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-DESGLOSE del "Contenido completo" de estos estudios

“La cena del Señor”

Lección 12 (de 15)

En el manejo de las bandejas que contienen “el pan sin levadura” y “el fruto de la vid”, como además en la distribución de “la cena” a la congregación, estos hermanos proceden con dignidad y reverencia. Cada uno conoce su papel, habiendo recibido instrucciones al respecto. Nada de confusión o desorganización. Nuestro “Dios no es Dios de confusión”. Él enseña a la iglesia: “Hágase todo decentemente y con orden”.
(1 Corintios 14:33, 40)

Curso para cristianos que administran la mesa del Señor

Adaptable para la instrucción de la membresía en general

Texto para la “Lección 12”

“Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.”
(Colosenses 2:5)
 

Estos cuatro hermanos escogidos para administrar “la mesa del Señor”, juntamente con tres más no vistos en esta fotografía, fueron seleccionados con por lo menos una semana de anticipación. Organizados y disciplinados, en el momento preciso de subir al púlpito el que preside la celebración de “la cena”, toman de inmediato posiciones en el fondo del salón. Luego, caminan al compás hacia el frente, como en la siguiente fotografía, parándose detrás de la mesa en la que fueron colocados antes del inicio del culto las bandejas que contienen “el pan sin levadura” y “el fruto de la vid”.
(Ambas fotografías por Javier Castrodad, Bayamón, Puerto Rico)

En su congregación, ¿se impone este “buen orden” tan grato a Dios?  

4.  ¿Es importante y sabio prepararse con antelación los varones que ofician la mesa del Señor? Absolutamente. Tan importante como sabio.

a)  “Con antelación”, es decir, antes de llegar al lugar donde se reúnen los santos. Al oficiante que no cuenta con amplio conocimiento y experiencia no le conviene esperar hasta la hora que precede el culto para prepararse. Lo aconsejable es que haga preparativos adecuados durante los días anteriores al domingo, separando espacios de tiempo dedicados a seleccionar juiciosamente algún texto bíblico apropiado y desarrollar comentarios concisos sobre su contenido, no repitiendo más o menos lo mismo cada vez que le corresponde oficiar la mesa del Señor.

(1)  Llegar el oficiante ajorado, sofocado, para luego hablar incoherencias, pamplinas o frivolidades frente a la mesa del Señor, es un proceder absolutamente intolerable y vergonzoso. Improvisaciones de última hora suelen ser apercibidas como tal por los cristianos presentes, y esto no contribuye en nada a la dignidad y reverencia que siempre han de ser características de nuestra única “fiesta solemne espiritual” en la iglesia.

(2)  Hermano oficiante, ¿es perfectamente predecible su forma de comenzar la celebración de “la cena del Señor”? ¿Porque usted acostumbra repetir lo mismo? ¿Acaso repite usted lo mismo tan a menudo que pierde sentido para usted mismo? De ser así, le animamos a rectificar su proceder. A no ser que la congregación perciba a usted como intelectualmente torpe, perezoso o poco interesado en “la cena”. No conviene simplificar demasiado un acto tan sublime como los es el de “la cena”.

b)  ¿Qué son algunas medidas que contribuyen a una preparación adecuada?

a)  Meditar profunda y largamente sobre el significado y el propósito de todo lo relacionado con “la cena del Señor” –toda enseñanza, todo punto.

b)  Escoger un texto bíblico apropiado para leer antes de “la cena” , tomando el cuidado de no leer siempre el mismo texto o de leer algún texto traído durante, digamos, los tres o cuatro domingos anteriores.

c)  Escrutar el texto seleccionado, procurando comprender a cabalidad sus enseñanzas. El significado de cada palabra o frase clave. El contexto del texto: cuándo, dónde, a quién o quiénes y por quién fue dictado o escrito. Desmenuzarlo, pero no con la intención de pronunciar un mini sermón antes de “la cena”, sino para entenderlo completamente el oficiante mismo, poder escoger dos o tres puntos importantes y hacerlos relevantes para la membresía presente.

d)  Ensayar la lectura del texto en voz alta, una y otra vez, para que al estar frente a la audiencia poder leerlo, o mejor aún, citarlo de memoria, con perfecta soltura, buena expresión y dignidad, no tartamudeando o balbuciendo, no con voz apagada o vacilante, ni con los ojos clavados siempre en la letra, acciones estas que restan de la sublimidad de “la cena”.

