I.
“Una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba
delante de Dios" dice “al sexto ángel que tenía la trompeta:
Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates"
(Apocalipsis 9:13-14).
A. Estos "cuatro ángeles"
pertenecen a la categoría de los ángeles que están al servicio de Dios
para efectuar sus juicios y castigos sobre los seres humanos rebeldes
(Apocalipsis 7:1-2).
B.
"Están atados."
1. "Atados"
figurativamente. Esta circunstancia significa que están restringidos
en cuanto al tiempo de iniciar su misión, y no que estén atados
literalmente con sogas o cadenas. Este mismo tipo de restricción
existe en el caso de los "cuatro ángeles en pie sobre los cuatro
ángulos de la tierra" a quienes se les ordenó: "No hagáis daño a
la tierra... hasta que..." (Apocalipsis 7:1-3). No podían actuar
“hasta que” fuesen “sellados en sus frentes” los ciento
cuarenta y cuatro mil “siervos… de Dios”.
2. Estos
cuatro ángeles están "atados junto al gran río Éufrates",
y no en el infierno. No son demonios atados en el infierno sino seres
celestiales al servicio de Dios.
3. ¿Por qué es
necesario restringirlos, o sea, aguantarlos o controlarlos?
a) Quizá para
que no actúen prematuramente. Es evidente que los ángeles de Dios no son
autómatas o robots sino seres pensantes con voluntad propia, pues
eligieron permanecer en el lugar que Dios los había asignado,
rehusando abanderizarse con Satanás.
b) Por las acciones
que ejecutan, las cuales estudiaremos en breve, hay razón para calificar
a los cuatro como "ángeles destructores" preparados para aplicar
la justicia de Dios a los hombres impíos y rebeldes. “Envió sobre
ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, un ejército
de ángeles destructores” (Salmo 78:49). Jehová Dios asigna a dos
ángeles la misión de destruir a Sodoma y Gomorra. “Llegaron, pues,
dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde…” Estos dijeron a Lot:
“Vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra
ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha
enviado para destruirlo” (Génesis 19:1-13). Ángeles con
semejantes misiones deberían actuar en conformidad con el horario
establecido por Dios, en el preciso tiempo determinado por él, y no
adelantándose o entrando tarde en acción. No se exceptúan los cuatro
ángeles “atados junto al gran río Éufrates”.
c) Cuando de
castigar a los pecadores se trata, en ocasiones los siervos de Dios son
demasiado precipitados. Tal era el caso de Jacobo y Juan,
apellidados "Boanerges, esto es, Hijos del trueno" (Marcos 3:17),
quienes dijeron, cuando los samaritanos no quisieron recibir a Cristo:
"Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo... y los
consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no
sabéis de qué espíritu sois” (Lucas 9:51-56). Aun los mártires
bajo el altar de Dios parecen impacientarse, pues claman “a gran voz,
diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas
nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:9-11).
(1) Al contemplar los cuatro ángeles la intransigencia
moral y espiritual de los hombres malvados del "poco de tiempo",
quizá sientan el impulso fuerte de tomar, de inmediato, venganza contra
ellos.
(2) Pero, están "preparados para la
hora, día, mes y año". Por lo tanto, es preciso refrenarlos
(atarlos) para que actúen en el momento indicado, según el plan de Dios.
C. "Junto al gran río Éufrates."
¿Por qué "junto al gran río Éufrates", y no el río Nilo o
el río Jordán? Evidentemente, por la razón de que "las tres plagas"
tendrían su origen en el Oriente o el Cercano Oriente.
1. Históricamente, terribles
plagas mortíferas han brotado en países del Oriente o del Cercano
Oriente, y de aquellos lugares han pasado aun a otros continentes. “En 1348, la peste bubónica
entró en Francia procedente del Mediterráneo a través de Marsella. La
epidemia hundió al país en dos años, muriendo más de una tercera parte
de la población. La plaga se reprodujo en 1361, 1362, 1369, 1372, 1382,
1388 y 1398. Los niños nacidos después del brote epidémico fueron
especialmente vulnerables a la nueva epidemia, que redujo aún más la
población.” (Microsoft
® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos
los derechos.)
