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Parte 1 de El Diezmo: una verdad irrefutable

Parte 2 de El Diezmo: una verdad irrefutable

Parte 4 de El Diezmo: una verdad irrefutable

El Diezmo: una verdad irrefutable

Muchos pastores promocionan el diezmo mediante videos dedicados al tema. El escritor Daniel Neveu examina el uso que suelen hacer de textos del Nuevo Testamento donde se mencionan diezmos, ofrendas,  tributos, etcétera.
Muchos pastores promocionan el diezmo mediante videos dedicados al tema. El escritor Daniel Neveu examina el uso que suelen hacer de textos del Nuevo Testamento donde se mencionan diezmos, ofrendas, tributos, etcétera.

Por Daniel R. Neveu Pedreros, de Temuco, Chile

dneveup@gmail.com

Parte 3

Capítulo 7

El velo de templo

El Nuevo testamento es por muchos blandido cual espada para hablar a favor del diezmo, de aquí para allá, de allá para acá. Me recuerda algún paseo por el cerro Ñielol aquí en Temuco o el parque O`Higgins en Santiago, cuando uno camina libremente y sin preocupación alguna, salvo disfrutar el día.

Cuando hay que buscar argumentos, pareciera no importar mayormente los textos que usamos, sino más bien un pasaje “preciso” para justificar nuestra posición, y ese es el error que cometemos muchos cristianos. Cuando nos damos cuenta, ya hemos causado el daño suficiente para afirmar a un hermano en una doctrina errada de la que cuestan lágrimas tratar de reconquistarlo, o bien desanimamos a otros, en donde las lágrimas vuelven a aflorar. ¡Esta es una triste realidad!

Para entender la obra gloriosa de Jesús en la tierra, tenemos que considerar, que él no vino a hacer su voluntad, sino la del Padre que está en los cielos, quien al inicio del ministerio del Maestro, dijo al momento en que Jesús era levantado de las aguas: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). Al momento de iniciar su ministerio, Jesús tenía treinta años de edad y a esa altura toda persona ya tiene una vida hecha, y para que el Padre diga que está complacido con su Hijo, es que este le ha sido fiel, no haciendo nada que pueda ofender su nombre. Dice en Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Aquí encontramos que de ninguna manera Jesús tiene la intención de pasar a llevar la ley, sino más bien le es impuesto cumplirla. Esto incluye que él mismo se someta a ella, respetando el sacerdocio levítico que fue instituido por Dios.

 

“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…” En el templo edificado por Herodes el Grande, existente en el tiempo de Cristo, el velo que separaba en Lugar Santo del Lugar Santísimo medía aproximadamente seis metros (veinte pies) de ancho por dieciocho metros (sesenta pies) de largo, y tenía un espesor de diez centímetros (cuatro pulgadas).
“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…” En el templo edificado por Herodes el Grande, existente en el tiempo de Cristo, el velo que separaba en Lugar Santo del Lugar Santísimo medía aproximadamente seis metros (veinte pies) de ancho por dieciocho metros (sesenta pies) de largo, y tenía un espesor de diez centímetros (cuatro pulgadas).

 

Para introducirnos en el tema que nos convoca, vamos a tomar en consideración el sacrificio de Jesús en la cruz, y el significado que tiene para el mundo el rompimiento del velo del templo. Mateo 27:50-51. “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron…” En estos pasajes nos queda más que claro que el rompimiento del velo del templo tiene una gran significancia para el mundo entero. El Lugar Santísimo queda descubierto a la vista de todos, dando a entender que ahora no solo los sacerdotes levíticos tienen acceso, sino todo aquel (incluidos los judíos) que confiese el glorioso nombre del Señor Jesucristo.

Según el libro Se hizo hombre,de Pablo Hoff, Página 283, dice: “La rotura del velo. Al morir Jesús, se rasgó en dos la gruesa cortina del templo, que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Este Lugar Santísimo simbolizaba la presencia real de Dios. La rotura del velo significa que por medio de la cruz fue quitada la barrera (el pecado) que se interponía entre Dios y el hombre. La cortina ya no oculta del simple mortal el Lugar Santísimo y el trono de misericordia. Los evangelistas Mateo y Marcos registran que el velo se rasgó en dos ‘de arriba abajo’”. Se recalca que fue Dios quien lo llevó a cabo. Jesús abrió un camino nuevo y vivo hacia Dios y que aún está abierto. Hebreos 10:19-21. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios...” Ahora todos los creyentes tienen libre acceso a Dios mediante la obra expiatoria de Jesucristo.

