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Argumentos de ateos contra Dios, la Biblia e iglesias

Número 4

Ateos en el Edén

Adán y Eva en el huerto del Edén. Pintura por Moiret 

Cuestiones de omnisciencia y previo conocimiento, “veneno y espinas en la cuna de Edén” –“el árbol de la ciencia del bien y del mal” y “la serpiente”, clasificados por el propio Dios como “buenos”, pero eran “malos”, según ateos.

Parafraseados los argumentos de ateos

Siendo “omnisciente” el Dios de la Biblia, se deduce que él sabía antes de crearlos que Adán y Eva no obedecerían el mandato que él planificaba darles en el huerto del Edén, a saber, que no comieran del “árbol de la ciencia del bien y del mal”. Pese a este previo conocimiento, procedió a crear a aquella pareja. Pero, antes de crear a Adán y Eva, ya él había puesto en la “cuna” de su creación espinas y veneno, haciéndolo con premeditación y alegría, pues puso en el mismo medio del huerto el “árbol de la ciencia del bien y del mal”, encontrando “todo lo que había hecho… bueno en gran manera” (Génesis 1:31), incluso no solo referido árbol sino también “la serpiente”.

Respuestas de un cristiano

A.  Postulo que “teólogos cristianos” del pasado, imitados, como papagayos, por no pocos del presente, atribuyen al Dios Jehová de la Biblia atributos absolutos que él mismo no reclama tener, por ejemplo, “omnisciencia absoluta”. Asumiendo que este Dios Creador hubiese tenido omnisciencia absoluta durante toda su existencia, la cual es definida como “eterna” en la Biblia, se infiere que hubiera tenido previo conocimiento, completo y absoluto, de todo ser ya celestial (millones de ángeles, por ejemplo) ya terrenal (billones de humanos) –de todos sus rasgos, pensamientos, actitudes, acciones- también de todos los demás seres vivientes, de todo acontecimiento, de todo movimiento, de toda comunicación; en fin, de todo detalle hasta el más mínimo, de todo lo existente, en términos absolutos –no solo del pasado, sino también del presente y del futuro ad infinito.

1.  Se dice que Dios no sería Dios si no tuviera tal conocimiento completo y absoluto. Respetuosamente, pregunto a teólogos, y también a ateos: ¿En qué texto de la Biblia reclama Dios poseer semejante previo conocimiento? Y les planteo lo siguiente: ¿Qué clase de existencia sería la de un ser que tuviera previo conocimiento absoluto, desde el principio –cualquiera fuera el “principio”- o desde la eternidad de las eternidades, de todo en absoluto, de todo el futuro, también en sentido absoluto? Jamás ninguna cosa no prevista ya. Jamás ninguna cosa nueva, no prevista ya. Jamás ninguna sorpresa; ninguna cosa no anticipada y dada por hecha ya, desde la eternidad.

2.  Después de mucho estudio y reflexión, afirmo, personalmente, que el Dios revelado en la Biblia no reclama tal conocimiento absoluto ni actúa en todo momento como si lo tuviera. Por el momento, presento una sola evidencia, la cual analizaremos con detenimiento próximamente al contar con la oportunidad. Jehová Dios “se arrepintió… de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Génesis 6:6). ¿Acaso previera Dios, desde la eternidad, que esto mismo le pasaría? ¿Qué se arrepentiría él mismo de hacer el hombre? Quién diga que sí ha de responder, lógicamente, a otra pregunta: ¿Por qué crear Dios al hombre si él sabía a ciencia cierta, de antemano, desde la eternidad, que en el tiempo preciso de Noé los seres humanos se corromperían al extremo de que “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos” sería “de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5)? ¿Y máxime, si él sabía desde la eternidad que tal desenlace le traería gran dolor “en su corazón”, haciéndolo arrepentirse de haber creado al hombre?

