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Carlos I. dice: “Dios… obliga, por decirlo así, a la gente a creer, pues no hay nadie que resista su voluntad.”

Intercambio

Copiamos electrónicamente su correo, intercalando “Comentarios breves”.

  
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Izquierdo -Un ejemplar de la Confesión de fe de Westminster. Derecho -Asamblea de líderes protestantes en Westminster, Inglaterra. El producto de esta Asamblea, la que efectuó reuniones desde 1643 hasta 1648 d. C., fue la Confesión de fe de Westminster.

 

“Otro punto, un humano jamás va a poder llegar a creer, a menos que Dios lo capacite para tal cosa, y aquí es donde entra la soberanía de Dios, que Él obliga, por decirlo así, a la gente a creer, pues no hay nadie que resista su voluntad. Dios el Espíritu Santo le da esa convicción de su pecado, lo que lo lleva a desesperadamente confiar plenamente en Jesús, no en todos los casos en ese orden, pero con esa misma esencia. Pues en el mismo verso de "por gracia sois salvos por medio de la fe", el apóstol cierra con "es don de Dios". Es un regalo de Dios, Dios lo dio, por gracia, no te lo merecías, no eras capaz de ganarlo, nada en tu mente hubiera  hecho posible que creyeras por tu propia depravación y corrupción a causa del pecado, a menos que Dios mismo te capacitara para hacerlo.”

-Comentarios

1.  Estimado Sr. Carlos I., usted cita Efesios 2:8-9, dando al texto una interpretación errónea, y partiendo de esta, enuncia una serie de doctrinas que no armonizan con preceptos fundamentales del evangelio de Cristo. Esta es mi convicción personal.

2.  Leamos cuidadosamente Efesios 2:8-9, escudriñándolo. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

a)  Amado, este texto no dice que la fe sea “don de Dios”. Me parece acertar al observar que si el Espíritu Santo hubiese querido enseñar, mediante Pablo, que Dios diere a personas particulares la fe como un don irresistible de gracia, no hubiese usado el pronombre neutro “esto” sino el pronombre femenina “esta” para establecer una relación inequívoca entre “la fe” y lo que no es “de nosotros”. Habiéndolo hecho, la expresión leería “…por medio de la fe; y esta no de vosotros…” Pero, enfatizamos que no dice “esta” sino “esto”, detalle clave que ningún expositor responsable e imparcial pasaría por alto.

b)  ¿Qué, pues, es el antecedente de “esto”? El contexto sencillo del pasaje determina la respuesta. ¿Qué es el tema céntrico? Respuesta: La salvación por gracia. “…sois salvos por gracia…” He aquí, el antecedente del neutro “esto”: el hecho de ser salvos por gracia. Este es el verdadero “don de Dios”. Una verdadera e innegable realidad: que nosotros los humanos no pudimos hacer nada que obligara, o comprometiera, a Dios a ofrecernos la salvación. Así que, “…la fe…” de este texto no es, en definitiva, el “…don de Dios” sino que este “don” es la salvación por gracia. Estando muertos en nuestros pecados (Efesios 2:1), ninguna obra podíamos presentar ante la Deidad como valiosa en grado tal que Dios ofreciera la salvación a manera de recompensa. Por lo tanto, la salvación no es, en su inicio, “por obras” meritorias, ni tampoco durante el proceso de confirmación y maduración que sigue el perdón inicial. Más sin embargo, este hecho no elimina, de modo alguno, la necesidad de obediencia a la verdad de Dios, incluso el hacer regularmente buenas obras. ¿Acaso no dice el Espíritu Santo esto mismo en el versículo que sigue el texto citado? Ciertamente, lo dice en Efesios 2:10. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” ¿Y no enseña el mismo Espíritu, por medio del apóstol Pedro, que la purificación de nuestras almas se logra no solo mediante la gracia de Dios y el sacrificio de su Hijo sino también por medio de nuestra obediencia a la verdad? Categóricamente, lo enseña. “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu…” (1 Pedro 1:22). Respetado Sr. Carlos I., pienso que una declaración tan clara debiera llevarle a reevaluar las varias doctrinas afirmadas por usted en su correo.

3.  Usted asegura que “…un humano jamás va a poder llegar a creer, a menos que Dios lo capacite para tal cosa…” Incorrecto. Ya vemos que Efesios 2:8-10 no respalda semejante doctrina. Doctrina que contradice enseñanzas fundamentales del evangelio. Por ejemplo, Jesucristo mismo dice, en la Gran Comisión: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo…” La implicación necesaria de la expresión es que cualquier persona que creyere y fuere bautizada, será salva. Genérico, y no particular. Pasos que toma la persona, cualquier persona, y que no toma Dios. Otro ejemplo: Dios “quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Pero, según la doctrina suya, Sr. Carlos, Dios “obliga… a la gente a creer”, es decir, él escoge a ciertas personas, obligándolas a creer. Entonces, se deduce que él no quiere “que todos los hombres sean salvos” sino solo a los que él seleccione, forzándolos a creer, aun en contra de su propio deseo, inclinación, voluntad. Tal doctrina, lejos de acercar al hombre a Dios, convierte en ateos a no pocos seres humanos. Doctrina ilógica, que representa a Dios como un Ser arbitrario, culpable de hacer acepción de personas, injusto, cruel.