Además, la rotura del velo señala el fin del antiguo sistema de reconciliarse con Dios. Ya no servirán el templo, el sacerdocio, los sacrificios y los ritos del judaísmo. Ahora todos los creyentes somos sacerdotes y podemos acercarnos  confiadamente al trono  de gracia. Hebreos 4:16. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” Los judíos dieron muerte al Señor para preservar su sistema, pero esta misma muerte puso fin a su método para acercarse a Dios. Hebreos 9:6-7. “…en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.”

Haciendo una paráfrasis de los versos que siguen, entendemos que mientras estuviera en pie la primera parte del tabernáculo, era imposible que se manifestara el camino al Lugar Santísimo, y para que eso aconteciera sólo quedaba el sacrificio de Cristo, quien derramando su propia sangre, “entró de una vez para siempre en el Lugar Santísimo” para limpiar nuestras conciencias de actos que nos conducen a la muerte.

Ahora usted y yo tenemos acceso en forma expedita al Lugar Santísimo, por el rompimiento del velo, y no necesitamos de un “sacerdote” a quien “encargar” nuestros pecados. El sacerdocio levítico ya no tiene valor para nosotros, puesto que Jesús nos hizo reyes y sacerdotes para Dios. Apocalipsis 1:6. “…Nos hizo reyes y sacerdotes para Dios…”. 1ª Pedro 2:9. “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Es decir, ahora ya no necesitamos de ningún sacerdote para acercarnos a Dios, porque somos sacerdotes y cada uno de nosotros puede ir directamente a Dios, libremente, sin necesidad de nadie más que Jesucristo. 1ª Timoteo 2:5. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”

 

Sacerdotes levitas cumplen sus deberes en el Lugar Santo del templo judío en Jerusalén. En el fondo, el hermoso velo separa el Lugar Santo del Lugar Santísimo. ¿Será cierto que los pastores de actualidad sean también levitas, con derechos a diezmos?
Sacerdotes levitas cumplen sus deberes en el Lugar Santo del templo judío en Jerusalén. En el fondo, el hermoso velo separa el Lugar Santo del Lugar Santísimo. ¿Será cierto que los pastores de actualidad sean también levitas, con derechos a diezmos?

 

Capítulo 8

Interpretaciones erróneas

Durante muchos años, he oído una variedad de interpretaciones de algunos pasajes bíblicos que supuestamente muestran en forma clara la obligación de diezmar, y mucha gente al ver que se les presenta una y otra cita bíblica, no les queda más remedio que acatar y, sin decir palabra alguna, obedecen la voz del que los lidera, sin tomar en consideración que estas “bases” son interpretadas con ligereza. Mi parecer es que no todos los pastores actúan con maldad queriendo despojar al hermano de su dinero. Pienso que hay muchos que cometen estos errores por no escudriñar las Escrituras, dirigidos por el Espíritu Santo. En este punto , a mi pesar, debo incluirme, ya que por muchos años fui inflexible en lo que al diezmo se refiere, tildando de ladrones a los que no diezmaban y a los que entregaban menos del diez por ciento.

Las interpretaciones erróneas, como la ignorancia, las llevamos en mayor o menor medida, ya sea que seamos grandes o pequeños en el Señor, pero gracias a Dios, Jesús instituyó ministerios en la Iglesia –de la que somos parte- con una finalidad. Efesios 4:12. “…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” La existencia de diferentes ministerios nos deja claro que somos un complemento. Todos aprendemos. Yo puedo conocer muy bien el tema que estamos tratando, pero puedo desconocer en forma más amplia, el significado real de “consagración”. En otras palabras, yo enseño, pero también aprendo; y este conocimiento hace huir de nosotros la ignorancia y las malas interpretaciones. Efesios 4:13. “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” Además, el versículo siguiente dice: “…para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error…” Queda claro que el conocimiento nos permitirá crecer, madurar, estar firmes, y exponer mejor el mensaje bíblico. Veamos algunos de los pasajes que comúnmente son mal interpretados.

