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Historia cristiana: recursos en esta Web
 

Historia de la iglesia primitiva

81 – 117 d. C.

Algunos personajes y eventos de aquel período



Ruinas del teatro de Éfeso. Tenía cabida para 25,000 espectadores. En el año 100 d. C., la ciudad tenía entre 400,000 y 500,000 habitantes. La iglesia en Éfeso fue establecida por el apóstol Pablo. Según información recopilada por el historiador Eusebio de Cesarea, el apóstol Juan también trabajó en Éfeso, y parece probable que, liberado del destierro en Patmos en 96 d. C. al morir el emperador perseguidor Domiciano, aún sirviera a la iglesia en aquella gran ciudad en el año 100. Ahí mismo fue muerto y sepultado conforme a tradiciones antiguas. Éfeso fue devastada por los godos en el año 263 d. C. 
www.wikipedia.org, el artículo Ephesus.

Datos tomados de Historia eclesiástica, por Eusebio de Cesarea
(269 – 339 d. C.)

¿Sabía usted que…?

-El apóstol Juan fue liberado del destierro en Patmos después de la muerte del emperador Domiciano, o sea, después del año 96 d. C.

-Desde el 96 d. C. hasta los tiempos de Trajano (98 – 117 d. C.) el apóstol Juan trabajó con las iglesias de la provincia romana de Asia.

-El apóstol Juan fue muerto en Asia, y sepultado en Éfeso.

-Ireneo (130 – 202 d. C.) testifica que el apóstol Juan vio las visiones de Apocalipsis “…casi en nuestra generación, al final del imperio de Domiciano”. Es decir, en el año 95 o 96 d. C.

-El emperador romano Domiciano (81 – 96 d. C.) determinó exterminar a los descendientes del rey David. También el emperador Trajano (98 – 117) persiguió a los descendientes de David.

-Durante los años de 81 a 96 después de Cristo, aún estaban con vida los nietos de Judas, hermano, según la carne, de Jesucristo (Mateo 13:55; Judas 1), perseverando fielmente en la iglesia del Señor.

-El apóstol Felipe fue sepultado en Hierápolis, en la provincia romana de Asia.

-El evangelista Felipe y sus cuatro hijas profetisas (Hechos 21:8-9) fueron sepultados en Hierápolis.

-Simeón, hijo de Cleofás (Lucas 24:18), fue elegido al obispado de la iglesia en Jerusalén. Teniendo 120 años de edad, fue martirizado, mediante crucifixión, durante el reinado de Trajano (98 – 117 d. C.). Este Simeón fue, pues, coetáneo del apóstol Juan, llegando los dos a una edad muy avanzada antes de ser muertos por su fe en Cristo. Así que “se puede decir que Simón vio y oyó en persona al Señor, tomando como prueba su larga edad y la referencia, en los Evangelios, a María de Clopás…”.

-Hasta la muerte de los apóstoles, y la extinción de aquella generación tenida por digna de oír al Señor, “…la iglesia se conservaba… virgen, pura y sin corrupción…”.

-El testimonio que Plinio segundo, gobernador de una provincia romana, envió al emperador Trajano acerca de los cristianos. “…los mártires de Jesús” (Apocalipsis 17:6) que hubo en aquel tiempo. Directrices de Trajano sobre el trato de los cristianos.

 

Extractos de Historia eclesiástica, por Eusebio de Cesarea
(269 – 339 d. C.)

]

(Traductor no identificado. Ennegrecimiento de ciertas palabras y frases por HSdeÁ.)

 

Sección XVIII de Historia eclesiástica

“1. Por aquel tiempo [el tiempo del emperador romano Domiciano: 81 – 96 d. C.], según la tradición, el apóstol y evangelista Juan (todavía vivo) fue condenado a residir en la isla de Patmos por su testimonio del Verbo Divino.

2. Ireneo, escribiendo sobre el número del nombre que designa al anticristo en el llamado Apocalipsis, de Juan, menciona las siguientes palabras en el libro V, Contra las herejías, acerca de Juan:

3. «Pero si hubiese sido preciso anunciar explícitamente su nombre, se hubiera comunicado por medio de aquel que también vio el Apocalipsis; pero hace poco que se vio, casi en nuestra generación, al final del imperio de Domiciano».

