APOCALIPSIS
“Análisis de las profecías y visiones”
Capítulo Cuatro de este “Análisis”
"Las Siete Trompetas"
Capítulos ocho, nueve, diez y once del libro de Apocalipsis

Siete trompeteos de advertencia y orientación para los habitantes
del planeta Tierra.
www.cog21.org
Sección 2
Parte 6
La Sexta Trompeta (el “segundo ay”)
Apocalipsis 9:13-21; 10:1-11; 11:1-14
La “Parte 6” se compone de la “Introducción” para el "Gran
drama de la Sexta Trompeta" y las "Cuatro escenas principales"
del drama.
Escena 1
(de las Cuatro principales)

“Las tres plagas”, por Duncan Long.
www.apocalipsis.org
Las “tres plagas”
Apocalipsis 9:13-21
“El sexto ángel tocó la trompeta, y oí
una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba
delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta:
Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río
Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban
preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera
parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes
era doscientos millones. Yo oí su número. Así vi en visión los
caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de
zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas
de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres
plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el
humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los
caballos estaba en su boca y en sus colas, porque sus colas,
semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban. Y los
otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se
arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los
demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y
de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; y no se
arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su
fornicación, ni de sus hurtos.”
I. “Una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro
que estaba delante de Dios" dice “al sexto ángel que tenía la
trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran
río Éufrates" (Apocalipsis 9:13-14).
A. Estos "cuatro
ángeles" pertenecen a la categoría de ángeles al servicio de
Dios para efectuar sus juicios y castigos sobre los seres humanos
rebeldes (Apocalipsis 7:1-2).
B.
"Están atados..."
1.
"Atados", entiéndase, en sentido figurado.
a) Esta
circunstancia significa que están restringidos en lo
referente al tiempo de iniciar su misión, y no que estén
atados físicamente con sogas o cadenas. “…estaban preparados
para la hora, día, mes y año…” O sea, el tiempo para
entrar ellos en acción estaba prefijado por Dios con mucha
precisión, aun hasta “la hora”. Por consiguiente, no
debían precipitarse prematuramente. Se discierne este mismo tipo de
restricción en el caso de los "cuatro ángeles en pie sobre
los cuatro ángulos de la tierra". A estos se les ordenó: "No
hagáis daño a la tierra... hasta que..." (Apocalipsis 7:1-3).
“…hasta que…” Adverbio de tiempo. No debían actuar “hasta
que” fuesen “sellados en sus frentes” los ciento cuarenta
y cuatro mil “siervos… de Dios”.
b) “Atados”
no implica, de modo alguno, que estos cuatro ángeles fueran
demonios, es decir, ángeles caídos.
(1) En ningún
momento se les identifica, en el texto de Apocalipsis, como “ángeles
caídos”.
(2) Tampoco se dice, ni se implica, que estuvieran “atados en
el infierno”. Al contrario, “están atados junto al gran río
Éufrates”, o sea, en el lugar estratégico del planeta Tierra
donde debían estar para ejecutar su misión.
(3)
“Estaban preparados para la hora, día…” ¿Quién los preparó
de antemano para actuar en una hora muy precisa en la línea de
tiempo que marca el progreso de la humanidad, y la traslación del
universo material, hacia la culminación de lo programado por el
Creador? Nuestra convicción es que solo el Soberano Dios los
prepararía así. Ahora bien, ¿es concebible que Dios prepare él mismo a
ángeles caídos (demonios), encargándoles la ejecución de sus juicios y
castigos sobre impenitentes? Bien que Dios permita que
Satanás y los suyos hagan hasta "grandes señales" en la
tierra (Apocalipsis 13:13-14), ¿cómo pensar que el Santísimo
Soberano los adiestre él mismo para cualquier ejecutoria?
3.