Jesús en Capernaúm

Mateo 17:24-25. Cuando llegaron a Capernaúm, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Si. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quienes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?” El impuesto a que se refieren estos versículos, no tiene que ver con el impuesto exigido por los romanos, sino lo que se exigía a todo judío por el servicio del Templo (Éxodo 30.11-16), lo que debía realizarse una vez al año. La pregunta hecha a Pedro, por quien está encargado de recolectar este tributo, tiene un dejo de reproche, como diciendo: ¿Quién es tu acompañante que no paga el impuesto? Jesús tenía obligaciones respecto de la ley, pues nació bajo la ley, siendo presentado a los cuarenta días de nacido ante el sacerdote. El pago realizado por cada judío en esta fecha, es para hacer la expiación por las personas, aunque él no tenía nada que expiar de sí mismo. Las preguntas de Jesús van dirigidas a Pedro. La idea era darle a entender, que siendo Jesús, el Hijo de Dios, debía estar exento de este tributo, diciéndole, que los reyes cobran impuestos de sus súbditos y no de sus hijos. Por lo tanto, él como Hijo de Dios, no tenía la obligación de pagar esta contribución para el Templo; sin embargo, quiso hacerlo para no ser tropiezo de los judíos, que viendo que Jesús no pagaba, sería recriminado fuertemente sin que él tuviese el tiempo suficiente para demostrar que él es el Mesías, el Hijo de Dios y estaría también en juego su credibilidad y aumentarían los prejuicios contra él. El acontecimiento posterior que encuadra estos hechos, es el envío de Pedro a pescar, para tomar de la boca del primer pez un estatero de plata, que equivalía a cuatro dracmas que servirían para pagar el tributo de ambos. Esta acción deja de manifiesto la divinidad de Cristo, confirmando que como Hijo de Dios estaba exento del pago del tributo.

Misión de los doce y los setenta

Mateo 10:5-10. A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: …No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.” Lucas 10:1-5. “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos… No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino…” Cuando Jesús envió a los doce y posteriormente a los setenta, les encarga que no lleven mucho equipamiento, sino lo necesario para cumplir con la misión encomendada. No deben llevar bolsa para el dinero, ni alforja para provisiones, ni calzado de repuesto, ni ropa. Dependen exclusivamente de Dios y de sus amistades para su previsión. La indicación de no saludar a nadie por el camino está referida a que en el medio oriente los cumplidos y saludos son demasiados prolijos y demorosos.

Es imposible que al decir el Señor “el obrero es digno de su alimento” esté insinuando que ellos debieran ser los receptores del diezmo de quienes son ministrados, y esto por dos motivos fundamentales: 1) Que Jesús no es transgresor de la ley; él tiene conocimiento acabado que los depositarios del diezmo son los levitas. 2) Los discípulos no eran levitas, ni siquiera el mismo Jesús, que era de la tribu de Judá. Lo que el Señor les está diciendo, que al llevar las buenas nuevas, no esperen recibir el diezmo de las personas a quienes ministraran, sino la atención que se espera de quien recibe las buenas nuevas. De esta forma se cumple la palabra del Señor “el obrero es digno de su alimento”.

Pienso que si al Señor se le hubiera ocurrido insinuar siquiera que ellos recibieran el diezmo, se habría hecho transgresor de la ley, ofendido a su amoroso Padre al violar el sacerdocio por él instituido, y con seguridad, muerto mucho antes de tiempo por el pueblo, por suplantación. Jesús no era de la tribu de Leví, y por supuesto (está demás decir) no era sacerdote. Hebreos 7:13.

