APOCALIPSIS
Capítulo Cinco de este “Análisis”

Esta pintura tipo mural fue realizada por Joe
Maniscalco. Derechos reservados.
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-A la
izquierda. "Una mujer vestida del sol, con la luna debajo de
sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas"
(Apocalipsis 12:1-5). Estando la mujer para dar a luz, aparece un
“gran dragón escarlata”, con siete cabezas y diez cuernos,
parándose frente a ella “a fin de devorar a su hijo tan pronto
como naciese”. ¿Quién es la mujer y quién su hijo? ¿Qué
simboliza el “gran dragón escarlata”, sus siete cabezas y
diez cuernos?
-Centro. El hijo fue crucificado y sepultado. Resucitando el tercer
día, “fue arrebatado para Dios y para su reino”
(Apocalipsis 12:5). En la pintura, el cordero sin mancha sobre la
cruz representa al Señor glorificado, conforme al simbolismo de
Apocalipsis 5:6-10.
A la
derecha. "Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran
águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto"
(Apocalipsis 12:14). Detrás de ella el “gran dragón escarlata”
y el “agua como un río” que él echó “tras la mujer…
para que fuese arrastrada por el río”.
"La mujer vestida del sol”
“Guerra
en el cielo"
Capítulo 12 del libro de Apocalipsis
Parte
1
“La mujer vestida del sol”
1
“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con
la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce
estrellas. 2 Y estando encinta, clamaba con dolores de
parto, en la angustia del alumbramiento. 3 También
apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata,
que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete
diademas; 4 y su cola arrastraba la tercera parte de las
estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se
paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a
su hijo tan pronto como naciese. 5 Y ella dio a luz un
hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su
hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 6 Y la
mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para
que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días. 7
Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles
luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;
8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el
cielo. 9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la
serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al
mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron
arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el
cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino
de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado
fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante
de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido
por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de
ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por
lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. !!Ay de los
moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a
vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. 13
Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra,
persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14
Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que
volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es
sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como
un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la
tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río
que el dragón había echado de su boca. 17 Entonces el
dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra
contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los
mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

La
“mujer vestida del sol”, con el “gran dragón escarlata”
parado frente a ella.
Pintura por Pat Marvenko Smith. Derechos reservados.
www.revelationillustrated.com
I.
La identidad de la "mujer vestida del sol".
“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con
la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce
estrellas” (Apocalipsis 12:1). “…en el cielo…” El
cielo es donde toma lugar esta grandiosa visión, y una mujer
insólita se materializa en el centro del escenario, diciéndose de
ella que es “una gran señal”. ¿“Señal” de quién, qué
cosa o cosas? Pregunta intrigante cuya respuesta correcta se divulga
mediante todo lo que se revela sobre ella en Apocalipsis 12.
Habiendo este servidor contemplado largamente los múltiples aspectos
de la visión, con todo su conmovedor desenvolvimiento, tengo a bien
expresar en la partida “A” de esta sección “I” mi conclusión sobre
la identidad de la “mujer vestida del sol”, presentando
razones convincentes, al menos para mí. Luego, examinamos
cuidadosamente otras dos identidades postuladas para ella, las que
nos parecen equivocadas.
A. La “mujer
vestida del sol” representa al pueblo terrenal de Israel,
es decir, a Israel "según la carne" (Romanos 9:6).
Discernimos tres evidencias principales que sostienen esta
conclusión.
1. Primera evidencia. “Y ella dio a luz un
hijo varón” (Apocalipsis 12:5). El "hijo varón"
que nace de esta mujer es Jesucristo. Se sabe que el “hijo
varón” es el Señor Jesús por las dos afirmaciones hechas sobre
su persona.
a) "Regirá con vara de hierro
a todas las naciones" (Apocalipsis 12:5), potestad
conferida solo y exclusivamente a Jesucristo por su Padre Dios en el
cielo (Apocalipsis 2:26-27; 19:15).
b) "Fue arrebatado para Dios
y para su trono" (Apocalipsis 12:5).
(1)
Cuarenta días después de su resurrección y solo diez días antes de
Pentecostés, del año 30 d. C., Cristo "fue alzado, y le recibió
una nube". Fue "tomado" de entre los apóstoles (Hechos
1:6-11).
(2) Fue
"exaltado por la diestra de Dios" (Hechos 2:33), recibiendo
"trono" y "cetro" (Hebreos 1:8).
c) Quien lea casualmente lo que se dice en
Apocalipsis 12:2-5 sobre la “mujer” de esta visión y el
nacimiento de su “hijo varón”, probablemente pensara de
inmediato en la mujer israelita llamada María, la que estaba
desposada a José, hijo de Jacob, del linaje de David (Mateo 1:1-17),
cuando “se halló que había concebido del Espíritu Santo”
(Mateo 1:18-25). Sin embargo, en la partida “B” de esta sección “I”
apuntamos fuertísimas razones para no identificar a la “mujer
vestida del sol” como María, la madre terrenal de Jesús.
Decidimos no presentarlas en esta sección debido a lo extenso de las
evidencias. Asumiendo por el momento que tengamos razón, procedemos
a plantear que la nación de Israel es representada, efectivamente,
en la persona y el cuerpo de aquella mujer llamada María, por quien
el Padre “introduce al Primogénito en el mundo” (Hebreos
1:6). Físicamente, Jesús nace de la mujer judía María, por cierto
“muy favorecida” y “bendita… entre las mujeres” (Lucas
1:28). Pero, naciendo de ella, también nace de todo un pueblo que
ansiaba colectivamente la aparición de su Mesías prometido. A
continuación, presentamos algunas evidencias.
(1) Cuando el niño Jesús es llevado a
Jerusalén y presentado “conforme a la ley de Moisés”, la que
decía: “Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al
Señor”, el anciano Simeón, hombre que también “esperaba la
consolación de Israel”, “tomó en sus brazos” al niño
Jesús, diciendo de él: “Luz para revelación a los gentiles, y
gloria de su pueblo Israel” (Lucas 1:21-32). Qué conste:
“gloria” no tan solo de su madre terrenal María, sino
“…de su pueblo Israel”.
(2) Entre las profecías de Isaías sobre el
nacimiento del Mesías se halla la siguiente expresión: “Porque
un niño nos es nacido, hijo nos es dado” (Isaías 9:6).
“…NOS es nacido… NOS es dado.” ¡Nacido al pueblo de Israel!
¡Dado al pueblo de Israel! Así que, en términos de raza y
nacionalidad, Jesús de Nazaret nació israelita; nació del pueblo
terrenal de Israel, o sea, de “Israel según la carne”.
Pertenece a todo aquel pueblo, identificándose con todo el pueblo, y
no con una sola ciudadana, la mujer María en cuyo vientre fue
concebido por el Espíritu Santo.
(3) Lo que se
dice de la “mujer vestida del sol” en Apocalipsis 12:2 no
rinde insostenible el concepto según el que “Cristo nace del pueblo
de Israel”, representado en la visión por la “mujer vestida del
sol”. El versículo lee: “Y estando encinta, clamaba con
dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”.
Contrario a la argumentación de teólogos católicos romanos, esta
condición de la “mujer vestida del sol” no nos obliga a
identificarla como la María terrenal mediante la cual se encarnó el
Hijo de Dios. El lenguaje de mujer “encinta… con dolores de
parto…” claramente se presta para usos metafóricos. Veamos.
(a) En
Miqueas 4:10, se utiliza una terminología retórica muy parecida en
referencia al pueblo terrenal de Israel: "Duélete y gime, hija
de Sión, como mujer que está de parto; porque ahora saldrás de
la ciudad y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia". La
“hija de Sión” es el pueblo de Israel,
destinado a pasar setenta años de cautiverio en Babilonia.
Escuchando las profecías sobre su castigo inminente y contemplando
su pronto cumplimiento, Israel debía ser “como mujer que está de
parto”, doliéndose y gimiendo.
(b) No existe
razón de peso para descartar de plano semejante uso retórico de las
expresiones en Apocalipsis 12:2. Consideremos. El Mesías vendría al
mundo mediante el pueblo terrenal de Israel. Cuando llegó "el
cumplimiento del tiempo” para su encarnación (Gálatas 4:4), de
la manera que llega el tiempo de alumbramiento a la mujer encinta,
Israel actuaba justamente como una mujer al punto de dar a luz.
"Clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento."
Anhelaba ver a su Mesías, a su Libertador. Sufría bajo el dominio
del Imperio Romano. Ansiaba la aparición del Mesías. Sufría casi
todo el pueblo de Israel grandes dolores de mente y espíritu en
espera del alumbramiento de su Mesías. Gemía, daba vueltas, gritaba,
oraba, deseando ardientemente la aparición del Mesías.
