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"¡Por esta ruta para el Cielo!"  


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Querido lector, ¿quiere usted ir al Cielo cuando acaben sus años en la tierra, o cuando Dios mismo declare que “el tiempo no será más”? Seguramente, no querrá ir al lugar de las tinieblas eternas, ¿correcto?

¿Conoce usted la “Ruta Gloriosa para el Cielo”?  Si no tiene mapa, ¡jamás llegará por pura casualidad o mera suerte! Si ya está siguiendo algún "mapa espiritual", ¿ha reflexionado alguna vez sobre dónde lo consiguiera o quién se lo proporcionara?

¡Por aquí para el Cielo, por esta ruta, y no por allá! Sucede que hay un solo mapa auténtico que enseña la ruta segura. Jesús, quien vino desde el Cielo al planeta Tierra, luego regresó al Cielo (Juan 14:1-6; 1:18), sabe el "Camino" y preparó el único mapa completamente confiable. Él trazó la ruta exacta y directa, dándonosla en el Nuevo Testamento de la Biblia.

¿Acaso es el mapa que usted sigue el del Nuevo Testamento? ¡Alerta! El Antiguo Testamento no es válido como mapa espiritual para los seres humanos del tiempo presente. Por sus ejemplos (1 Corintios 10:1-10), historia, meditaciones, proverbios, profecías sobre Cristo y el Reino de Dios, tiene mucho valor, pero no como "mapa espiritual" en estos tiempos de la nueva Era Cristiana. Fue clavado en la cruz, siendo anulado y quitado de en medio por Dios mismo (Colosenses 2:14-16). Quien insista en seguirlo (guardando sábados, diezmando, absteniéndose de alimentos), grande será su frustración al final, pues esclavizándose a lo abrogado, se desliga de Cristo, tomando un camino equivocado que le llevará lejos del Señor, y por ende, del Cielo mismo, con su gloriosa ciudad celestial (Gálatas 5:1-4; 4:21-31; 1 Timoteo 4:1-5; Hebreos 11:8-16).

Osamos preguntarle de nuevo: ¿Qué mapa espiritual sigue usted? ¿Acaso el que le entregaran sus padres? De ser así, convendría preguntar: ¿Dónde lo consiguieron ellos aquel mapa espiritual que legaron a usted? ¡OJO! El apóstol Pedro advierte que no pocos padres enseñan a sus hijos “una vana manera de vivir” (1 Pedro 1:17-21). Tal "vana manera de vivir" abarca: supersticiones, idolatrías, espiritismo, hechicerías, vicios (embriagarse, usar drogas, fumar, adulterar) y necedades infinitas, como también doctrinas de hombres. Por mucho que nos duela admitirlo, los padres de esta categoría simplemente no tienen el mapa que enseña la ruta a la Gloria Eterna, sino, lamentablemente, el que dirige al incauto hacia el “Lugar del Castigo Eterno”. Necesitan que alguien, preferiblemente sus propios hijos, obtenga el auténtico mapa espiritual, usándolo para sacarlos del “Camino Torcido” por donde viajan. A propósito, de proponerse los padres de usted, suponiendo que aún vivan, a viajar a un lugar jamás visitado por ellos, ¿permitiría usted, a sabiendas, que tomen una carretera que les llevara en la dirección opuesta? Referente a caminos espirituales, asumiendo que usted se haya informado del verdadero "Camino", ¿permitiría que sus padres sigan una vía equivocada hacia la eternidad, sin explicarles, amorosamente, que hay un camino mejor y más seguro? Sabio es aquel que primero se encamina correctamente a sí mismo, para luego también  enseñar a sus propios padres el camino correcto. Muchos hijos han hecho esto mismo, y perseverando en el camino verdadero hasta el fin, recibirán "galardón... grande en los cielos" (Mateo 5:12). El peregrino conocedor del mapa divino, con sus instrucciones detalladas, sabe que más allá de las fronteras de este universo material ningún padre podrá salvar a su hijo, ni hijo alguno a sus padres. Por cierto, la salvación eterna no se le entrega a nadie por herencia familiar, sino como premio inmerecido otorgado por Dios al individuo que obedece personalmente su "buena voluntad, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Así que, más le vale a cada alma en particular buscar, encontrar y seguir el único mapa auténtico espiritual. ¡Por aquí para el Cielo! Por “el camino nuevo y vivo” que Cristo “nos abrió” (Hebreos 10:19-23), y no por cualquier ruta seguida sin conocimiento, o a ciegas.

Volvemos a preguntar insistentemente, orando no importunarle: ¿Qué mapa espiritual sigue usted? ¿Acaso algún mapa viejo, pasado de generación a generación, que enseñe cómo llegar a lugares donde se practican las antiguas “tradiciones cristianas”, a lugares llamados “sagrados” donde han levantado "imágenes cristianas” o veneran reliquias? ¿Con qué razón o lógica confiaría usted en semejante mapa como guía para el Cielo? Cristo mismo denunció las tradiciones religiosas como inválidas y dañinas (Mateo 15:5-9), y el apóstol Pablo las catalogó como engañosas (Colosenses 2:8). ¡Por esta ruta para el Cielo! Por el Camino de la Verdad absoluta, la que permanece para siempre (Juan 14:6; 1 Pedro 1:23-25), y no por las "Vías adornadas de las tradiciones cambiantes".

