de la
iglesia, sí definitivamente, ¡están cualificados!
(3) Así
pues, el significado y las implicaciones de esta frase "cuantas
veces quieran" fortalecen nuestra convicción según la que el
"poder" de los dos testigos pertenece por naturaleza y lógica solo a
la Deidad, y no a los integrantes de la iglesia en la tierra.
V.
El fin del
testimonio de los dos testigos, la guerra contra ellos y su
muerte. "Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que
sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará"
(Apocalipsis 11:7).
A.
"Cuando hayan acabado su testimonio..."
1. Los dos testigos acaban su
testimonio al concluirse el período señalado como el de los "mil
doscientos sesenta días", sea cual sea la duración del tiempo real
abarcado por este número simbólico. Profetizan “por mil
doscientos sesenta días”. Después, no siguen profetizando.
2. Los
“mil doscientos sesenta días” no comprenden toda la etapa llamada
el “poco de tiempo”. Esto lo sabemos porque otros
acontecimientos toman lugar después de acabar los dos testigos su
testimonio durante los “mil doscientos sesenta días”. A
continuación, los detallamos.
a) “…la
bestia hace guerra contra ellos…” El que esta “guerra”
sigue el período de “mil doscientos sesenta días” se pone de
relieve mediante las dos cláusulas “Cuando hayan acabado su
testimonio, la bestia hace guerra contra ellos…” ¿Cuándo “hace
guerra contra ellos” la bestia? Precisamente, “Cuando hayan
acabado su testimonio…” Así que, dado que el fin de los “mil
doscientos sesenta días” marca el fin de “su testimonio” es
evidente que la “guerra contra ellos” ocurre después de los
“mil doscientos sesenta días”.
b) Los dos
testigos son muertos después del fin de los “mil doscientos sesenta
días”. La “guerra” que hace la bestia contra los dos
testigos no es una “guerra” cualquiera sino una guerra decisiva y
fulminante que resulta en su muerte. “La bestia” hace “guerra
contra ellos… y los mata”. Esta “guerra” es la de
Armagedón.
c) Muertos
los dos testigos, sus cuerpos son expuestos en la “plaza de la
grande ciudad” durante tres días y medio, hecho revelado en
Apocalipsis 11:9.
d) Pasados
los tres días y medio, se levantan sobre sus pies, y escuchando “una
gran voz del cielo, que les decía, Subid acá”, acto seguido, suben
“al cielo en una nube” (Apocalipsis 11:11-12).
e) Luego,
trae Dios sobre “sus enemigos”, es decir, los enemigos de los dos
testigos, según el contexto de Apocalipsis 11:12, como también sobre el
planeta Tierra, la explosión de fenómenos destructivos que se presentan
en Apocalipsis 11:13; 16:18-21 y 19:11-21.
Queda, pues, confirmado plenamente que los
“mil doscientos sesenta días” no abarcan todo el “poco de
tiempo”, ya que esta etapa se extiende hasta el fin del
tiempo mismo.
3.
Tomando el debido cuidado de ubicar correctamente todos estos eventos en
la línea del tiempo, observamos que todos toman lugar antes de que
suene la voz de la Séptima Trompeta, voz que señala el fin del
tiempo (Apocalipsis 10:5-7). Cesa el testimonio de los dos testigos, la
bestia hace guerra contra ellos, los vence y los mata –todo esto acaece
antes de sonar el séptimo ángel su trompeta, evento que ocurre ya pasado
“el segundo ay” (Apocalipsis 11:14-15).
4.
Obviamente, los dos testigos no profetizan ni testifican durante la
última "guerra" espiritual (Armagedón) de la Era Cristiana. Ni
tampoco, huelga decir, durante los tres días y medio cuando están
muertos. ¿Significan estos hechos que el evangelio no será proclamado
a los inconversos durante el tiempo de aquella última "guerra",
ni tampoco durante los días que la siguen, cualquiera sea el número
de estos? Realmente, la única inferencia lógica es que el evangelio no
les será proclamado más. ¿Por qué proclamárselo? Al fin y al cabo, los
seres humanos descreídos, pervertidos y depravados que quedan en la
tierra después de todas las últimas plagas traídas para hacerles
arrepentirse, son tan duros de corazón que el evangelio jamás haría
mella en sus almas rebeldes llenas de odio hacia el Creador. Para ellos,
ya habrá caducado el tiempo de gracia y salvación. Dios les concede
tiempo y oportunidades, aun castigándoles con el propósito de hacerles
recapacitar, pero ellos se mofan continuamente de la misericordia que él
les profiere con bondad y longanimidad, aun blasfemando contra él por
sus plagas (Apocalipsis 16:21). Así pues, ya no hay remedio para ellos.
En esto, son como los antiguos israelitas en el tiempo del rey
Sedequías. “Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y
menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que
subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio”
(2 Crónicas 36:16). ¿Cuándo toma Dios represalia fulminante y terminante
contra los humanos que le rechazan? Solo cuando
ya no hay remedio.
B. "…la
bestia que sube del abismo..."
1. "…la bestia..."