B.  Ahora bien, suponiendo que el Dios de la Biblia no reclamara ni tuviera “omnisciencia absoluta”, esto no quiere decir, de modo alguno, que no sea capaz de prever el futuro mucho más allá de la capacidad del ser humano. A propósito, “prever”, poder manifestado en profecías bíblicas, no es sinónimo de “omnisciencia absoluta”. Ni tampoco es, dicho sea de paso, sinónimo de “predestinación absoluta”. Fíjese: el ser humano inteligente, informado, observador, perspicaz, sabio y analítico, puede “prever”, a menudo y con certeza impresionante, el desenlace futuro de situaciones, circunstancias o proyectos particulares. Pero, tal habilidad no significa que sea “omnisciente”, mucho menos que posea “omnisciencia absoluta”. Asimismo, el Dios de la Biblia, contemplando situaciones y derroteros, y viendo sus consecuencias o repercusiones, aun a través de muchos siglos, emite profecías, hasta detalladas, que se cumplen con asombrosa exactitud. Pero, este poder no es, recalcamos, sinónimo de “omnisciencia absoluta”. Este es mi entendimiento hasta el momento, sin ninguna ilusión de comprender perfectamente estos temas o deseo de ser dogmático. Referente al “cumplimiento asombroso de profecías bíblicas”, recomendamos al ateo sincero y estudioso leer Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones, al menos, los Capítulos 5, 6, 7 y 8, obra que resalta, con numerosas evidencias históricas, el cumplimiento exacto de muchas profecías apocalípticas proclamadas en el año 95 d. C.

C.  A la luz de estas aclaraciones sobre “omnisciencia”, “omnisciencia absoluta”, el “previo conocimiento de Dios”, etcétera, diríase que lo que sabía Dios a ciencia cierta antes de crear a Adán y Eva era que tendrían dos opciones, a saber, (1) la de acatar su voluntad (designio) para ellos, y (2) la de desacatarla. Suponiendo que supiera con certeza absoluta que optarían, obligatoria e inevitablemente, por desobedecerle, ¿con qué sentido albergar él la esperanza de que le obedecieran. El que tuviera Dios esta esperanza lo evidencia el hecho de crear a Adán y Eva a su “imagen”, a su “semejanza”. No siendo malo él –percepción que ateos no comparten- esperaba, así deducimos, que los seres inteligentes creados a su “imagen” tampoco fueran malos, es decir, desobedientes a su “buena voluntad, agradable y perfecta” (Romanos 12:2) para ellos. Esperaba, así creemos, que le respetaran y siguieran. Además, mirando y evaluando “todo lo que había hecho”, lo calificó de “…bueno en gran manera” (Génesis 1:31), y ahí van incluidos el “varón” y la “hembra” humanos creados el sexto día. Creados “buenos”, era de esperarse que continuaran siendo “buenos”, opción, por cierto, a su fácil alcance.

D.  Pero, sabiendo Dios de antemano que los seres humanos también tendrían la opción de desobedecerlo, pues asimismo lo había planificado adrede, también hizo provisiones de antemano para tal eventualidad, entre ellas, la intervención de su Hijo Unigénito como “Salvador” de los humanos, los que decidieran aprovecharse de los medios provistos por la Deidad para librarse de las consecuencias del desacato.

E.  El ateo pinta un cuadro del Edén conforme a sus propias percepciones distorsionadas al decir que aquel lugar era, para Adán y Eva, como una “cuna de creación llena de veneno y espinas, preparada así por Dios mismo con premeditación y alegría, donde también vigilaba y asechaba la serpiente”.

1.  En primer lugar, en el relato de Génesis, el Edén no se representa, ni por intimación, como una “cuna para dos bebés humanos, o dos chiquillos”. En un escrito anterior, resaltamos el hecho de que Adán y Eva fueron creados adultos, con mente de adulto, y espíritu de adulto, “espíritu” proveniente de Dios mismo, conforme a lo que dice Génesis. Consiguientemente, el Edén no era una cuna para seres humanos recién nacidos sino un lugar donde adultos inteligentes podrían disfrutar indefinidamente de maravillosas bendiciones o elegir dar la espalda a su Creador.

