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"¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis" (Mateo 16:1-4).

"Las señales de los tiempos"

Crónica de eventos, decisiones y conductas que acercan al mundo al temible "poco de tiempo" apocalíptica, el cual precede de inmediato la Segunda Venida de Cristo y el fin del universo, incluso el del tiempo mismo.

“Nuestro mutuo gozo”

En defensa del matrimonio gay

Por Lisa Miller

Editora de la revista NEWSWEEK

La tesis de la autora es que la Biblia apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo.

  

   Texto del artículo escrito por Lisa Miller

Traducido del inglés por Homero Shappley de Álamo

Nota del traductor: El artículo “Nuestro mutuo gozo” fue publicado en la revista NEWSWEEK, en la edición del 15 de diciembre de 2008. También en el Internet. La tesis de la autora es que la Biblia apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hemos analizado punto por punto, en clases bíblicas para adultos jóvenes, como también en clases para la capacitación de maestros, maestras y predicadores, los textos y argumentos traídos por Lisa Miller, encontrando innumerables fallas de exégesis y argumentación. Nuestra apreciación es que se trata de un ejemplo clásico del “humo del pozo como de un gran horno”, el que sale al abrirse el “pozo del abismo”, conforme a la profecía de la Quinta Trompeta en Apocalipsis 9:1-3. “Humo” que ofusca el entendimiento del lector ingenuo carente de conocimientos bíblicos necesarios para el examen de escritos tales como este; “humo” que emboba, envenena y mata al espíritu del incauto. "Humo" que sigue saliendo, aumentandose y expandiéndose hasta el día de hoy. Esta edición del artículo, sin comentarios de nuestra parte, la publicamos esperando que usted, estimado lector, cuente con las herramientas intelectuales y espirituales esenciales para evitar ser engañado. Nuestro propósito es publicar otra edición con comentarios, al disponer del tiempo necesario para escribirlos.

El texto de este artículo está disponible en el formato de quince Presentaciones gráficas para clases o mensajes.

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Cada una contiene un enlace para el siguiente.
 

“Los oponentes al matrimonio entre homosexuales citan a menudo las Escrituras. Pero lo que la Biblia enseña sobre el amor respalda a los del otro lado.” 

“Intentemos por un momento dar credibilidad a la palabra de los conservadores religiosos y definir el matrimonio como lo hace la Biblia. ¿Nos fijaremos en Abraham, el gran patriarca, quien durmió con su sirvienta al descubrir que era estéril su amada esposa Sara? ¿O en Jacob, quien engendró hijos en cuatro mujeres distintas (dos hermanas y sus sirvientas)? Abraham, Jacob, David, Salomón y los reyes de Judá e Israel –todos estos patriarcas y héroes eran polígamos.

En el Nuevo Testamento, el modelo para matrimonio es apenas mejor. Jesús mismo era soltero y predicó indiferencia hacia compromisos terrenales –especialmente la familia.

El apóstol Pablo, también soltero, concebía al matrimonio como un acto de último recurso para los que no podían domar su lujuria animal. ‘Mejor es casarse que estarse quemando’, dice el apóstol, uno de los endosos más tibios jamás articulados para una institución apreciada. ¿Tomaría la Biblia como manual de instrucciones cualquier pareja contemporánea heterosexual casada, que se despertara en el día de su boda abrigando algunas ideas optimistas y novedosas acerca de igualdad de género y amor romántico? Desde luego que no, mas sin embargo los oponentes religiosos de matrimonio entre personas del mismo sexo pretenden que asimismo lo hicieran.

La batalla sobre el matrimonio entre gays (homosexuales) ha sido lidiada por más de una década, pero dentro de los últimos seis meses -desde que California legalizara el matrimonio entre gays, y luego mediante una iniciativa de votación en noviembre (2008), enmendara su constitución, prohibiéndolo- el debate se ha convertido en una verdadera guerra sin cuartel, con lanzamientos de retórica religiosa a la par. No ha sido sujetada a tanto escrutinio bíblico una de nuestras instituciones básicas sociales (y económicas) desde el 1860, cuando ocuparon los púlpitos de la nación predicadores que hacían pronunciamientos sobre la esclavitud, en pro y en contra. Pero, en el tiempo de la Guerra Civil, mientras los tradicionalistas contaban con su James Thornwell -y los proponentes del cambio, con su Henry Beecher- en esta ocasión los dos bandos no son igualmente defendidos. Toda la retórica religiosa ha sido, tal parece, a favor de los oponentes del matrimonio entre gays, utilizando estos la Escritura como fundamento para sus objeciones.

