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Índice completo del Capítulo Cinco

Parte 2 del Capítulo Cinco. Guerra en el cielo. Satanás echado del cielo.

 

APOCALIPSIS

Capítulo Cinco de
 Análisis de las profecías y visiones

  maniscalco_image_075

Esta pintura tipo mural fue realizada por Joe Maniscalco. Derechos reservados.
http://biblical-illustrations.com 

-A la izquierda. "Una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas" (Apocalipsis 12:1-5). Estando la mujer para dar a luz, aparece un “gran dragón escarlata”, con siete cabezas y diez cuernos, parándose frente a ella “a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese”. ¿Quién es la mujer y quién su hijo? ¿Qué simboliza el “gran dragón escarlata”, sus siete cabezas y diez cuernos?

-Centro. El hijo fue crucificado y sepultado. Resucitando el tercer día, “fue arrebatado para Dios y para su reino” (Apocalipsis 12:5). En la pintura, el cordero sin mancha sobre la cruz representa al Señor glorificado, conforme al simbolismo de Apocalipsis 5:6-10.

A la derecha. "Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto" (Apocalipsis 12:14). Detrás de ella el “gran dragón escarlata” y el “agua como un río” que él echó “tras la mujer… para que fuese arrastrada por el río”.

Parte 1

La “mujer vestida del sol”

PDF de la Parte 1

Capítulo 12 del libro de Apocalipsis

1 “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. 3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. 5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días. 7 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; 8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.  9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. 11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. 12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. !!Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. 13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. 15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. 17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

Mujer sol dragón

La “mujer vestida del sol”, con el “gran dragón escarlata” parado frente a ella.
Pintura por Pat Marvenko Smith. Derechos reservados. www.revelationillustrated.com

I.  La identidad de la "mujer vestida del sol". “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Apocalipsis 12:1). “…en el cielo…” El cielo es donde toma lugar esta grandiosa visión, y una mujer insólita se materializa en el centro del escenario, diciéndose de ella que es “una gran señal”. ¿“Señal” de quién, qué cosa o cosas? Pregunta intrigante cuya respuesta correcta se divulga mediante todo lo que se revela sobre ella en Apocalipsis 12. Habiendo este servidor contemplado largamente los múltiples aspectos de la visión, con todo su conmovedor desenvolvimiento, tengo a bien expresar en la partida “A” de esta sección “I” mi conclusión sobre la identidad de la “mujer vestida del sol”, presentando razones convincentes, al menos para mí. Luego, examinamos cuidadosamente otras dos identidades postuladas para ella, las que nos parecen equivocadas.

A.  La “mujer vestida del sol” representa al pueblo terrenal de Israel, es decir, a Israel "según la carne"(Romanos 9:6). Discernimos tres evidencias principales que sostienen esta conclusión.

1.  Primera evidencia. “Y ella dio a luz un hijo varón” (Apocalipsis 12:5). El "hijo varón" que nace de esta mujer es Jesucristo. Se sabe que el “hijo varón”  es el Señor Jesús por las dos afirmaciones hechas sobre su persona.

a)  "...regirá con vara de hierro a todas las naciones" (Apocalipsis 12:5), potestad conferida solo y exclusivamente a Jesucristo por su Padre Dios en el cielo (Apocalipsis 2:26-27; 19:15).

b)  "...fue arrebatado para Dios y para su trono" (Apocalipsis 12:5).

(1)  Cuarenta días después de su resurrección y solo diez días antes de Pentecostés, del año 30 d. C., Cristo "fue alzado, y le recibió una nube". Fue "tomado" de entre los apóstoles (Hechos 1:6-11).

(2)  Fue "exaltado por la diestra de Dios" (Hechos 2:33), recibiendo "trono" y "cetro" (Hebreos 1:8).

c)  Quien lea casualmente lo que se dice en Apocalipsis 12:2-5 sobre la “mujer” de esta visión y el nacimiento de su “hijo varón”, probablemente pensara de inmediato en la mujer israelita llamada María, la que estaba desposada a José, hijo de Jacob, del linaje de David (Mateo 1:1-17), cuando “se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mateo 1:18-25). Sin embargo, en la partida “B” de esta sección “I” apuntamos fuertísimas razones para no identificar a la “mujer vestida del sol” como María, la madre terrenal de Jesús. Decidimos no presentarlas en esta sección debido a lo extenso de las evidencias. Asumiendo por el momento que tengamos razón, procedemos a plantear que la nación de Israel es representada, efectivamente, en la persona y el cuerpo de aquella mujer llamada María, por quien el Padre “introduce al Primogénito en el mundo” (Hebreos 1:6). Físicamente, Jesús nace de la mujer judía María, por cierto “muy favorecida” y “bendita… entre las mujeres” (Lucas 1:28). Pero, naciendo de ella, también nace de todo un pueblo que ansiaba colectivamente la aparición de su Mesías prometido. A continuación, presentamos algunas evidencias.

(1)  Cuando el niño Jesús es llevado a Jerusalén y presentado “conforme a la ley de Moisés”, la que decía: “Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor”, el anciano Simeón, hombre que también “esperaba la consolación de Israel”, “tomó en sus brazos” al niño Jesús, diciendo de él: “Luz para revelación a los gentiles, y gloria de su pueblo Israel(Lucas 1:21-32). Qué conste: “gloria” no tan solo de su madre terrenal María, sino “…de su pueblo Israel”.

(2)  Entre las profecías de Isaías sobre el nacimiento del Mesías se halla la siguiente expresión: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado” (Isaías 9:6). “…NOS es nacido… NOS es dado.” ¡Nacido al pueblo de Israel! ¡Dado al pueblo de Israel! Así que, en términos de raza y nacionalidad, Jesús de Nazaret nació israelita; nació del pueblo terrenal de Israel, o sea, de “Israel según la carne”. Pertenece a todo aquel pueblo, identificándose con todo el pueblo, y no con una sola ciudadana, la mujer María en cuyo vientre fue concebido por el Espíritu Santo.

(3)  Lo que se dice de la “mujer vestida del sol” en Apocalipsis 12:2 no rinde insostenible el concepto según el que “Cristo nace del pueblo de Israel”, representado en la visión por la “mujer vestida del sol”. El versículo lee: “Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”. Contrario a la argumentación de teólogos católicos romanos, esta condición de la “mujer vestida del sol” no nos obliga a identificarla como la María terrenal mediante la cual se encarnó el Hijo de Dios. El lenguaje de mujer “encinta… con dolores de parto…” claramente se presta para usos metafóricos. Veamos.

(a)  En Miqueas 4:10, se utiliza una terminología retórica muy parecida en referencia al pueblo terrenal de Israel: "Duélete y gime, hija de Sión, como mujer que está de parto; porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia". La “hija de Sión” es el pueblo de Israel, destinado a pasar setenta años de cautiverio en Babilonia. Escuchando las profecías sobre su castigo inminente y contemplando su pronto cumplimiento, Israel debía ser “como mujer que está de parto”, doliéndose y gimiendo.

(b)  No existe razón de peso para descartar de plano semejante uso retórico de las expresiones en Apocalipsis 12:2. Consideremos. El Mesías vendría al mundo mediante el pueblo terrenal de Israel. Cuando llegó "el cumplimiento del tiempo” para su encarnación (Gálatas 4:4), de la manera que llega el tiempo de alumbramiento a la mujer encinta, Israel actuaba justamente como una mujer al punto de dar a luz. "Clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento." Anhelaba ver a su Mesías, a su Libertador. Sufría bajo el dominio del Imperio Romano. Ansiaba la aparición del Mesías. Sufría casi todo el pueblo de Israel grandes dolores de mente y espíritu en espera del alumbramiento de su Mesías. Gemía, daba vueltas, gritaba, oraba, deseando ardientemente la aparición del Mesías.

