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El reino de Dios existe en la tierra desde el año 30 d. C.

“Venga tu reino”, por Vicente Mercado Santamaría

El juicio que comienza con la casa de Dios. 1 Pedro 4:17-19. Parte 2 de Juicios y destinos espirituales. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios…”

Juicios y destinos espirituales. ¿Confusión de juicios en el Nuevo Testamento? Preguntas y planteamientos. ¿Una contradicción doctrinal seria en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles? Respuestas y comentarios.

 

 

El judío Jesús de Nazaret asigna a sus apóstoles un reino, para que se sienten “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

 

Para los judíos que aún creen en Dios

Para los judíos que afirman la existencia del alma-espíritu

Para los judíos que anticipan ser juzgados por Dios después de la muerte de su cuerpo físico

Para los rabíes y profesores de la religión judía

Para los judíos seculares (más del 50% de la raza), sin religión

Para los judíos que son simplemente materialistas y hedonistas

Para los judíos que reciben al judío Jesús de Nazaret como el Mesías

Para los gentiles que reciben al judío Jesús de Nazaret como el Mesías

Para los gentiles que creen en la autenticidad de los libros del Nuevo Testamento

Para los gentiles estudiosos del Nuevo Testamento convencidos de que las palabras de Lucas 22:28-30 fueron pronunciadas por Jesús de Nazaret.

Para los gentiles estudiosos del Nuevo Testamento que quisieran entender estas expresiones del judío Jesús de Nazaret dirigidas a los apóstoles judíos escogidos por él y que permanecieron con él en sus pruebas

Para los gentiles estudiosos del Nuevo Testamento que quisieran armonizar estas expresiones del judío Jesús de Nazaret con las enseñanzas y revelaciones relevantes de los autores de los libros del Nuevo Testamento

 

Esta escena de Jesucristo con sus apóstoles en el aposento en Jerusalén durante la celebración de la Pascua judía y la institución de la cena del Señor ilustra el estudio sobre la declaración de Cristo: “…os asigno un reino… para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28-30).

 

Los apóstoles escuchan, atónitos y perplejos, las palabras que Jesucristo les dirige, registradas en Lucas 22:28-30, sobre comer y beber con él en su reino y sentarse sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. En aquel momento, pocas horas antes de quedarse arrestado, Cristo hace tan grandiosa promesa a sus apóstoles, de origen humilde y pobre la mayoría, analfabetos algunos de ellos. ¿Sentarse los tales sobre tronos y juzgar al gran pueblo de Israel? ¡Totalmente inconcebible! ¿Qué interpretación habrán dado a tan pretenciosa promesa? Y nosotros, casi dos mil años después, ¿podremos entenderla correctamente?

 

Lucas 22:28-30

28 “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. 29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.”

 

Sumamente intrigantes estas palabras del judío Jesús de Nazaret para sus apóstoles, todos ellos judíos de raza. Pronunciadas después de la Pascua judía y la institución de la “cena del Señor” por Jesús aquella noche en el aposento alto en Jerusalén donde estaban congregados. Hacía solo minutos, Jesús había dicho que uno de ellos le iba a traicionar. Luego, irrumpió “una disputa sobre quién de ellos sería el mayor”. Habiéndoles reconvenido e instruido al respecto, Jesús enuncia entonces las declaraciones citadas. Curiosamente, Jesús de Nazare hizo aquellos pronunciamientos sobre asignar un reino a sus apóstoles, justamente cuando el reino terrenal de Israel y el poderoso Imperio Romano estaban al punto de quitarle la vida y desparramar a sus apóstoles, juntamente con los demás discípulos. Sin duda alguna, él conocía la hora y lo que le aguardaba, sin embargo, pese a aquellas circunstancias tensas y peligrosas, proyecta confiadamente la continuación de su “reino”.  El médico judío Lucas se dio a la tarea de recopilar las enseñanzas y los hechos de aquel Jesús de Nazaret, atribuyendo a él las palabras bajo escrutinio. Aceptándolas nosotros como auténticas, intentamos entender su significado, como, también, el cumplimiento de las promesas asombrosas encerradas en ellas.