¿Por qué es necesario restringir a estos cuatro ángeles, o sea,
detenerlos, refrenarlos, aguantarlos, controlarlos?
a) Ya hemos
indicado la razón, a saber, para que no actúen prematuramente. Los
ángeles de Dios no son autómatas o robots sino seres pensantes con
voluntad propia, evidenciándolo el hecho de elegir ellos permanecer
en el lugar que Dios los había asignado en lugar de abanderizarse
con Satanás (Judas 6).
b) Por las acciones
que ejecutan los cuatro ángeles de esta visión, las cuales
estudiaremos en breve, deducimos que figuran entre los "ángeles
destructores" preparados para aplicar la justicia de Dios a los
hombres impíos y rebeldes. Por cierto, se refiere muy
específicamente a tales ángeles en el Salmo 78:49. Dios “Envió
sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, un
ejército de ángeles destructores”. También leemos en el
Antiguo Testamento que Jehová Dios asignó a dos ángeles la misión de
destruir a Sodoma y Gomorra. “Llegaron, pues, dos ángeles a
Sodoma a la caída de la tarde…” Estos dos mensajeros celestiales
de Dios dijeron a Lot: “Vamos a destruir este lugar, por
cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová;
por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo”
(Génesis 19:1-13). Lógicamente, los “ángeles destructores”
enviados por Dios deberían actuar en el momento y el lugar
determinado por él. Así que, habiendo recibido los cuatro ángeles de
la Sexta Trompeta la encomienda de “matar a la tercera parte de
los hombres” (Apocalipsis 9:15), deberían actuar en conformidad
con el horario establecido por Dios, en el preciso tiempo
determinado por él, y no adelantándose, como tampoco entrando tarde
en acción. Por tanto, se encuentran “atados junto al gran río
Éufrates”, aguardando la hora fijada de Dios para ellos.
c) Tratándose del
asunto de castigos divinos para los pecadores, en ocasiones los
siervos de Dios se demuestran demasiado impacientes.
(1) El caso de
Jacobo y Juan, apellidados "Boanerges, esto es, Hijos del
trueno" (Marcos 3:17), es clásico. Rehusando algunos samaritanos
recibir a Cristo, Jacobo y Juan exclaman: "Señor, ¿quieres que
mandemos que descienda fuego del cielo... y los consuma? Entonces
volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué
espíritu sois” (Lucas 9:51-56). Parafraseando, Jacobo y Juan
dicen: “Señor, ¡vamos a ultimar enseguida a estos atrevidos
pecadores!” ¡Ah! Pero, Cristo no vino a matar sino a dar vida. Así
pues, el Señor refrenó al espíritu airado e impaciente de los
“Hijos del trueno”.
(2) Aun los
“mártires de Jesús” que se encuentra “bajo el altar”
de Dios, conforme a la visión del “quinto sello”, parecen
impacientarse, insinuando que Dios actuara con más prontitud contra
sus enemigos, pues claman “a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo,
Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los
que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:9-11).
(3) Contemplando las escenas proféticas de Apocalipsis que
proyectan la profunda maldad de las naciones en el tiempo del fin,
no nos sorprende que los santos ángeles de Dios sintieren el mismo
impulso fuerte de tomar, prontamente, venganza contra los enemigos
del Altísimo, incluso los seres humanes rebeldes y recalcitrantes
que se adueñan de la tierra durante el "poco de tiempo".
Pero, en cuanto a los cuatro ángeles de la Sexta Trompeta, estos
están "preparados para la hora, día, mes y año". Por
lo tanto, es preciso refrenarlos (atarlos) para que actúen solo en
la hora predeterminada por el Dios omnisciente, según el plan
trazado por él para la humanidad y el planeta Tierra.
C. "Junto al gran río Éufrates."
¿Por qué "junto al gran río Éufrates",
específicamente, y no el río Nilo o el río Jordán? Evidentemente,
por la razón de que "las tres plagas" tendrían su origen en
el Oriente, más allá, hacia el este, del río Éufrates.
1. Históricamente,
terribles plagas mortíferas han brotado en países del Oriente y
Medio Oriente, llevadas de aquellos confines, mediante varios
agentes, aun a otros continentes. “En 1348, la peste bubónica
entró en Francia procedente del Mediterráneo a través de Marsella.
La epidemia hundió al país en dos años, muriendo más de una tercera
parte de la población. La plaga se reprodujo en 1361, 1362, 1369,
1372, 1382, 1388 y 1398. Los niños nacidos después del brote
epidémico fueron especialmente vulnerables a la nueva epidemia, que
redujo aún más la población.”
