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Comentario sobre Apocalipsis: análisis de las profecías y visiones. Por Homero S. de Álamo

Comentario completo sobre Colosenses

Historia de la Era Cristiana. Muchos documentos en esta Web.

Comentario sobre Hechos por J. W. McGarvey. Boceto del Contenido completo.

 

Hechos de Apóstoles

Por Lucas, el médico amado

Quema de libros de magia en Éfeso después de la intensa evangelización de aquella ciudad por Pablo y sus compañeros.

Quema de libros de magia en Éfeso después de la intensa evangelización de aquella ciudad por Pablo y sus compañeros.

“Asimismo muchos de los que habían practicado vanas artes trajeron los libros y los quemaron delante de todos, y echada la cuenta del precio, hallaron ser cincuenta mil denarios.” Hechos 19:19. El valor en dólares estadounidenses sería, en el tiempo presente (segunda década del Siglo XXI), quizás hasta $60,000.00.

Comentario por J. W. McGarvey, M. A.

Predicador y escritor de la Iglesia de Cristo

Adaptación del Prof. E. J. Westrup 

Parte Tercera

Giras de Pablo entre los gentiles

Hechos, los capítulos del 13 al 21.

Sección IV

Tercera gira de Pablo. Hechos 18:23 – 21:16.

PDF de este estudio

 

1.  Segunda Visita a Galacia y Frigia. Hechos 18:23

     Versículo 23.  En una sola oración dispone Lucas de un viaje que debe haber ocupado varios meses al menos, pues abarcó de seis a ochocientos kilómetros. (23) Y habiendo estado allí algún tiempo, partió, andando por orden la provincia de Galacia y la Frigia, confirmando a todos los discípulos.” Para llegar a Galacia y Frigia, que son los únicos distritos de la ruta que se mencionan, debe haber transitado un circuito desde Antioquía por vía las Puertas Cilicianas a las mesetas elevadas de Licaonia y Pisidia, pasando por Derbe, Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia. Esta fue su tercera visita a esas comunidades, y su paso por Galacia era segunda visita a las iglesias que allí había fundado. Si se nos permite juzgar de la rapidez de su tránsito, halló las iglesias en todas esas regiones en condición tal que no necesitaban de él visita especial prolongada, aunque su obra entre ellos, breve como fue, consistió en "confirmar a todos los discípu­los". Cuando declinó la invitación de quedarse en Éfeso (Versículos 20-21), ésta era la obra que proyectaba, así como también dar el informe en Antioquía.

2.  Apolos en Éfeso y en Acaya. Hechos 18:24-28

     Versículos 25 – 26. Hemos expresado nuestra opinión de que el propósito de dejar a Aquila y Priscila en Éfeso era que llegaran a hacer tal obra preparatoria que pudieran en su ausencia (Versículo 19); y ahora Lucas nos da una muestra de la clase de trabajo que hicieron. (24) “Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. (25) Este era instruido en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado solamente en el bautismo de Juan. (26) Y comenzó a hablar confiadamente en la sinagoga; al cual como oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron y le declararon particularmente el camino de Dios.” El puesto distinguido que Apolos ganó después en la iglesia en Corinto, y lo familiar que se hizo su nombre entre los discípulos de edades subsiguientes, dan especial interés a las cosas que de él se dicen aquí, para observarlas atentamente. El ser él alejandrino explica en parte su erudición, e indica la índole de ésta, pues Alejandría había sido el centro de contacto entre la literatura griega y la hebrea, y ahora llegaba a ser la sede principal del saber hebraico. Este saber comprendía un conoci­miento de la versión griega del Antiguo Testamento, de la otra literatura griega de los siglos judaicos últimos, y en cierta extensión de la filosofía griega. La expresión de que era "poderoso en las Escrituras" significa no solo su familiaridad con ellas, sino que sabía esgrimirlas con gran fuerza. Tener esa capacidad en tiempos en que el conocimiento de las Escrituras se tenía que obtener de manuscrito y en que aún el arte de leer únicamente unos cuantos lo adquirían, no era logro ordinario estar tan bien informado de las Escrituras. Hasta en estos días, tal adquisición de la Biblia, impresa a millones de ejemplares, es rara aún entre los predicadores que, se presume por los que no conocen mejor, son los que dedican su vida entera al estudio de la Biblia. Si los predicadores fueran más diligentes en seguir el ejemplo de Apolos, serían más poderosos en la predicación y tendrían menos necesidad de buscar donde no se puede encontrar.

