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El poder de Uno

Mensaje para maestros y estudiantes de una…

Escuela de capacitación ministerial

El título de este mensaje es El poder de Uno.

La importancia del “uno” en el Nuevo Testamento se realza en textos tales como Efesios 4:1-6 y Filipenses 2:1-2. Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;  un Señor, una fe, un bautismo,  un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

En contextos bíblicos-espirituales, el cuatro simboliza “completitud” y el siete, “perfección”, mientras el triple seis es “el número de la bestia, pues es número de hombre” 1.

El cero no vale nada, a menos que lo proceda otro número de más valor, por ejemplo, el uno, el cinco o el nueve. De manera que si usted está pensando regalarme un billete en dólares, le agradecería que el número impreso en él sea al menos el uno seguido por un cero, o preferiblemente, por tres ceros.  El “cero a la izquierda” sigue siendo “cero”, y de ahí que todos y cada uno de nosotros deberíamos esforzarnos para no ser nunca meramente un “cero a la izquierda”.

“Mejores son dos que uno” 2, apunta el sabio Salomón, pero, humildemente, añadiría este servidor: ¡Mejor es uno que ninguno! Desde luego, cuando de cosas buenas estamos hablando. ¡Mejor una sola barquilla de helado que ninguna! ¡Mejor una sola taza de café con galletas que ninguna taza de café y cero galletas! Pienso yo.

“Mejor es uno que ninguno”, vuelvo a plantear, y eso es especialmente así para nosotros en lo referente a esta Escuela de Estudios Bíblicos Avanzados y el noble propósito que nos guía, el cual es: prepararnos cada vez mejor para los múltiples ministerios del glorioso Reino de Dios, o sea, la iglesia de Cristo en el planeta Tierra.

Mejor tener a un solo estudiante motivado sanamente, con insaciable sed de aprender Biblia y todo lo relacionado, pulir sus talentos, añadir nuevos y aplicarlos todos eficazmente, como también, diariamente, en las obras del Reino –mejor tener a un solo estudiante así, digo, que no tener a ninguno.

Mejor contar con un solo sabio maestro, lleno de las materias espirituales que le corresponden impartir y plenamente comprometido a transmitírselas aunque sea a un solo alumno muy deseoso de recibirlas, que no contar con ninguno. ¿De acuerdo?

El poder de uno. El enorme poder, ya para Bien ya para Mal, de un solo hombre o una sola mujer, testimonio a ello lo encontramos a través de la historia humana, en todo rincón de la tierra y en todo renglón de nuestra existencia. Dejando a un lado el Mal, nos fijamos  solo en el Bien.

Abraham Lincoln y Mahatma Gandhi son ejemplos clásicos en la categoría de hazañas sociales-políticas atribuidas mayormente a una sola persona.

En la categoría de personajes bíblicos, se destacan gigantes tales como Abraham, Moisés, el profeta Daniel, Jesús de Nazaret y el apóstol Pablo, entre muchísimos de menor estatura. Poderosos individuos que, venciendo temores personales y pasando por fuegos voraces de pruebas duras, impactaron para Bien a multitudes de almas, y siguen influyendo aun hasta el día de hoy.

Amados hermanos maestros, compañeros en el ejercicio de la delicada ciencia de la pedagogía espiritual, hace tiempo, el poder de uno, del individuo espiritual, del ser humano autónomo, viene manifestándose en nosotros en una que otra medida. Con todo, seguramente, habrá en cada uno de nosotros, el potencial de más poder, mucho más poder espiritual, el que pudiéremos emplear, cada uno, con aún más eficacia para el crecimiento y fortalecimiento de la sublime causa de Dios en este mundo atribulado.

Así pues, qué ninguno de nosotros se conforme con el poder ya adquirido.

Qué el Certificado de Seis Años de estudios bíblicos avanzados no resulte ser el clímax, como tampoco el fin, del esfuerzo para echar mano a poderes espirituales.

Qué rompamos barreras autoimpuestas –quizás de edad, de índole psicológica-emocional o de holganza intelectual- siempre yendo más adelante, y todavía más adelante, en la búsqueda de “todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”divino3 y de más y mejores poderes para comunicárselos a otros.

Incluso, el poder de reconocer y motivar a candidatos para ministerios, de la manera que el apóstol Pablo reclutó a Juan Marcos4, Timoteo5 y Tito6.

