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Mensaje de texto completo 

“¡Muchas nuevas aventuras y experiencias espirituales sanas para el año 2001!”


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  I.       Introducción:

A.          Estimados hermanos y amigos, abunden la gracia y la paz de Dios en todos nosotros.

B.          ¡Henos aquí con vida a principios del nuevo año 2001, del nuevo siglo veintiuno y del nuevo milenio, el tercer milenio del la Era Cristiana! Vivos en cuerpos de carne y sangre. Vivos en el espíritu los que estamos en el Señor. Dichosos somos de mil maneras, y muy privilegiados, pues vivimos tiempos de libertad, paz y prosperidad.

C.         El deseo sincero de este servidor para todos y cada uno de ustedes es que disfruten y se beneficien de muchas experiencias bellas y edificantes durante todo el año. Mi deseo se expresa mediante el título de este mensaje: que tengan todos ustedes “Muchas nuevas aventuras y experiencias espirituales sanas para el año 2001.”

D.         Los beneficios o dividendos de las nuevas aventuras y experiencias espirituales sanas son múltiples:

1.          Aumenta el entendimiento, se ensancha el corazón, rejuvenece la mente y madura más el espíritu.

2.          Crece la congregación tanto en número como en santidad y espiritualidad.

3.          Se evita el estancamiento, las disputas necias y la inversión de energías y recursos en obras o actividades contraproducentes o dañinas a la grey.

4.          Los beneficios son similares a los que se obtienen cuando se realiza un viaje a un destino sumamente interesante donde las experiencias son nuevas, buenas e instructivas: vuelve el viajero lleno de más conocimiento y entendimiento, refrescado su espíritu, despertada más su mente, con nuevos temas y nuevos bríos y más entusiasmo por la vida.

II.           Deseo para ustedes muchas experiencias evangelísticas nuevas, de la misma categoría de las que tuvieron Pedro, Pablo, Timoteo, Tito, Epafrodito y miles de cristianos del primer siglo: excitantes, productivas, retadoras, aun conflictivas y peligrosas. Muchas oportunidades para predicar y enseñar a los inconversos y a los creyentes errados en su fe. Nuevas batallas en los campos espirituales del mundo, particularmente en los que están al alcance de esta congregación. Muchos roces nuevos con el enemigo de las almas y sus representantes en la tierra, grandes y pequeños, callados o vociferantes, dóciles o agresivos. Que muchas sean las ocasiones cuando festejen victorias gloriosas al ganar almas para el Reino de Dios. Que también sepan llorar y lamentar cuando algunas almas tocadas por ustedes, se banderizan definitivamente con las legiones de Satanás.

A.          Deseo que todo esto les pase, que lo vivan a plenitud, para que durante todo el año puedan tener nuevos temas de que hablar entre ustedes, comentándolos y analizándolos en sus reuniones y actividades, en sus hogares y dondequiera que anden juntos. Que los cuenten y los discutan animadamente. Que estos nuevos temas de nuevas experiencias evangelísticas infundan vida en la congregación, incentivando a todavía más obras evangelísticas cada vez más abarcadoras y atrevidas.

B.          Quién anhela nuevas experiencias evangelísticas sanas y productivas primero ha de proyectarlas en la pantalla de las visiones de su corazón, luego planificar para ellas, orando; entonces, levantarse, moverse y andar procurándolas, acercándose a las almas extraviadas. Ninguno que permanezca siempre en su casa realizará jamás el viaje soñado. De no levantarse y hacerlo, solo quedaría un vacío donde debería encontrarse un tesoro de valiosos y edificantes temas nuevos. El vacío, ¿de qué cosas lo llenará? Quizás de temas insignificantes que generen conversaciones superficiales, aburridas o aun carnales y materialistas, girando más hacia el mundo que hacia Dios y su iglesia.

III.          Las nuevas obras evangelísticas sanas suelen engendrar a nuevos cristianos. Los nuevos cristianos son nuevos temas para la congregación, nuevos centros alrededor de los cuales se forman nuevas actividades. La integración exitosa de nuevos miembros en la familia de la fe es sumamente importante para la salud espiritual de la familia, como también para asegurar su presencia ininterrumpida en la tierra.

A.          ¿Qué cambios suceden en el seno de una familia cuando nace un bebé?

1.          Los temas cambian. El bebé es el tema principal. ¡Todos hablan del bebé! “¿A quién se parece? Cómo se ríe. ¡Cómo llora y grita! Lo mucho que come. Cómo está creciendo. Ya gatea. Ya anda. Ya habla. Sus hábitos, sus arranques, sus monerías. Su ropita. Sus juguetes. Sigue desarrollándose. Va a la escuelita. Sigue adiestrándose, madurando. Ya no es niño sino adolescente, luego adulto joven. Y surgen en torno a él muchos, muchos nuevos temas, algunos muy complicados y difíciles.” Esta nueva criatura, este nuevo heredero, este nuevo ser humano, es el tema de muchas conversaciones , el foco de muchas actividades. Ocupa el tiempo y las energías de sus padres y de sus hermanos, y así debe ser, pues esto es saludable para la familia. Más alegría hay en la familia; más sonrisas, más conversaciones, más actividades, más vida, más amor .

