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Diezmos: estudios e intercambios en esta Web

Antigua ley abolida: estudios e intercambios en esta Web

 

“Porque ha parecido bien al ESPIRITU SANTO y a nosotros, no imponerles ninguna carga…” (Hechos 15:28)

Mensaje para pastores, evangelistas y maestros judaizantes que enseñan el DIEZMO, guardar el séptimo día, abstenerse de alimentos o cualquier otro mandamiento de la antigua ley dada en el monte de Sinaí.

Lector de nuestro sitio nos envia observaciones sobre el diezmo, con abundantes explicaciones y argumentos

Pastores judaizantes piden el diezmo, haciendo caso omiso a la abolición del diezmo en la cruz, pues la antigua ley de Sinaí fue clavada en la cruz.

Enseñar a diezmar, guardar el séptimo día y abstenerse de alimentos conforme a la ley de Moisés es judaizar. Judaizar es desligarse de Cristo y caer de la gracia, según Gálatas 5:4, porque la antigua ley dada en Sinaí fue clavada en la cruz (Colosenses 2:13-17; Hebreos 7:12; 8:6-13). Haciendo caso omiso a estas verdades, la inmensa mayoría de los pastores, evangelistas y meastros de actualidad explotan a las masas de creyentes, insistiendo en el diezmo. Millones largos de adeptos diezman porque ignoran doctrinas bíblicas sobre estos temas y porque su temor desmedido a los pastores los convierte, emocional y mentalmente, en esclavos de estos. Lea este estudio, se lo suplicamos, y ¡líbrese!

[Querido lector, estimada lectora, recibimos el siguiente escrito por correo electrónico de parte de una persona que tuvo a bien visitar nuestro sitio de Internet editoriallapaz.org. Encontrando este servidor en el estudio numerosos puntos y enfoques no hallados en otros materiales relacionados en esta Web, decidí publicarlo. Tomé la confianza de añadir el título y los subtítulos arriba, como además, la fotografía con el texto acompañante.. Le animo a leer cuidadosa y objetivamente este escrito, pues en él se pone de relieve la judaización practicada tan comúnmente por muchísimos líderes religiosos de actualidad. A continuación, el texto del escrito.]

Comentario contra los judaizantes (diezmos, días de reposo, etcétera)


Abraham diezma al sacerdote Melquisedec, un precedente que concluye en la ley.

Este evento se encuentra en Génesis 14:18-20. Y fue de esta manera: “Entonces Melquisedec, rey de Salen y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo diciendo: bendito sea Abraham del Dios altísimo, creador de los cielos y de la tierra, y bendito sea el Dios altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de todo.” Este evento entre Abraham y Melquisedec fue un precedente que más luego concluyó como ley en el monte Sinaí para el pueblo de Israel (Levítico 27:30-34; Números 18:21; Deuteronomio 14:22-29). El patriarca Abraham no fue bendecido por que diezmó, sino porque era el que tenía las promesas (Génesis 14:18; Hebreos 7:6). Las bendiciones en el caso del diezmo solo aparecen en la ley, para el pueblo judío y para los hijos de Leví que reciben los diezmos (Deuteronomio 14:29; Malaquías 3:6, 9,10, 12; Levítico 27:34). Nadie del pueblo de Israel, en todo el antiguo pacto y hasta el día de hoy, ha diezmado basándose en el evento de Abraham y Melquisedec. Todas las tribus y colonias de Israel, tanto en el antiguo pacto, como en la dispersión judía, diezmaban por la ley, no por el diezmo abrahámico. Muchas colonias no diezman en espera de que se restablezca el Sacerdocio Levítico y el nuevo Templo. El patriarca Abraham no diezmó de sus riquezas que tenía en el Neguev, a cargo de su mayordomo Eliezer (Génesis 12:5, 9, 16; 13:1-2; 15:2) sino del botín recuperado en la derrota del rey Quedorlaomer (Génesis 14:17-20; Hebreos 7:4).

En el libro de Números es donde aparece por primera vez la ordenanza de que los diezmos de Jehová (Levítico 27:30-33) sean transferidos por heredad a los hijos de Leví, por cuanto ellos no tienen heredad entre los hijos de Israel; y que el diezmo de los diezmos sería presentado a Dios como ofrenda mecida, que sería contado como grano de la era y como producto del lagar (Números 18:21-28; Deuteronomio 14:22, 27, 29;  26:12).

