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Mente y espíritu. Salud mental y espiritual. Más de sesenta y cinco artículos, mensajes e intercambios en esta Web.

Sermones en esta Web. Más de ciento diez. De texto completo. Audio. Video. Para PowerPoint.

Mente sana y fuerte. Corazón sumiso. Segundo mensaje de la serie de tres cuyo tema general es ¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin! ¡Congregación igualmente fuerte!

Espíritu presente y al mando. Tercer mensaje de la serie de tres cuyo tema general es ¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin! ¡Congregación igualmente fuerte!

Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual –todos tan saludables y fuertes que cumplen su propósito hasta el fin. Este mensaje en AUDIO.

 

Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual –todos tan saludables y fuertes que cumplen su propósito hasta el fin

Esta gráfica de un varón de espaldas con una proyección de sí mismo más grande delante de él, todo contra un trasfondo esotérico de expansiones y esferas de tonalidades verdes ilustra el tema Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual, en editoriallapaz.

La primera figura de espaldas en esta gráfica representa al “hombre exterior”, y, por extensión a la “mujer exterior” y al “joven exterior”. La segunda figura delante de él y semitransparente representa al “hombre interior”, y, por, extensión a la “mujer interior” y al “joven interior”. Las esferas a la izquierda y la luz distante simbolizan la traslación por el tiempo de todo el ser humano –cuerpo, mente (alma) y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23)- hacia el instante cuando el cuerpo físico fallece, librando a mente y espíritu de la fase material de su existencia.

 

Primer mensaje de tres sobre el tema general…

¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin!

¡Congregación igualmente fuerte!

Versión en AUDIO de este mensaje

 

Introducción

El Tema general para los tres mensajes programados es: ¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin! ¡Congregación igualmente fuerte!

El Tema particular para el primer mensaje es el siguiente: Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual –todos tan saludables y fuertes que cumplen su propósito hasta el fin.

Al decir “dos hombres”, me refiero al “hombre exterior”, o sea, al cuerpo físico, y al “hombre interior”.

Las “dos mujeres” son la “mujer exterior” y la “interior”.

Y “dos jóvenes”, pues, el “joven exterior” y el “interior”.

El “cuerpo espiritual” del título es el “cuerpo de Cristo”. Como en 1 Corintios 12:12-27, la lectura bíblica principal para este mensaje, la que termina con la declaración: Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Vosotros, miembros de la congregación en ___________, sois el cuerpo de Cristo, es decir, su cuerpo espiritual. Cuerpo que ha de ser tan saludable y fuerte que cumpla su propósito, su misión, hasta el fin del tiempo programado para el universo material.

I. Al principio, deseo llamar atención al “hombre interior”, a la “mujer interior” y al “joven interior”.

¿Quieren todos los presentes mirar, por favor, a este servidor en este instante? No a su teléfono inteligente, laptop o tableta sino a mí, no fijándose tanto –se lo agradeceré- en mis defectos físicos. Mirando cada uno con sus dos bellos ojos tan maravillosos, los que retratan en un santiamén toda mi presencia física. Están viendo mi “hombre exterior”, mi cuerpo físico; y yo, el suyo, ahí sentado. ¡Qué hermosa audiencia! Gracias por acudirse a esta reunión especial.

Están viendo mi “hombre exterior”, pero, yo, Homero Shappley de Álamo, que les habla, soy el “hombre interior” que ocupa y utiliza este cuerpo físico. Soy ser espiritual engendrado por Dios, el “Padre de los espíritus” (Hebreos 12:9). Mi “hombre exterior” es este cuerpo de carne y huesos en el que me presento delante de ustedes. Hago uso de él, particularmente, de millones de células del cerebro y de múltiples órganos complementarios –por ejemplo, las dos cuerdas vocales, la garganta, los pulmones, la lengua y los labios- para comunicarme verbalmente con ustedes. Además, el complicadísimo y fantástico sistema ocular físico para comunicarme visualmente con ustedes.

