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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

Después de dos años de cárcel en Cesarea, el apóstol Pablo es llamado por Festo, gobernador romano de Judea, a dar defensa de sí ante el rey Agripa y su esposa Bernice, como, además, ante “todos los varones” invitados.

 

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Cuarta

Prisión de Pablo por Cinco Años 
Hechos 21:17 - 28:31

Sección II

Prisión de Pablo en Cesarea 
Hechos 24: 1 – 26:32  

PDF de este estudio

 

1.  Pablo es acusado ante Félix. Hechos 24:1-9

      Versículo 1. Cuando los judíos de Jerusalén recibieron orden de Lisias para presentar ante Félix sus acusaciones contra Pablo, aunque con desengaño amargo por el malogro de su complot, todavía esperaban conseguir su muerte, y sin tardanza siguieron la prosecución. (1) “Y cinco días después descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto Tértulo, orador; y parecieron delante del gobernador contra Pablo.” Al contar estos días, es muy natural suponer que se extendieran desde el siguiente a la salida de Pablo de Jerusalén, que fue cuando recibieron aviso de Lisias, hasta su llegada de Cesarea. Tértulo era romano, como lo indica su nombre, y lo traían como abogado a sueldo, por tener que comparecer ahora ante un tribunal romano regular, y habían de tener a alguien familiarizado con los procedimientos de un tribunal tal.

     Versículos 2 - 9. Se abrieron procedimientos formales, similares a los de nuestras cortes modernas, con una perorata del abogado de prosecución, que presentaba la acusación, y a esto seguía la declaración de los testigos del demandante. (2) “Y citado que fue Tértulo, comenzó a acusar diciendo: Cómo por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, (3) siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelentísimo Félix. (4) Empero por no molestarte más largamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. (5) Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y príncipe de la secta de los nazarenos: (6) el cual también tentó de violar el templo; y prendiéndole, le quisimos juzgar conforme a nuestra ley: (7) mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de nuestras manos, (8) mandando a sus acusadores que viniesen a ti; del cual tú mismo juzgando podrás entender todas estas cosas de que le acusamos. (9) Y contendían también los judíos, diciendo ser así estas cosas.” Culpable de mucha corrupción en administrar su gobierno como fue Félix, no obstante los cumplidos con que Tértulo inició su perorata no eran inmerecidos, pues había restaurado la tranquilidad al país cuando se perturbó, primero por una banda de facinerosos, segundo por asesinos organizados, y por fin por el egipcio que Lisias confundió con Pablo.

-La acusación contra Pablo fue general, de ser "hombre pestilencial", y las especificaciones bajo este cargo fueron tres: primero, que había excitado a insurrección a los judíos en muchos lugares; segundo, que era jefe de la secta de los nazarenos, y tercera, que había tratado de profanar el templo. Al sostenerse cualquiera de estas especificaciones, se sostendría la acusación, y Tértulo terminó afirmando que Félix podría hallar prueba de todo al examinar a Pablo mismo, lo cual fue una insinuación de hacer la prueba de los azotes de que Pablo había escapado —no sabía Tértulo cómo— a manos de Lisias. Los testigos sostuvieron los cargos afirmando que así había pasado todo.

