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Trasgeneroísmo

(Reasignación de género. Cambio de género. Cambio de sexo.)

Un meme patogénico

Por 

Paul McHugh, MD

Profesor Universitario de Psiquiatría de Servicio Distinguido, de la Escuela de Medicina Johns Hopkins, durante cuarenta años. Psiquiatra en Jefe del Hospital Johns Hopkins durante veintiséis años.

 

Esta gráfica ilustra el tema Trasgénerois: un meme patológico, en editoriallapaz.

 

The Witherspoon Institute

Discurso público

 

Ryan T. Anderson
Founder & Editor

Serena Sigillito
Managing Editor

 

 

10 de junio de 2015

 

“La idea según la que el sexo de uno sea un sentimiento, y no un hecho, ha permeado nuestra cultura, y está dejando víctimas en su estela. La Disforia de Género debería tratarse con psicoterapia, y no mediante cirugía.

En mi rol de Profesor Universitario de Psiquiatría de Servicio Distinguido, de la Escuela de Medicina Johns Hopkins, durante cuarenta años –veintiséis de los cuales los pasé como Psiquiatra en Jefe del Hospital Johns Hopkins- he venido estudiando a personas que aseguran ser trasgéneras. A través de referido tiempo, he observado cómo el fenómeno ha cambiado y expandido de formas notables.

Este asunto raro de unos pocos hombres –tanto hombres homosexuales como heterosexuales, incluyendo a algunos que procuraron cirugía de cambio de sexo porque se sentían estimulados eróticamente por el pensamiento o imagen de sí mismos como mujeres- se ha regado hasta incluir a mujeres, al igual que hombres. Aun niños y niñas han comenzado a proyectarse a sí mismos como del sexo opuesto. Durante los últimos diez o quince años, este fenómeno ha incrementado en prevalencia, según parece, exponencialmente. Hoy por hoy, casi todo el mundo ha sabido de tal clase de persona, o ha conocido personalmente a una o más.

La publicidad, especialmente la que hubo en torno a los primeros casos, tales como el de “Christine” Jorgenson, “Jan” Morris y “Renee” Richards, ha promocionado la idea de que el sexo biológico lo pueda escoger cada cual, y esto ha resultado en la amplia aceptación cultural del concepto. Y esa idea, prontamente aceptada en los 1980, desde aquel tiempo se ha esparcido entre el público americano como una revelación o “meme”, afectando gran parte de nuestro pensar acerca del sexo.

[“Meme” “Una unidad de información cultural, por ejemplo, una práctica o idea cultural, que se transmite verbalmente o por una acción repetida de una persona a otra.” American Heritage® Dictionary of the English Language, Fifth Edition. Copyright © 2011 by Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company. Published by Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company. All rights reserved.

Término acuñado por Richard Dawkins, biólogo ingles.]

Los promotores principales de este meme, animados por su alianza con el movimiento más abarcador de los LGBT [lesbianos-gays-bisexuales-travestidos], reclaman que su identidad ya como hombre ya como mujer, ya como niño ya como niña, la determina más su percepción de sí mismo, o su opinión de sí mismo [o sentimiento hacia sí mismo], que hechos de la naturaleza. Y, tal cual los demás sentimientos [percepciones, opiniones], también este puede cambiar en cualquier momento, y por toda suerte de razones. Por lo tanto, nadie podía adivinar cuáles de estas personas decidieran cambiar su identidad sexual, ni podía nadie criticar, justificablemente, su decisión.

En Johns Hopkins, tras haber nosotros figurado entre los pioneros de la cirugía de cambio de sexo, demostramos que tal práctica no produjo beneficios importantes. Consecuentemente, en los 1970 desistimos de ofrecer esa forma de tratamiento. Sin embargo, nuestro proceder influyó en poco el surgimiento de esta nueva idea sobre el sexo, como tampoco el incremento del número de los “trasgéneros” tanto entre jóvenes como entre mayores de edad.

Atleta olímpico convertido en muchacha “Pin-Up”

Quizás este historial clarifique algunos aspectos del caso del más recién pretendiente famoso a trasgénero. Bruce Jenner, el campeón decatión olímpico de 1976, está dando la espalda a su identidad titular como uno de “los más grandes atletas del mundo”. Recientemente, Jenner anunció que “se identifica como mujer”, y que, con la ayuda médica y cirugías, está ocupado en la reconstrucción de su físico.

