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Ateísmo en el mundo -Estadísticas, "Imperio de ateos", Apuntes relevantes

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Argumentos de ateos contra Dios, la Biblia e iglesias

Número 1

Ateos en el huerto del Edén

¿Qué padre quiere que su hijo sea menos que él? El Dios Padre de la Biblia quiere que sus hijos sean inferiores a él, argumentan ateos. El Dios de la Biblia como "Padre de los espíritus". Cómo recuperar lo perdido en el Edén.

"La Biblia dice que Dios nos hizo, pero quiere que seamos inferiores a él. 'Y dijo Jehová Dios: he aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre' (Génesis 3:22). ¿Quiere un padre que su hijo sea menos que él?"

El vasto y complicadísimo universo evidencia la existencia de un Ser sumamente inteligiente que lo concibiera todo, haciéndolo realidad.

 Respuestas de un cristiano

1.  Todo padre terrenal de inteligencia normal es consciente de una realidad innegable, a saber, que el hijo engendrado por él es "menos que él" en todo sentido hasta no llegar a la adultez, y llegando a la adultez, hasta no adquirir una madurez intelectual-social-moral más o menos igual a la de sus padres.

a)  En términos de cuerpo físico, el hijo es "menos" que sus padres, y seguirá siíndolo hasta que su cuerpo físico no llegue a la fase de adulto.

b)  Tratándose de su capacidad mental, entendimiento, poder analítico, raciocino, etcétera- el hijo es "menos" que sus padres, hasta que sus facultades mentales no alcancen igual grado de desarrollo.

c)  Referente al renglón moral, obviamente, el hijo es "menos" que sus padres durante las primeras etapas de su desarrollo, hasta no aprender a distinguir entre conceptos y prácticas inaceptables, o dañinos, por un lado, y por el otro, los que son aceptables y saludables.

d)  Ahora bien, padres terrenales no crean a sus hijos. Solo aportan el espermatozoide y el óvulo, los que tampoco crearon en el sentido de hacerlos existir de la nada, o en el de confeccionarlos de elementos fuera de sus propios cuerpos. Fecundado el óvulo, se inicia el desarrollo de la criatura, multiplicándose y diferenciándose células hasta producirse billones, las que dan forma y función al pequeño ser engendrado en la matriz de la madre.

e)  Padres que conceptúan y tratan a sus hijos aún inmaduros como iguales a sí mismos los perjudican en su desarrollo emocional-social-moral-psíquico, mal que aflige a muchísimas familias de tiempos modernos, pues no pocos padres de esta época se rebajan al nivel de sus hijos, actuando como niños. Su filosofía, particularmente en el caso de adolescentes, es ser "amigos" de estos, rol que deberían ejercer sin dejar de darse a respetar como los que tienen autoridad en el hogar.

2.  La Biblia presenta al Dios Creador como el "Padre de los espíritus" (Hebreos 12:9). No de fantasmas, duendes o efusiones imaginarias sino del espíritu, real y vivo, engendrado en cada ser humano, doctrina fundamental de la Biblia.

a)  El espíritu engendrado por el Padre Dios Creador en el ser humano no entra ya maduro en él. De la manera que la criatura física ha de desarrollarse y madurar, asimismo el espíritu debería crecer, madurando y perfeccionándose. Siendo así su condición, el espíritu es "menos", naturalmente, que el Padre Dios que lo engendró.

b)  Dios, el "Padre de los espíritus", quiere que cada ser espiritual engendrado por él crezca en todos los aspectos necesarios para llevarlo a ser como él, hasta lo máximo posible. Creó a los humanos originales, llamados Adán y Eva en la Biblia, a "imagen y semejanza de él, es decir, con atributos similares (Génesis 1:26-27). El designio de él para la primera pareja se hizo extensivo a toda la raza, estando vigente hasta el día de hoy. Así que, el "Padre de los espíritus" quiere que todos nosotros seamos como él. "Designios de Dios" es una expresión encontrada en la Biblia, en Lucas 7:30, y por ende, un concepto bíblico del Dios Creador.

c)  En un momento de debilidad, Eva, luego Adán, repudiaron el designio divino para ellos. Pero, todo lo perdido a consecuencia de su acción se recupera, con creces, mediante la intervención de Jesucristo.

(1)  Siguiendo las instrucciones y el ejemplo de Jesucristo, los humanos vuelven  a ser "participantes de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). Es decir, a tener la "naturaleza" de Dios mismo, de la Deidad; a ser como Dios, teniendo sus atributos.

(2)  Según Génesis 3:22, Jehová Dios no quería que el hombre comiera del fruto del árbol de la vida, y que, a consecuencia, viviera para siempre. ¿Cuál hombre? El hombre que había hecho caso omiso al designio divino para la raza humana. El hombre sobre cuyo cuerpo ya descansaba una maldición a causa de su desobediencia. El hombre por cuya culpa se introdujo entre los humanos el conocimiento del bien y del mal. Jehová Dios no quería que tales seres humanos, en tales condiciones, vivieran para siempre. Más sin embargo, seguía queriendo sí que el espíritu de cada ser humano viviera para siempre. Hizo posible esto mismo mediante la obra redentora de su Hijo.