El diezmo de los fariseos

Mateo 23:23. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: La justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Escribas y fariseos hipócritas.” Antes de seguir, creo que es necesario describir el término empleado por el Señor Jesucristo, un término que les era característico: “Hipócrita”. El Comentario Bíblico de Matthew Henry dice: “Hipócrita significa, en griego, comediante (en su acepción), porque el que es hipócrita desempeña un papel ajeno a su verdadera personalidad, y cuanto mejor actor, mayor comediante, peor hipócrita”. Es sabido que los fariseos tenían la tendencia de mostrarse como personas temerosas de Dios, íntegras y cabales. Muestran al pueblo sus “grandes virtudes”, como son el hacer prosélitos (seguidores), lo que produjo “convertidos” más fanáticos e intolerables que ellos mismos. El estar de pié y orar a sí mismos. Lucas 18:9-14. “…El fariseo puesto de pie oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano…” No creo que haya algún cristiano que pueda hacer suyas estas palabras. Aquí el fariseo hace mención del diezmo, el que seguramente estaba pagando. Era su deber como judío. Aman los saludos en las plazas y los primeros lugares en las sinagogas.

Las actitudes de los fariseos son totalmente inaceptables para Dios, porque mientras que ellos se muestran respetables, con largas vestiduras ante los demás, son reprobados por el Señor. Este es otro de los encuentros de Jesús y estos personajes (leer Mateo 23, completo) quien más que ver su exterior, ve el interior de ellos. En este capítulo, el Señor les enrostra su actitud con dichos tan duros como “…hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres… aman los primeros asientos en las cenas… las primeras sillas en las sinagogas… que los hombres les llamen Rabí… devoran las casas de las viudas…guías de ciegos… insensatos y ciegos… necios y ciegos… cuelan el mosquito y tragan el camello…  sepulcros blanqueados… serpientes, generación de víboras…” La verdad es que no me habría gustado estar en sus zapatos. Cuando Jesús les dice “diezmáis la menta y el eneldo y el comino” no les está diciendo que no deban hacerlo. Lo que les está encarando es que en esto se han mostrado tan delicados y prolijos, que han dejado de lado lo más importante de la Ley, que es la justicia, la misericordia y la fe. Nótese que estas palabras son dichas por el Señor. El hacer gala de ser un buen diezmador les servía a sus interlocutores para encubrir sus malas acciones, las cuales eran: el actuar injustamente en contra del prójimo, ser faltos de misericordia contra quien está en la más completa indefensión, sin poder defenderse ante tan locuaces interrogadores, y la fe que no es otra cosa que la fidelidad a Dios en base a sus actos más que sus sacrificios, lo que podríamos traducir en humildad hacia él y el prójimo.

La dura exclamación de Jesús ante sus interlocutores ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!” está referida al aparente temor a Dios. Ellos se sentían aceptados por Dios cuando entregaban escrupulosamente aún los diezmos de lo más diminuto; como son las hierbas más insignificantes, lo que sería colar los mosquitos. Tragarse el camello indica dejar de cumplir los mandamientos de Dios y lo que Dios demanda de cada uno. Miqueas 6:8. “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”, lo que significa que más que el diezmo, que es parte de sacrificio, Dios quiere obediencia. 1ª de Samuel 15:22. “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a la palabra de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.” La adoración, la oración, la alabanza, los dones espirituales y el servicio en general a Dios no tienen mayor peso si no llevan consigo una estricta obediencia a él y a sus gloriosos mandamientos.

La ofrenda de la viuda

Lucas 21:1-4. Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas…Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas… Esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.” Me cuesta entender que este pasaje sea usado como confirmación del diezmo. De ninguna manera Jesús está insinuando que el depósito hecho por los ricos y la viuda corresponda al diezmo estipulado por Dios, porque si hubiese sido ese el caso, no habría lugar para que Jesús criticara la ofrenda de los ricos, ya que el porcentaje del diez por ciento era lo mismo para ellos como para la viuda. Hagamos el siguiente ejercicio: en el caso que esto se refiera al diezmo, debo suponer que la viuda ganara veinte blancas y apartara el diez por ciento, que son dos blancas, las que guardó, y depositó sin demora. Los ricos tenían (suponiendo) mil blancas y apartaron el diez por ciento, que equivalen a cien blancas, restándoles novecientas. Luego de los gastos de cada uno, la viuda ocupó las dieciocho restantes y los ricos gastaron una porción de las novecientas, quedándoles una cantidad no menor en las bolsas. ¿Por qué razón Jesús habría de celebrar la acción de la viuda, si ella dio el porcentaje que le correspondía, al igual que el porcentaje de los ricos? ¿No estaría el Señor actuando injustamente al juzgar que a los ricos les haya quedado dinero en sus bolsas, habiendo cumplido estos con el mandato de diezmar? Conociendo la justicia del Señor Jesucristo, no creo que él critique una acción correcta de quien cumple el mandato Divino, y esto me da a entender que de ninguna manera hace referencia al diezmo, sino mas bien a una ofrenda voluntaria, que en la viuda se traduce en manifestar su amor por Dios, depositando todo lo que tenía. A diferencia de quienes poseen riquezas, que solo dan lo que gastarían en una tarde de diversión, teniendo una abultada cuenta en un banco, en otras palabras, “las sobras”.