4. Por aquel entonces la señal de nuestra fe, resplandeció de tal modo que incluso los escritores fuera de nuestra tradición no dudaron en exponer en sus narraciones la persecución de los mártires que tuvo lugar en ella. También indicaron el tiempo con precisión, cuando cuentan que en el año decimoquinto de Domiciano, Flavia Domitila, hija de una hermana de Flavio Clemente, cónsul de Roma por aquel entonces, juntamente con muchos otros, fue sentenciada al destierro en la isla de Pontia por el testimonio de Cristo.”

Secciones XIX y XX de Historia eclesiástica

XIX Domiciano también ordenó aniquilar a los de la familia de David, y, según una antigua tradición, ciertos herejes acusaban a los descendientes de Judas (el cual era hermano, según la carne, del Salvador) por ser de la familia de David y estar emparentados con el mismo Cristo. Esto expone Hegesipo con las siguientes palabras:

[Hegesipo de Jerusalén: c. 110 – c. 180 d. C. Convertido a Cristo, Hegesipo escribió una historia de la iglesia primitiva, de la cual solo se conservan ocho porciones citadas por Eusebio de Cesarea en su Historia eclesiástica.]

XX 1. «Todavía se hallaban con vida, de la familia del Señor, los nietos de Judas (llamado su hermano según la carne). A éstos delataron porque eran de la familia de David. El evocatolos llevó ante el césar Domiciano, pues, como Herodes, también tenía miedo de la venida de Cristo.

2. »Les preguntó si eran descendientes de David y ellos lo confesaron. Luego les preguntó acerca del número de sus bienes o cuánto dinero poseían, pero ellos dijeron que entre ambos sólo sumaban nueve mil denarios, la mitad cada uno; y persistían en decir que ni siquiera esto tenían en metálico, sino que se trataba de la tasación de sólo treinta y nueve pletros de tierra, por la que pagaban impuestos y la trabajaban ellos mismos para su subsistencia».

3. A continuación mostraron sus manos, y ofrecieron como testimonio de su trabajo personal su fortaleza física y los callos que les habían salido en sus propias manos por la obra ininterrumpida.

4. Interrogados sobre Cristo y su reino, qué tipo de reino era, dónde y cuándo aparecería, explicaron que no se trataba de un reino de este mundo o de esta tierra, sino celestial y angélico y que ha de tener lugar en el final de los tiempos. Porque viniendo en gloria juzgará a vivos y muertos y pagará a cada uno según sus obras.

5. Observando todo esto, Domiciano nada les reproché, sino que incluso los menospreció como a gente vulgar y, dejándolos en libertad, puso fin a la persecución de la iglesia mediante un decreto.

6. Los que habían sido liberados dirigieron las iglesias por haber testificado y por pertenecer a la familia del Señor, y habiendo llegado la paz, vivieron hasta Trajano. [Hasta el reinado del emperador romano Trajano -98 – 117 d. C.]

7. Esto, según Hegesipo, pero Tertuliano también hace una mención parecida de Domiciano: «También Domiciano intentó en cierta ocasión llevar a cabo lo mismo que aquél, pero su crueldad sólo fue una parte de la de Nerón. Porque, según creo, tenía cierto conocimiento y apresuradamente cesó la persecución, incluso haciendo llamar a los desterrados»

8. Al cabo de quince años de reinar Domiciano, y tras sucederle Neiva [El emperador romano Neiva: 96 – 98 d. C.] en el poder, el Senado romano votó que los honores de Domiciano fueran eliminados y que volvieran a su casa los desterrados injustamente, y al mismo tiempo tomaran de nuevo sus posesiones. Estos hechos los cuentan los que han transmitido por escrito los acontecimientos de entonces.

9. Así pues, entonces, según una antigua tradición nuestra, el apóstol Juan, viniendo del destierro en la isla, pasó a vivir a Éfeso.”

Sección XXIII de Historia eclesiástica

“1. Por entonces [desde 96 hasta el reinado de Trajano: 98 – 117 d. C.    93], el apóstol y evangelista Juan, aquel a quien Jesús amaba, todavía estaba con vista en Asia y continuaba allí cuidando de la iglesia tras volver del destierro de la isla, una vez que hubo muerto Domiciano.

2. Bastarán los testigos para garantizar que entonces Juan todavía vivía, pues ambos son fidedignos y reconocidos en la ortodoxia de la iglesia. Se trata de Ireneo y de Clemente de Alejandría.