2. En
ámbitos religiosos y filosóficos, ha sucedido otro tanto. No pocas
"plagas" de religiones falsas y filosofías mentirosas han tenido su
origen en aquella área del planeta Tierra, por ejemplo: el budismo, el
hinduismo, el zoroastrianismo, el mahometanismo y toda suerte de
cristianismo falso desde el gnosticismo hasta la Iglesia Ortodoxa
Griega.
3.
Además, los antiguos imperios de los caldeos, sumerios, babilonios y
persas nacieron en riberas del gran río Éufrates. Fue justamente aquel
lugar donde los hombres comenzaron a levantar la infame torre de Babel,
y allí es donde se comenzó el culto a la "diosa madre", fenómeno
intrigante que se investiga a fondo en el capítulo de este “Análisis”
sobre la "gran ramera."
4.
También es notable que vendrán "los reyes del oriente"
para reunirse con los demás reyes engañados de la tierra cuando el Sexto
Ángel derrama la Sexta Copa de ira (Apocalipsis 16:12). Así que, el
Oriente figura tanto en la Sexta Copa como en la Sexta Trompeta.
5.
Conclusión. Tal como sucedió en el pasado, asimismo en el futuro el
Oriente figurará de manera prominente en el desenvolvimiento de los
asuntos terrenales y espirituales de la raza humana, como además en la
realización oportuna del plan programado por Dios para la tierra y sus
habitantes.
II. “Y fueron
desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día,
mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres"
(Apocalipsis 9:15).
A.
"Preparados para la hora, día, mes y año."
1.
Mediante estas palabras sencillas, claramente se evidencia que Dios
tiene un plan detallado y preciso para la raza humana y su hábitat el
planeta Tierra. La expresión “la hora, día, mes y año” se
parece a varias de la misma naturaleza. Por ejemplo: "Cuando vino el
cumplimiento del tiempo…" (Gálatas 4:4); "…hasta que haya entrado
la plenitud de los gentiles" (Romanos 11:25) y "les ha prefijado
el orden de los tiempos…" (Hechos 17:26).
2. El
tiempo prefijado por Dios para la intervención de los cuatro ángeles es
exacto hasta el año, mes, día y hora.
3. ¿Es
factible discernir nosotros con la misma precisión este tiempo fijado
por Dios? ¿Podemos indicarlo en la línea del tiempo con certeza
razonable? Quizá no con la exactitud que quisiéramos. Mas sin embargo,
todos los parámetros para el cumplimiento de las profecías de los tres
“Ayes” señalan hacia la última etapa del "poco de tiempo”.
Según esta interpretación, “la hora, día, mes y año” para entrar
en acción los cuatro ángeles llega durante aludida etapa.
B. “Y fueron
desatados los cuatro ángeles… a fin de matar a la tercera parte de los
hombres."
1. "Matar."
¿Se contempla la muerte física o la muerte en algún sentido
figurado? Por las razones que anotamos a continuación, se deduce la
proyección de la muerte física de "la tercera parte de los
hombres" a causa de tres plagas traídas hacia finales del
“poco de tiempo”.
a) Primera razón. Según Apocalipsis 9:20-21, el propósito de
"matar a la tercera parte de los hombres" es hacer que
los sobrevivientes se recapaciten y que se arrepientan. Pero, difícil o
imposible sería que una muerte tan solo figurativa produjera el efecto
deseado en mentes y corazones endurecidos a causa de obstinada
incredulidad. Tales personas ya están muertas moral y espiritualmente en
“delitos y pecados” (Efesios 2:1). ¿De qué otra manera hacerlas
“morir” figurativa, psicológica o espiritualmente para lograr su
arrepentimiento? De todos modos, enviar Dios a sus ángeles a hacer morir
moral o espiritualmente a seres humanos sería un acto absolutamente
contrario a su naturaleza y su deseo ardiente de que “todos los
hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1
Timoteo 2:4).
b) Segunda razón. Por otro lado, hacer morir física y
violentamente a una porción sustancial de los hombres quizá
produjera el arrepentimiento en por lo menos algunos de los
sobrevivientes.
2. "A la
tercera parte."
a)
Una parte sustancial, pero no la mayor parte.
b) Más
que suficiente para amedrentar y hacer reflexionar a cualquier persona
sensata.
c)
“Para noviembre de 2008, la población del mundo se calcula en 6.7
billones (6,700,000,000)” (www.wikipedia.org).