-Balbucir. (Del lat. balbutīre). intr. defect. Hablar o leer con pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, trastocando a veces las letras o las sílabas.” ( Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

e)  Orar que Dios le use en el ministerio de oficiar la mesa del Señor de tal manera que los participantes estén en plena comunión con Cristo, conmemorando de corazón el sacrificio del Hijo de Dios para gloria de él y recibiendo cada adorador fortalecimiento espiritual.

f)  Tener cuidado de sí mismo el que oficia la mesa del Señor en anticipación de administrar “la cena”, tomando los pasos necesarios para estar en perfecta comunión con Dios. Que esté tranquilo, confiado, en paz consigo mismo, en paz con su familia, en armonía espiritual con los miembros de la iglesia, libre de perturbaciones mentales o emocionales.

5.  ¿Es preciso leer siempre el mismo texto, por ejemplo, 1 Corintios 11:27-34, en preparación para la repartición de los elementos de "la cena"?

a)  Negativo. Pero, no faltan varones que hacen exactamente esto, o congregaciones que hayan establecido semejante rito. ¡Se lee el mismo pasaje bíblico cada domingo! Sin embargo, patrón que haga obligatoria tal práctica no lo hallamos en el Nuevo Testamento.

b)  Opinamos que es sabio evitar este tipo de repetición por la razón de que tiende a crear ritualismo en el culto, y consabido es que el ritualismo es mortífero para el culto “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). El mismo ritualismo practicado a través de meses y años adquiere el peso de una cadena gruesa de hierro. Las cadenas del ritualismo sofocan al espíritu del adorador. Adormecen, aburren, causan la muerte espiritual. Por ejemplo, cierto hermano lee siempre el mismo texto de la Biblia cuando le corresponde administrar “la cena”. Toda la congregación sabe cuál texto leerá y qué comentarios traerá. Los menos maduros, viéndolo pararse tras la mesa del Señor, se desconectan del acto. Sus mentes vagan. No oyen sus palabras. “¡Eeea!, el mismo pasaje una y otra vez. Las mismas palabras. El mismo tono de voz.” Provocar innecesariamente esta reacción en algunos discípulos del Señor, por débiles que sean estos, es realmente inexcusable, pues no deberíamos hacer tropezar a ninguno sino hacerlo todo para edificación. “Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26).

6.  ¿Es correcto empezar la celebración de “la cena del Señor” sin leer texto alguno o hacer comentarios apropiados? ¿Meramente orar por el pan y mandar a repartirlo enseguida, haciendo otro tanto con la copa?

a)  Conforme a nuestra apreciación, semejante práctica tiende a causar impresiones negativas, por ejemplo, que el oficiante sea algo frío de espíritu, poco interesado en “la cena” , inepto para este ministerio, indigno de este ministerio, que no comprenda su importancia, que no valúe su lugar céntrico en el culto, que tenga prisa para efectuarlo. Es como si él dijera: “Vamos a acabar con esto pronto. Cosas y actividades más importantes están pendientes. Además, no queremos pasar ni por un minuto el tiempo determinado para esta reunión”. Semejantes proyecciones deslucen el acto de “la cena”.

b)  La timidez o el nerviosismo afectan a algunos varones al extremo de no poder ellos pronunciar casi palabra alguna en presencia de una congregación. Suelen clavar sus ojos en la mesa o el piso. Proyectan incomodidad, inseguridad, inmadurez, temor. Varones de esta categoría simplemente no cualifican para administrar la mesa del Señor. Invitarlos o ponerlos a oficiar “la cena” es hacer agravio a la congregación.