     Pero aunque Apolos fuera poderoso en las Escrituras y con espíritu ferviente "enseñara diligentemente las cosas que son del Señor", Aquila y Priscila al oírlo, pronto descubrieron que no entendía el bautismo cristiano —que sabía "solamente del bautismo de Juan". No estaban ellos en tal ignorancia sobre este terna para suponer, como algunos modernos, que no había diferencia entre los dos bautismos; ni en tal indiferencia en ello "como mero rito externo" que creyeran la diferencia sin importancia. Al contrario, llevaron al predicador celoso y potente a su casa, y le enseñaron la verdad del asunto. Crédito para él, como cándido investigador de la verdad, es que aceptó con gusto aquella corrección. Supo que, si el bautismo de Juan no traía en sí la promesa del Espíritu Santo, es ésta un rasgo distintivo del bautismo cristiano, y que si Juan bautizaba a nombre de nadie, a los apóstoles se les enseñó a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Hechos 2:3; Mateo 28:19). La cuestión de si fue rebautizado, se discutirá en conexión con el Capítulo 19:5.

     Debería observarse que Priscila tomó parte con su marido en dar instrucción más perfecta a Apolos, y esto ilustra la manera en que ciertas mujeres fieles fueron auxiliares eminentes de los apóstoles y evangelistas en la extensión del evangelio. Con todo, no es posible aducir esto como prueba de que hasta las más eminentes ayudantes tomaban parte en la predicación en público.

     Versículos 27 y 28. Por alguna razón que no se da, Apolos decidió salir de Éfeso y visitar las iglesias fundadas por Pablo en Acaya. (27) “Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos exhortados, escribieron a los discípulos que le recibiesen; y venido él, aprovechó mucho por la gracia a los que habían creído; (28) porque con gran vehemencia convencía públicamente a los judíos, mostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.” Esta es la primera vez que se mencionan cartas de recomendación que se dieron a discípulos que iban de una comunidad cristiana a otra. En período posterior se mencionan como algo de uso común (2 Corintios 3:1-2). Cierto, los hermanos que lo conocían lo alentaron a ir, pues sabían de su poder peculiar, y que aquellas iglesias lo necesitaban en sus controversias con los judíos. Lucas no nos informa quiénes fueron estos hermanos, si hubo otros que Aquila y Priscila, aunque hay indicios adelante (Hechos 19:1). Sus esperanzas en referencia a las labores de Apolos en Acaya felizmente se realizaron en el gran auxilio que dio a los discípulos, al confutar con tanto éxito a los judíos. Su potencia especial en el uso de las Escrituras lo hacía el escogido para allegarse a los judíos y para fortalecer la fe de los creyentes. No siempre confutar es convencer, pero hay evidencia de que, además de confutar a los judíos, Apolos trajo muchos a la iglesia; pues más tarde Pablo se refería a sus labores como regar la iglesia que él había plantado, y luego, cambiando la figura, decía: "Puse el fundamento, y otro edifica encima" (1 Corintios 3:6-10). Ya que había tenido un fracaso comparativo con los judíos de Corinto, los triunfos de Apolo ilustran el valor de una variedad de talentos y adquisiciones entre los predicadores para tener éxito en la evangelización de una gran variedad de mentes y caracteres que suelen hallarse en una sola comunidad.

