Suscríbase para recibir notificaciones de nuevos artículos.

Contenido completo de esta serie

“Vida en el cuerpo de Cristo”

Por Jerry Humphries, evangelista

Lección 8

“Comunión cristiana”

Introducción

La comunión cristiana es mal entendida por todas partes, tanto por miembros de la iglesia como por otras personas. Por cierto, esta comunión es más que un sentimiento. Tiene mucho más significancia que meramente juntarse para hacer cosas gratas.

I.  ¿Qué es “Comunión cristiana”?

KOINONIAes la palabra griega traducida “comunión” en el Nuevo Testamento. Significa “camaradería”, “participación”; también “compartir”. La comunión cristiana es única. La gente del mundo se junta y participa en actividades pecaminosas. Esto es compañerismo, pero no es comunión cristiana. Tanto cristianos como los no cristianos participan en sanas actividades beneficiosas. Esto tampoco es comunión cristiana.

Las personas que no son cristianos no pueden tener comunión cristiana. Nuestra comunión cristiana no es una asociación voluntaria de personas. Más bien, es una relación creada por Dios. Los cristianos tenemos comunión los unos con los otros en virtud de tener comunión con Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo (1 Corintios 11:9; 2 Corintios 13:14; 1 Juan 1:3-7). Estábamos separados de Dios a causa de la culpa de nuestros pecados. Mediante fe en Cristo, la cual conlleva a la obediencia, aceptamos la gentil oferta que nos hizo Dios de perdonar nuestros pecados y recibirnos de nuevo en comunión (Romanos 3:21-26; Efesios 2:8-9; Hechos 2:38). Fuimos bautizados en Cristo, en su cuerpo, la cual es su iglesia (Romanos 6:3-5; Gálatas 3:26-27; 1 Corintios 12:13; Efesios 1:22-23). Podemos ser amigos de personas que no sean miembros de la iglesia, y participar con ellas en actividades que no nos lleven a desobedecer la enseñanza bíblica. Sin embargo, no podemos reconocerlas como cristianos, pues no están en comunión con Jesucristo.

Obviamente, la comunión con Dios, Cristo y el Espíritu Santo es el beneficio más significante disfrutado por cristianos. Esta relación, y nuestra comunión los unos con los otros, están enlazadas inseparablemente. Mera confraternidad humana descansa en la decisión de personas a estar juntas. En cambio, el Señor coloca a las personas salvas en su iglesia, todas juntas (Hechos 2:47). Nuestra comunión con otros miembros del cuerpo de Cristo es preciosa e importante.

II.  Algunas maneras de tener los cristianos comunión los unos con los otros.

Adorar todos juntos es tener comunión. Mediante la Cena del Señor, tenemos comunión con Jesús, y con otros miembros de su cuerpo (Mateo 26:26-29; 1 Corintios 10:16-17; 1 Corintios 11:23-26). Al cantar, no solo alabamos todos juntos a Dios sino que también nos enseñamos y nos amonestamos los unos a los otros (Efesios 5:19; Colosenses 3:16). A los que dirigen oraciones les conviene tener presente el que están guiando a toda la congregación en oración más bien que pronunciando una oración personal. Todo cristiano presente debería participar mentalmente en la oración para poder decir “Amén”, es decir, “Así sea” (1 Corintios 14:26).  Todo miembro de la iglesia debería participar en la lectura de la Palabra, en la enseñanza y la predicación, y lo puede hacer por medio de escuchar atentamente y hacer aplicaciones personales. Dar de nuestro dinero para sostener la obra de la iglesia es un tipo de comunión que nos recompensa ricamente. Pese a su profunda pobreza, los cristianos de Macedonia suplicaron  que se les concediese el privilegio de participar en las contribuciones a favor de los cristianos necesitados en Judea (Hechos 11:27-30; 2 Corintios 8:1-4). Al proveer sostenimiento económico para los que predican el evangelio tenemos comunión con ellos y con otros que participan en su labor. Quienes proveen fondos para la obra son compañeros que compartirán las recompensas por las obras realizadas (Filipenses 1:3-5; 4:15-18).

Trabajando juntos en obras espirituales, tenemos comunión. Trabajando juntos para ganar a personas para Cristo, madurar a nuevos cristianos y restaurar a miembros infieles, somos compañeros los unos de los otros y con Dios en la actividad que más le agrada (2 Corintios 5:18-21; 6:1).

Juntándonos para actividades sociales, tenemos comunión. Los primeros cristianos dieron mucho énfasis a la comunión (Hechos 2:42). En adición a congregarse para el culto, disfrutaron todos juntos de comidas fraternales (Hechos 2:46). Se nos instruye a no comer con cristianos que estén viviendo en rebeldía contra Dios, ni asociarnos con los tales (1 Corintios 5:9-11).

III.  Rehusar tener comunión.

Tan preciosa e importante es la comunión entre cristianos que la misma no debería ser contaminada, compartiéndola con los que no se solidaricen con nosotros en nuestra devoción a Cristo. Por otro lado, no deberíamos rechazar a los que Dios acepta. No es preciso que todos los cristianos tengan el mismo entendimiento, las mismas opiniones o convicciones idénticas sobre asuntos no esenciales para salvación. Se nos manda a recibirnos los unos a los otros pese a las diferencias que pudiéramos tener en tales materias, como también a no condenarnos los unos a los otros a causa de ellas (Romanos 14:1 – 15:7).

