Suscríbase para recibir notificaciones de nuevos artículos.

El bautismo. Gran número de estudios e intercambios en esta Web.

Enseñanzas básicas del Nuevo Testamento sobre requisitos para salvación

Predestinados a ser hijos de Dios. Estudio 1. Efesios 1:4-5, 9-11; 1 Corintios 2:7 y 1 Pedro 1:20.

La PREDESTINACIÓN tal cual enseñada en Efesios 1:4-12. VIDEO. Veinte diapositivas (imágenes compuestas de gráficas y texto) se utilizan para presentar este estudio.

 

Predestinados a ser hijos de Dios

‘Antes de la fundación del mundo’ el Dios Creador previó muchas circunstancias que afectarían a la creación humana y predestinó muchas cosas a beneficio de nuestra raza, incluso la obra redentora de Jesucristo, el evangelio y la iglesia. Además, se nos enseña: ‘Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó’. ¿Cuándo y cómo?
 

"Antes de la fundación del mundo’ el Dios Creador previó muchas circunstancias que afectarían a la creación humana y predestinó muchas cosas a beneficio de nuestra raza, incluso la obra redentora de Jesucristo, el evangelio y la iglesia. Además, se nos enseña: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". ¿Cuándo y cómo?

Estudio 2

Romanos 8:28-30

“Los que” Dios “antes conoció… predestinó… llamó… justificó… glorificó” 

(28) “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (29) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (30) Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” 

Nota. Estimado lector, de no haber usted leído el Estudio 1 sobre Efesios 1:3-4, 9-11; 1 Corintios 2:7 y 1 Pedro 1:20, respetuosamente le recomendamos hacerlo antes de proseguir con este “Estudio 2”, por la razón de que no se incluyen en el presente estudio las abundantes explicaciones dadas en el primero en torno al “propósito… designio… voluntad” de Dios al tomar él, “antes de la fundación del mundo”, grandes determinaciones acerca de los seres humanos que proyectaba crear.  

A.  “Porque a los que antes conoció…” (Versículo 29).

1.  ¿Qué es el tiempo indicado por el adverbio “antes”?

a)  Se trata de un tiempo “antes de la fundación del mundo”, como dicen otros textos relacionados con la predestinación (Efesios 1:3-4; 1 Pedro 1:20). De un tiempo “antes” de ser creados los humanos. De un tiempo cuando Dios estaba planificando y proyectando la creación, anticipando algunos desenlaces, particularmente el comportamiento de los seres humanos.

b)  ¿Cuánto tiempo “antes” de la creación material en términos de “años”? Hasta dónde alcance nuestro conocimiento, la Biblia arroja muy poca luz sobre esta cuestión. Nos limitamos en esta ocasión a observar que estas determinaciones del Todopoderoso fueron tomadas después de sublevarse Satanás y los ángeles que se abanderizaron con él, contra el Soberano Dios, pues el propio Dios contempla, antes de efectuarse la creación, la intervención de su archi-enemigo en el huerto del Edén, previendo las consecuencias trágicas que sobrevendrían a Adán y Eva, con toda su posteridad.

c)  Respetado estudiante de estos temas, le invitamos a examinar la siguiente gráfica, la cual confeccionamos con la idea de proveer unas perspectivas indicadas por la expresión “antes de la fundación del mundo”.

 

 Esquema de la línea del tiempo hecho para ayudar a formar una perspectiva correcta acerca de cuando predestinó muchas cosas, incluso a los escogidos que serían llamados, justificados y glorificados.