Yo, el “hombre interior”, ser espiritual, he de pasar la primera fase de mi existencia –me refiero a la terrenal- en este “hombre exterior”. Pero, mi crecimiento y desarrollo no están sujetos enteramente a las limitaciones de este cuerpo físico. Esto me lo enseña el Padre de mi espíritu y Creador de mi cuerpo terrenal, explicando que “…aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16). ¡Esto es fenomenal! ¡Glorioso en grado sumo! De manera que, definitivamente, el ser interior –el espíritu, el hombre interior, la mujer interior, el joven interior- ¡su existencia, su vida, su desarrollo, no están vinculados inextricablemente con el moribundo hombre exterior. ¡Qué maravilla! Puede renovarse “de día en día”, pese a que el hombre exterior se vaya desgastando hasta, por fin, perder completamente su vida animal, terminando en la tumba.

Ahora bien, la condición, la naturaleza, de cada uno de ustedes es la misma que tiene este servidor, a saber, la de ser interior espiritual que ocupa, durante su existencia terrenal, un ser exterior físico de carne y sangre. Se supone que todo cristiano presente comprenda, y tenga presente en todo momento, esta gran realidad trascendental. Solo así puede el cristiano ser tan saludable y fuerte que venza hasta el fin, transformándose “de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18) hasta tener la dicha incomparable de ser glorificado eternamente. El que la pierda de vista su ser interior se expone a una deterioración espiritual, la cual, no detenida y reparada, bien pudiera conducir a la muerte segunda eterna (Apocalipsis 20:14-15), de la que no habrá salida nunca jamás. Diríase que el tal cristiano necesita urgentemente recapacitar, arrepentirse y restaurarse, aun en esta hora oportuna.

Amigo, amiga, joven, adulto, ¿no entiende usted lo que estoy diciendo? ¿Ya no me está mirando ni escuchando? Si responde en lo negativo –“Que no; no entiendo. Ni me interesa.”- entonces me incumbe informarle –con todo respeto, y no, jamás, para lastimarle- que su ser interior –hombre interior, mujer interior, joven interior- está en tinieblas, arrinconado, opacado, parado en las sombras; sin conocimientos vitales, insensible a su origen divino y sus atributos potencialmente gloriosos.

¿Qué le pasa?, pregunto amablemente. ¿Acaso no cree usted que sea usted mismo, fundamentalmente, ser espiritual engendrado por el “Padre de los espíritus”, el Dios Creador? Si dice que no cree, o que alberga dudas, o que no sabe, permítame, se lo ruego cariñosamente, plantearle un pequeño reto. Veamos. Explicarse a sí mismo, con toda honestidad, cómo un ser enteramente material, físico, de carne y sangre, nada más, sin espíritu, sin entendimiento o inteligencia espiritual, pudiera llegar a tener la capacidad para idear y exponer con claridad conceptos morales-sociales-espirituales tan sofisticados como los que estamos comenzando a auscultar. Grandiosas ideas que trascienden infinitamente lo netamente material-carnal. ¿Cuán razonable sería que lo puramente material, como el universo material que nos rodea, pudiera producir, siquiera a través de miles de millones de años, e igual número de mutaciones, sublimes conceptualizaciones de magníficos seres espirituales y esferas paradisíacas espirituales? Personalmente, sostengo, para su reflexión inteligente y objetiva, que tal hipótesis nada de lógica o sentido común tiene.

El dilema para multitudes de seres humanos estriba en que el hombre natural-carnal-material “…no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas…” (1 Corintios 2:14-15). La solución es despertar al “hombre interior” espiritual, revivirlo, dejarlo tomar el control que le corresponde, que no esté escondido detrás del “hombre exterior”, sujeto a él, esclavo de él, sino que tome posición frente al “hombre exterior”, usando a este sabiamente para realizar lo bueno durante esta fase terrenal de existencia. Solo así puede el “hombre interior” ser tan saludable y fuerte que cumpla su noble designio divino mientras ocupe al “hombre exterior”. ¿Posee usted suficiente fuerza de voluntad para implementar esta solución? ¡Ojalá que sí! Para su propio bien actual y eterno. Pues, de otro modo, ¡ay de usted cuando su cuerpo mortal emita el último suspiro! Ya que ahí no cesará de existir usted como ser espiritual.