Su argumento se expresa más o menos como la siguiente declaración dada por el Reverendo Richard A. Hunter, ministro de la Iglesia Metodista Unida, al periódico Atlanta Journal-Constitution en junio: ‘La Biblia y Jesús definen el matrimonio como entre un hombre y una mujer. La iglesia no puede aprobar o bendecir matrimonios entre personas del mismo sexo porque están en oposición a la Escritura y nuestra tradición’.

A lo cual hay dos respuestas: Primero, mientras la Biblia y Jesús dicen muchas cosas importantes acerca de amor y familia, ni el uno ni el otro definen el matrimonio explícitamente como entre un hombre y una mujer.

En segundo lugar, como ilustran los ejemplos dados anteriormente, ninguna persona moderna sensata quiere que su propio matrimonio, o el de cualquier otra persona, se parezca, de modo alguno, en sus particularidades, al matrimonio que se describe en la Biblia. En América, el ‘matrimonio’ guarda relación con dos cosas distintas, a saber, una institución religiosa y una institución civil, pese a que es constituido frecuentemente mediante una turba mezcladura de las dos. Como institución civil, el matrimonio ofrece beneficios prácticos a ambos cónyuges: derechos contractuales teniendo que ver con impuestos; seguros, el cuidado y la custodia de niños, derechos de visitación y herencia. Como institución religiosa, el matrimonio ofrece otra cosa: el compromiso de ambos compañeros ante Dios de amarse, honrarse y valorarse el uno al otro –bien que estén enfermos o en salud, bien sean ricos o pobres- en armonía con la voluntad de Dios. En el matrimonio contraído religiosamente, dos personas se prometen a cuidarse la una a la otra, profundamente, de la manera que, según su creencia, Dios cuide de ellas. Los que interpretan literalmente la Biblia no estarán de acuerdo, mas sin embargo, la Biblia es un documento viviente, poderoso durante más de dos mil años porque sus verdades permanecen corrientes, hablándonos aun mientras evolucionamos a través de la historia. Vista en tal luz, la Escritura no nos da razón buena alguna para prohibir a gays (homosexuales) y lesbianas casarse civil y religiosamente –pero en cambio, numerosas razones excelentes por las cuales deberían.

En el Antiguo Testamento, el concepto de familia es fundamental, pero aun así ejemplos de lo que los conservadores sociales llamarían ‘la familia tradicional’ apenas se encuentran. El matrimonio fue crucial para la transmisión de tradición e historia, como además para la preservación del monoteísmo precioso y frágil de los judíos. Sin embargo, como lo expresa Alan Segal, erudito en Biblia de Barnard University, el convenio era entre ‘un hombre y cuántas mujeres él pudiera sostener económicamente’. Los conservadores sociales señalan a Adán y Eva como evidencia para su argumento de un hombre, con una mujer –en particular, el siguiente versículo de Génesis: ‘Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne’. Pero, como dice Segal, si usted cree que la Biblia fue escrita por hombres, y no entregada por Dios ya encuadernada en piel, entonces aquel versículo fue escrito por personas para quienes la poligamia fue la práctica común que seguía el mundo.

(El hecho de no poder las parejas de homosexuales procrear ha sido presentado como una objeción bíblica, pues, ¿no dijo Dios ‘Fructificad y multiplicaos’? Pero, los autores de la Biblia nunca hubiesen podido imaginar el nuevo mundo valiente de adopción internacional y de la tecnología de reproducción auxiliada -y comoquiera, comúnmente se casan los héterosexuales infértiles o pasados la edad de reproducir.)

Tampoco se encuentran Ozzie y Harriet (Nota del traductor: “Ozzie y Harriet” eran los personajes principales, un hombre y una mujer casados, de una serie cómica de televisión) en ninguna parte del Nuevo Testamento. Pese a los esfuerzos de novelistas a representarlo de otro modo, el Jesús bíblico, enfáticamente, no era casado. Él predicaba una especie radical de familia, una comunidad de creyentes que se cuidan mutuamente, cuyo vínculo en Dios se sobrepone a todo vínculo de sangre. Abandonen a sus familias y síganme, dice Jesús en los evangelios. No habrá matrimonio en el cielo, dice él en Mateo. Jesús nunca menciona el homosexualismo, pero condena rotundamente el divorcio (dejando escapatoria en algunos casos para los esposos de mujeres infieles).

En cuanto a la falta de interés en asuntos de la carne, el apóstol Pablo hizo eco del Señor de los cristianos. Para él, el celibato era el ideal cristiano, siendo la estabilidad familiar la mejor alternativa. Cásese si tiene que hacerlo, instruyó a sus audiencias, pero no se divorcien. ‘Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido.’ Probablemente, demás sería decir que la frase ‘matrimonio gay’ no aparece de modo alguno en la Biblia.