2.  Segunda evidencia. Podemos conocer quién es la "mujer vestida del sol" por medio de identificar al "resto de la descendencia" de ella. ¿Quiénes son el “resto de la descendencia” de ella? “…resto” implica “en adición a los ya conocidos”. Estos ya conocidos eran los hijos terrenales de la “mujer”, a saber, los israelitas “según la carne”, el pueblo nacional de Israel. El “resto de la descendencia” no sería los ya conocidos sino otros a identificarse. Según la explicación dada en el mismo Capítulo 12 de Apocalipsis, se trata de "los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Apocalipsis 12:17), o sea, se trata de los cristianos verdaderos.

a)  Los cristianos de verdad guardan "los mandamientos de Dios" dados en el Nuevo Testamento, constituyendo estos mandamientos la nueva "ley de Cristo" (1 Corintios 9:21), o “doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1). “Si me amáis, guardad mis mandamientos”, dice el Señor en Juan 14:1. Estos “mandamientos” de Cristo difieren notablemente de los mandamientos dados a través de Moisés en el monte de Sinaí. Por ejemplo, el mandamiento de bautizarse (sumergirse en agua) “para perdón de los pecados” (Marcos 16:15-16; Hechos 2:38; 22:16). O el mandamiento de comer la carne de Jesucristo, representada en la “cena del Señor” por el pan sin levadura, y tomar su sangre, simbolizada por el “fruto de la vid” (Juan 6:47-59; Mateo 26:17-29; 1 Corintios 11:17-31). Estos dos mandamientos corresponden exclusivamente al “nuevo pacto” de Cristo.

b)  Los cristianos que obedecen “los mandamientos de Dios” también "tienen el testimonio de Jesucristo", testimonio que pronuncia el Señor a través del Espíritu Santo, y este, mediante la Palabra inspirada del Nuevo Testamento (1 Juan 5:6-8; Romanos 8:16).

c)  Además, el Espíritu Santo enseña con diáfana claridad que los cristianos verdaderos (la iglesia fiel a Dios, excluyéndose toda iglesia apóstata) son la descendencia espiritual de Israel.

(1)  "Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas" (Romanos 9:6). “…descienden de Israel…” ¿Se da cuenta usted, estimado lector, del enfoque particular sobre “descender, descendencia”? ¿Quiénes son los descendientes de Israel que no sean israelitas, es decir, que no lo sean según la carne (por herencia racial o nacional)? La respuesta se halla en Gálatas 3:7. "Los que son de la fe, éstos son los hijos de Abraham." “…hijos…”, o sea, descendencia. Esta expresión “Los que son de la fe…”, identifica, incuestionablemente, a los que nacen del evangelio puro de Jesús, y no a los judíos que guardan la ley de Moisés, como tampoco a judaizantes dentro de la iglesia. Así pues, “…los hijos de Abraham” durante la Era Cristiana son los que guardan “la fe”, y esta “fe” es sinónima del evangelio del Señor. “De manera que la ley [la mosaica] ha sido nuestro ayo [guía] para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe [el evangelio; el Nuevo Testamento], ya no estamos bajo ayo(Gálatas 3:24-25), o sea, los cristianos de verdad ya no estamos bajo la ley de Moisés.

(2)  Y otra vez: "No los que son hijos según la carne [israelitas en la tierra] son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" (Romanos 9:8). De nuevo, notamos el enfoque especial sobre “descendientes”. ¿Quiénes son estos “hijos según la promesa”? Respuesta: son los cristianos guiados por el Nuevo Testamento de Cristo. Los “revestidos” de Cristo. “Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27). Solo y exclusivamente los cristianos que “guardan los mandamientos de Dios”, y no los creyentes apóstatas –judaizantes, agnósticos, seguidores de evangelios diferentes, de tradiciones y doctrinas de hombres. Estos “hijos según la promesa” son los verdaderos y únicos “descendientes” de la “mujer vestida del sol”. “Descienden de Israel” (Romanos 9:6), y por consiguiente, la “mujer vestida del sol” es, en definitiva, el pueblo terrenal de Israel. Esta deducción la encontramos del todo lógica, irrebatible, ineluctable, incontestable.

(3)  Tres textos bíblicos adicionales refuerzan estas enseñanzas.

(i)  Gálatas 6:16. “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.” Metafóricamente, los cristianos son el "Israel de Dios". Son el nuevo pueblo electo de Dios. Pueblo espiritual, y no terrenal.

(ii)  Romanos 2:28-29. "No es judío el que lo es exteriormente... sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu."

(iii)  Gálatas 3:29. “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

(4)  Constatado, pues, ampliamente, que los cristianos fieles al Señor en doctrina y práctica son “el resto de la descendencia” de la “mujer vestida del sol”, y que “descienden de Israel”, siendo del “linaje de Abraham”, queda plenamente establecida la identidad de aquella “mujer” que “apareció en el cielo”. Definitivamente, ella simboliza al pueblo terrenal de Israel. Dado este hecho, con sobrada razón podemos, y aun debemos, aplicar metafóricamente las expresiones “Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento” al pueblo terrenal de Israel. Además, ya que los cristianos legítimos “descienden de Israel”, se puede afirmar categóricamente que no descienden de la mujer judía María. Correlativamente, ni una palabra del Nuevo Testamento de Cristo intima siquiera que esta María tuviera alguna “descendencia espiritual”, tema expandido en la partida “B, 2”.

3.  Tercera evidencia. La apariencia de la "mujer vestida del sol" es una clave importante para identificarla acertadamente.

a)  Ella aparece delante de nosotros, en el escenario que vio el apóstol Juan, "vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas" (Apocalipsis 12:1).

(1)  Al visualizar y contemplar esta hermosa representación figurativa, tengamos presente que el sol alumbra de día, y de noche, la luna.

(2)  “…vestida del sol…” Es decir, vestida de luz fulgurante. De luz dorada. Su elegante atavío celestial resplandece, alumbrando a todos y a toda cosa en derredor suyo, despejando sombras y tinieblas.

(3)  Indicativas las primeras dos evidencias ya presentadas de que la “mujer vestida del sol” simboliza al pueblo terrenal de Israel, ¿es razonable representar a dicho pueblo como “vestido del sol, coronado de doce estrellas y parado sobre la luna”? Positivo. Tal representación es muy correcta, ajustándose admirablemente al rol de aquel pueblo entre las naciones conforme al plan divino. Fíjese. El Israel terrenal, pueblo escogido y dirigido por Jehová Dios durante la Era Mosaica, brillaba entre los demás pueblos existentes a principios del Siglo I –romanos, griegos, cretenses, cartagineses, españoles, egipcios, persas, árabes, galos, medos, elamitas, escitas, alemanes, mongoles, etcétera- cuando “vino el cumplimiento del tiempo” y nació Jesús “de mujer… bajo la ley” (Gálatas 4:4). Esto fue así pese a que aquel pueblo electo manchara, a menudo y de varias maneras, su vestidura única, pues muchos israelitas se volvían, en ocasiones, inmorales, infieles, hipócritas, legalistas, fanáticos por tradiciones de su propia invención, duros de cerviz, pendencieros y aun idolátricos.

(a)  Israel brillaba como el sol cuando enaltecía el nombre de Jehová, acatando su voluntad y rindiéndole loor como a “único Dios verdadero” (Juan 17:3). Su luz brillaba mucho por ser Israel un pueblo monoteísta que adoraba al Dios vivo, entretanto que los pueblos politeístas en derredor suyo tributaban culto a infinidad de dioses y diosas falsos confeccionados en mentes e imaginaciones humanas, por ejemplo, a Júpiter, Mercurio, Diana, Venus, Roma, Atena, Re, Zeus, Rea, Poseidón, y en algunos casos, a emperadores o reyes, aun a demonios.

(b)  Israel brillaba cuando enseñaba la ley, tal cual dada por Jehová Dios en el monte de Sinaí a Moisés, en sus hogares, en pórticos o patios de su imponente templo en Jerusalén, en sus escuelas, en numerosas sinagogas establecidas no solo en Palestina sino a lo ancho y largo del Imperio Romano. Entretanto, los demás pueblos inculcaban filosofías antiguas de concepción humana (de Sófocles, Sócrates, Platón, Aristóteles, Pirrón, Zenón, etcétera), teologías paganas, oráculos atribuidos a diosas o dioses, misterios inventados por los sacerdotes de aquellos dioses, y supersticiones o fábulas de origen puramente humano.

(c)  La conversión de muchos gentiles al judaísmo demuestra la potencia no pequeña de la luz moral y espiritual que emanaba de Israel. El término aplicado a ellos en el Nuevo Testamento es “prosélitos”. Este vocablo identifica a gentiles enteramente convertidos a la religión de Israel. Había “prosélitos” morando en Jerusalén cuando los apóstoles proclamaron el evangelio en el día de Pentecostés (Hechos 2:5-10). En Antioquía de Pisidia, muchos... prosélitos piadosos siguieron a Pablo” (Hechos 13:43). Entre los que obedecieron al evangelio en Tesalónica se encontraban de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas(Hechos 17:4). O sea, ¡gran número de prosélitos obedeció al evangelio! Repetimos: los “prosélitos” eran gentiles convertidos al judaísmo. Cornelio, “centurión de la compañía llamada la Italiana”, era gentil. “Piadoso y temeroso de Dios con toda su casa… hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10).