La identidad de esta “bestia” se establece sin dificultad.
a) ¿Quién fue
encerrado en el abismo al principio del Milenio? Satanás
(Apocalipsis 20:1-3).
b) ¿Quién
"sube del abismo"? Pues, ¡el mismo que fue encerrado! A saber,
Satanás. Entonces, Satanás es la "bestia" que
"sube del abismo".
c) ¿Por qué
presentar a Satanás como una "bestia"? Por la sencilla
razón de que la "bestia", en las visiones apocalípticas,
simboliza, en sentido global, todos los reinos de la tierra que se
oponen a Dios, enseñanza que será desarrollada ampliamente en la
interpretación del Capítulo 13 de Apocalipsis, y Satanás es el
agente responsable de engañarlos, según Apocalipsis 16:12-14 y 20:7-8.
Él es, en definitiva, el "poder" que opera en los reinos engañados,
perseguidores, depravados, idolátricos, ateos.
2. "…sube
del abismo…"
a) ¿Cuándo
sube la bestia “del abismo”? En estas visiones de la “Escena
4” de la Sexta Trompeta, no se nos informa el tiempo de este evento
siniestro.
b) Pero, no
estamos sin luz al respecto. La información sobre cuándo sube la bestia
del abismo se divulga en las revelaciones de Apocalipsis 20:1-9, donde
aprendemos que la "bestia...sube del abismo" al finalizarse
“los mil años”, o sea, al concluirse el Milenio e iniciarse el
“poco de tiempo”. “Cuando los mil años se cumplan, Satanás
será suelto de su prisión” (Apocalipsis 20:7). ¿Qué pasará cuando el
Milenio llegue a su fin? “…Satanás será suelto de su prisión.”
Una vez “suelto de su prisión”, “sube del abismo”.
Así que, al principio del "poco de tiempo", Satanás “sube del
abismo” y procede, enseguida, a engañar a las naciones, reuniéndolas
y preparándolas para la "batalla" de Armagedón (Apocalipsis
16:12-16). Lograda su infernal agenda diabólica en lo
concerniente a las naciones, desata entonces "guerra" contra los
dos profetas. En Apocalipsis 20:9, esta misma “guerra” se
presenta de la siguiente manera: Satanás, Gog y Magog “rodearon el
campamento de los santos y la ciudad amada”, siendo “el
campamento de los santos y la ciudad amada” figuras retóricas
representativas de la iglesia en la tierra, con sus mensajeros y
maestros fieles al frente. Inequívocamente, estos datos enseñan que
la bestia “sube del abismo” a principios del “poco de tiempo”.
C. "…hará guerra contra ellos..."
1. Esta "guerra"
de la bestia contra los dos testigos es la de Armagedón. A
consecuencia de esta última gran guerra espiritual, los dos testigos son
muertos, completándose el número de los mártires del Señor,
conforme a la profecía de Apocalipsis 6:11. Pero, levantados los dos
testigos después de tres días y medio, son arrebatados para el cielo.
Entonces, prontamente son muertos los obstinados pecadores que no
quisieron arrepentirse pese a las plagas traídas para hacerlos
recapacitar (Apocalipsis 19:21). Y la bestia que subió del abismo,
habiendo sido el causante principal de tamaña tragedia, es echada en el
infierno, juntamente con el falso profeta (Apocalipsis 19:20). Así,
llega la humanidad a su fin en la tierra, y luego el planeta Tierra
mismo es destruido totalmente.
2. Hemos
afirmado que los dos testigos dan su "testimonio" durante el
"poco de tiempo" que antecede el fin del universo, y ahora vemos que
este Versículo 7 respalda fuertemente nuestra hipótesis.
a) Satanás
sube del abismo al principio del "poco de tiempo", adquiriendo
tanto poder que se convierte en dueño y señor de las naciones.
Astutamente, se posiciona en el escenario terrenal de tal manera que se
le hace factible comenzar a acosar duramente a los dos testigos. ¿Cuándo
persigue a los dos testigos? Durante el “poco de tiempo”. Por
consiguiente, se cae de la mata que los dos testigos efectúan su obra
durante el “poco de tiempo”.
(1)
Adquiriendo cada vez más poder, seguidores y simpatizantes, Satanás
monta contra los dos testigos la “guerra” de Armagedón hacia
finales del “poco de tiempo”.
(2) Los dos
testigos son muertos a consecuencia de la “guerra” de Armagedón.
Por lo tanto, la deducción ineluctable es que los dos testigos dan su
testimonio durante el "poco de tiempo", etapa final de la Era
Cristiana cuando Satanás estará suelto.
b) He aquí
otra deducción importante basada en estos hechos: La obra que
realizan los dos testigos “vestidos de cilicio” no la efectúan
durante el Milenio. Ya que el “poco de tiempo” transpira
después de “los mil años” (el Milenio), y dado que los dos
testigos profetizan “vestidos de cilicio” durante el “poco de
tiempo”, ha de ser del todo evidente que lo que hacen en la “Escena”
que estamos analizando no lo hacen durante el Milenio, como tampoco
después del “poco de tiempo”.
c) Y todavía
otra deducción también importante: Lo que hacen los dos testigos
en esta “Escena” no lo hacen durante la época del Imperio Romano,
como tampoco durante la Edad Media, ya que estas dos épocas preceden el
“poco de tiempo”. Por lo tanto, yerra quien coloque a estos
dos testigos de Apocalipsis 11 en el tiempo del Imperio Romano o en el
de la Edad Media.
