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Lista de escritos en esta Web sobre el Milenio

Lista de escritos en esta Web sobre la Segunda Venida de Cristo

Sermones en esta Web. Más de cien. De texto completo, audio, video, PowerPoint.

¿Reino milenario en la tierra física después de la Segunda Venida de Cristo? Desmenuzamos 2 Pedro 3:11-14.

Tierra nueva. ¿Será esta "tierra nueva" prometida el mismo planeta Tierra "renovado" o un mundo totalmente diferente?

Jerusalén, la terrenal. Del tema Tres ciudades, de la serie Dos tierras, tres ciudades y cuatro templos.

Dos tierras, tres ciudades y cuatro templos

Dos tierras

El hermoso planeta Tierra contra un trasfondo del espacio estrellado ilustra el estudio bíblico Dos tierras, de la serie Dos tierras, tres ciudades y cuatro templos, en editoriallapaz.

 

La primera “tierra” de las dos es el planeta Tierra.

Tierra material. El tercer planeta más cercano a la estrella Sol, en la galaxia espiral la Vía Láctea.

El hermosísimo “planeta azul”, único cuerpo en todo el vasto universo material que sostiene vida. Vida vegetal. Vida animal. ¡Con increíble exuberancia de especies distintas! Los astrólogos y demás científicos confiesan no haber descubierto, hasta la fecha (segunda década del Siglo XXI), ningún otro lugar donde exista vida, siquiera protozoa de las más simples.

Hoy día (a las 7:47 p. m., tiempo atlántico, del 16 de mayo de 2015), 7.315.374.475 de seres humanos habitan el planeta Tierra.

“La Tierra (del latín Terradeidad romana equivalente a Geadiosa griega de la feminidad y la fecundidad).” www.wikipedia.org/tierra.

Para no pocos humanos de actualidad, la tierra es su diosa, no faltando los que la veneran como Gea. Para ellos, no existe el Dios Creador, a quien se le atribuye la creación de la tierra en la Biblia, particularmente en Génesis 1 y 2.

Para otros, la materia es eterna, y por consiguiente, lo es la tierra material. Aun existen creyentes en la Biblia que aseguran la perpetuidad eterna del planeta Tierra.

Pero, muchísimos científicos postulan confiadamente que el propio Sol sufrirá cambios, a través de miles de millones de años, que resultarán eventualmente en la destrucción total de la tierra, como también de todo el sistema solar.

Por otro lado, tratándose específicamente del Dios Creador y su Hijo Jesucristo, los dos afirman categóricamente en sus revelaciones dadas en la Biblia que esta tierra material llegará a un fin catastrófico absoluto en el tiempo preciso programado por ellos. Explican que “el tiempo no” será “más… cuando” el Séptimo Ángel “comience a tocar la trompeta”, y que entonces “el misterio de Dios se consumará” (Apocalipsis 10:6-7). Si el tiempo no será más, pues tampoco no será más la tierra, razonan los que creen en tales revelaciones. También citan palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 4:18, donde aquel varón escribió: “…no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. Observan que el planeta Tierra se ve, que, por lo tanto, es temporal, y que siendo temporal no es posible que sea eterno. Vinculando esta terminología con “el tiempo no” será “más” de Apocalipsis 10:6-7, ofrecen a la humanidad un argumento del todo irrefutable, según ellos, a favor de la destrucción total de la tierra material. A diferencia de científicos que asocian la destrucción de la tierra con la muerte del Sol, de hoy a más o menos quinientos mil millones de años, los autores del argumento sobre el fin, basado en textos de la Biblia, proyectan la liquidación violenta de la tierra, por la Deidad que la hizo, para el futuro cercano. Apoyan su creencia en muchos textos relevantes de la Biblia, y, además, en “señales de los tiempos”, las que, según ellas, están viéndose en la actualidad.

No solo ateos y escépticos se burlan de estas ideas de algunos cristianos sino también gente secular de toda categoría. Desde los más ignorantes de estos asuntos, o fríamente indiferentes a ellos, hasta personas de alta preparación académica.

¿Qué posición toma usted, estimado lector, sobre el futuro de la tierra material? ¿Y en base de cuáles conocimientos o consideraciones? Su posición, cuál sea, ¿la toma usted inteligentemente conforme a investigaciones, análisis imparcial y conclusiones personales lógicas, o la toma prestada de terceras –profesores, científicos, teólogos, amigos, familiares? ¡Ah! Pues, ¡claro! El tema es amplísimo, y formular conclusiones personales educadas requiere mucho tiempo y trabajo, mucho estudio y reflexión honestos. Pero, si usted, o yo, nos equivocamos sobre la naturaleza y el futuro de nuestro presente hogar material en el universo material, las consecuencias para nosotros bien pudieran ser tan desastrosas, o mucho más, que el fin cataclísmico del planeta.