El hombre interior tiene necesidad imperiosa de un cuerpo humano físico saludable y fuerte para manifestarse a plenitud en el mundo material.

 

II. Ha de ser del todo obvio para todo humano pensante que el ser interior tiene menester de un ser exterior, o sea, cuerpo físico, saludable y fuerte para poder manifestarse a plenitud en este mundo material. He aquí, el lema de este mensaje. Repito, para énfasis: el ser interior tiene menester de un ser exterior, o sea, cuerpo físico, saludable y fuerte para poder manifestarse a plenitud en este mundo material. Moverse, expresarse, ejecutar. ¿Qué tal, hermano, amigo, joven, la condición de su propio cuerpo físico?

A. ¿Ama usted a su cuerpo físico? ¿A su ser exterior? Favor de levantar su mano todo aquel que si, definitivamente, lo ama. Levantar su mano si lo aprecia muchísimo. ¡En alto! ¿No se atreve a profesar usted amor por su cuerpo de carne y huesos? Pues, ¡no sea tímido!, ya que, a la verdad, no hay nada malo en sentirle amor –amor natural, grandísimo aprecio- como tampoco es malo amar la vida terrenal. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Efesios 5:28-29), apunta el apóstol Pablo por el Espíritu. Y el apóstol Pedro escribe: “El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño” (1 Pedro 3:10).

Lo malo es el narcisismo, o sea, amor excesivo por su ser físico. Amarse a sí mismo sobre todo y todos con un amor exagerado, totalmente egoísta; obsesionarse consigo mismo, con su apariencia física, viviendo solo para sí, importándole en poco, o en nada, los demás.

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[Analogía entre el cuerpo físico humano y el cuerpo espiritual de Cristo.]

Entre los propósitos fijados para este mensaje figura el de desarrollar cierta “Analogía” entre el cuerpo físico humano y el cuerpo espiritual de Cristo, y en momento la iniciamos.

Según explica el apóstol Pablo, Dios el Padre sometió todas las cosas bajo” los “pies” de su Hijo, Cristo, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,  la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22-23). Entonces, se nos enseña con diáfana claridad que el “cuerpo” espiritual de Cristo es “la iglesia”. Él es “…cabeza… a la iglesia, la cual es su cuerpo…”

¿Cuántos cuerpos tengo? ¡UNO!

Y, ¿cuántas cabezas? ¡Una sola!

¿Cuántos cuerpos espirituales tiene Cristo? “…un cuerpo”, como también hay, en la matemática de Dios, solo “un Espíritu… un Señor, una fe, un bautismo”(Efesios 4:4-5). Y no, en definitivo, una multiplicidad de cuerpos espirituales, fes o bautismos.

¿Cuántas cabezas tiene el cuerpo espiritual de Cristo, el cual es la iglesia? Dios “dio… a la  iglesia” ¡una sola “cabeza sobre todas las cosas”! Cristo es, pues, la única cabeza de la iglesia. Él vive hoy, y hoy mismo ejerce toda autoridad en la iglesia fiel a él. Nunca ha delegado jamás su autoridad o posición de “cabeza” a hombre o entidad alguna en la tierra.

¿Ama usted a la cabeza de la iglesia, gozosamente sometiéndose a su autoridad única y exclusiva?

¿Ama usted a la iglesia? Cristo “amó a la iglesia” tanto que “se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25; Hechos 20:28). Reflexionando seriamente sobre un amor tan grande y abnegado, seguramente hemos de concluir que la iglesia la debemos amarla también con un amor fuerte como la muerte (Cantares 8:6), obedeciendo al evangelio para ser añadido a ella (Hechos 2:37-47), y permaneciendo en ella hasta el fin, sin perder el “primer amor” (Apocalipsis 2:4-5).

¿Golpea usted a su propio cuerpo físico? ¿Se da latigazos? ¿Lo hiere, lastimándolo hasta el extremo de hacerlo sangrar?

