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“La cena del Señor”

Lección 13


 

En esta congregación, los hermanos que entregan el pan y la copa a los feligreses no siempre retienen las bandejas (charolas) en sus propias manos, permitiendo a los hermanos que las pasen del uno al otro. ¿Es aceptable su proceder? ¿Se les inculpa de
pecado si un miembro indigno come el pan y bebe la copa? ¿O si algún inconverso participa de los elementos sagrados? ¿O si algún adepto de una iglesia no perteneciente a nuestra hermandad participa? ¿Es correcto que ellos determinen quién participe, y quién no?
(Fotografía por Javier Castrodad, Bayamón, Puerto Rico)

Curso para cristianos que administran la mesa del Señor

Adaptable para la instrucción de la membresía en general

Dando gracias por la copa antes de efectuar la distribución a la membresía.´El Señor Jesús, al instituir “la cena”, primero bendijo el pan, “y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos” (Mateo 26:26-27). Bendecir el pan. Bendecir la copa. ¿Con qué justificación alterar este proceder en el día de hoy? (Fotografía por Javier Castrodad, Bayamón, Puerto Rico)

La participación de personas que no pertenecen a la iglesia

9.  ¿Conviene permitir que participen de “la cena del Señor” las personas que no son miembros de la iglesia, es decir, que no han sido bautizadas por inmersión y “para perdón de los pecados”?

a)  Ya que estas almas no han “obedecido de corazón a aquella forma de doctrina” autorizada por Dios (Romanos 6:17), no es correcto que participen de “la cena del Señor”. En las congregaciones donde visitan personas inconversas todos los domingos, o casi todos, lo indicado sería traer, con frecuencia, explicaciones sobre quiénes tienen derecho de participar, y quiénes no, exponiendo razones con claridad y respecto, con mucho tacto, humildad y amor por las almas no convertidas. De no haber inconversos presentes, disertar sobre por qué el que no es bautizado bíblicamente debiera abstenerse de comer el pan y tomar la copa sería invertir tiempo y energía en asuntos irrelevantes para los adoradores.

b)  Si una persona no convertida al Señor participa de “la cena”, ¿resulta culpable de algún pecado el que preside la mesa del Señor o los que distribuyen el pan y la copa? Respondemos a esta pregunta con otras dos preguntas, a saber: ¿Qué pecado cometerían? ¿Qué culpa tendrían? En definitiva, Dios no los ha hecho jueces de todas las almas presentes, bien sean miembros o no miembros. No cuentan con alguna directriz divina que les autorizara a ofrecer, o denegar, “la cena” conforme a su evaluación personal de todo individuo presente en la asamblea. Así que, se hace culpable solo el inconverso que participa, añadiendo a los demás pecados que ya carga. No aprobando el oficiante y sus ayudantes la acción del inconverso, de modo alguno se les puede inculpar de haber participado en pecado ajeno.

c)  Con pocas excepciones, las personas mundanas que acuden a nuestros cultos entienden, aun sin que se les instruya, que no tienen derecho a comer “la cena”. En cambio, no pocos de los que militan en iglesias ajenas a nuestra hermandad, al congregarse con nosotros se creen dignos de participar de “la cena”. ¿Por qué negársela, quizá ofendiéndolos públicamente e hiriendo sus sensibilidades a tal extremo que se alejen airados de nosotros, vetándonos la oportunidad de exponerles “más exactamente el camino de Dios” (Hechos 18:26)? Usualmente, se cierra el entendimiento del que es censurado, señalado, denunciado. Participando de “la cena” sin tener derecho de hacerlo, lo que hacen es añadir otro error a los que ya ponen en peligro su alma. Al continuar con nosotros, tal vez lleguen al entendimiento del evangelio puro, corrigiendo sus errores y tomando los pasos necesarios para asegurar su salvación. “Continuar”, digo, pero claro, no por tiempo indefinido sino solo por el tiempo razonable necesario para recibir instrucción adecuada, la que impartirían pronto, se supone, los responsables de la congregación.

10.  ¿Deberían los que distribuyen el pan y la copa retener siempre las bandejas en sus propias manos, no permitiendo que ninguno las toque o que los congregados las pasen del uno al otro, siguiendo invariablemente esta estrategia para evitar que coma “la cena” algún inconverso, religioso sectario o miembro infiel de la congregación?

a)  Procediendo de tal manera los que reparten el pan y la copa, efectivamente, se hacen jueces de las almas congregadas. Incuestionablemente, asumen un rol que no les corresponde. “A mi juicio, esta hermanita no anda en santidad. Su vestimenta la hallo algo escandalosa. Así pues, no le voy a servir 'la cena'. Aquel hermano, yo lo sorprendí en una mentirita la semana pasada. Ciertamente, él no es digno de participar. Le voy a negar el pan y la copa.” Pero, ¡alto! El ayudante que anda juzgando así a sus hermanos en la fe, ¿acaso conoce íntimamente la condición espiritual de cada uno justamente en la hora de conmemorar el sacrificio de Cristo? Aquel “hermano sorprendido en una mentirita”, ¿acaso ya se hubiese arrepentido sinceramente, rogando perdón a Dios? Al ayudante que reparte “la cena”, ¿Dios le ha dado potestad para decidir quiénes participen y quiénes no? Negativo. ¡De modo alguno! El que reparte “la cena” también es un ser falible, y no un juez espiritual infalible.

