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Diezmos u ofrendas voluntarias. Muchos estudios e intercambios en esta Web.

Parte 2 de la serie 'El diezmo: una verdad irrefutable' Parte 3 Parte 4

Abraham da el diezmo del botín de guerra al sacerdote Melquisedec, tipo de Cristo.

El Diezmo: una verdad irrefutable.

Estudiando diezmos, tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo, Daniel, criado en una iglesia que los pedía, aprende que no son para la iglesia tal cual ordenada por Jesucristo.
Estudiando diezmos, tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo, Daniel Neveu Pedreros, criado en una iglesia que los pedía, aprende que no son para la iglesia tal cual ordenada por Jesucristo.


Estudio detallado y testimonio personal por Daniel R. Neveu Pedreros, de Temuco, Chile

 

dneveup@gmail.com

 

Parte 1 -Capítulos 1, 2 y 3 (de once)

  

ISBN 978-956-351-046-1

Registro Propiedad Intelectual No. 215-922

Temuco, Chile -Año 2012

 

PREFACIO

 

El diezmo ha sido por años un tema polémico que causa controversias en el mundo cristiano, principalmente porque las posiciones que están a favor y las que están en contra son irreconciliables. El mayor esfuerzo que hacen los que están a favor, es mostrar unos versículos y “lo bendecidos que están” para afirmar su posición, pero el que está en desacuerdo con esta práctica está obligado a responder un verdadero interrogatorio en el que no faltan los apasionados que, antes de escuchar la exposición del aludido, lo acusan de carnal o falso, y en muchas ocasiones “alertan” a los demás dejándolo literalmente aislado. De esto doy fe, porque fui testigo de cómo un pastor tildaba a un hermano de ser un transgresor de las Escrituras y que intencionalmente tergiversaba la Palabra de Dios para no dar y guardar en sus bolsillos el porcentaje que le correspondía al Señor.

Es muy lamentable que la ignorancia o la conveniencia tengan más peso que el conocimiento.

El propósito de este libro es que, a la luz de las Escrituras, los unos abran los ojos y los otros estén bien fundamentados cada vez que sean requeridos por quienes piensan diferente.

Para leer este libro, se recomienda dejar todo prejuicio y solicitar la dirección del Espíritu Santo.

 

Capítulo 1

Desde mi niñez

 

Desde muy niño tuve conocimiento del diezmo, y esto fue por la práctica habitual de mi padre, la que por cierto no demoró en traspasarla a la familia. La enseñanza bíblica fue tomada por la iglesia que él fundó en la ciudad de Temuco. En honor a la verdad, debo decir que este hecho me ha causado hasta el día de hoy una profunda admiración, porque ha sido consecuente con su enseñanza que en términos de perseverancia muchos quisieran. Mi padre, vendedor de artículos de paquetería en el antiguo Terminal de Buses Rurales de esta ciudad, al ser un comerciante ambulante le era muy difícil llevar la contabilidad de los ingresos diarios, y es aquí donde creo que muchas personas pueden cometer graves errores al apartar el diezmo. Porque este es el resultado de un ingreso estimativo se debe echar mano a toda la honradez, la sana conciencia y el temor a Dios, para no fallar al momento de apartar el 10% de las ganancias diarias. A través del tiempo ganó experiencia y desarrolló algunas “técnicas” las que debió enseñar a algunos. No siempre logró en sus “alumnos” el efecto deseado, como suele suceder. Ya sea que seamos trabajadores independientes o dependientes, muchas veces priorizamos nuestras necesidades, antes de ser leales con el Señor. Debo reconocer que fui un mal alumno.

La enseñanza bíblica sobre el diezmo la tomamos del Antiguo Testamento, en Génesis 14:19-20. “…Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”. Y para que no haya dudas, según los dichos del propio Señor Jesucristo en Mateo 18:16, “…para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”, se entrega la confirmación en Hebreos 7:4. “Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín”. Sumado a estos, Malaquías 3:10. “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” ¡No hay por donde perderse!

En el Nuevo Testamento, encontramos una batería de citas bíblicas con algunas indicaciones, que muy luego el deseoso de aprender da por hecho por ser bíblicas, o dicho de otra manera, puede certificar que efectivamente están escritas en la Biblia. Y esto es lo que sucedió conmigo. Lo hice mío, indistintamente si los llevaba a la práctica o no, convirtiéndome en un defensor del diezmo a toda prueba.

