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“Vida en el cuerpo de Cristo”

Por Jerry Humphries, evangelista

Lección 2

“Jesús, nuestro Señor y nuestra vida”

Lección 2

Introducción

La cabeza suya es la parte más importante de su cuerpo. Separadas de la cabeza, las demás partes del cuerpo no pueden sobrevivir. El resto del cuerpo también depende, para su funcionamiento, de la cabeza. Se enseña en el Nuevo Testamento que Jesús es la cabeza de su cuerpo espiritual, la iglesia (Efesios 1:22-23; 5:23; Colosenses 1:18). ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué significancia tiene para nosotros?

I.  La supremacía y autoridad de Jesús.

Los textos anotados en la “Introducción” enfatizan la supremacía y autoridad de Jesús. Su grandeza, gloria y poder como gobernante de su reino son los tópicos de cientos de predicciones del Antiguo Testamento. Él aseveró tener toda autoridad y comisionó a sus seguidores a hacer discípulos a todas las naciones, enseñándoles a obedecer sus mandamientos (Mateo 28:18-20). Dios lo ha hecho Señor (gobernante) y Cristo (el ungido, el rey). (Hechos 2:36) Lo ensalzó muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y nombre que se nombra (Efesios 1:18-21). Toda persona confesará, tarde o temprano, que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:9-11). En el juicio, todo aquel que no se haya sometido a él se verá obligado a reconocer su señorío. Confesarlo, en esta vida como Seño, resulta en salvación (Romanos 10:9-10).

Someterse al señorío de Jesús envuelve obediencia. Este concepto no es popular entre  muchos, incluso muchos cristianos. Lo tienen como “legalismo”, “salvación por obras”, etcétera. Piensan que todo lo que se requiere es tener “una relación personal con Jesús”. Pero, la cuestión es: ¿Cómo podemos tener una buena relación con Jesús? Jesús dijo: “…enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que os mando?” (Lucas 6:46). “Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando” (Juan 15:14). Cristo salva a los que le obedecen (Hebreos 5:9). No podemos tener al Señor como nuestro Salvador sin someternos a él como Señor.

La voluntad de Jesús para nosotros se encuentra en el Nuevo Testamento. La misma revela todo cuanto pudiéramos saber acerca de lo que él quiere que creamos y hagamos. La seguridad de una buena relación para con Jesús se logra solo mediante conocer y obedecer su voluntad. Esto no significa que podamos ganar nuestra salvación. Por medio de su gracia, Dios ha provisto salvación mediante la muerte y la resurrección de Jesús. Logramos acceso a esta provisión, teniendo fe en Jesús, la cual se demuestra por medio de la obediencia (Romanos 3:21-26; 5:1-2; Efesios 2:8-10; Hebreos 5:9). Bien que siempre obedecer perfectamente sea imposible para todo humano, tenemos que ser, no obstante, totalmente sumisos a la voluntad del Señor. Si somos sumisos, reconoceremos nuestras fallas, pediremos perdón, y con su ayuda, continuaremos aprendiendo y haciendo su voluntad cada vez más perfectamente (1 Juan 1:8-10; Filipenses 3:12-15).

La sumisión a Jesús ha de abarcar todo aspecto de nuestra vida: nuestro pensar, manera de expresarnos, tiempo, posesiones, estilo de vida, carrera, vida familiar, tiempo libre, recreación, etcétera. Él no acepta nada menos que entrega absoluta. Demasiada gente profesa con sus labios que Jesús es el Señor, pero lo deniegan mediante su manera de vivir. Entregarnos a Jesús resulta ser una gran lucha para nosotros a causa de nuestro egoísmo. Muchos de nosotros pasamos por distintos niveles de entrega.

-Nivel 1.  “Haré lo que yo quisiera, no importándome cuál sea la voluntad del Señor.”

-Nivel 2.  “Haré lo que el Señor quiere de mi, siempre y cuando él me conceda lo que quiero.”

-Nivel 3.  “Primero, obedeceré al Señor, luego esperaré que él me dé lo que yo quisiera tener.”

-Nivel 4.  “Haré todo cuanto el Señor quiere que haga, aunque nunca me dé lo que yo quisiera para mí mismo.” Esta es sumisión absoluta, y es lo que Jesús requiere.

Se nos hace mucho más fácil si entendemos y creemos el móvil tras demandar Jesús que nos sometamos a él. Él no es un tirano egoísta u opresivo. Nos ama tanto que sufrió y murió por nosotros. Su voluntad siempre es lo mejor para nosotros. Entregándonos completamente a él, hallamos la libertad y satisfacción que anhelamos (Mateo 11:28-30; Juan 8:31-32, 36). De no haberlo hecho ya, baje usted del asiento de “chofer de su vida”, permitiendo que Jesús tome control. Descienda del trono de su vida, invitando a Jesús a tomar el dominio.

