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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

 

En Jerusalén, el apóstol Pablo, custodiado por soldados romanos, hace defensa ante “los príncipes de los sacerdotes y… todo el concilio” de los judíos, convocados por el quiliarca romano Lisius.

En Jerusalén, el apóstol Pablo, custodiado por soldados romanos, hace defensa ante “los príncipes de los sacerdotes y… todo el concilio” de los judíos, convocados por el quiliarca romano Lisius.

 

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Cuarta

Prisión de Pablo por Cinco Años 
Hechos 21:17 - 28:31

Sección I

Alocución de Pablo a la chusma. Defensa ante el Sinedrio. Conspiración de judíos para matar a Pablo. El apóstol entregado al gobernador Félix, en Cesarea.

Hechos 22:1-30 y 23:1-35

PDF de este estudio

 

I. Relato de sí mismo antes de la conversión. Hechos 22:1-5

     Versículos 1 - 5. Sabiendo cuán mal concepto de su personalidad tenía el quiliarca, y por los gritos del populacho a las preguntas del militar, que muchos de ellos se hallaban en la misma total ignorancia, Pablo da principio a dar razón de sí mismo: (1) “Varones hermanos, padres, oíd la razón que ahora os doy. (2) (Y como oyeron que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio.) Y. dijo: (3) Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado a los pies de Gamaliel, enseñado conforme a la verdad de la ley de la patria, celoso de Dios, como todos vosotros sois hoy. (4) Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles hombres y mujeres: (5) como también el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos; de los cuales también tomando letras a los hermanos, iba a Damasco para traer presos a Jerusalén aun a los que estaban allí, para que fuesen castigados.” Algunos de aquel auditorio, antiguos compañeros de Pablo, y amigos suyos después, conocían todos los hechos que refería, pero para la mayoría de los oyentes eran desconocidos. Es evidente que su objeto al referirlos era, primero, sacar del error a todo el que creyera de él lo que el quiliarca había pensado, y segundo, despertar simpatía para sí por haber guardado en un tiempo la actitud que ellos tenían para el Camino Cristiano.

2.  Relato de su conversión. Hechos 22:6-16

     Versículos 6 - 16. La división que antecede de este discurso, la que es su introducción, llevaba el propósito no solo de suscitar la simpatía para el orador, sino que al presentarlo como perseguidor, como sus oyentes lo eran, despertar en ellos al mismo tiempo un deseo de saber qué lo había volteado de esa posición a la que ahora ocupaba; y procede desde luego a satisfacer ese deseo. (6) “Mas aconteció que yendo yo y llegando cerca de Damasco como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; (7) y caí en el suelo y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (8) Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. (9) Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo. (10) Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate y ve a Damasco, y allí te será dicho todo lo que te está señalado hacer. (11) Y como yo no viese por causa de la claridad de la luz, vine a Damasco. (12) Entonces un Ananías, varón pío conforme a la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, (13) viniendo a mí y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella hora le miré. (14) Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad y vieses a aquel Justo y oyeses la voz de su boca. (15) Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres de lo que has visto. (16) Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” Este relato nos da varios detalles interesantes que Lucas, en su breve narración (Hechos 9:3-8), omite. Nos informa de la luz del cielo que resplandeció en rededor "como a mediodía"; que sus compañeros, aunque oyeron la voz (Hechos 9:7), no la percibieron de manera de darse cuenta de las palabras que habló; que la orden de entrar en Damasco, en donde se le diría qué hacer, fue en contestación a su pregunta, "¿Qué haré, Señor?" Por otro lado, Pablo no dice lo que duró su ceguera; nada informa de su ayuno y oración; y en lugar de referir lo que el Señor dijo a Ananías, solo dice de la buena reputación de que éste gozaba entre los judíos de Damasco. De esto habló a fin de reflejar la respetabilidad sobre las mentes de sus oyentes en el proceso todo de su bautismo. Y también omite las palabras de Ananías que Lucas cita, pero menciona otras. Se puede recoger todo lo que Ananías le dijo, juntando los dos trozos. El milagro que Ananías obró sobre él lo mencionó, no solo por mostrar cómo fue restaurada su vista, sino más especialmente para dar a ver la aprobación que Dios dio a su bautismo. Las palabras, "¿Por qué te detienes"? se sugieren por la dilación rara del bautismo después de haber creído, dilación que Ananias no sabía entonces cuál fuese su causa. La expresión, "lava tus pecados", contiene sin duda una referencia al perdón que ocurre en el bautismo, y la metáfora de lavar ("apolousai") la sugiere el lavamiento del cuerpo que se hace en el bautismo. Habría de lavar sus pecados sometiéndose al lavamiento en el que Dios los perdona. Todo esto habría de hacer "invocando su nombre", porque es por el nombre de Jesús que ahora recibimos toda bendición, y especialmente el perdón de los pecados.