Si la Biblia no contiene abundantes ejemplos del matrimonio tradicional, ¿por qué, entonces, están agitados los oponentes del matrimonio entre homosexuales? Pues bien, a causa del homosexualismo, desde luego -específicamente entre varones. El sexo entre mujeres nunca ha provocado, ni siquiera en tiempos bíblicos, tanta cólera. En la entrada sobre ‘Prácticas homosexuales’, del Diccionario bíblico Anchor, se observa que en ninguna parte de la Biblia se refieren sus autores al sexo entre mujeres, ‘posiblemente porque no resultó en verdadera unión física (mediante penetración masculina’). En un puñado de pasajes la Biblia sí condena el sexo entre varones. Levítico se refiere en dos ocasiones al sexo entre hombres como ‘una abominación’, pero estas son líneas a descartarse por encontrarse en un texto peculiar dedicado a códigos de conducta en el mundo antiguo de los judíos, un texto donde versículo tras versículo se dedica a remedios para la lepra, ritos de purificación para mujeres menstruantes y la forma correcta para sacrificar un cabro, cordero o tórtola. La mayoría de nosotros ya no hacemos caso a Levítico en lo concerniente a recortes del pelo o el sacrificio de sangre; nuestro entendimiento del mundo moderno ha sobrepasado sus directrices. ¿Por qué consideraríamos con más seriedad su condenación del homosexualismo que su consejo, el cual es mucho más extenso, sobre el mejor precio a pagar por un esclavo?

Pablo trató duramente al homosexualismo, aunque recientemente, eruditos progresistas han argumentado que su condenación de hombres que ‘se encendieron en su lascivia unos con otros’ (lo cual llama él una ‘perversión’) es, en realidad, una crítica de la especie peor de maldad: auto delusión, violencia, promiscuidad y libertinaje. En su libro ‘La arrogancia de las naciones’, el erudito Neil Elliott arguye que Pablo se refiere en este famoso pasaje a la depravación de los emperadores romanos, los hábitos viciosos de Nerón y Calígula, una referencia que su audiencia hubiese captado al instante. ‘Pablo no está hablando, de modo alguno, sobre lo que llamamos homosexualismo’, dice Elliott. ‘Él está hablando de cierto grupo de personas que ha hecho todo lo que aparece en la lista. No estamos tratando de nada parecido al amor homosexual o el matrimonio homosexual. Estamos                               hablando de personas muy, pero muy violentas, quienes llegan a su fin y son juzgadas por Dios’. De                               todos modos, podría uno añadir que Pablo argumentaba más vigorosamente contra el divorcio, y por lo menos la mitad de los cristianos en América hace caso omiso a esa enseñanza.

Pues, las objeciones al matrimonio gay no están arraigadas en la Biblia de modo alguno, sino en la costumbre y la tradición (y tocando el meollo del asunto por un momento, en una incomodidad personal con la intimidad entre personas del mismo sexo que trasciende argumentos teológicos). Oraciones y ritos comunes reflejan nuestra práctica común. En el ‘Libro episcopal de oraciones comunes’ los participantes en el matrimonio se describen como ‘el hombre y la mujer’. Pero, la práctica común cambia –y para lo mejor, citando lo que dijo el Reverendo Martin Luther King, hijo: ‘El arco de la historia es largo, mas sin embargo curva hacia la justicia’. La Biblia endosa la esclavitud, una práctica que, universalmente, los americanos consideran vergonzosa y bárbara. Ella recomienda la pena de muerte para adúlteros (y, de hecho, en Levítico, para hombres que se intiman con hombres). Conceptualmente, ella contiene provisiones para la protección de antisemitas. Una perspectiva madura sobre la autoridad de las Escrituras requiere que nos ubiquemos más allá de lo literal, cosa que hemos hecho en el pasado. La Biblia fue escrita para un mundo tan diferente al nuestro que resulta imposible aplicar sus reglas, tal cual dadas, al nuestro.