En estos días de Cuaresma y Semana santa, no faltan hombres y mujeres que atormentan a sus propios cuerpos. Se flagelan hasta que su propia sangre chorrea. Se dejan crucificar. Andan de rodillas sobre superficies duras, poniéndose sangrientas estos humildes miembros del cuerpo físico. Semejantes casos se dan particularmente en Brasil, las Filipinas, México y Perú. Sin embargo, el Espíritu Santo dice, educándonos y advirtiéndonos: Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Colosenses 2:23).

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Prosiguiendo con la “Analogía” entre el cuerpo físico y el cuerpo espiritual, ¿se atrevería usted a golpear al cuerpo espiritual de Cristo, el cual es la iglesia? Tan delicado este cuerpo espiritual, hermoso, celestial, perteneciente al Señor, morada del Espíritu Santo. ¿Asestarle latigazos verbales? ¿Contaminarlo con lo mundano? ¿Herirlo con disensiones, o, peor aún, divisiones? ¡Ay de aquel que lo haga! El tal debería arrepentirse en esta misma hora, echando, metafóricamente, cenizas sobre su cabeza y vistiéndose de cilicio.

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B. [Sustentar y cuidar al Cuerpo físico.] Volviendo sobre el cuerpo físico, pregunto: ¿sustenta y cuida usted a su cuerpo, “como también Cristo a la iglesia”? Asentar con la cabeza o decir “Amén” si lo hace. Pues, ¡yo también!

En enero, fui a una cita con el Dr. Lance Simpkins, cardiólogo, en Coral Springs, Florida. Judío, de unos sesenta años de edad, me recibió y atendió con cariño descomunal. Enterándose de que este servidor había pasado casi cincuenta años en Puerto Rico, y preguntándome por qué, se lo expliqué brevemente. Respondió: “Pues, como usted procura la salud de las almas, yo procuro la de los cuerpos humanos”. Procedió a examinarme y terminó midiendo mi cintura, luego mis caderas, y, por último, ¡mi cuello! Le comenté que ningún medicó jamás me había medido así; que por qué lo había hecho. Me dijo: “You are obese!” “¡Usted es obeso! Además de cardiólogo, tengo una especialidad en el control del peso. ¡Usted es obeso! Su cintura mide más que sus caderas. Le recomiendo más dominio sobre su dieta, cuánto y qué coma.Me quedé boquiabierto, pues yo no me tenía, precisamente, por “obeso”; más bien, ¡en la línea!, aunque sí, bueno, un poquitito sobrepeso. Seguimos charlando amigablemente. Determiné disciplinarme más en lo concerniente a sustentar mi cuerpo y proteger mi corazón. Por cierto, lucha a diario para mí.

Tengo otra cita con el Dr. Lance Simpkins en junio, y ¡no quiero que me regañe!

Después de la cita con el buen doctor, fui a casa donde comí un pedazo grande de pie de pecan –mil calorías, más o menos. ¡No lo resisto! He aquí, la excusa psíquica de la mayoría de nosotros. “¡No lo resisto!” ¿Cuántas veces lo habrá dicho usted?

¿No es esta la mismita excusa a la que apelan otros seres humanos para justificar sus vicios? “No resisto esas cervezas bien frías, ese ron bien elaborado, el cigarrillo, tal droga psicodélica, la pornografía…” ¿Se da cuenta usted?

Conocí a un predicador de habla inglesa que había llegado a pesar unas 300 libras, quizás más. Un poco más alto que este servidor. Muy buen predicador; muy fiel a la Palabra. ¡Muy, muy gordo! Aquel querido hermano sufrió un ataque cardiaco fulminante que por poco acaba con su vida terrenal. Fue operado a corazón abierto, haciéndole los cirujanos varios by-passes. A los pocos días tuvieron que intervenirle de nuevo, luego tres o cuatro veces más. Rebajó gran cantidad de libras, pero ha seguido sufriendo complicaciones graves. Se empeña valientemente en continuar sus ministerios, pero la falta de salud limita notablemente su desempeño.

¿Amaba más la comida -los sabores, los olores de la buena cocina- que su propio cuerpo, haciendo de la comida su diosa? Él sabrá.