¡Por aquí para llegar directo al Cielo, sin perderse! ¿Cuántas personas saben dar direcciones correctas y precisas? ¿Cuántas saben seguirlas? “Amigo, estoy buscando el Barrio San José, del Sector Ramírez, la Calle 10 # E-15.” Don Vecino Incierto responde: “Eeeeeh. Tiene que regresar un rato, virar a la derecha, seguir adelante hasta encontrar un pequeño bosque, luego a la izquierda... no, me equivoco, más bien a la derecha, y cinco kilómetros más para llegar.”  Parecidas a estas son las instrucciones espirituales de no pocos líderes religiosos. Confusas, inciertas, equivocadas. En cambio, Don Seguro Pastor explica: “Adelante 3.2 kilómetros, a la izquierda por la Carretera 601, hasta el kilómetro 2.8. Ahí, comienza el Bo. San José. Siga la principal hasta encontrar el Colmado Rodríguez. La Calle 10 pasa detrás del colmado.” Pues bien, seguimos confiadamente sus instrucciones tan precisas, pero para frustración nuestra, ¡no terminamos en el Bo. San José sino en el Bo. Dolores! Asimismo son las instrucciones de no pocos líderes religiosos. Muy exactos, ¡pero no encaminan hacia el Cielo! “¡Levanta tus manos, cierra tus ojos y acepta a Cristo como tu Salvador, y serás salvo.” ¡Por ahí no! “Haz profesión de fe. Sólo ten fe y serás salvo.” ¡Por ahí no! “¡Suéltate! No resistas al Espíritu. Di Aleluya. ¡Alaba! ¡Corre! ¡Salta! Di: Cristo me ha sanado; Cristo me ha salvado.” ¡Por ahí tampoco! ¿Qué busca usted? ¿Acaso una experiencia religiosa mística, puramente emocional, extática, subjetiva, o busca "toda la verdad" revelada por el Espíritu Santo (Juan 16:13)? Estudiando los atributos de Dios revelados en el Nuevo Testamento, no encontramos rasgo de que sea él "un Dios místico, llevado más por sentimientos que por la Verdad". Amado lector, no  nos equivoquemos: la ruta al Cielo no es la del misticismo, del sentimentalismo religioso, de las experiencias emotivas o de la fácil pero equivocada “profesión de fe”.

¡Por aquí para llegar directo al Cielo, sin desviarse o equivocarse! Por el mapa del Nuevo Testamento. Por el de la Verdad inspirada.

¿Sabe usted leer mapas? Algunas personas saben; otras, no saben. Los viran boca abajo, boca arriba, de lado a lado, ¡sin encontrar la ruta al destino deseado! Entre los tales, hay quienes rechazan cualquier sugerencia o consejo. Prefieren andar perdidos que admitir consejos (Proverbios 8:33; 27:9). Su orgullo los condena a la desorientación y al continuo extravío.

¿Sabe usted leer el mapa del Nuevo Testamento? ¿Admite usted orientación? ¿Le parece complicado el mapa espiritual? En realidad, no lo es. Mire, por aquí se comienza. ¿Me permite?

El “Camino al Cielo” comienza donde el viajero encuentra una bifurcación en el camino espiritual y se detiene para escuchar el mensaje de Dios. Desde luego, el camino principal es el que se llama “Fe”, pero no podrá usted tomarlo sin antes escuchar instrucciones. Nadie puede viajar exitosamente por el camino de la salvación sin tener una fe bíblica e inteligente? Por tal razón, Pablo dice que “la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). El evangelio explica por qué se debe escoger la “Ruta de la fe”, cómo seguirla y qué le pasará al peregrino a lo largo de ella; además, ofrece una descripción elocuente del glorioso destino celestial para los que la siguen hasta el final. Las explicaciones son detalladas y completas. Sin embargo, para comenzar, no es preciso saber o entenderlo todo sino tener el deseo ferviente de salvación eterna y el temor vivo de acabar en el Infierno. Pues, he aquí el primer paso crucial: detenerse y escuchar la voz de Dios acerca de la ruta al Cielo, o rehusar escucharla, siguiendo la “Ruta de la Indiferencia”, o la “Ruta del Pecado”, hasta su final en el abismo del Infierno. ¿Qué hará usted?

¿Cuál tangente escogerá usted? Si decide por el “Camino de la Fe”, iniciará, efectivamente, su viaje hacia el Cielo. Si opta por el “Camino de la Obstinación e Incredulidad”, por él llegará usted, tarde o temprano, al lugar llamado, en el griego, “Tártaro” (“Lugar de castigo”), donde su incredulidad se disipará al instante, y sus labios temblorosos confesarán, ¡demasiado tarde!, que Dios existe.

