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De REINOS y NACIONES
“¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos traman cosas vanas?” Así preguntó el rey David hace unos 3,000 años. Y, lamentablemente, siguen haciendo lo mismo en la tercera década del siglo XXI. Salmo 2:1
Si usted, estimado lector, está genuinamente preocupado por sus repetidos enfrentamientos, conflictos y luchas a todos los niveles —político, comercial, cultural y religioso— y, lo que es mucho peor, por sus confrontaciones armadas, pogromos, terrorismo criminal y corrupción masiva, tanto moral como material, permítame anunciarle respetuosamente, si aún no lo sabe, que una “NACIÓN”, un “REINO”, absolutamente y sin lugar a dudas DIFERENTE de cualquiera de los 186 estados seculares y teocráticos registrados en las Naciones Unidas, ¡EXISTE TAMBIÉN HOY DÍA!
Se trata de un “Reino que no es de este mundo, que no es de aquí”. Así lo afirma su Constitución. Es decir, no es como ningún reino, república o nación terrenal, político o secular. Tampoco es una teocracia terrenal. Ni tampoco integra los miles de entidades religiosas de origen humano alrededor del mundo, muchas de las cuales poseen rasgos muy parecidos a los de imperios materiales-políticos, desenvolviéndose a menudo justamente como los tales.
Por cierto, este “Reino que no es de este mundo” es, fundamental e intrínsecamente, un “Reino de los Cielos”. Un REINO ESPIRITUAL de conocimiento, sabiduría y verdad celestiales que trasciende todo lo terrenal, donde todo ser humano puede encontrar luz, paz y esperanza verdaderas y poderosas para su mente y su corazón, así como, además, salvación, descanso y gozo eternos para su alma, su ser espiritual.
Este “Reino de los Cielos” no compite en absoluto, en el ámbito material-comercial, con las naciones y gobernantes terrenales. No busca concordatos con ellos. No tiene bandera ni escudo de armas. Tampoco tiene una capital terrenal ni una sede central en ningún país o lugar. No posee fuerzas armadas de ningún tipo. JAMÁS se vale de la violencia para mantenerse ni para expandirse. JAMÁS hiere, tortura ni mata a ningún ser humano. Sus “armas” son exclusivamente de naturaleza espiritual; definitivamente, no son materiales-carnales. Efesios 6:10-18; 2 Corintios 10:3-6
Sus maestros, consejeros y embajadores no visten uniformes especiales, túnicas religiosas, sotanas ni otras vestimentas lucidas y mundanas. No se pavonean con costosas coronas enjoyadas, mitras, báculos ni anillos, ni con trajes costosísimos. No ocupan oficinas de lujo, ni residencias suntuosas. No se sientan sobre tronos terrenales. No andan en automóviles de los más lujosos ni viajan en sus propios aviones privados. No toman para sí títulos pomposos, como los de “reverendo y obispo vitalicio”, ni se atribuyen títulos espirituales, por ejemplo, el de “apóstol”, para los cuales no pueden jamás cualificar. No toman votos contrario a la naturaleza misma, al igual que a la instrucción divina, por ejemplo, el del “celibato obligatorio”. Mateo 23:1-11; Hechos 1:21-26; 1 Timoteo 3:1-7; 4:1-5; Tito 1:7-10, y muchos otros textos similares.
Este “Reino de los Cielos” solo tiene nombres espirituales. Sus acciones se rigen por principios puramente espirituales.
En resumen, se trata de una “CASA ESPIRITUAL… un sacerdocio santo” que ofrece “SACRIFICIOS ESPIRITUALES”. “…un sacerdocio real, una NACIÓN SANTA”. “…la familia de Dios… un TEMPLO SANTO”. Todo en un sentido ESPIRITUAL y UNIVERSAL. Porque todos los “ciudadanos” leales del Reino del Cielo conforman la “casa espiritual… el sacerdocio real… la nación santa… el templo santo” del “Dios vivo”, y cada uno de ellos está facultado para ofrecer “sacrificios espirituales” de alabanza, buenas obras, comunión y comunicación espiritual. Estas Grandes Verdades significan que el “Señor del Cielo y de la Tierra” no habita “en templos hechos por manos humanas. Ni es honrado” por medio de ídolos y objetos hechos por manos de hombres, y que “no debemos pensar que” él “sea semejante al oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres”. 1 Pedro 2:4-5, 9; Hebreos 13:15-16; Apocalipsis 1:6; 5:10; Efesios 2:17-22; Hechos 17:22-31. El concepto espiritual de “ciudadano” y “ciudadanía” se realza en Efesios 2:19 y Filipenses 3:20.