-El propósito evidente de esta división del discurso era ganar el favor de los judíos a una consideración favorable de su causa, mostrándoles que se había vuelto de la posición de perseguidor como ellos lo eran, a la de creyente y defensor de las demandas de Jesús, por la evidencia milagrosa del cielo que no se podía entender mal, y que según todas las máximas de los padres, hacía que llevara a cabo como deber indispensable todo lo que había efectuado; y al mismo tiempo cumplir el propósito adicional de dar a sus oyentes evidencias de la resurrección y glorificación de Jesús, para convencerlos como él estaba convencido. Trataba de defenderse ganando a sus acusadores a la posición suya.

3.  La misión a los gentiles. Hechos 22:17-21

     Versículos 17 - 21. El paso siguiente que dio Pablo fue mostrar que la autoridad divina que lo había transformado de perseguidor en defensor del Camino, le había asignado un campo peculiar de labores que lo distinguía de los otros apóstoles. (17) “Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo, fui arrebatado fuera de mi. (18) Y le vi que me decía: Date prisa y sal prestamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio de mí. (19) Y yo le dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel y hería por las sinagogas a los que creían en ti, (20) y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente y consentía a su muerte, y guardaba las ropas de los que lo mataban. (21) Y me dijo: Ve, porque Yo te tengo que enviar lejos a los gentiles.” Aquí nos revela Pablo un hecho interesante que Lucas omitió, a saber, que cuando los hermanos lo enviaban de Jerusalén a Tarso (Hechos 9:28-30), él no consintió en irse hasta que el Señor se lo ordenó; y que aun con esa orden, suavemente objetaba al Señor lo de tal orden. Su ruego por quererse quedar lo basó en que creía que los judíos sabían la parte que tuvo en la muerte de Esteban, y que dispersó a la iglesia, por lo que era al que le tocaba traerlos a la verdad. Se olvidaba de la malicia intensa que el sectario siempre siente por aquél a quien quiere poner el baldón de desertor como traidor a su causa. El que haya presentado tal alegato en momento en que los judíos urdían complots para matarlo es prueba inmediata de su valor y disposición para morir, si necesario fuere, en el mismo sitio en que había presenciado la muerte de Esteban.