De seguir el crecimiento poblacional su actual trayectoria, la población
del mundo hacia fines del “poco de tiempo” será aún mayor.
d) Si
“la tercera parte” nos asombra sobremanera o nos hace dudar de la
autenticidad de esta profecía, consideremos el siguiente dato: se
calcula que murió hasta un 70% de los seres humanos que vivían
en Europa durante los años cuando azotó la peste bubónica.
e) La tercera
parte de 6.7 billones es 2.21 billones (2,210,000,000 -dos mil
doscientos diez millones) de seres humanos. Pero, “la tercera parte”
que morirá a consecuencia de las acciones de los cuatro ángeles no
será la tercera parte de todos los seres humanos vivos en el tiempo del
cumplimiento de estas profecías, cualquiera sea la población global en
aquel tiempo futuro, sino, lógicamente, la tercera parte de los hombres
que persisten pertinazmente en los gravísimos pecados enumerados en
Apocalipsis 9:20-21. Personas obedientes al evangelio de Cristo,
personas salvas por la ley de conciencia (Romanos 2:14-16), niños,
adolescentes y personas mentalmente impedidas no figurarían, a nuestro
entender, en el número del que muere “una tercera parte”.
Asumiendo correcta esta interpretación, “la tercera parte” no
sería un número tan elevado como la tercera parte literal de la
población entera del mundo.
III. "Y el número de
los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número."
A. "Los ejércitos de
los jinetes." ¿Quiénes son estos "jinetes"? ¿A quién o
quiénes obedecen estos "ejércitos"? Analizando sus rasgos y
acciones, eliminamos la idea de que sean ejércitos terrenales bajo el
mando de hombres endemoniados, como también la de que sean "ejércitos"
de Satanás. Al contrario, son "los ejércitos celestiales"
guiados por los cuatro ángeles en cumplimiento de la voluntad de
Dios (Apocalipsis 19:14). A continuación, presentamos las razones que
sostienen nuestra conclusión:
1.
Primera razón. Estos jinetes obedecen a los cuatro ángeles. ¿Qué
relación existe entre "los cuatro ángeles" del Versículo quince y
"los ejércitos de los jinetes" del Versículo dieciséis? La
relación, cual sea, no se define en el texto del pasaje. Sin embargo, la
conexión nos parece bastante obvia, a saber: los doscientos millones
de jinetes siguen y obedecen a los cuatro ángeles. El siguiente
silogismo sostiene esta conclusión.
a) Primera premisa. La misión de los cuatro ángeles es “matar a
la tercera parte de los hombres”.
b) Segunda premisa. De la boca de los caballos que montan los
jinetes salen las plagas que hacen morir “a la tercera parte de los
hombres” (Apocalipsis 9:17-18).
c) Conclusión. Por lo tanto, los jinetes, con sus caballos, están
bajo el mando de los cuatro ángeles, utilizándolos estos para la
realización de su misión.
Ahora bien,
los ángeles al servicio de Dios no están al mando de ejércitos
terrenales sino de ejércitos espirituales. Por lo tanto,
deducimos que los doscientos millones de jinetes integran un ejército
espiritual de Dios.
2.
Segunda razón. Presentamos las "corazas" de los jinetes
como evidencia para sostener que sus dueños son siervos de Dios. Sus
corazas son de "fuego, de zafiro y de azufre" (Apocalipsis
9:17).
a) El elemento del
"fuego" aparece frecuentemente en escenas donde se manifiestan
la presencia y los poderes del Dios Soberano, especialmente en las de
castigos y destrucción.
(1) Cuando Moisés lleva sus ovejas “hasta Horeb,
monte de Dios… se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de
fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en
fuego, y la zarza no se consumía” (Éxodo 3:2-5).
(2) En su visión de escenas celestiales, Ezequiel ve "apariencia
de fuego" en la "figura del trono" (Ezequiel
1:1-28).
(3) El trono del "Anciano de días" es como "llama de fuego,
y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego
procedía y salía de delante de él" (Daniel 7:9-10).
(4) El “fuego del altar” en el cielo consume el
incienso. Un ángel toma “fuego” de aquel altar,
arrojándolo a la tierra (Apocalipsis 8:3-5).
(5) La “gran Babilonia” de las visiones apocalípticas es
"quemada con fuego" (Apocalipsis 18:8).
(6) La bestia y el falso profeta son lanzados en "el lago de
fuego y azufre" (Apocalipsis 20:10).