2.          Cambios muy parecidos ocurren en el seno de la familia espiritual cuando nacen nuevos miembros de la fe. Cada nuevo miembro debe ser el foco de muchas actividades espirituales encaminadas a hacerle crecer hasta alcanzar la madurez. Debe ocupar el tiempo y las energías de los administradores de la iglesia, y de los demás miembros de la familia, sus hermanos y hermanas en la común fe. “¿Qué alimento espiritual le hace falta? ¿Qué debemos hacer para que se sienta confiado en medio nuestro? ¿Se está fortaleciendo de continuo? ¿Se está debilitando? ¿Cómo son sus ánimos? ¿Qué podemos hacer para que se adiestre para los ministerios? Etcétera.”   El nacimiento espiritual de cada nueva criatura en la familia espiritual es causa de gran gozo tanto en el cielo como en la iglesia en la tierra. Significa más vida para el cuerpo espiritual de Cristo, más esperanza para la continuación de la familia de la fe en la tierra, nuevos retos, nuevos recursos humanos, la oportunidad de practicar más el amor fraternal, y significa mucho más.

B.          ¿Qué sucede en los hogares donde no nace ningún niño?

1.          Con la excepción de quizás una pequeña minoría, existe un vacío imposible de llenar satisfactoriamente. Algunas parejas sin hijos intentan llenar el vacío dedicándose a más y más estudios, trabajando día y noche, haciendo dinero y comprando todo a su alcance, entregándose a constantes actividades sociales o interminables placeres carnales de toda índole, aun a vicios. Pero, el vacío permanece y es real, a pesar de que no lo reconozcan o acepten, a pesar de que estén conformes, empiece a que hayan planificado fríamente un hogar, una vida, sin hijos. Dedican su tiempo, energías y recursos a cosas que pasan y no a la creación y la formación de vidas nuevas que permanezcan para siempre. Tal hogar no puede ser nunca totalmente normal, de acuerdo a los designios de Dios. Su anormalidad aflora de maneras extrañas. Por ejemplo, hay hogares sin ningún niño donde la mascota (el perro, el gato) toma el lugar de niño, recibiendo todas las atenciones de un ser humano, ¡al extremo de ser nombrado heredero! (“Nosotros, gozando de mente sana y cuerda, dejamos para nuestro perro Pitufo la suma de $25,000.00, para que coma chuletas todos los días de su vida y viva como rey.” Aquello de “menta sana y cuerda” ¡hay por qué cuestionarlo!) Existen hogares donde la ama de casa se las pasa cambiando a menudo los muebles de posición, o bota muebles buenos, comprando nuevos, porque no tiene ninguna hijita o ningún hijito en quien ocupar sus energías, recursos y tiempo.

2.          De igual manera, en cuanto a la familia de la fe, hay congregaciones que se las pasan adornando o agrandando su plantel físico, sin necesidad de hacerlo. O, peor aún, echan mano a la congregación misma alterando su organización, su manera de adorar a Dios, su misión y la naturaleza fundamental del evangelio. ¿Por qué semejante derroche o malversación de energías, recursos y tiempo? ¿Por qué tanto egoísmo y apostasía? Sin duda, una de las razones claves en algunos casos, aunque no en todos, es la siguiente: ¡no cuentan con nuevos miembros a quienes dedicarse de lleno! ¿Y por qué no engendran nuevos miembros?

a.          Quizás porque no quisieran, aunque lo nieguen, habiendo perdido de vista su razón principal de ser, teniendo la mentalidad de muchas parejas modernas para quienes varios asuntos toman prioridad sobre el de engendrar y criar hijos.

b.          Quizás porque las circunstancias dificulten el proceso y no tengan la inteligencia espiritual, el empeño o la valentía necesaria para sobreponerse.

            El evangelismo dinámico, bíblico y constante es el santo remedio para los desajustes espirituales y emocionales que afligen a algunas congregaciones . Al engendrar nuevos miembros e inculcarles la historia de Dios y su pueblo, los atributos divinos, las metas y las obras de los cristianos y todas las multiformes normas del Nuevo Testamento, ¡no les sobrarían energías o tiempo para controversias estériles o innovaciones nocivas! Se sanarían de sus males espirituales.

