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“Respeto”


www.msn.com  Delfines, en el mar cerca de Sur África. Fotografía por Greg Huglin.
El fotógrafo Greg Huglin, de Santa Bárbara, California, ha tomado miles de fotografías de delfines.
Las manadas, según él, pueden llegar a ciento cincuenta, o aún más. Dice que nunca ha visto
que los delfines colisionen el uno con el otro en el agua, a pesar de sus ejecutorias fantásticas.
¡Ojala los seres humanos no colisionaran tanto los unos con los otros! Una buena medida
de "Respeto" ayudaría a evitar muchos choques dolorosos, aun desastrosos.

 

I.  Introducción.

A.  Salutación.

B.  El tema del mensaje en esta ocasión se compone de una sola palabra, a saber: “Respeto”.

1.  ¿Le parece bueno este tema? ¿Relevante, importante para nuestro diario vivir?

2.  Iniciemos este mensaje con un pequeño ejercicio. Si dispone de papel y bolígrafo, favor de usarlos. Si no, puede realizar mentalmente el ejercicio. Qué cada dama y varón, cada joven y adulto, calcule rápidamente en su mente la cantidad de este noble sentimiento llamado “Respeto” que se halle normalmente en su corazón, espíritu y alma. El “respeto”, en términos generales, tratándose de todos los seres humanos; también de instituciones humanas tales como gobiernos, escuelas, universidades, empresas, matrimonios, hogares, iglesias, etcétera. Luego, de acuerdo a la cantidad que haya calculado honradamente, apuntar: “Ninguno –ningún respeto”; “Muy poco –muy poco respeto hay normalmente en mi corazón” (de ser así el caso); “Poco”; “Bastante”; “Mucho”; “Muchísimo –muchísimo respeto hay normalmente en mi mente y espíritu”. ¿Cuál de estos términos apuntó usted?

3.  ¿Acaso esté pensando que “Bueno, este predicador ya comenzó, aun en el primer minuto de su intervención, a plantear asuntos inquietantes, con implícitas críticas? ¿No le gusta ser inquietado? ¿Verse obligado al autoanálisis objetivo y honesto? ¿A escuchar análisis crítico alguno? Pues, a mí tampoco me agrada tanto, que digamos. Pero, pregunto: ¿Cómo crecer, mejorarnos, superarnos, pulirnos, madurar, como persona y ser espiritual, si no estamos dispuestos a someternos a ejercicios y disciplinas encaminados a tal fin? “Es verdad que ninguna disciplina al presente”, dice Hebreos 12:11, “parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible a los que en ella han sido ejercitados”. El buen propósito de la instrucción, corrección y disciplina impartidas en todo mensaje espiritual desarrollado conforme a las Sagradas Escrituras es este mismo: lograr el “fruto apacible de justicia” en todo oyente. El “fruto”, delicioso y saludable, de “paz para con Dios”, de “paz para la mente y el espíritu de uno mismo”. Poder tenerse a sí mismo por “justo” delante de Dios y los hombres; justificado, no por sus propias obras o méritos, sino a través de la obra redentora de Jesucristo en la cruz de Calvario. Por lo tanto, le ruego encarecidamente recibir de buena gana este mensaje sobre el “Respeto”, como también todo mensaje bíblico predicado desde este púlpito.

C.  Respetar a los demás seres humanos lo hacen gentes civilizadas. De manera que quien no respete a los demás se catalogaría como “incivilizado”, o “bárbaro”.

1.  Ahora bien, tristemente, abrumadoras evidencias atestiguan a que la “tasa de respeto” ha bajado, en el presente, en las culturas de Occidente, a un nivel peligroso, aun peligrosísimo. Estamos presenciando, y experimentando, con no poco dolor y consternación, el desarrollo de nuevas generaciones en las que un porcentaje alarmante de sus integrantes no respeta a nadie, ni siquiera a Dios mismo.

a)  Son como el “juez”, de la parábola de la viuda y el juez, la que contó Cristo, según Lucas 18:1-8. Aquel juez malo dijo: “…ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre”.

b)  En el presente, ¿no tienen muchísimos adultos, adultos jóvenes, adolescentes y aun niños chiquitos esa misma mentalidad agresiva y fría? ¡No temen a Dios, pese a que afirmen lo contrario, ni respetan a hombre alguno!