3.  Pablo llega a Éfeso y rebautiza a una docena. Hechos 19:1-7

     Versículos 1 – 7. Llega ahora el historiador a un punto en que tan rápido había pasado por el viaje de Pablo a Antioquía, y por tierra de ahí por Galacia y Frigia. Se permitió por fin a Pablo comenzar una obra que proyectó en viaje anterior, aunque "le fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la Palabra en Asia" (Hechos 16:6); y también cumplir la promesa hecha aquí de viaje a su tierra (Hechos 18:21). (1) “Y aconteció que entretanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando ciertos discípulos, (2) díjoles: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creís­teis? Y ellos le dijeron: Antes ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo. (3) Entonces dijo: ¿En qué pues sois bautizados? Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan. (4) Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es a saber en Jesús el Cristo. (5) Oído que hubieron esto fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. (6) Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas y profetizaban. (7) Y eran todos como doce hombres.” Este pasaje, en conexión con lo que se dijo en el párrafo anterior (Hechos 18:25), nos muestra que todavía se predicaba y practicaba el bautismo de Juan en ciertos lugares; y también muestra cómo trataban los apóstoles a los que así se habían bautizado. Estos se presentaron a Pablo como discípulos de Jesús, y eran sin duda "los hermanos" que se unieron a Aquila para dar una carta a Apolos (Hechos 18:27). La primera pregunta de Pablo, "¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis?” se refería al grado ordinario del Espíritu que mora en cada discípulo, pues éste lo recibían cuantos se arrepentían y se bautizaban (Hechos 2:38), y por eso no había razón de que dudase que lo habían recibido. Pero después del bautismo, por imposición de manos apostólicas, algunos discípulos tenían el don milagroso del Espíritu, y de esto es de lo que Pablo indagaba, según se prueba, no solo por estas consideraciones, sino por el hecho de haber conferido precisamente esto luego que terminó la conversación. Cuando contestaron: "Ni aun hemos oído si hay Espíritu Santo", vio desde luego que había algo erróneo en su mismo bautismo; de ahí que les preguntara: "¿En qué pues sois bautizados?” No preguntaba en qué bautismo, sino en qué nombre, pues al oír su contestación, ordena que sean bautizados "en el nombre del Señor Jesús"lo que no es más que la abreviatura de "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", que es la forma de expresión usada por Jesús mismo (Mateo 28:19). Si hubieran sido bautizados así, no podían ignorar lo del Espíritu Santo en cuyo nombre se habían bautizado. Además, en ese caso se les hubiera dicho, como Pedro lo dijo en Pentecostés, que al ser bautizados recibirían el Espíritu Santo. No teniendo conocimiento de este bautismo en un nombre, contestaron, "En el bautismo de Juan" ; y así descubrió Pablo la causa de su ignorancia acerca del Espíritu Santo, pues el bautismo de Juan no tenia promesa del Espíritu Santo, pues no bautizaba en ese nombre. La breve explicación de Pablo se aceptó pronto, y cuando esos hombres fueron bautizados, él les impartió el don milagroso a que se refería su primera pregunta.

     Como esto es un caso de rebautismo de quienes ya tenían el bautismo de Juan, suscita la interrogación de si todos los discípulos de Juan para ser admitidas en la iglesia, eran rebautizados, y si no, ¿por qué éstos? Parece preciso contestar negativamente la primera pregunta, por la razón de que los apóstoles, algunos, si no todos, de los cuales habían ya recibido el bautismo de Juan y los ciento veinte que con los apóstoles formaron el núcleo de la iglesia en Pentecostés, y de los que lo fueron en Pentecostés, "fueron añadidos aquel día" a aquéllos (Hechos 2:41). Y si tal pasó, lo mismo debe haber ocurrido con cuantos originalmente eran discípulos de Juan. Entonces, ¿por qué éstos de Éfeso fueron bautizados de nuevo? La contestación más probable, la única que armoniza con los hechos, es que habían sido bautizados por Apolo, o por alguien que enseñaba lo mismo que éste, después de que el bautismo de Juan había dejado de ser ordenanza válida. De veras, no había sido válida luego que se introdujo el bautismo de la comisión apostólica el gran día de Pentecostés, y después que Juan fue encarcelado, nadie lo había administrado con derecho. Aun Jesús, que por poco tiempo antes de la prisión de Juan lo dio, después no lo administró. Por la mera índole del caso, ya no podía aceptarse como bautismo luego que dejó de ser ordenanza viva. Por lo mismo estos doce no podían en modo alguno considerarse bautizados, pero ahora por primera vez recibieron bautismo efectivo. Si Aquila conocía su condición antes de la llegada de Pablo a Éfeso, es evidente que aguardó la decisión de Pablo en el caso antes de resolverlo él de sus trabucos. No hay seguridad de que se sintiera capaz de decir lo que se debía hacer. Sin embargo, más probable es que la pregunta de Pablo hecha para indagar si habían ya recibido algún don milagroso, le revelara a Aquila, en el mismo momento que a Pablo, lo que había en este caso. Si Apolo no fue bautizado (y la inferencia es que sin duda no lo fue) la razón fue que Aquila no supiese lo que en tales casos debía hacerse, o quizá que Apolo en alguna visita que hiciera a Judea fuera bautizado por Juan mismo.

     Este incidente prueba que Pablo tenía el hábito de inspeccionar la condición de discípulos que hallara en cualquier lugar, antes de agregarlos al número de conversos. Es precedente digno de imitarse por los evangelistas modernos.