(Microsoft ® Encarta ® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation.
Reservados todos los derechos.)
2.
Tratándose de ámbitos religiosos y filosóficos, ha ocurrido otro
tanto. No pocas "plagas" de religiones falsas y filosofías
mentirosas han tenido su origen en aquella área del planeta Tierra,
por ejemplo: el budismo, el hinduismo, el zoroastrianismo, el
mahometanismo y toda suerte de cristianismo falso desde el
gnosticismo hasta la Iglesia Ortodoxa Griega.
3.
Además, los antiguos imperios de los caldeos, sumerios, babilonios y
persas nacieron en riberas del gran río Éufrates. Fue justamente en
aquella región donde los hombres comenzaron a levantar la infame
torre de Babel, y allí es donde se comenzó el culto a la
"diosa madre", fenómeno intrigante y casi universal que se
investiga a fondo en el Capítulo Ocho de este “Análisis” al
desarrollarse el estudio sobre "la gran ramera… gran ciudad".
4.
También nos parece muy relevante el que vendrán "los reyes del
oriente" para reunirse con los demás reyes engañados de la
tierra cuando el Sexto Ángel derrame la Sexta Copa de ira
(Apocalipsis 16:12). Observamos, pues, que el Oriente figura
tanto en la Sexta Copa como en la Sexta Trompeta.
5.
Conclusión. Tal como sucedió en el pasado, asimismo acontecerá en el
futuro que el Oriente figurará de manera prominente en el
desenvolvimiento de los asuntos terrenales y espirituales de la raza
humana, como además, en la realización oportuna del plan programado
por Dios para la tierra y sus habitantes.
II. “Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban
preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera
parte de los hombres" (Apocalipsis 9:15).
A.
"Preparados para la hora, día, mes y año."
1.
Mediante estas palabras sencillas, claramente se evidencia que Dios
tiene un plan detallado y preciso para la raza humana y su
hábitat el planeta Tierra. La expresión “la hora, día, mes y
año” se parece a varias de la misma naturaleza en el Nuevo
Testamento. Por ejemplo: "Cuando vino el cumplimiento del
tiempo…" (Gálatas 4:4); "…hasta que haya entrado la plenitud
de los gentiles" (Romanos 11:25) y "les ha prefijado el orden
de los tiempos…" (Hechos 17:26).
2.
El tiempo prefijado por Dios para la intervención de los cuatro
ángeles es exacto hasta el año, mes, día y hora.
3. Este
tiempo fijado por Dios, ¿acaso sea factible discernirlo nosotros con
la misma precisión? ¿Podemos indicarlo en la línea del tiempo con
certeza razonable? Quizá no con la exactitud que quisiéramos. Mas
sin embargo, todos los parámetros para el cumplimiento de las
profecías de los tres “Ayes” señalan hacia la última etapa del
"poco de tiempo”. Según esta línea de interpretación, “la
hora, día, mes y año” para entrar en acción los cuatro ángeles
llegará durante aludida etapa, y no antes o después.
B. “Y
fueron desatados los cuatro ángeles… a fin de matar a la tercera
parte de los hombres."
1. "…matar..."
¿En qué sentido? ¿Matarán físicamente los cuatro ángeles
“a la tercera parte de los hombres”, o los matarán en algún sentido figurado?
Por las razones que anotamos a continuación, se deduce la proyección
de la muerte física de "la tercera parte de los hombres"
a causa de las tres plagas a ser traídas hacia finales del
“poco de tiempo”.
a) Primera razón. Según Apocalipsis 9:20-21, el propósito
de "matar a la tercera parte de los hombres" es
hacer que los sobrevivientes se recapaciten y que se arrepientan.