Los cristianos no deberíamos tener comunión con los que enseñan errores sobre lo esencial para salvación. Dios no tiene comunión con los maestros religiosos cuyo mensaje es contrario al evangelio de Cristo (Gálatas 1:6-9). El evangelio incluye tanto los requerimientos para salvación como los hechos acerca de Jesús (Marcos 16:15-16; Hebreos 5:9; 2 Tesalonicenses 1:7-9). Dar la bienvenida a tales maestros errados, animarlos o apoyarlos es participar en sus malas obras (2 Juan 9-11). Aquel que lo haga compartirá también su castigo, a menos que no se arrepienta. Tenemos que apartarnos de personas que causen divisiones y pongan obstáculos, contrarios a la enseñanza del Nuevo Testamento, a la fidelidad entre cristianos (Romanos 16:17).

Es preciso rechazar tener comunión con cristianos cuyo estilo de vida no honre a Cristo. Esto incluye a los que sean culpables de inmoralidad sexual, avaricia, idolatría, difamación, borracheras y deshonestidad, como además, a cristianos no dispuestos a trabajar para ganarse el pan de cada día.

De contar una congregación con ancianos, estos deberían instruir a la iglesia a no asociarse con miembros infieles de tal manera que se implicara aprobación o aceptación de ellos. De no contar una iglesia con ancianos, o de fallar los ancianos, no cortando comunión [con cualquier miembro que ande desordenadamente], no por ello están los demás miembros eximidos de obedecer los mandamientos de Dios sobre estos particulares.

Cortar la comunión jamás debería ejecutarse como un acto de retaliación, o meramente para deshacernos de algún problema. Al contrario, debería ser un acto amoroso de disciplina hecho para motivar a cristianos infieles a arrepentirse y ser restaurados a comunión con Dios y su pueblo (1 Corintios 5:5; 2 Tesalonicenses 3:14-15).

Para preservar la pureza y el poder de la iglesia es necesario denegar comunión a los cuyo estilo de vida sea contrario a la voluntad de Dios. Jesús quiere que su iglesia sea pura y santa (Efesios 5:25-27). La congregación que tenga comunión con miembros pecaminosos e impenitentes es una iglesia contaminada y pervertida. El pecado es altamente contagioso. Contamina a otros miembros (1 Corintios 5:6-7). Tal iglesia no tiene por qué ilusionarse con atraer a personas que quisieran estar en una iglesia verdaderamente comprometida a practicar la enseñanza bíblica.

IV.  El poder de la comunión cristiana.

En Hechos 2:42-47 y 4:32-33, se describe la comunión de la iglesia primitiva y el impacto de la misma sobre los no cristianos. Había, en aquellos hermanos, un espíritu grandioso de unidad –de la clase por la cual oró Cristo (Juan 17:20-21). Su amor por Jesucristo y los unos por los otros los unió estrechamente. En aquel tiempo, lo sociedad en general era fría y egoísta. En ella, había muchas personas discriminadas y oprimidas. Multitudes de personas ya no tenían raíces, habiendo migrado a ciudades en esperanza de mejorar su calidad de vida. Mucha gente anhelaba ser aceptada, tener amistad, ser amada. Todo esto lo vieron aquellas gentes en la iglesia y fueron atraídas a ella, de la manera que el calor del fuego atrae a uno cuando hace frío y el día es tenebroso. ¡Todos los días se añadieron personas a la iglesia! (Hechos 2:47) Se registra en los anales del libro de Hechos una expansión asombrosa de la iglesia. La agresividad evangelística y el éxito de la iglesia del Siglo I puede atribuirse, en gran medida, a su comunión.

Aún en el día de hoy, la comunión sigue siendo un factor principal que afecta el evangelismo y el crecimiento de la iglesia. Nuestra sociedad se parece mucho a la del Siglo I. Multitudes de personas tienen hambre de una relación llena de calor humano, amor y compasión. Los grupos que sobresalen en su esfuerzo de llenar esta necesidad atraen y retienen a grandes números de personas. Muchas iglesias que ostentan el nombre de Cristo necesitan, desesperadamente, practicar genuina comunión cristiana. Sin ella, decrecerán y morirán.

Conclusión

Tener comunión cristiana es la razón principal por ser cristiano. El privilegio más grande de la vida es tener una buena relación para con Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo, y disfrutar de comunión con los demás miembros del cuerpo de Cristo. Atesorarla, pues. Hacer todo lo posible para que todo aspecto de la comunión cumpla todo lo que el Señor quiere que sea.

 

Preguntas para reflexionar y discutir

1.  ¿Qué es el significado de la palabra griega traducida “comunión”?

2.  ¿Pueden tener comunión cristiana las personas que no son cristianos? ¿Por qué sí, o por qué no?

3.  ¿Qué es lo que hace posible que los cristianos tengan comunión los unos para con los otros?

4.  ¿Cómo puede uno llegar a tener comunión para con Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo?

5.  Identificar algunas maneras mediante las que los cristianos tienen comunión los unos con los otros.

6.  ¿Con quiénes no deberían los cristianos tener comunión?

7.  ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras acerca de apoyar y animar a maestros religiosos cuyo mensaje sea contrario al evangelio de Cristo?

8.  ¿Estamos en el deber de rehusar tener comunión con cristianos fieles con quienes no estemos de acuerdo en referencia a asuntos no esenciales para salvación? ¿Por qué?

9.  ¿Cuáles son los propósitos de denegar comunión a cristianos infieles e impenitentes?

10.  ¿Está obligado todo cristiano a practicar lo que la Biblia enseña sobre rehusar comunión, aunque algunos líderes de la iglesia u otros miembros no lo hagan? ¿Por qué?

11.  ¿Por qué fueron atraídos a la iglesia del Siglo I grandes números de personas?

12.  ¿Cómo afecta la comunión al evangelismo y al crecimiento de la iglesia en el día de hoy?

 Contenido completo de esta serie

 

Twittear Seguir a @editoriallapaz   

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.