C.         Queridos hermanos y hermanas, les animo a engendrar, durante este nuevo año, muchas nuevas criaturas en Cristo. Dedicarse del todo al cumplimiento de esta función primordial de los cristianos redundará en grandes bendiciones tanto para ustedes como para los nuevos adeptos. Tener hijos en la fe, criarlos, aportar generosamente de sí mismo para su crecimiento y verlos llegar “a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13), encaminados resueltamente a la vida eterna: ¡no hay ninguna experiencia comparable!

1.          El apóstol Pablo escribió: “Porque aunque tengáis diez mil ayos (o sea, maestros o guías) en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias” (1 Corintios 4:15-17).

2.          Pablo engendró a los cristianos en Corinto “por medio del evangelio.” Luego, los exhortó a que lo imitaran, es decir, que hicieran lo mismo : que ellos, a su vez, engendraran a todavía más criaturas nuevas “por medio del evangelio.” Por ende, recibimos usted y este servidor la misma exhortación: ¡que engendremos hijos espirituales! ¿Lo estamos haciendo? ¿O somos estériles?   ¿O pretendemos lograrlo por medio de padres sustitutos? En muchas culturas de tiempos pasados, incluso, la de los israelitas, la esterilidad se tenía como una maldición, un estigma, un estado vergonzoso. El mismo concepto debiéramos tenerlo de la esterilidad espiritual, la cual nos deja sin hijos espirituales, privándonos, por consiguiente, de las bendiciones que traen tales hijos.

3.          Amados, no rehusemos ser padres espirituales. Engendrar a hijos espirituales no es un privilegio concedido solo a unos pocos cristianos. De la manera que cada ser humano maduro y normal tiene la capacidad para engendrar hijos según la carne, asimismo cada cristiano maduro   y normal tiene la capacidad para engendrar hijos según el espíritu. El poder está en el evangelio. “Yo os engendré por el evangelio,dice Pablo. Pues, de igual modo nosotros también podemos engendrar hijos espirituales “por el evangelio.”   ¡Hagámoslo!

4.          ¡Hagámoslo! Talvez se levante de entre nuestros hijos espirituales uno semejante a Timoteo, de quien Pablo dice: “mi hijo amado y fiel en el Señor,” llamándolo cariñosamente “verdadero hijo en la fe” (2 Timoteo 1:2) y testificando de él a los Filipenses: “A ninguno tengo del mismo ánimo. Conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio” (Filipenses 2:19-22).

5.          De cierto, hace falta que engendremos a muchos hijos espirituales para que la familia del Señor crezca y permanezca en la tierra, ofreciendo siempre albergue seguro a las almas que quisieran refugiarse en su seno, con la esperanza hermosa de ser unidos eternamente a su Padre espiritual en el cielo, a nuestro Padre Dios, el “Padre de los espíritus” (Hebreos 12:9).

IV.         Invitación:

A.          ¡Muchas nuevas experiencias evangelísticas! ¡Muchos nuevos hijos en el Señor! Estos son mis más sinceros deseos para los feligreses de toda congregación fiel al Señor.

B.          A la mayoría de nosotros nos apasiona lo nuevo . Casa nueva, muebles nuevos, modas nuevas, nuevos pasatiempos, nuevos amigos, nuevas ideas. Sin embargo, cuando de seguir al Señor se trata, más sabio es hacerle caso al consejo de Dios: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas , cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jeremías 6:16). Para la iglesia y el mundo del presente, la senda antigua, es la que traza el Nuevo Testamento y no cualquier camino nuevo o evangelio nuevo. Al seguir por la senda antigua hasta llegar al cielo, nuestra sed de lo nuevo, Dios la satisfará a saciedad, pues nos admitirá a la “tierra nueva,” con “cielos nuevos” (2 Pedro 3:13) diciéndonos: “Las primeras cosas pasaron. He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:1-5).

C.         A muchos les agrada lo viejo . No quieren cambiar nada. Les gusta su manera acostumbrada de vivir, aunque gire en torno a malos hábitos, malas conversaciones, vicios, vanas tradiciones e idolatrías. A los tales el Espíritu de Dios exhorta: Despojaos “del viejo hombre con sus hechos,” y revestíos “del nuevo , el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:9-10). “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). Estimado amigo, amiga, para que las cosas viejas perjudiciales y pecaminosas pasen de su vida y comience usted a andar en “vida nueva” (Romanos 6:4), es necesario que nazca usted “de nuevo... de agua y del Espíritu” (Juan 3:3-5), es decir, que sepulte a viejo hombre de pecado en las aguas del bautismo, para que resucite el nuevo hombre limpio y puro, lleno del Espíritu de Dios (Hechos 2:38). Le invitamos a hacerlo sin esperar otra oportunidad, pues el tiempo del presente hay que aprovecharlo, ya que nadie tiene domino del tiempo sino Dios mismo.  

Homero Shappley de Álamo.

 

  

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