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El reino de Dios existe en la tierra desde el año 30 d. C.

“Venga tu reino”, por Vicente Mercado Santamaría

Los apóstoles de Cristo, asignados un reino, se sientan “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

Esta escena de Jesucristo con sus apóstoles en el aposento en Jerusalén durante la celebración de la Pascua judía y la institución de la cena del Señor ilustra el estudio sobre la declaración de Cristo: “…os asigno un reino… para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28-30).

Lucas 22:28-30

28 “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. 29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.”

Procurando más entendimiento espiritual

Intrigantes estas palabras del Señor para sus apóstoles. Pronunciadas después de la Pascua judía y la institución de la “cena del Señor” aquella noche en el aposento alto en Jerusalén. Hacía solo minutos, Jesús había dicho que uno de ellos le iba a traicionar. Luego, irrumpió “una disputa sobre quién de ellos sería el mayor”. Habiéndoles reconvenido e instruido al respecto, Jesús enuncia entonces las declaraciones citadas, probablemente hasta más difíciles de entender para los apóstoles que para el estudioso de hoy que tenga amplio conocimiento de todo el Nuevo Testamento. Curiosamente, el Señor Jesús hizo aquellos pronunciamientos sobre asignar un reino a sus apóstoles, justamente cuando el reino terrenal de Israel y el poderoso Imperio Romano estaban al punto de quitarle la vida y desparramar a sus apóstoles, juntamente con los demás discípulos. Sin duda alguna, él conocía la hora y lo que le aguardaba, más sin embargo, pese a las circunstancias tensas y peligrosas, proyecta confiadamente la continuación de su “reino”. Con reverencia, intentamos descifrar sus declaraciones.

Primero, observo que el “reino” que Cristo asigna a los apóstoles es el mismo que el Padre asigna a él. A primera instancia, concentrándonos en la frase “…os asigno un reino”, uno pudiera pensar que se tratara de algún reino diferente al que Juan el Bautista y Jesucristo anunciaban durante sus respectivos ministerios. Pero, fijándonos en la cláusula “…como mi Padre me lo asignó a mí”, entendemos que el artículo neutro “lo” se refiere al mismo reino que Cristo predicaba y sobre el cual él sería rey al resucitar, ascender y ser coronado. La cláusula no lee “como mi Padre me asigno el reino que predico”. De haberse expresado así, el Señor hubiese hecho una distinción entre el reino asignado a él por el Padre y el reino que él mismo iba a asignar a los apóstoles. Confirmando nuestra observación, se añade en el versículo 30: “…para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino. No en otro reino, pues, sino en el reino del propio Jesucristo. “…en mi reino.” La preposición “para” indica el doble propósito de asignar Cristo a los apóstoles el mismo reino que él recibe del Padre, a saber: (1) comer y beber ellos a su mesa en su reino y (2) sentarse “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

(1) Ahora bien, quienes son convidados a comer y beber con el rey en su mesa disfrutan de un gran honor, y asimismo serían honrados los apóstoles leales a Cristo. ¿Por qué los honraría de tal manera?  La razón se destaca en el versículo 28. “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.” La conjunción “pues” en el versículo 29 establece el enlace entre este hecho admirable de haber “permanecido” los apóstoles con Jesucristo en sus “pruebas” y el premio glorioso, el inmenso honor, que sería conferido a los apóstoles leales por su fidelidad. Enfatizo “leales”, ya que, desde luego, Judas Iscariote no figura entre los premiados. “…habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, PUES, os asigno un reino.” Ahí está el enlace en la conjunción “pues”, y la enorme recompensa en la expresión “os asigno un reino”.

(2) A los apóstoles no solo se les concede el grandioso honor de sentarse a la mesa del Señor en su reino sino también él de sentarse “en tronos”. Así que, son elevados por Cristo a una posición todavía más honrosa en su reino. ¡Ocupan tronos! Tronos de juicio. Juzgarán “a las doce tribus de Israel”. Al respecto, surgen algunas preguntas cuyas respuestas no se hallan expresadas explícitamente en las Escrituras. Este servidor propone posibles explicaciones, las que el estudioso cotejaría con su propio conocimiento y entendimiento de estos temas que, personalmente, califico de bastante complicados.

