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Enseñanzas fundamentales del evangelio, poder de Dios para salvación.

La iglesia ideal, según Dios

El plan divino de salvación

 

Sentados "en los lugares celestiales" 

Análisis de Efesios 2:4-8

Esta gráfica compuesta de montañas, valles y una corriente ancha de luz que se pierde en el horizonte ilustra el tema Sentados en lugares celestiales, en editoriallapaz.

 

“Estimados hermanos, por medio del presente le solicito el análisis de Efesios 2:5-6.   Saludos cordiales. Enoy Pinedo Gonzáles, Iquitos, Perú”

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Efesios 2:4-8 lee como sigue...

(4) “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, (5) aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), (6) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, (7) para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (8) Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.”  

Análisis de algunas enseñanzas encontradas en el texto

-Efesios 2:5. “...aun estando nosotros muertos en pecados.”

“Estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo”, dice Efesios 2:1-2. “Muertos” espiritualmente. Sin vida en Dios. No literalmente muerta el alma, pues esta no deja de ser, es decir, no pierde su vida innata al pecar el ser humano, sino “muerta” en el sentido de que Dios no la reconoce, o reclama, como suya a causa de su estado pecaminoso. Al cometer un hijo, un padre, un cónyuge o un amigo un agravio extremadamente ofensivo contra sus seres queridos, no falta entre estos quien exclama: “Para mí, ¡fulano ha muerto!” Per, “Fulano” sigue con vida, tanto de cuerpo material como de alma, más sin embargo, para el agraviado es como si no existiera. Asimismo, para Dios el pecador está “muerto” hasta no obedecer el evangelio.

-Efesios 2:5. “...nos dio vida juntamente con Cristo.”

Al Cristo ser crucificado y resucitarlo, el Padre, el Todopoderoso Dios, “que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Efesios 2:4), hace posible la “vida” para todo pecador. “…nos dio”, tiempo pasado. En la cruz. Mediante la sangre del Cordero. “…dio vida”, potencialmente, para todo pecador, pues “quiere que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4), y no unos pocos, o solo unos “predestinados” conforme al calvinismo. “…dio vida”, pero esto no debería interpretarse como si Dios diera vida a todos los seres humanos sin que estos cumplieran condición alguna. En su evangelio, Dios no ofrece “salvación universal” a toda la raza humana pecaminosa. No lo hace, ¡en absoluto! Ofrece la “vida” a todos, pero asienta condiciones, las que se encuentran a través de su Nuevo Testamento.

-Efesios 2:5. “(Por gracia sois salvos)”, afirmación repetida en el versículo 8: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”. Claro que la salvación es por gracia, ya que Cristo se ofreció voluntariamente como sacrificio por nuestros pecados, no teniendo la humanidad pecaminosa poder alguno para obligar al Padre a enviar a su Hijo a la tierra, como tampoco potestad para hacer que el Cordero se sacrificara. Nuestra salvación se fundamenta en estos actos abnegados y voluntarios de la Deidad, no exigiendo Dios y Cristo que dejáramos de pecar como condición para su intervención redentora o reconciliadora. Pero, no somos salvos “solo por gracia”, error mayúsculo que pone en peligro a multitudes de almas. ¿Dice el texto: “Por gracia solo, y solo por gracia, sois salvos”? ¡Definitivamente que no!

En el versículo 8, después de la expresión “Porque por gracia sois salvos”, encontramos una de las vías a través de las que la “gracia” se hace efectiva en nosotros, a saber, “por medio de la fe”. Contrario a la creencia de no pocos, esta “fe” no es el “don de Dios” mentado en el versículo 8 sino que este “don” en particular es la gracia misma, abriendo esta gracia paso a la oportunidad de salvación. ¿Qué significa “gracia”? Favor inmerecido. Precisamente, este es el “don” que Dios ofrece a toda la humanidad: nos hace el favor de abrir paso a la salvación, no mereciendo nosotros en absoluto favor tan grandioso.

Tampoco es la “fe” la única condición para alcanzar la salvación hecha posible por la “gracia”. De cierto, la salvación no es condicionada en ningún acto “solo”, bien sea el algún acto realizado por la Deidad o algún acto asignado al hombre. No es por “fe sola”, ya que “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:24), pese a la muy perjudicial y engañosa doctrina de Martín Lutero y sus legiones de seguidores, la que postula “la fe sola” como “única condición para recibir perdón de pecados”. La salvación no se otorga “solo” en virtud de “hacer profesión de fe”, o solo por “invocar el nombre de Jesús”. Tampoco se alcanza la salvación “solo” por bautizarse. En síntesis, “el gran amor con que nos amó” Dios, su gracia, el sacrificio del Cordero, la fe, el arrepentimiento, invocar el nombre de Jesús y bautizarse (sumergirse en agua), todos son necesarios para la salvación. Ninguno aislado de los demás resulta en salvación.

-Efesios 2:6. “...y juntamente con él nos resucitó.”

El pecador está “muerto” en sus “delitos y pecados”.

Al muerto hay que sepultarlo. En el plano espiritual, esto se realiza mediante el bautismo (inmersión o sepultura en agua). “Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo… Fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte…” (Romanos 6:3-5).