D.
"…y los vencerá y los matará."
1. La
"bestia", la que simboliza a las naciones y a los gobernantes
"de la tierra en todo el mundo" (Apocalipsis 16:14) engañados por
Satanás, se arremete contra los dos testigos, matándolos.
2. ¿A
quiénes deberíamos aplicar la profecía "…los vencerá y los
matará"?
a) Para el
entendimiento de esta profecía, conviene tener presente siempre el hecho
de que los dos profetas, es decir, Jesucristo y el Espíritu Santo, según
la tesis que estamos desarrollando, obran en la tierra mediante la
iglesia auténtica de Dios, con sus ministros fieles al frente en la
calidad de portavoces y defensores de la Palabra inspirada.
“Auténtica”, reiteramos, y no apóstata. Sujeta solo al Nuevo
Testamento, y no a tradiciones o credos humanos.
b) Pues bien,
"…los vencerá y los matará" no quiere decir que Satanás venza y
mate literalmente a Cristo y al Espíritu Santo. Por cierto, tanto aquel
como este seguirán ocupando sus lugares respectivos en las regiones
celestes de Dios, más allá del alcance de Satanás. Mas sin embargo, al
ser callados, derrotados y muertos en la tierra los portavoces y
defensores fieles del evangelio, efectivamente, ¡Jesucristo y el
Espíritu quedan sin representantes activos en la tierra! Para las
masas de incrédulos y depravados adueñados de la tierra hacia finales
del “poco de tiempo”, capitaneados por Satanás mediante
gobernantes hechizados por él, el efecto será como si realmente
hubieran derrotado y dado muerto a Cristo y el Espíritu Santo.
¡Ya no se escucha su voz en la tierra! ¡Ya no se siente su presencia!
¡Ya no se escucha esa Palabra que atormenta! Para los incrédulos y
depravados recalcitrantes, ¡Cristo y el Espíritu Santo han muerto!
Es más: ¡Dios mismo ha muerto! Desde luego, esta fase de
la "guerra" de "Armagedón" es solo la primera. La
real verdad es que Cristo y el Espíritu Santo siguen en poder en el
cielo. Pronto vendrá el Señor con sus "ejércitos celestiales"
para iniciar la segunda fase de Armagedón, en la que Satanás y todos sus
secuaces quedan derrotados eternamente, siendo echados al lago de fuego
y azufre.
c) Así pues,
en la tierra, "…los vencerá y los matará" se aplica
literalmente a los portavoces y defensores fieles de la iglesia leal a
Dios que proclamen las profecías relevantes, dando "testimonio"
verdadero, durante los "mil doscientos sesenta días". Estos
son los siervos que serán vencidos, muriendo algunos por la fe, y
completándose de este modo el número de mártires, conforme a la visión
del Quinto Sello (Apocalipsis 6:9-11).
3. ¿Cómo deberíamos entender los
verbos "vencerá... y matará"? ¿Acaso signifiquen que los
incrédulos del tiempo del fin (los "gentiles" que hollarán la ciudad
santa; la "bestia”, o sea, los gobernantes engañados) supriman
forzosamente a la iglesia auténtica del Señor, venciendo y matando
físicamente a los siervos que profetizan y dan testimonio durante
los "mil doscientos sesenta días"? ¿O al menos, a una parte de
ellos, callándose los demás por haber llegado a su fin el tiempo de
gracia y salvación? Tal parece ser la interpretación más lógica.
a)
Esta interpretación concuerda perfectamente con el cuadro del
"campamento de los santos y la ciudad amada" proyectado en
Apocalipsis 20:7-9, según el cual la iglesia es sitiada por
las naciones engañadas. Literalmente acorralada. Materialmente
atacada. Perseguida físicamente.
b) Igualmente,
armoniza con la profecía de Apocalipsis 6:9-11, conforme a la cual el
número de los mártires habría de ser completado después del Milenio.
Hacia fines del “poco de tiempo”, la bestia vence y mata,
materialmente, a algunos de los cristianos fieles, completándose estos
el número de los mártires.
c) Además,
concuerda con el evento de la resurrección enseñado en esta misma
serie de profecías sobre los dos testigos (Apocalipsis 11:11-12). Estos
se levantarán “sobre sus pies”, visiblemente, en presencia de sus
enemigos atónitos y atemorizados. Se trata, pues, de la resurrección del
cuerpo físico, y tal resurrección presupone la muerta del cuerpo
físico. Desde luego, el cuerpo físico resucitado de esta manera
sería transformado en “cuerpo espiritual” al subir estos mártires
“al cielo en una nube” (Apocalipsis 11:12).
d) Pero, ¿no quiere decir la
expresión "…los vencerá y los matará" que la "bestia" (las
naciones engañadas) conquistaría las mentes y almas de los siervos
fieles de Cristo, matándolos solo espiritualmente, y no físicamente?