Pero, difícil, si bien no imposible, sería que una muerte tan solo
figurativa produjera el efecto deseado en mentes y corazones
endurecidos a causa de obstinada incredulidad. Tales personas ya
están muertas moral y espiritualmente en “delitos y pecados”
(Efesios 2:1). ¿De qué otra manera hacerlas “morir” figurativa,
psicológica o espiritualmente, con el fin de lograr su
arrepentimiento? Más aún, enviar Dios a sus ángeles con la
encomienda de hacer morir moral o espiritualmente a seres humanos
sería un acto absolutamente contrario a su naturaleza y su deseo
ardiente de que “todos los hombres sean salvos y vengan al
conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
b) Segunda razón. Por otro lado, hacer morir física y
violentamente a una porción sustancial de los hombres quizá
diera por resultado el arrepentimiento de al menos algunos de los
sobrevivientes.
2. "…a la
tercera parte…"
a)
“…la tercera parte…” es una parte sustancial, pero no la
mayor parte.
b) La
muerte violenta de “…la tercera parte de los hombres” debería
ser más que suficiente para amedrentar y hacer reflexionar a
cualquier persona sensata.
c) Según
www.poodwaddle.com, la población del mundo a las 10:47 a.
m., del 24 de octubre de 2011, era de 6,868,795,743.
Continuando el crecimiento poblacional su actual trayectoria, se
proyecta una cifra quizá notablemente mayor para finales del
“poco de tiempo”.
d) Si
“…la tercera parte…” nos asombra sobremanera, o nos hace dudar
de la autenticidad de esta profecía, consideremos el siguiente dato:
se calcula que murió hasta un 70% de los seres humanos que
vivían en Europa durante los años cuando azotó la peste bubónica.
¡No un 33% sino un 70%!
e) La tercera
parte de 6,868,795,743 billones es 2,289,598,581 billones de seres
humanos. Pero, “la tercera parte” que morirá a consecuencia
de las acciones de los cuatro ángeles no sería, postulamos, la
tercera parte de todos los seres humanos vivos en el tiempo del
cumplimiento de estas profecías, cualquiera sea la población global
en aquel tiempo futuro, sino, lógicamente, solo la tercera parte
de los que persistan pertinazmente en los gravísimos pecados
enumerados en Apocalipsis 9:20-21. Personas obedientes al
evangelio de Cristo, personas que hagan “por naturaleza lo que es
de la ley” de Dios (Romanos 2:14-16), niños o adolescentes
inocentes y personas mentalmente impedidas no figurarían, razonamos,
en la “tercera parte” muerta por los cuatro ángeles.
Asumiendo correcta esta interpretación, “la tercera parte” no
sería un número tan elevado como la tercera parte literal de la
población entera del mundo. De todos modos, ningún contexto
apocalíptico obliga a la interpretación literal de la cantidad
"la tercera parte".
III. "Y el número de los ejércitos de los jinetes era
doscientos millones. Yo oí su número" (Apocalipsis 9:16).
A. "…los ejércitos
de los jinetes…" ¿Quiénes son estos "jinetes"?
¿A quién o a quiénes obedecen estos "ejércitos"?
Analizando sus rasgos y acciones, eliminamos la idea de que sean
ejércitos terrenales bajo el mando de hombres endemoniados, como
también la de que sean "ejércitos" de Satanás. Al contrario, son
"los ejércitos celestiales" guiados por los cuatro
ángeles en cumplimiento de la voluntad de Dios (Apocalipsis 19:14).
A continuación, presentamos las razones que sostienen nuestra
conclusión.
1.
Primera razón. Estos jinetes obedecen a los cuatro ángeles.
¿Qué correlación existe entre "los cuatro ángeles" del
Versículo 15 y "los ejércitos de los jinetes" del Versículo
16? La correlación, cual sea, no se define en el texto del pasaje.
No obstante, la conexión nos parece bastante obvia, a saber: los
doscientos millones de jinetes siguen y obedecen a los cuatro
ángeles. Presentamos el siguiente silogismo en respaldo de esta
conclusión.
a) Primera premisa. La misión de los cuatro ángeles es
“matar a la tercera parte de los hombres”.
b) Segunda premisa. De la boca de los caballos que montan los
jinetes salen las plagas que hacen morir “a la tercera parte de
los hombres” (Apocalipsis 9:17-18).
c) Conclusión. Por lo tanto, los jinetes, con sus caballos,
están bajo el mando de los cuatro ángeles, utilizándolos estos para
la realización de su misión.