(d)  En algunas épocas de su historia, cuando Israel seguía bien de cerca a Dios, aquel pueblo escogido brillaba como el sol a medio día. Aun en sus noches más oscuras, cuando la mayoría de sus líderes y ciudadanos se volvía infiel y obstinada en su rebeldía contra Dios y la ley dada en Sinaí, emanaba alguna luz de Israel, aunque fuera siquiera como la luz tenue de la luna.

b)  En cuanto a la “corona de doce estrellas", es del común saber que el pueblo terrenal de Israel traza su origen a doce patriarcas, hijos de Jacob, también llamado Israel, y que aquel pueblo se componía de doce tribus. Pues entonces, las “doce estrellas” de la corona simbolizan, muy apropiadamente, a los doce patriarcas, o bien a las doce tribus.

B.  Por razones fuertes que exponemos a continuación, decididamente, la "mujer vestida del sol" no es María, la madre terrenal de Jesús.

1.  Primera razón. La “huída” de la “mujer vestida del sol” difiere sustancialmente de la huida de María a Egipto.

a)  Diferencia de destinos. María y José huyeron, con el niño Jesús, de Belén a Egipto, antiguo país muy desarrollado, con gran número de habitantes (Mateo 2:13-15). En cambio, la "mujer vestida del sol" huye “al desierto.

b)  Diferencia de tiempo. María y José huyen, con el niño Jesús, de Belén para Egipto pocos días después del nacimiento del niño (Mateo 2:13-15). En cambio, la "mujer vestida del sol" huye al desierto después de la ascensión y coronación de su hijo. Tómese nota, por favor, estimado lector, de esta distinción clave. Está claro que la huida de María, según Mateo 2, no es la misma huída de la "mujer vestida del sol", según Apocalipsis 12. Definitivamente, ¡las dos huidas no son la misma! La primera ocurre, recalcamos, poco después del nacimiento de Jesús; la segunda acontece después de su exaltación.

(1)  Referente a la huída de la “mujer vestida del sol”, consideremos la secuencia de eventos según Apocalipsis 12:5-6.

-La "mujer vestida del sol" da a luz un hijo varón (Cristo).

-El hijo (Cristo) es "arrebatado para Dios y su trono", es decir, Cristo asciende y es coronado Rey del Reino espiritual.

-Entonces, la "mujer vestida del sol" huye al desierto, DESPUÉS de la ascensión y coronación de su hijo, y no antes.

(2)  ¿Dónde se encuentra María después de la exaltación de Cristo? No en el desierto, por cierto, sino en Jerusalén, entre los discípulos (aproximadamente ciento veinte) quienes aguardaban el cumplimiento de la promesa sobre el Espíritu Santo (Hechos 1:10-14). Lejos de haberse huido y escondido, ella se encontraba con los discípulos de Jesucristo. No estaba en el desierto, ni física ni figurativamente, sino que se hallaba en Jerusalén.

(3)  La "mujer vestida del sol" que huye al desierto es sustentada por "mil doscientos sesenta días"(Apocalipsis 12:6, 14). Esto significa que después de la exaltación de su hijo ella continúa largo tiempo en el escenario, tanto espiritual como terrenal, del mundo. Por otro lado, María desaparece del escenario histórico después de la última mención de ella entre los discípulos en los días previos a Pentecostés (Hechos 1:14). Se deduce que las dos mujeres no son la misma. En definitiva, la "mujer vestida del sol" no es María.

(a)  Tarde o temprano, la mujer María que concibió “del Espíritu Santo” (Mateo 1:18) al varón que sería el Salvador del mundo, sufre el destino de todos los seres humanos: muere físicamente y es sepultada. Muy distinto es el desenlace de la existencia de la "mujer vestida del sol", pues esta huye al "lugar preparado por Dios... donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis 12:6, 14). Ella no muere enseguida, ni por largos días (años proféticos). Su vida física no acaba después de unos cincuenta, sesenta, setenta años en la tierra.

(b)  De haber muerto aquella María "en el Señor" (Apocalipsis 14:13), es decir, de haber perseverado en la fe hasta la muerte de su cuerpo físico, su espíritu no fue directamente al cielo sino al Paraíso (Lucas 16:19-31), donde aguarda la resurrección del su cuerpo transformado en “cuerpo espiritual”, poderoso, glorioso e inmortal (1 Corintios 15:42-58). En cambio, la "mujer vestida del sol" permanece en la tierra donde es sustentada por “mil doscientos sesenta días”. Definitivamente, la "mujer vestida del sol" no es María.

(c)  En cuanto a María, la madre terrenal de Jesucristo, el dogma de la "concepción inmaculada", al igual que el que proclama su alegada ascensión y glorificación a la diestra de Dios, existen pruebas contundentes para catalogarlos entre las “doctrinas” que invalidan verdades divinas (Mateo 15:5-9), o como “fábulas artificiosas” (2 Pedro 1:16) que apartan “de la verdad” (2 Timoteo 4:3-4), pues carecen totalmente de apoyo inspirado. De cierto, fueron concebidos y promulgados siglos después del tiempo apostólico, hecho que cualquier estudioso serio puede comprobar sin pasar mucho trabajo en la tarea.

(4)  La secuencia de los eventos relacionados con la "gran batalla en el cielo"(Apocalipsis 12:7) nos proporciona más evidencia para sostener que la "mujer vestida del sol" huyó al desierto después de la coronación de su hijo. Referida secuencia es como sigue:

(a)  Luchan Miguel y sus ángeles contra Satanás y sus ángeles.

(b)  Satanás es lanzado fuera del cielo.

(c)  "Una gran voz en el cielo" proclama el triunfo de Cristo y el establecimiento de su Reino.

(d)  Arrojado a la tierra, Satanás persigue a la "mujer vestida del sol".

(e)  La "mujer vestida del sol" huye al desierto después de la victoria de Cristo y la derrota de Satanás. No huye antes de la victoria sino después. Quiere decir que la "mujer vestida del sol" huye al desierto después de la crucifixión y resurrección de Cristo.

(5)  He aquí todavía otra evidencia sólida. La "mujer vestida del sol" fue perseguida después de la exaltación de su hijo. "Cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón" (Apocalipsis 12:13). No existe evidencia alguna de que la mujer judía María fuese escogida por Satanás como blanco particular de su "gran ira".

(a)  ¿Fue perseguida la mujer judía María durante la vida de Jesucristo en la tierra? ¿Fue perseguida después de la exaltación de su Hijo a la diestra de Dios? No existe ninguna evidencia al respecto.

(b)  De todos modos, ¿con qué razón levantar Satanás una persecución contra la mujer judía María en particular? Al fin y al cabo, ella no fue dotada de grandes poderes divinos que la capacitaran para hacer sanar a leprosos, caminar encima del agua, calmar tempestades, alimentar a miles con unos pocos panes y peces, echar fuera demonios, arrebatar al diablo las llaves de la muerte y del Hades o arrojar al “gran dragón” a la tierra. Pese a la teología católica romana, ni antes ni después del nacimiento de Cristo era María la "Madre de Dios", más sublime y más poderosa que el Hijo. Desde Mateo hasta Apocalipsis, las Sagradas Escrituras inspiradas enseñan que Cristo es quien tiene "toda potestad en los cielos y en la tierra" (Mateo 28:18),y absoluto poder sobre toda cosa y todo ser (Efesios 1:20-23), exceptuándose solo a Dios el Padre (1 Corintios 15:27). Jamás se intima siquiera que a María se le concediese semejante potestad.

2.  La "mujer vestida del sol" tiene una "descendencia" espiritual (Apocalipsis 12:17). Pero, la mujer María no tiene ninguna descendencia espiritual aprobada por Dios.

a)  La iglesia verdadera, en contra distinción a las iglesias apóstatas, es la única "descendencia" espiritual legítima de la "mujer vestida del sol", o sea, del pueblo terrenal de Israel.

b)  La iglesia auténtica de Jesucristo no es, en absoluto, la descendencia espiritual de la mujer judía María. Que la Deidad confiera a María ser "madre de la iglesia", o que la reconociera como "Madre de Dios", son ideas absolutamente ajenas a la “doctrina de Cristo” revelada perfectamente en el Nuevo Testamento.

c)  ¿Quién concibió la idea de venerar a María? Ciertamente, no la concibió la misma María; tampoco Cristo o los apóstoles. Más bien, se germinó la idea en mentes doctrinalmente confusas y pervertidas de creyentes del Siglo II mentes que no se sometían al evangelio puro apostólico sino que seguían “fábulas artificiosas” (2 Pedro 1:16), particularmente las que giraban en torno a una “diosa madre” del universo. Originando y fomentando la gran apostasía predicha por el Espíritu Santo (2 Tesalonicenses 2; 1 Timoteo 4:1-5), estas almas desorientadas y supersticiosas constituían la descendencia corrupta de la falsa religión. Aquel cristianismo corrupto, unido en fornicación espiritual al judaísmo y al paganismo, trajo al mundo una descendencia inmunda, indeseable y aun abominable ante Dios. Recalcamos: la santa mujer María que sirvió como instrumento para la encarnación del Cristo no cuenta con una descendencia espiritual. Quienes se identifican como “hijas de María”, o “mariólogos”, no son descendencia de aquella mujer judía humilde y buena sino de una “diosa madre” creada por apóstatas que existe solo en la imaginación.

