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Las feministas quieren que las mujeres sean liberadas de hombres, matrimonio e hijos. Por Suzanne Venker, de Fox News. El debate sobre el feminismo de actualidad.

 

¿Está la igualdad arruinando su matrimonio?

 

Esta fotografía de la escritoria Suzanne Venker ilustra el tema ¿Está la igualdad arruinando su matrimonio?, en editoriallapaz.org.

Por  Suzanne Venker, Fox News

 

 

Mediante nuevas investigaciones realizadas por la Universidad de Illinois fueron examinados datos sobre casi mil quinientos hombres y mil ochocientas mujeres entre las edades de 52 y 60, los que revelan que parejas que resisten roles tradicionales de género, o que tienen como meta un matrimonio que llaman “de igualdad”, son menos felices que los que nadan con la corriente.

Los investigadores Karen Kramer y Sunjin Pak hallaron que cuando aumentaron los ingresos de mujeres, estas reportaron más síntomas de depresión. El efecto contrario se encontró en los varones: su bienestar psicológico llegó al máximo cuando ellos eran los proveedores primarios.

“En nuestro estudio, observamos una diferencia estadísticamente significante y sustancial en lo referente a síntomas depresivos entre hombres y mujeres”, dijo Kramer. “Los resultados sostuvieron la hipótesis general según la que: el sentido de bienestar fue más bajo para madres y padres que violaron las expectativas relacionadas al género en lo concerniente a labor remunerada, pero más alto para padres que se conformaron a estas expectativas.”

Esto fue así para las parejas que tenían un concepto igualitario de trabajo y familia. No obstante los conceptos modernos, la salud de los hombros fue asestado un golpe al menguar sus ingresos, indicándose claramente que el rol tradicional de proveedor primario sigue siendo muy importante para los varones.

Bien que estos hallazgos no sorprendan a muchos de nosotros, ciertamente retan a la narrativa cultural. Siempre se les está diciendo a los americanos [como también a europeos, latinos, etcétera] que “igualdad de género” -la cual ya no se define como oportunidad igual sino como intercambiabilidad de varón y mujer- es el único camino a una vida feliz.

Si la felicidad no se logra, pues, la culpa la tendría la sociedad. Algunos dicen que nuestras expectativas acerca de roles de género se han evolucionado más lentamente. Claudia Tanner, de MailOnline, escribe: “Tanto hombres como mujeres que se apartan de ‘roles convencionales de género’ -especialmente padres que dejan de trabajar para cuidar a tiempo completo a hijos- puede que sean vistos negativamente, lo cual puede, a su vez, afectar su salud mental”.

Eso no es el asunto.

Simple y llanamente, los hombres y las mujeres no son seres intercambiables. Puede que ambos sean capaces de ser proveedores o padres a tiempo completo, pero eso no quiere decir que deseen ejecutar semejantes tareas con igual fervor. Típicamente, la identidad del varón está enlazada inextricablemente con su sueldo. La de la mujer está enlazada a sus hijos. El que esto no sea así para todo hombre y mujer no altera el hecho de que lo que impele a la mayoría de las mujeres difiere de lo que impele a la mayoría de los varones.

Dar a luz es la hazaña sin paralelo de la mujer -su instinto primordial es proveer física y emocionalmente para su hijo. En cambio, el instinto primordial del hombre es proteger al hijo, proveyendo para él. Esa es su hazaña sin igual.

Ya es tiempo para dejar de pretender que la cultura sea culpable del fracaso de “matrimonios de igualdad”. (Con renuencia, uso el término “matrimonios de igualdad”, ya que el matrimonio de igualdad nada tiene que ver con quién ejecute cuáles tareas dentro o fuera del hogar.) La naturaleza humana no cambia simplemente porque la sociedad cambie. Tal y como las mujeres invierten mucho en el hogar de manera primal y única, asimismo los hombres tienen la necesidad visceral de proveer y proteger. Esto es cómo la mayoría de los hombres y las mujeres adquieren su sentido de autoestima.

Esto no es para decir que ninguna pareja casada puede realizar exitosamente el reverso de roles. Solo se quiere decir que no es común. Aun en el día de hoy, aproximadamente el 30% de mujeres casadas eligen no ser empleadas, y en las familias donde tanto las madres como los padres son empleados, “en el 70% de ellas el padre gana más que la madre”. Eso es así porque para la mujer es natural querer depender de su hombre, mientras para el hombre no es natural depender de una mujer. No importa cuán duro sea escucharlo, o cuán políticamente incorrecto sea, eso continúa en pie.

Las investigaciones provenientes de la Universidad de Illinois son claras: las mujeres que son las sustentadoras principales de la familia reportan más síntomas de depresión; en cambio, el bienestar psicológico de los hombres llega al máximo cuando ellos son los proveedores principales.

Bien que las actitudes sociales hayan cambiado, no así la naturaleza humana. Quizás haya llegado el tiempo para rendirnos.

Traducción por Homero Shappley de Álamo

 


 

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