4.  Efectos inmediatos del discurso. Hechos 22:22-29

     Versículos 22 - 24. Los judíos incrédulos para estas fechas ya habían aprendido a soportar que se predicase a Cristo entre los circuncidados, pero todavía sentían la mayor aversión a admitir a los incircuncisos a comunión religiosa con judíos. En consecuencia, era la posición de Pablo como apóstol de los gentiles lo que excitaba su feroz animosidad para con él. Tal chusma lo había oído ya en silencio perfecto vindicarse en su posición de cristiano, y también por primera vez en la vida el testimonio peculiar de Pablo referente a la resurrección y glorificación de Jesús. Si en este punto hubiera puesto punto final a su plática, se hubiera retirado con impresiones favorables; pero al sostener que, obedeciendo a mandato expreso divino, el que contrariaba sus propias preferencias, se había ido a los gentiles, lo que consideraban proceder vergonzoso, y que según suponían, tal cosa justificaba todas las acusaciones que contra él habían oído, ya no pudieron oírle. (22) “Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz diciendo: Quita de la tierra a un tal hombre, porque no conviene que viva. (23) Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas y echando polvo al aire, (24) mandó el tribuno que le llevasen a la fortaleza, y ordenó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.” No se atrevieron a lanzarle piedras, por no pegar a los soldados; así desahogaron su rabia como brutos coléricos echando tierra al aire. Qué habría sido el resto de su discurso sin esta interrupción, solo podemos colegir por lo que ya se había dicho. Cierto, habría sido aún mayor tentativa de convencer a sus oyentes de la divina autoridad bajo la cual obraba, pues ninguna justificación buscaba para sí que comprendiera la de la causa a la cual había entregado su vida. Aunque Lisias el tribuno entendiese el hebreo, lengua en que Pablo hablaba, o que sus palabras lo fuesen repetidas por intérprete, tuvo por cierto un desengaño en su deseo de saber mediante el discurso qué cargos hacían los judíos a Pablo. Así, inmediatamente resolvió emplear un método más directo para arrancar a Pablo mismo la deseada información. Era práctica bastante común entre los empleados provinciales romanos azotar a reos para hacerlos confesar sus delitos, y especialmente si no había a la mano evidencia alguna de delito.

     Versículos 25 - 29. Al ser metido Pablo a la fortaleza, el verdugo que iba a las órdenes de un centurión, comenzó luego los preparativos para la cruel tortura. (25) “Y como lo ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es lícito azotar a un hombre romano sin ser condenado? (26) Y como el centurión oyó esto, fue y dio aviso al tribuno diciendo: ¿Qué vas a hacer? porque este hombre es romano. (27) Y viniendo el tribuno, le dijo: Dime, ¿eres tú romano? Y él dijo: Sí. (28) Y respondió el tribuno: Yo con grande suma alcancé esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo soy de nacimiento. (29) Así que se apartaron de él los que le habían atormentado: y aun el tribuno también tuvo temor, entendido que era romano, por haberlo atado.” Antes de aplicar los azotes, se hacía doblar a la víctima hacia adelante sobre un poste inclinado, al que se le ataba con correas. Esta atadura fue lo que alarmó al quiliarca, y no la encadenada previa. Esta era cosa legal, y Pablo siguió atado (Versículo 30; 26:29). No dio más evidencia Pablo que su palabra de ser ciudadano romano, pero la manera altivo en que manifestó serlo por nacimiento, mientras Lisias hubo de confesar haber obtenido tal ciudadanía por soborno, unido esto a la conducta imponente de Pablo ante la chusma, no dejaba lugar a duda sobre la pretensión suya. Así, se le respetó y los verdugos no esperaron orden para alejarse. Una segunda vez se escapó Pablo así de la ignominia, y esta vez era de sufrimiento incalculable, con la simple proclamación de su derecho de ciudadano romanoEsta ciudadanía se obtenía de tres maneras distintas. Se confería por el senado de Roma por conducta meritoria, se heredaba del padre que fuera ciudadano, y era derecho natal de quien hubiera nacido en ciudad libre, es decir, en población que, por servicios especiales al imperio, recibiera premio de conceder ciudadanía a todo el que naciera dentro de sus límites. Ilegalmente se conseguía por dinero a falta de méritos. Bien podemos admirar la majestad de la ley que, en provincia remota y dentro de los muros de una prisión, hacía lanzar al suelo los ya alzados instrumentos de tortura a la simple declaración: "Soy ciudadano romano".