3.  Observaciones adicionales sobre la identidad de la "mujer vestida del sol".

a)  Algunos pintores fieles a la tradición católica romana han elaborado cuadros donde representan a María vestida del sol, con una corona de doce estrellas y la luna debajo de sus pies. Los católicos romanos ensalzan y adoran a esta “María” como la "Reina del cielo". Curiosa e instructivamente, la humilde mujer judía María nunca pretendía que la ensalzaran o adoraran. Ni tampoco existe en toda la Biblia la más mínima intimación al efecto de que la coronaran Jesucristo, los apóstoles o la iglesia del Siglo I con una corona cuyas doce estrellas representaran a los doce patriarcas o las doce tribus de Israel, o muchos menos a los doce apóstoles, como si tuviera ella potestad sobre la nación de Israel o fuese señora y dueña de ella, o de la iglesia. La realidad incontrovertible es que tanto las representaciones artísticas de María por católicos romanos como sus dogmas acerca de ella carecen de validez bíblica y aun de sentido común, pues, definitivamente, la "mujer vestida del sol" no es María sino Israel, según el cuadro auténtico pintado en Apocalipsis 12.

b)  Aclaración importante. El Señor sabe que no es nuestro deseo desprestigiar de modo alguno a la casta y santa mujer judía llamada María, la que halló “gracia delante de Dios” (Lucas 1:30), siendo escogida por él como vaso terrenal para la introducción de su “Primogénito en el mundo”. Al contrario, el que escribe se encuentra entre sus admiradores; entre los que le dicen “bienaventurada” (Lucas 1:48). Pero, no me encuentro entre sus “adoradores”; entre los que le atribuyen virtudes, poderes, títulos o puestos nunca reclamados por ella o por persona inspirada alguna.

C.  La "mujer vestida del sol" no es la iglesia.

1.  La "mujer vestida del sol... dio a luz un hijo varón", Cristo.

a)  Cristo vino al mundo por medio del pueblo de Israel.

b)  Cristo no vino al mundo por medio de la iglesia. La iglesia ni siquiera había sido establecida cuando Cristo se encarnó. Juan el Bautista no la estableció. Tampoco la estableció Jesucristo durante su ministerio terrenal. Al contrario, usó un verbo de tiempo futuro cuando prometió: "Edificaré mi iglesia" (Mateo 16:16). “Edificaré”, tiempo futuro, claramente dando a entender que aún no había sido edificada la iglesia. De hecho, la edificaría en el día de Pentecostés, cincuenta días después de su resurrección y diez días después de su ascensión (Hechos 2).

c)  Por lo tanto, esta mujer por medio de la cual Cristo se introduce en el mundo ¡no puede ser la iglesia! Reiteramos: la “mujer vestida del sol” es el pueblo terrenal de Israel.

2.  La "mujer vestida del sol" huye al desierto después de la exaltación del Hijo.

a)  Pero, la iglesia por Cristo edificada no huye al desierto después de la exaltación del Hijo. No huye ni material ni simbólicamente. Todo lo opuesto acontece: la iglesia recibe la “Gran Comisión”, la que dice “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15), encomienda que comienza a cumplir  denodadamente después de la exaltación de Cristo. No se esconde; no huye. Al contrario, no solo los apóstoles y evangelistas sino también los demás feligreses de la iglesia se lanzan a predicar valientemente el evangelio en casas y plazas, comenzando en Jerusalén, luego en Judea y Samaria, entonces hasta los cuatro confines de la tierra (Hechos 1:8; 5:42; 8:4). El libro de Hechos de Apóstoles relata la historia de la marcha evangelística de la iglesia por muchas tierras del Siglo I.

b)  Entendidos estos hechos históricos, ¿con qué lógica plantear que la "mujer vestida del sol" sea la iglesia edificada por Jesucristo?

3.  El "resto de la descendencia" de la mujer es la iglesia edificada por Cristo.

a)  Afirmar que la mujer de la cual sale la descendencia sea también esa misma descendencia no tiene sentido alguno. Los dos conceptos son mutuamente incompatibles; mutuamente excluyentes.

b)  Una entidad particular es la de la cual sale la descendencia; otra entidad diferente es la descendencia misma. Esta afirmación es axiomática. La “mujer vestida del sol” es la primera “entidad”, siendo su “descendencia” la segunda entidad. De nuevo, afirmamos: la “mujer vestida del sol” es el pueblo terrenal de Israel, y la auténtica iglesia del Señor es su “descendencia”, el “Israel de Dios”, o sea, el “Israel” espiritual.

c)  Expresando lo mismo de otra manera en el empeño de lograr máxima claridad, la “mujer vestida del sol” y el "resto de la descendencia" no son una misma cosa. La descendencia es la iglesia. Por lo tanto, la mujer de la cual sale la descendencia no puede ser la iglesia. La mujer no representa a la iglesia sino a una entidad distinta, a saber, al pueblo terrenal de Israel.

4.  Consideraciones adicionales.

a)  Durante la Era Mosaica, Israel era "sol y luna" para las naciones en derredor suyo. Durante la Era Cristiana, la iglesia verdadera del Señor es "sol y luna" para el mundo perdido. Obviamente, estas figuras metafóricas “sol” y “luna” se prestan como descripciones retóricas tanto para la iglesia como para el pueblo terrenal de Israel. Pero, aplicar estas metáforas de “sol” y “luna” a la iglesia no constituiría prueba irrefutable, de modo alguno, al efecto de que la iglesia misma sea la entidad representada por la “mujer vestida del sol”. Ciertamente, ella no simboliza a la iglesia, hecho sostenido por todo lo ya traído.

b)  En términos literales, Israel "según la carne"(el pueblo nacional de Israel) no se transmutó automáticamente en “iglesia” cuando vino el "poder" en el día de Pentecostés y fue establecida la iglesia de Cristo. O sea, el pueblo de Israel no experimentó de pronto una metamorfosis espiritual, cambiándose en su totalidad de pueblo terrenal escogido a pueblo espiritual escogido, pasando en su totalidad a formar la iglesia. En Pentecostés del año 30 d. C., solo los israelitas que se arrepintieron y fueron bautizados “para perdón de los pecados” fueron añadidos a la iglesia (Hechos 2:37-47). Ahora bien, ¡tampoco se transforma la "mujer vestida del sol" en su propia descendencia, es decir, en la iglesia! Ella no experimenta ninguna metamorfosis. Ella no cambia de identidad ni de naturaleza. Siempre es la nación terrenal de Israel.

(1)  Antes de la exaltación de su Hijo, ella es Israel "según la carne".

(2)  Después de la exaltación de su Hijo, cuando ella huye al desierto, sigue siendo Israel "según la carne". Ya no es el pueblo elegido y su vestido no brilla como el sol. Más sin embargo, sigue conservando su identidad física como el pueblo terrenal de Israel.

(3)  Durante la Era Cristiana, en el plano espiritual, "ya no hay judío ni griego"(Gálatas 3:28). Sin embargo, en el plano material, Israel sigue siendo Israel, o sea, sigue siendo el pueblo de Israel “según la carne”. Ya no es el pueblo electo, pero sigue siendo una raza particular en la tierra, la raza de los judíos.