Pese a no haber yo conocido o examinado a Jenner, su conducta se parece a la de otros varones trasgéneros que hemos estudiado a través de los años. Estos hombres deseaban exhibirse a sí mismos de maneras sexuales, vistiendo atuendos femeninos provocativos. Las más de las veces, mientras afirmaban ser mujer en cuerpo de varón, se declaraban a sí mismos “lesbianas” (atraídos por otras mujeres). La fotografía de Bruce Jenner en la cubierta de Vanity Fair, (un hombre sesentón, pero pavoneándose como una chica de revista de unos veintitantos o treinta y tantos), posando, encorsetado y con los senos inflados, da la impresión de que se ajuste él al molde que Ray Blanchard ha llamado una expresión de “autogynefilia” –de gynefilia (atraído a mujeres) y auto (teniendo la forma de uno mismo).

Las vestimentas nuevas del Emperador

Más sin embargo, el meme –que su sexo sea un sentimiento, y no un hecho biológico, y que pueda cambiar en cualquier momento- sigue marchando por en medio de nuestra sociedad. De cierto modo, [lo que está ocurriendo] recuerda el cuento de Hans Christian Andersen llamado Las vestimentas nuevas del Emperador. En aquel relato, el Emperador, creyendo que vistiera un traje de especial belleza, imperceptible para los rudos o sin cultura, marchaba desnudo por su ciudad al son de vítores de cortesanos y ciudadanos ansiosos por sus reputaciones. Muchos observadores de la parada contemporánea de los trasgéneros, conscientes de que hoy una opinión desfavorable es peor que el mal gusto, temen, similarmente, a identificarla como una equivocación.

Siempre estoy tratando de ser el muchacho, entre los espectadores, que llama atención a la realidad. Lo hago no solo porque la verdad importa sino también porque en medio de los bombos y platillos –todo hecho más brilloso ahora por la celebridad de Bruce Jenner y la fotografía de Annie Leibovitz- hay muchas víctimas. Por ejemplo, considere a los padres a quienes ninguno ayudará –ni doctores, ni escuelas, ni siquiera iglesias- a salvaguardar a sus hijos de estas nociones extrañas de cambio de género. En la actualidad, estos jóvenes superan por mucho en número al tipo Bruce Jenner de trasgénero. Aunque quizás animado por la recepción pública que él ha tenido, estos niños llegan, generalmente, a tener ideas acerca de sexualidad no por intereses eróticos sino mediante una variedad de conflictos y preocupaciones psicológicos juveniles.

Pero, primero, vamos a abordar la suposición básica de la parada contemporánea, a saber: la idea de que sea posible cambiar uno su sexo. Tal cual el legendario Emperador, la misma es austera y manifiestamente falsa. Los varones trasgéneros no se convierten en mujeres, ni tampoco en varones las mujeres trasgéneras. Todos (no exceptuándose Bruce Jenner) se convierten en varones feminizados o mujeres masculinizadas, falsificaciones o imitadores del sexo con el cual cada uno “se identifica”. Ahí anida su futuro problemático.

Una vez “acabados el tumulto y las vociferaciones”, vivir vestido del traje de la sexualidad falsa resulta ni fácil ni sabio. El seguimiento más exhaustivo de personas que se han reasignado su sexo –el que se extendió a través de treinta años y fue conducido en Suecia, donde la cultura apoya fuertemente a los trasgéneros- documenta su inestabilidad mental durante toda la vida. De diez a quince años después de su reasignación quirúrgica [cirugía para alterar o cambiar el género] la tasa de suicidio entre los que se habían sometido a la cirugía de reasignación sexual aumentó a veinte veces más de la de iguales comparables.

Cómo tratar la Disforia de Género

Así que, ¿cómo deberíamos entender este asunto hoy día? Tal cual con cualquier fenómeno, lo crucial es tomar nota de su característica fundamental, luego identificar las muchas maneras mediante las cuales la característica se manifiesta.

El problema central de todos los sujetos trasgéneros es la de suposición –la suposición de que la naturaleza sexual de uno esté mal alineada con su sexo biológico. Esta suposición problemática se desarrolla de varias formas distintas, y estas diferencias en su engendramiento determinan cómo manejarla y tratarla.

Basándose en la evidencia fotográfica, bien pudiera uno especular que Bruce Jenner perteneciera al grupo de hombres que llegan a su suposición confusa al sentirse sexualmente estimulados por la imagen de sí mismos como mujeres. Él pudiera haber sido tratado por esta estimulación mal alineada mediante psicoterapia y medicación. En lugar de ello, buscó a cirujanos que efectuaran en él los cambios que él deseaba. Ya otros han comentado su caricatura estereotípica de mujeres como “chicas” decorativas (Dijo a Diane Sawyer: “Anticipo con placer usar esmalte de uñas hasta que comience a desprenderse”.) –una concepción que, entendiblemente, enfurece a feministas- y su sentido extraño al efecto de que, en todo esto, solo importan sentimientos, y no hechos.

