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Estudio 1  Estudio 2  Estudio 3

“Oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca” en la iglesia

“…mire cada uno cómo sobreedifica”

1 Corintios 3:5-15

El templo edificado por Salomón en Jerusalén
El templo edificado por el rey Salomón en Jerusalén. Su diseño básico fue el mismo que Dios dio a Moisés en el monte de Sinaí para el tabernáculo. En la construcción del templo se usaron "piedras costosas, piedras grandes", muchísimo oro, bronce bruñido y gran cantidad de maderas de cedro, ciprés y olivo. Durante la Era Cristiana, "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas" (Hechos 17:24). Más bien, tiene en la tierra su "casa espiritual" (1 Pedro 2:4), el "edificio de Dios" (1 Corintios 3:9), cuyo "fundamento" es Jesucristo. Quiere que sobreedifiquen encima de este fundamento oro, plata, "piedras vivas", y no heno u hojarasca. Advierte: "cada uno mire cómo sobreedifica" (1 Corintios 3:11-15).

Estudio 4

1 Corintios 3:12-15

Los seis materiales –oro, plata, piedras preciosas, madera, heno y hojarasca- representan a seres humanos. No simbolizan resultados o productos de conductas personales, como tampoco obras caritativas.

-1 Corintios 3:12. “Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca…”

A.  El apóstol Pablo, trabajando como “perito arquitecto”, puso el fundamento de la iglesia en la gran ciudad de Corinto, allá en el Siglo I. ¿Cuál “fundamento”? “Jesucristo”, asentó Pablo en el versículo anterior, diciendo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. ¿Cuál, pues, es el “fundamento” del “edificio de Dios”, o sea, la iglesia? Recalcamos, para énfasis: “Jesucristo”, como “la principal piedra del ángulo”, y además, los apóstoles y profetas escogidos por Dios y su Hijo para la magna tarea de iniciar la edificación en la tierra del “templo santo en el Señor… para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:18-22). “Morada”, dicho sea de paso, espiritual, tratándose de la iglesia auténtica, es decir, de la que es edificada conforme al plano divino.

B.  Ahora bien, una vez proyectado un edificio, bien sea uno sencillo de una sola planta o un rascacielos de cuarenta plantas, y puesto el fundamento, si no se levanta ninguna estructura encima del fundamento, ¿qué utilidad o valor práctico tendría el proyecto? Lo mismo es aplicable al “edificio de Dios” en la tierra. Puesto el “fundamento”, es preciso edificar encima de él, siguiendo cuidadosamente las indicaciones del diseño celestial, para la plena realización del “templo santo en el Señor” en toda su gloria, majestad y belleza espiritual. A esto se debe que el apóstol Pablo trajera el tema de edificar encima del fundamento, con la grave advertencia: “…cada uno mire cómo sobreedifica”.

C.  “…y otro edifica encima…” (1 Corintios 3:10). “…si sobre este fundamento alguno edificare…” (3:12). Contextualmente, aquel “otro” que edificaba sobre el fundamento de la iglesia en Corinto sería Apolos. En el versículo 12, el vocablo “alguno” denota persona indeterminada. “…alguno…”, o sea, el obrero que sea, quienquiera que sea, cualquier cristiano que sea. Cualquiera que “edificare” sobre el fundamento.

D.  ¿Edificó Pablo mismo sobre el fundamento que él mismo puso? Se entiende que sí, ya que “se detuvo allí”, en Corinto, “un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18:11). “El Señor dijo a Pablo en visión de noche… tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9-10), deduciéndose no solo por esta revelación sino por evidencias en las epístolas dirigidas a la iglesia en Corinto que Pablo fuera instrumento usado para colocar a muchas personas sobre el fundamento del “edificio de Dios” en aquella ciudad. Así pues, aplicaría también a él lo que el mismo enseña sobre cómo sobreedificar, recompensas, pérdidas, etcétera.

E.  “…oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca…” Seis materiales a usarse, potencialmente, para sobreedificar encima del fundamento que es Jesucristo. Del “oro”, el más caro e imperecedero, hasta la “hojarasca”, el más barato y flojo.

1.  Metales caros, piedras preciosas y maderas resistentes fueron usados en la fabricación del tabernáculo, cuyo diseño fue dado a Moisés en el monte de Sinaí, su mobiliario y también los instrumentos usados en la ejecución de las ordenanzas de culto. A continuación, recopilamos los materiales mencionados en Éxodo 25:1-9. Oro, plata, cobre, madera de acacia, piedras de ónice y piedras de engaste. Salomón usó materiales semejantes en la construcción del templo en Jerusalén, según relata 1 Reyes 6. Maderas de cedro, madera de ciprés, madera de olivo, “piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro”; también “oro purísimo”. Se informa que en los demás edificios construidos por Salomón se usaron “piedras costosas, piedras grandes” (1 Reyes 7:1-12). En la fabricación del mobiliario del templo Salomón usó bronce, bronce bruñido, oro, oro purísimo (1 Reyes 7:13-51).