II.  La condición de la "mujer vestida del sol" después de la exaltación de su hijo es, según nuestros estudios y análisis, la condición del pueblo terrenal de Israel después de exaltado el Señor a su trono en el cielo. Expresando de otra forma esta interpretación, diríamos que las acciones y circunstancias de la “mujer vestida del sol” después de la ascensión y glorificación de Jesucristo enseñan, efectiva y fielmente, lo que les pasa a los judíos que no confiesan que Cristo es el Mesías a lo largo de gran parte de la Era Cristiana, hasta el tiempo cuando "haya entrado la plenitud de los gentiles" (Romanos 11:25). Apocalipsis contiene muchas profecías sobre el futuro de la iglesia fundada por Jesucristo; también sobre la gran "iglesia madre" apóstata y sus hijas (“La madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” Apocalipsis 17:5), y además, sobre varios reinos terrenales representados por las dos bestias y los diez cuernos. ¿Ha de considerarse, pues, cosa extraña que también se presenten en el libro algunas profecías en torno a lo que le pasaría a Israel, en su calidad de pueblo terrenal, durante la Era Cristiana? Más extraño sería que no hubiese tales profecías. Analicemos las reveladas.

A.  La "mujer vestida del sol" es perseguida. "Cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón" (Apocalipsis 12:13). De acuerdo con esta visión apocalíptica, la porción de la nación de Israel que rehúsa reconocer a Cristo como el Mesías sería perseguida durante el tiempo subsiguiente al día de Pentecostés del año 30 d. C., cuando el Señor se sentó sobre su trono en el cielo. Al estudiar la “gran batalla en el cielo” en la “Parte 2” de este Capítulo Cinco, quedará establecido que Satanás fue arrojado del cielo cuando Cristo tomó su trono y comenzó a ejercer la “autoridad” que su Padre le otorgó (Apocalipsis 12:10; Mateo 28:18-20). Así que, si bien la iglesia fundada por el Señor sufriría persecuciones, no se eximirían de semejante destino los judíos incrédulos. La historia de los judíos no convertidos a Cristo durante la Era Cristiana confirma ampliamente el cumplimiento de esta profecía. A continuación, algunas evidencias.

1.  En el año 40 d. C., el emperador Calígula ordenó que una estatua de él fuese colocada en el templo en Jerusalén. Agripa el Primero intercedió en Roma por los judíos evitándose así un desenlace grave de la crisis aguda que provocó la orden de Calígula (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog, VI, 54).

2.  "La situación de los judíos se volvió más difícil bajo Félix y Festo, todavía más dura bajo Albinio y desembocó en una rebelión durante la gobernación de Gésio Floro. Los zelotes se adueñaron del templo y fortificaron su posición allí" (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog, VI, 54).

3.  En el tiempo de la obra evangelística del apóstol Pablo, el emperador Claudio mandó "que todos los judíos saliesen de Roma" (Hechos 18:2).

4.  Respondiendo a los ataques de los rebeldes judíos, los generales romanos Flavio Vespasiano y Tito, padre e hijo, conquistan Palestina y Jerusalén en los años de 67 a 70 d. C. Según el historiador Flavio Josefo, un millón, ciento noventa y siete mil (1,197,000) judíos fueron muertos en la guerra y noventa y tres mil fueron vendidos en esclavitud. Para aquellos tiempos, hubo aproximadamente siete millones (7,000,000) de judíos en el Imperio Romano, o sea, los judíos constituían aproximadamente el 7% de la población del Imperio (La historia de la civilización, Tomo III, César y Cristo,  546, Will Durant).

5.  "Desde la caída de Jerusalén, la nación judía perdió lo que quedaba de su independencia y el control total de su destino político volviéndose dependiente de las gentes entre las cuales vivía" (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog , VI, 55).

6.  Cincuenta años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., un judío llamado Simón bar-Kojba se proclamó el Mesías y reunió a centenares de miles de los judíos dispersados con el propósito de pelear contra Roma y reconquistar la "tierra prometida". Durante los tres años que duró aquella guerra (132 - 135 d. C.), Roma castigó severamente aquella sublevación, matando a quinientos ochenta mil (580,000) varones judíos. Se suma a esta cifra un número aún mayor de judíos hombres, mujeres y niños- que murieron a consecuencia de hambrunas, pestilencias y fuego (La nueva enciclopedia Schaff-Herzog , VI, 55).

 

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Datos adicionales sobre la Guerra Judío-Romana de los años 132 - 135 d. C.

-Los datos siguientes sobre aquella Guerra Judea-Romana se encuentran en el libro “Following Hadrian” –“Siguiendo a Adriano”, por Elizabeth Speller, Oxford University Press, 2003. Páginas 190 207.

(1)  Adriano, emperador de Roma desde el año 117 hasta el 138 d. C., pasó por Judea, rumbo a Egipto, en el año 130 d. C. Determinó reconstruir la ciudad de Jerusalén, destruida en la guerra del 67 al 70. No planificó una nueva ciudad que complaciera a los judíos sino una ciudad totalmente pagana, a llamarse Aelia Capitolina, la que se poblaría con soldados romanos. Los judíos fueron excluidos, permitiéndose su entrada una sola vez al año. Sobre el fundamento del templo judío destruido en el año 70 d. C. se construyó un templo nuevo al dios Júpiter. La cresta de una de las legiones romanas que ocupaban la nueva ciudad desplegaba la imagen de un jabalí (cerdo macho salvaje), animal inmundo para los judíos, y esta imagen fue tallada en las puertas principales de la ciudad. Todas estas acciones enfurecieron a los judíos quienes tramaron atacar de nuevo al odiado enemigo Roma.

(2)  El carismático judío rebelde llamado Simón bar-Kojba, nombre cuyo significado es “hijo de la estrella”, se valió de estas circunstancias para unir fuerzas contra Roma, contando con 400,000 guerreros para tarde en el año 130. Estalló la guerra en el 132.

(3)  Al principio, los romanos pensaban poder poner fin pronto a la rebelión con las fuerzas militares ya desplazadas en Judea, pero los fanáticos guerreros judíos estaban bien organizados y equipados, aumentándose alarmantemente las bajas infligidas sobre el ejército romano. Aprovechándose de los quebrantados y difíciles terrenos de su país –valles, montañas, cuevas naturales, más un sistema de cuevas excavadas e interconectadas- los judíos, formando bandas, lucharon como guerrillas, tipo de guerra para el cual el temido ejército romano no estaba adiestrado. Para reforzar a las dos legiones romanas bajo el mando de Tineius Rufus, marchó a Judea la Legión II Galaica de Siria y La XXII Deitoriana de Egipto. Pese a la integración de estas legiones romanas adicionales a la guerra, los judíos liberaron una parte de su país, confiscando posesiones imperiales y redistribuyéndolas entre los campesinos de su pueblo. Hasta acuñaron su propio dinero. Tan crítica se volvió la situación para Roma que el gobierno comenzó a reclutar nuevos soldados en Italia, también obligando a marinos a salir de sus barcos y apoyar al acosado ejército. En el 133, Adriano ordenó a Julius Severus, gobernador de Bretaña (Inglaterra), a marchar con sus soldados a Judea, poniéndolo al mando de las legiones en Judea, maniobra que tomó meses, pues Severus debía atravesar toda Europa y parte del Cercano Oriente, o sea, miles de kilómetros, para llegar a Judea. A pesar de estas medidas, los judíos aniquilaron, de acuerdo con ciertas evidencias, toda una legión romana, la XXII Deitoriana, compuesta de 5,000 soldados.

(4)  En el año 134, el propio emperador Adriano, en el rol de general, regresó a Judea, para inspirar y guiar a su ejército. Durante la guerra, ambos contrincantes, tanto judíos como romanos, cometieron atrocidades. Se creía que las tropas romanas envolvieran a niños judíos en pergaminos del Torra (voluminosos escritos sagrados de los judíos), quemándolos vivos. Proscribiendo Adriano la sepultura de judíos muertos, la putrefacción de miles de cuerpos llenó de terribles pestes los campos de batalla. Para tarde en el 134, Roma comenzaba a dominar a los judíos. En esta etapa de la guerra algunos judíos, decepcionados y contemplando la extinción de su raza, pusieron a su líder Simón bar-Kojba el nombre “bar-Koziba”, el cual significa “hijo de desilusión”. El centro de comando de este caudillo militar fue capturado en julio del 135, el mismo mes del año, según la tradición judía, cuando el templo en Jerusalén fue destruido en el año 70 d. C.

(5)  Al fin, Roma ganó la guerra, pero no sin antes haber perdido credibilidad, estima y confianza debido al número muy elevado de bajas en sus fuerzas militares. En cuanto a los judíos, 580,000 hombres murieron peleando. Entre los varones no militantes, mujeres y niños, era incalculable el número de los que murieron a resultado de acciones bélicas, pestilencias y hambre. Judea fue devastada. Cincuenta campamentos principales y novecientas aldeas grandes fueron arrasados, y centenares de miles de judíos fueron muertos o vendidos como esclavos. En los mercados de Gasa y Hebrón, esclavos judíos fueron vendidos por el precio de un caballo. A todo judío se le denegó acceso al lugar donde existía su antiguo templo, y fue prohibida la enseñanza de la religión judía.