2.  Defensa de Pablo. Hechos 24:10-21.

     Versículos. 10 - 21. A Pablo se le exigió ahora, sin previa notificación de los cargos, sin un momento de premeditación, que hiciese su defensa contra una acusación que, si la corte la sostenía en juicio, le costaría la vida. Sin un solo testigo que sostuviese sus declaraciones, podía apoyarse únicamente en la veracidad evidente de por sí de todo cuanto dijese, pero tenía el sostén de las palabras de Jesús: "Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder; porque yo os daré boca y sabiduría, a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán" (Lucas 21:14,15). En esta seguridad podía apoyarse y se apoyó. (10) “Entonces haciéndole el gobernador señal que hablase, respondió: Porque sé que muchos años ha eres gobernador de esta nación, con buen ánimo satisfaré por mí. (11) Porque tú puedes entender que no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; (12) y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad; (13) ni te pueden probar las cosas de que me acusan. (14) Esto empero te confieso, que conforme a aquel Camino que ellos llaman herejías, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; (15) teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan. (16) Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres. (17) Mas pasados muchos años, vine a hacer limosnas a mi nación, y ofrendas, (18) cuando me hallaron purificado en el templo (no con multitud ni con alboroto) unos judíos de Asia; (19) los cuales debieran comparecer delante de ti, y acusarme si contra mí tenían algo. (20) 0 digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando yo estuve en el concilio, (21) si no sea que, entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado.” Esta alocución contiene contestación directa a cada especificación hecha por Tértulo. La declaración de que solo hacía doce días que había llegado a Jerusalén, contesta el cargo de agitar una sedición, al menos en esa ciudad, pues como estaba ausente de allí, hacía solo cinco días y preso uno, dejaba seis días que no bastaban para levantar semejante movimiento. Además, no se había ocupado en disputar con nadie, ni en el templo, ni en sinagogas, ni en parte alguna de la ciudad. En cuanto a ser príncipe de la secta de los nazarenos, sin aludir al título que le prodigan, admite que pertenece a la llamada secta, aunque cree todo lo de la ley y los profetas, espera la resurrección de los muertos y lleva buena vida en conciencia. Finalmente, lo dicho de hallarse en el templo ciertos judíos de Asia, cuando estaba purificado como lo exige la ley, y ocupado en limosnas y ofrendas en el templo, refutaba el cargo de profanar el lugar, que ahora cambiaron en tentar a profanarlo (Versículo 6). En conclusión, anota el hecho significativo de que los que primero echaron mano de él, únicos testigos personales de lo que él hizo en el templo, no se hallaban presentes para el caso. Luego llama a Ananías y los ancianos, que presenciaron lo que ocurrió en el Sinedrio, para testificar algo malo que allí hiciera, si no fuera la referencia que pronunció él de ser fariseo, cosa que metió a Ananías y sus amigos en feroz rencilla con el resto de los ancianos. Hacía esta última referencia, no por ser consciente de mal en el asunto, sino por provocar a sus acusadores saduceos, y mostrar a Félix que les impulsaba en su contra el celo de partido.

3.  Prosigue el  caso. Hechos 24:22-23

     Versículos 22 y 23. Como la defensa de Pablo no consistió más que en sus propias declaraciones, sin duda fue sorpresa para él y para sus acusadores que virtualmente Félix decidiera en favor de él. (22) “Entonces Félix, oídas estas cosas, estando bien informado de esta secta (Camino), les puso dilación diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias acabaré de conocer de vuestro negocio. (23) Y mandó al centurión que Pablo fuese guardado y aliviado de las prisiones; y que no vedase a ninguno de sus familiares servirle y venir a él.” Tal decisión se atribuye a que estaba bien informado del Camino, por lo que se ha de entender, no que hubiese obtenido de lo dicho por Pablo tal información, pues esta era muy exigua, sino que Félix ya tenía conocimiento más exacto para dejarse engañar por las representaciones de los saduceos. Habiendo ya vivido en Judea seis años más, se vio obligado a familiarizarse, quisiera o no, con los partidos religiosos que dividían a sus gobernados, y sabía bien las querellas que había entre ellos. La razón que dio para demorar la decisión del caso no fue más que subterfugio, como debe haber sido evidente de los saduceos. El encierro de Pablo debe haber sido ya lo menos molesto para que se compadeciese de su seguridad.

