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"Los pastores tras el dinero de los creyentes"

                 

 "Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado", palabras de Cristo cuando encontró a los mercaderes en el templo en Jerusalén (Mateo 21:12-13; Juan 2:13-17). "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces" (Mateo 7:15).  

     ¿Cuántas veces ha escuchado, o exclamado usted mismo, o pensado en su corazón: "Las iglesias son un buen negocio. Los pastores son unos listos que viven de los creyentes ingenuos, aprovechándose de su bondad y generosidad"?

    ¿Está esforzándose para perseverar en una iglesia pero tiene dudas o a veces se siente incómodo, aun avergonzado, por la mercadería que hacen de usted y de sus hermanos?

      ¿Acaso ha decidido no asistir a ninguna iglesia "porque todas son iguales, llenas de mercaderes y adúlteros"?

       Lamentablemente, hay que admitir que muchas de ellas son más o menos iguales en este aspecto, pues de una forma u otra, hacen mercadería de lo sagrado. Pero, quisiéramos informarle que existen muchos miles de congregaciones en muchos países que no cometen semejante pecado. Nosotros los creyentes que componemos estas congregaciones repudiamos toda clase de mercadería religiosa. Si usted quiere seguir fielmente a Cristo, ¿no le parece que debería hacerlo también?

    ¿Se acuerda de lo que hizo Jesús cuando encontró en el templo en Jerusalén a los judiós que mercadeaban con lo sagrado? (Juan 2:13-17 )? Con gran celo y vehemenia ¡los echó fuera! ¿Piensa usted que no tratará con igual severidad a los evangelistas, pastores y demás clérigos que profanan a las iglesias con sus negocios y su incesante pedir? ¿Y qué será la suerte de los creyentes que los apoyan? Amigo lector, respetuosamente le rogamos que lea en su Biblia objetivamente y con oración, los textos siguientes: 2 Pedro 2:1-3, 2 Pedro 2:14-22; 1 Timoteo 6:3-5; 2 Corintios 11:20; Romanos 16:17; Apocalipsis 17; Ezequiel 13 y Jeremías 23.

    Según estos pasajes el camino al Cielo no es a través de las iglesias que mercadean con lo espiritual. ¿Acaso diría usted no conocer a ninguna iglesia donde no haya mercaderes al frente? Entonces,  deducimos que nunca ha conocido usted a la iglesia que Jesucristo fundó. Los que no profanamos el evangelio con crasas mercaderías somos la continuación de aquella iglesia. Lo somos, así creemos, no jactándonos sino expresando la confianza que todo hijo de Dios debería poseer, no solo por esta razón sino también porque seguimos las instrucciones del Espíritu Santo en todo lo concerniente a la organización y el funcionanmiento de la iglesia que Cristo edificó (Mateo 16:18). ¿No nos conoce? ¿Nunca ha leído los mensajes bíblicos que publicamos? ¿No ha escuchado nuestros programas radiales? ¿No ha visitado nuestros locales? Si responde en lo negativo, quizás no haya puesto toda diligencia en la búsqueda de la iglesia libre de comercio, de la iglesia netamente bíblica. El deber de cada alma es buscarla hasta encontrarla, aunque no está lejos de ninguno, pues se presenta claramente en las Sabradas Escrituras.

    Deseamos que nos conozca para que comprenda que la iglesia bíblica puede existir y cumplir su misión divina en la tierra sin recurrir a mercaderías vergonzosas. No pretendemos presentarle congregaciones donde todos los miembros hayan alcanzado la absoluta perfección moral o espiritual. No obstante el elemento omnipresente de la imperfección humana, los cristianos bien instruidos podemos aprender y predicar la "sana doctrina" (Tito 2:1; 1 Timoteo 4:16), sin hacer mercadería, y esto lo hacemos los "ministros competentes del Nuevo Pacto" (2 Corintios 3:6). Lo hacemos sin fomentar el emocionalismo excesivo o esclavizarnos a mandamientos del Antiguo Testamento, el cual fue abrogado en la cruz (Colosenses 2:14-16; Hebreos 7:12; Hebreos 8:1-13). Amigo lector, no deseamos venderle nada. No le exigimos el diezmo. Al unirse usted a nosotros, no estaremos pidiéndole muchas ofrendas todos los días. No procuramos lo suyo sino que deseamos que usted, al igual que nosotros, se salve eternamente.