5. Pablo ante el Sinedrio. Hechos 22:30 - 23:10

     Versículo 30. El quiliarca estaba dispuesto a cumplir con su deber con el preso que de medio fortuito había venido a parar a sus manos, pero el enigma suyo era saber cuál era su deber. Había inquirido primero de la turba, luego escuchó el discurso de Pablo; después había llegado a atreverse a arreglar para azotarlo; y todavía nada sabía más que al principio de lo que se le acusaba. Resolvió hacer un esfuerzo más. (30) “Y al día siguiente, queriendo saber de cierto por qué era acusado de los judíos, lo soltó de las prisiones, y mandó venir a los príncipes de los sacerdotes y a todo el concilio; y sacando a Pablo, lo presentó delante de ellos.” Esta asamblea se tuvo en el atrio de los gentiles, si fue en el templo, pues Lisias y sus soldados no habrían sido admitidos al de los judíos, y esto parece convenir con lo de "sacando (bajando) a Pablo", ya que la torre Antonia, en que se acuartelaban los soldados, estaba más adentro y arriba que este patio (Véase lo dicho en Hechos 21:31-34.).

     Versículos 1 y 2, del capítulo 23. Al momento de verse cara a cara el preso y sus acusadores, el quiliarca debe haber sufrido nuevo desengaño, pues en vez de proferir cargos contra Pablo, pidieron que hablara primero. (1) “Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy. (2) El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca.” Sin duda el golpe cayó tan pronto como la orden. Ananías fingió considerar un insulto al concilio que un acusado ante ellos como criminal de la peor calaña, con orgullo dijera que había vivido con toda buena conciencia delante de Dios. Era mucho más fácil mandar herirle en la boca que confutarlo. Para nosotros es sumamente creíble el dicho de Pablo, y la única duda sería si trataba de abarcar con ella el período antes de su conversión, cuando perseguía a la iglesia, o solo aquella parte que los judíos condenaban. Cierto, comprendía el segundo período; una declaración después que ciertamente había pensado muchas veces contra el nombre de Jesús (Hechos 26:9), da la probabilidad de haber tenido presente la otra parte de su alusión.

     Versículos 3 - 5. La interrupción tan inesperada como exasperante, provocó de parte de Pablo un estallido de indignación semejante al en que denunció hacía mucho a Barjesús en la presencia de Sergio Paulo (Hechos 13:10). (3) “Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿Y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir? (4) Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices? (5) Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.” Lo dicho no fue una explosión de ira impropia, sino antes expresión airada de juicio justo que Dios pronunciaba contra un hombre tan injusto y tan hipócrita. Fue incidente como aquél en que el Señor experimentó cuando hubo de ver "con enojo" a un grupo de hombres similares, haciendo luego lo que ellos tenían por pecado (Marcos 3:5). En la propia fraseología de Pablo, fue airarse y no pecar (Efesios 4:26). Pero al decírsele que era el sumo sacerdote aquél a quien él denunciaba, Pablo admitió, no que el reproche fuera injusto, sino que, al haber sabido quién era, le habría sido impropio dirigirse así a tal dignatario. Y aquí hay una distinción propia. Un reproche que en sí era perfectamente justo y recto, pueda ser impropio por razón de las relaciones oficiales de la persona a quien se dirige. Si Pablo hubiera sabido que Ananías era sumo sacerdote, quedando a su propio criterio sin la dirección del Espíritu Santo prometido para tales casos (Mateo 10:17-20), habría reprimido el reproche; pero el mundo habría perdido con ello. Reproches como éste contribuyen a fortalecer el sentido moral de los hombres. No conocía personalmente a Ananias, pues no era éste el de los evangelios, sino un mero usurpador del sumo sacerdocio, y seguro es que en esta ocasión no llevara traje telar ni insignia que indicara su puesto, pues Pablo no habría fallado en reconocerlo. El que haya presidido en esta ocasión no lo mostró, pues no siempre se presentaba el sumo sacerdote en asamblea del Sinedrio, menos en las que inesperadamente se convocaban como ésta. El tal Ananías era uno de los peores sujetos que hayan portado la túnica de sumo sacerdote. Su carrera de crímenes y extorsiones, plenamente evidente en varios capítulos de Josefo, vino a acabar asesinado.