2.  Estando el pueblo de Israel en esclavitud en Egipto, usaban “paja” en la fabricación de ladrillos (Éxodo 5:5-19). La paja pertenece a la categoría de heno y hojarasca.

3.  Los seis materiales –“oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”- en el lenguaje retórico de Pablo son sinónimos de “la obra”mentada tres veces en el pasaje que estamos escrutando. “…la obra de cada uno…” (3:13). “…la obra de alguno…” (3:14 y 15). “…la obra de cada uno… de alguno…” ¿Cuál obra? La obra que es de oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca.

4.  ¿Qué representan “oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”? Al tener la respuesta correcta también sabremos el significado de “la obra”, ya que los seis materiales son, reiteramos, sinónimos con “la obra”. Afirmamos que representan a seres humanos. Que no son simbólicos de obras morales o inmorales, de obras buenas o malas, tampoco de obras caritativas, sino de personas traídas por la predicación del evangelio y colocadas sobre el “fundamento” del “edificio de Dios, donde forman parte de la estructura espiritual. Esta explicación, crucial para el entendimiento acertado del pasaje y su aplicación práctica, descansa en las siguientes consideraciones.

a)  Tanto el que sobreedificare encima del fundamento como lo que edifique será probado por “fuego”. Veamos. El sustantivo “fuego” aparece tres veces en los versículos 13, 14 y 15. En el 15, lo sometido al “fuego” es el ser humano, y no acciones morales u obras caritativas. “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” La cláusula clave, la pista para determinar acertadamente el significado de “oro, plata, piedras preciosas…”, es la porción ennegrecida. “…él mismo…” ¿Quién? “…alguno…”, cualquier obrero, cualquier cristiano, que sobreedifique. “…será salvo…” ¿Cuándo? Después de pasar la prueba del “fuego”. “…será salvo”, pero esta salvación la condiciona la frase “…así como por fuego”. ¿De cuál “fuego”se trata? ¿Del fuego del infierno o del fuego de las pruebas? Obviamente, del fuego de las pruebas, por la sencilla razón de que el que “será salvo” no pasará nunca jamás por el fuego del infierno.

(1)  Ahora bien, el fuego de las pruebas se aplica al ser humano, y no a acciones morales u obras de caridad. Las obras de esta categoría o son buenas o son malas, y punto. Las pruebas ni revelan ni cambian su naturaleza. En cambio, las pruebas de esta vida descubren sí la calidad de fe del cristiano, y por ende, de qué material espiritual está hecho este, que si de oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca. En cuanto al “fuego de las pruebas”, este concepto, este lenguaje, no son invenciones nuestras, encontrándose en textos bíblicos.

(a)  “Amados, no os sorprendías del fuego de prueba que os ha sobrevenido…” (1 Pedro 412).

(b)   “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo…” (1 Pedro 1:6-7). Así que, para ser “salvo”, es preciso soportar el “fuego de prueba”. Es necesario ser afligido “en diversas pruebas”, y estas pruebas son para la fe lo que es el fuego para el oro, a saber, agentes de purificación.

(c)  El bautismo en “fuego”profetizado por Juan el Bautista (Mateo 3.11), sería un bautismo en pruebas y sufrimientos, muy distinto al “bautismo en el fuego del avivamiento, de éxtasis, de clamores y alborotos” proclamado por pentecostales de actualidad. El significado verdadero de bautismo en “fuego”, Cristo lo expone, efectivamente, cuando dice a Santiago y Juan: “A la verdad, del vaso que yo bebo, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados…” (Marcos 10:37-40), refiriéndose, incuestionablemente, a la inmersión en pruebas y sufrimientos que ya estaba experimentando, “bautismo”, en sentido figurado, por el cual también pasarían los apóstoles después de Pentecostés.