2.  Lejos de ser el Edén un lugar feo y tenebroso, “lleno de veneno y espinas”, fue un “huerto” plantado por Dios mismo en el “oriente”, donde nació “de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto… Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos” (Génesis 2:8-10). Un lugar, pues, bello, cómodo, placentero, fructífero, donde los seres humanos podían satisfacer fácilmente todas sus necesidades físicas y vivir continuamente en armonía con su Creador. Hasta había allí “el árbol de la vida”, cuyo fruto prolongaría indefinidamente la vida de los humanos que preservaran intacta la “imagen” de Dios en ellos. ¿Qué más pedir? ¿Acaso que Dios no pusiera ningún árbol prohibido en el Edén? ¿Qué no pronunciara ningún mandato para los humanos? ¿Qué Dios anulara en el humano las facultades de voluntad propia, libre albedrío y responsabilidad personal? Volvemos a observar lo que ya apuntamos en un escrito anterior de esta serie, a saber, que el ser humano creado sin estas facultades sería meramente otro animal, por sofisticado su cerebro material. Por otro lado, disponiendo de estas facultades, ¿cómo ejercerlas si no se le presentan opciones? A esto mismo responde la acción de Dios de poner “en medio del huerto… el árbol de la ciencia del bien y del mal”, mandando al hombre a no comer su fruto. Ahora, el hombre tiene opciones, pero nada ni nadie le obliga a decidir por la que su Creador desaprueba. Dios no ha predispuesto al humano a escoger ninguna opción negativa o dañina. Al contrario, creado el humano a “imagen-semejanza” de Dios, se supone que esté inclinado hacia lo bueno, cercándole y colmándole Dios de tantas cosas buenas y hermosas.

[Presentación gráfica relevante]

3.  Cierto es que Dios puso, con “premeditación”, el “árbol de la ciencia del bien y del mal” en el huerto del Edén. Igualmente cierto es que, con “premeditación”, mandó a los humanos a no comer de aquel árbol. Con “premeditación”, porque, claro, había planificado hacerlo antes de crear a Adán y Eva. Y lo había planificado así para dar a los humanos creados a su “imagen-semejanza” oportunidad para el ejercicio de las facultades que los hacía parecerse mucho a su Creador. Al expresarme de esta forma, no deseo proyectarme como hablando de parte de Dios, ni como entendiendo perfectamente la mente de Dios, sino con el ánimo único de aclarar el cuadro de Génesis 1, 2 y 3. Denuncio sí vigorosamente la acusación hecha por al menos algunos ateos al efecto de que el Dios Creador sintiera “alegría” perversa al tender en el Edén, aun antes de crear al humano, trampas que hicieran pecar a este. Pienso que pintaría tal cuadro y haría semejante acusación descabellada solo el ateo que no se esforzara a entender al Dios de la Biblia antes de atribuirle sentimientos pervertidos y acciones destructivas.

4.  Aquel “árbol de la ciencia del bien y del mal” no era “veneno y espinas” en el Edén. No era “malo”, ni era “pecado” puesto allí por Dios con intenciones malévolas, con “alegría” diabólica. Simple y llanamente, era un árbol particular que no hacía ni bien ni mal a Adán y Eva. Absteniéndose de comer de él, conforme a las directrices de Dios, aquella pareja jamás sufriría daño alguno, ni espiritual ni material. Tampoco su descendencia al practicar la misma abstinencia. ¿Con qué justificación o lógica llamarlo “malo” el ateo? El árbol no tenía voluntad. No persuadía o coaccionaba a la desobediencia. Ni tampoco Dios al hacerlo crecer allí en el huerto. Solo sirve como la creación que hace posible elegir Adán y Eva entre obedecer o desobedecer la voz de su Creador. Obedeciéndola, su dicha y felicidad se extienden y continúan indefinidamente. Desobedeciéndola, acarrearían las consecuencias, como sucede a todo ser que participa de la “naturaleza divina” (2 Pedro 1:4), siendo responsable por decisiones y acciones propias. Así que, “el árbol de la ciencia del bien y del mal” era, efectivamente, bueno. “Bueno”, conforme al propósito que tenía Dios al crearlo. Y no solo “bueno” sino también “agradable a los ojos” de Eva (Génesis 3:6), como lo fuera, suponemos, todo lo demás en el Edén.