a) ¿Dónde se encuentran estos “tronos”’? Se deduce que en el cielo. Ciertamente, los apóstoles jamás ocuparían tronos materiales en la tierra. El reino de Dios y de Cristo ni siquiera es material. “Mi reino no es de este mundo… mi reino no es de aquí”, explicó Jesús a Pilato (Juan 18:36). El trono de Cristo se halla a la diestra del trono del Padre en el cielo (Hechos 2:30-36) (Apocalipsis 3:21). Y asimismo en regiones celestes serían puestos los tronos sobre los que se sentarían los apóstoles.

b) ¿Cuándo ocuparían los apóstoles estos “tronos”? Dado que los “tronos” pertenecen a contornos espirituales-celestiales, obviamente los apóstoles podrían ocuparlos solo después de la muerte de sus cuerpos físicos en la tierra. No ocuparían estos “tronos” durante sus ministerios terrenales. Tal cual Cristo, deberían acabar su misión en la tierra, morir y ser resucitados para entonces sentarse sobre tronos en el reino celestial.

c) ¿Cuándo serían resucitados? Quizás en la “primera resurrección”, la de los mártires de Jesús, al principio de los “mil años” (el Milenio). “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección (Apocalipsis 20:4).

-Los apóstoles no adoraron a la bestia.

-Los apóstoles fueron martirizados, según fuentes bíblicas y extra bíblicas.

-Los mártires resucitados en la “primera resurrección” se sientan sobre “tronos”.

-Estos “tronos” son de juicio, pues los que se sientan en ellos reciben “facultad de juzgar”.

-Interesante correlación con Lucas 22:28-30, ¿no le parece?

-Seguramente, los apóstoles, siendo ellos los más ilustres de todos los mártires, no serían excluidos de participar en “la primera resurrección”. ¿O acaso serían resucitados antes de “la primera resurrección”? Pero, “la primera” es “la primera”, y la única que la precede, conforme a información en el Nuevo Testamento, es la de Jesucristo como “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Entonces, la conclusión lógica es que los apóstoles resucitarían en “la primera resurrección”.

-Pese a la correlación que pudiera existir entre Lucas 22:28-30 y Apocalipsis 20:4, dudo de que Lucas 22:28-30 se cumpla durante los “mil años”. Porque los mártires en general reciben tronos, juzgan, viven y reinan con el rey Cristo durante referido período. En cambio, solo los apóstoles y solo “las doce tribus de Israel”figuran en Lucas 22:28-30.

-Análisis de la “primera resurrección” de Apocalipsis.
www.editoriallapaz.org/apoccalipsis_10_Tema6_Primeraresurreccion.htm

d) ¿A quiénes en particular juzgan los apóstoles? “…a las doce tribus de Israel.”

-¿Se trata de la raza de israelitas, o del “Israel de Dios” (Gálatas 6:16), es decir, de los israelitas convertidos a Cristo? Dado que se utilizan las palabras “las doce tribus”, me inclino a pensar que el enfoque sea sobre Israel como raza, y no sobre el Israel espiritual que integra la iglesia. En la visión de los 144,000, son sellados doce mil de cada tribu, “de todas las tribus de Israel”, términos muy precisos que también nos llevan a concluir que los 144,000 sean israelitas de raza que reconozcan a Cristo como el Mesías, obedeciendo su evangelio hacia fines del “poco de tiempo”.

-Evento del Sexto Sello de Apocalipsis: 144,000 sellados “de todas las tribus de Israel”. www.editoriallapaz.org/apocalipsis__sellos_6_144000_texto.htm

-¿Juzgarán “…a las doce tribus de Israel” gentiles destacados de la iglesia, por ejemplo, Cornelio? Negativo. Cristo no incluye a gentiles en el escenario de los que juzgarán “…a las doce tribus de Israel”. ¿Por qué habría de participar gentiles en el juicio de israelitas? Hasta el sentido común dicta que estos sean juzgados por otros de su misma raza y cultura.