 

(1)  Comenzando a la derecha, en “el Presente”, viajamos en la dimensión del tiempo hacia el pasado. Cubriendo dos milenios, llegamos al año cuando nació Jesucristo. Dejando atrás esta fecha y prosiguiendo, llegamos al día cuando Moisés recibió la Antigua Ley para Israel en el monte de Sinaí, aproximadamente 1,500 años antes de Cristo. Remontándonos todavía más por épocas pasadas, nos encontramos en el tiempo muy convulsionado de Noé y el gran Diluvio. Penetramos cada vez más en el pasado, cruzando el resto de la Era Patriarcal hasta arribar en el huerto de Edén. Andando un poco más, alcanzamos ver a la tierra en su estado de “desordenada y vacía” (Génesis 1:2). Aún antes de este momento, “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

(2)  Enfocando de cerca el lado izquierdo de la gráfica, vemos que antes de los seis días de creación presentados en Génesis 1, y aún “antes de la fundación de la tierra”, en algún tiempo previo a cualquier creación material, antes de que Dios iniciara el proceso de la creación del inmenso universo físico, él “conoció” a los seres humanos que adoptaría como “hijos suyos” (Efesios 1:4-5).

2.  “…a los que conoció...” ¿Cómo conocerlos? Pues en aquel tiempo “antes de la fundación del mundo”, ¡ningún ser humano había sido creado! ¡Ni siquiera había sido creada la tierra!

a)  Osamos pensar que los proyectara en la pantalla de su gran intelecto. No sin trepidación abordamos estos asuntos, “Porque, ¿quién conoció la mente del Señor?” (1 Corintios 2:16). “Mas nosotros tenemos”, escribe el apóstol Pablo en el mismo versículo, “la mente de Cristo”. Y mediante lo revelado a los apóstoles “por el Espíritu” (1 Corintios 2:9-16), se nos informan algunas determinaciones y acciones tomadas por Dios “antes de la fundación del mundo”, cosas que deberíamos poder, se supone, “discernir espiritualmente”, aunque no a plenitud como quisiéramos. Así que, revelando Pablo, por el Espíritu, que Dios “conoció”, antes de crear siquiera a la primera pareja, a los seres humanos que él iba a adoptar como “hijos suyos”, deducimos que los visualizara en su mente.

b)  Allá en su morada celestial, donde “habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16), tiempo antes de comenzar a hacer realidad su idea de una creación material, Dios visualiza a la raza humana, seres hechos “a su imagen y semejanza”, los que serían la máxima expresión de su poder creativo.

(1) ¿Dios sorprendido? ¿Eligió Dios prever a todos y cada uno de los aproximadamente catorce mil millones de humanos que han nacido en este planeta Tierra hasta el día de hoy? ¿Por nombre y apellidos? ¿Con todo detalle de toda la vida de cada uno? Desconocemos, pero lo dudamos por la razón de que le sorprende, al parecer, la depravación extrema a la que rápido llegan los hombres en el tiempo de Noé, arrepintiéndose “Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:1-8).

(2)  Visualizando a la humanidad antes de crear a siquiera la primera pareja, Dios prevé que una porción se rebelaría contra su “propósito”, o “designio”, para los hombres, pero que, por otro lado, una porción se sujetaría al “designio de su voluntad” (Efesios 1:11). En aquel entonces, él “conoció” a quiénes aceptaría como “hijos suyos”. ¿Acaso conociera él a estos por nombre y apellidos en aquella hora cuando los visualizara? Muy dudoso, conforme a mi opinión, con la salvedad de que no estamos implicando que lo hubiese sido imposible para él. Más bien, determinaría, razonamos “conocer” y adoptar como “hijos suyos” a los seres humanos que llegaran a estar “en Cristo”, pues se propuso “en sí mismo… reunir todas las cosas en Cristo”. “Por cuanto agradó al Padre que en él (Cristo) habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:19-20). “Todas las cosas” abarcan a todo gentil y a todo israelita, a todo hombre y mujer de toda época y lugar, que se reconcilian con Dios mediante la obra redentora de Jesucristo (Hebreos 9:15). ¿A cuales seres humanos “conoció” Dios que él adoptaría como “hijos suyos”? ¡Precisa y certeramente, a los que se reconcilian con él “por medio de” Jesucristo! Esto mismo es lo que “agradó al Padre”. Esto mismo es lo que determinó él en aquel tiempo antes de la creación cuando visualizaba el futuro comportamiento de la raza humana que él iba a crear.

(a)  En vano se intenta entender correctamente el significado de “a los que antes conoció” si no se tiene presente el hecho de que Dios conocería solamente a los que se reconciliaran con él por medio de su Hijo Jesucristo.