(7) Conclusión. Los doscientos millones de jinetes disponen de
“corazas de fuego” porque sirven a Dios quien concede
a ellos el poder para destruir "la tercera parte de los hombres".
Los hombres al servicio de Satanás no reciben tales corazas; tampoco los
demonios.
b) Las corazas de los doscientos millones de
jinetes también son “de zafiro”.
-“Zafiro. (Del lat. sapphīrus, y este del gr.
σάπφειρος, quizá voz de or. persa). m. Corindón cristalizado de color
azul. ~ blanco. m. Corindón cristalizado, incoloro y transparente
~ oriental. m. zafiro muy apreciado por su brillo u
oriente.” (Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation.
Reservados todos los derechos.)
La piedra preciosa "zafiro"
figura en visiones de lo celestial.
(1) "Se veía la figura de un trono
que parecía de piedra de zafiro" (Ezequiel 1:26; 10:1).
(2) El segundo cimiento del muro de la ciudad celestial es adornado de
"zafiro" (Apocalipsis 21:19).
(3) Conclusión. En el contexto de lo celestial el zafiro adorna cosas
que pertenecen a Dios. Poseyendo, pues, los doscientos millones de
jinetes “corazas… de zafiro”, es lógico identificarlos como
instrumentos de Dios para hacer su voluntad. Los ejércitos satánicos no
despliegan corazas tan brillantes, con zafiros incrustados.
c) Además de fuego y zafiro, las
corazas de los doscientos millones de jinetes son “de azufre".
"Azufre. Elemento... de color amarillo, fácilmente
electrizable por frotación, que arde con llama azul produciendo un humo
de olor acre característico" (Diccionario de uso del español, Tomo
I. Página 323). En su estado natural, el azufre es un sólido. Dios lo
utiliza para castigar (Apocalipsis 19:20; 20:10). Corazas que arden
“con llama azul”, y de las que sale “un humo de olor acre”
mortífero para los pecadores endurecidos, son las que portan los
doscientos millones de jinetes.
3. Tercera razón. Tengamos
presente el hecho de que las naciones engañadas se unirán durante el
"poco de tiempo" y que antes de la Segunda Venida de Cristo los
hombres estarán proclamando "paz y seguridad" (1 Tesalonicenses
5:1-3). Esto significa que las naciones engañadas no estarán
batallándose las unas contra las otras durante el "poco de tiempo".
Por lo tanto, los "ejércitos" de la Sexta Trompeta que
salen a matar "la tercera parte de los hombres" no son ejércitos
terrenales enfrascados en batalles carnales.
B.
"Doscientos millones."
1. Ya que la población del gran
Imperio Romano alcanzaba para el Siglo I de la Era Cristiana más o menos
doscientos millones, es probable que los “doscientos millones” de
jinetes de la Sexta Trompeta parecieran un número sumamente grande para
el apóstol Juan y sus contemporáneos.
2.
Comparamos esta cifra con otras mencionadas en textos que arrojan
alguna luz sobre la población celestial.
(a)
En Daniel 7:10, acerca del "Anciano de días" se nos informa que
"millares de millares le servían, y millones de millones
asistían delante de él".
(b)
En la escena del “trono establecido en el cielos”, aparecen
"millones de millones" de ángeles "alrededor del trono"
de Dios (Apocalipsis 4:1 - 5:11).
(c)
Después de los juicios de Dios sobre la “gran Babilonia” una "gran
multitud en el cielo" dice “¡Aleluya! Salvación y
honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”
(Apocalipsis 19:1).
3. “Doscientos millones” hace
aproximadamente el .03% de los seis billones, setecientos millones de
habitantes sobre la faz de la tierra para noviembre del 2008. La
población del mundo será aún mayor para el tiempo del cumplimiento de
estas profecías según la línea de interpretación que estamos
desarrollando. A la luz de estos datos, “doscientos millones”
luce como un número comparativamente pequeño.
4. Con todo, el número “doscientos millones”
no es preciso tomarlo literalmente sino representativo de una
multitud de siervos al servicio de Dios para el castigo de seres humanos
recalcitrantes que rehúsan siquiera admitir la existencia del verdadero
y único Creador Supremo.
IV. Los "caballos"
de los jinetes. “Así ví en visión los caballos y a sus jinetes… Y
las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca
salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera
parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su
boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas,
porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas
dañaban” (Apocalipsis 9:17-19).
