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Argumentos de ateos contra Dios, la Biblia e iglesias

Número 3

Ateos en el Edén

Al pecar Adán y Eva, la culpa la tenía su Creador, pues su diseño original para el ser humano incluía la opción de pecar, argumentan ateos.


Adán y Eva creados como dos adultos inteligentes, con voluntad propia y poder para tomar decisiones. Abstracto

Parafraseados los argumentos de ateos

Según el relato bíblico, Dios ideó al ser humano antes de crearlo –no solo su cuerpo físico, con todos sus atributos y funciones, sino también su mente, con todas sus facultades potentes. Luego, creó al primer hombre, Adán, y a la primera mujer, Eva, como adultos, conforme al diseño conceptualizado por él en todos sus detalles multifacéticos. Por lo tanto, al pecar Adán y Eva, la culpa la tenía su Creador, pues su diseño original para el ser humano incluía la opción de pecar. Esto se deduce por lo que dice Génesis 3:16-17. “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Se desprende, pues, que el hombre tenía dos opciones, a saber: (1) Obedecer a Dios, o (2) desobedecer a Dios, y esto, antes de comer del fruto prohibido.

Respuestas de un cristiano

A.  El que Dios ideara y creara al ser humano de la manera planteada en el Argumento 3 lo acepta el cristiano como un hecho.

B.  También acepta que el diseño original de Dios para el humano incluía la opción de desobedecer mandatos divinos, pero no acepta que el Dios diseñador y creador obligara al humano a ejercer esta opción. El Dios de la Biblia se proyecta como un Ser responsable por sus decisiones y acciones. Al idear y crear al ser humano a su “imagen”, a su “semejanza”, lo hace, naturalmente, también responsable por sus propias decisiones y acciones. Presenta a la pareja original, Adán y Eva, una sola elección simple: obedecer su orden de no comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal”, o desobedecerla. Al tiempo, los dos desobedecieron la orden, siendo ambos completamente responsables por su decisión y acción. De no haber desobedecido nunca aquella ordenanza hubiesen seguido viviendo en armonía con el designio de su Creador para ellos. Naciéndoles hijos e hijas, conforme al diseño y propósito del Creador divulgados mediante el mandato “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…” (Génesis 1:28), cada ser humano procreado, al alcanzar madurez, confrontaría la misma decisión: obedecer o desobedecer la voluntad del Creador. Adán y Eva tenían no solo la opción de obedecer continuamente la voz de su Creador sino también poder sobre su propia voluntad, el que podían ejercitar para evitar desobedecer. Así pues, ¿con qué lógica inculpar a Dios al decidir ellos ejercer la opción de desobedecerla?

C.  Asumo que teóricamente el Dios de la Biblia pudiera haber ideado y creado al humano sin programar en él la prerrogativa de obedecer o desobedecer, no dándole ningún tipo de mandamiento sino dejándolo ahí en el Edén, que viviera y procreara como los demás animales. En tal caso, “otro animal” hubiese sido el humano, por sofisticado su cerebro, y no un ser creado a imagen y semejanza de Dios. Un ser sin alma; sin el espíritu de Dios. Por supuesto, el ateo no cree en “alma” o “espíritu”, y por consiguiente, el humano es, según su tesis o creencia, simplemente “otro animal”, bien que sea el más desarrollado de los animales.

D.  Pero, el Dios Creador no proyectó al ser humano como meramente el animal más maravilloso del reino animal. Según Génesis, el quinto día del ciclo creativo “hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie” (Génesis 1:25), y he aquí, el reino animal, mas no aparece en él el humano sino que fue creado el sexto día. Pasado el quinto día, Dios dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26-27). Ahora bien, “Dios es espíritu” (Juan 4:24), con atributos y poderes definidos explícitamente en la Biblia, como además dados a conocer a través de lo creado (Romanos 1:18-20), y por lo tanto, el “hombre”, creado “…a imagen de Dios”, tendría atributos y poderes semejantes, aunque no iguales en todo aspecto, a los de Dios. Entre estos, destacamos, en el contexto de este “Argumento 3”, entendimiento del concepto de obedecer o desobedecer, voluntad propia y libre albedrío. En el momento de recibir vida como “ser viviente”, creado “…a imagen de Dios”, Adán posee estos atributos y poderes; luego, también Eva.