4.  Añade usted: “…y aquí es donde entra la soberanía de Dios, que Él obliga, por decirlo así, a la gente a creer, pues no hay nadie que resista su voluntad”. Pues bien, usted lo dice “así”, resumiendo tal vez acertadamente “las confesiones de fe de los antiguos padres de la iglesia, como la Bautista o la de Westminster”, pero no resume correctamente la “sana doctrina” de Jesucristo y los apóstoles (Hechos 2:42; Hebreos 6:1-5).

a)  Teóricamente, Dios pudiera ejercitar tal “soberanía”, pero ningún texto bíblico, entendido correctamente, respalda semejante concepto de su soberanía sobre los seres humanos. Jamás obliga a ninguno de nosotros a hacer su voluntad. Aun tratándose de personas seleccionadas por él para funciones o ministerios particulares, no las obliga al cumplimiento de su propósito como si fueran unas marionetas, unos robots pre programados, unos seres completamente carentes de voluntad propia. Refiriéndose el apóstol Pablo al llamado que le hizo Jesucristo, dice: “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial(Hechos 26:19), claramente dando a entender que sí pudiera haber rechazado el llamamiento.

b)  ¿Qué no haya “…nadie que resista su voluntad”? Pero, acabamos de ver que Saulo de Tarso tenía la opción de hacer esto mismo. Y a través de toda la Biblia, encontramos ejemplo tras ejemplo de personas y pueblos que sí resistían su voluntad. El designio de Dios es que “todos los hombres sean salvos”, y esto incluía a todos los judíos del tiempo de Juan el Bautista y Jesucristo. Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan (Lucas 7:30). ¿Qué nadie pueda resistir la voluntad de Dios? ¡Tonterías! Dios tenía “designios… respecto” a los fariseos e intérpretes de la ley. ¿Cuáles? Que aceptaran ser “bautizados por Juan”. Pero, ellos “desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos…” Así que, resistieron sí la voluntad de Dios.

c)  Los “antiguos padres de la iglesia”, entiéndase teólogos del tiempo de la Reforma, eran hombres falibles, los que en su empeño de contra arrastrar el énfasis exagerado y ante bíblico de católicos romanos sobre “salvación por obras meritorias”, se fueron al extremo contrario, enseñando “salvación por fe sola como don irresistible de Dios”. Muy lamentablemente, sus interpretaciones, recogidas en “confesiones de fe”, han sido recibidas como autoritativas, tiñendo la fe de multitudes de creyentes de ideas perjudiciales a la salvación del alma. Afloran unas cuantas de ellas en el correo que estamos escrutando.

5.  Sigue abundando usted, diciendo que “nada en tu mente hubiera hecho posible que creyeras por tu propia depravación y corrupción a causa del pecado, a menos que Dios mismo te capacitara para hacerlo”.

-Comentarios. Estas expresiones descubren una apreciación demasiada severa del estado espiritual de la persona media no convertida a Cristo. Según Romanos 1:18-20, ni siquiera “los hombres que detienen con injusticia la verdad” son tan depravados y corruptos que no pudieran llegar a comprender, “por medio de las cosas hechas”, aun sin escuchar predicado el evangelio, que Dios existe. Por lo tanto, de ellos se dice “que no tienen excusa”. Ahora bien, suponiendo que no fueran capaces de creer hasta que Dios no se introdujera en sus mentes, no solo capacitando para creer sino, yendo muchísimo más lejos, obligándolos a creer, forzándolos a creer, ¿con qué sentido argumentar que no tuvieran excusa? En tal caso, ¡Dios tendría la culpa de que no creyeran! Entonces, ¡buena excusa sólida tendrían para justificar su incredulidad! ¿Cuál? ¡Qué Dios mismo no hiciera nada para capacitarlos a creer! Pero, el argumento de la Deidad es que todo adulto normal debiera creer “por medio de las cosas hechas”, es decir, por medio de observar la grandeza y magnificencia de la creación, deduciendo que un Ser infinitamente más inteligente que el hombre la ideara, haciéndola realidad. Y esto, aunque tal adulto sea impío e injusto, como indica Romanos 1:18, viviendo en pecado. Esta verdad desmiente completamente la idea de que la mente del pecador fuera totalmente incapaz de creer sin la intervención directa e irresistible del Dios soberano. Afirmamos y sostenemos que Romanos 1:18-20 prueba todo lo contrario.

“Y no puedo decir que el oir salva, pues he sabido de personas que leyendo la Escritura, encontraron la salvación.”