Jesús es la única autoridad en su iglesia. En la iglesia a la cual pertenece usted, ¿quién ejerce autoridad suprema? ¿Quién legisla respecto a requerimientos para ser miembro, cómo es organizada la iglesia, las cualificaciones y funciones de los líderes, servicios de adoración, actividades ministeriales, el estilo de vida de los miembros, etcétera? Jesús es la cabeza sobre todo en la iglesia que es su cuerpo (Efesios 1:22-23). La iglesia está sujeta a él (Efesios 5:24). Él debería tener la preeminencia o supremacía sobre todas las cosas (Colosenses 1:18). Los líderes espirituales, incluso ancianos, predicadores y maestros, no tienen autoridad legislativa en la iglesia. A ellos el Señor ha delegado el ministerio de influenciar a otros a obedecer su voluntad. Tampoco es correcto que los miembros determinen, mediante votación, lo que crea y haga la iglesia en lo concerniente a asuntos sobre los cuales Jesús ha revelado su voluntad.

El hecho de ser absoluta la autoridad de Jesús también quiere decir que es pecado intentar cualquier persona fijar opiniones personales, preferencias personales, costumbres o tradiciones como condiciones para comunión. Tanto quienes emitan leyes religiosas como los que se sometan a las mismas desagradan a Dios (Mateo 15:9; Colosenses 2:20-22). Haciéndolo, dan a entender que no respetan la autoridad absoluta de Jesucristo.

II.  Jesús, nuestra vida.

Otra grandiosa verdad inherente en el hecho de que Jesús es la cabeza del cuerpo, la iglesia, es que él es la fuente de vida para la iglesia.

En la Biblia, se hace referencia, con frecuencia, a la unión con Dios como “vida”, y a la separación de él como “muerte”. Por lo menos veinticinco veces se refiere a Jesús como la fuente de la vida en el relato que hace el apóstol Juan del evangelio. Solo mediante él podemos gozar de unión y comunión con Dios. Dijo él: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6). Los creyentes en él que le obedecen tienen vida eterna. Quienes lo rechacen no verán vida. La ira de Dios permanecerá sobre los tales (Juan 3:36).

Los cristianos son los que una vez estaban “muertos en pecado”. Pero ahora, hemos sido hechos, mediante Dios, “vivos en Cristo” (Efesios 2:1, 5; Colosenses 2:13). A consecuencia de nuestra fe en Jesús, obedecimos el mandamiento de arrepentirnos y bautizarnos para perdón de nuestros pecados (Hechos 2:38). Procediendo así, llegamos a identificarnos con Jesús en su muerte, sepultura y resurrección. Fuimos resucitados del bautismo para vida nueva en Cristo. En él, ahora somos “vivos para Dios”. Hemos sido llevados de muerte a vida (Romanos 6:1-18). Cristo es nuestra vida (Colosenses 3:6). Estamos completos en él (Colosenses 2:9-10). Él suple todo lo que necesitamos para una buena relación con Dios y la seguridad de vida eterna. Jesús es “el pan de vida” (Juan 6:35). No solo nos salva sino que nos satisface por completo.

Jesús es la fuente de energía espiritual y poder para su iglesia. Nuestra relación para con él es la de los pámpanos a la vid. Dijo él: “Yo soy la vid, y vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Su iglesia crece al usar los miembros, dirigidos por su palabra y llenados de energía por su poder, las habilidades dadas por él en los ministerios espirituales (Efesios 4:7-16). Aportan una contribución positiva los planes, estrategias y métodos acordes con la enseñanza bíblica. Mas sin embargo, el factor primario que afecta el crecimiento y bienestar de la iglesia es el poder que solo Jesús provee.

¡Lo más importante para nosotros es exaltar a Jesús en todo lo que creamos, hagamos y enseñemos!

Preguntas para reflexionar y discutir

1.  ¿Cuánta autoridad tiene Jesús?

2.  ¿Cómo demuestra uno estar sometido a Jesús?

3.  ¿Significa el hecho de que obediencia a Cristo se requiere para salvación, que la salvación se alcance mediante obras, y no por gracia?  Explicar.

4.  ¿En cuáles áreas de nuestra vida demanda Jesús que nos sometamos a él?

5.  ¿Por qué quiere Jesús que nos sometamos a él?

6.  ¿Quién tiene suprema autoridad en la iglesia del Señor?

7.  ¿Qué clase de autoridad tienen los líderes de la iglesia?

8.  ¿Qué actitud tiene Dios tanto hacia las personas que emitan leyes religiosas como a las que se sometan a las mismas?

9.  ¿Qué significa “vida” espiritual y “muerte” espiritual?

10.  ¿Qué significa el hecho de que Cristo es la fuente de vida espiritual?

11.  ¿Cómo pasan los seres humanos de “muerte” a “vida”?

12.  Según Efesios 4:7-16, ¿cómo se produce crecimiento en la iglesia de Jesús?

 

 

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