E.  El concepto de obedecer o desobedecer, al igual que “la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:9), pertenecen al patrimonio intelectual de Dios (Génesis 3:22), conforme a las revelaciones bíblicas sobre su naturaleza. Dotando el Creador al humano de voluntad propia y libre albedrío, atributos de ser inteligente espiritual, él hace posible, enseguida, que los dos primeros humanos ejercieran sus poderes al presentarles la oportunidad de obedecer o desobedecer un mandamiento específico, pero reservó para sí “la ciencia”, es decir, el conocimiento, “del bien y del mal”. Solo después de elegir aquella primera pareja desobedecer se abre paso a la recepción por ellos de referido conocimiento. Se infiere, pues, que Dios mismo hace distinción entre el concepto de obedecer o desobedecer, por un lado, y por el otro, “la ciencia del bien y del mal”. De hecho, esta “ciencia” es la que tiene que ver con preceptos de índole moral, conclusión sostenida por lo primero que pasó cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido. “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales” (Génesis 3:7).  

F.  Mediante estos datos y esta explicación se refuta, efectivamente, otro planteamiento de ateos, a saber: que Adán y Eva no podían saber que desobedecer a Dios era malo antes de que fueran abiertos sus ojos al comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal”. Dicen que el relato de Génesis 2 contiene una contradicción ya que Dios informa a la primera pareja que desobedecer su mandato sería contado por malo, antes de siquiera tener Adán y Eva conocimiento “del bien y del mal”. Catalogamos de “fabricada” la contradicción señalada porque desobedecer el mandato a no comer de aquel árbol no era un acto inmoral sino la violación voluntaria, sin coerción alguna de parte de Dios, de un mandato no de carácter moral. Recalcamos que, obviamente, Dios mismo es quien distingue entre el concepto de obedecer-desobedecer y el “del bien y del mal”, encerrando el segundo conductas morales o inmorales.

G.  A resumida cuenta, el ser humano, como diseñado originalmente y creado por Dios, podía tener en su mente la idea, o concepto, de obedecer-no obedecer, sin decidirse obligatoriamente por “no obedecer”. En esto, refleja la “imagen” del Dios que lo creó, pues este Dios Creador poseía esta misma idea antes de idear al humano. Adentrándonos un tanto más en el tema, de mi parte entiendo que la idea del “mal”, en sus distintas facetas, Dios la tenía en su mente desde antes de efectuar la creación material, y aun antes de la creación de los ángeles, los que antedatan la creación material –puntos de ningún interés para el ateo acérrimo- pero sin convertirse él mismo en “malo”, no permitiendo jamás que el mal se adueñe de su voluntad. Asimismo, el cristiano maduro posee conocimiento del “mal”, pero no permite que el “mal” lo induzca a ser malo. Por cierto, el cristiano verdadero dispone de armas muy fuertes para combatir el mal. ¿Con cuáles armas lo combate el ateo? Digo “cristiano verdadero”, pues muchos seres humanos que se identifican como “cristiano” están consumidos ellos mismos por el mal, y estos son los que hacen a multitudes descreer en Dios y la Biblia, pues su hipocresía-mal testimonio-conducta indigno de Cristo-doctrina irracional ofende y aleja todavía más a escépticos, ateos e irreligiosos. Estamos esforzándonos para no ser encontrados entre tales “cristianos”, sin ninguna pretensión de haber alcanzado perfección espiritual. Al ateo honesto y sincero le animamos a no fijarse en ellos, evitando combatir a un tipo de “cristianismo” que no representa correctamente a la Deidad, como tampoco a la iglesia que sigue fielmente las instrucciones de Jesucristo.

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