2. Segunda evidencia. Podemos conocer quién es
la "mujer vestida del sol" por medio de identificar al
"resto de la descendencia" de ella. ¿Quiénes son el
“resto de la descendencia” de ella? “…resto”
implica “en adición a los ya conocidos”. Estos ya conocidos eran los
hijos terrenales de la “mujer”, a saber, los israelitas
“según la carne”, el pueblo nacional de Israel. El “resto
de la descendencia” no sería los ya conocidos sino otros a
identificarse. Según la explicación dada en el mismo Capítulo 12 de
Apocalipsis, se trata de "los que guardan los mandamientos
de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo"
(Apocalipsis 12:17), o sea, se trata de los cristianos verdaderos.
a)
Los cristianos de verdad guardan "los mandamientos de Dios"
dados en el Nuevo Testamento, constituyendo estos mandamientos la
nueva "ley de Cristo" (1 Corintios 9:21), o “doctrina de
Cristo” (Hebreos 6:1). “Si me amáis, guardad mis
mandamientos”, dice el Señor en Juan 14:1. Estos
“mandamientos” de Cristo difieren notablemente de los
mandamientos dados a través de Moisés en el monte de Sinaí. Por
ejemplo, el mandamiento de bautizarse (sumergirse en agua) “para
perdón de los pecados” (Marcos 16:15-16; Hechos 2:38; 22:16). O
el mandamiento de comer la carne de Jesucristo, representada en la
“cena del Señor” por el pan sin levadura, y tomar su sangre,
simbolizada por el “fruto de la vid” (Juan 6:47-59; Mateo
26:17-29; 1 Corintios 11:17-31). Estos dos mandamientos corresponden
exclusivamente al “nuevo pacto” de Cristo.
b) Los
cristianos que obedecen “los mandamientos de Dios” también
"tienen el testimonio de Jesucristo", testimonio que
pronuncia el Señor a través del Espíritu Santo, y este, mediante la
Palabra inspirada del Nuevo Testamento (1 Juan 5:6-8; Romanos 8:16).
c) Además, el
Espíritu Santo enseña con diáfana claridad que los cristianos
verdaderos (la iglesia fiel a Dios, excluyéndose toda iglesia
apóstata) son la descendencia espiritual de Israel.
(1) "Porque
no todos los que descienden de Israel son israelitas"
(Romanos 9:6). “…descienden de Israel…” ¿Se da cuenta
usted, estimado lector, del enfoque particular sobre “descender,
descendencia”? ¿Quiénes son los descendientes de Israel
que no sean israelitas, es decir, que no lo sean según la carne (por
herencia racial o nacional)? La respuesta se halla en Gálatas 3:7.
"Los que son de la fe, éstos son los hijos de Abraham."
“…hijos…”, o sea, descendencia. Esta expresión “Los
que son de la fe…”, identifica, incuestionablemente, a los que
nacen del evangelio puro de Jesús, y no a los judíos que guardan la
ley de Moisés, como tampoco a judaizantes dentro de la iglesia. Así
pues, “…los hijos de Abraham” durante la Era Cristiana son
los que guardan “la fe”, y esta “fe” es sinónima del
evangelio del Señor. “De manera que la ley
[la mosaica] ha
sido nuestro ayo [guía]
para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la
fe. Pero venida la fe
[el evangelio;
el Nuevo Testamento],
ya no estamos bajo ayo”
(Gálatas 3:24-25), o sea, los cristianos de verdad ya
no estamos bajo la ley de Moisés.
(2) Y otra
vez: "No los que son hijos según la carne
[israelitas en la tierra]
son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la
promesa son contados como descendientes"
(Romanos 9:8). De nuevo, notamos el enfoque especial sobre
“descendientes”. ¿Quiénes son estos “hijos según la
promesa”? Respuesta: son los cristianos guiados por el Nuevo
Testamento de Cristo. Los “revestidos” de Cristo. “Todos
los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis
revestidos” (Gálatas 3:27). Solo y exclusivamente los cristianos
que “guardan los mandamientos de Dios”, y no los creyentes
apóstatas –judaizantes, agnósticos, seguidores de evangelios
diferentes, de tradiciones y doctrinas de hombres. Estos “hijos
según la promesa” son los verdaderos y únicos
“descendientes” de la “mujer vestida del sol”.
“Descienden de Israel” (Romanos 9:6), y por consiguiente,
la “mujer vestida del sol” es, en definitiva, el pueblo
terrenal de Israel. Esta deducción la encontramos del todo
lógica, irrebatible, ineluctable, incontestable.
(3) Tres
textos bíblicos adicionales refuerzan estas enseñanzas.
(i) Gálatas
6:16. “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y
misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.”
Metafóricamente, los cristianos son el "Israel de Dios".
Son el nuevo pueblo electo de Dios. Pueblo espiritual, y no
terrenal.
(ii) Romanos
2:28-29. "No es judío el que lo es
exteriormente... sino que es judío el que lo es en lo interior, y
la circuncisión es la del corazón, en espíritu."
(iii) Gálatas
3:29. “Y si vosotros sois de Cristo,
ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la
promesa.”
(4)
Constatado, pues, ampliamente, que los cristianos fieles al Señor en
doctrina y práctica son “el resto de la descendencia” de la
“mujer vestida del sol”, y que “descienden de Israel”,
siendo del “linaje de Abraham”, queda plenamente establecida
la identidad de aquella “mujer” que “apareció en el cielo”.
Definitivamente, ella simboliza al pueblo terrenal de Israel.
Dado este hecho, con sobrada razón podemos, y aun debemos, aplicar
metafóricamente las expresiones “Y estando encinta, clamaba con
dolores de parto, en la angustia del alumbramiento” al pueblo
terrenal de Israel. Además, ya que los cristianos legítimos
“descienden de Israel”, se puede afirmar categóricamente que no
descienden de la mujer judía María. Correlativamente, ni una palabra
del Nuevo Testamento de Cristo intima siquiera que esta María
tuviera alguna “descendencia espiritual”, tema expandido en la
partida “B, 2”.
3. Tercera evidencia. La apariencia de
la "mujer vestida del sol" es una clave importante para
identificarla acertadamente.
a)
Ella parece delante de nosotros, en el escenario que vio el apóstol
Juan, "vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y
sobre su cabeza una corona de doce estrellas" (Apocalipsis
12:1).
(1) Al
visualizar y contemplar esta hermosa representación figurativa,
tengamos presente que el sol alumbra de día, y de noche, la luna.
(2)
“…vestida del sol…” Es decir, vestida de luz fulgurante. De luz
dorada. Su elegante atavío celestial resplandece, alumbrando a todos
y a toda cosa en derredor suyo, despejando sombras y tinieblas.
(3)
Indicativas las primeras dos evidencias ya presentadas de que la
“mujer vestida del sol” simboliza al pueblo terrenal de Israel,
¿es razonable representar a dicho pueblo como “vestido del sol,
coronado de doce estrellas y parado sobre la luna”? Positivo. Tal
representación es muy correcta, ajustándose admirablemente al rol de
aquel pueblo entre las naciones conforme al plan divino. Fíjese. El
Israel terrenal, pueblo escogido y dirigido por Jehová Dios durante
la Era Mosaica, brillaba entre los demás pueblos existentes a
principios del Siglo I –romanos, griegos, cretenses,
cartagineses, españoles, egipcios, persas, árabes, galos, medos,
elamitas, escitas, alemanes, mongoles, etcétera- cuando “vino el
cumplimiento del tiempo” y nació Jesús “de mujer… bajo la
ley” (Gálatas 4:4). Esto fue así pese a que aquel pueblo electo
manchara, a menudo y de varias maneras, su vestidura única, pues
muchos israelitas se volvían, en ocasiones, inmorales, infieles,
hipócritas, legalistas, fanáticos por tradiciones de su propia
invención, duros de cerviz, pendencieros y aun idolátricos.
(a) Israel
brillaba como el sol cuando enaltecía el nombre de Jehová,
acatando su voluntad y rindiéndole loor como a “único Dios
verdadero” (Juan 17:3). Su luz brillaba mucho por ser Israel
un pueblo monoteísta que adoraba al Dios vivo, entretanto que
los pueblos politeístas en derredor suyo tributaban culto a
infinidad de dioses y diosas falsos confeccionados en mentes e
imaginaciones humanas, por ejemplo, a Júpiter, Mercurio, Diana,
Venus, Roma, Atena, Re, Zeus, Rea, Poseidón, y en algunos casos, a
emperadores o reyes, aun a demonios.
(b) Israel
brillaba cuando enseñaba la ley, tal cual dada por Jehová Dios en
el monte de Sinaí a Moisés, en sus hogares, en pórticos o patios
de su imponente templo en Jerusalén, en sus escuelas, en numerosas
sinagogas establecidas no solo en Palestina sino a lo ancho y largo
del Imperio Romano. Entretanto, los demás pueblos inculcaban
filosofías antiguas de concepción humana (de Sófocles, Sócrates,
Platón, Aristóteles, Pirrón, Zenón, etcétera), teologías paganas,
oráculos atribuidos a diosas o dioses, misterios inventados por los
sacerdotes de aquellos dioses, y supersticiones o fábulas de origen
puramente humano.