 

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7.  Después de tan terrible derrota, "el judaísmo se escondió atemorizado en oscuridad, en tanto que su cría, el cristianismo, salió a conquistar al mundo" (La historia de la civilización, Tomo III. César y Cristo. Página 549. Will Durant).

8.  Durante la Edad Media, los judíos fueron perseguidos una y otra vez en muchos países distintos por los gobiernos "cristianos" bajo el dominio de la poderosa iglesia madre apóstata, la cual militaba con armas carnales. También por la jerarquía misma de aquella Iglesia Católica Romana, valiéndose los prelados de la maquinaria eclesiástica llamada la "Santa Inquisición". En el Capítulo Ocho de este Análisis, Sección II, se encuentra información muy breve sobre las acciones de la inquisición española contra los judíos.

9.  En el Siglo XX, el dictador alemán Adolfo Hitler y sus secuaces intentaron exterminar a los judíos, torturando y matando bárbaramente a más de seis millones.

10.  También en el Siglo XX, el gobierno ateo de la Unión Soviética de Estados Socialistas, bajo el dictador José Stalin, inició y sostuvo por décadas los terribles "pogromos". Su meta era la exterminación de todos los enemigos del estado. Los infortunados judíos fueron clasificados entre los "enemigos del estado", muriendo millones en cárceles, campos de concentración, etcétera.

11.  Desde el establecimiento del nuevo estado de Israel en el año 1949 d. C. hasta el presente (primera mitad del Siglo XXI), los palestinos, sirios, libaneses, egipcios, iraquíes, iraníes y demás pueblos árabes, movidos por odio fanático, se empeñan en destruir a los judíos.

B.  La "mujer vestida del sol" huye al desierto. "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días" (Apocalipsis 12:6). "Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo" (Apocalipsis 12:14). Según esta profecía, llegaría el día durante la Era Cristiana cuando los judíos huirían de la presencia de su feroz perseguidor persistente, el “gran dragón escarlata” (el Imperio Romano), encontrando un refugio preparado providencialmente por Dios mismo. La historia del pueblo judío durante la Era Cristiana demuestra ampliamente el cumplimiento de esta profecía.

1.  Repetimos la observación del renombrado historiador Will Durant sobre lo que hicieron los judíos después de la derrota aplastante sufrida en el año 135 después de Cristo: "El judaísmo se escondió atemorizado en obscuridad, en tanto que su cría el cristianismo salió a conquistar al mundo". Se desconoce si el Sr. Durant tuviera conocimiento de la profecía apocalíptica sobre los judíos, pero lo cierto es que su testimonio nos enseña que la profecía fue cumplida al pie de la letra: ¡Israel huyó! Los judíos se escondieron del poderío romano. ¡Ya no buscaban confrontaciones abiertas con el "gran dragón escarlata"! En cambio, la iglesia de Cristo no huyó sino que "salió a conquistar al mundo".

2.  “Y la mujer huyó al desierto...” Quizá represente el "desierto" de la profecíalos lugares inhóspitos, de pocos habitantes o de poca importancia política donde el "gran dragón escarlata", con sus “siete cabezas y diez cuernos” (reinos bajo su dominio) no continuara persiguiendo con tanta tenacidad a "la mujer". Por "desierto" entendemos: los lugares aislados o en la periferia de la influencia romana, los pueblos chiquitos, las barriadas del vulgo, las naciones que no estaban bajo el dominio de Roma. Comoquiera que interpretemos “desierto”, la historia enseña que los judíos fueron esparcidos entre las naciones de aquellos tiempos, donde lograron, casi milagrosamente, conservar su raza, lengua, cultura y, sobre todo, su religión.

3.  "…donde tiene lugar preparado por Dios…"

a)  Por "lugar" entendemos que cualquier lugar y todos los lugares donde los judíos lograran preservar su raza.

b)  "…preparado por Dios…" El Todopoderoso mismo interviene providencialmente para preservar a los judíos como pueblo, preparándoles “lugar” donde refugiarse. ¿Qué medidas tomaría Dios en la preparación de un “lugar” de refugio para Israel? No se nos revelan detalles al respecto en la visión de Apocalipsis. Especulamos que quizá ablandase los corazones de las personas que habitaban los lugares adonde huyeron los judíos, influyendo en ellas de tal manera que recibieran y protegieran a los judíos tan duramente acosados. O que guiara providencialmente a los judíos mismos a lugares seguros donde pudieran esconderse del “gran dragón escarlata” y recuperarse poco a poco de las tragedias catastróficas que habían traído sobre sus propias cabezas.

4.  Volvemos a señalar que si fuéramos a aplicar estas profecías sobre la “mujer vestida del sol” a la iglesia de Jesucristo en vez de al pueblo terrenal de Israel, no habría concordancia entre ellas y las profecías pronunciadas específicamente para la iglesia, ni tampoco con la Gran Comisión dada a la iglesia o con el desenvolvimiento de la iglesia verdadera del Señor a través de los siglos de la Era Cristiana, hasta el presente.

a)  Por ejemplo, la iglesia de Cristo no huyó, escondiéndose, cuando tanto judíos incrédulos como romanos levantaron persecuciones duras contra ella. Desde poco después de su fundación, ella fue perseguida una y otra vez, pero se reponía, siguiendo en pie de lucha. Ahora bien, qué quede claro: a diferencia de los judíos que no se convirtieron a Cristo, la iglesia leal a su Salvador jamás se enfrascaba en batalla carnal con sus enemigos. “Pues, aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:3-5).

b)  En definitiva, la iglesia no se escondió en "el desierto". Sucede justamente lo contrario: llevaba el evangelio a los lugares más poblados e importantes, aun a palacios y cortes de gobernadores, procónsules, príncipes, reyes y del mismo emperador romano. También a lugares remotos. El "lugar" para la iglesia es "todo el mundo", según la Gran Comisión: "Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15). Aun en tiempos de persecución, la iglesia ha de seguir proclamando el evangelio. Esta verdad el apóstol Pablo la resalta al escribir al evangelista Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…" (2 Timoteo 4:1-2). Así pues, jamás deberían la iglesia de Cristo, sus predicadores y maestros esconderse en "el desierto". Pero, la “mujer” de la visión de Apocalipsis 12 huye sí al desierto, y se calla.

c)  Conforme a ciertas profecías reveladas específicamente para la iglesia, el gran peligro para ella no lo sería la oposición de gobernantes o ejércitos de las naciones terrenales, ni siquiera el martirio por la causa del Señor, sino el mortífero cáncer de la apostasía (2 Tesalonicenses 2). He aquí otra consideración que nos lleva a afirmar que la mujer que huye al desierto, al lugar preparado por Dios, no es la iglesia fundada por Jesucristo. La iglesia verdadera no se amedrenta ante los poderosos seculares o religiosos que la amenazaran materialmente. En cambio, la “mujer” que hace el rol principal en el drama de Apocalipsis 12, huye sí del “gran dragón escarlata”, símbolo espantoso de reinos seculares, idolátricos y perseguidores.

5.  Dando por establecido que la "mujer" que huye al desierto es la nación terrenal descreída de Israel, cabe preguntar por qué a Dios le interesaría preservar como raza, o nación, a los millones de judíos que no reciben a su Hijo como el Mesías prometido. ¿No repudió la gran mayoría de los judíos a Jesucristo como el Mesías prometido? ¿No consintieron las masas judías incrédulas a la crucifixión del Señor? Asimismo sucedió. Mas sin embargo, las mismas multitudes de judíos culpables de tan enormes pecados seguían, no obstante su rechazo a Cristo, creyendo firmemente, aun fanáticamente, en el "único Dios verdadero", en Jehová el Creador. Seguían confesando su nombre, adorándolo conforme a las directrices de la ley mosaica. Y siguen haciéndolo hasta el sol de hoy, aunque cohibidos en gran medida por no contar con un templo en Jerusalén, con muebles y utensilios sagrados necesarios para los ritos ordenados en el pacto de Sinaí, etcétera. Aun estando en el "desierto", se aferran fuertemente al nombre de Jehová, considerándose el único pueblo electo de él. Sin embargo, lastimosamente, siguen rechazando a Jesús de Nazaret, denegando tenazmente que él sea el Mesías profetizado en sus Escrituras. Ya que “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1 Juan 2:23), los judíos que no siguen al Hijo Jesucristo tampoco cuentan con el sello de Dios. Pese a esta triste condición, el Padre ama a los judíos, deseando su completa restauración espiritual. Material no, sino espiritual. Consideremos:

a)  A pesar de su incredulidad, los judíos "en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres (Romanos 11:28). ¿Por qué “amados”? La respuesta dice: “…por causa de los padres”, es decir, los patriarcas, o quizá, por extensión, todos los antepasados de los israelitas que hacían la voluntad de Dios. ¿Qué enseñanza quiere comunicarnos el Espíritu de Dios mediante estas expresiones? ¿Acaso impliquen que Dios pase por alto la incredulidad de los judíos que no reciben a su Hijo como el Mesías, ni siquiera inculcándoles pecado alguno?