    ¿A usted le llama la atención los templos grandes tipo "coliseo"p"pabellón"? Considere, por favor: Las congregaciones del primer siglo se reunían en casas (Romanos 16:3-5; Colosenses 4:15; Filemón 2), u otros lugares adecuados, pero no en templos opulentos.

    ¿Está infatuado con los "reverendos" de mucha carisma personal? ¿Impresionado grandemente por los "licenciados" de renombre? Considere: Los apóstoles no usaban títulos pomposos (Mateo 23:1-1 2), ni se ensalzaban a sí mismos (1 Corintios 3:5-7), ni permitían que otros cristianos los ensalzaran (2 Corintios 10:12-18).

    ¿Diezma, ofrenda y compra lo que los líderes carismáticos y sus feligreses ofrecen en venta, quizás motivado usted por la ilusión de devengar dividendos materiales? Considere: el Espíritu Santo enseña que "raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Timoteo 6:8-10). De cierto, él no es el autor del necio "evangelio de la prosperidad".

     ¿Vive su pastor en una mansión, usa joyas o es dueño de carros lujosos? Considere: nuestro Señor no tenía "donde recostar su cabeza" (Mateo 8:20).

    ¿Le hechizan los programas religiosos radiales o televisivos, y las campañas de "evangelistas internacionales" de renombre? ¿Aporta dinero para sostenerlos? ¿Por qué? ¿Qué busca? ¿Sanidad para su cuerpo? Considere: el apóstol Pablo, el evangelista Timoteo y otros obreros consagrados sufrieron enfermedades (2 Corintios 11:29; 1 Timoteo 5:23; Filipenses 2:25-27; 2 Timoteo 4:20). Intentar "comprar" la sanidad hubiese sido para ellos lo mismo que tentar a Dios. ¡Lo mismo que insultar a Dios! Lo mismo que elevar a la carne por encima del espíritu.

    ¿Le deleitan los "cultos avivados" con agrupaciones musicales y cantantes talentosos? ¿Aplaude, baila y grita frenéticamente? ¿Le gustan esas iglesias tipo "farándula" que presentan un "show"? ¿que montan espectáculos musicales? Considere: la iglesia fundada por Cristo está en el deber de hacerlo "todo decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40), y no para complacer y entretener a los asistentes sino para edificarlos y glorificar a Dios (1 Corintios 14:26). Es notable en extremo el contraste entre la iglesia tipo farándula y la iglesia serie y espiritual presentada en la Biblia.

    Si responde en lo afirmativo a las preguntas formuladas arriba, se ponen en tela de juicio sus prioridades y motivaciones espirituales. Si responde en lo afirmativo, francamente. opinamos que quizás sea usted presa fácil para los pastores mercantes. Estos se llenan de lana (dinero), pelando una y otra vez a las ovejas (creyentes) quienes vuelven una y otra vez procurando el alimento prohibido (beneficios materiales, "contratos con Dios"; "señales"). ¿Se encuentra usted entre las ovejas descarriadas y explotadas? ¿Por qué no sale del redíl de los falsos pastores que trasquilan despiadadamente a las ovejas que los siguen?

    ¿Es usted de los miles y miles que se quedan un rato en una iglesia, luego se salen porque no aguantan la mercadería, las intrigas, la hipocresía y los escándalos sexuales de los pastores? ¿Entonces se integra de nuevo por el miedo que siembran esos mismos pastores con sus "profecías" amenazantes y griterías sobre el "juicio", el falsamente llamado "rapto" y la Segunda Venida de Cristo? ¡Qué triste! Entrando y saliendo, brincando de iglesia en iglesia, buscando "bendiciones" materiales efímeras (dinero, prosperidad) y carnales (salud física) o huyendo de los mercaderes religiosos. ¿No le parece más sabio buscar y hacerse miembro activo de la iglesia que no hace mercadería sino que predica y practica la "sana doctrina"? Cristo regresará, sin duda, conforme a su promesa.  Pero, ningún hombre sabe exactamente cuándo. Retornará, y juzgará a los mercaderes religiosos, como también a los que los sostienen, sacándolos a todos de su Reino (Mateo 13:41-43), purificando su Reino como purificó el templo judío.

