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Llamado a vestirse las hermanas de la congregación con ropa decorosa, con pudor y modestia

Esta escena de cielos bellamente ataviados en tonalidades azules y rosas adorna el Llamado que hacen los encargados de una congregación de vestirse con pudor y modestia las mujeres cristianas.

Cielos bellamente ataviados en tonalidades azules y rosas.
Muy lindas son todas las mujeres cristianas, espiritualmente, que se atavían con pudor y modestia, con el adorno “interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:1-6).

Carta abierta de los administradores de esta iglesia de Cristo para todas las hermanas que la integran.

Muy queridas hermanas, el ferviente deseo nuestro es que la Iglesia de Cristo brille tanto por la santidad de sus miembros como por la pureza de su doctrina y la excelencia de sus obras evangelísticas y benévolas.

Seguramente, todas ustedes saben que sin la santidad, "nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Toda persona que juzga espiritualmente también sabe que la vestidura bien puede reflejar la virtud divina de la santidad o empañarla.

Quisiéramos enfatizar que algo muy elemental, a saber: existen modas totalmente aceptables para la mujer cristiana, por ejemplo: el traje que llega hasta las rodillas, o la blusa con falda que llega hasta las rodillas. Estas modas son decorosas y modestas, conforme a las normas establecidas en 1 Timoteo 2:9-10 y 1 Pedro 3:3-4. Queremos recomendárselas como el estilo de atavío que más armoniza con los principios de la santidad y de la conducta irreprochable.

A toda mujer cristiana le exhortamos a presentarse en nuestras reuniones y actividades vestida de acuerdo con las directrices del Espíritu Santo. Las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9-10). “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3:3-4).

No pocas modas populares de actualidad causan tropiezos. Algunos miembros de la propia iglesia se escandalizan. También algunas visitas, quienes vienen, observan y no vuelven. Referente a estas reacciones negativas, nos parece importante llamar su atención a las orientaciones y exhortaciones del apóstol Pablo en Romanos 14:13 y 15: "Decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. No hagas que por la comida tuya (vestidura, modas, maquillaje, adornos, etcétera) se pierda aquel por quien Cristo murió".

Cintura, abdomen y ombligo descubiertos

Señalamos un tipo particular de moda que desaprobamos: la que descubre la desnudez de la cintura o del abdomen, enseñando el ombligo. Tal clase de moda llama la atención al cuerpo físico, restando del ambiente espiritual de la congregación. Tiende a despertar el interés en lo carnal, a provocar miradas o pasiones sensuales. Por esta razón, censuramos su uso en las mujeres maduras y apelamos a las madres cristianas a no permitir que sus hijas la usen.

"Acomodando lo espiritual a lo espiritual" (1 Corintios 2:13), y no lo carnal a lo espiritual, ni tampoco lo espiritual a lo carnal, toda doncella bautizada y toda dama cristiana que sabe "discernir espiritualmente" (1 Corintios 2:14), comprenderá la importancia de este asunto, tomando las medidas necesarias para quitar al adversario toda "ocasión de maledicencia". (1 Timoteo 5:14) Siempre tendrá presente el hecho de que el "templo", o "casa de oración", de la iglesia es un lugar santificado para obras espirituales y que los feligreses se congregan allí con propósitos solemnes de índole celestial. No es un lugar cualquiera, por ejemplo, parecido a un coliseo o un campo deportivo, una fábrica, una oficina de negocios, o una tienda, ¡ni mucho menos a una sala de exhibición de modas, cualquier salón de placeres mundanos o una playa! Más bien, se trata de un lugar dedicado al servicio del Dios de santidad. Por lo tanto, les incumbe a los asistentes, tanto a hombres como a mujeres, ataviarse, no como la gente mundana o de farándula suele vestirse, sino con el pudor, la modestia y la dignidad espiritual que son los rasgos de todo cristiano maduro.

Hermana, si usted está pensando, andando y viviendo "conforme al Espíritu" (Romanos 8:2-10), este tema no le será causa de ningún disgusto u ofensa. Ni debemos permitir que sea entre nosotros los cristianos asunto de controversias. Habiendo dos caminos, como los dos que se trazan En lo concerniente a las modas, dos derroteros se disciernen, a saber, (1) el seguro y libre de tropiezos, y (2) el dudoso y lleno de escabros, peligros y ofensas. Así pues, la decisión sabia y correcta es fácil. Tomémosla para el bien de la obra de Cristo y en pro de nuestra propia salvación.

Querida hermana, su aportación espiritual a nuestra congregación es sumamente importante, con ramificaciones o repercusiones que bien pueden impactar a toda la feligresía. ¿Será para bien o para mal su aportación? Tenga presente, se lo suplicamos, que un poquito de levadura leuda toda la masa. Aplicando esto, si usted hace muchas buenas obras en esta iglesia pero se viste de una manera indecente, provocativa, aun incitando a lujurias, esta levadura mala suya dañará sus buenas obras, también haciendo, potencialmente, que algunos hermanos tropiecen. Sepa, amada, que no damos ninguna credibilidad al argumento que dice más o menos: “Pero el pecado está en los ojos y la mente del varón que mira, codiciando”. Sin excusar o justificar a tal varón, usted, al exhibirse en su forma de vestir, la tendríamos como la causa obvia de la tentación que le hace pecar. Cuidado, pues, de ampararse en justificaciones o argumentos sin lógica o peso alguno.

Hemos tenido a bien llamar su atención a estos asuntos porque nuestro deber es velar por su alma, como también por las demás de la grey, y deseamos que usted llegue, juntamente con todos nosotros, a las puertas de la “gran ciudad celestial, la nueva Jerusalén”, donde todos los santos podremos disfrutar de inmortalidad en el Paraíso de Dios.

Sus servidores en Cristo,

Los encargados de la congregación

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