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El Diezmo: una verdad irrefutable

¿Necesita usted un consejo divino sobre diezmos y ofrendas? Lo encontrará en el Nuevo Testamento sellado con la sangre del Cordero de Dios, y no en la antigua ley de Moisés. En Hebreos 7:12 se enseña que el sacerdocio levítico fue cambiado, reemplazándolo el nuevo “sacerdocio santo” de Cristo, y que la ley también fue cambiada, tomando su lugar el “mejor pacto” establecido sobre “mejores promesas”, cuyo mediador es Jesucristo. Las ordenanzas sobre diezmos fueron anuladas en la cruz. La nueva ley para el sostenimiento de la obra de Dios durante la Era Cristiana es la ofrenda voluntaria, generosa, dada con alegría “cada primer día de la semana” (1 Corintios 16:1-3; 2 Corintios, los capítulos 8 y 9).
¿Necesita usted un consejo divino sobre diezmos y ofrendas? Lo encontrará en el Nuevo Testamento sellado con la sangre del Cordero de Dios, y no en la antigua ley de Moisés. En Hebreos 7:12 se enseña que el sacerdocio levítico fue cambiado, reemplazándolo el nuevo “sacerdocio santo” de Cristo, y que la ley también fue cambiada, tomando su lugar el “mejor pacto” establecido sobre “mejores promesas”, cuyo mediador es Jesucristo. Las ordenanzas sobre diezmos fueron anuladas en la cruz. La nueva ley para el sostenimiento de la obra de Dios durante la Era Cristiana es la ofrenda voluntaria, generosa, dada con alegría “cada primer día de la semana” (1 Corintios 16:1-3; 2 Corintios, los capítulos 8 y 9).

Por Daniel R. Neveu Pedreros, de Temuco, Chile

dneveup@gmail.com

Parte 4 y Conclusión

Temas principales de la Parte 2. ¡Necesito un consejo! Cristianos versus la ley. Exhortación al pastor. Conclusion.

Capítulo 9

¡Necesito un consejo!

La información que acompaña esta fotografía dice que estas personas están celebrando “el día del diezmo”. ¿Qué consejo tendría usted para ellas? ¿Celebraban los apóstoles y la iglesia del Siglo I “el día del diezmo”, o algo parecido? El apóstol Pablo ordenó a las iglesias que hicieran lo siguiente: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga parte algo, según haya prosperado…” [1 Corintios 16:1-2</a>]. ¡Nada de diezmos, ni del día del diezmo! Porque el diezmo atañía a la antigua ley, la cual caducó cuando Jesucristo fue crucificado.
La información que acompaña esta fotografía dice que estas personas están celebrando “el día del diezmo”. ¿Qué consejo tendría usted para ellas? ¿Celebraban los apóstoles y la iglesia del Siglo I “el día del diezmo”, o algo parecido? El apóstol Pablo ordenó a las iglesias que hicieran lo siguiente: “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga parte algo, según haya prosperado…” (1 Corintios 16:1-2). ¡Nada de diezmos, ni del día del diezmo! Porque el diezmo atañía a la antigua ley, la cual caducó cuando Jesucristo fue crucificado.

 