A. La
apariencia de los caballos y el significado de sus atributos
descomunales. Nuestra percepción es que estos caballos
representan los medios utilizados por Dios para introducir y
diseminar rápidamente las "tres plagas" que resultan en la
muerte de "la tercera parte de los hombres".
1. Tienen
cabezas "como cabezas de leones” (Apocalipsis 9:17). El
león es animal notoriamente fuerte y veloz, capaz de perseguir y matar
aun a animales más grandes que él, por ejemplo, el elefante. Agarra su
presa, triturando y devorando carne y huesos.
-Aplicación. El caballo también es fuerte, veloz y
resistente. Y si tuviera cabeza de león, su apariencia sería sobremanera
espantosa. Doscientos millones caballos podrían galopar pronto por toda
la tierra, aun literalmente. Estas figuras retóricas significan, a
nuestro entender, que las "tres plagas" mortíferas serán
llevadas pronto por toda la tierra cuando llegue “la hora, día,
mes y año” fijados para este castigo, causando pánico y muchísimas
muertes.
2. "De
su boca salían fuego, humo y azufre" (Apocalipsis 9:17).
Visualicemos a estos caballos. No sale vapor de su boca o nariz sino
“fuego, humo y azufre”, elementos que simbolizan “tres plagas”,
según el 9:18. ¡Dos cientos millones caballos que respiran “fuego,
humo y azufre”! Comentamos estas “tres plagas” en la partida
“B” abajo.
3.
Tienen colas y sus "colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y
con ellas dañaban" (Apocalipsis 9:19). La apariencia de estos
animales se vuelve cada vez más terrible y aterradora. Su cola no es la
cola natural de caballo sino dura y elástica, como si fuera una
serpiente, y para colmo, su cola tiene cabeza –cabeza, se presume, de
serpiente venenosa. Con sus colas “dañaban”. “Dañar y
matar” es la misión asignada a los doscientos millones de jinetes
montados sobre doscientos millones caballos preparados para sembrar
pavor y hacer morir “la tercera parte de los hombres”. La mordida
de una serpiente venenosa puede causar muerte repentina. Según Números
21:4-9, "Jehová envió entre el pueblo (de Israel)
serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho
pueblo de Israel". Aquello lo hizo Dios para castigar a aquel pueblo
duro de cerviz e incrédulo. De igual manera, un castigo muy severo y
extenso está programado para los incrédulos y pecadores recalcitrantes
del “poco de tiempo”, a saber, “tres plagas” mortíferas y
el azote de las colas, “semejantes a serpientes”, de los caballos
que montan los doscientos millones de jinetes.
4.
¿Verán literalmente las gentes rebeldes que viven la época de la Sexta
Trompeta a los doscientos millones de jinetes montados sobre doscientos
millones de caballos furiosos? Negativo, pues se trata de seres
espirituales al servicio de Dios, siendo altamente retórico el lenguaje
de la visión de los caballos, etcétera. Pero, sentirán sí en carne viva
la furia de los castigos de Dios al caer víctimas de las "tres
plagas", las cuales sobrevendrán a aquellos impíos como millones de
caballos enfurecidos, de cuyas bocas salen fuego, humo y azufre, y cuyas
colas lastiman y matan.
B. Las
"tres plagas" de "fuego, humo y azufre"
(Apocalipsis 9:18).
1. Conforme a la interpretación que
estamos desarrollando, estas "tres plagas" que causan la muerte
de la "tercera parte de los hombres" están programadas para la
última fase del "poco de tiempo" que precede la Segunda Venida de
Jesucristo. Otros textos corroboran esta tesis.
a)
Los dos testigos tienen poder para "herir la tierra con toda plaga,
cuantas veces quieran" durante el "poco de tiempo"
(Apocalipsis 11:6). Esto lo veremos en la “Escena 3” del gran drama de
la Sexta Trompeta, la cual es el segundo “Ay”.
b) Las siete
copas de la ira de Dios son "las siete plagas postreras;
porque en ellas se consumaba la ira de Dios" (Apocalipsis
15:1, 7-8). “¡Postreras!” “Postrero: último en orden”
(Microsoft Bookshelf en Español. CDROM). Se deduce que las "siete
plagas postreras" son para el tiempo cuando se consuma la ira de
Dios, es decir, son para los últimos días que preceden la Segunda
Venida de Cristo y el fin del tiempo.