Pero, ¿no confronta el tal cristiano –sea hombre o mujer, ministro o soldado de fila, joven o anciano- un dilema bastante serio? ¿Cómo exhortar a los viciosos a imponerse disciplina si uno mismo no se la impone en ciertos aspectos verdaderamente importantes de su propia vida? Al amante de la botella. Al adicto de estupefacientes, al esclavo de apuestas, al obsesionado con pornografía, al derrochador de dinero, de bienes. Se asoma el fantasma de la hipocresía: “Tú que señales, pero haces cosas de la misma categoría”.

Invoco de nuevo el lema de este mensaje: el ser interior tiene imperioso menester de un ser exterior saludable y fuerte para poder manifestarse a plenitud en este mundo material.

Estando este servidor hospitalizado en HIMA-San Pablo de Caguas durante cinco días, no podía predicar o enseñar en la congregación, participar en los cultos y demás actividades, trabajar en los sitios nuestros de Internet, llamar o visitar a los hermanos, hacer buenas obras, ni apenas evangelizar. Causando angustia y estrés a mi amada esposa. Sufriendo tanto ella como yo las consecuencias dolorosas de no cuidar más la dieta yo mismo, disciplinándome más rigorosamente. 

Amados en el Señor, enfermos o impedidos por nuestros propios excesos, no podemos servir a Dios o a la congregación al máximo de nuestro potencial, de nuestros dones. En vez de servir nos vemos en la necesidad de que nos sirvan, y esto como resultado de nuestra indisciplina. El “¡No resisto!” bien puede cortar drásticamente nuestro servicio al Señor y su gran Causa, aun llevándonos a una muerte prematura, la cual anularía bruscamente nuestra utilidad en el glorioso Reino de justicia y santidad.

En medio nuestro como congregación se desempeña admirablemente una preciosa pareja que ejemplifica lo que estamos enfatizando: Dieta sana y disciplina fuerte, continua y rigorosa. Me refiero a los hermanos Ramón y Vargas. Se me dijo que Ramón come zanahorias y papas para el desayuno, almuerzo y cena. Y que el amado Cristóbal hace otro tanto. ¡Caracoles! Sí, en definitivo, ¡que me va a costar trabajo imitar su ejemplo! Pero, he sorprendido a uno de ellos comiendo galletas y tomando Sprite ahí en la cocina antes de la reunión los domingos por la mañana. ¿Será por eso que llega tan temprano? Bueno, he de confesar que yo también estaba en la cocina buscando qué picar. A propósito, hermanas, últimamente no estoy encontrando casi nada allí dentro de la nevera, ni fuera tampoco.

Y otra vez, cito el lema de este mensaje: el ser interior tiene menester apremiante de un ser exterior saludable y fuerte para poder manifestarse a plenitud en este mundo material.

 

Algunos de los Doce sistemas del cuerpo humano físico se ilustran en esta gráfica.

Gráficas de algunos de los Sistemas del cuerpo físico humano.

 

III. [Sistemas del cuerpo físico humano.] ¿Está informado usted, querido amigo, amiga, hermano, hermana, que cada cuerpo humano se compone de Doce sistemas biológicos principales? “Sistemas” significa “de múltiples órganos”. Estos sistemas hacen posible la vida, salud, fuerza y longevidad del cuerpo.

A. Identificamos los doce.

El Cardiovascular, el Digestivo, el Reproductivo, el de los Huesos, el de los Músculos, el Nervioso, el Respiratorio, el Endocrino, el Linfático, el Urinario, el Inmunológico y el Tegumentario, el cual es el de la piel y el pelo.

B. Estos Doce sistemas están estrechamente interrelacionados. Son Interdependientes. Cada uno se acciona en el instante necesario. Funcionan al unísono, algunos las veinticuatro horas de todos los días de nuestra vida, por ejemplo: el cardiovascular, el nervioso, el respiratorio y el tegumentario. En este preciso momento, en todo cuerpo corporal presente, ¡estos sistemas, con la excepción de dos o tres, están funcionando en maravilloso concierto! Haciendo posible la vida terrenal, y funciones asignadas a ella. El cuerpo humano. ¡estupendo organismo vivo, funcional, capaz de grandiosas hazañas!