Al sepultado hay que resucitarlo para que viva de nuevo. Esto también ocurre mediante el bautismo. “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección” (Romanos 6:4-5). La sepultura del “viejo hombre… crucificado” (Romanos 6:6) en las aguas bautismales es en “semejanza” de la muerte y sepultura de Cristo. Asimismo, la “resurrección” de la tumba de las aguas bautismales es en “semejanza” de la resurrección de Cristo. De ahí, que esta “resurrección” no es literal, como lo son la primera y la segunda resurrecciones de Apocalipsis 20:1-10, sino simbólica.

El “resucitado” de las aguas bautismales vuelve a “vivir” para Dios, perdonándole Dios sus pecados en virtud de la obediencia a “la forma de doctrina” establecida por él (Romanos 6:17), “doctrina” que cobra poder mediante la sangre del Cordero. Puede y debe andar “en vida nueva”, no sirviendo “más al pecado” (Romanos 6:4 y 7). El “muerto” no puede andar “en vida nueva”, pese a que profese creer y apele a la gracia de Dios. Tiene que ser sepultado, y hasta no ser sepultado en las aguas bautismales sigue siendo “muerto”, no importando que cambie actitudes malas o rectifique muchas cosas en su vida. Queda, pues, comprobado, ratificado y establecido contundentemente que el bautismo es necesario, indispensable, imprescindible, para alcanzar salvación, pues sin el bautismo no es sepultado el viejo hombre muerto en sus pecados, y sin tal sepultura es imposible ser resucitado “juntamente” con Cristo. ¿Cómo pretenden millones de creyentes andar en “vida nueva” sin haberse bautizado bíblicamente “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38)? Tarde o temprano, la mayoría se bautiza, pero, desgraciadamente, no con este propósito divinamente definido sino pensando haber sido salvos antes de bautizarse, ficticia peligrosísima, a la luz de Romanos 6:3-7.

-Efesios 2:6. “Y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”

“Asimismo”, es decir, de la manera que “dio vida juntamente con Cristo” al “muerto” en pecado, al este obedecer al evangelio, y de la manera que “juntamente con él nos resucitó”, “asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. Este “asimismo” implica fuertemente que de la manera que las primeras dos acciones toman lugar durante la vida del “muerto resucitado” en la tierra, también la tercera ocurre durante su vida terrenal.

De hecho, entendemos que el “muerto resucitado”, conforme al contexto de este pasaje, Dios lo hace sentar “en los lugares celestiales” tan pronto se levante de las aguas bautismales. ¿No es esto el sentido natural de las palabras? ¿La secuencia natural de las acciones delineadas?

“Nos resucitó, y… (acto seguido) nos hizo sentar en los lugares celestiales.”

A nuestro entender, el texto no enseña algo como: “Nos resucitó” (de las aguas bautismales) y… (si somos fieles hasta la muerte, o hasta la Segunda Venida de Cristo, nos hará sentarnos) en los lugares celestiales.” Tal vez el verbo pretérito pasado “hizo” pudiera adquirir, de acuerdo con el contexto de enseñanzas, sentido de “futuro”, pero este no es su uso natural.

¿Dónde nos hallamos al pasar de muerte a vida? ¡En el reino de Dios! “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13).

¿Es el “reino de su amado Hijo” un “lugar celestial”? Positivo, ¡en definitiva! Testifica Cristo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo;… mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). No perteneciendo el reino de Cristo a este mundo material, se deduce que pertenece al mundo espiritual, y por ende, es lugar celestial.

Este reino celestial se manifestó en la tierra comenzando en el día de Pentecostés del año 30 d. C. Esto en perfecto cumplimiento de la promesa de Cristo. “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán de la muerte hasta que hayan visto al REINO de Dios venido con poder” (Marcos 9:1). Este “poder” se hizo sentir poderoso y gloriosamente en el día de Pentecostés, habiendo instruido Cristo a sus apóstoles: “Pero recibiréis PODER, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8), hecho acaecido en Pentecostés, según el relato de Hechos 2.

Este reino espiritual, sinónimo de la iglesia de Cristo en la tierra, será purificado y glorificado al Cristo regresar en gloria. “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces” (Mateo 13:47). ¿“Reino” de qué? “…de los CIELOS.” ¿Se fija? Este reino es celestial. Pero, ¿dónde se manifiesta este reino celestial antes de la Segunda Venida de Cristo, y con qué propósito? En lenguaje retórico, este reino es una “red… echada en el mar”, siendo “el mar” representativo de la tierra donde habitan los seres humanos. Esta “red” celestial “recoge toda clase de peces”. Estos “peces” simbolizan a los seres humanos. Por lo tanto, este “reino de los cielos” es el instrumento de Dios para “pescar” a los seres humanos para salvación. ¿Dónde se realiza esta obra? Pues, claro, ¡en la tierra! Así que, contrario a la creencia de muchísimos pastores, predicadores y maestros, el reino de Dios existe en la tierra durante la Era Cristiana. Encontramos en las parábolas de Cristo prueba irrefutable.

Tal cual enseña el Señor, este reino será limpiado, y luego glorificado. “Y una vez llena (la red, es decir, el reino), la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo lo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos” (Mateo 13:48-49). A los buenos les “será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:11). Qué conste: “…en el reino eterno”. Es decir, el reino ya purificado y glorificado.

En resumen, los cristianos fieles ya estamos sentados “con Cristo Jesús” en “lugares celestiales”, en particular, en su Reino, siendo la iglesia por Cristo fundada la manifestación en la tierra del Reino celestial.

 

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