Examinando esta interpretación con detenimiento, encontramos
deficiencias notables. A continuación, presentamos, respetuosamente,
nuestros hallazgos.
(1)
Los que están relacionados con el trasfondo de la expresión bajo
la lupa.
(a)
Observamos que los portavoces y defensores del evangelio verdadero que
proclaman, “vestidos de cilicio”, profecías y dan testimonio
durante los "mil doscientos sesenta días", permanecen fieles a
Dios durante todo referido período. En todo el texto, no detectamos
ni asomo de evidencia que indique lo contrario. Atormentan a los
incrédulos con sus profecías acertadas y testimonio claro. No ceden ante
sus burlas, blasfemias y hostigamientos. No se dejan engañar. Cumplen
valiente y responsablemente su encomienda, su misión, su obra, hasta
acabar “su testimonio”.
(b)
Planteamos que este trasfondo no lo debemos obviar en la
interpretación de la expresión "…los vencerá y los matará". De
hecho, este trasfondo hace inadmisible la idea de alguna derrota
moral para los siervos de Cristo, la que los llevara a echar suerte
con Satanás mismo, acto que resultaría en la perdición de sus almas.
Obviamente, son vencidos y muertos en contra de su voluntad. No
vencidos y muertos metafórica, moral o espiritualmente sino material
y corporalmente. Volvemos a recalcar que en todo el pasaje no
hay ni una pizca de evidencia que nos lleve a cuestionar la verticalidad
moral y espiritual de los siervos de Dios que hacen el papel de
representar a Cristo y al Espíritu Santo en estos escenarios, ni tampoco
su valentía ante los enemigos de la fe verdadera. Algunos de ellos pagan
el sacrificio supremo por su fidelidad insobornable, su valentía
invencible: ¡el martirio por la causa de Cristo!
(2) Los que están relacionados con
su resurrección.
(a)
Muertos estos representantes de Cristo y el Espíritu Santo, a los tres
días y medio ¡resucitan! (Apocalipsis 11:11-12).
(b)
Preguntamos: ¿De qué manera resucitan? ¿Resucitan solo en sentido
figurado de una "muerte" espiritual, o resucitan corporalmente. ¿En que
consiste su resurrección? ¿Solo de arrepentimiento y restauración a sus
puestos y tareas? ¿Después de haber abandonado ellos el Reino de Dios
durante determinado tiempo a causa de la fuertísima oposición de poderes
seculares engañados por Satanás? ¿"Resucitan" solo en el sentido de
volver a ser fieles ministros de Dios? Respondemos a estas preguntas con
un rotundo “¡Negativo!” Tales ideas y suposiciones no armonizan con los
hechos. Según los Versículos 11 y 12, al resucitar estos representantes
de Cristo y el Espíritu Santo, ¡no vuelven a profetizar o dar testimonio
en la tierra sino que suben "al cielo en una nube"! Ningún indico
se halla de “arrepentimiento y restauración a puestos y tareas”.
Acabaron su testimonio, y “sus enemigos” los mataron. No
reanudarán su testimonio. ¡Suben “al cielo en una nube”! Por lo
tanto, se infiere, necesaria y obligatoriamente, que su resurrección no
es meramente figurativa, ni tampoco espiritual, sino real. Siendo, pues,
verdadera su resurrección, y no figurativa o espiritual, la única
deducción lógica acerca del tipo de muerte que sufrieron es que fue
física. Definitivamente, fue física y no meramente figurativa, como
tampoco espiritual.
VI.
Los dos testigos
muertos por tres días y medio (Apocalipsis 11:8-10). "Y sus
cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido
espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue
crucificado. Y los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus
cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. Y
los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y
se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían
atormentado a los moradores de la tierra."
A. "…sus
cadáveres…"
1. Es decir, los cadáveres de
los ministros fieles de Dios que sufren martirio. En el contexto de la
profecía, estos siervos eran la voz y la presencia de Cristo y el
Espíritu Santo en la tierra. Por lo tanto, cuando los incrédulos
contemplan sus cadáveres es como si contemplaran las formas muertas,
inertes y vencidas de Cristo y el Espíritu Santo. Pero, Cristo y el
Espíritu Santo permanecen en poder en el cielo y vengarán la sangre de
estos mártires, como también la de todos los demás mártires de todos los
tiempos. (Apocalipsis 6:9-11)
2. ¿Se
trata de verdaderos "cadáveres”, o sea, de
cuerpos físicos muertos? No hay por qué descartar esta posibilidad. Por
cierto, es notorio que entre los hombres más desalmados no faltan
quienes exponen los cadáveres de sus víctimas a la vista de todos, ¡más
aun cuando se trata de enemigos que los atormentaban! Al hallar los
filisteos el cuerpo del rey Saúl, “le cortaron la cabeza… pusieron
sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo en el muro de
Bet-sán” (1 Samuel 31). ¡A la vista de todo aquel que pasara por
allí!
3.
