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El 'todopoderoso' pastor pentecostal
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El ‘todopoderoso’ pastor pentecostal
1. Asombroso poder tiene el típico pastor pentecostal sobre
su congregación. Prácticamente absoluto dominio autocrático sobre creencias,
organización, finanzas. Potestad soberana sobre la mente y el espíritu de cada
seguidor.
2. ¿Por qué se concentra tanto poder en su persona? No solo en el pastor recto,
educado, inteligente, urbano o elocuente, sino hasta en el tosco, burdo,
iletrado, gritón, abusador y aun en el inmoral. ¿Por qué la servil y ciega
sumisión de sus feligreses a él?
3. Estos fenómenos se deben a una PRESUNCIÓN MAYÚSCULA, a saber: ¡que
Dios hable por medio del pastor! Eso cree él, expresándolo constantemente de
muchas maneras. “Dios me ha revelado. Él me ha dicho... Me ha dado este
mensaje. Me dijo esta profecía. Me dio un sueño. Me ha ordenado. El Espíritu
Santo me dice que cinco esposos presentes en este salón maltratan a sus esposas.
Me ha revelado los nombres de veinte miembros de esta iglesia que no están dando
sus diezmos completos.” Entonces, sus seguidores crédulos se postran, en
espíritu, a sus pies, admirados, o temerosos, o tal vez asustados, pensando:
“Voz de Dios, y no de hombre”. Sin tomar en cuenta que el tal
“pastor” quizás fuera culpable de tener “la presunción de hablar palabra”
en el nombre de Dios (Deuteronomio 18:20-22). “Dice Jehová: He aquí
yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: Él ha dicho. Que
profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus
mentiras y lisonjas, y YO NO LOS ENVIÉ NI LES MANDÉ” (Jeremías
23:31-32).
4. ¿“Qué Dios hable por medio del pastor”? Esta enorme PRESUNCIÓN tranca
el intelecto del que la abraza. Embebe todo lo que predique su “pastor”, por
irracional, subjetivo, contrario a la Biblia, abusivo o loco que sea. No se
atreve a poner en tela de juicio su “palabra”. Hacerlo sería “blasfemar”. Y
creyéndolo así, se vuelve embobado, engatusado, esclavo del pastor. “Mi
pastor, el reverendo; mi pastora, la reverenda.” Dicho, a menudo, con
adulación. “Pero, mi pastor dice...” Equivalente a decir:
“Estoy completa e incondicionalmente sujeto a mi pastor. Su palabra es mi ley.
Ya no pienso por mi mismo. No analizo; no razono. Él lo hace por mí. Sí, el
apóstol Pablo dice..., pero mi pastor dice”.
5. Así, el “pastor” se hace virtualmente ‘todopoderoso’. Su asumida
potestad él acostumbra reforzarla con voz autoritativa, porte de caudillo,
espíritu imperioso, aunque con disimulada “humildad”, e insinuaciones, o bien
sean fulminaciones, de “blasfemador” para aquel que la cuestione.
6. También la refuerza apelando a supuestos “poderes y señales” recibidos
de Dios. Pero, existen “señales y prodigios mentirosos” (1 Tes.
2:3-11), tales como lenguas jerigonzas, llamadas “angelicales”. Por lo tanto,
cada uno que ama su salvación debería probar a los pastores, pues hay muchos
falsos, según 1 Juan 4:1; 2 Tim. 4:3-4 y 2 Corintios 11:13-15.
7. Velar los “pastores”, plural, por las almas a su cuidado es bíblico (Heb.
13:17). Enseñorearse de ellas no lo es (1 Pedro 5:1-4). Ni “cazar
las almas” para vivir de ellas (Ezequiel 13:17-23).
8. ¡Alto, pues, al señorío dictatorial ejercitado por el típico pastor
pentecostal! “A libertad” llama Cristo.