Ya a una edad madura, y siendo un pequeño comerciante, vendedor de paquetería menor y confites, que me vi con la gran preocupación de cumplir de una vez por todas con este mandato, en la forma más leal posible, donde no hubiera nada ni nadie que pudiera acusarme de faltar a esa ordenanza. Como dije anteriormente, la entrega del diezmo debía ser estimativo, puesto que el capital con que trabajaba era tan poco, que en la medida que vendía algo, debía correr a los distribuidores, ubicados a unas cuadras, para reponer la mercadería, y así pasaba el día con cinco o más viajes. El que ha tenido esta experiencia entenderá que no es fácil llevar bien la cuenta de los ingresos, más aún cuando se carece de conocimientos de contabilidad Esto produce a veces un fuerte dolor de cabeza, y si a esto sumamos los gastos producidos en la jornada, como desayuno, almuerzo, baño, alimentos para la casa y otros, ¡uff! Es un tremendo ejercicio. Mi preocupación fue tal, que aunque tenía sana conciencia de estar cumpliendo bien con el Señor, quería perfeccionar la forma de entregar el diezmo con más exactitud y no como lo estaba haciendo en forma estimada.

Esto me llevó a hacer un comentario a un tío que tenía un negocio de similares características, quién me dio las pautas de cómo había descubierto la forma de apartar el diezmo y sin tener problemas de conciencia. Se las detallo a continuación: Al comprar la mercadería, debía sacar el costo de cada producto, luego ponerle el precio de venta y calcular la ganancia que este me dejaría, y diezmar de esa ganancia en forma anticipada, y como hay diferentes productos, en cada uno de ellos debía realizar la misma operación. En principio me costó entender por qué voy a entregar el diezmo en forma anticipada, si aun no vendía la mercadería, pero cuando vi lo sano y limpio de este acto, lo tomé con fuerza. Vea esto: 1 caja de chocolates de 24 unidades vale $1800. Si los vendiera a $100 c/u, reuniría $2400, lo que me dejaría una ganancia de $600. Sacadas estas cuentas procedo a apartar el diezmo de forma inmediata, o sea los $60, aún sin vender los chocolates. Esta operación la realizaba con todos los productos y en todos los viajes de recuperación de mercaderías diarias; apartaba los diezmos antes de efectuar la venta, y me dije: ¡esto funciona!

Se me ocurre que hay otras fórmulas más efectivas para llevar a cabo en este tipo de negocios, donde los ingresos son variables, por lo que felicito a quienes han logrado con ingenio salir de esta situación complicada.

Lo que intento mostrar con este ejemplo es mi preocupación por hacer las cosas mejor, y sin faltar a la enseñanza recibida. Sin embargo…

 

Capítulo 2

Mi Experiencia

A principios del año 1996, estuve trabajando en una iglesia en Temuco, y con la experiencia ganada con anterioridad continué entregando regularmente los diezmos al pastor de esa pequeña congregación. En este lugar había un hermano recién convertido. Su nombre es Jabín A. Hualacán F. (a él está dedicado el Capítulo nueve de este libro), a quien yo conocía con anterioridad, solo que ahora nos encontramos en esta casa de oración. Este hermano se dio con todo al servicio del Señor. Ávido de enseñanza, aprendió el diezmo, que en forma inmediata puso en práctica, depositando el diezmo en un sobre destinado para este fin, el que hacía llegar con prontitud.

En mi caso, (puede ser fuerte para el lector), yo traía mi propio sobre, resistiéndome al que era entregado en la iglesia porque consideraba que esta acción atentaba contra el amor y la forma anónima en que debía llevarse a cabo este acto. El que hacía uso de ese sobre se obligaba a anotar su nombre y la cantidad que diezmaba, y ya dije no era de mi agrado. El problema es que este sobre pasaba a veces por otras manos y no la del pastor. Debo hacer notar que al par de meses en ese lugar, el hermano Jabín y yo concordamos en que al momento de entregar los diezmos al pastor, este tenía una actitud muy despreciativa, hasta el punto que cuando esperábamos un “Dios le bendiga”, o “Siga cumpliendo su deber”, o cualquier cosa que animara al diezmador a continuar haciéndolo con alegría y buena disposición, tomaba el sobre echándolo sin más a sus bolsillos, o desviando la mirada o simplemente mandándonos donde la tesorera. Está demás decir que esto produjo un malestar en Jabín y en mí, aunque yo tenía más experiencia que él en el camino del Señor.

A poco andar, nos relacionamos mejor que nunca en el campo espiritual, y hubo tal apego que cada vez que el joven hermano tenía una inquietud, corría a consultarme. En la fecha que Jabín debía cumplir con su obligación de hacer entrega del sobre, siempre vi un rostro alegre, ansioso de cumplir el mandato bíblico.