Indiscutiblemente, el diezmo fue hecho ley y es por tal razón, que todas las amonestaciones hechas al pueblo de Israel con relación a los diezmos nunca fueron basadas en el evento entre Abraham y Melquisedec, sino por la ley. Cuando Dios Jehová amonestó a los hijos de Israel, por medio de Malaquías, no se basó en el diezmo de Abraham con Melquisedec, sino por el diezmo de la ley. Los que dicen que el diezmo no es de la ley, le hacen mentiroso. Cuando nuestro Señor Jesucristo habló de los diezmos, no se basó en el diezmo de Abraham con Melquisedec, sino que también lo enmarcó en la ley (Mateo 23:23). Los que dicen que el diezmo no es de la ley, hacen mentiroso a nuestro Señor Jesucristo.

Debe reconocerse esta salvedad: que el evento entre Abraham y Melquisedec es primero que la ley en cuanto al orden de cronología, pero en cuanto al modo de ejecutoria indefectible, es el de la ley; porque el primero carece de  registro autoritario, mandatorio u obligatorio, mas el segundo sí.  El evento de Abraham y Melquisedec, así como la promesa de Jacob, de que le daría el diezmo a Dios de todo lo que él le diere, no derivó en consecuencia de costumbre o tradición alguna, porque ninguno de sus hijos lo guardaron, ni su descendencia, hasta que el Dios del cielo lo hizo ley por medio de Moisés, y solamente para Israel.

Abraham ofrece el diezmo del botín al sacerdote Melquisedec.
El patriarca Abraham ofrece el diezmo del botín de guerra al sacerdote Melquisedec, tipo de Cristo. ¿Significa su acción que los cristianos debieran diezmar? Diferencias notables entre Melquisedec y Cristo se resaltan en este estudio.

 

Hay un recurso intencionado para someter a los gentiles a judaizar (en este caso a diezmar), y es que identifican a Melquisedec como teofanía de Cristo (Cristo en otra forma). Teofanía significa: manifestación de la “Deidad”. En Jesucristo “habita corporalmente toda la plenitud de la “deidad”, mas no así en Melquisedec. Abraham no adoró a Melquisedec (Génesis 14:18-20). Los apóstoles adoraron a Jesucristo (Mateo 2:11; 14:33; 29:9; Lucas 24:52; Juan 9:38). Nótese algunas diferencias: Melquisedec no es el verbo de Dios; no derramó sangre por nosotros; no está sentado a la diestra del Padre. Jesucristo es Dios fuerte y Padre eterno (Isaías 9:6); Jesucristo es igual a Dios (Filipenses 2:6) porque él es Dios (Juan 20:28; Isaías 9:6). Melquisedec no es el nombre que es sobre todo nombre; no es el Hijo de Dios. ¿Se doblará toda rodilla delante de Melquisedec o de Jesucristo? ¿Resucitó Dios a Melquisedec o a Jesucristo? La Biblia dice que en él, y por él, y para él fueron creadas todas las cosas, las visibles e invisibles, y que sin él  nada de lo que ha sido hecho fue hecho. También dice: “…en el mundo estaba, y el mundo no le conoció, y el mundo por él fue hecho”. ¿Y quién es él? ¿Melquisedec o Jesucristo? ¿Es Melquisedec el gran pastor de las ovejas por la sangre del pacto eterno? (Hebreos 13:20) ¿Es Melquisedec el resplandor de la gloria de Dios? ¿O es la imagen misma de Dios? (Hebreos 1:3). Jesucristo es Dios (Juan 20:28). Melquisedec no es Dios. Etcétera, etcétera. Algunos tienen la osadía de enseñar que Melquisedec es Jesucristo. [Nota del administrador de editoriallapaz.org: Se recomiendan estudios sobre Deidad-Trinidad en www.editoriallapaz.org/deidad_desglose.htm]

 

Dan diezmos millones de creyentes que ignoran la abolición del diezmo en la cruz.
Dan diezmos millones de creyentes que ignoran la abolición en la cruz de leyes sobre diezmar que atañían solo al pueblo de Israel bajo el Antigo Testamento. Cada mes, a través del mundo, enormes sumas de dinero son depositadas en manos de pastores y evangelistas judaizantes que no entienden, o ignoran voluntariamente, la abolición del sacerdocio levítico, y consiguientemente, también la del diezmo.

 

Otro recurso que utilizan como sugestión para someter a diezmar (judaizar) al redimido por la sangre de Cristo, es la acusación: ¡No debes robarle los diezmos a Dios; maldito sois con maldición! (Malaquías 3:9). ¡HIPOCRITA! ¿Acaso no nos redimió Cristo de la maldición de la ley? (Gálatas 3:13) ¿Acaso no crucificó Cristo toda maldición en la cruz del Calvario? ¿Porqué le dices maldito sois con maldición, si tú no cumples con Malaquías 4:4? Si tú enseñas a Malaquías y no cumples con Malaquías, el que está bajo maldición eres tú, pastor. Acuérdate de los judíos y la ley (Romanos 2:17-24).  Si tú lees en Romanos 8:1, donde dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”.  ¿Por qué lo condenas? “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:12).