Específicamente, el matrimonio ha evolucionado de tal manera que las esposas de Abraham y Jacob no lo reconocerían. La monogamia llegó a ser la norma en el mundo cristiano en el Siglo VI. Ya para comienzos del Siglo XX, se volvió tabú el frecuente disfrute de parte de esposos del placer de concubinas y prostitutas. (En una encuesta por NEWSWEEK, el 55% de los entrevistados estaba de acuerdo en que son moralmente más ofensivos los heterosexuales casados, pero sexualmente infieles, que las parejas gay comprometidas a ser fieles el uno al otro en su relación sexual.) A mediados del Siglo XIX, las cortes de Estados Unidos estaban fallando a favor de esposas víctimas de violencia doméstica, y para la década de los 1970 la mayoría de los estados había eliminado sus leyes tipo ‘cabeza y amo’, las que concedían a los esposos el derecho de decidir dónde residiera la familia y si la esposa podía, o no, tomar un empleo. La visión de hoy del matrimonio como la unión de compañeros iguales, unidos en una relación romántica y pragmática, es radical, según estándares recientes, dice Stephanie Coontz, autora de ‘El matrimonio: una historia’.

Reflejando los nuevos conceptos del matrimonio, las ceremonias nupciales ya han cambiado. ¿Se acuerda de cuando decíamos ‘hombre y esposa’ en vez de ‘esposo y esposa’? ¿Se acuerda de cuando dejamos de usar la palabra ‘obedecer’? Aun la señorita Manners, la voz de tradición y razón, aprobó, en el 1997, este cambio. ‘Parece’, escribió ella, ‘que la eliminación de ‘obedecer’ fuera la corrección de una ceremonia cuyas asunciones acerca del matrimonio ya la sociedad no las sostiene’.

No podemos tomar la Biblia como un manual para el matrimonio, pero la podemos leer para encontrar verdades universales, mientras prosigamos, esforzándonos, hacia un futuro más justo. La Biblia ofrece inspiración y advertencias sobre los temas del amor, matrimonio, familia y comunidad. Ella habla elocuentemente sobre el rol crucial de familias en una sociedad justa, y sobre los riesgos que acarreamos para nosotros y nuestros hijos si desistiéramos de formar parejas amorosas atadas fuertemente. Los varones gay se complacen en señalar el cuento del apasionado rey David y su amigo Jonatán, con quien era ‘un espíritu’ y a quien ‘amó como a sí mismo’. Los conservadores dicen que esta es una historia acerca de una amistad platónica, pero también es la historia de dos varones que se apoyan mutuamente en tiempos turbulentos, en medio de guerras violentas y la desaprobación de un pariente poderoso. Al ser muerto Jonatán, David desgarra su vestimenta, y acongojado, escribe una canción: ‘Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres’. Aquí, la Biblia alaba el amor duradero entre dos varones. Lo que hicieran o no hicieran en privado Jonatán y David tal vez mejor dejarlo a la historia y nuestra imaginación.

La Biblia, en adición a su alabanza de la amistad y su condenación del divorcio, proporciona muchos ejemplos de matrimonios que contravienen lo convencional, mas sin embargo benefician a la comunidad extendida. El Tora disuade a los hebreos antiguos de casarse fuera de la tribu, sin embargo, el mismo Moisés se casó con Séfora, una extranjera. La reina Ester se casó con un hombre no judío, y según la leyenda, salvó al pueblo judío. El rabí Arthur Waskow, del Centro Shalom en Filadelfia, piensa que la diversidad y la inclusión hacen prosperar al judaísmo. Dice: ‘Pienso que el judaísmo no debiera marginar del proceso religioso a ninguna porción de la población humana. No debiéramos querer dejar fuera del tabernáculo sagrado a los (homosexuales)’. El matrimonio de José y María tampoco es ortodoxo (por no decir más), siendo su caso un arreglo no convencional aceptado por la sociedad para el bien común. Después de todo, al niño le hacía falta dos padres humanos.

En el relato cristiano, el mensaje de aceptación para todos es codificado. Jesús extiende la mano a todos, especialmente a los marginados, y trae a su círculo toda la comunidad cristiana. El Reverendo James Martin, sacerdote jesuita y autor, invoca, como evidencia del amor de Cristo que abarca a todos, el cuento de cómo Jesús se manifestó a la mujer junta al pozo (de Jacob), no importando que ella hubiese tenido cinco esposos, como también, en ese momento, un amante. El gran erudito bíblico Walter Brueggemann, profesor emeritus del Seminario Teológico Colombia, al procurar encontrar respaldo bíblico para el matrimonio gay, cita al apóstol Pablo: ‘No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús’. Añade que el argumento religioso a favor del matrimonio gay ‘generalmente no se hace con referencia a textos particulares, sino en base de la convicción general según la que la Biblia se inclina a la inclusión’.