7. ¿Es necesario leer siempre algún texto bíblico antes o durante la celebración de “la cena del Señor”?

a)  No es indispensable hacerlo. Traer explicaciones concisas sobre algún aspecto de “la cena” es una alternativa aceptable. Identificar al texto bíblico donde se encuentra la enseñanza que se quiere presentar y enfatizar, sin leer todo el texto, contribuye a reforzar el origen divino de lo expuesto. Por ejemplo: “Esta copa es ‘la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación’, como dice 1 Pedro 1:19, y tengo a bien abundar sobre por qué es tan ‘preciosa’.”

b)  ¿Cuales son algunos de los “aspectos” aludidos ? A continuación, una lista parcial:

(1)  El trasfondo histórico de la institución de “la cena” por Cristo en el aposento alto, incluso su relación para con la pascua judía.

(2)  El significado preciso del pan sin levadura y de la copa en el contexto de “la cena del Señor”.

(3)  Por qué se utiliza pan sin levadura, y no algún otro pan.

(4)  La eficacia absoluta y definitiva de un solo sacrificio hecho una vez para siempre por Cristo (1 Pedro 3:18; Hebreos 9:23-28; 10:10-17, etcétera), comparado con los sacrificios repetitivos bajo el Antiguo Testamento o el susodicho “sacrificio” igualmente repetitivo de la misa católica romana.

-Mencionar por nombre la “misa católica romana” en comentarios previos a la participación de “la cena del Señor” puede resultar contraproducente para algunos adoradores, por tratarse de un tema cargado de controversia o porque se sienten incómodos, aun ofendidos, al escuchar comparanzas de esta índole.

-La suficiencia eterna de un solo sacrificio y el hecho de que los elementos de “la cena” nunca se transforman en “carne literal y sangre literal”, contrario al dogma católico romano de la “transubstanciación”, pueden exponerse positivamente sin mencionar “iglesias” o “doctrinas de hombres”.

(5)  Comer el pan y tomar la copa “dignamente” es un tema vital que el oficiante puede desarrollar concisamente previo a la participación de los elementos. ¿Qué significa “dignamente” ? ¿Qué implica este vocablo respecto a la conducta o condición moral del adorador? ¿Respecto a los pensamientos o imágenes que ocupen su mente durante la participación de los elementos?

(6)  Otro tema apropiado: la preparación moral, espiritual y mental que el cristiano puede efectuar durante los días anteriores a “la cena” con el propósito de comerla sin incurrirse en pecado.

(7)  Identificar, con tacto y reverencia para todos, a los que tienen derecho de comer “la cena del Señor”, como además a los que no deberían comerla, dando razones claras.

(8)  Explicar por qué “la cena del Señor” se celebra cada domingo en las congregaciones guiadas por el Nuevo Testamento, abundando sobre los beneficios y bendiciones espirituales que producen esta práctica.

(9)  Describir la muerte por crucifixión que sufrió nuestro Redentor, resaltando tanto la dureza como la grandeza de su sacrificio.

(10)  Comentar acerca de la presencia del Señor en “la cena”, explicando de qué manera es presente él, lo que observa él en nuestras reuniones, etcétera.

c)  “Concisión” en la presentación de temas previos a la participación de los elementos es altamente recomendable. Este no es el tiempo para exposiciones largas. Más bien,  breves, al grano, concentrados, como se concentra la luz en una piedra preciosa. De tres o cuatro minutos, y no de diez o quince. La “concisión” es fruto de una buena preparación, y esta incluye rigorosa disciplina mental. Quien pronuncia un mini sermón como introducción para “la cena del Señor” no demuestra la disciplina característica de un administrador maduro. Quien se vale de la “introducción” para traer temas no relacionados con “la cena” comete un error descabellado, dando evidencia clara de no cualificar como administrador de la mesa del Señor.