Escrutando la vida de Timoteo, deducimos que aquel varón tuviera acaso solo unos quince o dieciséis años de edad cuando Pablo lo llamó, comenzando enseguida a prepararle para las obras maravillosas en las que participaría.

¡Un solo maestro comprometido y capaz –Pablo de Tarso! ¡Un solo discípulo-alumno –Timoteo, joven creyente bautizado, instruido en las Escrituras de su niñez!7 Y todo estudioso del Nuevo Testamento conoce los abundantes frutos en varias provincias del Imperio Romano que produjeron estos dos. ¡Frutos del poder de un solo buen maestro y del poder de un solo estudiante fiel e incansable en el aprendizaje y aplicación de toda la “buena enseñanza” de Jesucristo!

¿Quiénes serán los “Pablo” entre nosotros, y quiénes los “Timoteo”?

El “uno” es el número de “único”. Muy querido estudiante de las Sagradas Escrituras y materias relevantes, ¡usted es “único”? Lo que usted puede hacer por Dios y su Reino en la tierra ¡ningún otro lo puede hacer! Ninguno puede ocupar la posición que es suya. El gran poder del “uno” está latente en su mente, corazón y espíritu. Dentro de sí está el potencial de aprender muchísimo y realizar obras de mucha envergadura. El reto para todo alumno es romper las barreras que obstaculicen el aprovechamiento al máximo de su potencial, no exceptuándose los que estudian para ministerios espirituales. Así pues, no se ponga usted débil ante el reto sino sea recio de espíritu, imponiéndose con oración y disciplina personal. Proyéctese, se lo suplicamos, como un “fuerte UNO” en el futuro de la congregación donde sirve y rinde culto, o en los campos evangelísticos de algún lugar escogido juiciosamente. Un “fuerte UNO” sí, pero siempre en comunión con los demás obreros espirituales consagrados, sin pretender enseñorearse de ellos.

El fantástico poder del uno, ¡cuán grande es, de verdad! Por eso, animamos a todo maestro y estudiante a no subestimarse a sí mismo, sino que cada uno de nosotros se haga valer al máximo de su capacidad, ensanchando regularmente los límites de esa capacidad

Pero, para ser “verdaderamente PODEROSO” ese “UNO”…

Ha de estar parado derechito, y no torcido, doblado por el medio o inclinado peligrosamente hacia un lado.

Debe estar perfectamente formado, con líneas fuertes y proporciones balanceadas.

Ha de tener masa y solidez, no siendo ni flacucho ni medio vacío.

Y para permanecer vertical en medio de ráfagas, tormentas o terremotos, su pie –el pie del “Uno”- ha de tener mucho peso y estar plantado firmemente sobra la sólida base inconmovible de la Verdad.

El “peso” en el pie del “Uno poderoso” se compone de “gravitas” –término griego que ha sido transliterado a lenguas modernas- siendo “gravitas” el conjunto de elementos –seriedad, responsabilidad, compromiso, estabilidad, madurez, etcétera- que dan peso al alma.

¿Cuánto “gravitas” he acumulado yo? ¿Ha acumulado usted, muy respetado maestro, muy querido estudiante?

El “UNO espiritual”, bien formado y derechito, es elegante en su simplicidad y proyección, una fuerza poderosa y constante para Bien, Reconciliación, Paz y Salvación, tanto en la iglesia del Señor como entre las multitudes de almas que aún no conocen estas bendiciones. Soy uno. Quiero ser como el “Uno” que acabo de describir. Deseo lo mismo para usted, amado maestro, amado alumno.

El “UNO” es el número de “UNIDAD”. Unidad entre maestros. Unidad entre estudiantes de la Biblia. Unidad entre maestros y estudiantes. Unidad de todos nosotros con las congregaciones a las cuales pertenecemos y con la iglesia universal.

¡Qué lindo y poderoso es el “UNO” en el contexto bíblico-espiritual!

 

1 Apocalipsis 13:18

2 Eclesiastés 4:9-12

3 Colosenses 2:3

4 Hechos 12:25; Hechos 13:5

5 Hechos 16:1-3

6 2 Corintios 8:23; Gálatas 2:1 y 3; Tito 1:4

7 2 Timoteo 4:14-15

 

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