En el comentario de La Biblia de Estudios de la Vida Plena, leemos lo siguiente: “Jesús da una lección sobre la manera como Dios mide la acción de dar. 1) La ofrenda de una persona no se determina por la cantidad que da, sino por el sacrificio que hace para dar. A veces, los ricos dan de los que les sobra, y no les cuesta nada. La ofrenda de la viuda, al contrario, le costó todo. Ella dio tanto como podía. 2) Este principio se puede aplicar a todo el servicio que se le presta a Cristo. Él juzga la obra y el ministerio dedicados a él, no por su tamaño ni por su influencia o éxito, sino por la dedicación sincera, el sacrificio, la fe y el amor puestos en ellos”. Estamos entonces en condiciones de decir que la lección que Jesús nos quiso dar a través de este ejemplo, no está referida al diezmo, sino más bien al desprendimiento material por causa del amor hacia Dios y su obra. Tenemos por lo tanto la pauta dada por el Señor, para aplicarlo en nuestras vidas.

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró.” ¿Qué conexión hay entre este evento y diezmar los cristianos?
“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró.” ¿Qué conexión hay entre este evento y diezmar los cristianos?

Ananías y Safira

Hechos 5:1-11. (Leer).

Por increíble que parezca, este pasaje ha sido usado por muchos predicadores queriendo reforzar su doctrina respecto del diezmo, haciendo caso omiso al real significado que tienen estos versículos, y que aún el lector más inexperto entiende que no se refiere al tema en cuestión. A mi parecer, estos predicadores tienen una gran imaginación y no pierden oportunidad para “confirmar” su posición. Hechos 4:32-35. Y la multitud de los que habían creído eran de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común… Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles…” Al leer este pasaje, nos damos cuenta que los que habían creído en el Señor, estaban exentos de mezquindad y egoísmo; y es notorio que su entrega fue totalmente sincera, hasta el punto de vender sus posesiones y llevar el dinero para ser repartido entre los necesitados.

¿Qué tiene esto que ver con el diezmo? El caso de Ananías y Safira hubiera sido similar a los anteriores, de no haber caído en un error garrafal. Creo que al principio sus sentimientos fueran buenos, sumándose a las buenas acciones de los demás. Solo que todo cambiaría al momento de ver el producto de la venta de su propiedad. La idea era entregar todo lo obtenido para ser repartido, pero hubo acuerdo entre ellos de decir que se obtuvo un precio menor. Se dejaron llevar pensando que al no estar los apóstoles presentes, no serían descubiertos en su plan engañoso. Hechos 5:3-4. “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino á Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró: y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.” Era su propiedad; tenían la libertad de venderla y quedarse con todo el dinero en su poder. El pecado se produjo cuando ellos acordaron mentir, sustrayendo parte de lo obtenido.

Hay pastores que usan esta cita para hacer notar a los que no diezman, que Dios, tal como hizo con Ananías y Safira, podría hacer con quien falte al “mandato” de diezmar. La verdad es que muchos optan por aceptarlo, con tal de no verse envuelto en el trágico desenlace relatado en estos versos.

Las dos caras del denario acuñado por el emperador romano Tiberio César. En adición a la imagen de Tiberio, llevaba la inscripción Tiberio, hijo del divino Augusto. Dice el Señor: “…dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Esta segunda cláusula, ¿se justifica citarla para probar que los cristianos debieran diezmar?
Las dos caras del denario acuñado por el emperador romano Tiberio César. En adición a la imagen de Tiberio, llevaba la inscripción Tiberio, hijo del divino Augusto. Dice el Señor: “…dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Esta segunda cláusula, ¿se justifica citarla para probar que los cristianos debieran diezmar?