4.  Pablo predica a Félix y a Drusila. Hechos24:24-27

     Versículo 24. La libertad que Pablo tenía ya para recibir a sus amigos no solo le dejó el goce de las visitas fraternales de Felipe y los demás hermanos residentes en Cesarea, sino que le dio oportunidad de predicar el evangelio a cualquier incrédulo que se pudiera inducir a oírlo. Pueda haber sido su actividad en esta obra lo que produjo el incidente que enseguida se refiere. (24) “Y algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, la cual era judía, llamó a Pablo y oyó de la fe que es en Jesucristo.” La palabra "viniendo" indica, o que habla estado ausente de la ciudad y volvió, o que vino de su domicilio usual a algún apartamento del pretorio herodiano donde se guardaba a Pablo. Por Josefo sabemos que Drusila era hija de Herodes Agripa, el que asesinó a Jacobo apóstol y luego pereció miserablemente (Hechos 12:1-2, 20-23). Cuando esto pasó no tenia ella más de seis años de edad, para el año 44 de nuestra Era Cristiana, y lo de su aparición actual fue en el 58, al cumplir ella los 20. Había sido dada en matrimonio muy joven a Aziz, rey de Emesa, pero habiéndola visto Félix, y enamorándose de su belleza, mediante las intrigas de un hechicero llamado Simón, la indujo a que abandonara a su esposo y se viniera con él, por lo que ahora estaba viviendo en adulterio flagrante con Félix. Con referencia a éste, Tácito, uno de los historiadores romanos más juiciosos y de criterio limpio, nos asegura que "con todo género de crueldad y lujuria, ejercía la autoridad de rey con el genio de un esclavo". Él y su hermano Palas habían sido en realidad esclavos de la familia de Agripina, la madre del emperador Claudio, y por este fue enviado desde el puesto de esclavo a ocupar el de gobernador de una provincia.

     Versículo 25. Al ser llamado para hablar acerca de la fe en Cristo, Pablo tenía libertad de escoger por sí mismo el tópico especial de que tratar, y esto hacía con referencia directa a las necesidades espirituales de sus oyentes. (25) “Y disertando él de la justicia y de la continencia y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Ahora vete; mas teniendo oportunidad te llamaré.” Nada podía ser más temeroso que hablar de la justicia a un hombre de tamaña iniquidad; hablar de la continencia en todo al culpable de concupiscencia desenfrenada, o insistir en el juicio venidero para tal persona. Adoptamos aquí las palabras candentes de Farrar: "Al echar mirada retrospectiva a su pasado manchado y culpable, tuvo miedo. Había sido esclavo en el puesto más vil de todos. Había sido oficial de aquellos auxiliares que eran de lo peor de todas las tropas. Qué secretos de lujuria y de sangre yacían ocultos en su vida juvenil no sabemos, pero el testimonio amplio indisputable, judío y pagano, sagrado y secular, nos revela lo que había sido —cuán voraz, cuán salvaje, traiciones cuántas, injusto hasta dónde, empapado en sangre de asesinato en privado y matanza pública— durante ocho años que había durado en el gobierno, primero en Samaria, luego en toda Palestina. Pisadas lo seguían; comenzó a sentir como si la tierra fuese hecha de vidrio" (Vida de Pablo, Página 550). El terror que le sobrecogió era el principio necesario para un cambio de vida, pero la lujuria y la ambición sofocaron las llamas que brotaban de la conciencia, e hizo la excusa común de los pecadores alarmados, aunque sin arrepentimiento, para libertarse de su tan fiel amonestador. La oportunidad a la que difirió el asunto jamás llegó, no podía llegar, pues ¿cómo podía jamás convenir al hombre dejar a una mujer hermosa en la vida de pecado, y radicalmente revolucionar el curso entero de su vida anterior? Tal cambio se ha de hacer con sacrificio de mucha conveniencia y mucho orgullo por parte de todo malvado que lo emprenda. No se nos dice cómo se afectó Drusila; apenas será posible que ella estuviera más serena que el encallecido Félix.

      Versículos 26 y 27. Félix mantuvo hasta el fin el carácter con que lo pinta Tácito. (26) “Esperando también con esto que de parte de Pablo le serían dados dineros porque le soltase; por lo cual, haciéndole venir muchas veces, hablaba con él. (27) Mas al cabo de dos años recibió Félix por sucesor a Festo; y queriendo Félix ganar la gracia de los judíos, dejó preso a Pablo.” Como supo incidentalmente, por el discurso de Pablo en el juicio, que había ido a Jerusalén a llevar limosnas de lejanas iglesias, y conociendo además la liberalidad general mutua de los discípulos en las aflicciones, no dudaba que Pablo pudiese colectar una buena suma para obtener su libertad de la prisión, y que esto vendría con la mera sugestión de que sería acepta. No hay que dudar que si Pablo hubiese juzgado justo obtener la libertad de este modo, el dinero pronto se hubiera conseguido, pues ¿qué no hubieran dado sus hermanos por relevarlo de tal ignominia de la prisión y ponerlo en libertad para sus actividades apostólicas? Pero dar cohecho es el escalón de ignominia que sigue a recibirlo, y Pablo no podía hacerse participe de crimen tal.