En el Capítulo 2, les mencioné al hermano Jabín, y como este joven recibió al Señor, su entrega fue tal que aceptó gustoso cada indicación que se le hiciera sobre su responsabilidad económica para con su pastor y la Iglesia. Sus ofrendas no eran pocas. El dar era sin mezquindad, y el diezmo entregado con una amplia sonrisa. Era muy querido en la congregación por su infaltable gozo interior, que sin resistencia brotaba por sus poros, y por su docilidad. Ante alguna orden y/o solicitud del pastor su respuesta era inmediata, y aunque en el capítulo mencionado anteriormente, hago mención de la tristeza que embarga al hermano por la forma adoptada por el pastor en la recepción del diezmo, aún así él no dejaría por nada de cumplir con la entrega de sus ofrendas y diezmos. Es más, en una agradable tarde otoñal, caminamos por el centro de la ciudad de Temuco hasta llegar a la plaza de armas, en donde, sentados, continuamos la conversación que no era otra que hablar de las grandezas del Señor. El gozo inundaba nuestros corazones. Hablamos de cómo dejar toda mezquindad en nuestras ofrendas –que es muy común en la iglesia- hasta el punto de acordar no depositar más monedas al ofrendero, sino billetes. No es que hiciéramos un pacto sobre ese punto, sino mas bien hacer conciencia sobre las grandes bendiciones que Dios deja caer sobre los suyos, lo que nos dice, que para su obra no podemos cerrar la mano. Por otra parte, se realizaban en la iglesia “Ofrendas de Gratitud” –propuestas por mi- las que iban en reemplazo de “sociales”, venta de empanadas, humitas, etc., para reunir fondos en la iglesia. Por lo que una vez al mes llevábamos este tipo de ofrendas según nos proponíamos en nuestro corazón. Esta fecha era esperada con ansias por el hermano Jabín y yo. Era nuestro deleite, como también lo era dar los diezmos.

El Capítulo 3 lo he titulado “EN BUSCA DE FUNDAMENTOS”. De ahí en adelante relato, con muchos detalles, de cómo llego a entender la verdad sobre el diezmo. En el intertanto, mi relación con el hermano Jabín era muy buena. Cada vez que él tenía alguna inquietud recurría a mí. Venía a mi casa y pasábamos largas horas escudriñando las Escrituras. Esto era una constante, incluso él hacía un tiempo en su trabajo para venir al mío en donde no faltaba tema de conversación. ¡Sabe Dios que siempre tuve la voluntad de atenderlo sin rezongo!

Pasado un tiempo, me dediqué a saber más sobre el diezmo, y estando en mi casa, llega de pronto el joven hermano deshecho. Lo vi muy mal. Me senté a su lado para escuchar hasta el más mínimo detalle y de esa forma poder confortarle. Su relato comenzó en que estando él en su trabajo llegó un hermano (para mi desconocido), y le habló sobre el diezmo. La exposición que éste hizo logró confundir a Jabín, quien al no tener conocimiento sobre el punto, quedó a su merced. El desordenado conocimiento sobre el tema de esa visita, sumado a su imprudencia, provocó en mi joven confidente, una crisis de tal magnitud que la necesidad de consejo lo hizo levantarse y venir de inmediato a mi casa, con la seguridad que tendría una respuesta, y no una respuesta cualquiera, sino a través de las Escrituras. La postura del mentado hermano es que el diezmo no es para nuestros tiempos. Yo también pienso lo mismo, pero su imprudencia y la falta de criterio marca la diferencia.

Luego del relato, lo miré sin decir palabras. Entendí lo que él estaba sintiendo. Lo vi ansioso. El necesitaba una respuesta, por lo que le dije: ¿Quieres que te diga la verdad o que te dé conformidad? La verdad, respondió; de ti no puedo esperar otra cosa. Hice una pausa a modo de preparación y luego me di a la tarea de darle a conocer paso a paso esta verdad irrefutable, tal como está en este libro. Terminé diciendo: el diezmo no es para nuestros días, no está vigente, sin embargo, la decisión es tuya. Si tú crees haber sido bendecido por Dios, y resuelves continuar entregando los diezmos, hazlo, solo que ahora con conocimiento. Lo que decidió el hermano no es de mi incumbencia, y además, es un asunto entre él y Dios.

El que dé la opción de elegir entre dejar de dar los diezmos o continuar haciéndolo, puede ser interpretado contradictorio por el lector, dado que mi posición sobre el diezmo es clara, toda vez que este libro está dedicado a dar a conocer que el diezmo ya no está vigente. Creo que es mi deber (por moral cristiana) dejar que sea el hermano quien evalúe y decida los pasos a seguir. Si él considera que ha sido bendecido entregando los diezmos, ¿quién soy yo para imponer mi parecer, por mucho que mi base sea bíblica? La decisión es íntima: usted y Dios, yo y Dios. Somos libres para decidir. Lo importante es que decidamos en el Señor. Tenemos al mejor consejero, el Espíritu Santo. No puedo omitir algo que es muy importante: si opta por el diezmo, es usted quien se autoimpone esta obligación. Sólo le ruego que no falte, no sea que se halle robando a Dios y se arriesgue a ser llamado ladrón, sin contar que está al borde del legalismo. Ahora si se decide por la otra opción, no cierre su mano hacia su pastor, quien tiene el deber de guiarle por medio de la enseñanza hacia Cristo.