b)  La instrucción divina lee: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa (1 Corintios 11:28). No dice: “Pruebe y juzgue el que reparte a todo participante potencial”. Reiteramos: si extiende su mano y participa cualquier persona indigna, la culpa es suya y no del hermano que anda repartiendo “la cena”. Referente a disciplinar al miembro que anda desordenadamente, incluso, advertirle el pecado de tomar “la cena” indignamente, este deber atañe a los administradores de la congregación, y no necesariamente a los que reparten “la cena”.

11.  ¿Es sabio advertir constantemente a los seguidores de Cristo el peligro de comer y beber “juicio para sí” (1 Corintios 11:29)?

a)  La advertencia del apóstol Pablo para la iglesia en Corinto es clara y fuerte. “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios11:27 y 29). Leer y comentar juiciosamente esta advertencia de vez en cuando en las congregaciones de actualidad es, sin duda, saludable, pues es palabra de Dios. Pero, no vemos que el Espíritu Santo haya ordenado que estas advertencias se pronuncien todos los domingos. La frecuencia de su proclamación la determinaría, lógicamente, el estado espiritual de la congregación. O sea, si un número crecido de la congregación anda en la carne, si está adueñándose un espíritu de rebeldía o si muchos se están apostatando de la fe, tales circunstancias justificarían frecuentes y fuertes advertencias sobre tomar indignamente “la cena del Señor”. Por el contrario, si predomina en la congregación el espíritu de santidad, si se sigue fielmente la “sana doctrina”, si el vínculo perfecto del amor une a la gran mayoría de tal manera que son de “una misma mente”, “de un mismo sentir”, ¿con qué razón “advertir constantemente el peligro de comer y beber juicio para sí”?

b)  Las fuertes advertencias, duras reprensiones y amenazas de “juicio y condenación”, repetidas a menudo, tienden a crear un ambiente pesado, tenso, cargado de temor, negativismo y hasta depresión espiritual. Pero, ¿no se supone que “la cena del Señor” sea una hermosa experiencia positiva, inspiradora, elevadora? ¿Edificante y sublime en grado sumo? ¿Cómo llenar estas expectativas si el adorador es obligado a escuchar, casi todos los domingos, fulminaciones amenazantes, insinuaciones inquietantes, juicios fuertes, advertencias a granel? De la manera que no faltan predicadores obsesionados con el lado escuro y violento de pecados, juicios, condenaciones y destrucción, asimismo el tema predilecto de algunos que administran la mesa del Señor es el de “culpable del cuerpo y de la sangre del Señor… juicio come y bebe para sí” . Los extremos suelen ser perjudiciales y contraproducentes. Sabio es el administrador de la mesa del Señor que procura el balance en sus comentarios y señalamientos, inclinándose más por el lado positivo que por el negativo, a menos que las circunstancias ameriten lo contrario.

12.  ¿Es necesario orar antes de partir el pan? “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). ¿Valuamos el ejemplo de Cristo? Pues, también debemos dar gracias por el pan antes de comerlo. ¿Es necesario orar antes de tomar la copa? “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos” (Mateo 26:27). Si Cristo dio gracias por la copa, ¿con qué justificación no hacer lo mismo nosotros? ¿Por qué no seguir el mismo ejemplo del Señor? ¿Por qué eliminar, alterar, trasponer? El actual afán pujante de “cambiar” el culto ordenado por Dios en el Nuevo Testamento, de restar importancia a ejemplos bíblicos, de menospreciar “doctrina”, a menudo presagia pasos definitivos de apostasía.

a)  ¿Es aceptable dar gracias por el pan y la copa mediante una sola oración? Ya que Cristo no lo hizo, ¿con qué razón o lógica lo haríamos nosotros? ¿Acaso para acelerar la celebración de “la cena”? Ciertamente, esta es la impresión que tal acción transmite. “Basta con pronunciar una sola oración que incluya tanto el pan como la copa. Está demás la redundancia de dos oraciones.” Discrepamos. Cada componente de “la cena” tiene su significado muy particular. El cuerpo inmolado. “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” La sangre derramada que limpia de pecado. “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo?” (1 Corintios 10:16). Cada uno merece que le demos la importancia especial que le corresponde. Entre las distintas formas de realzarlos individualmente figura la de dar gracias por el pan, y luego, mediante oración distinta, dar gracias por la copa (1 Corintios 10:16).