Ahora
bien, lo tenemos por axiomático que los ángeles al servicio de Dios
no están al mando de ejércitos terrenales sino de ejércitos
espirituales. Por lo tanto, deducimos que los doscientos
millones de jinetes integran un ejército espiritual de Dios.
2.
Segunda razón. Presentamos las "corazas" de los
jinetes como evidencia para sostener que sus dueños son siervos de
Dios. Sus corazas son de "fuego, de zafiro y de azufre"
(Apocalipsis 9:17).
a) El elemento del
"fuego" aparece frecuentemente en escenas donde se
manifiestan la presencia y los poderes del Dios Soberano,
especialmente en las de castigos y destrucción.
(1) Cuando Moisés lleva sus ovejas “hasta Horeb,
monte de Dios… se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de
fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía
en fuego, y la zarza no se consumía” (Éxodo 3:2-5).
(2) En su visión de escenas celestiales, Ezequiel ve
"apariencia de fuego" en la "figura del trono"
(Ezequiel 1:1-28).
(3) El trono del "Anciano de días" es como "llama de
fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río
de fuego procedía y salía de delante de él" (Daniel 7:9-10).
(4) El “fuego del altar” en el cielo consume
el incienso. Un ángel toma “fuego” de aquel
altar, arrojándolo a la tierra (Apocalipsis 8:3-5).
(5) La “gran Babilonia” de las visiones apocalípticas es
"quemada con fuego" (Apocalipsis 18:8).
(6) La bestia y el falso profeta son lanzados en "el lago de
fuego y azufre" (Apocalipsis 20:10).
(7) Conclusión. Dios mismo proporciona “corazas de
fuego, de zafiro y de azufre” a los doscientos millones de
jinetes, así dotándoles de la armadura que les haría falta para
efectuar la matanza de "…la tercera parte de los hombres".
Huelga decir que los seres humanos al servicio de Satanás no
reciben tales corazas; tampoco los demonios.
b) Las corazas de los doscientos millones de
jinetes también son “de zafiro”.
-“Zafiro.
(Del lat. sapphīrus, quizá voz de or. persa). m. Corindón
cristalizado de color azul. ~ blanco. m. Corindón
cristalizado, incoloro y transparente. ~ oriental. m.
zafiro muy apreciado por su brillo u oriente.”
(Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft
Corporation. Reservados todos los derechos.)
Esta piedra preciosa llamada
"zafiro" figura en otras visiones de lo celestial.
(1) "Se veía la figura de un
trono que parecía de piedra de zafiro" (Ezequiel 1:26;
10:1).
(2) El segundo cimiento del muro de la ciudad celestial es adornado
de "zafiro" (Apocalipsis 21:19).
(3) Conclusión. En el contexto de lo celestial, el zafiro adorna
cosas que pertenecen a Dios. Poseyendo, pues, los doscientos
millones de jinetes “corazas… de zafiro”, es lógico
identificarlos como instrumentos de Dios para hacer su voluntad. Los
ejércitos satánicos no despliegan corazas tan brillantes, con
zafiros incrustados.
c) Además de fuego y zafiro, las
corazas de los doscientos millones de jinetes son “de
azufre". "Azufre. Elemento... de color
amarillo, fácilmente electrizable por frotación, que arde con llama
azul produciendo un humo de olor acre característico"
(Diccionario de uso del español, Tomo I. Página 323). En su estado
natural, el azufre es un sólido. Dios lo utiliza para castigar
(Apocalipsis 19:20; 20:10). Así pues, corazas que arden “con
llama azul”, y de las que sale “un humo de olor
acre” mortífero para los pecadores endurecidos, son las que
portan los doscientos millones de jinetes.
3. Tercera razón. Tengamos
presente el hecho de que las naciones engañadas se unirán durante el
"poco de tiempo" y que antes de la Segunda Venida de Cristo
los hombres estarán proclamando "paz y seguridad" (1
Tesalonicenses 5:1-3). Esto significa que las naciones engañadas no
estarán lidiando físicamente durante el "poco de tiempo". Por
lo tanto, los "ejércitos" de la Sexta Trompeta que salen a
matar a "la tercera parte de los hombres" no son, ni
representan, ejércitos terrenales enfrascados en batalles carnales.
