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-Clases bíblicas. Compendio de guías y textos.
 

-Febrero del 2007
-Derechos reservados
-Cuatro páginas

Bosquejo para mensaje espiritual.

-Categoría: levantar ánimos, orientar perspectivas, descubrir actitudes
y acciones que fortalecen a la mente y el espíritu, encaminar hacia
la gloria celestial y la inmortalidad.

 

“Alzaré mis ojos…”
Salmo 121:1-2 

I.  Introducción.

A.  Salutación.

B.  El tema: “Alzaré mis ojos…”.

1.  El Creador me ha dado dos piernas y dos pies para que ande erguido, con dignidad. ¿Por qué habría yo de andar todo doblado, o arrastrarme por el suelo?

2.  Además, me ha dado dos maravillosos ojos, los que captan imágenes, a todo color, de todo lo que hay en derredor mío, para que al andar no tropiece, o al ejecutar cualquier acción, no me lastime o me mate. ¿Por qué habría yo de frustrar el propósito de estos dos valiosísimos ojos?

3.  “No se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”, apuntó Salomón en Eclesiastés 1:8. Y el apóstol Juan advierte que “los deseos de los ojos” son del mundo, añadiendo que “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:16-17).

4.  En esta ocasión, mi enfoque principal no es sobre estos “deseos”, o pasiones, “de los ojos”, sino más bien sobre la orientación y el alcance de nuestra mirada, tanto literal como figurativa o espiritualmente.

a)  Físicamente, estos ojos me permiten detectar una pajita pequeñísima en una taza de café.

b)  Igualmente, hacen posible que vea en el cielo despejado de la noche, estrellas tan lejos que la distancia se mide en miles de años de luz, aun en millones, desplazándose la luz a 270,921 kilómetros (186,000 millas) por segunda.

II.  El uso que doy a mis ojos en el plano material enseña muchísimo acerca de mi condición emocional, moral, psíquica y espiritual. Veamos. (Se utilizan cinco cartulinas, con figuras sencillas dibujadas con un rotulador: un círculo, un tanto ovalado, para la cabeza, y líneas rectas o curvadas para el resto del cuerpo.)

A.  Dibujo de figura mirando fijamente al suelo, o al piso. (Cabeza inclinada. Para la boca, una línea curvada hacia abajo, indicio de tristeza, negativismo, etcétera. Brazos caídos.)

1.  Representa a la persona que anda con los ojos clavados en el suelo, o el piso.

2.  ¿Qué ve allá abajo?

a)  ¡Tierra, polvo, fango! ¡Cemento, asfalto, grietas!

b)  Suciedad, basura, aguas contaminadas, acaso sabandijas, gusanos o talvez ¡una culebra!

3.  Este uso de los ojos, y esta manera de andar o pararse, se interpretan como evidencia de espíritu desmoralizado, quebrantado; ánimo caído, inseguridad, falta de auto estima, esperanza perdida; quizá aun de mente entenebrecida, mal intencionada, peligrosa o aun delictiva.

4.  Jóvenes y adultos jóvenes presentes, me parece no equivocarme al señalar como fenómeno algo alarmante de nuestros tiempos el hecho de que no pocos de sus grupos acostumbran andar, pararse o sentarse, mirando hacia sus zapatos, hacia el suelo o el piso. ¿A qué se debe este hábito? ¿Acaso están admirando sus tenis de última moda? ¿O la timidez los aflige? Mi percepción personal es que se trata de una forma de lenguaje corporal cuyo mensaje contiene elementos de desinterés desafiante y agresiva beligerancia. ¿No acierto? Querido joven o adulto joven, usted se ve mucho más lindo y maduro si levanta su cabeza y alza sus ojos, honrándose a sí mismo como ser inteligente y respetando a los seres humanos con quienes interactúa o que le observan. Por favor, ¡alce sus ojos!, pues la vida que vale la pena no se encuentra en el suelo, sino arriba de él en dimensiones más altas.