b)  ¿Es aceptable orar por el pan, luego, enseguida, orar por la copa antes de repartir el pan, para entonces proceder a repartir ambos elementos a la vez? Ya que Cristo no lo hizo así, ¿con qué razón o lógica hacerlo nosotros? Más bíblico es seguir el ejemplo del Señor. Algunos cristianos aseguran que “cambios insignificantes” de esta índole no alteran en absoluto el significado fundamental de “la cena”. ¿Peca quien abogue por, o practique, los cambios indicados? Quizás no peque. Dios sabe. Pero, ¿con qué justificación sustituir un proceder propio por el que asentó el mismo Señor? ¡Tan fácil, apropiado y seguro es seguir el ejemplo de Cristo! ¿O por qué inquietar a algunos de la congregación, introduciendo “cambios” que los alarma? A propósito, los “cambios” calificados de “insignificantes” a menudo resultan ser “significantes” por impactar negativamente la calidad, y por ende, la aceptabilidad de nuestro culto a Dios.

c)  ¿Es aceptable que una hermana ore en voz alta bendiciendo el pan o la copa? Negativo. Al orar ella en voz alta frente a la congregación, estaría ejerciendo dominio sobre los varones presentes.

d)  ¿ Quiénes cualifican para dirigir las oraciones por el pan y la copa? Solo los varones fieles y santos.

e)  En las oraciones por el pan y la copa, ¿qué conviene enfatizar? A continuación, apuntamos algunas sugerencias, a manera de ejemplos.

(1)  Alabar a Dios y a Cristo por el amor incomparable de ambos, manifiesto en el sacrificio expiatorio en la cruz del Calvario.

(2)  Dar gracias por la redención, la reconciliación, la esperanza que este sacrificio hace posible. Por el “camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:20). Por “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10:10).

(3)  Pedir santificación para cada participante.

“Enfatizar” sí, pero con esta salvedad: que el orante no intente enumerarlos todos en una sola oración. Que su oración no sea larga. Que no ore para ser oído “de los hombres” . Que no llame atención a sí mismo sino que ensalce en todo momento al Cristo crucificado.

f)  Algunos temas deberían ser excluidos de las oraciones por el pan y la copa. Por ejemplo:

(1)  Peticiones por enfermos.

(2)  Intercesiones por la obra evangelística de la iglesia.

(3)  Plegarias por situaciones problemáticas que aquejen a algunos de la congregación.

(4)  Oraciones personales. Etcétera. Etcétera.

Valerse de la oración por el pan o la copa para regañar a la congregación, señalar males, enseñar sobre asuntos no relacionados con “la cena del Señor”, corregir, reprender o redargüir, lo haría solo el inepto para el ministerio de la oración.

13.  ¿Es imprescindible cantar un himno después de la Comunión?

a)  Habiendo Cristo instituido “la cena”, el relato de Mateo continúa: “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos” (Mateo 26:30). Marcos 14:26 también registra este detalle. “El himno.” ¿Qué “himno”? Según el Talmud, los judíos acostumbraban cantar los Salmos del 113 hasta el 118 en conexión con “la pascua de Jehová”, llamándolos “el gran Hallel”, es decir, la gran alabanza. Pero, hasta donde sepamos, Dios no ordenó a cantar el himno o himnos como acción necesaria para la celebración correcta de la pascua judía. El Talmud es una recopilación de interpretaciones y tradiciones judías, y no una obra inspirada por Dios mismo. Dadas estas consideraciones, más el contexto de Mateo 26:30, deducimos que no es imprescindible cantar un himno después de “la cena del Señor”.

-¿Conviene cantar un himno después de “la cena”? Conviene o cantar un himno o traer algún breve comentario apropiado. Así, porque concluir sin decir siquiera una palabra alusiva al acto de “la cena” parecería algo seco, opinamos. Se puede decir, por ejemplo: “Dios nos conserve en su Reino, ayudándonos a perseverar en santidad para que el próximo domingo podamos celebrar de nuevo esa fiesta espiritual solemne de los cristianos”.

 

La ofrenda y “la cena del Señor”

b)  ¿Es apropiado recoger la ofrenda inmediatamente después de “la cena”? Ya que la Biblia no establece el orden del culto, se trata de un asunto opinable. Damos nuestro parecer. Quizás no convenga por la siguiente razón principal: si se establece la rutina de recoger la ofrenda tan pronto termine “la cena” , algunos miembros, aun antes de concluida “la cena del Señor”, estarían sacando sus carteras o rebuscando en sus bolsillos el dinero para la ofrenda, pensando en la ofrenda cuando toda su atención debería estar concentrada aún en “la cena”. Hemos observado una y otra vez esta misma tendencia en congregaciones donde se recoge la ofrenda tan pronto termine “la cena”.

-Algunas congregaciones recogen la ofrenda antes de la predicación, celebrando “la cena del Señor” después del himno de invitación. Otras interponen un himno entre “la cena” y la ofrenda. Todavía otras celebran “la cena” antes de la predicación, recogiendo la ofrenda después del himno de invitación. Cualquier de estos procedimientos lo encontramos más sabio que el de recoger la ofrenda tan pronto termine “la cena”.

 

 

-DESGLOSE del "Contenido completo" de estos estudios

  

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