Practicar la inclusión, aun en contra de convenciones sociales, abrirse a los marginados, el énfasis sobre compañerismo y comunidad, en contraste con caos, depravación, indiferencia –todos estos valores bíblicos arguyen a favor del matrimonio gay. Si uno apoya la igualdad racial y la naturaleza común de la humanidad, entonces acepta necesariamente los valores de estabilidad, monogamia y familia. Terry Davis, pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana, en Hartford, Connecticut, ha estado presidiendo “uniones santas” desde el 1992. ‘Me opongo a la promiscuidad; el amor debiera expresarse a través de relaciones comprometedoras, y no mediante el sexo casual, y pienso que la iglesia debiera reconocer la validez de relaciones entre personas del mismo sexo cuando hay tal compromiso’, dice él.

Aún así, muy pocas denominaciones judías o cristianas endosan, oficialmente, el matrimonio gay, ni siquiera en los estados donde es legalizado. La práctica varía por región, iglesia o sinagoga, aun por clérigo. Las denominaciones más progresivas –por ejemplo, la Iglesia de Cristo Unida- han decidido respaldar el matrimonio gay. Otras denominaciones o diócesis celebran ‘uniones santas’ o ceremonias para ‘bendecir’, pero esquivan el vocablo ‘matrimonio’ por ser políticamente explosivo. Así pues, permanece la pregunta frustrante y semántica: ¿debería la gente homosexual casarse de la misma manera sacramental que la gente heterosexual? Yo argumentaría que debería. Si todos nosotros somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza, entonces denegarnos, basándose en la sexualidad, acceso a cualquier sacramento es lo mismo que denegárnoslo por el color de la piel, y ninguna persona seria (o siquiera un poco seria) argumentaría a favor de semejante proceder. La gente se casa ‘por su mutuo gozo’, explica la Reverenda Cloe Breyer, directora ejecutiva del Centro Interfaith en Nueva York, citando la ceremonia nupcial episcopal. Ella añade que eso mismo es lo que hace la gente religiosa: amarse mutuamente por encima de dificultades. En el matrimonio, las parejas se acercan más a Dios: ‘Juntándose el uno al otro en comunión (comunidad) es cómo se ama a Dios. De eso mismo trata el matrimonio’.

Aún más básica que la teología es la necesidad humana. Queremos, tal cual Abraham, envejecernos rodeados por amigos y familia, y cuando llegue el fin ser sepultados pacíficamente entre ellos. Queremos, tal cual enseñó Jesús, amarnos los unos a los otros por nuestro propio bien, y evitando ser demasiado pretenciosos acerca de ello, no para el bien del mundo. Queremos que nuestros hijos crezcan en hogares estables. Realmente, lo que sucede en la habitación de dormir no tiene nada que ver con ninguna de estas cosas. Mi amigo, el sacerdote James Martin, dice que su Escritura predilecta relativa a la cuestión de homosexualidad es el Salmo 139, una canción que alaba la belleza e imperfección en todos nosotros y que glorifica el conocimiento que tiene Dios de nuestro yo más secreto: ‘Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras...’ (Nota del traductor: Una traducción literal de lo que dice el texto en inglés leería: ’Me has hecho de una forma maravillosa y asombrosa.’). Luego añade que cree en su corazón que si Jesús estuviera vivo hoy día él se acercaría especialmente a los homosexuales y lesbianas entre nosotros, porque ‘Jesús no quiere que la gente se sienta sola y triste’. Qué la oración de este sacerdote sea la nuestra también.”

Escrito por Lisa Miller, editora de la sección de religión de la revista NEWSWEEK.

 

Nota del traductor: El artículo “Nuestro mutuo gozo” fue publicado en la revista NEWSWEEK, en la edición del 15 de diciembre de 2008. También en el Internet. La tesis de la autora es que la Biblia apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hemos analizado punto por punto, en clases bíblicas para adultos jóvenes, como también en clases para la capacitación de maestros, maestras y predicadores, los textos y argumentos traídos por Lisa Miller, encontrando innumerables fallas de exégesis y argumentación. Nuestra apreciación es que se trata de un ejemplo clásico del “humo del pozo como de un gran horno”, el que sale al abrirse el “pozo del abismo”, conforme a la profecía de la Quinta Trompeta en Apocalipsis 9:1-3. “Humo” que ofusca el entendimiento del lector ingenuo carente de conocimientos bíblicos necesarios para el examen de escritos tales como este; “humo” que emboba, envenena y mata al espíritu del incauto. "Humo" que sigue saliendo, aumentandose y expandiéndose hasta el día de hoy. Esta edición del artículo, sin comentarios de nuestra parte, la publicamos esperando que usted, estimado lector, cuente con las herramientas intelectuales y espirituales esenciales para evitar ser engañado. Nuestro propósito es publicar otra edición con comentarios, al disponer del tiempo necesario para escribirlos.

El texto de este artículo está disponible en el formato de quince Presentaciones gráficas para clases o mensajes.

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