Primero, observo que el “reino” que Cristo asigna a los apóstoles es el mismo que el Padre asigna a él. A primera instancia, concentrándonos en la frase “…os asigno un reino”, uno pudiera pensar que se tratara de algún reino diferente al que Juan el Bautista y Jesucristo anunciaban durante sus respectivos ministerios. Pero, fijándonos en la cláusula “…como mi Padre me lo asignó a mí”, entendemos que el artículo neutro “lo” se refiere al mismo reino que Cristo predicaba y sobre el cual él sería Rey y Señor al resucitar, ascender y ser coronado. La cláusula no lee “como mi Padre me asignó el reino que predico”. De haberse expresado así, Jesús hubiese hecho una distinción entre el reino asignado a él por el Padre y el reino que él mismo iba a asignar a los apóstoles. Confirmando nuestra observación, se añade en el versículo 30: “…para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino. No en otro reino, pues, sino en el reino del propio Jesucristo. “…en MI reino.” La preposición “para” indica el doble propósito de asignar Jesús a los apóstoles el mismo reino que él recibe del Padre, a saber: (1) comer y beber ellos a su mesa en su reino y (2) sentarse “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

 

Esta pintura, realizada por Ted Larson, es una visualización gráfica del trono del Señor Dios Todopoderoso establecido en el cielo sobre el Mar de Vidrio como de Cristal.

 

Esta pintura, realizada por Ted Larson, es una visualización gráfica del trono del Señor Dios Todopoderoso establecido en el cielo sobre el Mar de Vidrio como de Cristal.

 

1. Ahora bien, quienes son convidados a comer y beber con el rey en su mesa disfrutan de un gran honor, y asimismo serían honrados los apóstoles leales a Cristo. ¿Por qué les honraría Jesucristo de tal manera?  La razón se destaca en el versículo 28. “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.” La conjunción “pues” en el versículo 29 establece el enlace entre este hecho admirable de haber “permanecido” los apóstoles con Jesucristo en sus “pruebas” y el premio glorioso, el inmenso honor, que sería conferido a los apóstoles leales por su fidelidad. Enfatizo “leales”, ya que, desde luego, Judas Iscariote no figura entre los premiados. “…habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, PUES, os asigno un reino.” Ahí está el enlace en la conjunción “pues”, y la enorme recompensa en la expresión “os asigno un reino”.

2. A los apóstoles no solo se les concede el grandioso honor de sentarse a la mesa del Señor en su reino sino también él de sentarse “en tronos”. Así que, son elevados por Cristo a una posición todavía más honrosa en su reino. ¡Ocupan tronos! Tronos de juicio. Juzgarán “a las doce tribus de Israel”.

Al respecto, surgen algunas preguntas cuyas respuestas no se hallan expresadas explícitamente en las Sagradas Escrituras. Este servidor propone posibles explicaciones, las que el estudioso cotejaría con su propio conocimiento y entendimiento de estos temas, los que, personalmente, califico de bastante complicados.

 
Así visualiza el pintor Ted Larson el escenario de los tronos ubicados sobre el Mar de Vidrio como de Cristal. En el centro, el del Señor Dios Todopoderoso, y alrededor, los veinticuatro tronos que ocupan veinticuatro ancianos, y en medio de ellos los cuatro seres vivientes.

 

Así visualiza el pintor Ted Larson el escenario de los tronos ubicados sobre el Mar de Vidrio como de Cristal. En el centro, el del Señor Dios Todopoderoso, y alrededor, los veinticuatro tronos que ocupan veinticuatro ancianos, y en medio de ellos los cuatro seres vivientes. ¿Faltarían los tronos de los apóstoles? Visualización netamente material de un escenario netamente espiritual.

 

¿Dónde se encuentran estos “tronos” de los apóstoles?

La “mesa” de la promesa, donde beberían y comerían los apóstoles, dice el Señor que la misma se encuentra “en mi reino”. Pues, asimismo, se infiere por el contexto que los “tronos” donde se sentarían los apóstoles para juzgar a Israel también se hallan en el mismo reino de Cristo.  

Arrestado Jesucristo y llevado ante el procónsul romano Poncio Pilato, en el breve intercambio entre los dos sobre “rey y reino”, el Señor explica a Pilato: “Mi reino no es de este mundo… mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). Entonces, tampoco son de este mundo la “mesa” y los “tronos” que se hallan en el reino de Cristo. Esto es elemental, y muy obvio para el espiritual, pero no para el hombre natural ni para el religioso aun enredado en el materialismo del mundo. Haciendo caso omiso a la explicación de Cristo, o malinterpretando, algunos sacerdotes, pastores y predicadores del presente insisten en materializar al reino de Cristo, en bajarlo de los entornos espirituales a los terrenales, en fin, hacerlo de este mundo. Aun con tronos en la tierra, por ejemplo, el Papa de Roma tiene un verdadero trono material en el Vaticano. Sus dogmas y prácticas hacen mucha violencia a la naturaleza más fundamental del reino de Dios y Cristo, el cual “no es de este mundo… no es de aquí”, ni tampoco, reiteramos, la “mesa” y los “tronos” del Reino espiritual-celestial.