[Presentación gráfica relevante -"el árbol del bien y del mal"]

5.  Pregunta el ateo: “¿Era ‘buena’ la serpiente?” Argumenta: Entre todo lo creado, según Génesis, figura también la serpiente. Diciendo Dios que “todo lo que había hecho… era bueno en gran manera”, se concluye que, en su estimación, también era “buena” la serpiente que engañó a Eva. Solo un “dios malo” llamaría “buena” a la serpiente. Solo un “dios malo” permitiría que tal criatura malvada se acercara al humano. El ateo asegura que es pura fábula lo de “la serpiente” en Génesis 3. ¿Acaso tenga razón? Los creyentes, ¿es posible que hayamos obviado aparentes contradicciones en el relato de Génesis, elementos fantasiosos o implicaciones que pongan en tela de juicio la supuesta bondad innata del Dios de la Biblia? Veamos.

a)  Asumiendo verídico lo registrado en los Capítulos del 1 al 3 de Génesis, e interpretando “serpiente” como referencia a una criatura física, afirmamos que en el principio aquella “serpiente” era buena, al igual que todo lo demás creado, al principio, por Dios. Al principio, y por un tiempo –días, meses, años; se desconoce cuánto tiempo- Adán y Eva eran buenos. Y todos los demás seres vivientes eran buenos, conforme a la función asignada a cada uno por el Diseñador Creador en la muy variada e intricada creación realizada, con sus muy numerosos dominios, reinos, divisiones, clases, órdenes, familias, géneros y especies. Al principio, y por un tiempo, “la serpiente” también era buena.


Clasificación biológica

Remontándonos a tiempos antes de la creación material, cuando el ángel Lucifer-Satanás fue creado, él también era bueno hasta no rebelarse contra su Creador.

b)  Lo que se dice en Génesis 3 acerca de “la serpiente” prácticamente nos obliga a identificarla como un ser del reino animal. “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo…” (Génesis 3:1). La comparación es con “todos los animales del campo”, y no con el humano. Bien que la cláusula no incluye el vocablo “demás”, el mismo es implícito en el contexto de la comparación. Supliendo lo implícito y sobre entendido, la cláusula leería “todos los demás animales del campo”. Culpable “la serpiente” de engañar a Eva (Génesis 3:13), Dios la castiga, diciendo: “…maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo…” (Génesis 3:14). Antes de su atrevida sublevación contra el Creador, “la serpiente” era la criatura más “astuta… del campo”. Condenada, es “maldita… entre todas las bestias y entre todos los animales del campo”. Pertenece, pues, tanto antes como después de su sublevación, al reino animal.

c)  ¿Era aquella “serpiente” que engañó a Eva una culebra, o víbora, parecida a las que se arrastran por la tierra en el día de hoy? ¿De veinte centímetros hasta dos metros, o más, de largo, con cabeza chiquita chata? ¡De modo alguno! Andaba sobre sus pies, y no sobre su pecho, antes de ser maldecida (Génesis 3:14). Era inteligente. Entendía lo que decía Dios, cualquiera fuera aquel lenguaje original, y lo que decía el humano, pudiendo conversar con el humano y con Dios. Su apariencia no asustaba a Eva, no huyendo esta, espantada sobremanera, de aquella. Aventuro a especular que se tratara de alguna especie de dinosaurio, quizás la hembra de la especie, más o menos del alto del hombre, tal vez de rasgos atractivos -lustroso cuero de matices multicolores, compuesto de placas sobrepuestas movibles- superior en inteligencia a todos los demás seres vivientes, exceptuándose el humano –una especie de reptil que se extinguiera al andar los años, o que fuera reducida a través de los milenios a la condición de culebras de actualidad.