(a)  Después del debacle humano en el Edén, Jehová Dios privó al hombre de inmortalidad en la tierra.

(b)  Pero, luego le ofrece un tipo de inmortalidad aún superior, a saber, la celestial, en un "cuerpo espiritual", hecho incorruptible, glorioso, poderoso e inmortal (1 Corintios 15:42-58; Filipenses 3:20-21; 1 Juan 3:2). Le ofrece "gloria y honra e inmortalidad" (Romanos 2:7-10), en "un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Corintios 5:1-10).

(c)  Aceptando el humano la oferta de Dios, y viviendo el resto de sus días en armonía con el designio divino para la raza humana, al ser contado como digno de participar en la resurrección de los justos (Lucas 20:34-39), su espíritu será perfeccionado. Se integra "a los espíritus de los justos hechos perfectos" (Hebreos 12:23). Dotado de tal perfección, se le califica como digno de compartir eternamente las moradas celestiales con el propio Dios Creador, el Cristo glorificado, el Espíritu Santo, los ángeles fieles y todos los demás justos hechos igualmente "perfectos".

(d)  Comprendemos, pues, que el justo glorificado vuelve a tener "derecho al árbol de la vida", según el testimonio de Jesucristo en Apocalipsis 22:14. Como si esto fuera poco, también Dios enseña, mediante revelaciones dadas al apóstol Juan, que los justos glorificados "reinarán por los siglos de los siglos", o sea, eternamente, en una "tierra nueva, con cielos nuevos" (Apocalipsis 21:1), "en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13), viendo el "rostro" de Dios (Apocalipsis 22:4), poniendo el Creador su "tabernáculo con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios" (Apocalipsis 21:3).

(e)  Contemplando estas bendiciones grandiosas, habiendo aún más en adición a las que resaltamos (Apocalipsis 7:15-17; 21:6-27; 22:1-5), reiteramos lo dicho ya, a saber, que lo perdido en el Edén se recupera con creces mediante la obra de Jesucristo.

d)  A la luz de estas consideraciones, preguntamos: ¿Con qué justificación culpar a Dios de "querer hacernos inferiores a él"? Tal parece que él quisiera lograr lo contrario, exceptuándose, desde luego, los poderes que ha de reservar para sí, con tal de seguir siendo "el único Dios verdadero", como lo llama su Hijo Jesucristo, según Juan 17:3. Pero, ¿qué pretende el ateo? ¿Acaso que el Dios Creador haga a todo ser humano Dios Creador también? Por cierto, el paralelo que desarrolla el ateo entre, por un lado, "padres terrenales y sus hijos terrenales", y por otro, "Dios y los seres humanos creados por él", no es válido en todo aspecto. Consideremos, además de los factores al respecto ya abordados, los siguientes puntos.

(1)  Los padres terrenales y sus hijos terrenales pertenecen al mismo género de seres creados, no creando los padres a sus hijos.

(2)  En cambio, Dios es el Creador único según la Biblia- y los seres humanos figuran entre las cosas creadas por él, siendo nosotros lo máximo de su creación material, poseyendo, además, el espíritu engendrado en nosotros por el "Padre de los espíritus".

(3)  Por consiguiente, no es lógico postular que el Dios Creador constituya a los seres creados por él absolutamente iguales a él en todo aspecto, incluso poder creativo, autoridad y dominio, inculpándole de "injusto y arbitrario" si no lo hace. Si se cuestiona lo de "no es lógico", también podemos explorar el asunto. Se desprende, pues, que ningún ser humano, por justo, bueno e inteligente que sea, llegará a ser igual a su Creador en los renglones de poder creativo, autoridad absoluta y dominio completo sobre todo lo existente. "He aquí, el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios" (Apocalipsis 21:3). Se entiende, pues, que aun allá en lugares celestes, donde todos los justos glorificados estarán en presencia del Dios Creador, él "estará con ellos como su Dios". "Él morará con ellos", pero no haciéndose uno de ellos en todo sentido, como si fuera ser creado igual que ellos, sino que estará "como su Dios". Dios sobre ellos, más sin embargo, brindándoles bendiciones y privilegios gloriosos en grado sumo. ¿Y cuál de ellos le dirá más o menos lo siguiente? "Dios, yo no quiero ser inferior a ti en nada. Quiero ser como tú en todo. Crear como tú creas. Tener también tu autoridad ilimitada, tu dominio absoluto."

e)  Volviendo a Génesis 3:22, tengamos presente que cuando Jehová Dios hizo aquel pronunciamiento, Adán y Eva no eran, para él, como dos chiquillos, sino que eran adultos, no solo en términos de su cuerpo físico sino también intelectual, emocional, moral y espiritualmente. Seres humanos creados por Dios, responsables por sus decisiones, y por ende, de las consecuencias de sus decisiones. De la manera que Dios es responsable por sus decisiones, asimismo el ser humano creado a su imagen y semejanza. En esto, como en muchos asuntos similares, el ser humano es igual a Dios.

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