(b)  Tampoco se puede entender correctamente el significado de “a los que antes conoció” si no tomamos en cuenta otro hecho evidente e irrefutable, a saber, que la reconciliación espiritual para con Dios está condicionada no solo en la sangre de Jesús sino también en la obediencia del ser humano a los mandamientos del evangelio, pacto divino inextricablemente unido a la persona de Jesucristo. De ahí que el apóstol Pablo enseña en Colosenses 1:21-23 que Cristo “os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin movernos de la esperanza del evangelio que habéis oído…”. “Si en verdad permanecéis…” ¿Se dio cuenta usted de la pequeña pero importantísima palabra “si…”? “…SI en verdad permanecéis…” “…SI… permanecéis… sin movernos de la esperanza del evangelio…” “…SI… “ Una pequeña conjunción que introduce una oración CONDICIONAL.De manera que la reconciliación de cada ser humano, en particular, para con Dios ciertamente es condicional, y, en definitiva, NO absoluta o irrevocable desde “antes de la fundación del mundo”, o desde cualquier punto siguiente en la línea del tiempo. Para ser salvo eternamente, cada uno que quisiera lograrlo ha de creer en Cristo y su evangelio puro, arrepentirse, confesar públicamente el nombre del Señor, sumergirse en agua “para perdón de los pecados” (Hechos 2:37-47), y luego terminar exitosamente su jornada terrenal.

(c)  Además, para el entendimiento correcto de “a los que antes conoció”, es imprescindible tomar en consideración todavía otros hechos incontrovertibles, a saber, que Cristo abre la puerta de su iglesia a todo el que obedezca a su evangelio, diciendo “el que creyere y fuere bautizado, será salvo…” (Marcos 16:15-16), que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4), que la Deidad no hace acepción de personas, y que el Padre Creador, habiendo dotado a los seres humanos del libre albedrío, se lo respeta, no forzando a ninguno a ser salvo, como tampoco a ser condenado.

(d)  Todas estas verdades y consideraciones nos llevan a una conclusión razonable, a nuestro parecer, y perfectamente armoniosa con los hechos sabidos. Allá en su morada celestial, antes de crear al universo, Dios prevé la caída de la raza humana en pecado. Él, con el consentimiento y la plena colaboración de su único Hijo (Filipenses 2:5-11), determina proveer, precisamente por medio de su Hijo y el evangelio que este anunciaría, el medio de reconciliación y restauración. Visualizó a los seres humanos que se sujetarían a su designio al respecto, y de esta manera los “conoció”. Los “conoció” en sus proyecciones, antes de crear a siquiera un solo ser humano. Antes de nacer ni siquiera uno de los que él anticipaba adoptar como “hijos suyos”. Antes de tener ellos vida. Antes de tener ellos nombres y apellidos. Los “conoció” por los atributos que tendrían. “Atributos” vinculados directamente al rol redentor de su Hijo Jesucristo, rol que este ejecutaría para reconciliarlos con su Creador. No era preciso “conocerlos” individualmente. Solo hacía falta determinar los “atributos” que deberían tener los que él estuviera dispuesto a adoptar como “hijos suyos”. Entonces, cualquier ser humano que adquiera estos “atributos” se contaría automáticamente entre los elegidos a ser adoptados “hijos suyos”. Esta explicación concuerda perfectamente, a nuestro entender, con las verdades y los hechos apuntados en las partidas (a), (b) y (c).

(3)  Una comparación relevante. Tres personas sumamente ricas deciden repartir gran parte de sus enormes riquezas de tal manera que se beneficien sustancialmente la sociedad, y por ende, la economía. Discuten animadamente su obra, visualizándola. Forman una organización sin fines de lucro, estableciendo metas específicas. ¿Quiénes serán los afortunados recipientes de los donativos contemplados? ¿Durante qué período serán repartidos los donativos, y en qué lugar? Lo más importante es determinar cuidadosa y sabiamente quiénes recibirán las aportaciones. Los tres acaudalados se dedican a la tarea de seleccionarlos, asentando como directriz la de ser completamente imparciales en lo tocante a raza, nacionalidad o rango social. Determinan que la selección será efectuada, no por nombre y apellido, individual y personalmente, sino por “atributos específicos y el cumplimiento cabal de exigencias definidas con rigorosa exactitud”. Fijan una semana particular para la distribución, y un lugar específico. Dadas estas circunstancias, efectivamente, ya “conocen”, tan pronto formalicen su plan, quiénes serán los beneficiarios. El que llena perfectamente los requisitos, al llegar al lugar previamente especificado y durante el tiempo fijado, ¡cualifica automáticamente como uno de los agraciados!