-Comentario. Oír con entendimiento. Leer con entendimiento. Da lo mismo. El medio divino escogido para producir “fe” no es la intervención sobrenatural e irresistible de Dios en la mente del pecador sino “la palabra de Dios”. “La fe es…” ¿Cómo? “…por el oír…” ¿Oír qué cosa? “…la palabra de Dios”. En aquel Siglo I, catorce siglos antes de la invención de la prensa de imprimir textos, el énfasis fue, naturalmente, sobre “el oír”.

“El humano es completamente inútil e incapaz, en cuanto a su propia salvación se trata, Dios da la gracia, la fe, la salvación, las obras, la justificación y todo, el hombre no puede, debe ni es capaz de participar, pues no daría toda la gloria a Dios, sino que una parte se daría al hombre por que tomó "Una buena decisión". Algo que desde hace cerca de 5 siglos, ya estaba establecido en los fundamentos de la fe cristiana.”

-Comentarios. En este párrafo, encontramos una argumentación diametralmente opuesta a la doctrina del Nuevo Testamento. Cientos de textos y ejemplos en los veintisiete libros que componen este Testamento de Cristo enseñan que el ser humano ha de participar personalmente en el plan divino de salvación a fin de recibir el perdón de pecados. Asevera usted, Sr. Carlos, que “el hombre no puede, debe ni es capaz de participar”. ¿Por qué? Responde usted: “…pues no daría toda la gloria a Dios, sino que parte se daría al hombre por que tomó ‘Una buena decisión’”. En primer lugar, la persona que oye “la palabra de Dios”, la cree, cree en Cristo por medio de la palabra del evangelio, se arrepiente de sus pecados y se bautiza “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38), recibiendo perdón en virtud de haber obedecido la verdad (1 Pedro 1:22), no sale de las aguas bautismales alabándose o glorificándose a sí mismo como si por su propio esfuerzo se hubiese salvado. Bien sabe, de haber recibido instrucción correcta, que sin la gracia de Dios y el sacrificio de Cristo, no alcanzaría jamás ni nunca ningún perdón. En segunda lugar, el mero hecho de escuchar “la palabra de Dios”, paso necesario para creer, impone por sí solo la necesidad de tomar una decisión. El que cree y procede a acatar los demás mandamientos establecidos por Dios mismo como condiciones para perdón, ¡hace una buena decisión! Felicitarle por ella no resta nada en absoluto, ni una onza, de la gloria que corresponde a la Deidad.

-Si “el hombre no puede, debe ni es capaz de participar” en su salvación, ¿por qué dijo Jesucristo a Nicodemo “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5)? Nacer del agua es bautizarse en agua, y nacer del Espíritu es sumergirse en las enseñanzas del Espíritu –dos acciones que corresponden a toda persona que quisiera ser admitida al “reino de Dios”. Participación personal indispensable de cada ser humano en el proceso de acercarse a su Creador en busca de reconciliación. A propósito, tocante a “deberes del hombre”, el apóstol Pablo dijo a los atenienses lo siguiente: “Y de una sangre ha hecho [Dios] todo el linaje de los hombres… para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle…(Hechos 17:26-27). Dios se acerca al hombre, amándonos “primero” (1 Juan 4:19). Pero, en la realización de su magna obra de redención Dios no lo hace “todo”, como apunta usted, Sr. Carlos, sino que el hombre ha de buscar “a Dios”. “…para que busquen a Dios…” Usted dice, efectivamente, que el hombre no puede buscar a Dios, que es “completamente inútil e incapaz, en cuanto a su propia salvación se trata”. ¿No ve usted, a la luz de Hechos 17:26-27, cuán equivocada es su posición doctrinal? ¡Qué los hombres “…busquen a Dios…”! ¡Qué usted y yo busquemos a Dios! Todo lo contrario de ser “completamente inútil e incapaz”.

“Creo que entenderían lo que digo, revisando las confesiones de fe de los antiguos padres de la iglesia, como la Bautista o la de Westminster.

Si bien pude entender mal, y si me excedí pido una disculpa, pero no hagan a la gente creer que ellos tomaron una "buena decisión". La gente no se hace cristiana, Dios hace su propio pueblo. Todo cristiano con un poco de instrucción de las doctrinas fundamentales sabe éstas cosas.”

-Comentario y despedida. Cada estudioso diligente de estos temas evaluará estas últimas declaraciones del Sr. Carlos I. a la luz de lo ya traído. De mi parte, opino que si la “Confesión Bautista” y la “Confesión Westminster” jamás hubiesen sido compuestas, formalizadas e impuestas, no existiría gran parte de este enorme enredo doctrinal en torno a “fe como don irresistible de Dios; ‘la gente no se hace cristiana, Dios hace su propio pueblo’, obligando a los que él haya elegido a creer”, etcétera, etcétera.

-Mi única “confesión de fe”, mi único “credo” espiritual, es el Nuevo Testamento.

 

 

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