¿Hay lugar para interpretar simbólica o metafóricamente la palabra
"cadáveres"? Quizá. En tal caso, diríase que los cadáveres
físicos de los mártires quedaran sepultados, pero que las "imágenes" de
sus personas permanecieran presentes en las mentes de los incrédulos que
les dieron muerte. Pero, esta interpretación de “cadáveres” la
encontramos demasiada forzada. Como que no hace concordancia con el
realismo palpado en los demás eventos de esta “Escena”. Por ejemplo, las
gentes de las naciones engañadas son seres humanos de verdad, y su
arremetimiento contra los dos testigos es real. Los dos testigos
realmente existen, y sus representantes en la tierra son cristianos
verdaderos vivos de verdad que habitan cuerpos físicos de verdad. El
martirio de algunos es un hecho real; también su resurrección, y además,
su ascensión. En escenarios de tanto realismo, ¿con qué razón
interpretar “cadáveres” de forma metafórica?
B.
"… estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido
espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue
crucificado.”
1.
Interesantemente, el Espíritu Santo mismo nos da una clave para
descifrar el significado de “la grande ciudad”, a saber,
la frase "…en sentido espiritual…”. Lo contrario de “en
sentido espiritual” sería “en sentido terrenal, material o literal”.
Por lo cual, se deduce que no deberíamos interpretar “la grande
ciudad” en sentido rigorosamente material-terrenal sino,
específicamente, “en sentido espiritual”. En este
“sentido espiritual”, “…la grande ciudad se llama Sodoma y
Egipto”. Ahora bien, “Egipto” es nombre de un país,
y no de una ciudad, hasta dónde tenemos conocimiento. Razonamos, por
consiguiente, que “la grande ciudad” representa, para el tiempo
cuando son muertos los dos testigos, toda ciudad moralmente corrupta
sobre toda la faz de la tierra, como también todos los países
idolátricos, como lo era en grado sumo el antiguo Egipto. Ciudades y
países que acorralan al pueblo electo de Dios, limitando o
imposibilitando el cumplimiento de la Gran Comisión.
a)
"Sodoma" es símbolo infame de la más depravada inmoralidad.
b) El
“Egipto" de los faraones simboliza culturas sumidas en
idolatría, y además, es prototipo de países que reprimen, explotan o
esclavizan al pueblo de Dios. Entre los que conocen historia bíblica es
del común saber que Israel fue esclavizado por Egipto durante unos
cuatro siglos en la época de la primera mitad del segundo milenio antes
de Cristo.
c) La
ciudad "donde nuestro Señor fue crucificado" es, desde luego,
Jerusalén. Bien que esta sea figura de la “nueva Jerusalén”
(Apocalipsis 21:2), “Jerusalén la celestial” (Hebreos 12:22),
no es menos cierto que simboliza, particularmente en el tiempo del
ministerio terrenal de Cristo y sus apóstoles, centros religiosos
fundados en tradiciones humanas (Mateo 15:7-9), organizaciones
religiosas aliadas con lo secular (saduceos, herodianos. Mateo 22:16),
jerarquías religiosas plagadas de hipocresía, ostentación y orgullo
material (escribas), y sectas religiosas (fariseos) ardientes con
fanatismos destructivos (Mateo 23), incluso oposición obstinada a Dios,
Cristo, el Espíritu Santo, la Palabra inspirada y la iglesia, pese a que
tengan un concepto contrario de sí mismos.
d)
Lastimosamente, las ciudades grandes del mundo suelen ser
focos de toda suerte de corrupción moral y semilleros fértiles donde
germina y crece rápidamente la rebeldía espiritual. Se detecta aun en
las menos grandes una fuerte inclinación de imitar lo más malo de las
grandes, de querer ser como ellas, de ilusionarse con ofrecer las mismas
atracciones carnales. Pues bien, para el tiempo de los
“mil doscientos sesenta años” cuando profetizan los dos testigos y
son muertos por su testimonio, se visualizan grandes ciudades, y
ciudades de todo tamaño, todavía más entregadas a lo satánico que
Sodoma, Jerusalén y las ciudades de Egipto.
e) Tratándose
de los países, o naciones, del "poco de tiempo", todos caerán
bajo el engaño de Satanás, según proyecciones proféticas apocalípticas.
Llenos del "humo del pozo del abismo", se opondrán a Dios
y su pueblo verdadero, tomando, al unirse y creerse invencibles, el paso
audaz de rodear “el campamento de los santos” y matar en la
tierra a los representantes de los dos testigos.
2.
Para el año 2020 de la presente Era, ¡más de una tercera parte de
todos los habitantes del planeta Tierra estará viviendo en las grandes
ciudades! Según los cálculos de quienes estudian asuntos
poblacionales, este porcentaje seguirá en aumento.
3.
Reflexionando sobre estos hechos y “la grande ciudad” de
Apocalipsis 11: 8, nos parece razonable vaticinar que los ministros
fieles del Señor dedicados a profetizar y dar testimonio durante los
"mil doscientos sesenta días" confronten, precisamente en las
ciudades corruptas del “poco de tiempo”, la más feroz
oposición a su mensaje, pues en tales ciudades suelen aglomerarse, aun
en el presente, las personas más carentes de fe en Dios y liberadas de
todo freno moral, como además los elementos más depravados, crueles y
criminales. Incrédulos de estas categorías son los que matarán a los
portavoces y defensores de Dios, exponiendo sus cadáveres en las
"plazas", es decir, en los lugares céntricos de las ciudades de
la tierra. Así lo visualizamos.