-Siendo él comerciante en la feria libre, también tuvo gran preocupación de ser recto delante de Dios en apartar el diezmo. Me hizo un comentario de cómo apartaba el 10%, a lo que con mi experiencia, compartida en el Capitulo anterior, le indiqué una mejor forma de cumplir con esta obligación. Hasta el punto de indicarle que cada vez que iba al baño público pagando el ingreso, no apartaba el diezmo de esa entrada la que era ocupada en su beneficio, ¡debiendo hacerlo! Si iba dos veces al día gastando $200, en el mes son $6000 y de esta cantidad corresponde dar $600 de diezmo. Está demás decir que Jabín entendió la explicación, corrigiendo en forma inmediata el error en que incurría, (quizás lo encuentre farisaico) y por cierto, me produjo una gran satisfacción de que mi aporte fuese tomado con agrado.

Estando en la misma congregación, en una reunión de miembros se tocaron varios temas, entre ellos, sobre la economía de la iglesia, la posible adquisición de un sitio para la construcción del futuro templo y sobre el porcentaje de cumplimiento en la entrega del diezmo de parte de la hermandad. Hubo diversas opiniones. La mayoría hacía notar la mala situación económica por la que pasaban, por lo que no podían cumplir a cabalidad con la obligación del diezmo. Es entendible cuando los ingresos sufren una disminución, pero cuando se trata de un mandato bíblico, creo que por sobre todo está el Señor. Un hermano hizo uso de la palabra y dijo lo siguiente: “Bueno, como la cuestión de las platas está mala, si damos la mitad del diezmo, el Señor entenderá. ¡Algo es algo!” Esta participación me produjo tal indignación, que le respondí al instante: “Mire hermano, el diezmo, significa el 10% de los ingresos que usted recibe. Es problema suyo si usted entrega un 11%, un 15%, o un 30%. Dios pide el 10%, no menos. Si usted le entrega un 9,9%, le está robando a Dios, ¡es un ladrón! Así es que me parece increíble que usted hable con tanta soltura, y sin ningún temor”. Debo reconocer que mis palabras no le hicieron ninguna gracia al hermano, que luego me tuvo por su enemigo, en esa ocasión recibí el apoyo de algunos de los asistentes y como es de esperarse, el repudio de otros, lo que se tradujo que en un corto tiempo intentó desvirtuar un tema que yo estaba entregando a la congregación. Pero su actitud no me amilanó; más bien, seguía delante trabajando con más entusiasmo, y cumpliendo con gozo mis obligaciones pecuniarias.

El lector podrá entender la pasión que me movía en la defensa del diezmo.

 

 

Melquisedec, sacerdote y tipo de Cristo en su rol de sumo sacerdote, bendice a Abram (Abraham). Este dio a Melquisedec el diezmo del botín de guerra.
Melquisedec, sacerdote y tipo de Cristo en su rol de sumo sacerdote, bendice a Abram (Abraham). Este dio a Melquisedec el diezmo del botín de guerra, y no el diezmo de todo su ganado, ovejas, asnos, etcétera. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro, según Génesis 13.

Capítulo 3

En busca de fundamentos

Hace algunos años, tuve una conversación con un pastor, al que le hice una pregunta –a estas alturas ya no importa el tema- solo que la respuesta que él me dio me dejó con un gusto amargo. Él se quedaba con lo que sabía y con lo que aprendió de sus padres, sin hacer ningún intento de conversar sobre el punto en cuestión, lo que me sorprendió sobremanera, porque yo creo que el cristiano debe saber que los miembros del cuerpo de Cristo, somos un complemento. 1 Corintios 10:17. “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”. 1 Corintios 12:12. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (recomiendo leer todo el capítulo, para mejor claridad). Atendiendo a esta palabra, debo decir, que no existe el cristiano “mentolato” (mentolathum). El que le hace a todo, desde el resfrío, dolores musculares, picaduras de insectos, y otros. El pastor, se complementa con el maestro, con el evangelista, etcétera, yo con él, y humildemente, él conmigo.

El buscar conocimiento a través de las Escrituras es una obligación del cristiano. Bien dijo el Señor Jesucristo en Juan 5:39: “Escudriñad las escrituras; porque a vosotros os parece que en ella tenéis la vida eterna…”. Y en Oseas 4:6: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio;…”, argumentos más que suficientes para instruirse, y mi respuesta fue que era triste escuchar sus palabras y le hice notar que si él se conformaba con estar a cien metros de Cristo (figurativamente hablando) yo iba a hacer todo el esfuerzo para estar a noventa metros de él, y cuando llegue a esta  distancia, no me conformaría, si no que haría hasta lo imposible para estar a ochenta metros de él, y así sucesivamente, hasta dar cumplimiento a la cita en Efesios 4:13. “…a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” Si el cristiano debe ir de gloria en gloria, ¿por qué conformarnos con tan poco? ¿Por qué limitar la obra del Espíritu Santo? ¿A caso esto es signo de santificación? Si los que tenemos un ministerio somos  simplistas, ¿no estaremos engendrando “ignorantitos”?