[Notas del administrador de editoriallapaz.org. Decidir seguir dando el diezmo después de haber comprendido que pertenece a la antigua ley de Moisés y que fue abolido en la cruz de Cristo al ser quitado el sacerdocio levítico, sería, concuerdo, prerrogativa del que tomara semejante determinación. Con todo, indicaría, opino, falta de consecuencia en la aplicación lógica de la “sana doctrina” de Cristo. La misma falta de consecuencia se observa en el cristiano que aprendiera que, tratándose de alimentos, “…nada es inmundo en sí mismo”, que “Todas las cosas a la verdad son limpias…” (Romanos 14:14, 19), y que Cristo hizo “limpios todos los alimentos” (Marcos 7:19), más sin embargo, sigue insistiendo en abstenerse de lo que la antigua ley cataloga de “inmundo”. Se pregunta, naturalmente: ¿Con qué justificación seguir sojuzgándose a lo abrogado? Desde luego, el que está familiarizado con Romanos 14 sabe que el consejo del Espíritu Santo es que hemos de ser pacientes para con los débiles, recibiéndolos y sobrellevándolos, con esta salvedad: “…pero no para contender sobre opiniones” (Romanos 14:1).

-Ahora bien, en lo concerniente a “no cerrar la mano hacia el pastor quien tiene el deber de guiar por medio de la enseñanza a Cristo”, se me hace difícil solidarizarme completamente con este consejo. Si tal pastor sigue imponiendo mandamientos de la antigua ley de Moisés, incluso el diezmo, y si no comprende que aquella ley fue clavada en la cruz, doctrina tan rudimentaria del Nuevo Testamento, ¿cómo justificar mantenerle en el ministerio de la enseñanza espiritual, entregándole diezmos y ofrendas? El tal pastor lo deberíamos tener por “judaizante”, y no como “ministro competente de un nuevo pacto” (2 Corintios 3:6-17). Así es mi apreciación personal del asunto. Consideremos las muy acertadas explicaciones del autor Daniel Neveu en el próximo Capítulo 10 sobre Cristianos versus la ley. ¿Con qué lógica o inteligencia espiritual permitir que ejerza el pastorado cualquier varón que no tenga el mismo entendimiento en torno a la abolición de la antigua ley? Además, Dios jamás ha autorizado tener, o establecer, a un solo pastor en el liderato de una congregación. Más bien, la enseñanza y el ejemplo del Nuevo Testamento son que una pluralidad de pastores, también llamados “ancianos” u “obispos”, cuiden de la grey, y eso, que no se enseñoreen de ella sino que la gobiernen “no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto…”, alimentándola y velando por ella bíblicamente. Algunos textos donde se encuentran estas enseñanzas son: Hechos 14:23; 20:17-38; 1 Timoteo 3; Tito 1:5-10 y 1 Pedro 5:1-4. Estudios relevantes se hallan en www.editoriallapaz.org/pastor-anciano-obispo-sinonimos.html.]

Capítulo 10

Cristianos versus la ley

Comentando sobre textos tales como Romanos 71-12  y Gálatas 3:17-26, el escritor Daniel Neveu apunta: “Queda claro que ya no estamos bajo la ley; esta ha sido abrogada, y cualquier intento de mantenerla “viva”, en cualquiera de sus puntos, como es el diezmo, es no valorar la obra redentora de Jesús, el Hijo de Dios, y es menospreciar su sangre vertida en la cruz”.
Comentando sobre textos tales como Romanos 71-12 y Gálatas 3:17-26, el escritor Daniel Neveu apunta: “Queda claro que ya no estamos bajo la ley; esta ha sido abrogada, y cualquier intento de mantenerla “viva”, en cualquiera de sus puntos, como es el diezmo, es no valorar la obra redentora de Jesús, el Hijo de Dios, y es menospreciar su sangre vertida en la cruz”.