Una esfera celestial que sube frente a una gran luz blanca ilustra la Tierra nueva, en el estudio bíblico Dos tierras, de la serie Dos tierras, tres ciudades y cuatro templos, en editoriallapaz.

 

La segunda “tierra” de las dos es la “tierra nueva” mencionada en el “nuevo pacto” que hizo Jesucristo, es decir, en el Nuevo Testamento de la Biblia.

Demás es notar que ateos, escépticos y seculares en general no creen en la existencia de esta “tierra nueva” del evangelio de Jesucristo y sus apóstoles. Por no poder verla con sus ojos físicos la consideran imaginaria, irreal, la creación de mentes supersticiosas. Tampoco pueden ver pensamientos, el viento, la gravedad, agujeros en el espacio (worm holes) o materia negra, pero creen sí que existen, dicen, por los efectos que producen. Interesantemente, los que creen en la “tierra nueva”, invisible por el presente, se fundamentan, en parte, en el mismo tipo de razón, explicando que creen que el Dios Creador “lo hay” porque observan dondequiera las manifestaciones visibles de su inteligencia y poder, es decir, todo el grandioso y complicadísimo universo material, atribuyendo a él su origen y permanencia hasta hoy. De ahí deducen que si este Dios Creador Todopoderoso, invisible por el presente, asegura que él está creando una “tierra nueva”, es del todo lógico creérselo. 

El planeta Tierra material Dios el Creador lo llama, en Apocalipsis 21:1, “la primera tierra”, y el cielo material lo llama “el primer cielo”. En la visión dada por él al apóstol Juan en el año 95 d. C., se proyecta hacia el futuro, hasta la consumación de su plan para todo lo material, diciendo que “pasaron, y el mar ya no existía más”. “…pasaron.” O sea, como se expresa en Apocalipsis 20:11, “huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos”. En este mismo contexto apocalíptico, Juan dice, al principio de Apocalipsis 21:1: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva…”. Estos toman el lugar de “el primer cielo” y “la primera tierra” materiales en el gran esquema de las obras de Dios el Creador.

Esta “tierra nueva” no es material, postula gran número de los que creen en ella, explicando que el vocablo “tierra” se utiliza retóricamente en el contexto. Más bien, es celestial, y consiguientemente, pertenece a la esfera espiritual del Dios Supremo. Sostienen su interpretación, refiriéndose al “cuerpo espiritual” (1 Corintios 15:42-44) y a “la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial” (Hebreos 12:22), también llamada “la gran ciudad santa de Jerusalén”, la que desciende del cielo de Dios (Apocalipsis 21:10). “Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual”, afirma el apóstol Pablo. El primero, siendo visible, es temporal, y por ende, terrenal y mortal. Al morir, es sepultado. En la resurrección, “resucitará cuerpo espiritual”. Siguiendo esta misma línea de enseñanza, “la primera tierra”, siendo material y temporal, pasará, reemplazándola “una tierra nueva”, la que será, lógicamente, de naturaleza espiritual-celestial.

Entonces, “…cuerpo espiritual”glorificado que mora en “una tierra nueva” espiritual-celestial, a la que desciende “Jerusalén la celestial”, la que es espiritual, y no terrenal. “…mundo venidero” (Hebreos 2:5) celestial-espiritual donde el Dios que “es Espíritu” (Juan 4:24) pondrá su “tabernáculo”  celestial, morando con “los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23; Apocalipsis 21:3-5) revestidos de sus cuerpos nuevos espirituales (2 Corintios 5:1-10). ¿Quién niegue que no sean consecuentes y armoniosos todos estos elementos del cuadro que nos presentan los cristianos que creen en él? A la verdad, aun el ateo o secular que lo catalogue de “fabricación ficticia” ha de admitir su integridad racional. Aquí no hay “cuerpo espiritual” que more en una “tierra material”, bien que esta haya sido “renovada” o “purificada”. Ni tampoco una nueva “Jerusalén… celestial” asentada en una tierra material, por ejemplo, en Palestina, pues nos dicen los que presentan el cuadro que “la gran ciudad santa de Jerusalén” desciende a la “tierra nueva” espiritual-celestial, y no a “la primera tierra” física, y visible materialmente.