5.  Amados ancianos, observo en su grupo la misma tendencia de andar, pararse o sentarse con la cabeza inclinada hacia abajo y la mirada clavada en el suelo. ¿Por qué? ¿Acaso las enfermedades y la vejez le hacen encorvarse? No es fácil erguirse derechito cuando la artritis y otras condiciones halan hacia abajo. Comprendemos que otras condiciones también hacen al anciano doblarse aún más: el desaliento, la soledad, la acumulación a través de los años de sinsabores, decepciones, fracasos reales a apercibidos como reales, el acercamiento inexorable de la muerte. Con sincera reverencia hacia todos los ancianos presentes, les animo a esforzarse para enderezarse la máximo posible, tanto física como mental, emocional y espiritualmente, alzando los ojos hacia el horizonte de un nuevo mundo venidero y una nueva vida perfecta, continuamente renovada en la fuente de la inmortalidad.

6.  El reto, tanto para jóvenes como para ancianos y todos los seres humanos es: ¡Alzad sus ojos! Tal cual el rey David, ejercer la prerrogativa de la voluntad decidida, afirmando: “Alzaré mis ojos…”.

7.  Quien no lo hace pierde bellezas y bendiciones.

-Un ejemplo sencillo personal de cómo esto puede suceder. Una noche de luna casi llena, bajaba a pie, del taller donde trabajo, por la falda del monte, caminando hacia mi casa. Llegando al camino llano, andaba con la mirada clavada en la gravilla. De repente, se formó en mi mente la pregunta: ¿Por qué estoy andando así? Levanté la cabeza y al alzar los ojos vi la silueta del gran árbol “Laurel de la India” que crece frente a nuestra casa. Muy alto, ancho y frondoso el árbol, contra el cielo iluminado por la tenue luz dorada de la luna. Me quedé maravillado, contemplando mis ojos y mi espíritu tan majestuosa obra de la creación. Si no hubiese alzado mis ojos…

B.  Dibujo de figura mirándose a sí misma casi constantemente: su físico, su atuendo. Todo tiene que ser perfecto, y de no serlo se le escucha refunfuñando, criticando o lamentando. Mira a otros seres humanos con el mismo lente carnal y materialista.

1.  El uso que da a sus ojos descubre una mente obsesionada con el cuerpo mortal y cosas temporales.

2.  Seguramente, aumentarán sus frustraciones, quejas y amarguras con el andar de los años, pues el deterioro del cuerpo mortal no lo podrá detener, desenlazándose esta condición en la muerte.

3.  El remedio, por lo menos en parte, para este mal uso de los ojos, para esta miopía mental y espiritual, es quitar la mirada del cuerpo físico hasta el máximo de tiempo posible, sin descuidar sus necesidades o afear innecesariamente su aspecto. La exagerada atención prestada al cuerpo mortal es causa de muchos males emocionales, mentales y sociales. Obsesionarse con sus defectos, dolores, enfermedades e inevitable envejecimiento es contraproducente para la salud mental, como además para la salud del corazón y la del alma.

4.  Es provechoso tanto para el cuerpo físico como para el alma alzar los ojos, desviando la mirada hacia personas menos afortunadas que nosotros. A menudo, recobramos el equilibrio en todo aspecto de la vida, poniendo la mira en otros que necesitan de nuestra ayuda, bien sea material o espiritual.

5.  Sobretodo, ganamos “más excelente y eterno peso de gloria… no mirando… las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven (incluso, el cuerpo mortal) son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17-18).

C.  Dibujo de figura con una cabeza grande, llena del chisporroteo de un cerebro aturdido. Sus ojos, pues sin brillo. Su mirada, vacía. Esta condición de los ojos se debe a que pasa casi todo el tiempo mirando por dentro.

1.  Contemplando y analizando sus distintos estados mentales y emocionales, siempre cambiantes, con toda variación, anomalía o asomo de desatino, por leve o efímero que sea.

2.  Cotejando y fiscalizando continuamente todos sus pensamientos, aun los más fugaces e imprecisas. Todas las impresiones, percepciones, sueños, pesadillas. En fin, toda actividad cerebral, incluso todos sus sentimientos.

3.  En cuanto a la introspección, una medida razonable es necesaria y saludable, pero la obsesión con todos los procesos cerebrales conlleva a la posible locura.

4.  ¿Remedio? Reorientar su mirada hacia seres y objetos hallados tanto en el mundo espiritual como en el terrenal. Ponerse fuerte consigo mismo, quitando su mirada de la esfera interior y virándola hacia esferas exteriores. Aunque suene como una simplificación poco profesional, ¡funciona! Suele arrojar resultados positivos.