¿Producto de la selección natural evolutiva darwiniana en acción a través de miles de millones de años? ¿Está bromeando? ¡Ni soñarlo! Multitudes de científicos de distintas ramas –biólogos, geólogos, astrólogos, sismólogos, paleontólogos, químicos, doctores de medicina- tampoco creen que el cuerpo humano sea producto de la evolución darwiniana.

El fantástico cuerpo humano respira, proyecta, despliega Diseño inteligentísimo en toda fase de su desarrollo, desde el instante de concepción hasta la tumba.

Así que, deduciendo, lógicamente, que un Ser tan y tan inteligente lo concibió, lo creó y lo mantiene con vida, teniendo propósitos inteligentes para él, la misma lógica –el mismo sentido común- debería impelernos a procurar conocer a tal Ser, relacionarnos con él y alinearnos con su voluntad.

De hecho, ¡él no está lejos de ninguno de nosotros! (Hechos 17:27), ya que su fenomenal inteligencia, poder, aprecio por simetría, belleza, organización, etcétera, se manifiestan en el cuerpo físico de cada humano, como, además, en las innumerables especies de flora y fauna alrededor de nosotros en este asombroso Planeta Azul que habitamos. De manera que ninguno tiene excusa para decir: “No hay Dios; no hay Creador. Todo existe por pura casualidad, sin plan ni propósito.” (Romanos 1:18-25). ¡Tonterías del hombre puramente natural, cuyo cuerpo animal ocupa totalmente el radio de su existencia, imposibilitándole el pensar y razonar con claridad!

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C. Analógicamente, existen Sistemas vitales para la vida espiritual en el cuerpo espiritual de Cristo, es decir, en la iglesia. Por ejemplo:

El sistema reproductivo espiritual, el que funciona mediante de la implantación de la simiente incorruptible de la Palabra divina en corazones sensibles.

El sistema caritativo, que produce obras benévolas a granel.

El sistema inmunológico, con sus anticuerpos espirituales contra enfermedades de la mente, el corazón y el alma. ¿Lo tiene funcionando efectivamente esta congregación? ¿Y cada cristiano en particular?

El sistema de seguridad, el que detecta, aísla y elimina cualquier elemento invasor que cause confusión espiritual o división.

El sistema doctrinario, el que, tal cual los huesos del cuerpo humano, da forma y solidez a la iglesia.

El sistema alimenticio.

Entre otros.

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IV. Por otro lado, no solo los Sistemas como tal sino todos los muchos miembros del cuerpo físico son necesarios para su funcionamiento óptimo. Esto lo expone elocuentemente el apóstol Pablo en la lectura que escuchamos al principio, la de 1 Corintios 12:12-27. Analógicamente, todos los miembros de la iglesia son necesarios para su funcionamiento óptimo tan especial y vital para los propósitos gloriosos del amoroso Dios de gracia y misericordia. Dos ejemplos, nada más, de miembros clasificados, quizás, de menor importancia.

A. El vello del cuerpo, por ejemplo, de los brazos. Sus funciones son: proveer un poco de calor y advertir casi instantáneamente el roce de cualquier objeto, insecto o animal.

Toque, por favor, lo más ligeramente posible el vello de su brazo. Maravillosamente, los pelos registran la más mínima presión. La presencia de una hormiga chiquitita, la de un mosquito livianito, la de una araña. Y usted toma de inmediato medidas para protegerse.

Analógicamente, en el cuerpo de Cristo, la iglesia, al cristiano le hace falta esta misma sensibilidad altamente sofisticada que detecte enseguida la más mínima amenaza de peligro para el alma, o para la colectividad llamada “congregación”.

B. El pie. ¡Quítese cada uno el zapato de su pie derecho! Jóvenes, damas y varones. Mirando de cerca su pie.

El buen Dr. Simpkins, cardiólogo, examinó el dedo grande de mi pie porque este miembro pequeño revela, hasta cierta medida, la condición del sistema Cardiovascular.

Además, la pérdida del dedo grande afecta notablemente la habilidad de balancearse derechito el ser humano sobre sus dos pies.