     Versículos 8 y 9. Habiendo corregido lo que halló erróneo entre el pequeño grupo de discípulos, Pablo enseguida la emprende contra los errores judaicos y gentílicos que en la ciudad abundaban. (8) “Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios. (9) Mas endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, apartándose Pablo de ellos separó a los discípulos, disputando cada día en la escuela de un cierto Tirano.” La escena en la sinagoga es del todo uniforme en sus detalles con otras que ya hemos observado —la misma persuasión y argumentos fervorosos de Pablo sobre el tema invariable; la misma obstinación y mal hablar en aumento de parte de los judíos incrédulos; la separación final de Pablo y los creyentes de entre la mayoría que controlaba la sinagoga. Un domicilio privado sirvió a Pablo de refugio en Corinto, y el salón de escuela de Tirano aquí en Éfeso. Incidentes tales tienen duplicados en la historia de todos los que han tratado de corregir enseñanzas religiosas de sus contemporáneos.

 
En este escenario, el apóstol Pablo evangeliza frente al gran templo de Diana en Éfeso, una de las siete maravillas del Imperio Romano. Predicó y enseñó en aquella ciudad durante más de dos años, con fantástico éxito.

En este escenario, el apóstol Pablo evangeliza frente al gran templo de Diana en Éfeso, una de las siete maravillas del Imperio Romano. Predicó y enseñó en aquella ciudad durante más de dos años, con fantástico éxito.

     Versículos 10 – 12. Una vez más aquí, como cuando estuvieron en Corinto, Lucas nos da la nota definida del tiempo. (10) “Y esto fue por espacio de dos años; de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús. (11) Y hacía Dios singulares maravillas por manos de Pablo: (12) de tal manera que aun se llevaban sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían de ellos.” Los dos años que se mencionan aquí más los tres meses en la sinagoga dan dos años tres meses de estancia de Pablo en Éfeso —su permanencia más larga en una ciudad, y quizá por eso se menciona. Se llaman "singulares" los milagros por su índole extraordinaria, que nos recuerdan algunos que en otro tiempo vimos en la carrera de Pedro (Hechos 5:15), y otra vez en la del Maestro (Marcos 6:56). Milagros de esta clase no son más increíbles que otros. Se realizaban por el creciente anhelo de las gentes por obtener el beneficio del poder de sanidad. No hay maravilla que "todos los habitantes en Asia", es decir, en la provincia romana así llamada, "judíos y griegos, oyeran la palabra del Señor Jesús". Cuantos podían naturalmente venían a Éfeso para oír, y cuantos veían instintivamente repetían por todas partes lo que habían oído a donde iban. El resultado fue que más tarde leemos acerca de "las siete iglesias que están en Asia" (Apocalipsis 1:4).

4.  Exorcistas expuestos y libros de magia quemados. Hechos 19:13-20

     Versículos 13 – 17. Es difícil imaginarse que gentes que presenciaban estos milagros no reconocieran la presencia del poder divino. Nos supondríamos que aún el ateísmo se confundiera ante ellos, y que hasta el más empedernido pecador temblara. Con todo, Simón el mago procuraba comprar con dinero el poder de Pedro, Barjesús había tratado de convencer a Sergio Paulo de que era trampa y exhibición semejante de pravedad humana, seguida de un castigo casi tan severo como el de la instancia anterior, ocurrió aquí en Éfeso. (13) “Y algunos de los judíos, exorcistas vagabundos, tentaron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos diciendo: Os conjuro por Jesús, el que Pablo predica. (14) Y había siete hijos de un tal Esceva, judío, príncipe de los sacerdotes que hacían esto. (15) Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; mas vosotros, ¿quiénes sois? (16) Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. (17) Y esto fue notorio a todos, así judíos como griegos, los que habitaban en Éfeso; y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor Jesús.” Estos exorcistas, como se les titula, pretendían el poder de lanzar demonios, y parece que ante el pueblo tuvieran suficiente éxito para conservar la reputación. Sin duda el hecho de ser siete hermanos añadía misterio a sus pretensiones, así como una adivina hoy que sea la séptima hija de una séptima hija goza de mayor crédito que otras de su clase. Para el objeto, empleaban encantamientos sobre los demonios, en los que pronunciaban ciertas palabras sin sentido, las que pretendían haber derivado de Salomón, y naturalmente se suponía que el poder de Pablo era algo de este jaez; así lo observaban cuando lanzaba demonios, para ver si podían descubrir su palabra talismán. No tardaron mucho en fijarse en que en cada instancia usaba el nombre de Jesús, y dedujeron que en esa palabra estaba el encanto; así dos de ellos hicieron la prueba metiendo a un demoníaco en un cuarto donde nadie observara si fracasaban, con intenciones de que si tenían buen éxito se presentarían al público como rivales de Pablo. El espíritu malo pareció sentirse ultrajado por la maldad de los dos villanos, y la manera en que los desenmascaró tuvo el aspecto de una fea broma. Por cierto, Éfeso todo debe haberse reído al verlos huir por la calle magullados y desnudos, pero cuando la gente recapacitó recordando que tal desbarato se debía al abuso del nombre de Jesús, no fue sino cosa natural que se ensalzara este nombre, y el temor cayó sobre todos.