Hay muchas enseñanzas en las iglesias, que se aprenden como por inercia, en que los predicadores hacemos gala de ser conocedores de las Escrituras, cual equilibristas, saltando de un lugar a otro; y nos damos por satisfechos cuando miramos de reojo a una audiencia que nos parece embobada y pasiva. Si se bautiza debe haber un por qué, la Santa Cena también tiene un por qué, las ofrendas de la misma manera, y por cierto, si hay que diezmar, también.

En mi afán de conocer estos “por qué”, me introduje en la Palabra, para que cada vez que hablara sobre el diezmo, lo hiciera bien fundamentado y con conocimiento de causa. Comencé, por cierto, en la primera cita que yo aprendí cuando niño, en que Abraham le dio los diezmos a Melquisedec. Para fundamentarme, tuve que dejar todo prejuicio y abrir mi mente al Señor y solicitar  encarecidamente la dirección gloriosa del Espíritu Santo, para que de esa forma, pudiese asimilar con un limpio corazón la información que pronto recibiría. Como dije al principio de este libro, “en boca de dos o tres testigos, consta toda palabra”. Eso me llevó al libro de Hebreos, para certificar que efectivamente Abraham dio los diezmos a Melquisedec. Pero algo me llamó la atención, en que dice textualmente Hebreos 7:4: “Considerad, pues, cuan grande era este a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín”. Si nos vamos a la historia en donde se relata este hecho, en el libro de Génesis 14, encontramos que Lot, sobrino de Abraham, fue llevado cautivo con todos sus bienes, por los reyes que se describen aquí. La liberación de Lot viene por manos de su tío Abraham. Génesis 14:14-16. “Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. Y Abram cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba, al norte de Damasco. Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.” En esta derrota de los reyes Abram recuperó los bienes, y tomó de los despojos, y de lo capturado. Él entrega los diezmos a Melquisedec. ¿Leyó bien? Aunque si somos literales, él no se quedó con nada. Génesis 14:21-24. “Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte.” Se enseña en las iglesias que de la ganancia obtenida del trabajo, se debe dar el diezmo.

¿Dónde encaja el ejemplo de Abraham, si él dio del botín? A ver. Sigo leyendo. Génesis 13:1-2, 5-6. “Subió, pues, Abram de Egipto hasta el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar.” ¡Abraham no era pobre! ¡Era muy rico! Se me vienen varias preguntas a la mente. ¿Por qué no entregó los diezmos del fruto de su trabajo? ¿Por qué quedó como ejemplo de diezmador, y alguien a quien se debe  imitar? ¿Habrá dejado la “enseñanza del diezmo” a su descendencia? ¿Aparece en hebreos para destacar su espíritu diezmador?

En la vida de Isaac, hijo de Abraham, no encuentro la actitud de quién diezma, y no me queda  más que descartarlo. El patriarca no traspasó esa enseñanza a su hijo. Y ¡qué decir de su nieto, Jacob! Según Génesis 28:20-22, “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, Y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. Queda de manifiesto la ignorancia total que tiene sobre el diezmo. Aquí se muestra tal como lo describe las Escrituras: Jacob (el que suplanta) es astuto, interesado y buscador de su propio beneficio; él propone un trato a Dios, si le va bien y obtiene lo que quiere, entonces lo tomaría como su Dios. De otra forma, ¡olvídese del trato! Se me ocurre que el Todopoderoso tuviera que pensarlo bastante o perdería semejantes dividendos.

Estimado lector, estoy realmente desilusionado. ¿Cómo pueden poner a estos personajes como ejemplos de grandes diezmadores? (Siento vergüenza.) Pero quiero insistir con hebreos. Efectivamente, dice que Abraham “dio diezmos del botín”. ¿Pero cuál es la razón válida para ser incluido en este libro? Debo leerlo repetidamente, para dar con el pensamiento del escritor, y efectivamente hay razones más que suficientes para estar ahí. Según la Biblia de Referencia Thompson, dice del libro Hebreos: “La carta aparentemente fue escrita más que todo a los cristianos hebreos. Estos convertidos estaban en un peligro constante de volver al judaísmo, o por lo menos de darles mucha importancia a las observancias ceremoniales. El principal propósito doctrinal del escritor era el de mostrar la gloria trascendente de la era cristiana en comparación con la del Antiguo Testamento”.

