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Diezmos u ofrendas voluntarias. Muchos estudios e intercambios en esta Web.

Federico plantea que el Señor ordenara, en 1 Corintios 9:13-14, que los que proclaman el evangelio vivan de diezmos.

Sacerdotes levíticos “trabajan en las cosas sagradas” del templo en Jerusalén, teniendo derecho de comer “del templo”, de participar “del altar”, de recibir diezmos conforme a las estipulaciones de la ley mosaica. ¿Enseña su proceder que obreros de la iglesia del Señor tengan derecho de imponer diezmos a los feligreses, derecho de vivir de diezmos?

Sacerdotes levíticos “trabajan en las cosas sagradas” del templo en Jerusalén, teniendo derecho de comer “del templo”, de participar “del altar”, de recibir diezmos conforme a las estipulaciones de la ley mosaica. ¿Enseña su proceder que obreros de la iglesia del Señor tengan derecho de imponer diezmos a los feligreses, derecho de vivir de diezmos?

 

Don Federico escribe…

"Después de haber estudiado sus comentarios sobre los diezmos, creo muy humildemente que usted está ignorando acerca del mandamiento que ordenó nuestro Señor Jesucristo, registrado en 1 Corintios 9:13-14. Cito el 14. ‘Así también ordenó el Señor que los que proclaman el evangelio, vivan del evangelio.’ Ahí el apóstol Pablo, en el contexto de los versículos, hace mención al sistema económico de los que sirven al altar. Ahí está él enseñando que el mismo Jesús menciona que los que servían del altar bajo el antiguo pacto, quienes recibían los diezmos y ofrendas, como usted mismo ha enseñado en su estudio concienzudo acerca de los diezmos, según Hebreos, que los levitas recibían del altar. Según la lectura del capítulo 9:13-14, el Señor Jesús ORDENA, digo en mi humilde opinión. ¿Quiénes somos nosotros para desobedecer una ordenanza que Jesús nuestro Señor nos dio, por razones de que hoy en día hay personas que con astucia están detrás del dinero del pueblo? Me gustaría saber acerca de esta ordenanza del Señor. Gracias." Federico

Algunas explicaciones

Estimado Sr. Federico, sea la gracia de Dios con usted. Gustosamente, respondemos a su petición de comentar lo que ordenó el Señor respecto al sostenimiento para obreros en la iglesia.

En la aplicación que hace usted de 1 Corintios 9:13-14 a la iglesia, posiblemente no haya tomado en cuenta dos o tres hechos básicos. Leamos de nuevo el pasaje. “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”

En el versículo 13, ¿a qué “templo” se hace referencia? Incuestionablemente, al gran templo de los judíos que aún existía en Jerusalén cuando el apóstol Pablo escribió su epístola a la iglesia en Corinto. Veamos las evidencias.

1. La terminología “…las cosas sagradas…” la interpretamos como una referencia implícita al mobiliario del templo judío. Se califican de “sagradas”, y deducimos que se trata de lo sagrado para Dios. Por ende, no serían las cosas tenidas por sagradas en templos dedicados a ídolos. En el atrio de aquel templo en Jerusalén, en su Lugar Santo y Lugar Santísimo, había varios muebles sagrados: el altar de holocaustos, la fuente, el altar de incienso, la mesa de los panes de la proposición, el candelero con sus siete lámparas, el arca del testimonio, el propiciatorio y los querubines encima del arca.

2. Los sacerdotes levíticos trabajaban en aquellas “cosas sagradas”del templo en Jerusalén. Sacrificaban animales sobre el altar de holocaustos, cada siete días ponían panes sin levadura sobre la mesa de la proposición, mantenían las lámparas encendidas día y noche y quemaban incienso.

3. Aquellos sacerdotes comían “del templo”, pues la ley de Sinaí les concedía el derecho de comer porciones de los holocaustos y los panes sin levadura. Servían al altar de los holocaustos, participando de lo ofrecido en sacrificio conforme a la ley de Moisés.

4. Los sacerdotes levíticos que oficiaban en el templo en Jerusalén también tenían derecho a los diezmos de cada tres años.

Compilación en esta Web de leyes sobre diezmos en el Antiguo Testamento

5. Cierto es que la iglesia se identifica en el Nuevo Testamento como “un templo santo en el Señor”(Efesios 2:20-22), pero Dios no ha ordenado para ella cosas materiales sagradas, algún mobiliario sagrado, que guardaran similitud a las que había en el templo judío. Ni tampoco se halla en las directrices divinas para el sostenimiento de sus obreros el concepto de comer ellos de la iglesia, como si fuera que la iglesia mantuviera altares físicos o alfolíes (almacenes) de comestibles.