(1)  “Aunque la palabra dinosaur significa ‘lagarto terrible’, el nombre es un tanto incorrecto ya que los dinosaurios no eran lagartos. Más bien, eran un grupo distinto de reptiles con una característica postura vertical no hallada en lagartos. A través de la primera mitad del Siglo XX, la mayor parte de la comunidad científica creía que los dinosaurios fueran torpes, ininteligentes y de sangre fría. Más sin embargo, la mayor parte de las investigaciones realizadas desde los 1970 han indicado que los dinosaurios eran animales activos, con metabolismos elevados y numerosas adaptaciones para la interacción social, y muchos de los grupos (especialmente los carnívoros) figuraban entre los organismos más inteligentes de su época. Resaltamos: "...interacción social... organismos más inteligentes de su época".

(2)  A quien se mofe de esta proyección de “la serpiente” como “un reptil inteligente, de postura vertical, tipo dinosaurio”, tal vez le convenga reflexionar un poco sobre la inteligencia que demuestran algunos animales, también ciertos seres marinos y aves, aun en el día de hoy, incluso habilidades sofisticadas de comunicación. Tampoco es el humano el único ser viviente dotado de voluntad y emociones, pues algunos de los seres más desarrollados manifiestan tener fuerza de voluntad, y además, emociones complejas, incluso, algunos seres de la misma especie se ponen rebeldes, violentos y destructivos, mientras otros de la misma especie permanecen sumisos y tranquilos.

d)  ¿Acaso se adueñara Lucifer-Satanás del cerebro de “la serpiente”, manifestándose a través de aquel ser viviente para tentar a Eva? Nada en Génesis 3 respalda semejante tesis. Suponiendo que lo hubiera hecho, ¿por qué no incorporar el autor tan significante hecho en su relato? Y, ¿por qué maldecir Dios a “la serpiente… entre todas las bestias y todos los animales del campo”, condenándola a andar sobre su pecho y comer “polvo” todos los días de su vida, según Génesis 3:14-15, habiendo sido aquel ser viviente víctima inocente de Lucifer-Satanás? ¿Engañaría Lucifer-Satanás a “la serpiente” antes de engañar esta a Eva? Responder que sí sería pura especulación. A la verdad, volviéndose demasiada “astuta”, aquella “serpiente” primero se engaña a sí misma antes de engañar a Eva. Se proyecta como más inteligente, mejor informada y más entendida que la hembra humana, y esta, sin tener que hacerlo, sin razón para hacerlo, ¡le hace caso! Esta explicación me parece la más natural y acorde con todo el cuadro de Génesis 2 y 3. La “astucia”, mal empleada, tienda a obrar ruina. La astucia excepcional de “la serpiente” obró su propia ruina, contribuyendo también a la caída de Eva, luego a la de su esposo Adán, entonces, también a la de su descendencia.

“Astuto adj astuto [asˈtuto, -ta]

1 que es hábil e ingenioso y consigue cosas mediante engaños

2 que caracteriza a las personas hábiles en engañar

3 que se hace con esta habilidad para engañar.” (Copyright © 2009 K Dictionaries Ltd.) www.thefreedictionary.com

e)  Así pues, “la serpiente” escucha el mandamiento dado por Dios a Adán y Eva. Se desconoce cuánto tiempo pasara desde aquel momento –días, meses, años, décadas- hasta el día cuando se convirtiera la inteligencia de aquel ser en astucia perversa (Génesis 3:1), y rebeldía contra el Creador, pero en determinado tiempo la transformación se cuajó y “la serpiente”, habiendo engañado a sí mismo y tornándose enemigo de su Creador, procede a sembrar dudas, mentiras, engaños y codicia en la mente de Eva en torno al poder de Dios y las consecuencias de desacatar su orden.