Todo aquel que decide por el “Camino de la Fe”, se llega pronto a una estación de peaje llamada “Arrepentimiento”. Ahí está en el mapa espiritual. “Arrepentíos” (Hechos 2:38; 17:30-31; Lucas 13:3). ¿Cuánto se le cobra en este "Peaje del Arrepentimiento"? Ni cuotas, votos o diezmos. Para seguir adelante, más bien se le exige que se deshaga del bagaje ilícito de mundanalidad, vicios, pasiones desordenadas y todo pecado. ¡Tiene suerte! Cristo ya pagó el costo muy elevado de esta transacción: su propia sangre vertida en la cruz. Ahora le toca a usted. ¿Dejará todos sus males en esta “Estación del Arrepentimiento”? Si no está dispuesto, pero sigue creyendo en Dios, tomará, aunque no quiera, el desvío peligroso llamado "Desvío de la Fe sin Obras". Tristemente, este es el que toma y sigue la mayoría, el cual conduce hasta el “Valle de las Duras Penas Eternas”.

Fíjese bien usted cómo el mapa del Nuevo Testamento traza con admirable precisión la “Ruta Gloriosa al Cielo”. A la “Estación del Arrepentimiento” le sigue de inmediato, y no muchos kilómetros más adelante, un río de aguas cristalinas. El mismo se llama “Aguas Bautismales”. Observe bien que no hay puente o camino que dé paso al otro lado. Significa que el viajero ha de meterse en el río para llegar al otro lado. De hecho, las instrucciones divinas dicen que debe sumergirse en estas aguas “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19), “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Se quiere decir que hasta no pasar por este “lavamiento de regeneración” (Tito 3:5), el viajero no será limpio de sus pecados, a pesar de haberse arrepentido. El apóstol Pablo pasó por aquí. Ananías le dijo: “¿Por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16). ¿Por qué no habrá de pasar usted? ¡Directo para el agua! ¡Sin esperar! ¡Por aquí para el Cielo! Si cuestiona el plan y el propósito de Dios referente al bautismo, posiblemente salgan de los caminos torcidos aledaños seres que le porfíen que el bautismo es una obra de la carne, o que no es “para perdón”, que no salva, a pesar de que el apóstol Pedro afirma categóricamente: “El bautismo ahora nos salva” (1 Pedro 3:21). De hacerles caso, tomaría usted el “Desvío de la Tergiversación”, el cual conduce a los “Bosques del Sectarismo Cristiano”, de donde saldría usted con suma dificultad, ¡o quizás ¡nunca!

Bautizado bíblicamente, regenerado, purificado de sus inmundicias, hecho justo en virtud de su humildad y obediencia, en este punto, justamente donde se sale de las “Aguas Bautismales”, y no antes (Romanos 6:3-5), Dios le pronuncia salvo de la "ira venidera" (Romanos 5:9), y Cristo le añade a su iglesia (Hechos 2:42-47), a la iglesia de Cristo, a la que él fundó, y no a otra. Ahora pone usted pie en el “Camino Angosto de la Santidad” (Mateo 7:13-14; Hebreos 12:14). Al final de este "Camino", que es lo mismo que la “Ruta de la Fe Viva”, hay un espléndido mundo nuevo y perfecto, cuyos futuros moradores vivirán por las edades de las edades, disfrutando de la más completa felicidad. Para alcanzarlo, ha de seguir usted adelante, sin retroceder (Hebreos 10:39), sin desviarse ni a diestra ni a siniestra. ¡Éxito! ¡Éxito! ¡Adelante! “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-3).

Disculpe que le repitamos una pregunta ya hecha, pero ¿realmente sabe seguir direcciones? Ojalá que no figure usted entre aquellos que no capten bien los datos, ni siquiera cuando presentados con diáfana claridad. O como aquellos que, habiéndolos escuchado, rápido los confunden, intercalando sus propios pareceres y cuestionamientos desastrosos. “Me parece que es por aquí la ruta. No, mejor vamos por acá, o quizás por allá. Sí, es cierto que él dijo que pasáramos por aquel lugar, pero no me luce correcto. ¡No puede ser! ¿Se habrá equivocado? Comoquiera, esta ruta me gusta más. Vamos a probarlo.” ¿A probarlo? ¡Ay de aquellos que siguen sus propios "pareceres, corazonadas o gustos"! Pues, “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12).

Ahora que entiende usted el mapa de Cristo en el Nuevo Testamento y conoce el "Camino" (Hechos 9:2), el próximo paso es suyo. Ciertamente, Dios le ama muchísimo, tanto que sacrificó a su Hijo Unigénito para sacar a usted del “Camino de la Perversidad y de la Perdición” (Juan 3:16). Él quiere salvarle eternamente (2 Pedro 3:9). Delante de usted hay dos caminos, sólo dos. ¿Cuál escoge? Si el de la vida en Dios, entonces le sugerimos que procure encontrar a un miembro fiel de la iglesia de Cristo, de la iglesia que lleva el nombre de Cristo, de la iglesia que enseña correctamente el “Mapa divino”. Él le bautizará bíblicamente, y le orientará más ampliamente acerca de la “Gloriosa Ruta al Cielo”. ¡Por aquí para el Cielo!



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