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“¿Cómo se maneja el dinero en una iglesia fiel a Jesucristo, según el Nuevo Testamento?”

“Evitando que nadie nos censure… procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:20-21). 

A.  Contando la ofrenda.

1.  Una vez recogida la ofrenda cada domingo, la misma debería ser entregada de inmediato, sin pasar por otras manos, a los miembros nombrados oficialmente para recibirla y contarla. La responsabilidad de que esto se haga correctamente corresponde a los administradores, o ancianos, de la congregación, y en particular, al hermano que dirige la reunión de los santos.

2.  Se nombra un mínimo de dos miembros de entera confianza para la tarea de contar la ofrenda de cada domingo. Estos, al recibirla, la contarán en un lugar seguro antes de abandonar el local. La cuentan un mínimo de dos veces, o las veces requeridas para que coincidan los totales, verificando la suma mutuamente y anotándola en un récord oficial de la congregación. Tanto hermanas como hermanos de buena reputación pueden desempeñar este ministerio. Miembros debidamente probados (1 Timoteo 3:10) que sean también contables o que trabajen en la banca figurarían entre los más cualificados para este ministerio.

3.  Quienes cuentan la ofrenda se la entregan al tesorero responsable de depositarla en la cuenta de la congregación.

4.  Aun cuando la congregación la compongan solo unos pocos miembros, conviene que por lo menos dos cuenten la ofrenda de cada domingo, el uno en presencia del otro. Esta regla se debería seguir pese a que los miembros sean todos familiares o que haya completa confianza entre ellos. El que sean de escasos recursos los dadores y, por ende,  poca la ofrenda, tampoco justifica obviar esta regla.

B.  Dónde guardar la ofrenda de cada domingo.

1.  Conviene depositar la ofrenda de cada domingo, en su totalidad, en una cuenta bancaria, archivando recibos en un lugar seguro, preferiblemente del lugar de reunión. Este paso se efectúa con diligencia, lo más pronto posible, por ejemplo, el lunes por la mañana después de cada domingo. Para evitar que se robe la ofrenda, o que se pierda por descuido. El hermano encargado de depositar las ofrendas ha de tomar, astutamente, precauciones para evitar ser víctima él mismo de robo. Precauciones tales como:

a)  No publicar a vecinos, familiares, amigos o compañeros de trabajo que él es quien porta las ofrendas.

b)  No dejar las ofrendas en su vehículo.

c)  No dejarlas al descubierto en su casa o cualquier otro lugar.

d)  Guardarlas en un lugar escondido hasta no lograr depositarlas.

e)  Tenerlas en su posesión personal el tiempo mínimo posible.

2.  Guardar en su casa, oficina, negocio, etcétera, las ofrendas cualquier hermano o familia expone al que lo haga a posibles sospechas, pese a que goce de buen nombre.

3.  Surgen ciertas problemáticas cuando la congregación se compone solo de unos pocos miembros de escasos recursos, pero aun así es importantísimo tomar toda medida posible para asegurar el uso bíblico y práctico de las ofrendas. Al observar que “surgen problemáticas”, pensamos en situaciones donde, por ejemplo, la cantidad recogida no amerita abrir una cuenta bancaria por resultar caros los cobros del banco por el mantenimiento de una cuenta pequeña, el costo de cheques, etcétera.

C.  Tesoreros. La congregación que nombra a por lo menos dos tesoreros procede sabiamente. Estos han de ser hermanos de intachable testimonio comprobado y de absoluta confianza.

1.  El sentido común dicta que por lo menos uno de los administradores, o ancianos, de la congregación debería servir como uno de los tesoreros.

a)  Para estar él plenamente informado en lo concerniente a las finanzas de la congregación y poder mantener al tanto a los demás administradores, o ancianos.

b)  Con el propósito de infundir confianza a la membresía, pues al saber esta que un hermano tenido por digno de integrar el liderato de la grey vela también personalmente por las ofrendas y su uso, seguramente estará más conforme y satisfecha.

2.  Referente a cualquier otro candidato para “tesorero”, repetimos la observación hecha ya sobre candidatos para el conteo de las ofrendas: miembros debidamente probados (1 Timoteo 3:10) que sean también contables o que trabajen en la banca figurarían entre los más cualificados para el ministerio de “tesorero”.

D.  Desembolsando fondos.

1.  Se establece una cuenta bancaria de tal forma que, para el retiro de fondos mediante cheques, o cualquier otro mecanismo, se requieran las firmas de dos de los tesoreros.

2.  Se evita, hasta la medida máxima posible, desembolsar dinero en efectivo.

3.  Al requerir alguna circunstancia que se desembolse dinero en efectivo, esto se haría solo con el conocimiento y la autorización de los tesoreros. Preferiblemente, con un recibo firmado por el recipiente del dinero, especialmente si se trata de algún servicio prestado o la compra de artículos para el local, etcétera, pero no en el caso de, por ejemplo, alguna emergencia médica, donativo a una persona o familia que esté pasando hambre, etcétera.

4.  En todo caso, el tesorero eficiente y responsable anota en los libros de la congregación todo gasto, bien sea por cheque o en efectivo.

E.  Dando informes a la congregación. Los administradores de una congregación fiel a Jesucristo, por pequeña o grande que sea, están en el deber de proveerle periódicamente información exacta, honesta y verificable independientemente, sobre la suma de las ofrendas y el uso específico de ellas.

1.  Ya sea verbalmente, o mediante estados de cuenta impresos.

2.  Preferiblemente, mensual.

3.  Este proceder es altamente recomendable para evitar críticas, murmuraciones o malas sospechas. “Evitando que nadie nos censure… procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres”, como dice el apóstol Pablo (2 Corintios 8:21).

4.  No habiendo varones cualificados para administrar la congregación, la situación se vuelve delicada y potencialmente difícil. En tal caso, se supone que algún evangelista con impecables credenciales espirituales bíblicas asesore la congregación, nunca enseñoreándose de ella sino siempre esforzándose para formar un liderato local capacitado para echar adelante la obra. Estas observaciones y recomendaciones se fundamentan en el proceder de evangelistas tales como Pablo, Timoteo y Tito, cuyos trabajos se analizan en algunos de los estudios disponibles en www.editoriallapaz.org/salon_estudios_avanzados.html/.

 

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