-La remoción de Félix acaeció debido a acusaciones de mal gobierno que se presentaron en su contra por los judíos. Fue llamado por Nerón a Roma para dar cuenta de sus crímenes, y escapándose apenas de ser ejecutado, fue a dar a las Galias en destierro, y allí murió. Drusila se le adhirió en su desgracia, pero un hijo que le dio, y se llamó Agripa, por su hermano, pereció en la erupción del Vesubio que sepultó las ciudades de Pompeya y Herculana.

-Esos dos años de cárcel en Cesarea, si habremos de juzgar por el silencio de la historia, fueron los más inactivos de la carrera de Pablo. No hay epístolas que lleven esta fecha, y aunque sus hermanos y otros tenían acceso a él, no tenemos anotados efectos algunos de sus entrevistas con ellos. Los únicos momentos en que él sale a vista son los en que aparece ante sus jueces.

5.  Juicio de Pablo ante Festo. Hechos 25:1-12

     Versículos 1 - 5. No parece que haya moderado en lo mínimo el largo encarcelamiento de Pablo el odio de sus enemigos. Así, al cambiar de gobernador, renovaron sus esfuerzos por destruirlo. (1) “Festo pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalén. (2) Y vinieron a él los principales de los judíos contra Pablo; y le rogaron, (3) pidiendo gracia contra él, que le hiciese venir a Jerusalén, poniendo ellos asechanzas para matarlo en el camino. (4) Mas Festo respondió que Pablo estaba guardado en Ceserea, y que él mismo partiría presto. (5) Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan juntamente; y si hay algún crimen en este varón, acúsenlo.” Les dijo también, como por cierta alocución lo sabemos más tarde (Versículo 6), que era contra la ley romana condenar a un hombre sin que tuviera oportunidad de defenderse frente a sus acusadores. Todo esto muestra que Festo estaba dispuesto a obrar con justicia. Por supuesto, nada sabía del complot para hacer desaparecer a Pablo.

     Versículos 6 - 8. No se demoró en darles la audiencia prometida. (6) “Y deteniéndose entre ellos no más de ocho días, venido a Cesarea, al siguiente día se sentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído. (7) El cual venido, lo rodearon los judíos que habían venido de Jerusalén, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar; (8) alegando él por su parte: Ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra el César he pecado en nada.” Las especificaciones que Pablo hace en su defensa son las mismas que hizo en la anterior para refutar los cargos que levantó Tértulo (Hechos 24:10-21), lo que muestra que los cargos eran los mismos: Ser "príncipe de la secta de los nazarenos" era su delito contra la ley; tentar de violar el templo era con el lugar santo; que levantaba sediciones entre los judíos era contra el César. En especificación final se referían a las chusmas que los judíos habían cogido hábito de agitar contra Pablo, y los delitos de esas asonadas se los achacaban a él.

     Versículo 9. Como los acusadores no pudieron probar sus cargos (Versículo 7), y el prisionero no confesaba culpa de ninguna, debería haber sido libertado incondicionalmente, pero Festo tenía su deseo de ganar popularidad. (9) “Mas Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo dijo: ¿Quieres subir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas delante de mí?” Como Cesarea era la sede del gobierno para la provincia, no había derecho de ordenar en otra parte el juicio de un ciudadano; de ahí se originó la pregunta de si Pablo estaba dispuesto a ser juzgado en Jerusalén. Probable es que nada supiera Festo del complot que se menciona en el Versículo 3, pero debe haber conocido que la petición de los judíos de llevar a Pablo a juicio en Jerusalén era impulsada de algún motivo siniestro, y debiera haberla rechazado sin vacilar.