D.  Dibujo de una figura sentada frente a un monitor de computadora. ¿El uso principal que da a sus ojos? ¡Ver pantallas!

1.  Vivimos la “Edad de las Pantallas”. Grandes, medianas y pequeñas. Ubicuas. En salas de espera. En oficinas. En pasillos. En negocios. ¡Hasta en los quirófanos! Y en las casas, ¡ni hablar! Pantallas de…

a)  Televisores.

b)  Cines.

c)  Monitor de computadora, con acceso al Internet. Incluso, de “Palm Pilot”.

d)  Juegos electrónicos.

e)  Teléfonos.

f)   DVD portátil.

g)  De propaganda, nada más.

2.  Para multitudes, la “pantalla” delimita, prácticamente, el alcance de su “mirada”.

3.  Estas tantas “pantallas” dondequiera, ¿las habrá en el lugar de castigo eterno?

4.  Reto: ¡Alzad sus ojos! Quitarlos de la pantalla por un rato. Mirar más allá de la “pantalla”.  Más allá del “mundo cibernético”. Que existe un mundo real allá afuera. Que existe un mundo mejor más allá de este.

E.  Dibujo de una figura parada en la tierra, mirando hacia el cielo, el Paraíso, la gloria y la inmortalidad.

1.  Alzando sus ojos hacia los cielos literales, ve en ellos muy fuerte evidencia de la existencia del Creador Todopoderoso.

2.  Clava su mirada en el futuro, particularmente en lo que su Creador ha descubierto para los “ojos de su entendimiento”.

3.  Está mirando más allá de este mundo, más allá de su propio cuerpo físico, más allá de las personas en derredor suyo, incluso familia e iglesia.

4.  Y, habiendo alcanzado una visión tan clara, es probable que no la pierda jamás, pese a las importunaciones de la carne, de los carnales o aun de los que reclaman ser espirituales, sin serlo en grado alto.

5.  Desea la inmortalidad (Romanos 2:7-10). Está decidido a echar “mano de la vida eterna” (1 Timoteo 6:12). Comprende que la vida terrenal es “neblina que se parece por un poco de tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14), y no se conforma con que su existencia se reduzca a mera “neblina pasajera”. Entiende que la inmortalidad cambia totalmente esta condición, dotando la vida de solidez indisoluble, valor imperecedero y permanencia eterna. ¿Cuál de estas condiciones quiere usted para su propia vida? ¿Qué sea mera “neblina”, o que se convierta en una realidad gloriosa por toda la eternidad?

III.  Invitación.

A.  Le animo a ser como esta última figura.

B.  El título de este mensaje es del Salmo 121:1-2, diciendo la cita completa: “Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.”

1.  Quien tiene sus ojos clavados en el suelo, en su propio cuerpo físico, en el interior de su cráneo o en las pantallas electrónicas, las que representan intereses primordialmente terrenales, si bien no depravados, no ve “los montos”, simbolizando estos “montes” el reino eterno de Dios. ¿Ha visto usted estos “montos”? ¿Han contemplado sus ojos al Jehová “que hizo los cielos y la tierra”?

2.  ¿De dónde vendrá su “socorro” en el día de la muerte del cuerpo físico o en el día del fin?

C.  Sorprendentemente, algunos personajes de la antigüedad podían ver muy, pero muy lejos, desde aquellos tiempos remotos discerniendo aun la patria celestial, con su “ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob. “Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolos, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:16). Y nuestra visión, ¿acaso tiene menos alcance?

D.  ¿En qué poner los ojos? “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

1.  Cristo pudo soportar la cruz porque fijaba su mirada en “el gozo puesto delante de él”.

2.  Deberíamos seguir su ejemplo, poniendo nuestros propios ojos, primero en él como ejemplo, luego en el mismo “gozo” que le atrajo, sosteniéndolo en medio del sufrimiento, y fortaleciéndole hasta que llegara a sentarse “a la diestra del trono de Dios”.

D.  ¿Se acuerda de 1 Juan 2:16-17. “El que hace la voluntad del Padre permanece para siempre.”

1.  “La voluntad del Padre” se expresa en las pautas de Cristo sobre la salvación. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16).

2.  ¿Desea usted permanecer “para siempre”? Pues, ¡haga la voluntad del Padre en esta misma hora oportuna, confesando en nombre de Cristo y bautizándose “para perdón de los pecados”.