-Asimismo, Dios “conoció”, tan pronto formalizara su plan de rescatar a los humanos de las garras de Satanás, a los que él adoptaría como “hijos suyos”, no obstante lo de no haber creado todavía a siquiera un solo ser humano.

B.  “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.”

1. “…también los predestinó…” Dios “los predestinó” a ser “hijos suyos” solo a los que “conoció” de la manera que acabamos de explicar, y en aquella misma ocasión “antes de la fundación de la tierra” cuando visualizaba las consecuencias del comportamiento de la raza humana proyectada a ser creada. Los predestinó “según el designio de su voluntad”, designio que la Deidad misma reveló al escribir el apóstol Pablo que Dios se propuso “en sí mismo… reunir todas las cosas en Cristo” (Efesios 1:4-5, 9-11). Escrutar en la segunda gráfica incluida en este escrito el texto a la izquierda de la fotografía de una gran multitud de personas. En el Estudio 1, analizamos detenidamente el significado de “propósito… designio… voluntad… en Cristo”, llave que abre el entendimiento de la predestinación enseñada en la Biblia.

2.  “…para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…” Aplicando esta enseñanza solo a la Era Cristiana, sabemos que nacen “del agua y del Espíritu” (Juan 3:1-7) los seres humanos que obedecen al evangelio, creyendo en Cristo, arrepintiéndose y bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Lavados sus pecados (Hechos 22:16), son contados como “hijos de Dios” (Romanos 8:16), siendo añadidos a la iglesia de Cristo Jesús (Hechos 2:38-47). Esto es meramente el principio del proceso de ser “hechos conformes a la imagen” del Hijo de Dios. El nuevo hombre así creado “se va renovando hasta el conocimiento pleno…”, precisamente “conforme a la imagen del que lo creó”  (Colosenses 3:10), proceso que continúa hasta el fin de sus días en la tierra. A los que serían adoptados como “hijos suyos” Dios los predestinó, pues, a renovación constante “hasta que Cristo sea formado” en ellos (Gálatas 4:19). Los “predestinó” a ser moldeados completamente conforme “a la imagen de su Hijo”.

C.  “Y a los que predestinó, a éstos también llamó…”

1.  En la visualización de su mente, allá en sus recámaras celestiales, antes de crear cosa alguna, Dios no solo “conoció” a los que serían sus hijos adoptados, predestinándolos a ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo”, sino también los “llamó”. ¿Cómo proyectó llamarlos? Una respuesta inspirada, muy acorde, dicho sea de paso, con lo que estamos exponiendo, se halla en 2 Tesalonicenses 2:13-15. “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.”  

a)  ¿Cómo escogió Dios “desde el principio” a los que iban a ser salvos? La divina respuesta dice: “mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad”.

b)  ¿Cómo los llamó? “...mediante nuestro evangelio…”

Con diáfana claridad se nos enseña que Dios proyectó llamar a los que él adoptaría como “hijos suyos” mediante el “evangelio”. No serían sus “hijos” sin escuchar jamás al evangelio. No serían sus “hijos” pese a que jamás obedecieran al evangelio. Serían llamados mediante el evangelio, y esto significa implícitamente que deberían obedecer al evangelio. Así Dios lo proyectó, y asimismo se está realizando hasta el sol de hoy, pues la Deidad sigue llamando a través del evangelio. A quienes piensan que Dios llame por medio de “sueños, vocecitas, escalofríos, estremecimientos, sensaciones o sentimientos” les convendría deshacerse de ilusiones engañosas. ¡El llamado oficial y universal de Dios se hace mediante el evangelio. Recalcamos: “…os llamó mediante nuestro evangelio”. Más claro no canta un gallo.