(c) La conversión de muchos gentiles al
judaísmo demuestra la potencia no pequeña de la luz moral y
espiritual que emanaba de Israel. El término aplicado a ellos en el
Nuevo Testamento es “prosélitos”. Es vocablo identifica a
gentiles enteramente convertidos a la religión de Israel. Había
“prosélitos” morando en Jerusalén cuando los apóstoles
proclamaron el evangelio en el día de Pentecostés (Hechos 2:5-10).
En Antioquía de Pisidia, “muchos... prosélitos piadosos
siguieron a Pablo” (Hechos 13:43). Entre los que obedecieron al
evangelio en Tesalónica se encontraban “de los griegos
piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas” (Hechos
17:4). O sea, ¡gran número de prosélitos obedeció al evangelio!
Repetimos: los “prosélitos” eran gentiles convertidos al judaísmo.
Cornelio, “centurión de la compañía llamada la Italiana”,
era gentil. “Piadoso y temeroso de Dios con toda su casa…
hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos
10).
(d) En
algunas épocas de su historia, cuando Israel seguía bien de cerca a
Dios, aquel pueblo escogido brillaba como el sol a medio día. Aun en
sus noches más oscuras, cuando la mayoría de sus líderes y
ciudadanos se volvía infiel y obstinada en su rebeldía contra Dios y
la ley dada en Sinaí, emanaba alguna luz de Israel, aunque fuera
siquiera como la luz tenue de la luna.
b) En cuanto a
la “corona de doce estrellas", es del común
saber que el pueblo terrenal de Israel traza su origen a doce
patriarcas, hijos de Jacob, también llamado Israel, y que aquel
pueblo se componía de doce tribus. Pues entonces, las
“doce estrellas” de la corona simbolizan, muy
apropiadamente, a los doce patriarcas, o bien a las doce tribus.
B. Por razones fuertes que exponemos a
continuación, decididamente, la "mujer vestida del sol" no
es María, la madre terrenal de Jesús.
1. Primera razón.
La “huída” de la “mujer vestida del sol” difiere
sustancialmente de la huida de María a Egipto.
a) Diferencia de
destinos. María y José huyeron, con el niño Jesús, de Belén a
Egipto, antiguo país muy desarrollado, con gran número de
habitantes (Mateo 2:13-15). En cambio, la "mujer vestida del sol"
huye “al desierto”.
b) Diferencia
de tiempo. María y José huyen, con el niño Jesús, de Belén
para Egipto pocos días después del nacimiento del niño (Mateo
2:13-15). En cambio, la "mujer vestida del sol" huye al
desierto después de la ascensión y coronación de su hijo.
Tómese nota, por favor, estimado lector, de esta distinción clave.
Está claro que la huida de María, según Mateo 2, no es la misma
huída de la "mujer vestida del sol", según Apocalipsis 12.
Definitivamente, ¡las dos huidas no son la misma! La primera
ocurre, recalcamos, poco después del nacimiento de Jesús; la segunda
acontece después de su exaltación.
(1) Referente a la huída de la
“mujer vestida del sol”, consideremos la secuencia de eventos
según Apocalipsis 12:5-6.
-La
"mujer vestida del sol" da a luz un hijo varón (Cristo).
-El hijo (Cristo)
es "arrebatado para Dios y su trono", es decir, Cristo
asciende y es coronado Rey del Reino espiritual.
-Entonces, la
"mujer vestida del sol" huye al desierto, DESPUÉS de la
ascensión y coronación de su hijo, y no antes.
(2) ¿Dónde se
encuentra María después de la exaltación de Cristo? No en el
desierto, por cierto, sino en Jerusalén, entre los discípulos
(aproximadamente ciento veinte) quienes aguardaban el cumplimiento
de la promesa sobre el Espíritu Santo (Hechos 1:10-14). Lejos de
haberse huido y escondido, ella se encontraba con los discípulos de
Jesucristo. No estaba en el desierto, ni física ni
figurativamente, sino que se hallaba en Jerusalén.
(3) La
"mujer vestida del sol" que huye al desierto es sustentada por
"mil doscientos sesenta días" (Apocalipsis
12:6, 14). Esto significa que después de la exaltación de su
hijo ella continúa largo tiempo en el escenario, tanto espiritual
como terrenal, del mundo. Por otro lado, María desaparece del
escenario histórico después de la última mención de ella
entre los discípulos en los días previos a Pentecostés (Hechos
1:14). Se deduce que las dos mujeres no son la misma. En definitiva,
la "mujer vestida del sol" no es María.
(a) Tarde o
temprano, la mujer María que concibió “del Espíritu Santo”
(Mateo 1:18) al varón que sería el Salvador del mundo, sufre el
destino de todos los seres humanos: muere físicamente y es
sepultada. Muy distinto es el desenlace de la existencia de la
"mujer vestida del sol", pues esta huye al "lugar
preparado por Dios... donde es sustentada por un tiempo, y tiempos,
y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis 12:6, 14). Ella no muere
enseguida, ni por largos días (años proféticos). Su vida física no
acaba después de unos cincuenta, sesenta, setenta años en la tierra.
(b) De haber
muerto aquella María "en el Señor" (Apocalipsis 14:13), es
decir, de haber perseverado en la fe hasta la muerte de su cuerpo
físico, su espíritu no fue directamente al cielo sino al Paraíso
(Lucas 16:19-31), donde aguarda la resurrección del su cuerpo
transformado en “cuerpo espiritual”, poderoso, glorioso e
inmortal (1 Corintios 15:42-58). En cambio, la "mujer vestida del
sol" permanece en la tierra donde es sustentada por
“mil doscientos sesenta días”. Definitivamente, la "mujer
vestida del sol" no es María.
(c) En cuanto
a María, la madre terrenal de Jesucristo, el dogma de la "concepción
inmaculada", al igual que el que proclama su alegada ascensión y
glorificación a la diestra de Dios, existen pruebas contundentes
para catalogarlos entre las “doctrinas” que invalidan
verdades divinas (Mateo 15:5-9), o como “fábulas artificiosas”
(2 Pedro 1:16) que apartan “de la verdad” (2 Timoteo 4:3-4),
pues carecen totalmente de apoyo inspirado. De cierto, fueron
concebidos y promulgados siglos después del tiempo apostólico, hecho
que cualquier estudioso serio puede comprobar sin pasar mucho
trabajo.
(4) La secuencia de los
eventos relacionados con la "gran batalla en el cielo"
(Apocalipsis 12:7) nos proporciona más evidencia para sostener
que la "mujer vestida del sol" huyó al desierto después de
la coronación de su hijo. Referida secuencia es como sigue:
(a)
Luchan Miguel y sus ángeles contra Satanás y sus ángeles.
(b) Satanás
es lanzado fuera del cielo.
(c) "Una
gran voz en el cielo" proclama el triunfo de Cristo y el
establecimiento de su Reino.
(d) Arrojado
a la tierra, Satanás persigue a la "mujer vestida del sol".
(e) La
"mujer vestida del sol" huye al desierto después de la
victoria de Cristo y la derrota de Satanás. No huye antes de la
victoria sino después. Quiere decir que la "mujer vestida del
sol" huye al desierto después de la crucifixión y resurrección
de Cristo.
(5) He aquí todavía otra evidencia
sólida. La "mujer vestida del sol" fue perseguida
después de la exaltación de su hijo. "Cuando vio el dragón
que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que
había dado a luz al hijo varón" (Apocalipsis 12:13). No existe
evidencia alguna de que la mujer judía María fuese escogida por
Satanás como blanco particular de su "gran
ira".
(a)
¿Fue perseguida la mujer judía María durante la vida de Jesucristo
en la tierra? ¿Fue perseguida después de la exaltación de su Hijo a
la diestra de Dios? No existe ninguna evidencia al respecto.
(b) De todos
modos, ¿con qué razón levantar Satanás una persecución contra la
mujer judía María en particular? Al fin y al cabo, ella no fue
dotada de grandes poderes divinos que la capacitaran para hacer
sanar a leprosos, caminar encima del agua, calmar tempestades,
alimentar a miles con unos pocos panes y peces, echar fuera
demonios, arrebatar al diablo las llaves de la muerte y del Hades o
arrojar al “gran dragón” a la tierra. Pese a la teología católica
romana, ni antes ni después del nacimiento de Cristo era María la
"Madre de Dios", más sublime y más poderosa que el Hijo. Desde Mateo
hasta Apocalipsis, las Sagradas Escrituras inspiradas enseñan que
Cristo es quien tiene "toda potestad en los cielos y en la
tierra" (Mateo 28:18), y absoluto poder sobre toda cosa y
todo ser (Efesios 1:20-23), exceptuándose solo a Dios el Padre (1
Corintios 15:27). Jamás se intima siquiera que a María se le
concediese semejante potestad.
2. La "mujer vestida del sol" tiene una
"descendencia" espiritual (Apocalipsis 12:17).