     Versículos 18 – 20. La desenmascarada de los siete exorcistas, por la manera misteriosa, cuanto efectiva, en que se efectuó, derramó el descrédito en Éfeso para todos los que pretendían ser magos. Los resultados visibles fueron inmensos y asombrosos. (18) “Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos. (19) Asimismo muchos de los que habían practicado vanas artes trajeron los libros y los quemaron delante de todos, y echada la cuenta del precio, hallaron ser cincuenta mil denarios. (20) Así crecía poderosamente la palabra del Señor.” No se ha de entender que los creyentes confesos continuaran practicando su magia después de haber creído, sino únicamente que ahora confesaban y declaraban los procesos secretos con los que en antes engañaban a la gente. De los que quemaban libros, muchos parece, quizá todos, no eran aún discípulos, aunque profundamente le había impresionado la maldad de sus prácticas de engaño. Los cincuenta mil denarios eran sin duda de dracmas de plata de Ática, pues Éfeso era ciudad griega, y la moneda más común de plata era ésta. Su valor era más o menos lo mismo que el denario romano que con este nombre se menciona en nuestra versión, y equivalía poco más o menos a sesenta y cuatro centavos de Estados Unidos de América. El valor, pues, de esos libros quemados supera más de treinta y dos mil dólares. Ese valor dependía, no tanto del número de ellos ni de su tamaño, cuanto de su contenido, pues traían direcciones claras escritas de mañas de prestidigitación, y quien comprara uno podía con poca práctica llegar a ser tan hábil escamoteador como el que se lo había vendido. Como el secreto de composición de una medicina de patente, que se puede escribir en una tirita de papel, el libro era el surtido del que vendía el escamoteador, y su valor dependía de poder guardar su secreto. Esta explicación confirma plenamente la reputación que los escritores antiguos daban a Éfeso como centro principal de las artes mágicas en todo el Imperio Romano.

5.  Pablo forma su plan para viajes futuros. Hechos 19:21-22

     Versículos 21 y 22. El gran triunfo de la palabra del Señor que siguió a la quemazón de libros trajo los asuntos de la iglesia a tal punto que Pablo comenzó a pensar en salir de Éfeso. (21) “Y acabadas estas cosas, se propuso en espíritu partir a Macedonia, después de andadas Macedonia y Acaya, diciendo: Después que hubiere estado allá, me será menester ver también a Roma. (22) Y enviando a Macedonia a dos que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se estuvo por algún tiempo en Asia.” Después veremos que este plan para giras futuras se llevó al pie de la letra, aunque en forma muy diferente de la que se proponía Pablo. Las palabras "se propuso en espíritu", se han entendido por la mayoría de los comentaristas como no más que se formó un propósito, y los que revisan el texto bíblico parecen haberlas entendido por lo que se ve que escriben "en espíritu" con "e" minús­cula. Pero si tal es lo que la frase significa, luego es tautología, pues "en espíritu" es una redundancia. Estos señores olvidan los hechos que acaba de mencionar Lucas, los que explican la expresión. Cuando primero Pablo se propuso venir a esta misma ciudad de Éfeso, capital de Asia, le fue vedado por el Espíritu hacerlo, y al proponerse ir a Bitinia, se le prohibió igualmente (Hechos 16:6,7); y con tal experiencia aprendió a no hacer planes para el futuro, sin tener permiso de aquella dirección divina. Aun al prometer volver a Éfeso, dejando allí a Aquila y Priscila, sus palabras fueron: "Volveré a vosotros, queriendo Dios" (Hechos 18:21). Así ahora, al formarse propósito de viajes que tomarían años en realizarse, se propone "en el Espíritu" emprenderlos. Pocos intérpretes entienden la expresión como que el Espíritu lo movía en formarse tal propósito, pero siendo así, no se hubiera visto tan poco seguro como después se muestra de si esto se realizaría (Romanos 15:24, 31-32). El significado verdadero, que se determina por su experiencia previa y la subsiguiente, es que se formaba ese propósito, pero sujeto a la aprobación del Espíritu Santo, y con referencia consciente de la probabilidad que había de que el Espíritu le denegara. Timoteo fue enviado a Macedonia, para que fuera a Corinto y diera a los hermanos allí ciertas instrucciones de los métodos y enseñanza de Pablo (1 Corintios 4:17); entretanto Erasto fue enviado porque, siendo el tesorero de Corinto (Romanos 16:23), allí tenía su domicilio, y quizá allí podía dar ayuda a Timoteo.