B.
"…doscientos millones..."
1. Ya que la población
global del gran Imperio Romano alcanzaba para el Siglo I de la Era
Cristiana más o menos doscientos millones, pensamos que el apóstol
Juan y sus contemporáneos concibieran el número de “doscientos
millones” de jinetes como sumamente grande.
2.
Comparamos esta cifra con otras mencionadas en textos que arrojan
alguna luz sobre la población celestial.
(a) En la
visión de Daniel 7, al "Anciano de días… millares de
millares le servían, y millones de millones asistían delante de él"
(Daniel 7:9-10).
(b) En la
escena apocalíptica del “trono establecido en el cielos”,
aparecen "millones de millones" de ángeles
"alrededor del trono" de Dios (Apocalipsis 4:1 - 5:11).
(c) Entre las
visiones que el apóstol Juan ve cuando se abre el Sexto Sello figura
la de “una gran multitud, la cual nadie podía contar…
delante del trono de Dios” (Apocalipsis 7:9-17).
(d) Después de
los juicios de Dios sobre la “gran Babilonia” una "gran
multitud en el cielo" dice “¡Aleluya! Salvación y
honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro”
(Apocalipsis 19:1).
3. “…doscientos
millones…” hace aproximadamente el .03% de los 6,868,795,743
billones de habitantes que había sobre la faz de la tierra en
octubre del 2011. La población del mundo será aún mayor para el
tiempo del cumplimiento de estas profecías, según la línea de
interpretación que estamos desarrollando. Así que, a la luz de
estos datos y proyecciones, “doscientos millones” luce
como un número comparativamente pequeño.
4. Con todo, ningún
detalle de esta visión de las “tres plagas” nos obliga a
tomar literalmente el número de “doscientos millones”. Lo
podemos entender como representativo de una multitud de siervos
al servicio de Dios, cualquiera sea su número real, a la cual se
le encomienda el castigo fulminante de seres humanos, vivos en
“el poco de tiempo”, que rehúsen tajantemente reconocer
al verdadero y único Creador Supremo, prefiriendo más bien
“adorar a los demonios, y a las imágenes…” (Apocalipsis
9:20).
IV. Los "caballos"
de los jinetes. “Así vi en visión los caballos y a sus
jinetes… Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones;
y de su boca salían fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue
muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el
azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba
en su boca y en sus colas, porque sus colas, semejantes a
serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban” (Apocalipsis
9:17-19).
A.
La apariencia de los caballos y el significado de sus
atributos descomunales. Nuestra percepción es que estos
caballos representan los medios utilizados por Dios para
introducir y diseminar rápidamente las "tres plagas" que
resultan en la muerte de "la tercera parte
de los hombres".
1. Tienen
cabezas "como cabezas de leones” (Apocalipsis 9:17).
El león es animal notoriamente fuerte y veloz, capaz de perseguir y
matar aun a animales más grandes que él, por ejemplo, el elefante.
Agarra su presa, triturando y devorando carne y huesos.
-Aplicación. El caballo también
es fuerte, veloz y resistente. Y si tuviera cabeza de león, su
apariencia sería sobremanera espantosa. Doscientos millones caballos
podrían galopar pronto por toda la tierra, aun literalmente. Estas
figuras retóricas significan, a nuestro entender, que las
"tres plagas" mortíferas serán llevadas pronto por toda la
tierra cuando llegue “la hora, día, mes y año” fijados
para este castigo, causando pánico y muchísimas muertes.
2.
"De su boca salían fuego, humo y azufre" (Apocalipsis 9:17).
Visualicemos a estos caballos. No sale vapor de su boca o nariz sino
“fuego, humo y azufre”, elementos que simbolizan “tres
plagas”, según el 9:18. ¡Dos cientos millones caballos que
respiran “fuego, humo y azufre”! Comentamos estas “tres
plagas” en la partida “B” abajo.
3.
