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Zoroastrismo

Zoroastro fue un profeta de una antigua religión de Persa unos seis cientos años antes de Cristo.

Religión de la antigua Persa, hoy Irán, fundada por Zoroastro (Zaratustra), a quien “se le ubica cronológicamente entre el año 628 y el 522 a.C.” , justamente en la época cuando gran número de judíos vivían en esclavitud en el mismo territorio. El siguiente perfil del zoroastrismo realza un sorprendente parecido a conceptos y doctrinas del Antiguo Testamento, como también a varios del cristianismo que sería fundado siglos después. Los autores toman nota de esta similitud, comentando: “Todos estos rasgos han hecho pensar más de una vez en una influencia del zoroastrismo sobre la religión judía”. ¿Y por qué no al revés? Los rasgos hacen pensar en una fuerte influencia del judaísmo sobre la religión persa o irania. Influye tanto en Zoroastro que este varón se dedica a reformar la religión persa, incorporándole algunos elementos y enseñanzas principales de Moisés y los profetas. Este escenario lo encuentro completamente plausible, ya que Zoroastro vivía durante el mismo tiempo cuando centenares de miles de judíos residían en Persa, ocupando al menos unos pocos (por ejemplo, Daniel, Ester y Mardoqueo) hasta posiciones de gran poder.  

“El zoroastrismo o religión mazdeísta atribuía la creación del mundo a Ahura Mazda, quien separó el cielo de la tierra y materializó las aguas, las plantas y los cuerpos celestes, aunque el mundo ya existía previamente en el estado espiritual. En un segundo momento se produjo la elección por los Espíritus gemelos, entre el bien y el mal, la vida y la muerte.

De acuerdo con la ética mazdeísta, el destino del hombre dependía de la elección que éste hacía en cada momento, ya que aunque su lado material está gobernado por el hado, no ocurría lo mismo con su lado espiritual. Así, pues, el papel del hombre en la lucha cósmica era el de tener buenos pensamientos, hablar con buenas palabras y obrar buenas acciones. Aun así, el libre albedrío se encontraba limitado por la lucha ritual y permanente contra la impureza, proveniente de mil causas, por la presencia de los demonios amenazadores y por limitaciones de la sabiduría humana, que no siempre era capaz de luchar contra el hado, por lo que al final sobrevenía un cierto fatalismo.

La escatología irania era especialmente compleja. Se creía en una vida más allá de la muerte, pero como la vida era esencialmente corporal, tal esperanza acabó materializándose en una doctrina de la resurrección del cuerpo. De esta forma llegó a surgir la idea de la restauración del mundo físico, asociada a la doctrina del advenimiento del Saoshyant o Salvador, que aparecería al final de los tiempos, bien en la figura de Zoroastro o alguno de sus descendientes, bien en la de Mitra. Entonces tendría lugar el último acto de la historia del mundo, con la derrota definitiva de todos los poderes y fuerzas maléficas, y se produciría la resurrección de los muertos, de la que las almas condenadas al infierno también habrían de participar. Todos estos rasgos han hecho pensar más de una vez en una influencia del zoroastrismo sobre la religión judía.”

Nota: si bien algunos rasgos hacen pensar en la religión judía, el siguiente no guarda ningún parecido, causando hasta asco.

“La principal ceremonia de purificación era el bareshnum, en la que las impurezas se lavaban en unos hoyos hechos en el suelo, con agua, arena y orín de toro.”

 

               El origen incierto de Zoroastro                           

‘Ahura Mazda es un gran dios, quien creó la tierra, el cielo, los hombres, la paz para los hombres, quien hizo rey a Darío, quien convirtió a uno en rey de muchos, en mandatario de muchos’. Zoroastro (o Zaratustra, como también se le conoce) fue el reformador del mazdeísmo primitivo entre los antiguos pueblos bactrianos. Aunque se le ubica cronológicamente entre el año 628 y el 522 a.C. y se le hace incluso natural de una ciudad (Ragues), el hecho cierto es que históricamente no está probada su existencia, sino que su biografía pertenece todavía al dominio de la leyenda, pues su figura estuvo indeleblemente unida a la vida religiosa del antiguo Irán. Su verdadero nombre fue Spitama (‘el brillante que ataca’), hijo de un piadoso sacerdote llamado Purushaspa. Tras un retiro espiritual de diez años, la suprema divinidad, el señor de la sabiduría, Ahura Mazda, le instó a predicar su doctrina. Recorridos caminos y ciudades, la leyenda indica que murió asesinado. Su doctrina, que quedó escrita muy pronto con letras de oro sobre la piel de doce mil bueyes, constituye el germen del Avesta. Aquel mítico ejemplar sería quemado finalmente en Persépolis por el conquistador macedonio Alejando Magno." 

De la serie de libros "Historia de la Humanidad", tomo "Persas e Hititas".. C. González, J. Martínez y S. Montero. MM Ediciones Credimar, S.L., Barcelona. Páginas 30-31.

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