     Versículos 10 - 12. El propósito de los judíos lo entendía bien Pablo. No se había olvidado del voto de los cuarenta conspiradores, y aunque ellos habían violado tal voto, para esta fecha (Véase Hechos 23:12-13), esto solo los hacía más resueltos a darle muerte si podían. Afortunadamente, su prisión misma que lo exponía a este nuevo peligro, le proporcionaba medio de escaparse de él, y en un instante se dio cuenta de que por fin vislumbraba a Roma. (10) “Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde me conviene ser juzgado. A los judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien. (11) Porque si alguna injuria o cosa digna de muerte he hecho, no rehúso morir. Mas si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede darme a ellos. A César apelo. (12) Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? A César irás.” La declaración: "Ante el tribunal de César estoy, donde me conviene que sea juzgado", fue su protesta contra ser remitido a Jerusalén; y la aserción suya de que Festo sabía que ningún agravio había hecho a los judíos, se basaba en el desarrollo del juicio. Apelar a César, que era derecho de todo ciudadano romano, exigía al juez ante quien se apelaba, a suspender al instante todo procedimiento del caso y enviar al prisionero a Roma, junto con sus acusadores, para que el caso se resolviera por la corte imperial. En el caso de Pablo, esta apelación no era que un hombre libre pidiera protección del poder militar, sino exigir que el poder militar que lo había tenido en un encierro injusto no añadiera la injusticia de exponerlo a ser asesinado. La contestación de Festo acusa algo de amargura, efecto natural del reproche que iba implícito en la apelación, y al mismo tiempo insinúa la inconveniencia a que por ello se sometía a Pablo. Tendría que ser remitido a Roma, preso bajo custodia militar, y sufrir toda la demora que acompaña a la llegada de testigos contra él, en añadidura a la que resultara con frecuencia en la tardanza de la corte imperial misma. Tales inconvenientes disuadían a los ciudadanos de presentar apelación, a no ser en casos extremos.

6.  El caso de Pablo puesto ante el rey Agripa. Hechos 25:13-22

      Versículo 13. Costumbre entre príncipes de dar felicitación a los de igual rango que se acaban de nombrar sobre provincias vecinas fue lo que condujo al incidente de lo que sigue de Pablo que luego se registra. (13) “Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a saludar a Festo.” Este Agripa era el único hijo del Herodes que asesinó al apóstol Jacobo (Hechos 12:1-2). Cuando su padre murió, tenía solo diecisiete años de edad, y teniéndose por demasiado joven para el gobierno de los dominios del padre, el emperador lo hizo rey de Calcis, un distrito pequeño al oriente del Jordán. Tenía ahora treinta y un años. Bernice era su hermana, y al igual que la más joven Drusila, era notable por su belleza. Había sido esposa de su propio tío, rey de Calcis, antes que Agripa, pero era viuda ahora y vivía con su hermano.

     Versículos 14 - 21. Festo sabía que los cargos contra Pablo se referían a la ley judía, pero estaba muy a ciegas aún en cuanto a su índole verdadera; y como se veía en la necesidad de enviar al emperador un informe de ellos, resolvió buscar luz apelando al conocimiento más íntimo que tenía Agripa de las cuestiones judías. (14) “Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró la causa de Pablo al rey, diciendo: Un hombre ha sido dejado preso por Félix, (15) sobre el cual, cuando fui a Jerusalén, vinieron a mí los príncipes de los sacer­dotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él: (16) a los cuales respondí no ser costumbre de los romanos dar alguno a la muerte antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya de defenderse de la acusación. (17) Así que habiendo venido ellos juntos acá, sin ninguna dilación, al día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre; (18) y estando presentes los acusadores, ningún cargo produjeron de los que yo sospechaba: (19) solamente tenían contra él ciertas cuestiones de su superstición, y de un cierto Jesús, el cual Pablo afirmaba que estaba vivo. (20) Y yo, dudando en cuestión semejante, dije si quería ir a Jerusalén y allá ser juzgado de estas cosas. (21) Mas apelando Pablo a ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que le guardasen hasta que le enviara a César.” De esta explicación sabemos el concepto que Festo se había formado hasta allí del caso de Pablo. Había descubierto que Pablo sostenía que culto y honores divinos se debían a Jesús, difunto; y como esto para la mente de un griego o un romano no era más que la superstición del culto a un demonio, como llamaban a todo muerto, así se refirió a ello. Suponía que los judíos, como otras naciones acostumbraban tal culto y que en consecuencia la disputa entre ellos y Pablo era cuestión de si habían de tributar a Jesús culto en común con otros muertos. Su ignorancia acerca de las ideas religiosas de los judíos, y todavía lo más sorprendente con referencia a Jesús, a quien llamó "un cierto Jesús", como si jamás hubiera oído de él, muestra que, como la mayoría de los políticos del día, lo mismo que hoy, no estudiaban las cuestiones religiosas. Agripa debe haberse sonreído de tal ignorancia.