Pero, la mujer María no tiene ninguna descendencia espiritual
aprobada por Dios.
a)
La iglesia verdadera, en contra distinción a las iglesias
apóstatas, es la única "descendencia"
espiritual legítima de la "mujer vestida del sol", o sea,
del pueblo terrenal de Israel.
b) La
iglesia auténtica de Jesucristo no es, en absoluto, la descendencia
espiritual de la mujer judía María. Que la Deidad confiera a
María ser "madre de la iglesia", o que la reconociera como "Madre de
Dios", son ideas absolutamente ajenas a la “doctrina de Cristo”
revelada perfectamente en el Nuevo Testamento.
c) ¿Quién
concibió la idea de venerar a María? Ciertamente, no la concibió la
misma María; tampoco Cristo o los apóstoles. Más bien, se germinó la
idea en mentes doctrinalmente confusas y pervertidas de creyentes
del Siglo II –mentes que no se sometían al evangelio puro apostólico
sino que seguían “fábulas artificiosas” (2 Pedro 1:16),
particularmente las que giraban en torno a una “diosa madre” del
universo. Originando y fomentando la gran apostasía predicha por el
Espíritu Santo (2 Tesalonicenses 2; 1 Timoteo 4:1-5), estas almas
desorientadas y supersticiosas constituían la descendencia corrupta
de la falsa religión. Aquel cristianismo corrupto, unido en
fornicación espiritual al judaísmo y al paganismo, trajo al mundo
una descendencia inmunda, indeseable y aun abominable ante Dios.
Recalcamos: la santa mujer María que sirvió como instrumento para la
encarnación del Cristo no cuenta con una descendencia espiritual.
Quienes se identifican como “hijas de María”, o “mariólogos”, no son
descendencia de aquella mujer judía humilde y buena sino de una
“diosa madre” creada por apóstatas que existe –una diosa que existe
solo en la imaginación.
3.
Observaciones adicionales sobre la identidad de la "mujer vestida
del sol".
a) Algunos
pintores fieles a la tradición católica romana han elaborado cuadros
donde representan a María vestida del sol, con una corona de doce
estrellas y la luna debajo de sus pies. Los católicos romanos
ensalzan y adoran a esta “María” como la "Reina del cielo".
Curiosa e instructivamente, la humilde mujer judía María nunca
pretendía que la ensalzaran o adoraran. Ni tampoco existe en toda la
Biblia la más mínima intimación al efecto de que la coronaran
Jesucristo, los apóstoles o la iglesia del Siglo I con una corona
cuyas doce estrellas representaran a los doce patriarcas o las doce
tribus de Israel, y muchos menos los doce apóstoles, como si tuviera
ella potestad sobre la nación de Israel o fuese señora y dueña de
ella, o de la iglesia. La realidad incontrovertible es que tanto las
representaciones artísticas de María por católicos romanos como sus
dogmas acerca de ella carecen de validez bíblica y aun de sentido
común, pues, definitivamente, la "mujer vestida del sol" no
es María sino Israel, según el cuadro auténtico pintado en
Apocalipsis 12.
b) Aclaración importante. Dios sabe que no es
nuestro deseo desprestigiar de modo alguno a la casta y santa mujer
judía llamada María, la que halló “gracia delante de Dios”
(Lucas 1:30), siendo escogida por él como vaso terrenal para la
introducción de su “Primogénito en el mundo”. Al contrario,
el que escribe se encuentra entre sus admiradores; entre los que le
dicen “bienaventurada” (Lucas 1:48). Pero, no me encuentro
entre sus “adoradores”; entre los que le atribuyen virtudes,
poderes, títulos o puestos nunca reclamados por ella o por persona
inspirada alguna.
C. La "mujer vestida del sol" no es
la iglesia.
1. La "mujer
vestida del sol... dio a luz un hijo varón", Cristo.
a)
Cristo vino al mundo por medio del pueblo de Israel.
b) Cristo
no vino al mundo por medio de la iglesia. La iglesia ni siquiera
había sido establecida cuando Cristo se encarnó. Juan el Bautista no
la estableció. Tampoco la estableció Jesucristo durante su
ministerio terrenal. Al contrario, usó un verbo de tiempo futuro
cuando prometió: "Edificaré mi iglesia" (Mateo 16:16).
“Edificaré”, tiempo futuro, claramente dando a entender que
aún no había sido edificada la iglesia. De hecho, la edificaría en
el día de Pentecostés, cincuenta días después de su resurrección y
diez días después de su ascensión (Hechos 2).
c) Por lo
tanto, esta mujer por medio de la cual Cristo se introduce en el
mundo ¡no puede ser la iglesia! Reiteramos: la “mujer
vestida del sol” es el pueblo terrenal de Israel.
2. La "mujer
vestida del sol" huye al desierto después de la exaltación del
Hijo.
a)
Pero, la iglesia por Cristo edificada no huye al desierto
después de la exaltación del Hijo. No huye ni material ni
simbólicamente. Todo lo opuesto acontece: la iglesia recibe la “Gran
Comisión”, la que dice “Id por todo el mundo y predicad el
evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15), encomienda que
comienza a cumplir denodadamente después de la exaltación de
Cristo. No se esconde; no huye. Al contrario, no solo los
apóstoles y evangelistas sino también los demás feligreses de la
iglesia se lanzan a predicar valientemente el evangelio en casas y
plazas, comenzando en Jerusalén, luego en Judea y Samaria, entonces
hasta los cuatro confines de la tierra (Hechos 1:8; 5:42; 8:4). El
libro de Hechos de Apóstoles relata la historia de la marcha
evangelística de la iglesia por muchas tierras del Siglo I.
b) Entendidos
estos hechos históricos, ¿con qué lógica plantear que la "mujer
vestida del sol" sea la iglesia edificada por Jesucristo?
3. El "resto de
la descendencia" de la mujer es la iglesia edificada por
Cristo.
a)
Afirmar que la mujer de la cual sale la descendencia sea también esa
misma descendencia no tiene sentido alguno. Los dos conceptos son
mutuamente incompatibles; mutuamente excluyentes.
b) Una entidad
particular es la de la cual sale la descendencia; otra entidad
diferente es la descendencia misma. Esta afirmación es axiomática.
La “mujer vestida del sol” es la primera “entidad”, siendo su
“descendencia” la segunda entidad. De nuevo, afirmamos: la
“mujer vestida del sol” es el pueblo terrenal de Israel, y la
auténtica iglesia del Señor es su “descendencia”, el
“Israel de Dios”, o sea, el “Israel” espiritual.
c) Expresando
lo mismo de otra manera en el empeño de lograr máxima claridad, la
“mujer vestida del sol” y el "resto de la descendencia"
no son una misma cosa. La descendencia es la
iglesia. Por lo tanto, la mujer de la cual sale la descendencia no
puede ser la iglesia. La mujer no representa a la iglesia sino a una
entidad distinta, a saber, al pueblo terrenal de Israel.
4. Consideraciones
adicionales.
a)
Durante la Era Mosaica, Israel era "sol y luna" para las
naciones en derredor suyo. Durante la Era Cristiana, la
iglesia verdadera del Señor es "sol y luna" para el mundo perdido.
Obviamente, estas figuras metafóricas “sol” y “luna” se prestan como
descripciones retóricas tanto para la iglesia como para el pueblo
terrenal de Israel. Pero, aplicar estas metáforas de “sol” y “luna”
a la iglesia no constituiría prueba irrefutable, de modo alguno, al
efecto de que la iglesia misma sea la entidad representada por la
“mujer vestida del sol”. Ciertamente, ella no simboliza a la
iglesia, hecho sostenido por todo lo ya traído.
b) En términos
literales, Israel "según la carne" (el pueblo
nacional de Israel) no se transmutó automáticamente en
“iglesia” cuando vino el "poder" en el día de Pentecostés y
fue establecida la iglesia de Cristo. O sea, el pueblo de Israel no
experimentó de pronto una metamorfosis espiritual, cambiándose en su
totalidad de pueblo terrenal escogido a pueblo espiritual escogido,
pasando en su totalidad a formar la iglesia. En Pentecostés del año
30 d. C., solo los israelitas que se arrepintieron y fueron
bautizados “para perdón de los pecados” fueron añadidos a la
iglesia (Hechos 2:37-47). Ahora bien, ¡tampoco se transforma la
"mujer vestida del sol" en su propia descendencia, es decir,
en la iglesia! Ella no experimenta ninguna metamorfosis. Ella no
cambia de identidad ni de naturaleza. Siempre es la nación terrenal
de Israel.
(1) Antes de
la exaltación de su Hijo, ella es Israel
"según la carne".
(2) Después
de la exaltación de su Hijo, cuando ella huye al desierto, sigue
siendo Israel "según la carne". Ya no es el pueblo elegido y
su vestido no brilla como el sol. Sin
embargo, sigue conservando su identidad física como el pueblo
terrenal de Israel.