     Versículos 6 - 10. La presencia ante la que Pablo se hallaba no le era desconocida. Indudablemente recordó los rostros de muchos del concilio, e íntimamente sabía de las enemistades de partido que con tanta frecuencia perturbaban sus deliberaciones. Sabía que los instigadores principales de la persecución eran los saduceos, como desde el principio, y se resolvió a empeñar en favor propio, si posible fuera, a los fariseos; por eso leemos: (6) “Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de saduceos, y la otra de fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado. (7) Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los fariseos y los saduceos: y la multitud fue dividida. (8) Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan ambas cosas. (9) Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios. (10) Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que fuese despedazado de ellos, mandó venir soldados y arrebatarle de en medio de ellos y llevarlo a la fortaleza.” Algunos escritores han tratado de falaz la declaración de Pablo de ser fariseo, y se le ha censurado por haber provocado tal camorra entre sus enemigos. Es infundada la acusación; cierto que no era fariseo en todo detalle, lo era en el sentido en que dirigió tal observación a los que le oían. Todos los presentes sabían que era cristiano y que en consecuencia sabían que se decía solo en el sentido de convenir con ese partido en los puntos en que eran opositores de los saduceos. Su declaración que se ponía en tela de juicio en su caso, era lo concerniente a la esperanza de la resurrección, y debe entenderse en la misma limitación. Todos sabían que no era ésta la razón inmediata de su arresto, pero todos sabían igualmente bien que tal era la razón final del odio que le profesaban los saduceos. Ambas declaraciones eran estrictamente correctas en el sentido que él les dio, y tal sentido lo percibieron con claridad ambos partidos. En cuanto a la camorra que se siguió, no hay evidencia de que Pablo intentara ni esperara tal violencia. Trataba de comprometer la benevolencia de los fariseos, con la esperanza de obtener una consideración más justa de su causa, y sin duda anhelaba un proceder más pacífico; pero no fue responsable de la conmoción violenta que sobrevino. Y aunque hubiera previsto todo lo que se siguió, parecería demasiado refinamiento de distinciones morales el censurarlo. Valdría más censurar al que azuza a dos perros chatos contra otro por evitar que lo hagan garras.

-En el proceso este, la circunstancia más sorprendente es que algunos de los fariseos (no todos) tan rápidamente cambiaron en favor de Pablo. Pero el concilio entero se vio en un predicamento desairado. Los había convocado el quiliarca para que mostrasen la causa del clamoreo que ellos y sus seguidores levantaban por matar a Pablo, si ellos mismos se sabían del todo incapaces para dar razón que siquiera apareciese plausible a la mente de un oficial gentil. Por esta causa fue que, en lugar de proferir cargos en contra de Pablo al principio de la junta, le habían exigido que hablara primero. Todos deben haber sentido ansiedad de que algún cambio en este asunto los revelara de su perplejidad, y cuando Pablo osadamente pretendió ser fariseo, los más taimados del partido vieron, desde luego, que esta era su oportunidad de zafarse y dejar a los saduceos encharcados. Estos se exasperaron con la treta y así ocurrió la trifulca. La treta fue tanto más exasperante cuanto que el orador de los fariseos hizo puntería intimando que Pablo pudiera haber oído voz de ángel o de espíritu, cuya existencia los saduceos negaban. No es necesario suponer que los fariseos creyeran probable que un ángel o un espíritu hubieran hablado a Pablo, pues si se les conocía incapaces de creer tal cosa, esto solo emponzoñó de ironía el dardo que lanzaron los saduceos. En la advertencia de Lucas de que los saduceos dicen no haber resurrección, ni ángel ni espíritu, mas los fariseos confiesan ambas cosas, naturalmente esperamos que dijera las tres cosas, pero sin duda incluyó al ángel y al espíritu en la sola idea de seres sin cuerpo carnal.