 

En mi vida cristiana, he tenido la gracia de conversar con muchos hermanos sobre variados temas, y cuando se llega al punto de hablar sobre la ley, escucho decir que la ley es mala, porque nadie la pudo cumplir, y además, si hubiese sido buena, Dios no la habría cambiado.

Las palabras brotan de nuestros labios sin temor, al calificar en forma negativa la ley. Veamos lo que dice Romanos 7:12. “…ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. La ley fue dada por Dios, por lo tanto, no podemos, por ningún motivo, poner en juicio la capacidad mental del Creador, porque al calificar de mala la ley, lo estamos cuestionando como a cualquier ser humano, y bajándolo a nuestro nivel. Dios es santo, por lo tanto la ley es santa; él es justo, la ley es justa; él es bueno, la ley es buena. Esto es incuestionable. Hagamos una comparación. Cuando usted se mira al espejo, ¿qué ve? Su rostro. Al observarlo detenidamente, le aseguro que encontrará más de algo que no será de su agrado. ¿Cuál es su reacción? ¿Acaso toma el espejo y lo lanza a la basura diciendo que es malo, por mostrar lo que a usted no le agrada? ¿Qué culpa tiene el espejo? De la misma forma sucedió con la ley: la ley santa, justa y buena descubrió el pecado que había en el hombre. Romanos 7:7-11. “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mi toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.  Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mi me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.” Mientras usted no se mire al espejo, todo va a estar bien. No verá nada desagradable en su rostro; podrá permanecer sin lavarse, sin peinarse, etc., porque no va a tener algo que le acuse o le muestre sus defectos. Consideremos lo que dice el versículo 14. “Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.”

El que la ley haya sido cambiada no significa que sea mala, sino la muestra más gloriosa del amor de Dios hacia su creación. El apóstol Pablo, hace una analogía muy especial, y en esta, tomada del matrimonio, nos da una claridad que no podemos desaprovechar. Romanos 7. “¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que este vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos frutos para Dios.” Aquí lo que se relata, es un caso legal, y este caso puede ser entendido fácilmente por el lector. El matrimonio es para toda la vida, y la mujer puede unirse a otro hombre sólo si su marido ha muerto; de otra forma sería adúltera. El esposo es la ley, y se da a entender que este muere, dejando a su esposa (el creyente) viuda. ¿Pero, qué es lo que sucede aquí? ¿Cómo es que muera la ley? Mientras Cristo vive, también vive la ley, y cuando Jesús es crucificado y muerto en la cruz, muere la naturaleza adámica de la ley. El versículo 4 nos dice que nosotros morimos a la ley, mediante el cuerpo de Cristo, pero esta muerte no es física, sino legal. Aquí hay cambio de régimen; al resucitar Cristo, en calidad de “viuda”, podemos unirnos a él sin llegar al adulterio.

Hebreos 7:22. “Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.” Hebreos 8:6-7, 13. “…mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” La ley mosaica fue cambiada por el Nuevo pacto, y “queda abrogado a causa de su debilidad e ineficacia”.

Queda claro que ya no estamos bajo la ley; esta ha sido abrogada, y cualquier intento de mantenerla “viva”, en cualquiera de sus puntos, como es el diezmo, es no valorar la obra redentora de Jesús, el Hijo de Dios, y es menospreciar su sangre vertida en la cruz. Gálatas 3:17, 23-26. “…el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.” El estar bajo ayo no significa estar al cuidado de un profesor, sino al cuidado de un guardador o esclavo, que solamente cumple un papel secundario, como es el indicarle buenas costumbres hasta traernos a Cristo, “pero venida la fe” nos indica que ya no estamos al cuidado de este guardador; ya que hemos pasado de niños a adultos. 1Juan 2:27. “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.” Y el Espíritu Santo os guiará a toda la verdad…