Tienen colas y sus "colas, semejantes a serpientes, tenían
cabezas, y con ellas dañaban" (Apocalipsis 9:19). La apariencia
de estos animales se vuelve cada vez más terrible, a decir verdad,
¡realmente aterradora! Su cola no es la cola natural de caballo sino
dura y elástica, como si fuera una serpiente. Y como si eso
fuera poco, su cola tiene cabeza –cabeza, se presume, de
serpiente venenosa. Con sus colas “…dañaban”.
“Dañar y matar.” Esa la misión asignada a los doscientos
millones de jinetes montados sobre doscientos millones caballos
preparados para sembrar pavor y hacer morir “la tercera parte de
los hombres”. Es del común saber que la mordida de una serpiente
venenosa puede causar muerte repentina. Según Números 21:4-9,
"Jehová envió entre el pueblo [de Israel] serpientes
ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de
Israel". Aquello lo hizo Dios para castigar a los israelitas
duros de cerviz, que seguían en su incredulidad pese a milagros
hechos a menudo por Jehová a favor de ellos. Pues, ¿por qué tener
por extraño o inconcebible que proceda Dios con igual dureza, o
todavía más, contra los pecadores, incrédulos y recalcitrantes en
grado sumo, del “poco de tiempo”? Por cierto, programa para
ellos “tres plagas” mortíferas, y el azote de las colas,
“semejantes a serpientes”, de los caballos que montan los
doscientos millones de jinetes.
4.
¿Verán literalmente las gentes rebeldes que viven la época de la
Sexta Trompeta a los doscientos millones de jinetes montados sobre
doscientos millones de caballos furiosos? Negativo, pues se trata de
seres espirituales al servicio de Dios, siendo altamente retórico el
lenguaje de la visión de los caballos, etcétera. Pero, sentirán sí
en carne viva la furia de los castigos de Dios al caer víctimas de
las "tres plagas", las cuales sobrevendrán a aquellos impíos
como millones de caballos enfurecidos, de cuyas bocas salen fuego,
humo y azufre, y cuyas colas lastiman y matan.
B.
Las "tres plagas" de "fuego, humo y azufre"
(Apocalipsis 9:18).
1. ¿Para cuándo? Conforme a la
interpretación que estamos desarrollando, estas "tres plagas"
que causan la muerte de la "tercera parte de los hombres"
están programadas para la última fase del "poco de tiempo",
etapa que precede de inmediato la Segunda Venida de Jesucristo.
Otros textos corroboran esta tesis.
a)
Los dos testigos tienen poder para "herir la tierra con toda
plaga, cuantas veces quieran" durante el "poco de tiempo"
(Apocalipsis 11:6). Esto lo veremos en la “Escena 3” del gran drama
de la Sexta Trompeta, la cual es el segundo “Ay”.
b) Las siete
copas de la ira de Dios son "las siete plagas postreras;
porque en ellas se consumaba la ira de Dios"
(Apocalipsis 15:1, 7-8). “¡Postreras!” “Postrero:
último en orden” (Microsoft Bookshelf en
Español. CDROM). Se deduce que las "siete
plagas postreras" son para el tiempo cuando se consuma la ira
de Dios, es decir, son para los últimos días que preceden la
Segunda Venida de Cristo y el fin del tiempo.
c) La correlación entre “las siete plagas postreras”,
“toda plaga” de los dos testigos y las “tres plagas”
de la Sexta Trompeta es obvia. Todas están programadas para los
humanos levantados airadamente contra el Soberano Dios Creador
durante los últimos días convulsionados antes del fin del universo
material y el tiempo mismo.
2. "…fuego, humo y azufre."
¿De qué naturaleza?
a)
¿Es concebible que estas "tres plagas" sean de "fuego,
humo y azufre" materiales? “Concebible”, sí.
(1) Ciertamente, Dios tiene poder para azotar y castigar al
mundo incrédulo y pecador con voraces incendios incontrolables, por
ejemplo, en las grandes ciudades donde se aglomeran los impíos. Aun
los fenómenos naturales tales como terremotos y la erupción de
volcanes suelen causar verdaderas “plagas” de “fuego, humo y
azufre”, no solo devastando suelos y estructuras sino también
contaminando masivamente la atmósfera, efectos que hacen enfermarse
o morir a los seres humanos impactados. Conforme a nuestra fe, Dios
tiene potestad sobre aludidos fenómenos, pudiendo utilizarlos a su
discreción para el castigo de gentes impenitentes.