(2)  “…salvo… como por fuego” significa, pues, salvo al ser purificado en el “fuego de prueba”. De manera que si el que sobreedifica encima del fundamento no soporta el fuego de las pruebas no será salvo. No solo ha de ser probada en el fuego su “obra” sino es menester que él mismo pase por el mismo fuego. Habiendo el apóstol Pablo puesto el fundamento del “edificio de Dios” en Corinto, comenzó él mismo a construir encima. Su obra estaba siendo probada por fuego, como también el propio Pablo. Él sería “salvo… como por fuego” al resistir hasta el fin las pruebas de su ministerio y, además, las pruebas personales a las cuales alude él en algunos de sus escritos, por ejemplo, el “aguijón en” la “carne”, el “mensajero de Satanás” que le abofeteaba, no accediendo el Señor quitárselo (2 Corintios 12:7-10). Pasando Apolos de Éfeso a Corinto, empezó a edificar encima del fundamento puesto por Pablo. Su obra sería probada en fuego, y también el propio Apolos. ¿Qué cosa edificaban los dos sobre el fundamento? Almas. Seres humanos convertidos a Cristo. ¿De qué material eran estos? ¿De oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca? El “fuego” de las pruebas lo revelaría, tal cual escribe Pablo en el versículo 13: “…por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”.

(3)  Mediante la expresión “…salvo… como por fuego” no se hace alusión alguna al dogma católico romano de purgatorio. Semejante lugar jamás aparece en las Sagradas Escrituras. Ni tampoco la idea de “purgarse los pecados” después de la muerte del cuerpo físico a través de ciertos castigos dictados por Dios para tiempo limitado, mitigando él, como se especula, la severidad del castigo y acortando el tiempo de acuerdo con el número de misas pagadas a favor del difunto.

(4)  Los protagonistas de la doctrina “salvo, siempre salvo” también piensan encontrar apoyo para su tesis en el versículo 15. Cometen un error mayúsculo de exégesis al interpretar “Si la obra de alguno se quemare” como referencia a obras malas de la carne. Argumentan, en síntesis: “¡Ah! Claro, yo como cristiano, puedo hacer malas obras, pero soy salvo comoquiera, siempre salvo, no importando las obras que haga, bien sean buenas o malas. Cristo me ha declarado salvo, salvación que no puedo perder. Cualquier obra mala mía será quemada en el fuego, pero yo seré salvo”. ¡Triste engaño! Infinidad de textos bíblicos advierten que el cristiano puede caer de la gracia. Por ejemplo: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4). Más claro no canta el gallo. Volvemos a hacer hincapié en que “la obra” de 1 Corintios 3:12-15 no engloba acciones morales, ejecutorias buenas o malas u obras de caridad sino que se trata de almas traídas a Cristo.

b)  Reafirmamos que “la obra de cada uno” en el pasaje bajo escrutinio es la que resulta cuando el obrero del Señor pone sobre el fundamento del “edificio de Dios” oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca, y que estos seis materiales simbolizan a seres humanos convertidos a Cristo y añadidos a la iglesia. Sostiene esta interpretación la simbología empleada en 2 Timoteo 2:20-21 en referencia a la iglesia. “Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” La “casa grande” es la iglesia; los “utensilios”son los miembros de la iglesia. Oro, plata, madera y barro definen, retóricamente, la calidad y utilidad de cada miembro.

c)  La misma maravillosa retórica el apóstol Pedro se vale de ella para enfocar y ensalzar lo grandioso de la iglesia. Dirigiéndose a los “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu” (1 Pedro 1:2) dice: “…vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual…” (1 Pedro 2:5). Salomón utilizó “piedras costosas, piedras grandes” en la construcción del templo. El rey Herodes el Grande mandó a utilizar gran cantidad de mármoles exquisitos en la reconstrucción del templo en Jerusalén, tremendo proyecto realizado durante la vida de Cristo y los apóstoles. Pero, Dios los sobrepasa por muchísimo, tanto que no hay comparación. ¡Edifica su “casa espiritual” con “piedras vivas”! Estas son los miembros de su iglesia, la fiel, la pura, la que él diseñó y su Hijo edificó. Esta elegante representación de la iglesia corrobora la explicación que estamos dando a “oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca” en 1 Corintios 3:12-15. “…piedras preciosas…” “…piedras vivas…” También “piedras costosas”, pues la sangre del Señor fue el precio pagado por ellas.

d)  La conclusión de esta investigación.

(1)  El oro, la plata y las piedras preciosas de 1 Corintios 13:12 representan a personas convertidas al Señor que, sometidas al “fuego de prueba”, bautizadas, en alguna etapa de su vida espiritual, en el fuego de pruebas y sufrimientos, se purifican cada vez más, crecen y se fortalecen más y más, permanecen pese a las pruebas, brillando con cada vez más fulgor, sosteniendo y adornando la “casa espiritual” de Dios, su “templo santo”, su “edificio”. Este grupo de convertidos también posee talentos excepcionales, los que, consagrados a Cristo, los capacitan para aportaciones grandes y excelentes al “edificio de Dios”.