3. El primero, en algún punto del libro II de Contra las herejías [2.33], escribe lo siguiente: «Y todos los ancianos de Asia que mantienen contactos con Juan, el discípulo del Señor, dan testimonio de que lo transmite Juan, pues permaneció con ellos hasta los tiempos de Trajano».

4. También el libro III de la misma obra expone así: «Pero incluso la iglesia de Éfeso, puesto que la fundó Pablo y que Juan permaneció en ella hasta los tiempos de Trajano, es un testimonio verdadero de la tradición de los apóstoles». [3.3]

5. Por otro lado, Clemente indica el mismo tiempo, y añadió un relato, indispensable para aquellos que gustan de oír cosas hermosas y de algún provecho, a la obra que tituló ¿Quién es el rico que se salva? Así pues, tómala y lee lo que allí se halla escrito.” [El texto de ¿Quién es el rico que se salva? se puede leer en www.editoriallapaz.org/historia_Juan_apostol_joven_Efeso.htm]

Sección XXXI de Historia eclesiástica

“1. Acerca de Pablo y de Pedro ya hemos mencionado la fecha de su muerte y el modo y el lugar en que se depositaron sus restos una vez que partieron de esta vida.

2. Pero de Juan sólo mencionamos el tiempo. En cuanto al lugar de sus restos, se manifiesta en la carta de Policrates (obispo de la región de Éfeso), la cual escribió a Víctor, obispo de Roma. Menciona, junto con Juan, al apóstol Felipe y a sus hijas, como sigue:

3. «Pues también en Asia reposan grandes personalidades, las cuales resucitarán el último día de la venida del Señor, en la que vendrá de los cielos con gloria para buscar a todos los santos. Entre ellos, Felipe; uno de los doce apóstoles, que reposa en Hierápolis, dos de sus hijas que envejecieron vírgenes y otra hija suya que, tras vivir en el Espíritu Santo, duerme en Éfeso. También descansa en Éfeso Juan, el que se reclinó sobre el pecho del Señor…».

4. Todo esto se refiere a la muerte de ellos. Pero igualmente en el Diálogo de Cayo, que citamos poco ha, Proclo (contra el cual se dirige la investigación) dice lo siguiente, de acuerdo con lo que hemos relatado acerca de la muerte de Felipe y de sus hijas: «Después de Felipe, hubo en Hierápolis (la de Asia) cuatro profetisas que eran hijas de éste. Su sepulcro y el de su padre se hallan en aquel lugar».

5. Esto es lo que dice Próculo. También Lucas menciona en los Hechos de los Apóstoles a las hijas de Felipe, que en aquella ocasión vivían en Cesarea de Judea con su padre, y que habían recibido el don de la profecía. Dice lo siguiente: «Fuimos a Cesarea y, entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, pasamos con él. Éste tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban»?

6. Puesto que ya hemos referido cuanto ha llegado a nuestro conocimiento acerca de los apóstoles, de sus tiempos y de las Sagradas Escrituras que nos han dejado, incluyendo también los que han de ser discutidos y que muchos leen públicamente en la mayoría de las iglesias, aunque son totalmente espurios o alejados de la ortodoxia apostólica, prosigamos con nuestra exposición.”

Sección XXXII de Historia eclesiástica

“1. Una tradición sostiene que, en el tiempo del emperador cuya época estamos estudiando [la de Trajano: 98 – 117 d. C.], después de Nerón y Domiciano, resurgió en ciertas partes y en las ciudades una nueva persecución contra nosotros por causa de las revueltas del pueblo. En ésta, Simeón, el hijo de Clopás, el cual ya indicamos que fue el segundo en ser instituido obispo de la iglesia de Jerusalén, nos hemos enterado que murió martirizado.

2. De esto es testigo aquel Hegesipo que ya hemos citado en diversas ocasiones. Añade que, claramente en ese mismo tiempo, Simeón sufrió una acusación y que fue atormentado por muchos días, y de muchos modos diferentes, hasta que, dejando consternado al mismo juez y a los suyos, alcanzó una muerte parecida a la Pasión del Señor.

3. Pero no hay nada como escuchar al propio autor, que refiere textualmente lo que sigue: «Por esto, claramente algunos herejes acusan a Simón, hijo de Clopás [Cleofás], a causa de ser descendientes de David y cristiano, y de este modo sufre el martirio a los ciento veinte años de edad, en tiempos del emperador Trajano y del gobernador Ático».