(3) Durante
la Era Cristiana, en el plano espiritual, "ya no hay
judío ni griego" (Gálatas 3:28). Sin embargo, en el plano
material, Israel sigue siendo Israel, o sea, sigue siendo el
pueblo de Israel “según la carne”. Ya no es el pueblo electo,
pero sigue siendo una raza particular en la tierra, la raza de
los judíos.
II. La condición de la "mujer
vestida del sol" después de la exaltación de su hijo es,
según nuestros estudios y análisis, la condición del pueblo
terrenal de Israel después de exaltado el Señor a su trono en el
cielo. Expresando de otra forma esta interpretación, diríamos
que las acciones y circunstancias de la “mujer vestida del sol”
después de la ascensión y glorificación de Jesucristo enseñan,
efectiva y fielmente, lo que les pasa a los judíos que no confiesan
que Cristo es el Mesías a lo largo de gran parte de la Era Cristiana,
hasta el tiempo cuando "haya entrado la plenitud de los
gentiles" (Romanos 11:25). Apocalipsis contiene muchas profecías
sobre el futuro de la iglesia fundada por Jesucristo; también sobre
la gran "iglesia madre" apóstata y sus hijas (“La madre de las
rameras y de las abominaciones de la tierra” –Apocalipsis 17:5),
y además, sobre varios reinos terrenales representados por las dos
bestias y los diez cuernos. ¿Ha de considerarse, pues, cosa extraña
que también se presenten en el libro algunas profecías en torno a lo
que le pasaría a Israel, en su calidad de pueblo terrenal, durante
la Era Cristiana? Más extraño sería que no hubiese tales profecías.
Analicemos las reveladas.
A. La
"mujer vestida del sol" es perseguida. "Cuando vio
el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la
mujer que había dado a luz al hijo varón" (Apocalipsis
12:13). De acuerdo con esta visión apocalíptica, la porción de
la nación de Israel que rehúsa reconocer a Cristo como el Mesías
sería perseguida durante el tiempo subsiguiente al día de
Pentecostés del año 30 d. C., cuando el Señor se sentó sobre su
trono en el cielo. Al estudiar la “gran batalla en el cielo”
en la “Parte 2” de este Capítulo Cinco, quedará establecido
que Satanás fue arrojado del cielo cuando Cristo tomó su trono y
comenzó a ejercer la “autoridad” que su Padre le otorgó
(Apocalipsis 12:10; Mateo 28:18-20). Así que, si bien la iglesia
fundada por el Señor sufriría persecuciones, no se eximirían de
semejante destino los judíos incrédulos. La historia de los
judíos inconversos durante la Era Cristiana confirma
ampliamente el cumplimiento de esta profecía. A
continuación, algunas evidencias.
1. En el año 40
d. C., el emperador Calígula ordenó que una estatua de él fuese
colocada en el templo en Jerusalén. Agripa el Primero intercedió en
Roma por los judíos evitándose así un desenlace grave de la crisis
aguda que provocó la orden de Calígula (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog,
VI, 54).
2. "La
situación de los judíos se volvió más difícil bajo Félix y Festo,
todavía más dura bajo Albinio y desembocó en una rebelión durante la
gobernación de Gésio Floro. Los celotes se adueñaron del templo y
fortificaron su posición allí" (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog,
VI, 54).
3. En el tiempo
de la obra evangelística del apóstol Pablo, el emperador Claudio
mandó "que todos los judíos saliesen de Roma" (Hechos 18:2).
4. Respondiendo
a los ataques de los rebeldes judíos, los generales romanos Flavio
Vespasiano y Tito, padre e hijo, conquistan Palestina y Jerusalén en
los años de 67 a 70 d. C. Según el historiador Flavio Josefo, un
millón, ciento noventa y siete mil (1,197,000) judíos fueron
muertos en la guerra y muchísimos fueron vendidos en esclavitud.
Para aquellos tiempos, hubo aproximadamente siete millones
(7,000,000) de judíos en el Imperio Romano, o sea, los judíos
constituían aproximadamente el 7% de la población del Imperio (La
historia de la civilización, Tomo III, César y Cristo, 546,
Will Durant).
5. "Desde la
caída de Jerusalén, la nación judía perdió lo que quedaba de su
independencia y el control total de su destino político volviéndose
dependiente de las gentes entre las cuales vivía" (La nueva
enciclopedia Schaff-Herzog , VI, 55).
6. Cincuenta
años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., un
judío llamado Simón bar-Kojba se proclamó el Mesías y reunió
a centenares de miles de los judíos dispersados con el propósito de
pelear contra Roma y reconquistar la "tierra prometida". Durante los
tres años que duró aquella guerra (132-135 d. C.), Roma castigó
severamente aquella sublevación, matando a quinientos ochenta mil
(580,000) varones judíos. Se suma a esta cifra un
número aún mayor de judíos –hombres, mujeres y niños- que murieron a
consecuencia de hambrunas, pestilencias y fuego (La nueva
enciclopedia Schaff-Herzog , VI, 55).
___________________________________________
Datos adicionales sobre la Guerra
Judea-Romana de los años 132 - 135 d. C.
-Los datos siguientes sobre aquella Guerra
Judea-Romana se encuentran en el libro “Following Hadrian”
–“Siguiendo a Adriano”, por Elizabeth Speller, Oxford University
Press, 2003. Páginas 190 – 207.
(1) Adriano, emperador de Roma desde el año
117 hasta el 138 d. C., pasó por Judea, rumbo a Egipto, en el año
130 d. C. Determinó reconstruir la ciudad de Jerusalén, destruida en
la guerra del 67 al 70. No planificó una nueva ciudad que
complaciera a los judíos sino una ciudad totalmente pagana, a
llamarse Aelia Capitolina, la que se poblaría con soldados romanos.
Los judíos fueron excluidos, permitiéndose su entrada una sola vez
al año. Sobre el fundamento del templo judío destruido en el año 70
d. C. se construyó un templo nuevo al dios Júpiter. La cresta de una
de las legiones romanas que ocupaban la nueva ciudad desplegaba la
imagen de un jabalí (cerdo macho salvaje), animal inmundo para los
judíos, y esta imagen fue tallada en las puertas principales de la
ciudad. Todas estas acciones enfurecieron a los judíos quienes
tramaron atacar de nuevo al odiado enemigo Roma.
(2) El carismático judío rebelde llamado Simón
bar-Kojba, nombre cuyo significado es “hijo de la estrella”, se
valió de estas circunstancias para unir fuerzas contra Roma,
contando con 400,000 guerreros para tarde en el año 130. Estalló la
guerra en el 132.
(3) Al principio, los romanos pensaban poder
poner fin pronto a la rebelión con las fuerzas militares ya
desplazadas en Judea, pero los fanáticos guerreros judíos estaban
bien organizados y equipados, aumentándose alarmantemente las bajas
infligidas sobre el ejército romano. Aprovechándose de los
quebrantados y difíciles terrenos de su país –valles, montañas,
cuevas naturales, más un sistema de cuevas excavadas e
interconectadas- los judíos, formando bandas, lucharon como
guerrillas, tipo de guerra para el cual el temido ejército romano no
estaba adiestrado. Para reforzar a las dos legiones romanas bajo el
mando de Tineius Rufus, marchó a Judea la Legión II Galaica de Siria
y La XXII Deitoriana de Egipto. Pese a la integración de estas
legiones romanas adicionales a la guerra, los judíos liberaron una
parte de su país, confiscando posesiones imperiales y
redistribuyéndolas entre los campesinos de su pueblo. Hasta acuñaron
su propio dinero. Tan crítica se volvió la situación para Roma que
el gobierno comenzó a reclutar nuevos soldados en Italia, también
obligando a marinos a salir de sus barcos y apoyar al acosado
ejército. En el 133, Adriano ordenó a Julios Severus, gobernador de
Bretaña (Inglaterra), a marchar con sus soldados a Judea, poniéndolo
al mando de las legiones en Judea, maniobra que tomó meses, pues
Severus debía atravesar toda Europa y parte del Cercano Oriente, o
sea, miles de kilómetros, para llegar a Judea. A pesar de estas
medidas, los judíos aniquilaron, de acuerdo con ciertas evidencias,
toda una legión romana, la XXII Deitoriana, compuesta de 5,000
soldados.
(4) En el año 134, el emperador Adriano mismo,
en el rol de general, regresó a Judea, para inspirar y guiar a su
ejército. Durante la guerra, ambos contrincantes, tanto judíos como
romanos, cometieron atrocidades. Se creía que las tropas romanas
envolvieran a niños judíos en pergaminos del Torra (voluminosos
escritos sagrados de los judíos), quemándolos vivos. Proscribiendo
Adriano la sepultura de judíos muertos, la putrefacción de miles de
cuerpos llenó de terribles pestes los campos de batalla. Para tarde
en el 134, Roma comenzaba a dominar a los judíos. En esta etapa de
la guerra algunos judíos, decepcionados y contemplando la extinción
de su raza, pusieron a su líder Simón bar-Kojba el nombre “bar-Koziba”,
el cual significa “hijo de desilusión”. El centro de comando de este
caudillo militar fue capturado en julio del 135, el mismo mes del
año, según la tradición judía, cuando el templo en Jerusalén fue
destruido en el año 70 d. C.