f)  Para mí, no es inconcebible que ya hubiesen cruzado por la mente de Eva, tal vez también por la de Adán, pensamientos semejantes a los que “la serpiente” trajo. Porque entendemos que el mandamiento dado por Dios abría paso a tales pensamientos negativos. A continuación, parafraseo algunos pensamientos que Eva pudiera haber llegado a tener durante el espacio de tiempo entre escuchar el mandamiento de Dios y el momento cuando ella y “la serpiente” se encuentran juntas frente al “árbol de la ciencia del bien y del mal”. Conque hay una ciencia que Dios no quiere compartir con nosotros: la ciencia del bien y del mal. ¿Por qué no quiere compartirla? ¿Qué encierra esa ciencia? ¿Qué es el “bien”? ¿Qué es el “mal”? La curiosidad me pica. ¿Por qué habría de ser Dios más conocedor que nosotros; más sabio? Nos ha creado a su imagen-semejanza. ¿Por qué limitarnos? Él pasea en este huerto como si fuera igual a nosotros, pero dice que moriremos si comemos de aquel árbol. ¿Cómo sé yo que eso sea cierto? Tal vez sea solo una amenaza para asustarnos y doblegar nuestra voluntad enteramente a la de él. No creo que me muera al comer de ese árbol. Adán y yo somos los únicos dos humanos hasta el momento. No creo que Dios nos mate, o nos permita morir. Además, ese árbol es precioso y su fruto se ve muy apetecible. Un día de estos, quizás la pruebe.” Aunque Eva no hubiera llegado tan lejos en sus pensamientos, en el análisis de sus entornos y la prohibición de Dios, lo cierto es que, al dialogar con “la serpiente”, interiorizó en su propia mente las ideas que esta la presentó, reforzando estas ideas cualquier inclinación hacia la desobediencia que Eva ya hubiese sentido. Para ambos, las consecuencias fueron trágicas de verdad. Y más, mucho más, para Eva, pues ella había sido creada a “imagen-semejanza” de Dios, y tenía el espíritu de Dios morando en ella, mientras “la serpiente”, pese a su inteligencia excepcional, convertida en astucia ruinosa, pertenecía a los animales “del campo”, no habiendo sido creada a “imagen-semejanza” de Dios, ni poseyendo el espíritu de Dios en su ser.

g)  A fin de cuentas, de la manera que Eva pudiera haber reprendido literalmente a “la serpiente”, haciéndola alejarse de ella, asimismo pudiera haber reprendido, callado y desechado cualquier maquinación de su propia mente. Contaba con la inteligencia, potestad y libertad para hacerlo. Optando por no hacerlo, debía responder por su decisión y acciones, haciéndole Dios responsable como adulta plenamente dotada de facultades y derechos parecidos a los suyos. Y lo mismo fue aplicado a Adán, dejando sin lugar su explicación: “La mujer que diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12).

h)  ¿Por qué permitir Dios que “la serpiente”, vuelta demasiada astuta y rebelde, se acerque a Eva? Elemental. Para probarla mediante una tercera. Mediante un ser vivo e inteligente. La elección seguía siendo la misma: obedecer el mandato de Dios, o desobedecerlo. Efectivamente, las ideas de “la serpiente” no alteraron los parámetros fundamentales de las circunstancias. Eva culpa a “la serpiente” de engañarla, pero ella ya había sido debidamente orientada por su propio Creador. Así que, la realidad del caso es que, a mi entender, ella se engañó a sí misma en su propia mente, en su propio corazón. ¿No sabía ella que su Dios Creador también era el Creador de “la serpiente”? ¿Qué “la serpiente” no era un ser superior a Dios? Ella no era una niña sino una mujer adulta, inteligente, informada y responsable, con fuerza de voluntad y libertad para ejercerla. Así pues, presente o no presente “la serpiente” con sus ideas peligrosas, ¿cómo justificar ella despreciar y perder todas las bendiciones del Edén a cambio de obtener una “ciencia”, un “conocimiento”, que encerraba no solo el “bien” sino también el “mal”? ¿No tenía ella ninguna idea del significado de “mal”? Pues, entendía sí algo acerca de “muerte”, de “morir”, y por consiguiente, comprendería, pensamos, que el “mal” presagiaba cosas no buenas para ella.

F.  Si bien el relato de Génesis 2 y 3 presenta, para el cristiano, temas no tan fáciles de entender, no son menos difíciles los dilemas que confronta el ateo al verse obligado a explicar el origen de los conceptos del bien y del mal en seres evolucionándose, según cree él, de materias una vez, hace billones de años –asegura él- sin vida; en seres totalmente materiales, sin espíritu, sin alma. Proyectamos abordar referidos “dilemas para ateos” al disponer del tiempo necesario.

 

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