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Esta gráfica identifica el intercambio ‘Unidad no es uniformidad’, relacionado con estudios sobre La Unidad de la iglesia, en editoriallpaz.org.

“Unidad no es uniformidad”, asegura estudioso de las Sagradas Escrituras.

“Soy un Cristiano que ha accedido a su página de Internet. Me alegro de ver que hay gente, como ustedes, que parecen buscar a Dios sinceramente y sin hacer concesiones. Les felicito por ello y deseo que sus vidas siempre sigan el camino que El Señor muestra. Sin embargo, me ha entristecido leer tanto espacio que han dedicado a criticar a quienes, buscando a Dios con tanto empeño como ustedes (o incluso más) no comparten su forma de hacerlo. Es importante recordar que no somos nosotros quienes buscamos a Dios, sino Dios quien nos busca a nosotros. Dios es uno solo y Él no cambia, pero Él no desea que nos agrupemos de tal manera que nos cerremos a quienes también lo siguen por no hacerlo con nuestros preceptos. Abrazo el no agarrarme a una UNIÓN que cambie el evangelio que nos ha sido entregado en la Palabra de Dios. Sin embargo, no abrazo agarrarme a un grupo que, aunque comparta ese evangelio conmigo, se dedique a echar por tierra a quienes no ven todo exactamente igual. Unidad no es uniformidad.  

Tres aclaraciones hacemos. No procuramos la uniformidad absoluta entre creyentes. Más sin embargo, las variaciones permisibles no abren paso a la desunión; no justifican las divisiones cristianas. 

Estimado hermano:

Sin duda, Dios nos busca. También nos exhorta a buscar a él. "Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (Hechos 17:26-27). Le encontramos donde él mora sobre su trono celestial de luz y verdad.

Primera aclaración: no nos dedicamos a "echar por tierra" a ninguna alma sincera, sino a descubrir algunas causas del divisionismo rampante que caracteriza al "cristianismo" actual. Ni tampoco nos ofuscamos en esta tarea como si fuera la única o la más importante para nosotros, pues no lo es, sino proclamar el evangelio puro. Sin embargo, al proclamar el evangelio puro, inevitablemente chocamos con las instituciones divisionistas "cristianas". Por ejemplo, al predicar la norma divina de "perfectos en unidad", "perfectamente unidos... y que no haya entre vosotros divisiones", ¿qué sucede? Surgen conflictos con quienes promueven el concepto de "la multiplicidad de credos e iglesias".

Segunda aclaración: no nos aislamos. Estamos abiertos al diálogo. Pero, no somos simpatizantes de quienes apoyan abierta y oficialmente al denominacionalismo del cristianismo moderno. No estamos en comunión espiritual con los tales. Abrazarlos sería participar en su mala obra. Entiendo que los cristianos fieles debemos ver "exactamente igual" al divisionismo, teniéndolo como lo tienen Dios, Cristo, el Espíritu Santo y los apóstoles, es decir, como una abominación, una obra de la carne, una estratagema satánica. ¿No concuerda usted? En materias opinables tales como las citadas en el libro de Romanos 14 (días sagrados, carnes, vino), podemos diferir, sin causar divisiones. Sin embargo, cuando de los “rudimentos" (Hebreos 6:1-3) del evangelio se trata, nuestro deber es hablar lo mismo, seguir "una misma regla" (1 Corintios 1:10; Filipenses 3:16). ¿Concuerda usted?

“Unidad no es uniformidad” apunta usted. “Uniforme”, de la cual se deriva "uniformidad" , "se aplica a la cosa que no presenta variaciones o cambios en su conjunto o totalidad" (Diccionario de uso del español, Tomo 2, Pág. 1418). Aplicado el concepto de absoluta uniformidad a la iglesia, todos los miembros en todo país del mundo tendrían que vestir el mismo “uniforme” (ropa, moda), comer los mismos manjares, tomar las mismas bebidas y seguir el mismo patrón, sin variaciones, en el formato para sus reuniones, por ejemplo, una oración para comenzar, tres himnos, la cena del Señor y la predicación, sin alterar la secuencia. Este tipo de “uniformidad absoluta” no lo procuramos, pues, claramente, el Espíritu de Dios permite variaciones de conducta y práctica en materias opinables. Sin embargo, es imposible cumplir las directrices divinas de hablar, sentir y pensar “una misma cosa”, ser “perfectos en unidad”, o “perfectamente unidos”, si no hay uniformidad en las doctrinas rudimentarias, como también en la implementación de ellas en las congregaciones, ¿no cree usted? Sin esta clase de uniformidad, habría total caos doctrinal, y no la unidad que enseña Dios.

La norma divina de unidad no demanda absoluta uniformidad en todo detalle, todo pormenor, todo asunto opinable, pero tampoco permite la tergiversación arbitraria o intencional de doctrinas fundamentales, abriendo paso a divisiones. “Los cristianos en todo el mundo no tenemos que estar de acuerdo en todo detalle de conducta, testimonio, programa de trabajo o formato de culto. Por lo tanto, las divisiones cristianas son aceptables.” Semejante forma de argumentar, y defender al denominacionalismo cristiano, la consideramos fatal por la sencilla razón de que Dios aborrece las divisiones. Más correcto sería decir: “Los cristianos en todo el mundo no tenemos que estar de acuerdo en todo detalle de conducta, testimonio, programa de trabajo o formato de culto. Sin embargo, debemos estar perfectamente unidos en un solo cuerpo espiritual, habiendo recibido un solo bautismo, alabando a Dios a una voz, hablando lo mismo y teniendo una misma esperanza, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, y no permitiendo divisiones entre nosotros”. Amado, unidad no es desunión o división.

Tercera aclaración. Este servidor "no se agarra a un grupo", como si se tratara de "una secta más". Mi convicción es que Cristo me ha añadido a su iglesia (Hechos 2:47), la cual no es mero "grupo" sino su cuerpo espiritual en la tierra, compuesto de todas las almas que cumplen las condiciones de la Gran Comisión (creer y bautizarse para ser salvo) y perseveran en "la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2:42). Él conoce a todos los suyos (2 Timoteo 2:19). Mi anhelo es ser uno de ellos, y mi deseo es que usted también figure en el mismo número de "elegidos", como también toda alma sincera.

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