Amada oveja de Dios, hace dos mil años, antes de la destrucción del templo y de la dispersión judía, hubo un concilio en Jerusalén, una reunión extraordinaria, realizada por los apóstoles de Jesucristo, con  los ancianos de la Iglesia genuina de Cristo, donde se determinó que los gentiles no tienen que guardar la ley de Moisés ni la circuncisión. Los apóstoles, los ancianos y la iglesia, escribieron una carta y la enviaron con Pablo, Bernabé, Silas y Judas (de sobrenombre Barsabás), y  por medio de éstas personas llevaron la carta a todas las iglesias de entre los gentiles en Antioquía (Hechos 15:27). La carta dice así: “Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley. Nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.” (Hechos 15:23-31).

-Nótese que dice: “…se regocijaron por la consolación”. Esto muestra que las primeras iglesias de entre los gentiles, del tiempo de los apóstoles, eran libres de la ley; y por ser libres de la ley, no tenían porque diezmarle al sacerdocio levítico que recibía los diezmos. Y si no diezmaron al sacerdocio levítico, mucho menos al sacerdocio de Cristo que los redimió de toda maldición. El apóstol Pablo y Silas llevaron esta carta acordada por los apóstoles y los ancianos (Hechos 16:4) a muchas ciudades y provincias tales como: Siria, Cilicia, Derbe, Listra, etcétera. Y así las iglesias fueron confirmadas en la fe, no en la ley. (Hechos 15:41; 16:1-5).

-“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga…” (Hechos 15:28). El criterio de someter a judaizar a los gentiles quedó sepultado para siempre en aquel concilio, por el designio de Dios, ya que la frase “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga…” es el sello de Dios y del Hijo, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios (Hechos 5:3-4) y el Espíritu de Jesucristo (Gálatas 4:6; 2 Corintios 3:17) y Jesucristo es  Dios (Juan 1:1; 20:28; Isaías 9:6; Filipenses 2:6) [Nota del administrador de editoriallapaz.org: Se recomiendan estudios sobre Deidad-Trinidad en www.editoriallapaz.org/deidad_desglose.htm]. Partiendo de la decisión tomada en este concilio y más aun con la aprobación del Espíritu Santo, toda sujeción que pretenda judaizar a los gentiles queda totalmente anulada. Esto incluye el diezmo y el día de reposo. Ningún judío diezmó por el evento de Abraham y Melquisedec, sino por la ley. Todos los profetas vivieron el régimen del sacerdocio levítico (la ley). Todas las amonestaciones con respecto al diezmo fueron basadas en la ley. Nehemías y Malaquías vivieron el régimen del sacerdocio levítico (la ley); tenían todo el derecho de reclamar los diezmos porque estaban bajo el régimen del sacerdocio levítico (la ley). La amonestación del Padre en la carta de Malaquías (Malaquías 3:7) y la amonestación del Hijo a los fariseos (Mateo 23:23) fueron basadas en la ley.

 

Decenas de miles de pastores y evangelistos a través del mundo se llenan de dinero a expensas de seguidores y simpatizantes engatusados.
Decenas de miles de pastores y evangelistos a través del mundo se llenan de dinero a expensas de millones de ingenuos creyentes engatusados. No pocos simpatizantes de estos mercaderes religiosos diezman y ofrendan motivados materialmente por la ilusión de recibir a cambio diez veces más de lo invertido. ¿Hasta cuándo seguirán estas multitudes sirviendo al dios del dinero?

 

Pastor de estos tiempos de apostasía, tú que usas Malaquías 3:9-10, ¿guardas tú Malaquías 4:4? Tú que usas Nehemías 10:1-39, ¿guardas tú Nehemías 10:29? Tú que usas Levítico 27:30, ¿guardas tú Levítico 19:37; 20:22? Tú que usas Números 18:21, ¿guardas tú Números 36:13? Tú que usas Deuteronomio 14:22 y 26:1-19, ¿guardas tú Deuteronomio 27:1; 27:8-10; 27:26; 28:1; 32:46-47? Tú que usas 2 Crónicas 31:2-21, ¿guardas tú 2 Crónicas 31:3, 4 y 21?