 

¿Se encuentran los tronos de los apóstoles sobre el

“mar de vidrio semejante al cristal” durante

el tiempo de los “mil años”?

 

Contemplemos el escenario del “mar de vidrio semejante al cristal” como presentado en Apocalipsis, tratando de visualizarlo correctamente.

En el centro de este “mar de cristal” está “establecido “un trono… y en el trono, uno sentado”. Ya que el trono está establecido “en el cielo”, el “mar de cristal” donde descansa también está “en el cielo” (Apocalipsis 4:2). El “uno sentado” se identifica como “el Señor Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 4:8).

“Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apocalipsis 4:4).

“Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás (Apocalipsis 4:6).

Luego en el escenario aparece “un Cordero como inmolado”, y al tomar él aquel libro con los siete sellos que ningún otro era digno de tomar, los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postran delante de él, identificándose con inequívoca claridad al decir: “…tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra (Apocalipsis 5:6-10). O sea, los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes son seres humanos redimidos por el Señor que, muertos en la tierra, son resucitados y llevados ante el trono del Señor Dios Todopoderoso, donde, vestidos de “ropas blancas” y recibiendo “coronas de oro”, ocupan espacios alrededor del trono de Dios en el centro, incluso veinticuatro tronos para ellos también colocados alrededor del trono en el centro.

Lo de cuándo fueron resucitados y llevados ante el trono sobre el mar de vidrio en el cielo nos lo informa la visión de los “mil años”. “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años(Apocalipsis 20:4-6).

¿Cuándo son resucitados y llevados al cielo ante el trono de Dios sobre el Mar de Cristal los redimidos de la tierra representados por los veinticuatro ancianos y los cuatro seres? Respuesta: en “la primera resurrección”.

¿Cuándo ocurre la primera resurrección? Al principio de los “mil años”.

¿Quiénes son los resucitados en la primera resurrección? Son “…los que recibieron facultad de juzgar… las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios”, no tratándose de dos agrupaciones distintas sino de una sola presentada por medio de un paralelismo, o sea, dos cláusulas distintas que dicen lo mismo.

¿Qué papeles ejercitan durante los “mil años”?

El de jueces. “…recibieron facultad de juzgar.”

El de reyes. “…reinaron con Cristo mil años.”  “…reinarán con él mil años.”

El de sacerdotes. “…serán sacerdotes de Dios y de Cristo.”

Las semejanzas entre la escena del Mar de Vidrio en los capítulos 4 y 5 de Apocalipsis y la escena de los “mil años” en Apocalipsis 20:4-6 saltan a la vista, complementándose los dos textos de forma impresionante e instructiva.

Pero, falta un elemento importantísimo para la formación de un cuadro más completo, a saber: ¿Cuántos seres están presentes durante los “mil años” ante el trono de Dios establecido sobre el Mar de Vidrio, donde también hay veinticuatro tronos para los redimidos resucitados y coronados? El apóstol Juan nos da la respuesta, diciendo: “Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones(Apocalipsis 5:11). No meramente miles de millones sino “millones de millones”.

 

“…su número era millones de millones.” De ángeles y los seres humanos redimidos sobre el Mar de Vidrio. El pintor Ted Larson se esfuerza para captar las grandes dimensiones que implica esta visión, ubicando algunos ángeles parados sobre el Mar de Vidrio, mientras gran número vuela en el espacio arriba del Mar de Vidrio.

 

“…su número era millones de millones. De ángeles y los seres humanos redimidos sobre el Mar de Vidrio. El pintor Ted Larson se esfuerza para captar las grandes dimensiones que implica esta visión, ubicando algunos ángeles parados sobre el Mar de Vidrio, mientras gran número vuela en el espacio arriba del Mar de Vidrio.

 

Entonces, de no haberlo hecho ya, tendríamos que ensanchar quizás muchísimo nuestra percepción de la expansión del Mar de Vidrio, con sus veinticinco tronos, visualizando enormes espacios donde “millones de millones” de ángeles y humanos redimidos desempeñan sus respectivos papeles durante los “mil años”. Desde luego, estamos visualizándolo todo en términos de “espacios materiales”, pero no deja de ser menos cierto que los lugares espirituales tengan, conforme a las proyecciones de Dios en las Escrituras, sus propias dimensiones, aunque diferentes a las nuestras de índole material. Así pienso, consciente de mis limitaciones humanas de entender todos estos asuntos cabalmente, pero a la vez profundamente intrigado e impresionado por las escenas de Apocalipsis.