(1)  Aparentemente, confrontamos un enigma. Tal vez la solución estribe, aunque solo en parte, en el hecho de que Jehová Dios pudo lograr mediante la nación de Israel su propósito de asegurar que no todos los hombres en la tierra se olvidaran de su nombre. Además, a través del pueblo terrenal de Israel el Señor omnipotente consiguió la realización de su plan de introducir a su “Primogénito en el mundo" con el propósito sublime de proporcionar a todos los seres humanos un medio eficaz de reconciliación y salvación. Efectivamente, se valió del pueblo de Israel para magníficos fines de alcance global, principalmente la reconciliación espiritual de toda la humanidad. De muchas maneras y en muchos lugares y ocasiones, Dios mismo manifestó su existencia al mundo, usando como medio su pueblo electo Israel. Este pueblo era barro en sus manos, y él, su alfarero. Obligó al pueblo a doblegarse a su voluntad, como el jinete gobierna al caballo con el freno y las riendas. Disciplinó al pueblo, aun castigándolo duramente repetidas veces. Preservó al pueblo en medio de guerras, desastres, destierros y  apostasías. Logró sus grandes y nobles propósitos en el pueblo. Amó al pueblo. Entonces, ¿por qué abandonarlo del todo? ¿Por qué dejarlo desaparecer de la faz de la tierra? ¿Por qué no preservarlo en el "desierto", esperanzado en su eventual arrepentimiento y restauración espiritual? Seguramente, no nos corresponde emitir juicios sobre las acciones de Dios. Sin embargo, el que escribe aplaude, en mente y alma, la decisión de Dios de preservar al pueblo judío. Pienso que es otra evidencia de su gran compasión, amor y misericordia para con los débiles seres humanos, en este caso, los judíos, llenos de prejuicios y cegados por falsas doctrinas y falsas esperanzas. "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!" (Romanos 11:33). Esta exclamación altamente emotiva aparece justamente en medio de la disertación del apóstol Pablo sobre la condición espiritual de los israelitas descreídos y los planes de Dios para ellos. “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” Nos solidarizamos con estos sentimientos conmovedores del apóstol. ¡Cuán difícil es para mi mente comprender tantas cosas ocurridas a través de los milenios pasados en los renglones de lo espiritual-moral-religioso, tanto en el planeta Tierra, como en las regiones celestiales, y no menos difícil, las que se proyectan para el futuro! Pero, sigo tratando, sin perder fe. Aun más: juntamente con el apóstol Pablo, me quedo estupefacto ante lo que también percibo como la “profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios”.

(2)  Así que, es un hecho tan obvio como innegable que el Soberano Dios logró, mediante Israel, los dos grandes propósitos señalados, cumpliéndose y haciéndose realidad los dos, a pesar de la obstinación, rebeldía e hipocresía de incontables integrantes del pueblo. Por tanto, ¿ha de considerarse cosa inconcebible que Dios siga amando al pueblo que le sirvió de instrumento para logros tan gloriosos y grandiosos? Pues, él sigue amándolo, pese a la incredulidad del pueblo judío respecto al Mesías. Su amor se manifiesta mediante su intervención providencial para conservarlo como pueblo entre los demás pueblos de la tierra. Desde luego, esto no significa que Dios salve eternamente a los judíos que permanezcan obstinadamente en incredulidad. Solo quiere decir que ellos aún tienen, por la misericordia de él, la oportunidad de reconocer a Jesucristo como el Mesías prometido y obedecer sus mandamientos para alcanzar el perdón de pecados y la salvación de sus almas.

(3)  Escrutemos la enseñanza y el contexto de Romanos 11:29. Dice: "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios." Precisamente, el contexto es el del destino de los judíos y de su posible restauración espiritual. Esto se evidencia si leemos los versículos del 29 al 36. No se trata de los dones sobrenaturales dados a la iglesia del Siglo I, ni del llamamiento hecho por medio de la iglesia, sino de los dones dados a Israel y del llamamiento que Dios hizo al pueblo de Israel.

(a)  Dios escogió al pueblo de Israel dotándolo de "dones" y llamándolo al cumplimiento de sus designios divinos.

(i)  Entre los dones figuran "la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas" (Romanos 9:4). Todos estos dones importantes y excelentes atañían específicamente a la nación terrenal de Israel.

(ii)  Ahora bien, se nos enseña que estos dones y el llamamiento son "irrevocables". Esto quiere decir que no le serán quitados a Israel; no le serán anulados. Los "dones" eran válidos durante el tiempo determinado por Jehová, a saber, desde Abraham hasta la muerte de Cristo en la cruz. Por otra parte, el llamamiento a formar parte de los elegidos del Señor sigue en pie hasta el presente, tanto para Israel como para los gentiles, y estará vigente hasta que acabe el tiempo de gracia para toda la humanidad.

(b)  Por cierto, Dios sigue llamando a Israel, no a que sea una nación terrenal con derechos exclusivos, sino que lo llama a arrepentirse de sus pecados y a recibir a Cristo como el verdadero Mesías y Salvador del mundo. Él quiere tener misericordia de Israel.

(i)  Pregunta el apóstol Pablo: "¿Ha desechado Dios a su pueblo?" Responde él mismo enfáticamente: "En ninguna manera"(Romanos 11:1).

(ii)  Refiriéndose a los judíos, Pablo explica que "aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia" (Romanos 11:5). El "remanente" de judíos que se salvaba en el tiempo de Pablo, se salvaba no por la ley mosaica, ni por ser israelitas "según la carne", sino que se salvaba "por gracia". Y esto quiere decir que se salvaba por medio de obedecer al evangelio, creyendo en Cristo, arrepintiéndose y bautizándose “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38; 22:16).

(iii)  En el tiempo presente (primera mitad del Siglo XXI), la persistente incredulidad de los judíos, gran número de los cuales aún sigue en el "desierto", se puede atribuir, por lo menos en parte, al rol que Israel debía desempeñar hace dos mil años a fin de que pudiera efectuarse el sacrificio de Cristo como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo. Una mayoría de los israelitas tenía que repudiar a Cristo, paso necesario que desembocó en el sacrificio expiatorio del Cordero en la cruz. Al pueblo le aconteció "endurecimiento en parte" (Romanos 11:25), condición, o circunstancia, crítica para la realización del plan de Dios en Cristo. A pesar de presenciar muchas señales milagrosas indubitables hechas por Cristo y los apóstoles, al igual que oír la predicación del evangelio por hombres inspirados, la mayoría de los israelitas del Siglo I no venció su incredulidad. No ablandaron sus corazones al oír el evangelio. Lo mismo le sucede a la gran mayoría de sus descendientes hasta el día de hoy. Dado el hecho de que una parte de Israel tenía que endurecerse para que se cumpliesen los designios de Dios en Cristo, ¿es de extrañarse que Dios quisiera preservar al pueblo, esperanzado en que tal vez muchos se arrepintieran de su incredulidad, deseoso él de tenerles misericordia y salvarles?

(c)  Dios aún desea la salvación de todo Israel. "Ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo" (Romanos 11:25).

(i)  Mediante la expresión “…y luego todo Israel será salvo” se profetiza, efectivamente, que antes del fin del mundo muchos judíos aceptarán a Cristo como el Mesías, salvándose de la ira venidera. Armoniza perfectamente con esta profecía la escena apocalíptica donde se sellan ciento cuarenta y cuatro mil “de todas las tribus de los hijos de Israel” (Apocalipsis 7:1-8), evento ya analizado en estos estudios.

(ii)  La profecía implícita de Romanos 11:25 nada tiene que ver con la restauración de Israel a su antiguo terruño en el Cercano Oriente. Tampoco proclama esta profecía la futura restauración o reedificación del templo en Jerusalén.

(iii)  Solo se trata, volvemos a recalcar, de la salvación espiritual de cuantos israelitas acepten a Cristo como el Mesías prometido, obedeciendo al evangelio puro para salvación de sus almas.