(a)  Limitándonos a la obra del apóstol Pablo, sin relegar a segundo plano a los demás apóstoles, sabemos que él trajo a muchísimas personas a Cristo en muchos lugares del Imperio Romano del Siglo I. En sus escritos, algunas lucen como oro, plata o piedras preciosas, entre ellas: Timoteo, Tito, Epafrodito, Aquila, Priscila y tal vez varios de los que Pablo nombra en Romanos 16 y 2 Timoteo 4:9-22.

(b)  Estimado lector, ¿conoce usted hoy día a cristianos de tanta calidad y valor? ¿A cristianos de oro, plata o piedras preciosas?

(2)  Las maderas, particularmente, las maderas duras como el cedro, el ciprés y el olivo, también son bellas, valiosas y resistentes, pero no tanto como el oro, la plata y las piedras preciosas. Simbolizarían a convertidos de menos talentos, y menos resistencia al ser probados en fuego, pero que, sin embargo, podrían permanecer y ser útiles hasta el fin al tomar las medidas necesarias para su preservación espiritual. Con todo, el fuego voraz que no se apaga pronto ni fácil consume hasta las maderas duras y gruesas. Y este es el mismo fin trágico de algunos que son como “madera” edificada sobre el fundamento de la iglesia. Resisten mucho, sostienen bastante, pero a la larga ceden y se consumen en medio del fuego de pruebas que no logran soportar.

(a)  Para el apóstol Pablo, quizás Demas fuera de madera. Testifica el apóstol acerca de él: “Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica” (2 Timoteo 4:10). Trabajó con el ilustre Pablo, pero luego, no resistiendo la atracción del mundo,  abandonó a tan útil y valioso instrumento de oro como lo era aquel apóstol. “Madera” era Demas, consumida en las llamas del amor por lo mundano.

(b)  ¿Cuántos como Demas hay en la iglesia del tiempo presente?

(3)  De heno y hojarasca son los que confiesan el nombre de Cristo y se bautizan “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), pero se manifiestan incapaces de soportar el más mínimo “fuego de prueba”. Cualquier revés, por pequeño que sea, cualquier tentación, por somera o tonta que sea, cualquier ofensa, disgusto o decepción, y estallan en llamas, consumidos enseguida, sin dejar apenas rastro de su tiempo en la iglesia.

(4)  Respecto a la advertencia “cada uno mire cómo sobreedifica”, bien pudiera plantearse que el obrero tendría poco control sobre la calidad de las personas que son colocadas en el “edificio de Dios” como fruto de sus labores evangelísticas. En ciertos aspectos, diríase que esto es cierto. No faltan personas que engañan al obrero honroso del Señor, pretendiendo una conversión genuina cuando en realidad sus motivaciones, propósitos o agendas son totalmente egoístas, materiales, carnales. Usualmente, tales personas se manifiestan, más pronto que tarde, ser heno o pura hojarasca. Pero, estos casos no libran al obrero de la responsabilidad de preparar adecuadamente a los “materiales”, es decir, a las almas antes de colocarlas sobre el fundamento como parte de la estructura espiritual de Dios. De la manera que Salomón preparó a las grandes y costosas piedras antes de traerlas y colocarlas en el templo en Jerusalén, asimismo en la construcción del “edificio de Dios” el obrero competente ha de preparar a las personas, como “piedras vivas”, que integrarán la “casa espiritual” de Dios. Esto no quiere decir someterlas a exigencias de origen humano –por ejemplo, seis meses de clases para candidatos- sino instruirles conforme al evangelio de Cristo sobre lo que significa creer de verdad en el Señor, confesar su nombre, arrepentirse genuinamente y bautizarse, todo con el compromiso de ser fiel, perseverando en “la doctrina de los apóstoles” y santidad de vida hasta el fin. Envuelve motivar sana y bíblicamente, poniendo en primer plano la salvación del alma, y no ofreciendo lo que Dios jamás ha ofrecido, por ejemplo, prosperidad material y sanidad física perene. Orientar, aconsejar, inquirir y verificar hasta la medida necesaria para cumplir con el deber de evangelista, de obrero que sepa tener el cuidado de no traer a material cualquier, colocándolo precipitada y descuidadamente sobre el fundamento, sino materiales debidamente preparados. Siendo muy abarcador este tema, solo lo tratamos a manera de resumen conciso en el contexto de este “Estudio 4”.

Habiendo dado ya el significado de la mayor parte de los siguientes tres versículos, tenemos a bien añadir solo unas breves notas adicionales.

-1 Corintios 3:13. “…la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.”