2.  “Muchos son llamados, mas pocos escogidos”, apunta Jesucristo en Mateo 20:16. Tristemente, esto ocurre porque solo “pocos” de entre todos los “llamados” se someten a “la santificación por el Espíritu”, teniendo “fe en la verdad”. Solo estos “pocos” adquieren los atributos y llenan las exigencias para figurar entre los “predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11).

D.  “…y a los que llamó, a éstos también justificó…” ¿Cómo “justificarlos” antes de ser creados o nacer? Sencillamente, lo hizo en las proyecciones de su intelecto al trazar en su mente el plan de rescatar del dominio de Satanás a los seres humanos que se sujetarían al “designio de su voluntad”. A estos los justificaría, “no por obras” (Efesios 2:9), sino por la sangre de su Hijo, “destinado desde antes de la fundación del mundo” para ser el “cordero sin mancha y sin contaminación”, mediante cuya “sangre preciosa” serían “rescatados” (1 Pedro 1:18-20). “…estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Todo esto Dios lo determinó antes de crear cualquier cosa material, antes de crear al primer ser humano. Y determinándolo, lo dio por hecho, pues no era posible que su poderosa voluntad divina fuese frustrada. Entendemos que por esta simple razón el Espíritu Santo utiliza el pretérito “justificó”.

E.  “…y a los que justificó, a éstos también glorificó.”  Es decir, los ve en sus proyecciones como “glorificados ya”. No serían glorificados hasta no ser “transformados”, recibiendo un nuevo “cuerpo espiritual”, glorioso, poderoso, incorruptible e inmortal (1 Corintios 15:42-58). Pero, ya que esto ocurrirá ineludiblemente en el caso de todos los que permanecieran hasta el fin de sus días “fundados y firmes en la fe, y sin moverse de la esperanza del evangelio” (Colosenses 1:23), ¡se da por hecho! De cierto, se dio por hecho tan pronto Dios determinara hacerlo, allá “antes de la fundación del mundo”, antes de la creación de cualquier cosa, cuando planificó librar a los seres humanos del poderío de Satanás, es decir, a los que aceptarían su bondadosa oferta de “libertad”. “A libertad fuisteis llamados”, recuerda el apóstol Pablo a los gálatas (Gálatas 5:13). Y libertados, no volviendo a esclavizarse “de nuevo a los débiles y pobres rudimentos” (Gálatas 4:9), a las “contaminaciones del mundo” (2 Pedro 2:20-22), alcanzarían “la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21). ¡Serían glorificados! Esto Dios lo proyectó como realidad antes de siquiera existir el universo material.

Conclusión. A resumida cuenta, los cinco verbos pretéritos “conoció… predestinó… llamó… justificó… glorificó” describen acciones que Dios proyectó en su mente al planificar la redención y restauración de los hombres. Decidido él a tomarlas, se dieron por hechas. A esta realidad obedece el uso del pretérito. Está en proceso de cumplimiento todo lo proyectado por Dios “antes de la fundación del mundo”. Desde la creación del universo hasta el día de hoy vemos cómo la mano del Padre Creador está haciendo cumplirse lo que planificó con tanto esmero, amor y misericordia. En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:5-6).

Amigo lector, ¿figura usted entre los que Dios previo como seres que serían “aceptos en el Amado”, predestinados a “ser adoptados hijos suyos”?

 

La PREDESTINACIÓN tal cual enseñada en Efesios 1:4-12. VIDEO. Veinte diapositivas (imágenes compuestas de gráficas y texto) se utilizan para presentar este estudio.

El bautismo. Gran número de estudios e intercambios en esta Web.

Enseñanzas básicas del Nuevo Testamento sobre requisitos para salvación

Predestinados a ser hijos de Dios. Estudio 1. Efesios 1:4-5, 9-11; 1 Corintios 2:7 y 1 Pedro 1:20.

 

  

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.