    Ciertamente, estamos viviendo el cumplimiento la profecía anunciada en 2 Timoteo 4:3. Grandes multitudes tienen "comezón de oír", pero no sufren "la sana doctrina" sino que se amontonan "maestros conforme a sus propias concupiscencias" (deseos egoístas). Los "buenos ministros de Jesucristo" predicamos la ley del Nuevo Testamento: la ofrenda voluntaria apartada cada domingo (1 Corintios 16:1-2). Pero, la mayoría de los creyentes aparta "su oído de la verdad" (2 Timoteo 4:4), esclavizándose a diezmos y dando múltiples ofrendas durante toda la semana, en ocasiones, ¡tres o cuatro en una sola reunión! Advertimos el pecado de cooperar con los "empresarios de carpa, radio y televisión", pero la advertencia es desatendida. ¿Nunca ha leído usted 2 Pedro 2:1-3? "Por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme." ¿Estaría usted cumpliendo esta profecía, bien sea como mercader o como víctima?

    Si ama la salvación y la Verdad, si ama a Cristo y su iglesia única y verdadera, ¡salga de en medio de los mercaderes! Acérquese a la iglesia edificada por Cristo para que goce de la libertad que el Señor concede bajo la nueva ley (Gálatas 4:21 - 5:13).

    Salga, se lo suplicamos, motivado por el deseo sincero de ajustar su fe y práctica a la regla inspirada (Filipenses 3:16). Si está meditando en su corazón: "Bueno, voy a salir de estas iglesias que exigen diezmos, piden muchas ofrendas y venden de todo, para hacerme miembro donde no tenga que aportar nada", pues nos incumbe indicarle que no estaría pensando espiritualmente. La generosidad es característica inconfundible del cristiano fiel (2 Corintios 8:1 - 9:15; Efesios 4:28; Hechos 2:44-45). Pero el cristiano fiel no mercadea con lo sagrado, ni impone leyes abolidas (por ejemplo, el diezmo). Voluntariamente, ofrenda generosamente "cada primer día de la semana... según haya prosperado"(1 Corintios 16:1-2). Esta directriz procede del Espírtu Santo. Es la voluntad de Dios. ¿Por qué hacerle caso omiso o quebrantar su mandamiento, trayendo sobre sí mismo condenación?

    El mundo está perdiéndose en el desenfreno de vicios, pasiones desordenadas y crimen. Los mercaderes religiosos, con sus grandes y pequeños templos llenos de víctimas, solo contribuyen al escepticismo y la  incredulidad que ahuyentan a muchos inconversos. ¿Cuántos creyentes han perdido su fe, reincidiendo en el mundo a causa de las artimañas y del mal testimonio de los mercaderes religiosos?

    Para la salvación de todo ser humano, predicamos el evangelio puro: que Cristo murió por los pecadores, fue sepultado y resucitó el tercer día (1 Corintios 15:1-8). Predicamos: "El que creyere y fuere bautizado será salvo" (Marcos 16:16) porque este es el mensaje que Cristo nos encomendó. Toda persona que se arrepiente y es bautizada (sumergida en agua) "para el perdón de pecados" (Hechos 2:38) "en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19), será añadida a la iglesia verdadera (Hechos 2:38-47) donde puede gozar de salvación y la esperanza de vida eterna.

    Si quiere conocer a una congregación que no hace mercadería, a la iglesia que Cristo fundó (Mateo 16:18) y compró a precio de sangre (Hechos 20:28), le animamos a buscar la más cercana, consultando Directorios de iglesias de Cristo en esta Web, o enviándonos un mensaje por correo electrónico a editoriallapaz2@gmail.com. Dios le ama y quiere salvarle (Juan 3:16) en la iglesia de la cual su Hijo amado es Cabeza y Salvador Efesios 5:23).

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