-“…la obra de cada uno”se compone de las almas que cada uno trae al Señor. Lo que hace “manifiesta” la calidad de la obra es el “fuego de prueba”. Cada persona convertida a Cristo ha de ser sometida a este “fuego”, el cual revela su tipo de material, su valor, su resistencia.

-“…el día…” que declara, hace manifiesta o revela la calidad y valor de cada ser humano convertido a Cristo es el día cuando ha de atravesar el “fuego de prueba”. El día, o los días, o el tiempo cuando la prueba se presenta, tal cual un agresor beligerante, con puños cerrados, cara dura, ojos sobresalidos que echan chispas, aliento caliente, como el “fuego”. “…el día malo…” cuando el discípulo del Señor se encuentra acosado por las “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:10-20, particularmente el 12). Día peligroso. Tiempos excepcionalmente peligrosos cuando arrecia la batalla espiritual. Cuando es indispensable estar vestido “de toda la armadura de Dios”.

-1 Corintios 3:14.Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.”

-La “recompensa” en esta vida de ver permanecer su obra. La satisfacción de observar su permanencia, de saber que no ha trabajado en vano, que no ha malgastado energías y recursos.

-Cualquiera “recompensa” en el más allá que el Señor haya preparado para los obreros espirituales que se dedican a levantar el “edificio de Dios” en la tierra. Refiriéndose Pablo a sí mismo y a Apolos, escribió en 1 Corintios 3:8, versículo analizado anteriormente en esta serie de estudios: “Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

-1 Corintios 3:15.Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.”

-Si el alma que traigo, por el evangelio, a formar parte de la iglesia no resiste “el fuego de prueba”, y se quema, se consume en el fuego de las pruebas, es decir, muere espiritualmente, saliendo de la iglesia y perdiéndose en el mundo, yo también sufro pérdida –pérdida de energías y recursos, incluso del tiempo, invertidos en la persona –pérdida de la “recompensa”, cualquiera su naturaleza, que pudiera haber recibido, Sufro decepción, frustración, quizás desánimo, hasta una peligrosa amargura si no cuido sabiamente mi propia alma. Mi “pérdida” no sería, pues, insignificante. Pero, muchísimo mayor sería la pérdida del que se deja quemar en el fuego de pruebas, a menos que recobre a tiempo su vida espiritual en Cristo. Y suponiendo que nunca la recobre, entonces, las pérdidas para ambos serían irrecuperables.

Observaciones adicionales

Hoy por hoy, un sinnúmero de obreros que dicen estar trabajando por Dios edifican, espiritualmente, sin hacer caso a la advertencia “…cada uno mire cómo sobreedifica”. Siguen su propio diseño para la iglesia, movimiento o ministerio que levantan. Observamos, abrumados por su osada mundanalidad, que el diseño de la mayoría se centra en diezmos, tratos con Dios, prosperidad material, células, acumulación de riquezas terrenales, acaparamiento de títulos y fama personales, etcétera. Obviamente, su empeño agresivo y constante es aumentar el número de sus seguidores y simpatizantes, importándoles poco o nada la calidad o valor espiritual verdadero de estos. Con pena en el alma los clasificamos de “obreros fraudulentos” (2 Corintios 11:13), “hombres [y muchas mujeres] corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia” (1 Timoteo 6:3-5). Infinidad de enseñanzas bíblicas y evidencias fehacientes respaldan este análisis. Tal es nuestra convicción.

Amado lector, si le motiva, sobre cualquier otra consideración, el deseo puro de salvar su alma, quisiéramos animarle a andar los pasos bíblicos para alcanzarla. No solo creer en Cristo como Hijo de Dios y Salvador sino arrepentirse de todo error, de todo pecado, confesar con su boca que Jesús es el Mesías y bautizarse (sumergirse) en agua, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, “para perdón de los pecados”. Estos pasos se identifican claramente en textos tales como Marcos 16:15-16; Mateo 28:18-20; Hechos 2:37-47; 8:26-40; 22:16; 17:30-31 y 1 Pedro 3:21. Obedecer estos mandamientos divinos para ser añadido por Cristo a su iglesia (Mateo 16:18; Hechos 2:47), y no a una iglesia, ministerio o movimiento originado por quien ignore el diseño de Dios para su “casa espiritual”. Una vez integrado usted bíblicamente al “edificio de Dios” esforzarse para ser oro, plata o piedra preciosa. Luego, dedicarse a sobreedificar encima del fundamento verdadero conforme a las directrices asentadas en 1 Corintios 3:5-15 y pasajes parecidos. Así, su “recompensa” será grande en los cielos.

 

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