Dije que “veinticinco tronos sobre el Mar de Vidrio”, pero añadiría los “tronos de los apóstoles”: trece más, para un total de treinta y ocho tronos sobre el Mar de Vidrio. Porque me parece bastante lógico ubicar los tronos de los apóstoles en el tiempo de los “mil años”.

Obviamente, los apóstoles no ocuparían sus tronos hasta después de la muerte de sus cuerpos físicos en la tierra. Certeramente, no los ocuparían durante sus ministerios terrenales, ya que los suyos no serían tronos terrenales en un reino espiritual. Además, en sus escritos jamás reclaman ocupar tronos terrenales en la iglesia-reino ni, históricamente, fueron reconocidos por los cristianos del siglo I como sentados sobre tales tronos. No exceptuándose el apóstol Pedro, y ese es un verdadero hecho histórico pese al infundado dogma católico romano que hace a Pedro el primer Papa. Tal cual Jesucristo, los apóstoles deberían acabar su misión en la tierra, morir y ser resucitados para entonces, en el día determinado por Dios, subir y sentarse sobre tronos en el reino celestial. Trece tronos, pues Judas Iscariote fue eliminado, Matías tomó su lugar (Hechos 1:21-26), haciendo doce de nuevo, y Pablo se suma a los doce, dando trece. Lucas 22:28-30 no dice “doce tronos” sino “tronos, juzgando a las doce tribus de Israel”.

¿Cuándo serían resucitados los apóstoles? Lógicamente, en la “primera resurrección”, la de los mártires de Jesús, al principio de los “mil años” (el Milenio). 

Los apóstoles no adoraron a la bestia.

Los apóstoles fueron martirizados, según fuentes bíblicas y extra bíblicas, precisamente “por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios”.

Los mártires resucitados en la “primera resurrección” se sientan sobre “tronos”.

Estos “tronos” son de juicio, pues los que se sientan en ellos reciben “facultad de juzgar”. Igualmente, los tronos de los apóstoles son de juicio. Con esta particularidad: que son para juzgar “a las doce tribus de Israel”.

Bien que los tronos de los apóstoles no se mencionen específicamente en la visión de los “mil años”, según revelada en Apocalipsis 20:4-6, esto no significa que no figuren en ella por inferencia.

¿Cabe la posibilidad de que fueran resucitados los apóstoles antes de “la primera resurrección”? Pues bien, “la primera” es “la primera”, y la única que precede a “la primera resurrección”, conforme a la información en el Nuevo Testamento, es la de Jesucristo como “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20). Entonces, la deducción más lógica, a nuestro parecer, es que los apóstoles resucitarían en “la primera resurrección”.

¡OJO!, amados amigos judíos. En especial…

Para los judíos que anticipan ser juzgados por Dios después de la muerte de su cuerpo físico.

Al sentarse los apóstoles en sus tronos ubicados sobre el Mar de Vidrio durante los “mil años”, su encomienda es, se reitera, la de juzgar “…a las doce tribus de Israel.” ¿Se trata de la raza de israelitas, o del “Israel de Dios” (Gálatas 6:16), es decir, de los israelitas convertidos a Cristo? Dado que se utilizan las palabras “las doce tribus”, me inclino a pensar que el enfoque sea sobre Israel como raza, y no sobre el Israel espiritual que integra la iglesia. En la visión de los 144,000 (Apocalipsis 7:1-8), son sellados doce mil de cada tribu, “de todas las tribus de Israel”, términos muy precisos que también nos llevan a concluir que los 144,000 sean israelitas de raza que reconozcan a Cristo como el Mesías, obedeciendo su evangelio hacia fines del “poco de tiempo”.