     Versículo 22. Puede haber sido ésta la primera vez que Agripa oyera hablar de Jesús. Hijo del Herodes que trató de acabar con la fe cristiana matando al apóstol Jacobo y encarcelando a Pedro con propósito de darle muerte, sobrino del Herodes que había muerto a Juan Bautista y burlándose de Jesús el día de su crucifixión, tátara nieto del que hizo la tentativa de destruir a Jesús en su cuna de Belén, los nombres de Jesús y sus apóstoles habían sido palabras caseras por generaciones en su familia. Sin duda, Pablo le era menos familiar que los de los apóstoles originales, pero no podría decirse que no sabía de él. No se hubiera dignado, como tampoco ninguno de sus antepasados, visitar una congregación con objeto de oír a un apóstol, pero en lo privado de un pretorio en el que Pablo era prisionero, podía dar gusto a su curiosidad de oírlo, al tiempo que daba algún servicio a Festo. (22) “Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también quisiera oír a ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás.” Agradó a Festo tal propuesta, por la información que esperaba obtener, y también quizá porque proveía otro día de agasajo a sus reales huéspedes.

8.  Se presentó públicamente el caso de Pablo. Hechos 25:23-27

     Versículo 23. Sin intención de hacer a Pablo honor, sino más para agasajar a huéspedes de alcurnia, Festo hizo provisión en favor de Pablo del auditorio más magnífico desde un punto mundano, que jamás se le había permitido arengar. (23) “Y al otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrando en la audiencia con los tribunos y principales hombres de la ciudad, por mandato de Festo, fue traído Pablo.” Si el empleado que fue enviado por Pablo le hubiera dicho que el rey Agripa mandaba sacarlo para decapitarlo, como su padre lo había hecho con Jacobo, probablemente se habría sorprendido menos. ¿Pero quién puede imaginarse su asombro cuando se le informó que este vástago de la familia de Herodes deseaba oírlo predicar? ¿Podría ser cierto que la sima entre Cristo y esta familia, la más sanguinaria de todas las que se le habían opuesto desde el principio, se habría de salvar para dar paso a uno de ellos, un rey, que de veras quería oír el evangelio? Tal pregunta puede haber cruzado por la mente de Pablo mientras de prisa hacía preparativos para comparecer ante el esplendor público que le esperaba. La simple posibilidad de ganarse a Herodes para la causa de Cristo debe haber emocionado su alma conmoviéndole para hacer empuje digno de ocasión de tales auspicios. Casi comenzó a sentirse bien recompensado de los dos años de cárcel por el privilegio que se le daba. Por primera, y quizá última vez, se vio cara a cara un apóstol con un Herodes, a no ser que Jacobo haya tenido ese privilegio antes de ser degollado.

     Versículos 24 - 27. El proceso se condujo con toda la dignidad y la formalidad que convenía a tan augusto auditorio. (24) “Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros: Veis a éste por el cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalén y aquí, dando voces que no conviene que viva más; (25) mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho; y él mismo apelando a Augusto, he determinado enviarle; (26) del cual no tengo cosa cierta que escribir al señor; por lo que lo he sacado a vosotros; y mayormente a tí, oh Rey Agripa, para que hecha información, tenga yo qué escribir. (27) Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar las causas.” Fue confesión muy cándida, ante brillante público, de su ignorancia pagana acerca de una fe que se había difundido por todo el Imperio Romano, y aun establecido en la ciudad imperial de Roma. Probablemente en ese público había muchos además de Agripa que se sorprendieran de tal ignorancia, pues casi no es posible que los "principales hombres de la ciudad" allí presentes, y aún algunos de quiliarcas a su mando, no entendieran la posición de Pablo. Pero todos pudieron ver que Festo se hallaba en el predicamento malo, habiendo tenido preso a un hombre que tenía derecho a la libertad, hasta que, ya que hubo apelado a César, no hallaba cómo deshacerse de él.

 

Proceder al comentario sobre Hechos 26:1-32.

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