 

Dad a César lo que es de César

Lucas 20:19-26. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?... (Jesús dijo): ¿De quién tiene la imagen y la inscripción?... Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Si bien es cierto que estas son palabras del Señor Jesús, su intención no es precisamente hacer hincapié en el diezmo, sino más bien dar una respuesta eficaz a quienes por enésima vez esperan, por medio de la tentación, que él dé una respuesta errada cayendo en una abierta contradicción con las Escrituras. Jesús está apelando a la santidad del pueblo de Dios, un pueblo que en su trayectoria como tal, ha sido siempre discriminador, haciendo diferencia entre ellos, los elegidos y los gentiles (sus opresores). Saben por mandato de Dios cual debe ser su proceder entre los suyos, el templo y las cosas sagradas. Esta pregunta de ninguna manera puede ser respondida con un sí o un no. Al responder que  “sí”, hubiera quedado muy mal parado por considerarse que estaría legitimando el Imperio Romano y peor aún cuando estaban bajo ese yugo. Si responde que “no”, se habría interpretado como que estuviera incitando un levantamiento del pueblo judío contra sus opresores, lo que habría significado ser arrestado al instante.

-Estando sometidos al Imperio Romano, los judíos tenían la obligación de pagar impuestos, y Jesús lo sabía, sólo que en su respuesta quiso dejar en claro la forma en que se debía cumplir esta obligación impuesta por el Imperio, cuyo emperador era César. La moneda tenía la imagen de César, además de la inscripción: “Tiberio, hijo del divino Augusto”. Debo hacer hincapié que para los romanos este César llamado Tiberio era considerado una deidad, hijo del dios Augusto César. Está demás decir que un judío bien nacido jamás podría aceptar a este supuesto dios. Había en ese entonces varias monedas en circulación en el pueblo de Israel, y fue Herodes quien se encargó de acuñar monedas que no tenían esa inscripción por respeto a la religión judía, las que se usaban diariamente. En muchos lugares de Israel había casas de cambio, incluso en el mismo templo. Jesús volcó la mesa de los cambistas (Mateo 21:12).

-La moneda que tenía la imagen de César era el denario, y no podía ser usada para ofrendas sino sólo para pagar los impuestos, y era de oro o plata. De la misma forma, la moneda que había acuñado Herodes de ninguna manera era aceptada por los recaudadores de impuestos. Los judíos, se supone, temerosos de Dios, no usaban esta moneda. Portarla implicaba aceptación del dios César, y el Hijo de Dios, Cristo, jamás llevaría esa moneda consigo.

-Jesús les pide una moneda, y al instante se la dieron. Lo que él esperaba era demostrar la falsedad de quienes lo acosaban. ¿Cómo es que un judío tiene una moneda con el dios César en la bolsa? ¡Vergüenza nacional! Creo que estos quedaran muy mal parados. Yo diría: ¡sin palabras! Sin embargo, Jesús se da el tiempo para preguntar: “¿De quién tiene la imagen y la inscripción?” Hay una sola respuesta: “…de César”. Luego viene la conclusión que no merece cuestionamiento alguno: “Dad a César lo que es de César”.

En este pasaje vemos claramente, que no hay mención alguna del diezmo, sino de tributo.

 

Dios asignó numerosos ministerios a los levitas llamados a servir en el tabernáculo-templo, entre los que figuran cantar, tocar trompetas, símbolos, etcétera. ¿Instituyó Dios a pastores en la iglesia, concebida por él y establecida por su Hijo, como la contraparte de los levitas que ministraban conforme al Antiguo Pacto dado a Moisés en Sinaí? No pocos aseguran que sí. Daniel Neveu descubre los errores de su doctrina.
Dios asignó numerosos ministerios a los levitas llamados a servir en el tabernáculo-templo, entre los que figuran cantar, tocar trompetas, símbolos, etcétera. ¿Instituyó Dios a pastores en la iglesia, concebida por él y establecida por su Hijo, como la contraparte de los levitas que ministraban conforme al Antiguo Pacto dado a Moisés en Sinaí? No pocos aseguran que sí. Daniel Neveu descubre los errores de su doctrina.