 

8.  ¿Cuáles son algunos textos bíblicos apropiados para la celebración de “la cena del Señor”? A continuación, una lista parcial.

a)  Juan 6:25-59. No leer todos los treinta y tres versículos de este pasaje para una sola celebración de “la cena” , sino seleccionar una porción para un domingo, otra para un domingo futuro, etcétera.

b)  Mateo 26:26-29; Marcos 14:12-25; Lucas 22:7-23. Estos pasajes relatan la institución de “la cena”.

c)  Los textos de los cuatro evangelios que cuentan la crucifixión de Cristo. No leer necesariamente todo el relato. No leer veinte, treinta o cuarenta versículos, sino escoger uno solo o unos pocos, haciendo comentarios acertados, interesantes, penetrantes, edificantes, bien expresados y concisos, que impacten.

d)  Hechos 2:42. Enfatizar la palabra “perseveraban”. Continuaban en la celebración del “partimiento del pan” . Este verbo indica frecuencia, sin que transcurra mucho tiempo entre las ocasiones de celebrarse “la comunión”.

e)  Hechos 20:7. El propósito primordial de congregarse los cristianos de Troas era “partir el pan” . Lo hicieron “el primer día de la semana”. ¿Quién los enseñó a hacerlo de esta manera? El apóstol Pablo, por inspiración divina. Por lo tanto, seguimos su ejemplo en el presente.

f)  Romanos 5:6-11. “Cristo murió por nosotros.” -¿Quién daría su único hijo para salvar de peligro a una persona mala? Abundar; aplicar. –Justificados por su sangre. –Seremos salvos de la ira venidera. No ocupar diez minutos, quince o más, exponiendo todo el pasaje, sino repartir las enseñanzas entre varios domingos.

g)  1 Corintios 5:7-8. Nuestra pascua es Cristo. “La cena del Señor” es la única fiesta solemne de la iglesia. El significado de “nueva masa”. Cómo celebrar “la cena”: con los panes “sin levadura, de sinceridad y de verdad”. Las implicaciones de esta simbología. Para celebrar “la cena” dignamente, debemos ser sinceros y estar en la verdad.

-Recomendamos abundar sobre una sola de estas enseñanzas a la vez, es decir, no intentar profundizar en todas durante el transcurso de una sola celebración de “la cena” , sino repartirlas entre varias celebraciones, pues cada una es de suma importancia y muy edificante cuando desarrollada debidamente.

-Estas mismas observaciones son aplicables a los textos que siguen.

h)  1 Corintios 10:16-22.

i)   1 Corintios 11:17-34.

j)   Efesios 1:15-23; 2:13-16; 3:14-19.

k)  Filipenses 2:1-11.

l)   Colosenses 3:1-4.

m) Tito 2:11-15.

n)  Hebreos 3:1-6; 9:23-28; 10:10-25.

o)  1 Pedro 1:17-25.

p)  Apocalipsis 1:10-17. Resaltar el poder y la majestad del Cristo glorificado.

q)  Apocalipsis 5:11-14. El culto que los seres celestiales rinden al Cordero. Los cristianos en la tierra debemos alabarle con la misma reverencia. Jesucristo es el verdadero “Cordero de Dios”, contra tipo del “cordero… sin defecto” de “la pascua de Jehová” del Antiguo Testamento.

r)  Apocalipsis 19:6-9. “La cena del Señor” en la iglesia comparada con “la cena de las bodas del Cordero”.

s)  Isaías 53:2-12.

t)  Isaías 13:1-10.  

-Para introducir el acto de “la cena” , se aconseja la lectura de un solo texto y no de toda una serie de textos. La costumbre de algunos hermanos nombrados a presidir la mesa del Señor es leer cuatro o cinco pasajes corridos. Mejor un solo pasaje, o un solo versículo, leído con sentimiento y vigor, expuesto con claridad, que varios textos leídos rápidamente, con tono monótono, sin explicación alguna, o acompañados de comentarios flojos, superficiales, secos o demasiado extensos.  

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Ejecución ordenada de la repartición del pan y la copa

Sugerencias breves

A.  Sean dos, cuatro, seis o más los varones encargados de la repartición, que sus movimientos sean coordinados y armoniosos, proyectando organización y solemnidad en todo momento, y no desorganización, descuido, torpezas, inatención o falta de dignidad. “Hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Muchas personas fuera de la iglesia demuestran respecto para las cosas de Dios. Son bien exigentes en cuanto a muchos aspectos de su propia vida y trabajo, incluso, no pocas son altamente organizadas, disciplinadas, meticulosas y eficientes. Esperan encontrar estos mismos atributos loables en los que administran “la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10-11) en la iglesia. Y esto es aplicable particularmente a “la cena del Señor”.