     Ciertos sabios han sostenido, laudablemente, que Pablo había hecho antes una visita corta a Corinto, volviendo a Éfeso, y como evidencia citan ciertas expresiones en 2 Corintios. No es asunto importante y con consecuencia, aunque se considere la evidencia no la discutiremos.

     1 Corintios fue escrita de Éfeso en tiempo de gran auge para la obra allí, según se muestra en las palabras siguientes de esa carta: "Estuve en Éfeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios" (1 Corintios 16:8,9). Este lenguaje no solo fija el lugar donde escribió, sino la fecha casi exacta. La "puerta abierta grande y eficaz" puede solo referirse al triunfo que acompañó la quema de libros. Luego, se escribió por el tiempo en que Timoteo y Erasto fueron enviados a Macedonia de camino a Corinto, y no puede haber duda de que uno de ellos era el portador.

     Realmente no es ésta la primera carta que Pablo escribió a la iglesia de Corinto, pues en ella habla de otra que previamente les había escrito: "Os he escrito por carta que no os envolváis con los fornicarios" (Hechos 5:9). Esta sola expresión es todo lo que sabemos de esta epístola, y quizá se dejó que pereciera el documento porque su contenido se repitió y su tema se trató aun más elaborado en la que hoy llamamos primera epístola.

     Después de la fecha de la carta perdida, algunos de la familia de Cloé, una hermana en la iglesia de Corinto, trajeron a Pablo información de desórdenes graves y corrupción en la iglesia (1 Corintios 1:11), y fue con objeto de corregir esto que la carta se escribió.

     Sabemos que la congregación se turbó con las luchas de partido (1 Corintios 1:12; 3:1-4), que se toleraba la fornicación y aun el incesto (1 Corintios 5:1-13), que algunos miembros se metían en litigio con tribunales civiles contra los hermanos (1 Corintios 6:1-8), que se ponía en tela de juicio su autoridad apostólica (1 Corintios 4:1-6, 14-21), que sus mujeres, contra las reglas prevalecientes de modestia, se entregaban al culto público sin velarse el rostro (1 Corintios 9:1-16), que se habían suscitado confusión y celos con referencia a dones espirituales (1 Corintios, los Capítulos 12, 13 y 14), que aun algunos de ellos negaban la resurrección (1 Corintios 15:12), y que se profanaba la cena del Señor, convirtiéndola en banquetes (1 Corintios 11:17-34). Además había recibido carta de la iglesia pidiendo información referente al matrimonio y el divorcio (1 Corintios 7:1), y de comer carne ofrecida a ídolos (1 Corintios 8:1). Aunque la epístola en que contesta estas preguntas y corrige estos desórdenes es calmada y serena de tono, no es concebible que oyera de tal estado de cosas en una iglesia que tanto trabajo y ansiedad le costara, sin sentir gran dolor y pena. Reprimió tal sentir al escribirles, pero después les confesó “la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas" (2 Corintios 2:4). Fue, pues, con el corazón lleno de angustia con referencia a algunos resultados de sus labores ya hechas, pero alentado por la puerta grande y eficaz que se le abría en su campo presente, que mandó a Timoteo y a Erasto con esta epístola, mientras él permanecía algún tiempo más en Asia.

 

El templo en Éfeso “era una de las siete maravillas del mundo antiguo y gloria de la ciudad de Éfeso. Medía 130 metros de longitud por 26 de ancho. Todo en rededor de este inmenso espacio había una hilera de columnas blancas de mármol de 18 metros de altura y a distancia una de otra de 1.20 metros. Eran 120 por todas y sostenían una cornisa de inmensas planchas de mármol que constituían el techo del peristilo”.