6.  Pablo alentado por una visión. Hechos 23:11

     Versículo 11. Si hubiera alguna epístola de por este tiempo de la pluma de Pablo, probablemente hablara de grande angustia y desaliento, pues tal es el estado mental que se comprende en la mención del incidente que sigue. (11) “Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; como has testificado de mí en Jerusalén, así es menester testifiques también de mí en Roma.” No se hablan de parte del Señor palabras de aliento tal sino cuando mucho se necesitan, y por esto se ve seguro que Pablo se hallaba turbado a lo sumo en el espíritu esa noche. Bien podía estarlo. Ya le habían sobrevenido las cadenas y la aflicción que por todo el viaje desde Corinto a Jerusalén se le habían predicho, y no parece que se hubieran de conceder las fervientes plegarias que él y otros en pro de él habían elevado al Señor, de que fuera librado de los desobedientes en Jerusalén. Fuera de la prisión no podía esperar otra cosa que la muerte, y dentro no hallaba campo de servicio. En cualquier dirección que volviese la vista, su camino estaba rodeado de muros de cárcel o muerte cruenta que arrastraba. En el momento oportuno fue que le alentó el primer rayo de luz referente a su porvenir, y aunque fuera imposible por él siquiera conjeturar cómo se realizaría, ya tenía la seguridad de que, a la manera de Dios mismo y en su tiempo oportuno, se escaparía aún del peligro presente y predicaría en Roma.

7.  Conspiración que se formó y expuso. Hechos23:12-22

     Versículos 12 - 22. A pesar del rayo de esperanza que se dio a Pablo esa noche, a la mañana siguiente la situación se puso más grave que nunca. (12) “Y venido el día, algunos de los judíos se juntaron e hicieron voto bajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo. (13) Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración; (14) los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo. (15) Ahora pues, vosotros con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana a vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle. (16) Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue y entró en la fortaleza y dio aviso a Pablo. (17) Y Pablo llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. (18) El entonces tomándole, le llevó al tribuno y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese este mancebo, que tiene algo que hablarte. (19) Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte le preguntó: ¿Qué es lo que tienes que decirme? (20) Y él dijo: Los judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta. (21) Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu  promesa. (22) Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.”

-Difícil es imaginarse la malignidad que alentaba a estos conspiradores, tanto los promotores del complot como los sacerdotes y ancianos que le dieron su sanción. Estos, por supuesto, eran saduceos llenos de rabia por los procedimientos del día anterior, pero aquéllos eran matones furiosos de la ciudad. Su plan, si quedaba en oculto, habría de seguro triunfado, pues Lisias, en su perplejidad, con gusto habría concedido lo que pedían, y llevando al preso por estrecho callejón o por el pavimento del atrio, habría sido fácil para cuarenta temerarios, escogidas de antemano sus posiciones, haberse abalanzado entre los confiados soldados para dar muerte a Pablo antes que en su defensa se diera un golpe. Pero conspiración tan arrojada, sabida de tantas personas y dirigida contra un solo hombre por quien la comunidad se veía excitada al rojo blanco, no podía permanecer en secreto. Se coló a oídos de amigos de Pablo, y este sobrino, quien por causa desconocida se hallaba en la ciudad, fue encargado de la tarea arriesgada de revelarla a Pablo y al quiliarca. El joven sin duda temblaba al ser presentado al oficial romano, pero Lisias, animado de consideraciones de bondad, lo tranquilizó cogiéndolo de la mano y llevándolo aparte, para que pudiese en secreto darle su recado. Luego, temiendo por la vida del muchacho, si se llegaba a saber lo hecho, y con deseo de ocultar de los conspiradores la causa de la jugada que desde luego resolvió darles, lo despidió con el encargo de guardar el secreto.