2.  Esta creciente “falta al respeto” se atribuye, en gran parte, al mal ejemplo de personas adultas que no merecen el respeto.

a)  Políticos, policías, empresarios, ejecutivos y oficiales de toda categoría, corruptos, deshonestos, inmorales.

b)  Padres blandengues, o malos, viciados, abusivos, crueles.

c)  Maestras y maestros ineptos, de mal carácter, de mala conducta, aun en el salón de clases.

d)  Y todavía peor, hay que añadir al listado sacerdotes, pastores, predicadores y evangelistas pederastas, adúlteros, avaros, mercenarios.

3.  Pero, amados hermanos y amigos, señalar y acusar a los tales no justifica el que uno mismo no tenga siempre un alto nivel de “respeto” en su corazón, mente y espíritu.

a)  De hecho, si quiero que haya más respeto en el mundo, me incumbe comenzar por respetarme a mí mismo, cosa que no hacen muchos, y luego tratar con respeto a los demás, lo merezcan o no. Con esta salvedad: respetar a todo ser humano, tratar a todos con deferencia, aun con reverencia; amar a todos, aun a los que toman la postura de enemigos, lo hace el cristiano maduro en el contexto espiritual, sin implicación alguna de que apruebe actitudes o acciones dañinas, pecaminosas.

b)  Así que, ¿con qué justificación descender yo a las llanuras donde las masas de gentes carentes, en gran medida, de atributos divinos no tienen respeto, haciéndome partícipe de su gran pecado, del terrible mal que hacen a la sociedad humana?

II.  Significados de “respeto”. Tengo a bien compartir con ustedes algunas definiciones de “respeto” encontradas en varios diccionarios, las que tendremos presentes al proseguir el desarrollo de este mensaje.

A.  “Consideración sobre la excelencia de alguna persona o cosa, sobre la superior fuerza de algo, que nos conduce a no faltar a ella, a no afrontarla. Miramiento. Atención.” (Diccionario Enciclopédico Vox 1, Derechos reservados. 2009. Editorial Larousse, S. L.)

B.  “Temor o recelo que infunde una persona o cosa.” (Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. Derechos reservados. 2007. Larousse Editorial, S. L.)

C.  “El acatamiento y la sumisión pueden producirse por la sola estimación de la fuerza o poder de los que respetamos.” (Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos de la Lengua Española Vox. Derechos reservados. 2007. Larousse Editorial, S. L.)

D.  Faltar al respeto: no guardarle la consideración debida, en especial al decirle una cosa poco apropiada. ‘El día que me falte al respeto me divorciaré’.” (Derechos reservados. 2009. K Dictionaries Ltd.) Este ejemplo de “faltar al respeto” abre paso a la aplicación práctica de estas definiciones a varios aspectos de nuestra vida.

III. El “respeto mutuo de los cónyuges en el matrimonio” es vital para el éxito matrimonial y la mutua felicidad.

A.  Dirigiéndose el apóstol Pablo, por el Espíritu, a los casados, escribe: “Por lo demás, cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido(Efesios 5:33). Qué le demuestre respeto en su forma de dirigirle la palabra, y por medio de cualquier acción que lo afecte. Desde luego, al marido le es imposible amar “a su mujer como a sí mismo” si no la respeta, y por consiguiente, no solo ha de respetar “la mujer… a su marido” sino que el marido ha de reciprocar, hasta con creces, el respeto tributado por su esposa a él.

B.  Casado, casada, ¿cuánto sincero “respeto mutuo” caracteriza su matrimonio? ¿Cuánta “consideración sobre la excelencia” de su cónyuge tiene usted? ¿Suele procurar usted tener presente en todo momento las cualidades excelentes de su pareja, o acostumbra enfocarse constantemente en su defectos, obsesionándose con ellos y permitiendo que acaben con el preciado respeto? ¿Puede florecer el amor donde no existe el respeto? ¿Puede? Ya usted sabe la respuesta. En tal caso, el único amor posible sería el amor eros, el amor erótico, y no el “amor completo”, el que hace del matrimonio una relación, una experiencia, sumamente gratificante.

C.  Faltar al respeto: no guardarle la consideración debida, en especial al decirle una cosa poco apropiada. ‘El día que me falte al respeto me divorciaré’.” Así leemos en el Manual de Sinónimos y Antónimos.

1.  Pero, ¿no sucede esto mismo comúnmente en los matrimonios? ¿Aun en matrimonios sólidos de cristianos leales al Señor? Que el esposo, en un momento de descuido, molestia o ira, diga alguna “cosa poco apropiada” a su esposa, faltando al respeto. O viceversa. ¿Justificaría tal falta el proceder enseguida al divorcio? ¿O al menos a la separación, sin divorcio? Opino que no, pues no estamos hablando de repetidos agravios demasiado severos, intolerables, violentos o crueles, sino de ofensas comparativamente pequeñas, de lapsos momentáneos de respeto. En este caso, arrepentirse, humillarse y pedir perdón es lo indicado, y no el divorcio, con sus concomitantes consecuencias casi siempre durísimas y dolientes para ambos cónyuges, y de haber hijos, pues tal vez aún más para ellos.