4. Hegesipo dice que sucedió que sus acusadores, cuando se investigaba acerca de la tribu real de los judíos, fueron apresados porque ellos también pertenecían a ella.

-Calculando un poco se puede decir que Simón vio y oyó en persona al Señor, tomando como prueba su larga edad y la referencia, en los Evangelios, a María de Clopás, el cual, como ya demostramos, era su padre.

5. Este mismo escritor dice que otros descendientes de uno de los que llaman hermano del Señor, de nombre Judas, también vivieron hasta este reinado tras dar testimonio de la fe en Cristo en época de Domiciano, como ya relatamos anteriormente, y escribe como sigue:

6. «Así pues, llegan y se ponen a la cabeza de toda iglesia por ser mártires y de la familia del Señor. Y una vez que hubo una profunda paz en la Iglesia aún permanecen hasta el emperador Trajano, hasta que el hijo del tío del Señor, al que llamamos antes Simón, hijo de Clopás, fue del mismo modo denunciado y acusado por las sectas. También él, por la misma causa, bajo el gobernador Ático, por muchos días dio testimonio mientras lo torturaban, de manera que todos se maravillaban en extremo, incluso el gobernador, de cómo lo aguantaba, siendo ya de ciento veinte años de edad. Finalmente ordenaron que fuera crucificado».

7. El mismo escritor añade, exponiendo lo sucedido en los tiempos mencionados, que tras estos acontecimientos la iglesia se conservaba, hasta entonces, virgen, pura y sin corrupción, como si hasta entonces los que pretendían corromper las buenas leyes de la predicación del Salvador, si es que existían, se hallaran escondidos en inciertas tinieblas.

8. Pero cuando el santo grupo de los apóstoles fue llegando de diversos modos al final de su vida y se extinguió aquella generación de los que fueron tenidos por dignos de oír con sus propios oídos la Sabiduría divina, empezó entonces la formación del errar contrario a Dios a través de la estratagema de maestros de otras enseñanzas. Éstos, como que no quedaba ninguno de los apóstoles, a partir de entonces, con la cabeza ya descubierta, han pretendido contraponer a la predicación de la verdad la predicación de la falsamente llamada ciencia.”

 

Sección XXXIII de Historia eclesiástica

“1. Ciertamente fue tan fuerte la persecución que entonces nos oprimía en todo lugar, que Plinio segundo, muy destacado entre los gobernadores, impulsado por la gran cantidad de mártires, comunica al emperador la abundancia excesiva de aniquilados por causa de su fe. En la misma carta menciona que no se les ha tomado en ningún acto impío ni contrario a las leyes, con la excepción de levantarse al despuntar el día para cantar himnos a Cristo como a un Dios, y que a ellos también les está prohibido adulterar, asesinar y cometer delitos semejantes, y que en todas las cosas actúan de acuerdo con las leyes.

2. Trajano reaccionó a todo esto con la promulgación de un decreto que incluye lo siguiente: no buscar a la tribu de los cristianos, pero castigar a quien caiga.

Por esta causa la persecución, que mostraba la amenaza de oprimirnos terriblemente, se calmó en cierto modo, pero no obstante no faltaban excusas para quienes deseaban dañamos. En unas ocasiones eran los pueblos, en otras el gobernador local, quienes disponían maquinaciones contra nosotros, de modo que, a pesar de no haber persecuciones declaradas, algunas se encendían en ciertas partes según cada región, y muchos creyentes lucharon con diversos martirios.

3. Esta información ha sido tomada de la Apología latina de Tertuliano, la cual ya indicamos antes. Su traducción es la siguiente: «Sea como fuere, encontramos que está prohibido incluso que nos busquen. Pues Plinio segundo, gobernador de una provincia, habiendo ya sentenciado a algunos cristianos, y tras rebajarlos en sus cargos, confuso por la gran cantidad de ellos y sin saber qué quedaba por hacer, consultó al emperador Trajano diciéndole que, fuera de que se negaban a adorar a los ídolos, nada impío encontraba en ellos. También le indicaba esto: Que los cristianos se levantaban al despuntar el día y cantaban himnos a Cristo como a un Dios, y que para conservar su saber se les había prohibido dar muerte, adulterar, codiciar, disfrutar y cualquier cosa semejante. A esto Trajano respondió por escrito que no se buscara a la tribu de los cristianos, pero que se castigara al que hubiere caído». Todo esto también tuvo lugar en este tiempo.”

 

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