Dado que la “tierra nueva” pertenece, por el presente, a la categoría de cosas “que no se ven”, será eterna, pues “las que no se ven son eternas”, citándose de nuevo 2 Corintios 4:18. Vinculando este texto con el de 1 Corintios 15:42-44 y 53-54, nos percatamos enseguida del nexo admirablemente lógico entre los dos. ¡Un nuevo “cuerpo espiritual” que se viste “de inmortalidad” mediante la resurrección, yendo a morar eternamente en una “tierra nueva” eterna! Así que, cosas de la misma naturaleza, o sea, espirituales, que permanecerán eternamente. La impresionante armonía de esta proyección ninguna mente inteligente y honesta la pasa por desapercibida, aunque resista creer lo proyectado.

Adicionalmente, se nos explica que “las cosas que no se ven” en nuestro mundo material de actualidad sí se ven en aquella esfera celestial-espiritual, siendo tan reales allá como las cosas visibles en nuestros entornos materiales. De manera que el cuerpo glorificado que recibió Jesucristo al ascender, traspasando las nubes, de acuerdo con el relato en Hechos 1:6-11, invisible para nosotros los humanos en nuestro mundo material, lo ven Dios el Padre y sus ángeles allá en el cielo. ¡Y también la “tierra nueva” celestial-espiritual en preparación! Tan real y visible en los contornos espirituales-celestiales como el planeta Tierra en el sistema solar de la Vía Láctea. ¿Con qué lógica dudarlo o refutarlo?

En aquella “tierra nueva”,con sus “cielos nuevos”, “mora la justicia”, nos informan los cristianos que en ella creen. Abundando, dicen que en aquel “mundo venidero” la justicia predominará completamente, que no habrá lugar para injusticia alguna, que se trata del mundo nuevo celestial creado solo para “los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23), que ningún injusto será admitido a él, que la justicia divina –perfectamente equitativa y benigna- existirá, morará, eternamente como norma natural e inviolable. Este aspecto de la “tierra nueva” llamaría la atención de cualquier habitante terrenal pensante, analítico, que aún respete la justicia, que quisiera verla impuesta  imparcial y rigorosamente en el planeta Tierra, que la anhele, que lamente la plaga de injusticia que trae perenemente tanto sufrimiento, aun muerte, a multitudes de seres humanos a través del globo terráqueo. No es, pues, de sorprenderse que el apóstol Pedro testifique acerca de los cristianos del Siglo I, escribiendo: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”. Esperaban con ansias el mundo nuevo libre de injusticias. Esto lo escribió aquel apóstol inmediatamente después de haber afirmado y  descrito, con lenguaje gráfico espantoso, la disolución total del universo material que, según él, Dios ha planificado para “el día del Señor” que “vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra” –la primera, la material, la visible, cosa temporal- “y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3.10-12). En vista de semejante fin fulminante para el universo material y, además, de la esperanza que albergaban él y los destinatarios de su segunda epístola, añade Pedro: “Por lo cual, oh amados, estando en espera de esta cosas, procurad con diligencia ser hallados por él”, es decir, por el Señor, “sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:14).

Bien, ¿y cómo replicaremos al respecto? Seamos honestos con nosotros mismos. “…sin mancha e irreprensibles, en paz.” ¡Esto es precisamente como NO se encuentra la inmensa mayoría de los habitantes de esta “primera tierra”! Al contrario, en guerra consigo mismo, con su pareja, con su cónyuge, con su familia, con sus vecinos, con las autoridades. Razas y culturas en guerra. Tanto jóvenes como adultos, mujeres como hombres, ancianos también, llenos de manchas morales, vicios, aun crímenes. Reprensibles en cuanto a sus actitudes, atributos de personalidad o carácter, estilo de vida. ¡Injustos con sus semejantes! Ni tampoco se eximen muchos religiosos, cuya religión o fe es más mundana que espiritual.

Motivados a leer las dos epístolas completas de Pedro en el Nuevo Testamento, hallamos que las personas que habían llegado, según él, a tener esperanza de recibir “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”, primero habían “purificado” sus “almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu” (1 Pedro 1:22). Incluso, se habían sometido al “bautismo que… salva” (1 Pedro 3:21). Se deduce que estos mismos pasos debería tomarlos en el presente toda persona que deseara hacer suya la misma esperanza que inspiraba y sostenía a los cristianos de aquel Siglo I.

¿Viviremos en “la primera tierra” como si este planeta fuera eterno? ¿Moriremos aquí sin esperanza de algo mejor más allá de la muerte? ¿O creeremos, “según” las promesas” del Dios Creador, en “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia”?

 

Jerusalén, la terrenal. Del tema Tres ciudades, de la serie Dos tierras, tres ciudades y cuatro templos.

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Tierra nueva. ¿Será esta "tierra nueva" prometida el mismo planeta Tierra "renovado" o un mundo totalmente diferente?

 

  

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