¿Cuál sería el procedimiento de juzgar a los israelitas durante la época de los “mil años”? Sin querer caer en el error de entremeterme en lo que no me incumba, aventuro a pensar que al morir cualquier israelita (judío) en la tierra durante referido período, su alma-espíritu sería conducido al Mar de Vidrio para ser juzgado conforme a sus obras hechas en la tierra (2 Corintios 5:10). No se comparecería ante cualquier ángel o ser humano elevado ante Dios y coronado, hecho rey sacerdote, sino, justamente, ante uno de los apóstoles resucitados, coronados y encomendados a juzgar a las almas-espíritus de los israelitas. Para el israelita que acaba de llegar, como alma-espíritu sin cuerpo físico, a las cortes celestiales establecidas en el Mar de Vidrio, nada más cónsono con la justicia y la lógica que ser juzgado por un ilustre espiritual de su propia raza, de su propio pueblo. “…está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Muere el judío, y después de su muerte, el próximo evento para él es “el juicio”. El que muere durante los “mil años”, tiempo durante el que la mayoría de los gobiernos seculares del mundo legislan libertad religiosa, irá a juicio y su juez será uno de los apóstoles de Jesucristo. El Juez a cargo de todos los juicios es el propio Jesucristo, glorificado y coronado. Le asisten sus ángeles, y durante los “mil años” también los apóstoles y demás mártires, a quiénes se les concede el grandioso privilegio de reinar con él.

Juicios por los mártires, enfatizamos, y no por los cristianos que no lo fueran. Con especial atención en este estudio a los apóstoles, contando estos con inspiración divina durante sus ministerios terrenales. Sus conocimientos del evangelio completo, más su compromiso incondicional de ser fiel al Señor, compromiso sellado con su propia sangre, y, en adición, su empatía con los de su propia raza y comprensión de sus dificultades y luchas religiosas-espirituales, los capacitarían para juzgar a sus compatriotas, razonamos. Un juicio no meramente simbólico o global, pienso, sino personal, de tú a tú, de espíritu judío a espíritu judío. Un juicio no sin intercambio entre el juez y el alma-espíritu que ha de ser juzgado sino un procedimiento judicial espiritual real y justo, con un desenlace real y justo de acuerdo basado en hechos.

¿Nos parece cosa extraña que eso sea así? Si respondemos en lo afirmativo, entonces, más difícil todavía será para nosotros comprender las implicaciones de la pregunta del apóstol Pablo hecha a los cristianos de Corinto: “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?” Tema que optamos por no explorar en esta ocasión.

En sus deliberaciones judiciales espirituales, los apóstoles, resucitados y sentados en tronos ubicados sobre el Mar de Vidrio para juzgar a “las doce tribus de Israel”, deberían tener presente también las directrices asentadas por el Juez Jesucristo al este decir: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá (Lucas 12:47-48).

¿Instantáneo juicio después de la muerte del cuerpo físico? La expresión “…para que… os sentéis en tronos, juzgando a las doce tribus de Israel” indica un procedimiento judicial, y no un juicio instantáneo que se hiciera sin la participación del juzgado. Consideremos: los apóstoles se sientan sobre tronos para juzgar a las doce tribus. Los israelitas se traen delante de ellos. ¿En masa? Seguramente que no. Cada ser humano es juzgado individualmente. “…cada uno” recibe “según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). “De manera que cada uno  de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12).

Cada uno se comparece…

Cada uno da cuenta de sí…

Cada uno recibe el juicio conforme a sus obras…

Cada uno es llevado al lugar que corresponde al juicio dictado.

¡Procedimiento judicial, y no, en definitiva, juicio instantáneo! Juicio en masa, negativo, en absoluto, sino individual.

Los israelitas de toda la Era Cristiana son juzgados de acuerdo con las leyes y provisiones del Nuevo Testamento de Cristo, y no conforme al antiguo pacto hecho entre Dios y el pueblo terrenal de Israel. El judío que rechace a Cristo y su nuevo pacto su única esperanza de salvación descansaría en la misericordia de Dios manifestada hacia los seres humanos que, sin conocer la ley que les atañe, hacen por naturaleza lo que es de la ley, siendo buenos, justos, amorosos para con el vecino y dedicados a buenas obras. Esperanza que tendrían los gentiles justos y buenos, sin conocer la ley, según explica el apóstol Pablo en Romanos 2:14-16, y, por extensión, también los judíos justos y buenos, razonamos, sin pretender hablar o juzgar de parte de Dios, que él es el único que conoce los corazones, teniendo misericordia de quien quisiera tener misericordia (Romanos 9:15).

Se intuye que antes y después de la época de los “mil años” solo los ángeles asisten a Jesucristo en el procesamiento de las almas-espíritus de los humanos que mueren en la tierra.

En el juicio de las naciones que se lleva a cabo después de la Segunda Venida de Cristo aparece un solo trono identificado como el “trono de gloria” en Mateo 25:31-46, y el “gran trono blanco” en Apocalipsis 20:11-15. No aparecen ni los veinticuatro tronos de los ancianos ni los tronos de los apóstoles.