6. Igualmente, se dice que los cristianos tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo” (Hebreos 13:10). Pero, todo cristiano espiritual y entendido comprende que el “altar” aludido no es físico, sino metafórico, tratándose del cuerpo y la sangre de Cristo, los cuales comemos, en sentido espiritual, al participar de la cena del Señor. Curiosamente, muchas iglesias se empeñan en tener sus “altares materiales”, identificando alguna área de su edificio como “el altar”, o diciendo “altar” a la tarima y el púlpito. Fascinadas por el sacerdocio y las “cosas sagradas” de la antigua ley de Moisés, no logran desligarse de lo que Dios mismo ha declarado cambiado, abolido, quitado de en medio y clavado en la cruz (Colosenses 3:13-17; Efesios 2:11-16; Hebreos 7:12; Hebreos 8:6-13).

Estudios exhaustivos en esta Web sobre la cena del Señor

Así que, el “templo” de 1 Corintios 9:13 era, sin duda, el templo de los judíos en Jerusalén. Aquel templo fue destruido en el año 70 d. C. Pablo escribió 1 Corintios en el año 53, o el 54, unos diecisiete años antes de la destrucción del templo. El apóstol utiliza verbos del tiempo presente para describir lo que pasaba, en el año 53, en el templo. “…los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo… sirven al altar, del altar participan.” ¿Quiénes hacían esto? Los sacerdotes levíticos. ¿También los cristianos? ¡De modo alguno! Estos no eran sacerdotes levíticos, y por ende, no tenían derecho de comer del templo, como tampoco de recibir diezmos apartados, según la ley de Moisés, para el sacerdocio levítico.

Pablo se refiere a lo que pasaba en el templo en Jerusalén como hechos actuales conocidos por los corintios. Obviamente, su propósito no era enseñar que lo que se efectuaba en aquel templo la iglesia debería imitarlo, incorporándolo en su culto, como también implementando para el sostenimiento de obreros el mismo sistema empleado para el sostenimiento de los sacerdotes levíticos. Solo traía aquello como ejemplo de cómo Dios proveía para los sacerdotes levíticos bajo la ley antigua, para de ahí afirmar que Cristo también había hecho provisiones para el sostenimiento de obreros en la iglesia, sin intimación alguna de que los cristianos se sometieran a leyes sobre diezmos, primicias, ofrendas mecidas, sacrificios de animales, quema de incienso, etcétera. Digo “obviamente” porque el apóstol Pablo enseña en muchísimos textos que la iglesia no debería incorporar en su culto, organización u obras estatutos y mandamientos de la ley de Moisés, advirtiendo a menudo y en distintos contextos que hacerlo sería judaizar, desligarse de la gracia de Cristo, sojuzgarse a un yugo de esclavitud, etcétera. Considere a Gálatas 5:1-9 como ejemplo de tales textos.

Un caso paralelo del uso del templo judío existente en aquel tiempo como ejemplo o comparación lo encontramos en Hebreos 7:8. “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.” ¿Quiénes eran los “hombres mortales” que recibían “diezmos” y dónde los recibían? Eran los sacerdotes levíticos y los recibían en Jerusalén o en el lugar determinado por Dios. No se trata en absoluto de la iglesia o de recibir diezmos los pastores de iglesias.

Abraham da el diezmo del botín al sacerdote Melquisedec, estudio en esta Web

A resumida cuenta, los cristianos del Siglo I no trabajaban en “las cosas sagradas… del templo”, no comían del templo, ni tampoco servían a ningún altar material, no participando de ninguno. Por ende, no recibían los diezmos dados para el templo.

¿Con qué razón, pues, trae Pablo a colación aquello del templo judío justamente antes de escribir “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”. Por cierto, no para autorizar a Pablo, los demás apóstoles y evangelistas a cobrar diezmos a la iglesia sino, recalcamos, como ejemplo de cómo Dios había provisto para el sostenimiento de los sacerdotes levíticos bajo el Antiguo Testamento. En 1 Corintios 9, el apóstol ya había dado varios ejemplos en apoyo a su enseñanza al efecto de que él, los otros apóstoles, Bernabé y los demás obreros debidamente cualificados tenían derecho no solo de casarse sino también de “no trabajar” en lo secular (1 Corintios 9:6), más bien ameritando recibir sostenimiento, o “salario” (2 Corintios 11:8), de la iglesia. A saber, el ejemplo de soldado, el del que planta viña, el del que apacienta rebaño, el del buey que trilla y el del que ara (1 Corintios 9:7-12). Por último, añade el ejemplo del que trabaja en las cosas sagradas del templo judío, comiendo del templo, participando de lo ofrecido en sacrificio sobre el altar. Interpretar cualquier de estos seis ejemplos, o el conjunto de ellos, como evidencia de que la ley de diezmar siguiera vigente para la iglesia durante toda la Era Cristiana sería desarrollar un argumento diametralmente opuesto a todos los textos que enseñan la abolición de aquella ley en la cruz (2 Corintios 3:6-17; Colosenses 3:13-17; Hebreos 7:12; Hebreos 8:6-13 y muchos más).

