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El apóstol Pablo defendía su persona y su ministerio contra sus acusadores.
Su ejemplo asienta precedentes para el siervo del Señor del tiempo presente.

“Esta es mi defensa”  


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“Contra los que me acusan, esta es mi defensa”,
escribe
el apóstol Pablo en 1 Corintios 9:3

I.  Introducción.

A.  En varias ocasiones y situaciones distintas, el apóstol Pablo se defiende contra quienes le acusaban, criticaban o se oponían. Su acción nos sirve de ejemplo, defensa propia, aun para nosotros, es, a veces, justificada y necesaria.

B.  Las acusaciones, críticas, denuncias y difamaciones duelen, causando mucha

ayudándonos a nosotros los ministros del evangelio de Cristo a comprender que la angustia, aflicción de espíritu, dudas, depresión, desvelos.

C.  ¿Ha sido usted el blanco o la víctima de tales ataques verbales?

D.  No todo ataque de esta índole amerita respuesta. Saber cuando guardar silencio y cuando defenderse, la sabiduría espiritual facilita determinarlo.

1.  “A palabras necias, oído sordo.” Este dicho encierra elementos de sabiduría práctica. Hay quienes sueltan acusaciones o críticas tan disparatadas que su necedad, todos, menos los más necios y mundanos, la perciben enseguida.

2.  Pero, por otro lado, el dicho popular: “El que calla, otorga”, añade un parámetro importante. En ciertas situaciones, el que se calla cuando lo indicado sería defenderse, otorga su credibilidad y buen nombre, permitiendo al acusador o difamador salir airoso con lo suyo.

E.  Si decide usted defenderse en determinada situación, ¡cuidado de no caer en algunas “trampas” que lastiman aún más al ego ya doliente! Por ejemplo:

1.  Justificarse excesivamente, no admitiendo falibilidad –acción, la primera, y actitud, la segunda, que suelen provocar todavía más críticas.

2.  Violentarse verbal o físicamente, perdiendo el dominio propio.

3.  Mostrarse altanero o irrespetuoso, y no humilde.

4.  Jactarse desmedidamente, exagerando atributos o logros propios, o repitiéndolos una y otra vez.

5.  Precipitarse muy prontamente a defenderse, sin determinar la mejor opción o medir las consecuencias. Hay ataques verbales hechos de tal manera o en tales circunstancias que no defenderse el perjudicado inmediatamente dejaría en tela de juicio su verticalidad o valentía moral y emocional. En cambio, otros ataques no ameritan una defensa en el instante, dándole al perjudicado tiempo para reflexionar, considerar sus opciones y escoger la táctica más astuta y espiritual para responder.

6.  En términos literales, las “trampas” son mecanismos utilizados para prender animales, tales como el oso, el zorro, el lobo o la rata. Sus dientes o varas de hierro hierren, causando dolor y aun la muerte. Asimismo, las “trampas” psicológicos, emocionales, sociales, etcétera, causan angustia y sufrimiento de mente y espíritu. Irónicamente, el ser humano tiende a caer en sus propias trampas.

F.  Al ponerse usted activo en cualquier ministerio de evangelismo, edificación o caridad, téngalo por asentado que, tarde o temprano, alguien deseará “la ocasión” de hacerle agravio, de la misma manera que algunos buscaban ocasión contra el apóstol Pablo. “Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar la ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros” (2 Corintios 11:12).

1.  Aunque tome usted medidas para “quitar la ocasión a aquellos que la desean” , no se sorprenda que algún contumaz invente calumnias dañinas contra su persona.

2.  No obstante nuestra rectitud o las defensas propias hechas con cordura, andan por ahí almas amargadas o corruptas decididas a:

a)  Despreciar, denigrar, difamar.

b)  Competir carnalmente, dividir.

c)  Quitar a quien sea para “ponerme yo”.

d)  Explotar, enseñorearse.

3.  Para esta problemática parece no haber una solución perfecta o terminante, pues “cristianos mal intencionados o envidiosos” casi nunca faltan, aunque sea uno o dos, ni siquiera en las congregaciones pequeñas.

II.  Defensa de su propia persona.

A.  Incluso, de la apariencia física.

1.  Al apóstol Pablo le criticaron su apariencia física.

a)  “Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil(2 Corintios 10:10). ¿Qué características del cuerpo físico del apóstol dieran lugar a semejante crítica hiriente? Solo podemos especular.

(1)  Quizás una enfermedad de los ojos, por el comentario que Pablo hace a los gálatas , escribiéndoles: “Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos” (Gálatas 4:15). Sin duda, el padecimiento que afligía al apóstol en su cuerpo era visible, causando, se deduce, cierta repugnancia, pues escribe: “Vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mí cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús” (Gálatas 4:13-14). En esto, los gálatas se manifestaron más nobles que los corintios.

(2)  Quizás Pablo fuera hombre bajito de estatura, o tal vez algo flacucho y demacrado a causa de sus incesantes labores, tanto físicas como espirituales, viajes, ayunos, desvelos y sufrimientos agotadores.

(3)  Cualquiera fuese su condición, su “presencia corporal” algunos en corinto la calificaban de “débil”, es decir, su cuerpo físico no impresionaba por formación, vigor o hermosura.

b)  El apóstol responde a los criticones, reprendiendo su énfasis sobre lo carnal y enmarcando espiritualmente el asunto de la apariencia física.

(1)  “Miráis las cosas según la apariencia” (2 Corintios 10:7). Esta sencilla observación carga una fuerte reprensión implícita: “Ustedes, hermanos en Corinto, están cometiendo un error serio. No debieran mirar las cosas según la apariencia, es decir, según lo carnal o material, sino considerar la conducta, evaluación los móviles y pesar en la balanza las obras”.