6.  "Se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto a su lugar."

a)  "…las alas de la gran águila…" simbolizan el poder de Dios para actuar con gran agilidad y fuerza irresistible.

b)  ¿Quién da a la mujer "…las alas de la gran águila"? Se sobreentiende que Dios mismo es quien se las da. Él es quien prepara para ella lugar en el “desierto”, y lógicamente, es quien le da las “alas de la gran águila”. Así que, Dios mismo interviene para que Israel no sea destruido del todo por el “gran dragón escarlata”. Contando con la intervención providencial de Dios, Israel podía alejarse rápido de la presencia de los gobernantes y de las legiones romanas utilizadas por Satanás en su empeño obstinado de hacer que los judíos desaparecieran para siempre de la faz de la tierra.

c)  No pocos historiadores y eruditos de esta Era Cristiana se maravillan por la preservación del pueblo de Israel a lo largo de los siglos, pese a severas represiones e intentos al genocidio. Disciernen en esta insólita sobrevivencia de un pueblo pequeño perseguido a la muerte, la mano providencial de un Poder superior que vela por la permanencia de los judíos en la tierra. Dada la fuerte intolerancia manifestada de mil maneras por infinidad de pueblos contra los judíos, sobrada razón hay para pensar que si Dios no hubiese intervenido, el pueblo terrenal de Israel hubiese quedado como Sodoma y Gomorra: ¡sin descendencia! (Romanos 9:29).

7.  "Para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días", lo cual es equivalente a "un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo".

a)  "…la sustenten…", es decir, que mantengan a los judíos con vida como pueblo.

(1)  ¿Quiénes la sustentarían? Quizá algunos de los ángeles que Dios ocupa para la realización de sus planes. En tal caso, los ángeles actuarían providencialmente, mediante las personas entre quienes vivieran los judíos, para la preservación de la raza judía. O tal vez se refiera directamente a personas, aun gobernantes, que simpatizaran con los judíos, que se solidarizaran con ellos, que tuvieran compasión de ellos, que les dieran albergue y protección.

(2)  Sustentados los israelitas en el  “desierto” de su vivencia. Esto no significa, necesariamente, que todo el pueblo judío gozaría perennemente de abundantes bendiciones materiales y de la protección incondicional de Dios. Solo significa, a nuestro entender, que Dios mantendría con vida al pueblo. De hecho, Israel ha sufrido indeciblemente durante gran parte de la Era Cristiana, siendo perseguido ferozmente en distintos lugares y en varias etapas de su historia. Aun así, sobrevive, se repone, y en no pocos casos, prospera, aun excepcionalmente.

b)  "…mil doscientos sesenta días."

(1)  Es decir, por el tiempo determinado por Dios, siendo simbólico el número “mil doscientos sesenta días”, y no literal.

(2)  Sustentados en el “desierto” quizá hasta el tiempo cuando "haya entrado la plenitud de los gentiles" y comience a convertirse a Cristo un número no pequeño de los judíos.

(3)  Conforme a la interpretación que estamos desarrollando, el período de los "mil doscientos sesenta días" para los judíos comenzó en el Siglo II de la Era Cristiana, continuando aun en el presente (primera mitad del Siglo XXI), ya que los judíos, al menos la gran mayoría de ellos, todavía resisten reconocer a Jesucristo como el Mesías. De haber acertado en esta interpretación, se deduce que los “mil doscientos sesenta días” para los judíos (Apocalipsis 12) no son concurrentes con los “mil doscientos sesenta días” cuando profetizan los dos testigos "vestidos de cilicio" (Apocalipsis 11), es decir, no cubren el mismo período de tiempo.

(a)  Los “mil doscientos sesenta días” durante los cuales son sustentados los judíos comienzan en el Siglo II.

(b)  Los “mil doscientos sesenta días” cuando los dos testigos profetizan "vestidos de cilicio" comienzan después del Milenio y terminan con la Segunda Venida de Cristo.

(c)  De hecho, los temas del Capítulo 11 de Apocalipsis, por un lado, y por el otro, los del Capítulo 12, son totalmente diferentes. Por lo tanto, no es cosa extraña que los dos periodos de “mil doscientos sesenta días”, cada uno, no cubran el mismo tiempo, o época, de la Era Cristiana. Datos importantes que corroboran esta conclusión se encuentran en el Capítulo Siete de este Análisis, Sección II, C, en el estudio sobre el "tiempo, y tiempos, y medio tiempo" de Daniel 7:25 cuando el "cuerno pequeño" persigue a la iglesia verdadera.

C.  El "gran dragón escarlata" persiste en su empeño infernal de destruir a la "mujer" que huye al desierto. "Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca" (Apocalipsis 12:15-16).

1.  "…agua como un río…" Quizá se trate metafóricamente de las medidas severas que tomó el Imperio Romano después de las guerras contra Israel para privar a los judíos de todo vestigio de su nacionalidad y hacer que se mezclaran con las demás razas, perdiendo su propia identidad como raza particular, y por ende, su orgullo como pueblo. El "gran dragón" quería "arrastrar" a los judíos hasta "ahogar" en el "río" de las persecuciones y represalias el nacionalismo fiero de aquel pueblo rebelde. Enfurecido por los golpes duros asestados por los judíos, ardía con vengarse, decidido a exterminar a Israel como pueblo.

2.  Pero el "gran dragón escarlata" no logró destruir del todo a los judíos, pues "…la tierra abrió su boca y tragó el río".

a)  La "tierra" misma, o sea, el planeta Tierra, es ancha y grande, proporcionando, especialmente en aquel tiempo antiguo, muchos escondites y refugios más allá del alcance del "gran dragón escarlata". Desde luego, el “dragón” de aquel entonces no contaba con redes de comunicación electrónica rapidísima o satélites que le facilitaran rastrear los movimientos de los israelitas.

b)  Además, aun en la vasta "tierra" bajo el dominio del Imperio Romano, había, se supone, muchos súbditos, aparte de los judíos, que no simpatizaran con aquel Imperio. Resentidos y reaccionarios, estaban predispuestos –así pensamos- a dar albergue a los judíos perseguidos. Las amenazas del “gran dragón escarlata” no los asustaban demasiado. Al contrario, entre ellos sus amenazas se volvían como "agua que traga la tierra".

3.  La ira del dragón contra la "mujer" no mengua. "Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer" (Apocalipsis 12:17).

a)  Ya estaba airado al punto de querer ahogar a la "mujer" (a los judíos). Su ira se inflama aún más cuando se ve frustrado en su propósito de exterminar a la raza judía.

b)  ¿Por qué provocan los judíos tan grande ira? Después de todo, ellos ya no eran, desde Pentecostés en adelante, el pueblo electo de Dios. No obstante, seguían siendo el pueblo por medio del cual se introdujo el Mesías en el mundo, el Hijo de Dios que “despojó a los principados y las potestades”, exhibiéndolos “públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15), el mismo Ser poderoso que derrotó a Satanás, haciendo que fuese arrojado del cielo. No es, pues, difícil de comprender por qué el odio que sentía Satanás para aquel pueblo se pusiera al rojo vivo, convirtiéndose en rencor terrible, en ira candente y consumidora, tanto que lo impulsara a seguir persiguiendo a todos los judíos, procurando su exterminación de una vez para siempre. Además, pese a sus desastrosas derrotas y las persecuciones duras que sufrían, aquellos judíos seguían creyendo obstinadamente en Jehová como "el único Dios verdadero", lo cual era para Satanás como "ascuas de fuego" sobre su orgullosa cabeza.

Imagen para la proyección digital: La "mujer vestida del sol" es el pueblo terrenal de Israel (los judíos).

Ella no es María, la madre terrenal de Jesucristo. Tampoco es la iglesia. Ella no es su propia "descendencia".

Imagen para la proyección digital: Israel huye al desierto.

Profecía para Israel durante la Era Cristiana: Dios le daría "las dos alas de la gran águila, para que volase" al lugar que él mismo tendría preparado para los judíos. ¿Por qué sigue Dios protegiendo a Israel, pese a que la inmensa mayoría de los judíos no creen en su Hijo Jesucristo? Textos de Romanos arrojan luz sobre este asunto.

Imagen para la proyección digital: Satanás persigue a los judíos desde el Siglo I hasta el día de hoy.

Profecía de Apocalipsis 12:6, 13-16 cumplida repetidamente a través de la Era Cristiana hasta el presente.

 

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Parte 2 del Capítulo Cinco. Guerra en el cielo. Satanás echado del cielo.

 

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