 

El pastor, ¿es levita?

En los años que llevo en los caminos del Señor, he escuchado decir en muchas oportunidades a grandes predicadores que los pastores son levitas, y la comparación que hacen de estos con los sacerdotes es tal, que no faltan los hermanos que terminan confirmando con glorias a Dios y con amenes. Son carismáticos, convincentes, muy espirituales y arengadores; que cautivan a los presentes, que impactan y atraen, y que al llamado para que acepten a Jesucristo como su Salvador, hasta los más duros, no puedan resistirse, postrándose indefensos ante el Creador. Al mirarlos, me imagino que habrá muchos oyentes (incluyéndome) que quisieran imitar su fuerza, dominio escénico y personalidad. Esto me hace meditar profunda y seriamente, si será por estas cualidades que muchos hermanos acepten a priori el mensaje de tal forma que no “merezca” buscar confirmación en las Escrituras. Se da por hecho que en su prédica no puede haber errores.

Estando en una congregación, hace algunos años, en el instante que el predicador baja del escenario, sube ágilmente el coordinador exclamando: “¿Se fijaron cómo nos habló Dios desde el púlpito, hermanos? ¡Aquí estaba el Señor mismo entregando la Palabra!” Y se escuchó un amén fuerte, al unísono. Quedé perplejo, y me pregunté: ¿Dónde estaba yo que no lo vi? ¡Vino el Señor! Mientras los hermanos desbordantes de alegría daban glorias a Dios, me dije: Si todos oímos al predicador decir “…la mucha letra mata, y si ustedes leen la Biblia se van a volver locos; esa es tarea de quien tiene el ministerio, el pastor”, pues, ¿quién estaba detrás del púlpito? ¿Dios o el hermano? Ciertamente, el hermano.

Si bien es cierto que cuando estamos frente a la hermandad, y nos disponemos a entregar la Palabra de Dios, somos nosotros quienes estamos ahí, nosotros quienes debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, y si se produce un error como el mencionado, somos nosotros los que tenemos que asumir con la culpa de faltar a la verdad, donde las causas son diversas: falta de oración, escrutinio, dedicación, consagración, santidad, etc. Sobre el título de este capítulo, el desconocimiento del tema no es excusa para cometer el grave error de declarar que el pastor es levita, y esto es por las razones que doy a continuación: 1) Jesús no era levita, sino de la tribu de Judá. Hebreos 7:12-14. “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.” 2) Jesús es el Cristo (ungido), y por lo tanto, sus seguidores son cristianos. Hechos 11:26. “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia.”

Estas dos razones tienen un gran peso. Sin embargo, oí a alguien decir que somos hijos de Abraham, queriendo justificar que somos levitas. En lo primero tiene razón. Gálatas 3:6-8. “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.” La fe nos une a Abraham, pero en esto nada tiene que ver el sacerdocio levítico, porque como ya vimos en el Capítulo 4, los sacerdotes eran por sucesión, mediante los levitas quienes nacían dentro de la tribu. Esto es literal, y nosotros no cumplimos con estos requisitos. Aunque si se quiera argumentar ¿Cómo es que somos sacerdotes?, la respuesta es simple: ¡Cristo nos hizo sacerdotes!

Asumiendo que los pastores de actualidad sean los levitas de la Era Cristiana, ¿deberían hacer uso de vestimentas sagradas, a la manera de los levitas bajo la antigua ley de Moisés, como señal de su rol especial y distinguirse de los demás cristianos, cuyo deber es, según enseñan, sostenerlos con diezmos?
Asumiendo que los pastores de actualidad sean los levitas de la Era Cristiana, ¿deberían hacer uso de vestimentas sagradas, a la manera de los levitas bajo la antigua ley de Moisés, como señal de su rol especial y distinguirse de los demás cristianos, cuyo deber es, según enseñan, sostenerlos con diezmos?