C. "Y los pueblos, tribus,
lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no
permitirán que sean sepultados" (Apocalipsis 11:9).
1. La cláusula "los pueblos,
tribus, lenguas y naciones" la tenemos como paralela, en
términos de alcance territorial, con la cláusula "los reyes de la
tierra en todo el mundo" en Apocalipsis 16:14. Lógicamente, la
obra de los dos testigos es efectuada en todo el globo terráqueo. Así
que, dondequiera que estén dando su testimonio los representantes
terrenales de los dos testigos, en la hora crítica cuando la bestia haga
guerra contra ellos, algunos serán muertos. Y en ciudades o lugares
donde caen muertos los valerosos representantes de los dos testigos, sus
cadáveres serán expuestos en puntos frecuentados por el público. De
cierto, los parámetros y circunstancias asociados con los dos testigos
indican que Armagedón será global. Los mismos no son limitados solo a
las tierras ocupadas por los israelitas en el tiempo del Siglo I, o a
los territorios del antiguo Imperio Romano. Por cierto, estos parámetros
y circunstancias ni siquiera tienen que ver con el Siglo I sino con
el “poco de tiempo” que precede el fin de todo lo material.
Recalcamos una y otra vez que el “poco de tiempo”, el cual abarca
los “mil doscientos sesenta días”, transpira después del
tiempo del Imperio Romano, la Edad Media, la Reforma y el Milenio,
precediendo de inmediato la Segunda Venida de Cristo “como ladrón en
la noche”.
2.
"…tres días y medio..." Comparados los "tres días y medio"
con los "mil doscientos sesenta días", concluimos que se trata de
un tiempo de muy corta duración. “Tres días y medio”, nada más.
Dada esta circunstancia, se deduce que la derrota sufrida por los dos
testigos y sus representantes terrenales a manos de sus enemigos
acérrimos, sumamente molestos estos y hartos en grado sumo del
“testimonio” en su contra, dura muy poco tiempo. Al poco
rato, se levantan “sobre sus pies” los representantes terrenales
de los dos testigos, escuchan la voz “Subid acá” y enseguida
suben “al cielo en una nube”, viéndolos, aterrorizados, sus
enemigos .
3.
"…no permitirán que sean sepultados."
a) Habiendo
sido atormentados por las profecías y el testimonio de los ministros
fieles del Señor, los incrédulos, no satisfechos con vencerlos y
matarlos, aumentan aún más sus enormes pecados, cometiendo el sacrilegio
de no sepultar los cadáveres de los mártires.
b) Por medio
de este acto impúdico y bárbaro, los incrédulos manifiestan la
profundidad de su ira contra el Dios Creador, los ministros fieles de él
en la tierra y su pueblo santo en general. Se levantan, en palabras del
rey David, "contra Jehová y contra su ungido, diciendo; Rompamos sus
ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas" (Salmo 2:1-4). Tan
fiera y cruel es su ira que para ellos ¡ya no hay esperanza alguna de
arrepentimiento! Ya no hay remedio. Solo les espera la muerte física y
condenación eterna que vendrán muy pronto sobre ellos al manifestarse el
“Fiel y Verdadero”, el “Rey de reyes y Señor de señores”,
montado en su “caballo blanco” y acompañado por “los ejércitos
celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio”, los que le
seguirán “en caballos blancos” (Apocalipsis 19:11-21).
D. "Y los moradores de la tierra
se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a
otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de
la tierra" (Apocalipsis 11:10).
1.
"…los moradores de la tierra…", o sea, los incrédulos y
depravados que dominan la tierra durante los
"cuarenta y dos meses".
2.
"…se regocijarán sobre ellos y se
alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros..."
a) Quienes
triunfan sobre algún enemigo fuerte y odiado suelen regocijarse,
alegrarse, felicitarse, jactarse, celebrar banquetes, emborracharse,
bailar, aun durante días o semanas corridas, y también darse regalos los
unos a los otros, incluso regalos de gran valor material –dinero, joyas,
perfumes, bebidas costosas, coches, viviendas, terrenos. Como cuando una
tribu, pueblo, nación o conjunto de naciones vencen a sus enemigos
aborrecidos.
b) Obviamente,
los incrédulos que predominarán en la tierra durante los "cuarenta y
dos meses" llegan a aborrecer, con toda su alma soberbia y corrupta,
a los fieles representantes terrenales de Jesucristo y el Espíritu
Santo. Día tras día, escuchan las profecías y el testimonio que ellos
traen contra las naciones engañadas, pero en lugar de arrepentirse,
¡solo se encolerizan más! ¡Se sienten atormentados en mente y alma! Al
no poder matarlos enseguida, pues Jesucristo y el Espíritu de Dios los
guardan providencialmente, atesoran en sus corazones endurecidos cada
vez más rencor, odio e ira. Logrando, por fin, matarlos, se regocijan
sobremanera por haberse librado de los odiados atormentadores, los que
censuraban todos sus actos viles, todas sus palabras vanas, su ateísmo,
su blasfemia, sus filosofías huecas, sus estilos de vida deshonrosos,
sus crímenes e idolatrías, profetizando el inminente fin de todo lo
material y el castigo eterno para los rebeldes.