Para un estudio a fondo del juicio después de la muerte y el juicio de las naciones después de la Segunda Venida de Cristo: ¿Confusión de juicios en el Nuevo Testamento? De la serie: Juicios y destinos espirituales. www.editoriallapaz.org/juicios-destinos-naciones-trono-blanco-despues-muerte.html

Para varios estudios e intercambios sobre los “mil años”, llamado comúnmente el Milenio: www.editoriallapaz.org/milenio_compilacion.htm

Análisis más detallado de la “primera resurrección” de Apocalipsis 20:4-6 en: 
www.editoriallapaz.org/apoccalipsis_10_Tema6_Primeraresurreccion.htm

El evento de sellados 144,000 “de todas las tribus de Israel”examinado más a fondo en: www.editoriallapaz.org/apocalipsis__sellos_6_144000_texto.htm

 

¿Excluidos los gentiles convertidos a Cristo

del reino asignado a los apóstoles?


Cierto lector de temas en editoriallapaz.org me preguntó que si los gentiles convertidos al Señor son excluidos del reino asignado a los apóstoles. Respondo: ¡De modo alguno!

Ya pudimos comprender que el reino asignado por Cristo a los apóstoles es el mismo que el propio Jesucristo recibe de su Padre. Por cierto, no encuentro en el Nuevo Testamento dos reinos distintos de Dios y Cristo sino uno solo, verdad confirmada en Efesios 5:5. “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Así pues, un solo “reino” que pertenece tanto a Cristo como a Dios. Durante la Era Cristiana, Dios constituye Rey del reino a su Hijo, y “preciso es que él reine hasta que” el Padre “haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”. Entonces, llegando “el fin” del plan de Dios para el universo y la humanidad, el Hijo entrega “el reino al Dios y Padre”. (1 Corintios 15:24-28). Siempre tratándose de un solo reino espiritual perteneciente a la Deidad.

Felipe anuncia “el reino de Dios” a los samaritanos (Hechos 8:12). El apóstol Pablo testifica que había “pasado predicando el reino de Dios” a los habitantes de la provincia de Asia (Hechos 20:25), no distinguiendo entre judíos y gentiles. En Roma, testifica “el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde” (Hechos 28:23). Obviamente, los gentiles convertidos a Dios son recibidos en su reino. De hecho, todo aquel, sin excepción, que nace del agua y del Espíritu es hecho ciudadano del reino de Dios (Juan 3:1-7).

Al decir Jesucristo a los apóstoles “os asigno un reino”, entiendo que el sentido es que se lo asigna para que desempeñen en él el puesto más alto después de la posición de “Rey”. En la organización divina para el reino espiritual-celestial, Cristo es el Rey. Luego, vienen los apóstoles. Entonces, evangelistas, maestros y otros. Cumpliendo cabalmente los apóstoles su deber, en el día determinado por el “Rey de reyes, y Señor de señores”, son convidados a comer y beber a la mesa del Rey en su reino en los recintos celestiales. Además, en el tiempo ya determinado en este estudio se sentarían sobre tronos “juzgando a las doce tribus de Israel”. Estos son deberes, ministerios, privilegios y honores que les corresponden conforme a decisiones tomadas por la Deidad.

Mientras tanto, a través de la Era Cristiana, todos los demás obedientes al “evangelio de… salvación” (Efesios 1:13), siendo librados “de la potestad de las tinieblas”, son trasladados “al reino” del “amado Hijo” (Colosenses 1:13), donde, haciendo “firme” su “vocación y elección”, les “será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:10-11). Es decir, en el reino purificado y glorificado eternamente. ¡Qué dicha! ¿Será suya? ¿Será mía?

Para pasos a tomarse para ser ciudadano del “reino de Cristo y de Dios”, recomendamos: www.editoriallapaz.org/salon_preceptos2.htm 

 


 

 

El juicio que comienza con la casa de Dios. 1 Pedro 4:17-19. Parte 2 de Juicios y destinos espirituales. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios…”

Juicios y destinos espirituales. ¿Confusión de juicios en el Nuevo Testamento? Preguntas y planteamientos. ¿Una contradicción doctrinal seria en las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles? Respuestas y comentarios.

 

El reino de Dios existe en la tierra desde el año 30 d. C.

“Venga tu reino”, por Vicente Mercado Santamaría

 

  

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