(5) Al fin, Roma ganó la guerra, pero no sin
antes haber perdido credibilidad, estima y confianza debido al
número muy elevado de bajas en sus fuerzas militares. En cuanto a
los judíos, 580,000 hombres murieron peleando. Entre los varones no
militantes, mujeres y niños, era incalculable el número de los que
murieron a resultado de acciones bélicas, pestilencias y hambre.
Judea fue devastada. Cincuenta campamentos principales y novecientas
aldeas grandes fueron arrasados, y centenares de miles de judíos
fueron muertos o vendidos como esclavos. En los mercados de Gasa y
Hebrón, esclavos judíos fueron vendidos por el precio de un caballo.
A todo judío se le denegó acceso al lugar donde existía su antiguo
templo, y fue prohibida la enseñanza de la religión judía.
______________________________________________
7. Después de
tan terrible derrota, "el judaísmo se escondió atemorizado en
oscuridad, en tanto que su cría, el cristianismo, salió a conquistar
al mundo" (La historia de la civilización, Tomo III. César y
Cristo. Página 549. Will Durant).
8. Durante la
Edad Media, los judíos fueron perseguidos una y otra vez en muchos
países distintos por los gobiernos "cristianos" bajo el dominio de
la poderosa iglesia madre apóstata, la cual militaba con armas
carnales. También por la jerarquía misma de aquella Iglesia Católica
Romana, valiéndose los prelados de la maquinaria eclesiástica
llamada la "Santa Inquisición". En el Capítulo Ocho de este
“Análisis”, Sección II, se encuentra información muy breve sobre las
acciones de la inquisición española contra los judíos.
9. En el Siglo
XX, el dictador alemán Adolfo Hitler y sus secuaces
intentaron exterminar a los judíos, torturando y matando
bárbaramente a más de seis millones.
10. También en
el Siglo XX, el gobierno ateo de la Unión Soviética de Estados
Socialistas, bajo el dictador José Stalin, inició y sostuvo
por décadas los terribles "pogromos". Su meta era la
exterminación de todos los enemigos del estado. Los infortunados
judíos fueron clasificados entre los "enemigos del estado", muriendo
millones en cárceles, campos de concentración, etcétera.
11. Desde el
establecimiento del nuevo estado de Israel en el año 1949 d. C.
hasta el presente (segunda década del Siglo XXI), los
palestinos, sirios, libaneses, egipcios, iraquíes, iraníes y
demás pueblos árabes, movidos por odio fanático, se empeñan en
destruir a los judíos.
B. La "mujer vestida del sol" huye
al desierto. "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar
preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos
sesenta días" (Apocalipsis 12:6). "Y se le dieron a la mujer
las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la
serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un
tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis 12:14).
Según esta profecía, llegaría el día durante la Era Cristiana cuando
los judíos huirían de la presencia de su feroz perseguidor
persistente, el “gran dragón escarlata” (el Imperio
Romano), encontrando un refugio preparado providencialmente por
Dios mismo. La historia del pueblo judío durante la Era
Cristiana demuestra ampliamente el cumplimiento de esta profecía.
1.
Repetimos la observación del renombrado historiador Will Durant
sobre lo que hicieron los judíos después de la derrota aplastante
sufrida en el año 135 después de Cristo: "El judaísmo se
escondió atemorizado en obscuridad, en tanto que su cría el
cristianismo salió a conquistar al mundo". Se desconoce si
el Sr. Durant tuviera conocimiento de la profecía apocalíptica sobre
los judíos, pero lo cierto es que su testimonio nos enseña que la
profecía fue cumplida al pie de la letra: ¡Israel huyó! Los
judíos se escondieron del poderío romano. ¡Ya no buscaban
confrontaciones abiertas con el "gran dragón escarlata"! En
cambio, la iglesia de Cristo no huyó sino que "salió a
conquistar al mundo".
2. “Y la
mujer huyó al desierto...” Quizá represente el
"desierto" de la profecía los lugares inhóspitos, de
pocos habitantes o de poca importancia política donde el "gran
dragón escarlata", con sus “siete cabezas y diez cuernos”
(reinos bajo su dominio) no continuara persiguiendo con tanta
tenacidad a "la mujer". Por "desierto" entendemos: los
lugares aislados o en la periferia de la influencia romana, los
pueblos chiquitos, las barriadas del vulgo, las naciones que no
estaban bajo el dominio de Roma. Comoquiera que interpretemos
“desierto”, la historia enseña que los judíos fueron esparcidos
entre las naciones de aquellos tiempos, donde lograron, casi
milagrosamente, conservar su raza, lengua, cultura y, sobre todo, su
religión.
3.
"…donde tiene lugar preparado por Dios…"
a) Por
"lugar" entendemos que cualquier lugar y todos los lugares
donde los judíos lograran preservar su raza.
b)
"…preparado por Dios…" El Todopoderoso mismo interviene
providencialmente para preservar a los judíos como pueblo,
preparándoles “lugar” donde refugiarse. ¿Qué medidas tomaría
Dios en la preparación de un “lugar” de refugio para Israel?
No se nos revelan detalles al respecto en la visión de Apocalipsis.
Especulamos que quizá ablandase los corazones de las personas que
habitaban los lugares adonde huyeron los judíos, influyendo en ellas
de tal manera que recibieran y protegieran a los judíos tan
duramente acosados. O que guiara providencialmente a los judíos
mismos a lugares seguros donde pudieran esconderse del “gran
dragón escarlata” y recuperarse poco a poco de las tragedias
catastróficas que habían traído sobre sus propias cabezas.
4. Volvemos a señalar que si
fuéramos a aplicar estas profecías sobre la “mujer vestida del
sol” a la iglesia de Jesucristo en vez de al pueblo terrenal de
Israel, no habría concordancia entre ellas y las profecías
pronunciadas específicamente para la iglesia, ni tampoco con la Gran
Comisión dada a la iglesia o con el desenvolvimiento de la iglesia
verdadera del Señor a través de los siglos de la Era Cristiana,
hasta el presente.
a)
Por ejemplo, la iglesia de Cristo no huyó, escondiéndose, cuando
tanto judíos incrédulos como romanos levantaron persecuciones duras
contra ella. Desde poco después de su fundación, ella fue perseguida
una y otra vez, pero se reponía, siguiendo en pie de lucha. Ahora
bien, qué quede claro: a diferencia de los judíos que no se
convirtieron a Cristo, la iglesia leal a su Salvador jamás se
enfrascaba en batalla carnal con sus enemigos. “Pues, aunque
andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las
armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios
para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda
altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando
cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios
10:3-5).
b) En
definitiva, la iglesia no se escondió en "el desierto".
Sucede justamente lo contrario: llevaba el evangelio a los lugares
más poblados e importantes, aun a palacios y cortes de gobernadores,
procónsules, príncipes, reyes y del mismo emperador romano. También
a lugares remotos. El "lugar" para la iglesia es "todo el
mundo", según la Gran Comisión: "Id por todo el mundo, y
predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15). Aun en
tiempos de persecución, la iglesia ha de seguir proclamando el
evangelio. Esta verdad el apóstol Pablo la resalta al escribir al
evangelista Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor
Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera
de tiempo…" (2 Timoteo 4:1-2). Así pues, jamás deberían la
iglesia de Cristo, sus predicadores y maestros esconderse en "el
desierto". Pero, la “mujer” de la visión de Apocalipsis
12 huye sí al desierto, y se calla.
c) Conforme a
ciertas profecías reveladas específicamente para la iglesia, el gran
peligro para ella no lo sería la oposición de gobernantes o
ejércitos de las naciones terrenales, ni siquiera el martirio por la
causa del Señor, sino el mortífero cáncer de la apostasía (2
Tesalonicenses 2). He aquí otra consideración que nos lleva a
afirmar que la mujer que huye al desierto, al lugar preparado por
Dios, no es la iglesia fundada por Jesucristo. La iglesia verdadera
no se amedrenta ante los poderosos seculares o religiosos que la
amenazaran materialmente. En cambio, la “mujer” que hace el
rol principal en el drama de Apocalipsis 12, huye sí del “gran
dragón escarlata”, símbolo espantoso de reinos seculares,
idolátricos y perseguidores.
5. Dando por
establecido que la "mujer" que huye al desierto es la nación
terrenal inconversa de Israel, cabe preguntar por qué a Dios le
interesaría preservar como raza, o nación, a los millones de judíos
que no reciben a su Hijo como el Mesías prometido. ¿No repudió
la gran mayoría de los judíos a Jesucristo como el Mesías prometido?
¿No consintieron las masas judías incrédulas a la crucifixión del
Señor? Asimismo sucedió. Mas sin embargo, las mismas multitudes de
judíos culpables de tan enormes pecados seguían, no obstante su
rechazo a Cristo, creyendo firmemente, aun fanáticamente, en el
"único Dios verdadero", en Jehová el Creador. Seguían confesando
su nombre, adorándolo conforme a las directrices de la ley mosaica.