6. Asonada de los plateros. Hechos 19:23-41

     Versículos 23 – 27. Con la misma pluma con que escribía Pablo a los corintios "se me ha abierto puerta grande y eficaz", también añadió, "y muchos son los adversarios" (1 Corintios 16:8,9), lo que muestra que no pasaba inadvertido el poder del enemigo a quien gran victoria le ganaba. La idolatría y la superstición habían quedado baldadas en una de sus plazas fuertes, pero no se podía esperar que fenecieran sin lucha desesperada. Antes que Pablo pudiese anticiparlo, las potencias de las tinieblas se rehicieron.(23) “Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del Camino. (24) Porque un platero llamado Demetrio, el cual hacía de plata templecillos de Diana, daba a los artífices no poca ganancia; (25) a los cuales, reunidos con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, sabéis que de este oficio tenemos ganancias; (26) y veis y oís que este Pablo no solamente en Éfeso, sino a muchas gentes de casi toda el Asia ha apartado con persuasión diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. (27) Y no solamente hay peligro de que este negocio se nos vuelva en réprobos, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruida su majestad la cual honra toda el Asia y el mundo.” Este discurso es uno de los más verídicos y cándidos de todos los que se hablaron contra Pablo por cualquiera de sus contemporáneos. Todos los cargos eran estrictamente ciertos, y los riesgos que se temían de su influencia se propusieron correctamente. No se veló siquiera el motivo que el orador llevaba. No sintió vergüenza en reconocer que el amor a lucro era lo que inspiraba su celo. Al mismo tiempo, él y los artesanos a quienes se dirigía tenían razón de saber, aun mejor que otros cualesquiera de Éfeso, que los objetos de plata que labraran y pulían ellos mismos a mano no eran dioses. Se puede apreciar su alusión al templo al recordar que era una de las siete maravillas del mundo antiguo y gloria de la ciudad de Éfeso. Medía 130 metros de longitud por 26 de ancho. Todo en rededor de este inmenso espacio había una hilera de columnas blancas de mármol de 18 metros de altura y a distancia una de otra de 1.20 metros. Eran 120 por todas y sostenían una cornisa de inmensas planchas de mármol que constituían el techo del peristilo. El interior tenia adorno de pinturas y esculturas, obras de los más famosos artistas de la antigüedad, y el santuario interior tenia la tosca imagen de una mujer con muchos senos, símbolo de la fecundidad, la que se creía haber caído del cielo enviada por Júpiter. Dentro del circuito de su magnífica columnata hubieran cabido dos o tres templos como el de Salomón. No hay maravilla de que se incendiaría la ira del populacho pagano en contra de Pablo, al consi­derar que por su predicación esta magnífica estructura cayera en menosprecio.

     Plumtree [comentarista] felizmente nos da a saber el proceso por el cual llegó a ruina en largos siglos. Dice: "El primer golpe verdadero a ese culto tan secular le fue dado en los dos años de la obra de Pablo de que leemos aquí. Por extraña ironía de la historia, el siguiente golpe a su magnificencia vino de la mano de Nerón, quien robó este templo como los de Delfos, Pérgamo y Atenas, sin salvarse siquiera pueblos pequeños, de donde se llevó muchos tesoros de arte para el adorno de su casa áurea en Roma. Trajano remitió sus puertas ricamente esculpidas como ofrenda a un templo en Bizancio. Al avanzar la iglesia de Cristo, declinó su culto. Ministraban sus sacerdotes y sacerdotisas en santuarios desiertos. Cuando el imperio se hizo cristiano, el templo de Éfeso, junto con el de Delfos, dieron materiales para la catedral que Justiniano levantó a la sabiduría divina, la que ahora es mezquita de Santa Sofía. Los godos asolaron el Asia Menor, y por el año 263 la saquearon despiadadamente, y esta obra suya se completó más tarde por los turcos".

 
El gran teatro de Éfeso que existía en el tiempo del apóstol Pablo se conserva hasta el día de hoy. En sus asientos de mármol cabían muchos miles de espectadores.

El gran teatro de Éfeso que existía en el tiempo del apóstol Pablo se conserva hasta el día de hoy. En sus asientos de mármol cabían muchos miles de espectadores. Aquí es donde el gentío amotinado por el platero Demetrio, que hacía templecillos a la diosa Diana, llevó “a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo”, acusándolos, como también a los demás cristianos, de haber cometido sacrilegio y blasfemia contra aquella diosa.