Si tú que enseñas las cosas del sacerdocio Levítico (la ley) y no eres cumplidor de la ley, el que está bajo maldición eres tú, pastor, por estar sometiendo a judaizar a los gentiles, que son redimidos por la sangre de Cristo (Gálatas 2:11-14).

Todo este breve recuento es para quitar la osadía a un grupo de habladores contumaces (engañadores), que se hacen llamar reverendos, y que han tenido el atrevimiento descarado de decir y asegurar que el que no diezma, posiblemente tenga en juego la salvación de su alma. ¡Qué deprimente! Y saber que están en altas posiciones, perteneciendo o dirigiendo seminarios, concilios, asociaciones pastorales, instituciones, y haciéndose llamar ministros de la palabra de Dios.

Nuestro señor Jesucristo dijo: “¡Ay del mundo por los tropiezos! porque necesario es que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Mateo 18:7).  El apóstol Pablo en su indignación contra los judaizantes, en la carta a los Gálatas, dijo: “Mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea” (Gálatas 5:10). La mayor parte de las iglesias se mueven por el favor de los hombres ($$$$$$) (Gálatas 1:10), y no por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14). Nuestro Señor Jesucristo dijo: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran teniendo como doctrina mandamientos de hombres” (Mateo 15:8-9). Esta cita fue escrita por el profeta Isaías (Isaías 29:13) y confirmada por Cristo (Marcos 7:6-13). Mas aún sigue vigente hasta hoy, con más fuerza, porque de ella pende el arropamiento de la apostasía, para dar paso al anticristo (2 Tesalonicenses 2:3). Hoy en día, estamos atestados de falsas doctrinas y de mandamientos de hombres en concilios y seminarios, instituciones mundiales –el catolicismo, la gran babilonia, ministerios mercaderes (2 Pedro 2:2-3), etcétera.

Un ejemplo de judaización. Dios mandó que los gentiles no tienen que guardar la ley de Moisés (Hechos 21:24-25; 15:5, 24, 28-29). La ley de Moisés manda a no comer alimentos inmundos (Levítico 11:1-47), pero el sacerdocio de Cristo dice: “Porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracia, porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado” (1 Timoteo 4:4-5). Pero los judaizantes anulan el  mandamiento del sacerdocio de Cristo y persisten en el de la ley (sacerdocio levítico). Una denominación judaizante en este específico caso son los adventistas del séptimo día.  Ellos prohíben alimentos tales como: conejo, pato, cerdo, etcétera, basándose en la ley de Moisés. El apóstol Pablo profetizó sobre estas doctrinas, enmarcándolas en la apostasía, diciendo: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó, para que con acción de gracias participen de ellos los creyentes, y los que han conocido la verdad” (1 Timoteo 4:1-3). El apóstol Pablo dio muestra de un ejemplo de apostasía, de cómo los judaizantes introducen la ley al creyente gentil (la esclava persiguiendo a la libre, los judaizantes persiguiendo al redimido (Gálatas 4:29, ver Génesis 21:9). Pues, de la misma manera que este ejemplo, también lo es para el diezmo y para el día de reposo, pues ambos son de la ley.

Aunque a muchos pastores no les guste o no lo quieren aceptar, o simplemente se hacen los bobos, Dios ordenó el diezmo en la ley y solo para Israel (Deuteronomio 14:22-29; 18:1-8; etcétera). No existe ninguna cita bíblica que envíe a los gentiles a diezmar, ni a guardar día de reposo, ni a guardar la ley de los alimentos inmundos, etcétera. Nuestro Señor Jesucristo no recibió diezmo alguno de sus discípulos ni de sus apóstoles. La apertura de la iglesia de Cristo fue el día de Pentecostés. Ciento veinte galileos recibieron el Espíritu Santo [Nota del administrador de editoriallapaz.org: En realidad, solo los doce apóstoles fueron bautizados en el Espíritu Santo en Pentecostés. Considerar estudios al respecto en www.editoriallapaz.org/espiritu_santo_lista_recursos.htm],  y a partir de este acontecimiento hasta el día de hoy, no hay registro alguno de que la iglesia  de Cristo haya contemplado los diezmos del Sacerdocio Levítico. Ningún apóstol recibió diezmo de la congregación; ni las iglesias fundadas por el apóstol Pablo y sus compañeros fueron sometidas a diezmar. No existe mandamiento alguno que envíe a los gentiles a diezmar, ni por el evento de Abraham y Melquizedec, ni por la Ley (sacerdocio Levítico). Cada vez que se usa la Ley (sacerdocio Levítico) para someter a judaizar a los gentiles, se está apostatando de lo establecido por el Espíritu Santo y los apóstoles en el concilio de Jerusalén (Hechos 15:5, 24, 28-29; 21:24-25), y los que tales cosas enseñan acarrean maldición para sí mismos (no las ovejas), sino el pastor que judaíza a las ovejas (Gálatas 5:10; 1:6-9; 2:11-16; Tito 1:10-14; 3:9; 1Timoteo 4:1).