Y siguen haciéndolo hasta el sol de hoy, aunque cohibidos en gran
medida por no contar con un templo en Jerusalén, con muebles y
utensilios sagrados necesarios para los ritos ordenados en el pacto
de Sinaí, etcétera. Aun estando en el "desierto", se aferran
fuertemente al nombre de Jehová, considerándose el único pueblo
electo de él. Sin embargo, lastimosamente, siguen rechazando a Jesús
de Nazaret, denegando tenazmente que él sea el Mesías profetizado en
sus Escrituras. Ya que “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco
tiene al Padre” (1 Juan 2:23), los judíos que no siguen al Hijo
Jesucristo tampoco cuentan con el sello de Dios. Pese a esta
triste condición, el Padre ama a los judíos, deseando su
completa restauración espiritual. Material no, sino espiritual.
Consideremos:
a) A pesar de su incredulidad, los
judíos "en cuanto a la elección, son amados por causa de
los padres (Romanos 11:28). ¿Por qué “amados”? La
respuesta dice: “…por causa de los padres”, es decir, los
patriarcas, o quizá, por extensión, todos los antepasados de los
israelitas que hacían la voluntad de Dios. ¿Qué enseñanza quiere
comunicarnos el Espíritu de Dios mediante estas expresiones? ¿Acaso
impliquen que Dios pase por alto la incredulidad de los judíos que
no reciben a su Hijo como el Mesías, ni siquiera inculcándoles
pecado alguno?
(1)
Aparentemente, confrontamos un enigma. Tal vez la solución estribe,
aunque solo en parte, en el hecho de que Jehová Dios pudo lograr
mediante la nación de Israel su propósito de asegurar que no
todos los hombres en la tierra se olvidaran de su nombre.
Además, a través del pueblo terrenal de Israel el Señor
omnipotente consiguió la realización de su plan de introducir a su
“Primogénito en el mundo" con el propósito sublime de
proporcionar a todos los seres humanos un medio eficaz de
reconciliación y salvación. Efectivamente, se valió del pueblo
de Israel para magníficos fines de alcance global, principalmente la
reconciliación espiritual de toda la humanidad. De muchas maneras y
en muchos lugares y ocasiones, Dios mismo manifestó su existencia al
mundo, usando como medio su pueblo electo Israel. Este pueblo era
barro en sus manos, y él, su alfarero. Obligó al pueblo a doblegarse
a su voluntad, como el jinete gobierna al caballo con el freno y las
riendas. Disciplinó al pueblo, aun castigándolo duramente repetidas
veces. Preservó al pueblo en medio de guerras, desastres, destierros
y apostasías. Logró sus grandes y nobles propósitos en el pueblo.
Amó al pueblo. Entonces, ¿por qué abandonarlo del todo? ¿Por qué
dejarlo desaparecer de la faz de la tierra? ¿Por qué no
preservarlo en el "desierto", esperanzado en su
eventual arrepentimiento y restauración espiritual? Seguramente,
no nos corresponde emitir juicios sobre las acciones de Dios. Sin
embargo, el que escribe aplaude, en mente y alma, la decisión de
Dios de preservar al pueblo judío. Pienso que es otra evidencia de
su gran compasión, amor y misericordia para con los débiles seres
humanos, en este caso, los judíos, llenos de prejuicios y cegados
por falsas doctrinas y falsas esperanzas. "¡Oh profundidad de
las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!"
(Romanos 11:33). Esta exclamación altamente emotiva aparece
justamente en medio de la disertación del apóstol Pablo sobre la
condición espiritual de los israelitas inconversos y los planes de
Dios para ellos. “¡Cuán insondables son sus juicios, e
inescrutables sus caminos!” Nos solidarizamos con estos
sentimientos conmovedores del apóstol. ¡Cuán difícil es para mi
mente comprender tantas cosas ocurridas a través de los milenios
pasados en los renglones de lo espiritual-moral-religioso, tanto en
el planeta Tierra, como en las regiones celestiales, y no menos
difícil, las que se proyectan para el futuro! Pero, sigo tratando,
sin perder fe. Aun más: juntamente con el apóstol Pablo, me quedo
estupefacto ante lo que también percibo como la “profundidad de
las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios”.
(2) Así que,
es un hecho tan obvio como innegable que el Soberano Dios mediante
Israel los dos grandes propósitos señalados, cumpliéndose y
haciéndose realidad los dos, a pesar de la obstinación, rebeldía e
hipocresía de incontables integrantes del pueblo. Por tanto, ¿ha de
considerarse cosa inconcebible que Dios siga amando al pueblo que le
sirvió de instrumento para logros tan gloriosos y grandiosos? Pues,
él sigue amándolo, pese a la incredulidad del pueblo judío respecto
al Mesías. Su amor se manifiesta mediante su intervención
providencial para conservarlo como pueblo entre los demás pueblos de
la tierra. Desde luego, esto no significa que Dios salve eternamente
a los judíos que permanezcan obstinadamente en incredulidad. Solo
quiere decir que ellos aún tienen, por la misericordia de él, la
oportunidad de reconocer a Jesucristo como el Mesías prometido y
obedecer sus mandamientos para alcanzar el perdón de pecados y la
salvación de sus almas.
(3) Escrutemos
la enseñanza y el contexto de Romanos 11:29. Dice: "Porque
irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios."
Precisamente, el contexto es el del destino de los judíos y de su
posible restauración espiritual. Esto se evidencia si leemos los
versículos del 29 al 36. No se trata de los dones sobrenaturales
dados a la iglesia del Siglo I, ni del llamamiento hecho por medio
de la iglesia, sino de los dones dados a Israel y del
llamamiento que Dios hizo al pueblo de Israel.
(a) Dios escogió al pueblo de
Israel dotándolo de "dones" y llamándolo al cumplimiento de
sus designios divinos.
(i) Entre los dones figuran "la adopción,
la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las
promesas" (Romanos 9:4). Todos estos dones importantes y
excelentes atañían específicamente a la nación terrenal de Israel.
(ii) Ahora bien, se nos enseña que estos dones y el
llamamiento son "irrevocables". Esto quiere decir que
no le serán quitados a Israel; no le serán anulados. Los
"dones" eran válidos durante el tiempo determinado por
Jehová, a saber, desde Abraham hasta la muerte de Cristo en la cruz.
Por otra parte, el llamamiento a formar parte de los elegidos
del Señor sigue en pie hasta el presente, tanto para Israel como
para los gentiles, y estará vigente hasta que acabe el tiempo de
gracia para toda la humanidad.
(b) Por cierto, Dios sigue llamando
a Israel, no a que sea una nación terrenal con derechos exclusivos,
sino que lo llama a arrepentirse de sus pecados y a recibir a Cristo
como el verdadero Mesías y Salvador del mundo. Él quiere tener
misericordia de Israel.
(i) Pregunta el apóstol Pablo: "¿Ha
desechado Dios a su pueblo?" Responde él mismo enfáticamente:
"En ninguna manera" (Romanos 11:1).
(ii) Refiriéndose a los judíos, Pablo explica que "aun
en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia"
(Romanos 11:5). El "remanente" de judíos que se salvaba en el
tiempo de Pablo, se salvaba no por la ley mosaica, ni por ser
israelitas "según la carne", sino que se salvaba
"por gracia". Y esto quiere decir que se salvaba por medio de
obedecer al evangelio, creyendo en Cristo, arrepintiéndose y
bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38;
22:16).
(iii) En el tiempo presente (segunda década del Siglo XXI), la
persistente incredulidad de los judíos, gran número de los cuales
aún sigue en el "desierto", se puede atribuir, por lo menos
en parte, al rol que Israel debía desempeñar hace dos mil años a fin
de que pudiera efectuarse el sacrificio de Cristo como Cordero de
Dios para quitar el pecado del mundo. Una mayoría de los israelitas
tenía que repudiar a Cristo, paso necesario que desembocó el
sacrificio expiatorio del Cordero en la cruz. Al pueblo le
aconteció "endurecimiento en parte" (Romanos 11:25),
condición, o circunstancia, crítica para la realización del plan de
Dios en Cristo. A pesar de presenciar muchas señales milagrosas
indubitables hechas por Cristo y los apóstoles, al igual que oír la
predicación del evangelio por hombres inspirados, la mayoría de los
israelitas del Siglo I no venció su incredulidad. No ablandaron sus
corazones al oír el evangelio. Lo mismo le sucede a la gran mayoría
de sus descendientes hasta el día de hoy. Dado el hecho de que una
parte de Israel tenía que endurecerse para que se cumpliesen los
designios de Dios en Cristo, ¿es de extrañarse que Dios quisiera
preservar al pueblo, esperanzado en que tal vez muchos se
arrepintieran de su incredulidad, deseoso él de tenerles
misericordia y salvarles?