Estudios e intercambios en esta Web sobre la abolición del Antiguo Testamento y la introducción del Nuevo Testamento

“Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del DIEZMO”. ¡Ah! Pero, así no lee la ordenanza de Cristo. ¿Qué vivan del DIEZMO? De modo alguno. Qué momento más oportuno para decir llanamente “…que vivan del diezmo”, pero el Señor dice expresamente “…que vivan del EVANGELIO”. No de la ley de Moisés sino “del EVANGELIO”. Y ¿cómo se vive “del evangelio”? Pues, conforme a las leyes del evangelio. Conforme a “la ley de Cristo” (1 Corintios 9:21), y no conforme a la ley de Moisés. Ejemplos para el sostenimiento de las obras evangelísticas y benévolas de la iglesia se hallan en varios pasajes del Nuevo Testamento.

Gráficas, con enseñanzas del Nuevo Testamento, sobre cómo sufragar gastos de la iglesia

Estudios en esta Web sobre la abolición de diezmos y provisiones en el Nuevo Testamento para el sostenimiento de obreros

Las palabras de Pablo “Así también…”no significan: “De la manera que los que trabajan en el templo comen del templo, asimismo los que trabajan en la iglesia deben cobrar diezmos, viviendo así de la iglesia.” Amado Federico, “diezmos” ni siquiera figuran explícitamente como tema en 1 Corintios 9:13-14 sino que el enfoque es sobre comer del altar del templo, es decir, de lo ofrecido sobre el altar de holocaustos (Números 18:15-18; 1 Crónicas 16:40; Levítico 2:3, 10). “Así también…” significa más bien. “De la manera que Dios proveyó para el sostenimiento de los sacerdotes levíticos, especificando lo que podían recibir, asimismo Cristo ordena que “los que anuncian el evangelio… vivan del evangelio”.

¿Dónde se encuentra esta orden de del Señor a vivir “del evangelio”? Hasta dónde tenga conocimiento este servidor, no se halla tal orden, expresada más o menos así, en los cuatro evangelios. Por consiguiente, se deduce que el apóstol Pablo la recibiera por revelación divina, o que a Pablo se le revelara que Cristo dio la orden en algún momento de su ministerio, pese a que la misma no se registra en los evangelios. Un caso parecido lo tenemos en Hechos 20:35, animando Pablo a los ancianos de la iglesia en Éfeso a “recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”, proclamación no encontrada precisamente así en los evangelios. Desde luego, no se registran en los evangelios todo lo dicho y hecho por el Señor, ni una pequeña parte, según Juan 21:25.

Con todo, tenemos sí las instrucciones de Jesucristo para los doce apóstoles en lo concerniente a su obra evangelística antes de la crucifixión. “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis” (Mateo 10:9-11). Además, las para los setenta: “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa” (Lucas 10:4-7). Interesante e instructivamente, ni en el caso de los apóstoles ni en el de los setenta instruye el Señor a los enviados a cobrar diezmos, a vivir de diezmos. En ambos casos apunta: “…porque el obrero es digno de su alimento… salario”, no implicando de forma alguna que se tratara de diezmos. Al contrario, mediante la directriz que dice “comiendo y bebiendo lo que os den” queda totalmente eliminada la idea de que pidieran diezmos.

Querido Sr. Federico, quisiera recomendar la lectura de El diezmo: una verdad irrefutable, por Daniel Neveu Pedreros, excelente obra que imparte mucha información y responde a muchas preguntas y dudas.

Dios quiera que usted, al igual que toda alma sincera, acepte la libertad a la cual Cristo nos llama (Gálatas 5:13), deshaciéndose del yugo de la antigua ley y sometiéndose gozosamente al régimen nuevo del Espíritu (Romanos 7:1-6). Qué sea usted ministro del nuevo pacto (2 Corintios 3:6-17), y no del viejo. Qué obedezca usted las condiciones para ser salvo según la Gran Comisión (Marcos 16:15-16) y qué aporte conforme a sus habilidades al cumplimiento de ella, llevando el evangelio puro a cuantas personas pueda.

Para servirle en el amor de Cristo, Homero Shappley de Álamo

 

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