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¿Conferir a niños no bautizados la lectura de la Palabra u oraciones durante el culto de la iglesia del Señor? 

Niños no bautizados leyendo la Biblia

“Soy un hermano en Cristo, miembro de una iglesia local en --------. Debido a la inteligencia y claridad que he apreciado en sus artículos de www.editoriallapaz.org, quisiera conocer su punto de vista sobre lo que considero un problema a enfrentar durante mi visita a una de las iglesias de Cristo locales en ----- pues me llamó la atención una peculiaridad de esta congregación que resalta entre las muchas similitudes con otras congregaciones ya visitadas, y es el hecho de que utilizan a un niño, de aproximadamente ocho años, lógicamente no bautizado, en algunas actividades de la reunión de adultos del domingo como llevar una lectura bíblica, oración por la predicación u otra oración en el tiempo de adoración. Mi punto de vista: me opongo a este tipo de actitud por parte de los predicadores porque:

-La lectura bíblica constituye una enseñanza y esta responsabilidad para la reunión de los santos fue dada a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Timoteo 2:2). No se aprecia en el Nuevo Pacto ningún ejemplo donde Dios haya utilizado infantes para llevar la palabra a la congregación ni es la intención del Espíritu Santo cuando señala que los idóneos para enseñar serán los hombres fieles. Seguro que en aquellos tiempos también había niños talentosos, sin embargo, el texto limita este ministerio a hombres fieles (aunque no estoy seguro si hombres en este texto se refiere al género, pero por el contexto se puede determinar que se refiere a adultos).

-Un niño no es un miembro de la Iglesia de Cristo si no ha obedecido el evangelio por el bautismo en agua y la tarea de la enseñanza de la palabra en el Nuevo Testamento siempre es dada a cristianos (bautizados) que serán los que van a enseñar con propiedad y responsabilidad la Palabra de Dios.

Con estas consideraciones personales apreciaría su punto de vista sobre los puntos planteados porque aun no he tratado este tema con los predicadores de esta congregación del Señor, la cual estoy visitando y esto afecta mi conciencia. En espera de su respuesta.

Que el Señor le bendiga.”

Nuestros comentarios al respecto

A.  Estimado hermano, usted expresa clara y concisamente su punto de vista, y nos solidarizamos con su posición, encontrando válidas las razones dadas. Tenemos a bien apuntar algunas observaciones adicionales.

B.  Usar a niños no bautizados para ministerios frente a la congregación durante el culto ha de clasificarse no solo como una violación de las directrices del Espíritu Santo sino también como una acción que resta espiritualidad y seriedad de la reunión, pues por su tierna edad y falta de conocimiento, entendimiento, sabiduría e “inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9) es imposible que tal niño proyecte madurez espiritual y solemnidad, atributos propios de la adoración efectuada “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24).

C.  Algunos cristianos, entre ellos aun predicadores y administradores de congregaciones, argumentan que conferir a niños no bautizados ministerios en el culto sirve para animarlos, envolverlos en las actividades de la iglesia y encaminarlos a la eventual obediencia al evangelio. Bien se pudiera apelar a la misma línea de argumentación para justificar dar parte en el culto a adultos no bautizados, los que se manifestaran a favor del evangelio y la iglesia, asistiendo regularmente, cantando, orando y ofrendando. Algunos adultos de esta categoría son tan manos y humildes como niños, pero no por tal condición sería legítimo asignarlos papeles en el culto. ¡Aún no son cristianos!, pese a que piensen lo contrario o que algunos miembros los tengan como tal.

-Un grave error parecido al de poner a niños no bautizados frente a la congregación con el propósito de “envolverlos y motivarlos” es el de asignar ministerios a miembros infieles con la idea de “comprometerlos, fortalecerlos o motivarlos a la fidelidad”. “De vez en cuando, encarguemos al hermano fulano la dirección de los cánticos o la administración de la mesa del Señor para que sepa que lo apreciamos, que no lo tengamos marginado. Así, quizás se sienta animado a congregarse todos los domingos. Al fin y al cabo, él ofrenda bastante para la obra.” Muy mal pensado. Proceder de esta manera transmitiría un mensaje negativo y dañino a la congregación y las visitas, a saber: “No es necesario asistir todos los domingos. Puede uno desempeñar ministerios pese a que falte, sin razón justificable, a las reuniones de la iglesia. El liderato de esta congregación es flojo, interesado más en agradar a los hombres que en hacer las cosas rectamente; más en ofrendas que en santidad, diligencia y cumplimiento espiritual”. La norma asentada por el Espíritu de Dios es que el siervo del Señor sea probado “primero”, para “entonces” ejercer el ministerio para el cual esté debidamente capacitado (1 Timoteo 3:10). Los candidatos para diácono “sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles”. “Entonces”, es decir, después de probados, y no antes. Lógicamente, este principio se hace extensivo a la ejecución de ministerios en el culto, intervención no menos importante que la de diáconos en sus distintas obras.

D.  La “informalidad” en los cultos, muy popular y fuertemente promovido en algunos círculos religiosos de actualidad, abre paso a numerosas prácticas cuyo efecto es convertir la adoración en una actividad más humana que divina, más orientada a entretener y complacer a los participantes que ensalzar al Creador conforme a su voluntad, agradando a él. Entre las “prácticas” nocivas aludidas se encuentra la de usar a niños no bautizados en los ministerios, hasta en la predicación. Ella figura entre las innovaciones a granel que se están introduciendo dondequiera en congregaciones de toda estirpe con la meta de “llamar la atención, entretener con algo diferente, hacer felices a los asistentes, envolverlos y lograr crecimiento a como dé lugar”.

E.  Todo padre cristiano consagrado quiere animar a sus hijos a contemplar sobriamente bautizarse por inmersión y “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38) tan pronto alcancen la madurez espiritual e intelectual necesaria. Igualmente, desea que se preparen para ejercer ministerios en la gloriosa obra de Jesucristo. A nuestro parecer, esta preparación puede iniciarse aun antes del bautismo. ¿Dónde? En el salón de clases bíblicas impartidas para niños, o en clases dedicadas específicamente a la capacitación para ministerios, las que suelen incluir ejercicios o ensayos que contribuyan a la preparación práctica. Pero, definitivamente, no es bíblico comenzar semejante preparación asignando ministerios en los cultos de la iglesia a niños no bautizados.

F.  A resumida cuenta, la congregación que se rige estrictamente por el Nuevo Testamento sigue fielmente los principios asentados por el Espíritu Santo, no dejándose influenciar por gustos individuales, pareceres personales o innovaciones inventadas y popularizadas por iglesias cuya misión principal es “crecer, y crecer más, acaparar, agradar a los concurrentes, entretenerlos, embaucarlos, envolverlos y explotarlos materialmente”, no importándolas para nada la “sana doctrina” de Jesucristo y los apóstoles.

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