El apóstol Pedro fue reprendido porque obligaba a los gentiles a judaizar (Gálatas 2:11-14). Las iglesias del tiempo del apóstol Pablo fueron confirmadas en la fe (Hechos 15:30-32,41; 16:4-5); nunca fueron sometidas a judaizar (Hechos 15:5,24, 28-29; 21:24-25). El apóstol Pablo ordenó las ofrendas voluntarias en las iglesias, nunca el diezmo (1 Corintios 16:1-5).

Nosotros no somos del sacerdocio Levítico, sino del sacerdocio de Cristo quien nos redimió de toda maldición y nos hizo libres (Gálatas 3:13).

La única y soberana forma (voluntaria) de ofrendar en las iglesias entre los gentiles, la ordenó y generalizó el apóstol Pablo, primeramente en las iglesias de Galacia, y luego a los Corintios (1Corintios 16:1-4). También los de Macedonia y Acaya (Romanos 15:26, 31). Y desde entonces ha sido y es el único modelo de ofrendar en todas las iglesias de Cristo entre los gentiles. Cabe preguntarse: ¿Por qué el apóstol Pablo no aprovechó tan excelente oportunidad para hablar de los diezmos a los gentiles en 1 de Corintios 16:1-4? La respuesta es: “El concilio en Jerusalén” (Hechos 15:1-32). Los gentiles no deben judaizar (Gálatas 2:11-16).

Nosotros estamos seguros delante de Dios que ningún pastor, ni evangelista, ni apóstol, ni maestro, ni profeta, ni obispo, ni diácono, ni anciano, cualquiera que sea, no cumple con Malaquías, ni Levítico, ni Números, ni Nehemías, ni Deuteronomio, ni 2 Crónicas, ni ningún otro libro del sacerdocio Levítico. Porque todos estos libros ordenan a guardar todas las leyes, preceptos y ordenanzas dadas por Moisés en el Monte Sinaí, y ninguno cumple con la Ley (Juan 7:19; Hechos 15:10; Gálatas 6:13); y no es juicioso enseñar lo que no se vive ni se hace.

Nuestro Señor Jesucristo dijo a los judíos: “No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley” (Juan 7:19).  El apóstol Pablo dijo: “Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley” (Gálatas 6:13). El apóstol Pedro dijo: “¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” (Hechos 15:10) Es evidente que si el pueblo judío no pudo cumplir la Ley, mucho menos los gentiles. Y si en el caso de que se tuviera que guardar los diezmos en la Ley, ¿por qué los diezmos no son llevados a Israel para ser entregados al sacerdocio Levítico, ya que éstos son los únicos que por heredad y mandamiento de Dios, deben recibir del pueblo los diezmos? (Números 18:21, 24; Hebreos 7:9; 2 Crónicas 31:4-12; Deuteronomio 14:22-29; 18:1-7, etcétera)

Nuestro Señor Jesucristo dejó constancia de que el diezmo es de la ley (Mateo 23:23 y Hebreos 7:5). El Espíritu Santo y los apóstoles ordenaron en el concilio de Jerusalén, que los gentiles creyentes no tienen que guardar la ley (Hechos 15:5, 24, 28, 29 y 21:24, 25). Aplicar los diezmos del sacerdocio Levítico a los gentiles, usando la ley, es someter a judaizar a los gentiles (Gálatas 2:11-14), y esto es una grave desobediencia a Dios. No existe ninguna cita bíblica en el Sacerdocio de Cristo que envíe a los gentiles a diezmar.

En este comentario hemos demostrado que el diezmo es de la ley. Cientos de pastores, teniendo la conciencia cauterizada (como diría el apóstol Pablo) someten a judaizar a los redimidos por Cristo. El fin de los cuales será conforme a sus obras. Pero todo esto no va a detener a los judaizantes, porque la apostasía tiene que cumplirse, para luego dar paso al anticristo (2 Tesalonicenses 2:3). El propósito de este comentario lleva en sí mismo una voz de alerta a los judaizantes, sabiendo que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. También tiene por finalidad libertar, edificar y contribuir con la sana doctrina del evangelio, apoyada en el fundamento de la doctrina de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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