(c) Dios aún desea la salvación de
todo Israel. "Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte,
hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo
Israel será salvo" (Romanos 11:25).
(i)
Mediante la expresión “…y luego todo Israel será salvo”
se profetiza, efectivamente, que antes del fin del mundo muchos
judíos aceptarán a Cristo como el Mesías, salvándose de la ira
venidera. Armoniza perfectamente con esta profecía la escena
apocalíptica donde se sellan ciento cuarenta y cuatro mil “de
todas las tribus de los hijos de Israel” (Apocalipsis 7:1-8),
evento ya analizado en estos estudios.
(ii) La
profecía implícita de Romanos 11:25 nada tiene que ver con la
restauración de Israel a su antiguo terruño en el Cercano Oriente.
Tampoco proclama esta profecía la futura restauración o
reedificación del templo en Jerusalén.
(iii) Solo se
trata, volvemos a recalcar, de la salvación espiritual de
cuantos israelitas acepten a Cristo como el Mesías prometido,
obedeciendo al evangelio puro para salvación de sus almas.
6. "Se le
dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de
delante de la serpiente al desierto a su lugar."
a)
"…las alas de la gran águila…" simbolizan el poder de
Dios para actuar con gran agilidad y fuerza irresistible.
b) ¿Quién da a
la mujer "…las alas de la gran águila"? Se sobreentiende que
Dios mismo es quien se las da. Él es quien prepara para ella lugar
en el “desierto”, y lógicamente, es quien le da las “alas
de la gran águila”. Así que, Dios mismo interviene para
que Israel no sea destruido del todo por el “gran dragón
escarlata”. Contando con la intervención providencial de
Dios, Israel podía alejarse rápido de la presencia de los
gobernantes y de las legiones romanas utilizadas por Satanás en su
empeño obstinado de hacer que los judíos desaparecieran para siempre
de la faz de la tierra.
c) No pocos
historiadores y eruditos de esta Era Cristiana se maravillan
por la preservación del pueblo de Israel a lo largo de los siglos,
pese a severas represiones e intentos al genocidio. Disciernen en
esta insólita sobrevivencia de un pueblo pequeño perseguido a la
muerte, la mano providencial de un Poder superior que vela por la
permanencia de los judíos en la tierra. Dada la fuerte intolerancia
manifestada de mil maneras por infinidad de pueblos contra los
judíos, sobrada razón hay para pensar que si Dios no hubiese
intervenido, el pueblo terrenal de Israel hubiese quedado como
Sodoma y Gomorra: ¡sin descendencia! (Romanos 9:29).
7. "Para que allí la sustenten
por mil doscientos sesenta días", lo cual es equivalente a
"un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo".
a)
"…la sustenten…", es decir, que mantengan a los judíos
con vida como pueblo.
(1) ¿Quiénes
la sustentarían? Quizá algunos de los ángeles que Dios ocupa
para la realización de sus planes. En tal caso, los ángeles
actuarían providencialmente, mediante las personas entre quienes
vivieran los judíos, para la preservación de la raza judía. O tal
vez se refiera directamente a personas, aun gobernantes, que
simpatizaran con los judíos, que se solidarizaran con ellos, que
tuvieran compasión de ellos, que les dieran albergue y protección.
(2)
Sustentados los israelitas en el “desierto” de su vivencia.
Esto no significa, necesariamente, que todo el pueblo judío gozaría
perennemente de abundantes bendiciones materiales y de la protección
incondicional de Dios. Solo significa, a nuestro entender,
que Dios mantendría con vida al pueblo. De hecho, Israel ha
sufrido indeciblemente durante gran parte de la Era Cristiana,
siendo perseguido ferozmente en distintos lugares y en varias etapas
de su historia. Aun así, sobrevive, se repone, y en no pocos casos,
prospera, aun excepcionalmente.
b) "…mil
doscientos sesenta días."
(1) Es decir,
por el tiempo determinado por Dios, siendo simbólico el número
“mil doscientos sesenta días”, y no literal.
(2)
Sustentados en el “desierto” quizá hasta el tiempo cuando
"haya entrado la plenitud de los gentiles" y comience a
convertirse a Cristo un número no pequeño de los judíos.
(3) Conforme a
la interpretación que estamos desarrollando, el período de los
"mil doscientos sesenta días" para los judíos comenzó en el
Siglo II de la Era Cristiana, continuando aun en el presente
(segunda década del Siglo XXI), ya que los judíos, al menos la gran
mayoría de ellos, todavía resisten reconocer a Jesucristo como el
Mesías. De haber acertado en esta interpretación, se deduce que los
“mil doscientos sesenta días” para los judíos (Apocalipsis
12) no son concurrentes con los “mil doscientos sesenta días”
cuando profetizan los dos testigos "vestidos de cilicio"
(Apocalipsis 11), es decir, no cubren el mismo período de tiempo.
(a) Los “mil doscientos sesenta días”
durante los cuales son sustentados los judíos comienzan en el
Siglo II.
(b) Los “mil doscientos sesenta días”
cuando los dos testigos profetizan "vestidos de cilicio"
comienzan después del Milenio y terminan con la Segunda
Venida de Cristo.
(c) De hecho, los temas del Capítulo 11 de
Apocalipsis, por un lado, y por el otro, los del Capítulo 12, son
totalmente diferentes. Por lo tanto, no es cosa extraña que los
dos periodos de “mil doscientos sesenta días”, cada uno, no
cubran el mismo tiempo, o época, de la Era Cristiana. Datos
importantes que corroboran esta conclusión se encuentran en el
Capítulo Siete de este “Análisis”, Sección II, C, en el estudio
sobre el "tiempo, y tiempos, y medio tiempo" de Daniel 7:25
cuando el "cuerno pequeño" persigue a la iglesia verdadera.
C. El "gran dragón escarlata"
persiste en su empeño infernal de destruir a la "mujer" que
huye al desierto. "Y la serpiente arrojó de su boca, tras la
mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero
la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el
río que el dragón había echado de su boca" (Apocalipsis
12:15-16).
1.
"…agua como un río…" Quizá se trate metafóricamente de
las medidas severas que tomó el Imperio Romano después de las
guerras contra Israel para privar a los judíos de todo vestigio de
su nacionalidad y hacer que se mezclaran con las demás razas,
perdiendo su propia identidad como raza particular, y por ende, su
orgullo como pueblo. El "gran dragón" quería "arrastrar" a
los judíos hasta "ahogar" en el "río" de las persecuciones y
represalias el nacionalismo fiero de aquel pueblo rebelde.
Enfurecido por los golpes duros asestados por los judíos, ardía con
vengarse, decidido a exterminar a Israel como pueblo.
2. Pero el
"gran dragón escarlata" no logró destruir del todo a los judíos,
pues "…la tierra abrió su boca y tragó el río".
a) La
"tierra" misma, o sea, el planeta Tierra, es ancha y grande,
proporcionando, especialmente en aquel tiempo antiguo, muchos
escondites y refugios más allá del alcance del "gran dragón
escarlata". Desde luego, el “dragón” de aquel entonces no
contaba con redes de comunicación electrónica rapidísima o satélites
que le facilitaran rastrear los movimientos de los israelitas.
b) Además, aun
en la vasta "tierra" bajo el dominio del Imperio Romano, había, se
supone, muchos súbditos, aparte de los judíos, que no simpatizaran
con aquel Imperio. Resentidos y reaccionarios, estaban predispuestos
–así pensamos- a dar albergue a los judíos perseguidos. Las amenazas
del “gran dragón escarlata” no los asustaban demasiado. Al
contrario, entre ellos sus amenazas se volvían como "agua que traga
la tierra".
3. La ira del dragón contra la
"mujer" no mengua. "Entonces el dragón se llenó
de ira contra la mujer" (Apocalipsis 12:17).
a)
Ya estaba airado al punto de querer ahogar a la "mujer" (a
los judíos). Su ira se inflama aún más cuando se ve frustrado en su
propósito de exterminar a la raza judía.
b) ¿Por qué
provocan los judíos tan grande ira? Después de todo, ellos ya no
eran, desde Pentecostés en adelante, el pueblo electo de Dios. Sin
embargo, seguían siendo el pueblo por medio del cual se introdujo el
Mesías en el mundo, el Hijo de Dios que “despojó a los
principados y las potestades”, exhibiéndolos “públicamente,
triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15), el mismo
Ser poderoso que derrotó a Satanás, haciendo que fuese arrojado del
cielo. No es, pues, difícil de comprender por qué el odio que sentía
Satanás para aquel pueblo se pusiera al rojo vivo, convirtiéndose en
rencor terrible, en ira candente y consumidora, tanto que lo
impulsara a seguir persiguiendo a todos los judíos, procurando su
exterminación de una vez para siempre. Además, pese a sus
desastrosas derrotas y las persecuciones duras que sufrían, aquellos
judíos seguían creyendo obstinadamente en Jehová como "el único
Dios verdadero", lo cual era para Satanás como "ascuas de
fuego" sobre su orgullosa cabeza.