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“Amores innaturales del Siglo XXI”

 
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Amor a las mascotas. ¿Natural o innatural?

Una gran parte de nosotros los seres humanos pensantes y analíticos tenemos al amor sano, puro y natural como el “mayor[7], el mejor, el más excelente, más dulce y más bello de todas las virtudes, de todos los sentimientos.

También observamos que somos capaces los humanos, por nuestra descomunal capacidad intelectual y emotiva, de concebir, inventar y practicar amores innaturales. Ahora bien, es del común saber que lo innatural suele producir situaciones y consecuencias dañinas, aun muy destructoras o fatales. El amor innatural no es la excepción.

Veamos.

1.  Amarse uno a sí mismo con moderación es indispensable para una autoestima saludable, como además, para la preservación de la vida misma en sus variados aspectos. Pero el amor excesivo a sí mismo se llama narcisismo, amor innatural cuyos frutos malos no quisiera probarlos ninguno en sus cabales.

2.  El amor conyugal cargado de constantes celos fuertes no es natural en el matrimonio. Usualmente daña a relaciones maritales, aun causando divorcio, y resultando en algunos casos hasta en crímenes pasionales.

3.  No es natural el amor loco, o enloquecido, es decir, tan intenso, tan consumidor, que hace actuar locamente al que lo ha creado en su mente y corazón. Un amor que endiosa, que idolatra. El afligido dice que no puede vivir sin él. Su vida se volvería un total caos sin él, un vacío sin él, sin significado o valor. Este tipo de amor innatural, irracional, no reciprocado o frustrado, conduce en no pocos casos a tragedias, incluso el suicidio.

4.  Amar mucho los padres a sus hijos es natural, pero ha de catalogarse de innatural el amor maternal-paternal posesivo en extremo, el que envuelve al niño en mantos sofocantes de atención, control, protección, manipulación psicológica, que no permite al hijo desarrollarse normalmente, comenzar a independizarse durante su adolescencia y, como adulto joven, hacer su propia vida.

5.  No pocos seres humanos aman al dinero, las riquezas, objetos materiales, la fama, el poder, su trabajo, más que a cualquier ser humano, o a la humanidad como tal. Un amor realmente innatural hacia lo inanimado. Desprecio, ya leve ya profundo, hace los seres vivos, incluso los más allegados –padres, cónyuge, hijos, nietos, compañeros de trabajo.

6.  Amor innatural es el que tiene el ser humano que ame más a los animales que a cualquier ser humano. Más a una mascota –perro, gato, caballo, ave- que a cualquier humano. Tanto, por ejemplo, que nombre a su mascota como heredero.

7.  Pese a opiniones y argumentos contrarios, no es natural que un varón ame tanto a otro varón que deseara tener sexo con él, o que una hembra ame tanto a otra hembra que quisiera tener sexo con ella. De la manera que los amores mencionados anteriormente son innaturales, asimismo este entre seres humanos del mismo sexo. Y de la manera que aquellos pueden y deben ser rectificados, asimismo este. Por difícil que resulte ser el proceso.

a)  ¿Quién se atrevería a justificar los primeros seis amores innaturales, argumentando que el que tiene cualquier de ellos, o una combinación de ellos, tuviera derecho de amar así, que nadie debiera criticarle, tratar de orientarle, educarle, corregirle? Más sin embargo, hoy día multitudes, incluso el presidente Barack Obama, funcionarios de su administración, gran número de psicólogos, psiquiatras y otros profesionales, respaldados por hordas de gente joven y adultos con poca o ninguna capacidad para distinguir entre lo natural y lo innatural, entre, por un lado, lo sano y beneficioso para la humanidad, y por el otro, conductas contra la naturaleza misma, están empeñados en justificar a como dé lugar el séptimo amor innatural identificado.

b)  Sentimientos distorsionados, percepciones erróneas, frustraciones, complejos, malos ejemplos, en fin, muchas causas distintas pueden hacer nacer los primeros seis amores innaturales. Y estas causas, ¿no pueden ser vencidas, eliminadas? ¿Es imposible que el afligido sea curado? ¿Imposible que aprenda a amar con un amor natural, sano, puro? ¡De modo alguno! Entonces, ¿por qué habría de ser el séptimo amor innatural una excepción?

c)  En el Siglo I, hubo hombres que amaban a hombres con un amor sexual innatural, y mujeres que amaban a mujeres con el mismo tipo de amor. Se dijo que estaban entregados a “pasiones vergonzosas”, que “cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza”, que los hombres dejaron “el uso natural de la mujer”, encendiéndose “en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debido a su extravío”, que otro tanto hacían las mujeres que se juntaban sexualmente con mujeres, y que no solo practicaban “tales cosas… sino que también se complacen con los que las practican”.[1] Cuadro repitiéndose en escala mayor en pleno Siglo XXI. Con la siguiente diferencia curiosa: que muchos de los presentes dicen servir a Dios, invocando a Dios y citando ciertos textos de la Biblia en apoyo de su conducta innatural. En cambio, referente a los que “cambiaron el uso natural” del hombre y de la mujer en el Siglo I, se dijo claramente que “…Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos…”, que “Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”.[2] Y qué conste: en el texto no se hace distinción alguna entre los que estuvieran “comprometidos a una relación monógama” y los que fueran promiscuos, siendo la razón fundamental tras la denuncia y rechazamiento de parte del Creador el que “cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza”. Desde luego, al crear “Dios al hombre a su imagen… varón y hembra los creó”, y no “varón y varón, o hembra y hembra”. “Y los bendijo Dios, y les dijo Fructificad y multiplicaos…” (Génesis 1:27-28). “…varón y hembra” es, pues, el orden natural establecido.

d)  En el Siglo I, no solo hubo “…los que se echan con varones” sino también “afeminados”. Ambos grupos figuran entre los que “no heredarán el reino de Dios”. Mas en ambos grupos hubo individuos que abandonaron sus amores y conductas “contra naturaleza”, pues de ellos se dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.[3] De modo que sí, definitivamente, es posible dejar de ser homosexual o afeminado. Si aquellos lo hicieron, ¿por qué no pueden los del presente hacerlo también?

-Aquellos homosexuales y afeminados que se arrepintieron de conductas y pasiones contra naturaleza fueron “lavados… santificados… justificados”. Lavados en el bautismo, por inmersión, con “el lavamiento de la regeneración”.[4] Santificados y justificados por la sangre vertida por el Cordero de Dios en la cruz.

-Tan hermosa experiencia transformadora también pueden tener homosexuales y afeminados del presente, con tal de armarse de la misma valentía moral, espiritual e intelectual, confrontando su condición, para luego arrepentirse, bautizarse “para perdón de los pecados[5[ y comenzar a andar “en vida nueva”[6]

-Arrepentirse también el presidente Obama y sus correligionarios de abogar por la legalización de conductas contra naturaleza. Tales conductas no dejan de ser contra naturaleza aunque uno no crea en Dios o la Biblia. El cuerpo del varón está hecho para la mujer, y el cuerpo de la mujer, para el del varón. Esta relación “varón-mujer, mujer-varón” no solo hace posible el amor sexual natural y puro sino también la procreación de la raza humana. Quien sostenga lo contrario, pues habría razones obvias para cuestionar su capacidad y objetividad intelectuales.

 

[1]  Romanos 1:24-32

[2]  Romanos 1:24, 28

[3]  1 Corintios 6:9-11

[4]  Tito 3:5

[5]  Hechos 2:37-47

[6]  Romanos 6:3-7

[7]  1 Corintios 13:13

  

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