2.  Divorciarse enseguida por cualquier tontería, por insignificantes desacuerdos, o siquiera fuertes altercados, por disgustos personales o por incompatibilidad de carácter, está de moda en estos tiempos. “Gran falta de respeto por la institución divina del matrimonio” vemos en esta práctica tan popular. De hecho, la institución divina del matrimonio está siendo atacada dondequiera hoy día; criticada, debilitada, socavada, obviada, rechazada. ¿Con beneficios positivos para la sociedad? ¡Ni lo sueñe! Todo lo contrario: un espeluznante manojo abultado y variado de muchos males sociales, de enfermedades venéreas, de plagas tales como el SIDA, que privan a multitudes de las grandes bendiciones de un matrimonio bien llevado, eso es lo que palpamos.

D.  Abogamos, pues, por el fuerte respeto mutuo en cada matrimonio, y además, gran respeto por el matrimonio como institución originada y ordenada por el Creador mismo.

IV.  También abogamos por “el respeto mutuo entre novios”. No solo en su trato social, sino también en sus manifestaciones de amor el uno por el otro, y especialmente, en lo relativo al sexo. Qué el novio respete a su novia. Qué la novia respete a su novio. Qué se conserven sin tacha, llegando al día de contraer nupcias con almas limpias y corazones puros. Empezar, respetándose. Casarse, teniendo mutuo respeto. Conducir su matrimonio siempre con respeto el uno por el otro. Así, su pleno disfrute continuo de una sana y hermosa relación está virtualmente garantizado.

A.  Respetarse cada uno a sí mismo como ser proveniente de Dios. Como “espíritu” venido de Dios. Engendrado por Dios, el “Padre de los espíritus” (Hebreos 12:9).

B.  Respetar cada uno su propio cuerpo físico.

C.  Respetar cada uno el cuerpo físico del otro.

D.  Porque el cuerpo humano, siendo la creación suprema del Dios Creador, posee un grado de “excelencia” que merece respeto.

1.  Su Creador lo tiene como “sagrado”, y por consiguiente, también nos conviene a nosotros conceptuarlo de la misma manera.

2.  “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20). Es decir, le pertenecen. Son suyos antes de ser nuestros, y por ende, son realmente “sagrados”.

3.  El cuerpo físico del ser humano posee “excepcional excelencia” que amerita “gran respeto” no solo por su maravillosa forma y fabulosa constitución sino también por su grandiosa función como morada del alma y “templo del Espíritu Santo”. “¿O ignoréis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19). “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?(1 Corintios 6:15). Asimismo es el caso de todo cristiano fiel. En cuanto a todo ser humano, claramente se nos enseña que el cuerpo físico es la “morada terrestre” del alma, o espíritu (2 Corintios 5:1-9). ¿Cómo, pues, atreverse a no respetarlo? ¿A tenerlo por mero objeto para la gratificación sexual? ¿O como instrumento mayormente útil para saciar placeres dañinos, perjudiciales al cuerpo mismo, y además, a la mente y al espíritu? ¿O, como “máquina” para acumular riquezas perecederas en la tierra?

4.  Más respeto tienen algunos por la casa material donde residen que por el cuerpo físico en el que mora su alma. A la casa material suelen darle continuo mantenimiento. La limpian, eliminando cualquier contaminante. No permiten que se acumule en ella basura. La pintan. La tienen bien ordenada. En cambio, al cuerpo físico, infinitamente más valioso y glorioso que cualquier vivienda, lo descuidan. Y no solo eso, lo llenan de contaminantes nocivos –alcohol, humo de tabaco, estupefacientes, exceso exagerado de alimentos. Y como si fuera poco, introducen en él enfermedades engendradas por estilos de vida reprobados por el Creador del cuerpo. Explotan a su propio cuerpo físico, usándolo para propósitos malos. Así, evidencian que no lo respetan; no lo aman.

5.  Querido novios, “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18). De cierto, la rampante promiscuidad sexual, fornicación, adulterio y pornografía de nuestra época demuestran una espantosa falta de respeto por el fantástico cuerpo físico del ser humano. Los culpables de tan grande deshonra no pueden evadir muchas consecuencias trágicas de ella en esta presente vida terrenal, y si no se arrepienten, mayores serán las consecuencias de su falta de respeto en el más allá, donde recibirán justa retribución por el mal uso de lo que Dios tiene como suyo, como sagrado.