(2) Cualquiera sea la naturaleza de las “tres plagas”,
el castigo que traen es para los que no tienen el "sello de
Dios". Suponiendo que haya cristianos verdaderos vivos en la
tierra cuando se desaten estas tres plagas, el Dios Soberano tiene
poder para protegerlos, de la misma manera que libró a los
israelitas de las diez plagas que trajo sobre los egipcios. También
Jehová cuidó y salvó al "justo Lot", juntamente con sus hijas
y yernos, cuando “hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre
y fuego… desde los cielos” (Génesis 19).
b) Pero, también es posible que el
“fuego, humo y azufre” sean simbólicos. Es decir, que
representen plagas cuya naturaleza no será, literalmente, de fuego,
humo y azufre materiales. Quizá plagas nuevas, desconocidas hasta el
momento de su aparición. Plagas que exploten sobre la tierra como
caballos salvajes. Plagas que hagan arder al cuerpo físico, como si
un “fuego” lo consumiera. Plagas que obstaculicen las vías
respiratorias y los pulmones, asfixiando, a manera de un “humo”
espeso, y causando cáncer. Plagas que quemen la piel y la carne, tal
como hace el azufre físico. Pudriéndose el cuerpo físico, y
apestando a “azufre”. Al derramar el cuarto ángel la plaga de la
Cuarta Copa de la ira de Dios sobre el sol, “los hombres se
quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios…”
(Apocalipsis 16:8-9). Esta cuarta plaga, juntamente con las
restantes seis de “las siete plagas postreras” (Apocalipsis
15:1), ocurrirán, sin duda, durante la última etapa del “poco de
tiempo”.
3.
¿Quién traerá estas “tres plagas”? Cualquiera sea la
naturaleza de estas "tres plagas", el que tiene "poder"
sobre ellas es Dios, y no, en definitiva, Satanás.
a) "Dios...
tiene poder sobre estas plagas" (Apocalipsis 16:9).
b) Por tanto,
Satanás no trae estas plagas.
c) Tampoco
tiene potestad sobre ellas ningún ser humano en la tierra.
V.
El propósito de Dios frustrado.
A. Afirmamos confiadamente que Dios no traerá arbitrariamente
estas “tres plagas” sobre los habitantes de la tierra vivos
en “la hora, día, mes y año” fijados para el cumplimiento de
esta profecía. Más bien, lo hará en el intento de lograr que por lo
menos algunas personas de aquel tiempo futuro se arrepientan
y se salven de la ira venidera. La expresión “Y los otros
hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se
arrepintieron…” claramente revela su propósito benigno, y no
arbitrario o cruel. ¡Qué se arrepientan los sublevados! ¡Qué se
arrepientan los adoradores de demonios e imágenes! Este es el
propósito de las “tres plagas”.
B. Pero, el desenlace triste de todo lo hecho por Dios, a
nivel global, en aquellos días del fin del “poco de tiempo”
es que los sobrevivientes de las “tres plagas” no se
arrepienten. “Y los otros hombres que no fueron muertos con
estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus
manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro,
de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden
ver, ni oír, ni andar; y no se arrepintieron de sus
homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus
hurtos” (Apocalipsis 9:20-21). Así finaliza la “Escena 1” del
gran drama de la Sexta Trompeta. Con un cuadro estremecedor de
pecado sobre pecado, superstición, falsa religión, idolatría,
inmoralidad y crimen universales. Condiciones muy parecidas a las
que hubo en el tiempo de Noé, previo a la destrucción de aquel mundo
por el gran Diluvio. Estas condiciones son las que imperarán hacia
finales del “poco de tiempo”, previo a la futura destrucción
total del planeta Tierra por fuego. “Pero los cielos y la tierra
que existen ahora, están reservados por la misma palabra,
guardados para el fuego en el día del juicio y de la
perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3:7).