Con todo, para su bien, espero sí que él reciba ayuda regular, y seguimiento atento, pues está en duda su serenidad futura psicológica. En el futuro, varones con sentimientos e intenciones similares deberían recibir tratamiento para esos sentimientos, en lugar de que lo animen a someterse a cambios en su cuerpo. Terapias de grupo ya están disponibles para los tales.

La mayoría de los niños y las niñas que acuden en busca de reasignación sexual no tienen nada en común con Jenner. Ningún interés erótico los impele a tal búsqueda. Más bien, se presentan porque tienen problemas psiquicos-sociales –conflictos sobre perspectivas, expectaciones y roles que perciben como atados a su sexo biológico- y presumen que la reasignación sexual pudiera suavizarlos o resolverlos.

El hecho desalentador es que la mayoría de estos jóvenes no llegan a conocer a terapistas dispuestos a evaluarlos y guiarlos por vías que les abran paso a trabajar para la solución de sus conflictos y la corrección de sus suposiciones. Al contrario, tanto ellos como sus familias solo encuentran a “consejeros de género” que los animan a proseguir con sus malas suposiciones sexuales.

Los que tienen Disforia de Género necesitan tratamiento basada en evidencias.

Numerosas razones contribuyen a la falta de coherencia en nuestro sistema de salud mental. Entre ellas es el hecho importante de que los gobiernos tanto estatales como federales están procurando, activamente, bloquear tratamientos que pudieran ser interpretados como desafíos a las suposiciones y decisiones de jóvenes trasgéneros. Valerie Jarrett, asesor principal del presidente Obama, dijo: “Como parte de nuestra dedicación para proteger a los jóvenes de América, esta administración respalda los esfuerzos para eliminar el uso de terapia para conversión para minores”.

En dos estados [www.thepublicdiscourse.com/2013/11/11181. California y New Jersey], cualquier doctor que revisara el historial psicológico de un niño o una niña trasgénera, buscando algún conflicto que tuviera remedio, bien pudiera perder su licencia para practicar la medicina. En contraste, tal médico no sería penalizado si recetara hormonas para un paciente de semejante naturaleza que bloquearan la pubertad o limitaran el crecimiento físico.

En la actualidad, lo que hace falta es un clamor público por ciencia coherente –ciencia biológica y terapéutica- que examinara los efectos reales de estos esfuerzos en “respaldo” de trasgeneroísmo. Aunque se le dé mucha importancia a lo del caso raro de un individuo “intersexual”, ninguna evidencia sostiene la afirmación de que personas tales como Bruce Jenner pudieran contar con una condición biológica en respaldo de sus suposiciones trasgéneras. Mucha evidencia demuestra que, tanto en el caso de él como en los de otros, trasgenerarse es un asunto psicológico más bien que biológico.

De hecho, la Disforia de Género –el término psiquiátrico oficial por sentirse uno del sexo opuesto- pertenece a la familia de suposiciones desordenadas similares acerca del cuerpo, tales como la anorexia nervosa y el desorden corporal dismórfico. El cuerpo no debería ser el blanco de su tratamiento, mediante cirugía u hormonas, como tampoco se le trata con liposucción a los pacientes de anorexia, con su fobia de obesidad. El tratamiento debería ser encaminado a corregir la falsa y problemática suposición y resolver los conflictos psicológicos que la causan. En cuanto a los jóvenes, es más eficaz hacer esto como terapia de familia.

El problema más grande es el propio meme. La idea según la que el sexo de uno sea fluido y abierto a selección corre, incuestionada, a través de nuestra cultura, y se refleja dondequiera en los medios, el teatro, el salón de escuela y en muchas clínicas médicas. Se ha revestido de atributos parecidos a los de culto: tiene su propia jerga, espacios de chat en el Internet donde proveen respuestas hábiles a los nuevos reclutas y clubes de fácil acceso para vestimentas y estilos que apoyan el cambio de sexo. Está haciendo mucho daño a familias, adolescentes y niños, y debe ser confrontado, dondequiera que emerja, como una opinión carente de fundamento biológico.

Pero, si se atreve usted a confrontar este asunto, ceñid sus lomos. Ni siquiera en el infierno hay tanta furia como la que generan intereses personales disfrazadas de principios morales.”

Paul McHugh, MD es el autor de The Mind Has Mountains: Reflections on Society and Psychiatry.

Traducción por Homero Shappley de Álamo. Información entre corchetes añadida por el traductor.

 

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