V.  Apliquemos a la organización de la iglesia este tema “Respeto”. Los “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10) merecen el debido respeto de todo cristiano. Los “buenos”, subrayamos. Los de otra categoría no deberían figurar siquiera como “administradores” de las obras de Dios.

A.  “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos” (1 Timoteo 5:17, 19). “Doble honor” es lo mismo que “doble respeto”, pues, ¿cómo “honrar” a quien no “respetemos”? Los que “gobiernan bien… que trabajan y predicar y enseñar”, recalcamos, son dignos de doble respeto. Por otro lado, los que no gobiernan bien, al igual que los que no trabajan, más les convendría dimitir.

B.  De no contar la congregación con “ancianos”, es decir, con “obispos” (1 Timoteo 3:1-8; Tito 1:3-9), también llamados “pastores” (Hechos 20:17-28), entonces honrar, respetar, tener en alta estima y sujetarse a los más maduros y experimentados “que ayudan y trabajan”, conforme a las directrices asentadas en 1 Corintios 16:15-16.

C.  ¿Respeta usted a los administradores de esta congregación? ¿A los predicadores, maestros y maestras? ¿Ayudamos en la obra, o no? ¿Trabajamos en predicar y enseñar, o no? ¿Gobernamos, administramos bien, o no? ¿Nos comportamos como es digno del evangelio, y digno de la confianza de ustedes los santos de esta congregación, o no? ¿Acaso tengamos que ser “perfectos en todo atributo, decisión o acción” para granjear su respeto? De ser así, ¡nunca lo tendremos!

D.  Ahora bien, si nos respeta, pese a nuestras imperfecciones, tal respeto implica “sumisión” a nuestras recomendaciones, directrices y decisiones, las que siempre deberían armonizar completamente con la Palabra inspirada del Nuevo Testamento. Los mandamientos de Cristo, dados a plenitud a través del Espíritu Santo, no los deberíamos cambiar jamás, pero su implementación en los cultos y las obras de la iglesia requiere que se tomen decisiones sobre particulares tales como “dónde reunirse, según qué horario, el orden del culto, a quiénes encargar de ministerios, cuáles medios a utilizarse para evangelizar, qué uso dar a las ofrendas”, etcétera, etcétera.

1.  Un ejemplo muy sencillo. Decidimos que la congregación se reúna cada miércoles, a las 7:30 p. m., para un devocional de alabanzas, seguido por clases bíblicas, con el propósito de honrar a Dios y adquirir todos los miembros más entendimiento e inteligencia espiritual. El miembro que bien pudiera cumplir, pero que decide hacer caso omiso, catalogando la decisión nuestra como arbitraria, protestando y refunfuñando,  ¿diríase que el tal nos respete? Juzgue usted.

2.  Y pregunto: ¿Respeta a Dios el cristiano que no respete, que no honre, a los que Dios mismo ha autorizado a administrar su obra en la tierra? Muy delicado y crucial este asunto, ameritando nuestra sobria consideración. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” (Hebreos 13:17).

VI.  Invitación. ¿Respeta usted a Dios? De veras, ¿lo respeta?

A.  Una de las definiciones de “respeto” es la siguiente: “Temor o recelo que infunde una persona o cosa”. ¿Infunde Dios “temor o recelo” en usted? ¿O es usted acaso como aquel juez de la parábola que dijo: “Ni temo a Dios, ni respeto a hombre”?

B.  Otra de las definiciones dice: “El acatamiento y la sumisión pueden producirse por la sola estimación de la fuerza o poder de los que respetamos”. Pues bien, Dios es la “personificación de toda fuerza o poder. Por lo tanto, si afirma usted en su corazón “respetar a Dios”, aun confesándolo con su boca, se supone que acate, sin demorar, su voluntad, haciéndose sumiso a él. “Acatamiento” y “Sumisión” son los frutos naturales y necesarios del verdadero “Respeto”, sincero y sin reservas. La “buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2) para todo ser humano es que cada uno crea en su Hijo Jesucristo, se arrepienta de todo pecado, confiese con su boca que Cristo es el Señor, y se bautice “para perdón de los pecados” (Marcos 16:15-16; Hechos 2:37-47). ¿Respeta usted a Dios, real y honestamente? Entonces, de no haber andado estos pasos, los tomará lo más pronto posible como demostración de verdadero respeto y amor hacia su Creador y Salvador.

 

 

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