B.  Procedimiento sugerido.

1.  Sentarse el nombrado a presidir la mesa del Señor, con sus ayudantes, en la primera fila de sillas o bancas al frente.

a)  En el preciso momento de iniciarse la celebración de “la cena”, pararse todos en el mismo instante, caminando al mismo compás y ubicándose detrás de la mesa en posiciones previamente acordados.

b)  Otra opción es la siguiente: ocupar su posición el que preside la mesa. Al mismo tiempo, juntarse sus ayudantes en el fondo del local y caminar con orden y compás por el pasillo, o los pasillos, hacia el frente, tomando posiciones ya determinadas detrás de la mesa donde descansan las bandejas de pan y fruto de la vid, o al lado de la mesa.

c)  Si el que preside ocupa el púlpito, los que distribuyen el pan y la copa ocupan posiciones detrás de la mesa del Señor.

2.  Presencia y comportamiento al ubicarse en sus posiciones relativas a la mesa del Señor.

a)  No se paran distanciados el uno del otro sino lado a lado.

b)  No se paran salteados, es decir, unos más adelante que otros, sino como soldados en fila, ordenadamente.

c)  No se saludan el uno al otro frente a la congregación, estrechándose las manos, o intercambiando saludos.

d)  No dicen nada el uno al otro. No se ríen. Tampoco proyectan tristeza o cualquier otro sentimiento negativo.

e)  No llaman atención a sus personas mediante ningún gesto o expresión. Este momento no es el apropiado para socializar o lucirse sino para dirigir la atención de todos los adoradores a la cruz en memoria del Cristo inmolado.

f)  Brazos sostenidos derechitos a su lado. Cabeza inclinada levemente.

g)  Vestidos todos con decoro.

3.  Manejo de las bandejas (charolas).

a)  Con gracia y cuidado. No con torpeza.

b)  De haber múltiples bandejas, uno solo entrega las que contienen “el pan sin levadura” a los demás ayudantes, y uno solo entrega las del “fruto de la vid” a los demás ayudantes. No se acerca cada uno a la mesa tomando una bandeja. Asimismo manejan las bandejas una vez terminada la distribución. En estas maniobras al frente, ninguno da la espalda a la congregación.

4.  Distribución del pan y la copa.

a)  Habiendo el que preside cumplido debidamente su introducción, y habiendo orado, él, juntamente con sus ayudantes, participan del pan.

b)  Después de una pausa de breves segundos, el oficiante indica a los ayudantes que procedan con la distribución, diciendo, por ejemplo: “Adelante, hermanos”.

c)  Los ayudantes se mueven al compás hacia los congregados.

d)  Una vez terminada la distribución, se juntan todos en el fondo del salón, luego se marchan con orden y compás hacia el frente, no adelantándose unos a otros. Llegando, se ponen, tal cual soldados de fila, cara a la congregación. Luego, con el mismo orden, entregan las bandejas (charolas) al hermano encargado de recibirlas y colocarlas de nuevo sobre la mesa.

e)  El mismo proceso se repite para la distribución de la copa.

5.  Cumplida la distribución tanto del pan como de la copa, con la misma dignidad y buen orden vuelven a tomar sus asientos. Si está pautada la ofrenda para después de “la cena” , lo indicado es que el mismo grupo de ayudantes ocupen la primera fila de sillas o bancas, evitando volver a reunirse en el fondo del local, para luego caminar al frente.

6.  Ensayar estos procedimientos cuantas veces sea necesario para lograr su ejecución impecable. Quizás ayude mucho nombrar a uno de los ayudantes como director del grupo. Con espíritu de servidor, él indicaría a los demás cuando iniciar ciertos movimientos, por ejemplo, cuando empezar a caminar hacia el frente después de la distribución del pan o de la copa.

7.  “Gozándome y mirando vuestro buen orden” escribe el apóstol Pablo a la iglesia en Colosas. El “buen orden” es, de veras, admirable, y más aún en el contexto del culto y las obras espirituales del glorioso Reino de Dios.

 

En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo revela muchas enseñanzas sobre “la cena del Señor” .
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