El Comentario Bíblico de Matthew Henry dice de Hebreos: “Es evidente que tiene por objeto informar a los creyentes (primariamente, a los de extracción judía: a los hebreos) sobre la superioridad de Cristo y, por tanto, del cristianismo, sobre las instituciones de la Ley mosaica”.

La Biblia de Estudio de la Vida Plena dice: “Hebreos se escribió principalmente para los creyentes judíos que estaban padeciendo persecución y desaliento. El escritor procura fortalecer su fe en Cristo al explicar con cuidado la superioridad y finalidad de la revelación y la redención de Dios en Jesucristo. Demuestra que se han cumplido y se han hecho obsoletas las provisiones de redención de Dios bajo el antiguo pacto por la venida de Cristo y el establecimiento del nuevo pacto mediante su muerte expiatoria. El Escritor estimula a sus lectores 1) a mantenerse en su confesión de Cristo hasta el fin. 2) a avanzar hacia la madurez espiritual y 3) a no volver a la condenación al abandonar la fe en Jesucristo”.

Por lo que leemos en los párrafos anteriores, debemos aceptar que el libro fue escrito para los judíos convertidos al cristianismo. El autor intenta por todos los medios en esta carta de exhortación, persuadir a los judíos cristianos sobre la superioridad de Cristo. Para el judío en general, Abraham es el más grande personaje de todos los tiempos, por ser depositario del pacto de Dios (Génesis 17). Ellos llaman a Abraham:Padre” (Juan 8:39); son linaje de Abraham (Hechos 13:26).

Para llegar al convencimiento de los judíos cristianos el escritor de hebreos se ve obligado a echar mano a todo el conocimiento que tiene de las Escrituras, y por ende, del Señor Jesucristo. Para dejarlo en el sitial que le corresponde, le mueve destacar, desde un principio, la superioridad de Cristo sobre los profetas, sobre los ángeles, sobre Moisés; la superioridad de su sacerdocio, de su pacto, del santuario y del sacrificio de Cristo. De esta misma forma, debe convencer a los que dudan que Jesucristo es mayor que Abraham. Con este fin, describe la relación de Melquisedec con Abraham en Hebreos 7:1-4. “Porque este Melquisedec rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien así mismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de Justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de Paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, si no hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Considerad, pues, cuan grande era este, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín.”

Como es sabido, Melquisedec, en la forma ya descrita es un tipo de Cristo, y siendo Abraham una eminencia para el pueblo hebreo, de quien descienden Moisés y el sacerdocio levítico, es menor que Melquisedec, porque el que recibe los diezmos  tiene una dignidad superior a los que pagan el diezmo. El Comentario Bíblico de Matthew Henry dice: “En este caso, la superioridad de Melquisedec es todavía mayor por el hecho de que, al no mencionarse su muerte, aparece como viviendo para siempre, no como los sacerdotes levíticos que, aunque recibían los diezmos, eran hombres mortales”. Abraham era grande, pero no más que Melquisedec. Por lo tanto, si Melquisedec es tipo de Cristo, Cristo es mayor que Abraham. Abraham no recibió diezmos; él los dio. Abraham no bendijo; él fue bendecido. Hebreos 7:6-7. “Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos y bendijo al que tenia las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor”. Ante tanta evidencia, debo concluir que el espíritu del escritor no es destacar a Abraham como ejemplo de diezmador, sino la superioridad de Cristo sobre él. Cabe hacer notar que en el episodio relatado en Génesis, la mirada de Melquisedec no estuvo puesta en los diezmos que traía Abraham sino en la persona de Abraham y quien era este ante los ojos de Dios. Génesis 12:2-3. “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Génesis 14:19-20. “…Y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.” Lo bendijo primero. A diferencia de hoy en día, en que los ojos están puestos en el diezmo. Los entregas y luego un “Dios te bendiga”.

Acepto que este tema fue por muchos años mal leído y comprendido, y me hizo caer en muchos errores, lo que me pesa tremendamente. Por lo que recomiendo al lector introducirse en él sin miedo, y que le dé la importancia que merece, ya que es muy importante que, como cristianos, debamos profundizar, con la dirección del Espíritu Santo, en las Sagradas Escrituras, las cuales muchos no pueden comprender. Por lo tanto, ahora con su dirección me siento en la obligación y necesidad de ahondar en ellas.

 

Vamos al “Sacerdocio Levítico”.

Parte 2 de la serie 'El diezmo: una verdad irrefutable'

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