Capítulo 11

Daniel Neveu escribe: “Ya sea que la iglesia me sustente o jamás lo haga, mi fe en Cristo no decaerá y mejor aún, esto me hará más dependiente de Dios. Mis ojos estarán puestos en él, y no en las manos de los hermanos, como quien espera el sobre de diezmos que me solucione los problemas. Lamentablemente otros sucumbirán ante la tentación de continuar con una enseñanza antojadiza, puesto que es más fácil ver un desfile de miembros de la Iglesia con un sobre en la mano, trayendo ese deseado 10%, a esperar que el Señor supla sus necesidades. Esperar en Dios es mucho más glorioso”.
Daniel Neveu escribe: “Ya sea que la iglesia me sustente o jamás lo haga, mi fe en Cristo no decaerá y mejor aún, esto me hará más dependiente de Dios. Mis ojos estarán puestos en él, y no en las manos de los hermanos, como quien espera el sobre de diezmos que me solucione los problemas. Lamentablemente otros sucumbirán ante la tentación de continuar con una enseñanza antojadiza, puesto que es más fácil ver un desfile de miembros de la Iglesia con un sobre en la mano, trayendo ese deseado 10%, a esperar que el Señor supla sus necesidades. Esperar en Dios es mucho más glorioso”.

Exhortación al pastor

que muchos pastores, ante estas verdades irrefutables, van a tener un problema entre sus manos, sobre todo los que dedican tiempo completo al ministerio. Siento decirles que la solución no está en mis manos, sino en las suyas, en que tan grande es su fe en el Señor, ese Jesús que predica, ese que usted no ve pero siente, el que le dice “bienaventurados los que no vieron y creyeron”. Creo que este es el momento preciso para que recuerde cuando usted enseñaba a la iglesia: “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera…”, la célebre frase de Abraham “Dios se proveerá…”, las palabras de Jesús “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”, “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”, al salmista decir “…no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”, etc., etc. Usted sabe, estimado pastor, que en la Biblia hay una infinidad de promesas dispuestas por el Señor para sus hijos, y nosotros las usamos habitualmente para animar a los miembros de la iglesia, diciendo que Dios cumple sus promesas; cual catedráticos enseñamos la fe, e invitamos al hermano a no dudar, sino creer. Esto que consideramos bueno para los demás, ¿no lo es para nosotros? La fe que se espera de la iglesia, ¿la tiene el pastor? Si su fe no es suficiente como para confiar que Dios va a suplir todas sus necesidades, ¿qué hace en el ministerio pastoral? ¡Sea consecuente! Ponga atención a lo siguiente Hebreos 13:7. “Acordaos de vuestros pastores,  que  os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” ¿Que fe va a imitar la iglesia si el pastor basa su presupuesto en los diezmos, y no en el Señor? (Presupuesto: Cómputo anticipado de gastos o ingresos.) Creo, sin embargo, que algunos optarán por la verdad, aunque esto signifique una importante disminución en sus ingresos.

El aceptar esta enseñanza trae consigo cosas positivas y negativas. Lo positivo es que permaneciendo en la verdad, el pastor sea creíble, y su fe sea imitada. Lo negativo es que gracias a esta verdad, muchos se sientan “liberados” y cierren su mano, dejando al pastor en la disyuntiva, si dejar su ministerio o seguir ejerciendo dejándose caer en las manos de Dios, y esperar a ser sustentado por él. Quiero decirles que cuando yo recibí esta enseñanza mediante el escudriñar las Escrituras, supe que mi ministerio no sería fácil, que no tendría ningún ingreso por este medio, y tal vez pasaría mucho tiempo sin recibir alguna atención económica, y no me equivoqué. Todas las cosas tienen dos opciones, como una moneda que tiene cara y sello, hay positivo o negativo, verdad o mentira. Ya sabe cuál fue mi elección: opté por la verdad. Ya sea que la iglesia me sustente o jamás lo haga, mi fe en Cristo no decaerá y mejor aún, esto me hará más dependiente de Dios. Mis ojos estarán puestos en él, y no en las manos de los hermanos, como quien espera el sobre de diezmos que me solucione los problemas.