Este Reino de los Cielos puede coexistir pacíficamente en cualquier nación, república o reino terrenal que le permita existir y manifestarse espiritualmente. A sus “ciudadanos” espirituales se les enseña a respetar y obedecer a las autoridades seculares. A no injuriar ni hablar mal de los gobernantes seculares. No se rebelan contra ellos; no son sediciosos. Pagan tributo, es decir, impuestos. Si pueden votar, lo hacen en privado. Su Reino de los Cielos es, repitiendo y enfatizando, “no de este mundo… no de aquí”, y, en consecuencia, no está involucrado en política mundana. Ni tampoco en “la ingeniería sociocultural, racial o de género”. Su código ético y de conducta está bien definido en el “Evangelio del Reino”, se enseña con respeto y es practicado fielmente por los conciudadanos espirituales leales. Al sufrir estos persecuciones, lo soportan con paciencia, no vengándose, dejando la venganza al Señor. Si algunos de ellos resultan asesinados por ser ciudadanos del Reino de los Cielos, los demás no atacan con armas carnales a los agresores. Romanos 12:1-13, 19-20:1-7; 1 Timoteo 2:1-2; 1 Pedro 2:17; 2 Pedro 2:9-12; Lucas 22:22-25; Gálatas 5:19-26; 1 Pedro 3:14-18
El mensaje oficial de este Reino de los Cielos se llama “el EVANGELIO del REINO” tres veces en el Libro de Mateo. “EVANGELIO” significa “BUENAS NOTICIAS”. La palabra “EVANGELIO” se halla 98 veces en los 27 documentos del Nuevo Pacto del Reino.
Este “Evangelio” es para “toda tribu, lengua, pueblo y nación”. Es para “TODO el MUNDO… TODA CRIATURA”. Eso es lo que dice el Rey Espiritual del Reino de los Cielos, y él desea que “todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad”. Apocalipsis 5:9; Marcos 16:15-16; 1 Timoteo 2:5
Venezolanos, españoles, mejicanos, indios, chinos, filipinos, americanos, franceses, africanos, argentinos, brasileños, peruanos, cubanos, chilenos, nicaragüenses, puertorriqueños, dominicanos y colombianos: ¡el Evangelio del Reino de los Cielos es para USTEDES! ¡Para TODOS USTEDES! Y para todos los demás pueblos del planeta Tierra. Ninguna otra Escritura Sagrada, o conjunto de Sagradas Escrituras, en el mundo se acerca ni remotamente a su poder para informar, transformar, sostener, resolver conflictos internos y externos, consolar, sanar la mente, el corazón y el espíritu, traer paz y esperanza, y salvar eternamente. Mateo 5:12; Lucas 6:23, 35; Romanos 12:3; Filipenses 4:5-8, 13; Colosenses 3:23-24; Hebreos 11:6; Apocalipsis 21:1-7, 9-27; 22:1-7. Y muchos textos similares.
Estimado lector, el Rey del Reino Celestial explica que usted puede convertirse en “Ciudadano” de su Reino al “NACER de NUEVO… de AGUA y del ESPÍRITU”. Es decir, al ser sumergido en las aguas del bautismo y, además, en las enseñanzas de las Sagradas Escrituras del Nuevo Pacto de Jesucristo, tal como las imparte el “Espíritu de Verdad” en el “Evangelio del Reino”.
Si desea “entrar en el Reino de Dios”, pero no conoce a ningún representante de él, puede pedirle a un familiar, vecino o amigo de confianza que le bautice. Luego, procedería usted a compartir el Evangelio del Reino con las personas que conozca, e incluso, con las que no conozca, animándolas a seguir su ejemplo.
Si una o más personas lo hacen, entonces, podrían proceder a constituir una comunidad de “ciudadanos” del Reino de los Cielos en su residencia u otro lugar conveniente. Haga clic aquí para obtener una guía detallada sobre la formación de tal “comunidad”.
Según las directrices del Evangelio del Reino, cada comunidad de ciudadanos espirituales del Reino debería ser autónoma, con su propio liderazgo calificado. Bien que el liderazgo de cada comunidad tenga la opción de procurar comunicación y comunión con otras comunidades, su responsabilidad prioritaria es la de velar que tal interacción no perjudique la integridad y fidelidad a las sanas enseñanzas del Evangelio del Reino su propia comunidad. Juan 3:1-16; Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Hechos 2:36-47; 14:23; 20:17-38; 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:7-10, y muchos textos similares.
El nombre “Reino de los Cielos” se encuentra 32 veces en el Evangelio de Mateo, uno de los 27 documentos que componen el “Nuevo Pacto” que rige el Reino. En estos escritos, este Reino también se identifica 75 veces como “el Reino de Dios” y tres veces como “el Reino” que pertenece a Jesucristo.
Esta institución divina también está representada en el Nuevo Pacto como la “IGLESIA”, una palabra que significa “los llamados”. El vocablo “iglesia” se encuentra 111 veces en el Nuevo Pacto. Hoy en día, combinado este nombre con miles de adjetivos diferentes, el significado original de la palabra “iglesia” se ha distorsionado, se diría, igual número de veces.
De mi parte, hoy día, considero que la identificación “Reino de los Cielos, Reino de Dios, Reino de Cristo” sea, acaso, un nombre más significativo y menos controvertido que el de “Iglesia”. Y me identifico humildemente como un “EMBAJADOR” de ese Reino, un concepto que también se encuentra en el Evangelio del Reino. 2 Corintios 5:20; Efesios 6:20
Atentamente, Homero Shappley. [email protected]
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