¿Cuántos pelos hay sobre la bóveda plantar de su pie? Hace unos cuantos años, un podiatra americano con oficinas en Guaynabo –bastante joven él- al examinar mis pies, exclamó: “You have more hair on your feet than I do!” “¡Tiene más pelo en sus pies que yo!” ¿Qué importancia tiene eso? ¡Ah! Sucede que la presencia de ese pelo en los pies es un indicio de buena salud, y, tal vez, de los años que a uno le queden. Al menos, en el varón.

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¿Qué relevancia tiene esto de los pies con el cuerpo de Cristo, o sea, la iglesia? Sencillo: haga usted una lista de todos los lugares frecuentados por sus pies la semana pasada, y le diremos, siguiendo el manual de salud espiritual cuyo autor es Jesucristo, más o menos el estado de su salud espiritual.

V. [Homeóstasis.] Por último, quisiera recomendar que cada uno aprenda el término biológico “Homeóstasis”. Vamos a pronunciarlo todos juntos. “Homeóstasis.”

1. Definición, y aplicación al cuerpo físico.

Proceso por el cual un organismo o un sistema mantiene constantes sus parámetros, independientemente de las condiciones del medio externo, mediante mecanismos fisiológicos: el riñón contribuye a la homeóstasis del cuerpo porque ayuda a mantener constante la composición del medio interno.” [Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.]

2. Aplicado al cuerpo espiritual de Cristo, el cual es la iglesia.

Ciertamente, el Nuevo Testamento, ratificado por el Señor y sellado con su sangre, define, de muchas maneras, el “proceso”por el cual el organismo “iglesia”, o “congregación”, puede mantener “constantes sus parámetros, independientemente de las condiciones del medio externo, mediante mecanismos” espirituales. Esto quiere decir: mantener su identidad, estabilidad, equilibrio, armonía de vida, su misión, su fidelidad a Cristo como cabeza, pese a lo que ocurra en el medio externo, por ejemplo, la aceptación abierta o tolerancia extrema de conductas morales-éticas censuradas por Dios, estilos de vida innaturales, el auge notable de indiferencia religiosa, escepticismo, ateísmo y aun de persecución religiosa, etcétera.

 

Esta gráfica de una mujer y un hombre que se trasladan a través de dimensiones entre lo material y lo espiritual hacia una luz blanca esplendorosa y esferas que simbolizan el mundo venidero espiritual, es decir, la tierra nueva con cielos nuevos, ilustra el mensaje en audio Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual –todos tan saludables y fuertes que cumplen su propósito hasta el fin.

Una mujer y un hombre se trasladan a través de dimensiones entre lo material y lo espiritual hacia una luz blanca esplendorosa y esferas que simbolizan el mundo venidero espiritual, es decir, la tierra nueva con cielos nuevos. Habiendo hecho, durante su existencia terrenal, la voluntad del Creador y Padre, serán seres netamente espirituales al efectuarse su transformación.

 

VI. Invitación…

…a arrepentirse, reconciliarse y restaurarse el cristiano cuyo hombre exterior se haya impuesto al hombre interior, haciendo perderse la salvación una vez recibida y gozada.

…al amigo, amiga, joven no cristiano, a que tome los pasos necesarios para lograr que el hombre interior se imponga al hombre exterior. Los primeros pasos son: habiendo entendido el mensaje de Dios y teniendo fe, arrepentirse de todo pecado, confesar el nombre de Cristo y bautizarse, es decir, sumergirse en agua, “para perdón de los pecados” (Marcos 16:15-16; Hechos 2:37-47; Romanos 6:3-7; Romanos 10:9-17).

 

Dos hombres, dos mujeres, dos jóvenes y un cuerpo espiritual –todos tan saludables y fuertes que cumplen su propósito hasta el fin. Este mensaje en AUDIO.

Mente sana y fuerte. Corazón sumiso. Segundo mensaje de la serie de tres cuyo tema general es ¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin! ¡Congregación igualmente fuerte!

Espíritu presente y al mando. Tercer mensaje de la serie de tres cuyo tema general es ¡Cristiano tan fuerte que vence hasta el fin! ¡Congregación igualmente fuerte!

Mente y espíritu. Salud mental y espiritual. Más de sesenta y cinco artículos, mensajes e intercambios en esta Web.

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