Lamentablemente otros sucumbirán ante la tentación de continuar con una enseñanza antojadiza, puesto que es más fácil ver un desfile de miembros de la Iglesia con un sobre en la mano, trayendo ese deseado 10%, a esperar que el Señor supla sus necesidades.

Esperar en Dios es mucho más glorioso.

Pastor, el temor a Dios le obliga a ser verdadero (no puede ser de otra forma). La lectura de este libro le hace responsable de una verdad irrefutable, sin embargo usted debe tomar la decisión.

Por mi parte, he cumplido con darlo a conocer, con prudencia, pero no sin firmeza.

Conclusión

De ninguna manera intento quitar la bendición de quien quiere aportar de por sí, con amor a la obra Dios, y a quien quiera apartar un porcentaje de sus ingresos en beneficio de quien tiene la tarea de guiarle, de enseñarle, de amonestarle, sino mas bien indicarle que todo lo que haga sea con conocimiento de causa, teniendo claro que la observancia del diezmo es caer en el legalismo y a una práctica que no es propia del cristiano.

Creo que por gracia de Dios he despejado algunas interrogantes y dado tranquilidad a quienes viven a sobresaltos creyendo que su pecado es tal, que no son dignos de mirar a lo alto. ¿Puede hacerlo un ladrón? Esta situación se repite alarmantemente en muchas iglesias, por lo que actualmente, hay muchos ladrones en las congregaciones, y predican, y aconsejan, y paradójicamente, enseñan el diezmo. ¡Vaya, es increíble! Sepa, sin embargo, el lector, que es libre para decidir  si quiere continuar entregando el diezmo en forma habitual, solo que tengo la obligación de informarle lo que dice en Deuteronomio 23:21-23. “Cuando haces un voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti. Más cuando te abstengas de prometer, no habrá en ti pecado. Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca.” El compromiso debe ser de tal forma y con tal temor, que debe tener cuidado en no fallar, y cumplir su voto prontamente. “No tardes en pagarlo.”

El hermano Daniel E. Dañeiluk escribe en El Diezmo, un tema para la polémica, encontrado en Internet: “Para el cristiano de la Iglesia de Jesucristo, si bien creo que no es obligatorio entregar una parte de los ingresos, el compromiso es definitivamente mayor, ya que todo el ser, espíritu, alma y cuerpo, pasa a ser 100% dominio o propiedad de Cristo. El cristiano tiene que entregar todas las áreas de su vida al manejo del Espíritu Santo, con el fin de buscar la santidad, camino y objetivo. La vida de una persona transcurre en diferentes áreas: Afectiva, social, laboral, económica, intelectual, religiosa, artística, deportiva, sanitaria, familiar, etc. Resulta una pretensión mezquina restringir la entrega a Dios de solo un área de nuestra existencia, y mucho peor si se porcentúa a un diezmo de ella. La plenitud de la vida en Cristo implica una entrega total, pero nunca obligada, pues ya no se está bajo la Ley sino de la Gracia. En la Ley la acción de DAR es una obligación, en cambio, en la Gracia, el DAR es una bendición”.

Permítame hacerle una sugerencia: que el porcentaje que usted se proponga, sea el que pueda cumplir y no “por ley”. Estoy convencido que la bendición del Señor no se hará esperar, y mejor aún cuando su determinación es espontánea y no a una imposición. Dios ama al dador alegre.”

Bibliografía

 

Biblia de Referencia Thompson

Comentario Bíblico de Matthew Henry

Biblia de Estudio de la Vida Plena

Diccionario Ilustrado de la Biblia

(de editorial Caribe)

Pablo Hoff, Libro “Se hizo hombre”

Daniel E. Dañeiluk, Documento El Diezmo, un tema para la polémica

 

ISBN 978-956-351-046-1

Registro Propiedad Intelectual No. 215-922

Temuco, Chile -año 2012

 

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