VII.
La resurrección
de los representantes en la tierra de los dos testigos
(Apocalipsis
11:11-12). "Pero después de tres días y medio entró en ellos el
espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y
cayó gran temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del
cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus
enemigos los vieron."
A. "…entró en ellos el espíritu
de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies..." Es
decir, ¡Dios los resucita físicamente!
1. Son resucitados como Lázaro fue
resucitado (Juan 11:38-44), como la hija de Jairo fue resucitada (Mateo
9:18-26), y como fue resucitado el hijo de la viuda de Naín (Lucas
7:11-17). “…entró… el espíritu de vida” en sus cuerpos mortales,
recobrando estos cuerpos su vida material. Literalmente, “…se
levantaron sobre sus pies”. Sobre sus pies de carne y hueso. No
fueron resucitados espiritual o metafóricamente sino materialmente. Sus
enemigos “…los… vieron”. Los vieron con sus ojos físicos.
2. En
definitiva, no son transformados de “cuerpo animal” a “cuerpo
espiritual” (1 Corintios 15:43-52) en el momento de entrar “en
ellos el espíritu de vida enviado por Dios” sino que son
resucitados corporalmente.
B.
"…y cayó gran temor sobre los que los vieron."
1. Cuando
Cristo resucitó al hijo de la viuda de Naín, "todos tuvieron miedo,
y glorificaban a Dios" (Lucas 7:16).
2. El
jubileo diabólico de los incrédulos y depravados que matan a los
mensajeros de Dios al final de los “mil doscientos sesenta días”
se ve interrumpido bruscamente cuando, de repente, los cadáveres de los
que habían sido muertos recobran vida y "se levantan sobre sus pies".
Esta manifestación espectacular del poder divino llena de "gran
temor" a los enemigos homicidas quienes festejaban
prematuramente su triunfo sobre los fieles y valientes representantes
terrenales de Jesucristo y el Espíritu Santo, pensando haber acabado con
ellos de una vez para siempre. Habían rechazado a Dios, repudiando
también a su "ungido", Jesucristo, y además, al Espíritu Santo.
Peleaban contra ellos, y contra los santos en la tierra, venciéndolos.
Piensan haber acabado con los dos testigos de una vez para siempre.
Pero, ¡cuán tremendo es su asombro cuando, increíblemente, los ven
resucitarse en las personas de los ministros fieles levantados,
corporalmente, de la muerte! No es de sorprenderse que un "gran
temor" se adueñe de sus corazones pervertidos y duros.
3. Pero,
qué quede claro: ¡su "gran temor" no los salva! Para
ellos, ¡es demasiado tarde para echar mano a la salvación! Ya acabaron
su "testimonio" los dos testigos. Estos incrédulos y
depravados, llenos ahora de "gran temor", habían aborrecido
continuamente aquel "testimonio" insistente, sintiéndose
atormentados por el mensaje de los siervos de Dios. Ahora, el fin de
todo está encima de ellos. La guerra de Armagedón que ellos mismos
iniciaron contra Dios y su pueblo está entrando en su segunda fase.
Ellos ganaron el primer encuentro. Pero, su celebración satánica se
torna en luto y terror cuando Dios resucita a los ministros muertos. Ya
no hay remedio. Su fin doloroso y lamentable está sellado.
4.
"…los vieron." Reiteramos: los enemigos pueden "verlos"
materialmente porque “se levantaron sobre sus pies” los cuerpos
físicos de los que habían sido muertos. Ven los cuerpos materiales en
los que entra, de pronto, “el espíritu de vida enviado por Dios”.
Este “espíritu de vida” no entra en las almas de los mártires
sino en sus cuerpos físicos. Qué conste: no había sido muerta el alma de
ninguno de ellos sino que “sus enemigos” habían dado muerte a los
cuerpos físicos de los siervos fieles.
C. "Y oyeron una gran voz del
cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus
enemigos los vieron" (Apocalipsis 11:12).
1.
"…subieron al cielo en una nube..."
a) Es decir,
¡son transformados y llevados al cielo!
b) Sus cuerpos
mortales son resucitados, pero no para morir físicamente de nuevo, sino
para ser transformados prontamente. En este aspecto, su
resurrección difiere de la resurrección de Lázaro, la hija de Jairo y la
viuda de Naín, casos mencionados anteriormente, ya que estos, al ser
resucitados corporalmente, continuaron su vida en la tierra, se supone,
hasta la hora de partir, de nuevo, de las regiones terrenales para el
Paraíso de Dios, de donde no volverían jamás al planeta Tierra.
c) Nuestra
percepción es que se trata de la transformación no solo de los
representantes terrenales de los dos testigos, a quienes la bestia había
dado muerte, según la escenificación de estas profecías, sino también de
la transformación de todos los cristianos vivos en la tierra en
aquella hora. Esta apreciación armoniza con la primera siega de
la tierra enseñada en Apocalipsis 14:14-16, y además, con el hecho
de que la iglesia no es totalmente destruida por las naciones
engañadas, conforme a la escena de Apocalipsis 20:9. En esta escena,
la iglesia es rodeada por Satanás y las naciones engañadas, pero
repentinamente, “de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió”.