8.  Pablo cambiado a Cesárea. Hechos 23:23-30

     Versículos 23 - 30. Al recibir tal información, Lisias tuvo al menos tres líneas de táctica para escoger una. Si hubiera estado dispuesto a dar gusto a los judíos, podría permitir que dieran remate a su complot sin que sus superiores se dieran cuenta de que había sido un asesinato. Si hubiera preferido desafiar su potencia y hacer ostentación de la propia, podía haber enviado a Pablo bajo una guardia tan fuerte y con tales instrucciones que se produjera la muerte de los conspiradores. 0, si deseara simplemente proteger a Pablo y evitar ofensa para los judíos, y como ellos deben haberlo sabido más tarde, enviarlo fuera antes que se le presentara la solicitud de hacerlo comparecer. Es reflexión de su habilidad militar y de su carácter como hombre que escogiera aquel curso que la justicia y la prudencia dictaban. (23) “Y llamados dos centuriones, mandó que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, y doscientos lanceros; (24) y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el presidente. (25) Y escribió una carta en estos términos: (26) Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud. (27) A este hombre aprehendido de los judíos y que ellos iban a matar, libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era romano. (28) Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos, (29) y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o prisión. (30) Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los judíos, luego al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él.” Exceptuando una ligera tergiversación en esta carta, no habría nada en todo el proceder de Lisias que fuera en descrédito. Había obrado como hombre justo y prudente; solo que al informar a su superior, puso los hechos de modo de acreditarse haberlo rescatado por ser ciudadano romano, aunque se informó de tal hecho ya cuando iba a azotarlo. Lo de que había intimado a los acusadores de Pablo que compareciesen ante Félix, si no era absolutamente cierto al tiempo de escribir la carta, intentaba verificarlo antes que la carta se leyera; así no llevaba intención de engañar. La carta también revela que, aunque no entendía la índole de la acusación contra Pablo, ya había comprendido bastante para saber que no se trataba de una cuestión criminal. Con esta convicción, pronto lo habría puesto en libertad, si no hubiera el complot de los judíos, y como ellos lo deben haber sabido más luego, así se propasó la conspiración, con lo que la víctima prometida se les escapó de las manos. El juicio sano y la prudencia de Lisias se manifestó más en el hecho de mandar tan fuerte cuerpo de tropa con Pablo y evitar así derramamiento de sangre, aunque sus movimientos se hubieran descubierto por los judíos, pues la guardia era demasiado formidable para que una chusma inerme osase atacarla.

9. Pablo es entregado a Félix. Hechos 23:31-35.

     Versículos 31 - 35. El centurión en jefe ejecutó su comisión con buen juicio y fidelidad. (31) “Y los soldados, tomando a Pablo como era mandado, Ileváronle de noche a Antipatris. (32) Y al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza. (33) Y como llegaron a Cesarea y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. (34) Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia. (35) Te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.” Se llegaba a Antipatris luego de bajar de las sierras de Efraím al valle de Sarón, donde sus ruinas se han identificado en las fuentes del río Aujeh. Es a medio camino entre Jerusalén y Cesarea, como a 40 kilómetros de una y otra. La marcha rápida de noche trajo a la tropa fuera de todo peligro de ataque desde Jerusalén, y los 70 jinetes eran suficiente guardia para el resto del camino. Para Pablo, no avezado a cabalgatas, ésta rápida y larga de toda la noche fue fatigosa sin duda. No es enteramente claro por qué razón preguntaría Félix el origen de Pablo. Puede haber sido curiosidad natural, o quizá con el propósito de remitirlo al gobernador de su provincia, si fuera cercana; pero al saber que era de Cilicia, accesible solo por mar, no vaciló en retenerlo. Parece que el pretorio o cuartel de Herodes, en que Pablo quedó bajo custodia, tenía un cuarto para guardia, en el que tales prisioneros quedaban encerrados.

 

Proceder al comentario sobre Hechos 24:1-27 - 25:1-27.

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