2. "Fuego,
humo y azufre."
a)
¿Es concebible que estas "tres plagas" sean de "fuego, humo y
azufre" literales? “Concebible”, sí, de acuerdo con las siguientes
consideraciones.
(1) Ciertamente, Dios tiene poder para azotar y castigar al mundo
incrédulo y pecador con voraces incendios incontrolables, por ejemplo,
en las grandes ciudades donde se aglomeran los impíos. Aun los fenómenos
naturales tales como terremotos y la erupción de volcanes suelen causar
verdaderas “plagas” de “fuego, humo y azufre”, no solo devastando suelos
y estructuras sino también contaminando masivamente la atmósfera,
efectos que hacen enfermarse o morir a los seres humanos impactados.
Conforme a nuestra fe, Dios tiene potestad sobre aludidos fenómenos,
pudiendo utilizarlos a su discreción para el castigo de gentes
impenitentes.
(2) Cualquiera sea la naturaleza de las “tres plagas”, el
castigo que traen es para los que no tienen el "sello de Dios".
Al haber cristianos vivos en la tierra cuando se desaten estas tres
plagas, el Dios Soberano tiene poder para protegerlos, de la manera que
libró a los israelitas de las diez plagas que trajo sobre los egipcios.
También Jehová cuidó y salvó al "justo Lot", juntamente con sus
hijas y yernos, cuando “hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra
azufre y fuego… desde los cielos” (Génesis 19).
b) Otra posible interpretación es
que el “fuego, humo y azufre” sean simbólicos. Es decir, que
representen plagas cuya naturaleza no será literalmente fuego, humo y
azufre. Quizá plagas nuevas, desconocidas hasta el momento de su
aparición. Plagas que exploten sobre la tierra como caballos salvajes.
Plagas que hagan arder al cuerpo físico, como si un “fuego” lo
consumiera. Plagas que obstaculicen las vías respiratorias y los
pulmones, asfixiando, a manera de un “humo” espeso, y causando cáncer.
Plagas que quemen la piel y la carne, tal como hace el “azufre”.
Pudriéndose el cuerpo físico, y apestando a “azufre”. Al derramar el
cuarto ángel la plaga de la Cuarta Copa de la ira de Dios sobre el sol,
“los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre
de Dios…” (Apocalipsis 16:8-9). Esta cuarta plaga, juntamente con
las restantes seis de “las siete plagas postreras” (Apocalipsis
15:1), ocurrirán, sin duda, durante la última etapa del “poco de
tiempo”.
3.
Cualquiera sea la naturaleza de estas "tres plagas", el que tiene
"poder" sobre ellas es Dios y no Satanás.
a)
Satanás no trae estas plagas.
b) El hombre
perverso no tiene poder sobre estas plagas.
c)
"Dios... tiene poder sobre estas plagas" (Apocalipsis 16:9).
V.
El propósito de Dios frustrado.
A. Dios no traerá arbitrariamente estas “tres plagas” sobre
los habitantes de la tierra vivos en “la hora, día, mes y año”
fijados para el cumplimiento de esta profecía. Más bien, lo hará en el
intento de lograr que por lo menos algunas personas de aquel tiempo
futuro se arrepientan y se salven de la ira venidera. La
expresión “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas
plagas, ni aun así se arrepintieron…” claramente revela su
propósito benigno, y no arbitrario o cruel: ¡Qué se arrepientan!
B. Pero, el desenlace triste de tan tremendo esfuerzo global es
que los sobrevivientes de las “tres plagas” no se arrepienten.
“Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun
así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a
los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y
de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; y no se
arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su
fornicación, ni de sus hurtos” (Apocalipsis 9:20-21). Así finaliza
la “Escena 1” del gran drama de la Sexta Trompeta. Con un cuadro
estremecedor de pecado sobre pecado, superstición, falsa religión,
idolatría, inmoralidad y crimen universal. Condiciones muy parecidas a
las que hubo en el tiempo de Noé, previo a la destrucción de aquel mundo
por el gran Diluvio. Estas condiciones son las que imperarán hacia fines
del “poco de tiempo”, previo a la futura destrucción total del
planeta Tierra por fuego. “Pero los cielos y la tierra que existen
ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego
en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos”
(2 Pedro 3:7).