 

Quiero darme un momento para aceptar [teóricamente] que el pastor sea levita (sólo por un momento). Si el pastor, quien confesó a Jesús como su Salvador, es levita, ¿no es también levita cualquier integrante del cuerpo de Cristo? Dicho de otra forma, si el miembro de la iglesia es cristiano, ¿por qué el pastor no sería cristiano a secas,  y no levita? Si aceptamos que todos los cristianos somos sacerdotes y si esta es la prédica del pastor, ¿por qué habríamos de necesitar a un sacerdote levita, si nosotros por causa de Cristo tenemos acceso ante la presencia de Dios para ofrecer nuestros propios sacrificios? Si el pastor insiste en que es levita, no tengo problemas [prosiguiendo con este caso teórico] en entregarle el diezmo, solo que se asegure de llevar el pecado del sacerdocio. Esto significaría que le llevo los diezmos y ofrendas, y aún primicias –lo que sería su remuneración- y que él abogue por mi ante Dios, mientras yo me quedo en mi casa confiando que haya sido liberado de mis pecados. ¿Entiende esto?

-Si aún le es difícil entender, le diré algo más: si él es levita y sirve en el templo, sepa lo siguiente: 1 Crónicas 23. “…fueron contados los levitas de treinta años arriba… veinticuatro mil para dirigir la obra de la casa de Jehová, y seis mil para gobernadores y jueces… cuatro mil porteros, y cuatro mil para alabar a Jehová… Selomit y sus hermanos tenían a su cargo todos los tesoros de todas las cosas santificadas que había consagrado el rey David”. Le ruego que lea los capítulos del 23 al 27. El pastor no sería el único levita; también los porteros, los que están al cuidado del templo, los que hacen aseo, los que entregan la Palabra, los consejeros, los tesoreros, etc. Y aún más. Dice: “…contados los levitas de treinta años arriba”, y esto significa que haya levitas de treinta años hacia abajo. ¡Qué brillante! Estos no fueron considerados por David para las labores del templo, pero no por eso dejaron de ser levitas, los que, en nuestros tiempos, [conforme al paralelo formado por los pastores] serían los hermanos que están en las bancas, los que no tienen un ministerio o dones. Cuando le dijo a un hermano esto de los treinta años abajo, con un gesto me interrumpió bruscamente, y con el rostro como de quien recibe una luz de lo alto, me dijo: “Los de treinta años arriba son los que tienen un ministerio o dones, y los de treinta años abajo, que son la membresía, son los que deben sostener a los pastores o ministerios”. Lo miré desconcertado, pero no se amilanó. ¡Qué argumento! A ver si entendí: las tribus que sostenían a los levitas desaparecieron. Ahora todos son levitas (Por el rompimiento del velo, todos tienen acceso al Lugar Santo.), y los levitas “menores” deben sostener a los levitas “mayores”. Y, ¿sabe?, quiero decirle algo al oído del amigo lector –(susurro) me siento ridículo al tratar de explicar esto; mejor analicemos otro punto que sea de gran importancia- si concordamos que todos somos levitas (solo por un momento), veamos que dice Hebreos 7:5, 9-10. “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque todavía estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.”

-Ya tenemos claro que los levitas reciben los diezmos de sus hermanos (las otras tribus). No los dan; los reciben. Porque ya los dieron cuando aún no nacían, en el acto de entrega de diezmos de Abraham a Melquisedec. Entonces, ¿por qué nosotros los cristianos debemos entregar los diezmos si ya los dimos cuando aún estábamos en los lomos de nuestro padre Abraham? Si los levitas recibían el diezmo de las tribus, ¿dejó Dios establecido que alguna tribu, o agrupación, o pueblo, nos haga entrega de los diezmos a nosotros los cristianos? Usted sabe, amado hermano, que la iglesia no está dividida. Somos un solo pueblo, y todos somos sacerdotes. Con todo lo expuesto, creo que es prudente concluir sin darle más vueltas al asunto. No se justifica.

Los pastores no son levitas, sino cristianos.

ISBN 978-956-351-046-1

Registro Propiedad Intelectual No. 215-922

Temuco, Chile -año 2012

Parte 1 de El Diezmo: una verdad irrefutable

Parte 2 de El Diezmo: una verdad irrefutable

Parte 4 de El Diezmo: una verdad irrefutable

  

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