Se infiere que una porción de la iglesia, quizá hasta abrumadora, que
existe en la tierra en aquellos días previos al fin sea librada de
experimentar una muerte física y violenta a manos de las naciones
enemigas. De ser así, los cristianos no martirizados en la batalla
de Armagedón también serían transformados, sin experimentar la muerte
física de sus cuerpos mortales. Y esto concuerda perfectamente con lo
que revela el apóstol Pablo en 1 Corintios 15:51. “He aquí, os digo
un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados”.
O sea, no todos moriremos físicamente; “pero todos seremos
transformados”.
d) Esta
expresión “subieron al cielo en una nube” es muy parecida al
lenguaje que usó Lucas en Hechos 1:9 al relatar él la ascensión, y por
inferencia la transformación, de Cristo. “Y
habiendo dicho [Cristo]
estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado,
y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.”
También armoniza perfectamente con el las palabras de 1 Tesalonicenses
4:17, donde se enseña que "los que hayamos quedado, seremos
arrebatados juntamente con ellos en las nubes".
2. "…y sus
enemigos los vieron."
a)
Los ven, como los apóstoles vieron subir a Cristo (Hechos 1:9-11).
b) Los ven,
¡pero no pueden acompañarlos! Hace tiempo, eligieron el camino de
incredulidad y depravación. No se han arrepentido de su decisión. Al
contrario, la sostienen hasta sus consecuencias más crueles y trágicas.
Ahora, deben pagar, y la "paga" de sus enormes pecados es tanto
la muerte física violenta como la muerte eterna (Romanos 6:23), llamada
“la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14).
VIII.
Los últimos acontecimientos que preceden de inmediato el fin del
universo material del tiempo mismo. "En aquella hora hubo un gran
terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el
terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se
aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo" (Apocalipsis
11:13).
A.
"En aquella hora…" Esta es la misma "hora" de la
resurrección de los dos testigos y de la transformación de todos los
cristianos vivos en la tierra.
B.
"…hubo un gran terremoto…" Ver los comentarios sobre el
"gran terremoto" en el Capítulo Dos de este “Análisis”.
C.
"…y la décima parte de la ciudad se derrumbó…"
1.
"…la ciudad…" es "la grande ciudad" mencionada en el
Versículo 8, la cual en "sentido espiritual" simboliza todas las
grandes ciudades corruptas de la tierra.
2.
"…la décima parte…" la entendemos como simbólica de la porción
derrumbada de todas las ciudades corrompidas de la tierra.
D.
"…murieron en número de siete mil hombres…" El "siete", en el
lenguaje profético bíblico, es un número simbólico que indica
“completud”. Así pues, en este pasaje, el número "siete mil"
abarcaría, asumimos, a todos los incrédulos y depravados en la tierra,
especialmente a los que habitan las ciudades grandes, que pierdan su
vida física a causa del "gran terremoto".
E.
"…y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria
al Dios del cielo."
1. Esta
escena guarda notable similitud a la del Sexto Sello presentada en
Apocalipsis 6:12-17. “Y los reyes de la tierra,
y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y
todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los
montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y
escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la
ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá
sostenerse en pie?”
2. Se
aterrorizan y dan gloria a Dios, pero es demasiado tarde para ellos. Muy
"pronto" (Apocalipsis 11:14) escucharán la voz de la Séptima
Trompeta la cual señala que el tiempo no será más (Apocalipsis 10:6.7).
IX.
"El segundo ay
pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto" (Apocalipsis 11:14).
A. Estas palabras resaltan la
secuencia en términos del tiempo que une los tres ayes. Tener
siempre presente esta secuencia es de vital importancia para la
interpretación acertada de las profecías reveladas a través de ellos. Un
“Ay” sigue, naturalmente, al otro en la línea del tiempo. El
segundo ay "pasó"; el tercero "viene
pronto". Cambiar la secuencia resulta en interpretaciones
erróneas de las profecías.
B.
"…el tercer ay viene pronto." Quiere decir que es breve el
lapso de tiempo entre el segundo “¡Ay!” y el tercer
“¡Ay!” Tal vez, brevísimo.
C. Tan
pronto comience el séptimo ángel a sonar la Séptima Trompeta, el
tiempo ya no será más (Apocalipsis 10:6-7). Enfatizamos una vez más
que esta verdad significa que los últimos eventos del segundo “ay”
ocurren durante los días que preceden inmediatamente el fin del tiempo.
(El tercer "¡Ay!", cuyas visiones las
revelan la Séptima Trompeta, lo estudiamos en Capítulo Dos de este
“Análisis”.)