-¿Juzgarán los apóstoles a todos los israelitas desde la formación de la nación hasta el fin del mundo? Dudoso, con la salvedad de que esta es casi pura especulación de mi parte. Sin embargo, me parece bastante lógico postular que juzguen mayormente a los del tiempo cuando efectuaban sus ministerios en la tierra. Es decir, a los israelitas incrédulos y perseguidores del Siglo I, los que no solo crucificaron al Mesías sino que también persiguieron a muerte a los apóstoles. Pero, tampoco descarto la posibilidad de que juzguen a todos los judíos de toda la Era Cristiana. Ahora bien, en cuanto a los israelitas que vivieron antes del ministerio de Jesucristo, estos serán juzgados conforme a la ley dada en el monte de Sinaí.

-¿Cuándo juzgarían los apóstoles “a las doce tribus de Israel”? Supongamos que los apóstoles resuciten en “la primera resurrección” al principio de los “mil años”. Entonces, sentándose sobre tronos, reciben “facultad de juzgar” juntamente con los demás mártires de Jesús resucitados. De resultar acertada esta proyección, ello no significaría que los apóstoles efectuaran enseguida el juicio “a las doce tribus”. A la verdad, por razones ya dadas, concluimos que no llevarían a cabo el juicio de “las doce tribus” durante los “mil años”. Proyectamos otro escenario distinto para este juicio muy particular, a saber: que después de los “mil años” y el “poco de tiempo”, cuando llegue la consumación del misterio de Dios al sonar la Séptima Trompeta (Apocalipsis 10:5-7), en momento determinado el Señor haga sentar a los apóstoles sobre “tronos” para juzgar específicamente “a las doce tribus de Israel”.

Cierto lector de temas en editoriallapaz.org me preguntó que si los gentiles convertidos al Señor son excluidos del reino asignado a los apóstoles. Respondo: ¡De modo alguno!

-Ya pudimos captar que el reino asignado por Cristo a los apóstoles es el mismo que el propio Jesucristo recibe de su Padre. Por cierto, no encuentro en el Nuevo Testamento dos reinos distintos de Dios y Cristo sino uno solo, verdad confirmada en Efesios 5:5. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Así pues, un solo “reino” que pertenece tanto a Cristo como a Dios. Durante la Era Cristiana, Dios constituye Rey del reino a su Hijo, y “preciso es que él reine hasta que” el Padre “haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”. Entonces, llegando “el fin” del plan de Dios para el universo y la humanidad, el Hijo entrega “el reino al Dios y Padre”. (1 Corintios 15:24-28). Siempre tratándose de un solo reino espiritual perteneciente a la Deidad.

-Felipe anuncia “el reino de Dios” a los samaritanos (Hechos 8:12). El apóstol Pablo testifica que había “pasado predicando el reino de Dios” a los habitantes de la provincia de Asia (Hechos 20:25), no distinguiendo entre judíos y gentiles. En Roma, testifica “el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde” (Hechos 28:23). Obviamente, los gentiles convertidos a Dios son recibidos en su reino. De hecho, todo aquel, sin excepción, que nace del agua y del Espíritu es hecho ciudadano del reino de Dios (Juan 3:1-7).

-Al decir Jesucristo a los apóstoles “os asigno un reino”, entiendo que el sentido es que se lo asigna para que desempeñen en él el puesto más alto después de la posición de “Rey”. En la organización divina para el reino espiritual-celestial, Cristo es el Rey. Luego, vienen los apóstoles. Entonces, evangelistas, maestros y otros. Cumpliendo cabalmente los apóstoles su deber, en el día determinado por el “Rey de reyes, y Señor de señores”, son convidados a comer y beber a la mesa del Rey en su reino en los recintos celestiales. Además, en el tiempo determinado se sentarán sobre tronos “juzgando a las doce tribus de Israel”. Estos son deberes, ministerios, privilegios y honores que les corresponden conforme a decisiones tomadas por la Deidad. Mientras tanto, a través de la Era Cristiana, todos los demás obedientes al “evangelio de… salvación” (Efesios 1:13), siendo librados “de la potestad de las tinieblas”, son trasladados “al reino” del “amado Hijo” (Colosenses 1:13), donde, haciendo “firme” su “vocación y elección”, les “será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:10-11). Es decir, en el reino purificado y glorificado eternamente. ¡Qué dicha! ¿Será suya? ¿Será mía?

-Pasos a tomarse para ser ciudadano del “reino de Cristo y de Dios”. www.editoriallapaz.org/salon_preceptos2.htm

 

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“Venga tu reino”, por Vicente Mercado Santamaría

  

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