(2)  En la primera carta a los corintios, Pablo escribió: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así” (2 Corintios 5:16). Este noble concepto de “no conocer a nadie según la carne”, o sea, según el físico o lo material, sino “conocer a todos según el espíritu”, o sea, según su espiritualidad, su carácter, sus obras, el apóstol ya se lo había enseñado a los corintios. A pesar de ello, siguen mirando “las cosas según la apariencia” , aun hasta la bajeza de hacer comentarios denigrantes acerca de su cuerpo carnal.

(3)  Efectivamente, el apóstol Pablo está diciendo: “En cuanto a mi ‘apariencia corporal’, ‘esta es mi defensa’: ¡no viene al caso! ¿Qué importancia tiene? Lo importante para Cristo y su iglesia son mis atributos espirituales y mis obras”.

2.  Tampoco impresionaba el cuerpo físico de Jesucristo mismo. “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos (Isaías 53:2).

a)  Saúl , escogido para ser el primer rey de Israel, era “joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo” (1 Samuel 9:2). David , el segundo rey, “era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer” (1 Samuel 16:12). En notable contraste, Jesucristo no era un hombre bien parecido, como tampoco lo era Pablo. Sin embargo, de la manera que el Nuevo Testamento es más espiritual y muy superior al Antiguo Testamento (Hebreos 8:6-13), ¡asimismo Cristo y Pablo son más espirituales y muy superiores a los reyes Saúl y David!

b)  ¿Por qué no dio el Padre a su Hijo Jesucristo un cuerpo físico que impresionara a los judíos? ¿Cuerpo de “rey”? ¿Robusto, alto, hermoso? ¿Qué infundiera admiración y respeto? Ya usted sabe la razón, ¿no? El espíritu que reside en el cuerpo físico es lo que tiene verdadera importancia; la mente que se manifiesta a través del cuerpo es lo que importa. ¿Por qué seguir a Cristo? No por su estatura o atractivo físico, sino por su estatura, hermosura y poder espiritual.

c)  Mediante el cuerpo “sin atractivo” de su propio Hijo, el Padre Dios presenta una lección viviente de la prioridad del espíritu sobre la apariencia física, lección que intentaba inculcar a los humanos desde la antigüedad. “Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura , porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre ; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).

3.  Aplicaciones al presente.

a)  Los predicadores y maestros de la iglesia del Señor siguen refiriéndose a los casos de Saúl y David, Pablo y Cristo, exhortándonos a prestar poca, o ninguna, atención a la “presencia corporal”, sino darle importancia y prioridad al “espíritu” y “lo espiritual”. Sin embargo, la misma crítica, “presencia corporal débil”, expresada por los corintios en contra de Pablo, se escucha a menudo en la iglesia del presente contra algunos siervos y siervas que no son “atractivos” físicamente.

b)  La siguiente observación fue pronunciada, en tono de crítica, por cierto maestro de la iglesia que impartía conferencias para líderes, siendo solemnemente segundada por algunos miembros presentes: “Hay obreros cuya presencia no está a la altura de sus obras”.

(1)  Realmente curioso, ¿no le parece? ¡Esta misma observación se la aplicaríamos a Cristo y Pablo con toda justificación! Su “presencia” no impresionaba. Sin embargo, sus obras eran fantásticas, abundantes y de alta calidad, duraderas.

(2)  El mismo conferencista, al saludar por primera vez a cierto hermano cuya obra conocía en parte, le hizo el comentario: “Yo pensaba que usted fuera más alto”. ¿Miraba al “parecer” físico, al “hombre” físico, juzgando carnalmente, formulando conclusiones quizás desacertadas e injustas? Dios conoce su corazón. ¿Qué anticipaba ver? ¿Un hombre que midiera dos metros y medio? Pero, ¿qué importa lo alto o lo bajito del obrero? ¿Lo feo o lo hermoso? ¿Qué tenga mucho pelo o esté calvo? Dios mira su corazón y sus obras. Estos cuentan; estos valen. Lo físico es superficial y pasajero.

(3)  Añadimos más observaciones:

(a)  Hay obreros (predicadores, evangelistas, conferencistas, maestros, maestras, ancianos) de carisma personal y presencia corporal atractivo cuyos ministerios son mediocres o pobres, aun destructivos en algunos casos, y que producen pocos frutos quizás de poca duración. Pero, también los hay con los mismos atributos que logran abundantes frutos buenos.

(b)  Hay obreros que visten bien y lucen bien, sin embargo, no trabajan bien en la iglesia. Pero, también los hay que visten bien, lucen bien y trabajan bien.

(c)  Al fin y al cabo, cuenta para el Señor la cantidad de obras bien hechas, no añadiendo o restando la apariencia corporal.

(4)  Las obras de todo obrero deben sobrepasar por mucho lo que pudiera implicar o representar su “presencia corporal”, bien sea su parecer grato al ojo humano o poco atractivo.

(a)  “Dios, el Espíritu Santo y Cristo en el obrero” hacen posible que las obras del obrero sean mucho más grandes, abundantes y de calidad que lo físico del obrero prometiera o implicara.

(b)  “¿Cómo es posible que ese hermano, esa hermana, haya hecho obras tan abarcadoras y fructíferas? Demasiado ordinario… humilde… callado… introvertido… pobre se ve.” Para el espiritual, la explicación es obvia: “Ese hermano, esa hermana”, se ha puesto en las manos de Dios, deseando ser útil y orando fervientemente a tal efecto. Precisamente, por ser bien espiritual y abnegado este tipo de cristiano, Dios puede utilizarlo para efectuar obras grandes, haciéndolo en el caso de algunos, para sorpresa, asombro y envidia de los menos espirituales.

 


 

 

  

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