     Versículos 28 y 29. Los artesanos encolerizados por la perspectiva de ruina monetaria, tenían bastante astucia para ver que mejor tema para clamor ante el populacho era el de reverencia para el templo y su diosa. (28) “Oídas estas cosas, Ilenáronse de ira y dieron alarido diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! (29) Y la ciudad se llenó de confusión; y unánimes se arrojaron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.” La gritería y el tono que asumió despertaron el antiguo entusiasmo de los idólatras que oían aquello, sugiriendo el propósito algún desacato a la honra de la diosa. La multitud aglomerada llegó al frenesí, y fue bondadosa providencia que no hallaran a Pablo a su alcance. Se precipitaron al teatro, ya que en las calles estrechas, como en las de todas las ciudades asiáticas, no había lugar para tal gentío. Todavía queda ese teatro con sus asientos de mármol intactos, sin comparación la ruina mejor conservada de aquel sitio de Éfeso. Tenía capacidad para asientos de varios miles de espectadores.

     Versículos 30 y 31. Al oír Pablo que sus dos compañeros habían sido cogidos por la gleba y arrastrados al teatro, temía fueran despedazados en lugar suyo, y al instante resolvió que este no habría de pasar. (30) “Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no lo dejaron. (31) También algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron a él rogando que no se presentase en el teatro.” Tiempo después confesó a sus hermanos en Corinto los sentimientos que lo impulsaban: "Hermanos, no queremos que ignoréis de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia; que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas de tal manera que estuvimos en duda de la vida. Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos; el cual nos libró, y libra de tanta muerte" (2 Corintios 1:8-10). Tanto él como sus amigos estaban plenamente persuadidos de que ir al teatro era muerte segura, y querer salir al pueblo era resolverse a morir allí. El temor oportuno de sus hermanos y de autoridades amistosas, lo tuvo él como la mano de Dios que lo libraba "de tanta muerte". La expresión "los principales asiarcas" en la lengua original, era el título dado a diez hombres de riqueza y buena reputación que anualmente se escogían para presidir los juegos atléticos de la provincia. Que Pablo gozara de su amistad indica hasta donde se había conocido su predicación y su carácter personal entre más encumbrados círculos de la sociedad pagana de Asia.

     Versículos 32 – 34. Tras mostrar qué fue lo que tuvo a Pablo fuera del teatro y le salvó la vida, Lucas nos transporta en seguida al recinto, para que presenciemos el resto del proceder de aquella turba. (32) “Y otros gritaban otra cosa, porque la concurrencia estaba confusa. Y los más no sabían por qué se habían juntado. (33) Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería dar razón al pueblo. Mas como conocieron que era judío, fue hecha una voz de todos que gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!” Buena razón tenían los judíos de temer la ira del populacho, pues en Éfeso bien sabido era que ellos se oponían a la idolatría tanto como Pablo, y también que Pablo era judío. Por fidelidad a sus propios principios en religión deberían sentirse impulsados a defender a Pablo, pero si se hubiese oído la defensa que deseaban mediante Alejandro, habría sido un esfuerzo para mostrar que Pablo era renegado de la fe judía y que los judíos no se hacían responsables de lo que él dijera. Los de mente aguda en aquella multitud luego vieron la treta de los judíos y la censuraron como se lo merecía ahogando la voz de Alejandro con sus aullidos.

     Versículos 35 – 41. La furia de la chusma, cuando llega a su apogeo, se inflama siempre con la oposición como fuego que recibe más combustible, pero si ya principia a agotarse, unas cuantas palabras bien escogidas con frecuencia restituyen la paz. Reconociendo esto, no intervinieron al principio las autoridades de la ciudad, pero cuando ya iba gastando su fuerza la tan prolongada vociferación del pueblo, se les dirigió el siguiente discurso tan oportuno como bien hilado. (35) “Entonces el escribano, apaciguado que hubo la gente, dijo: Varones efesios, ¿y quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los efesios es honradora de la gran diosa Diana y de la imagen venida de Júpiter? (36) Así que, pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüéis, y que nada hagáis temerariamente; (37) pues habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa. (38) Que si Demetrio y los oficiales que están con él tienen negocio con alguno, audiencias se hacen y procónsules hay; acúsense los unos a los otros. (39) Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir. (40) Porque peligro hay de que seamos argüidos de sedición por hoy, no habiendo ninguna causa, por la cual podamos dar razón de este concurso. (41) Y habiendo dicho esto despidió a la concurrencia.” Evidente es que este discurso es de uno hábil en habérselas con gentíos excitados, y podemos suponer que el escribano fue elegido por las autoridades para esta tarea, debido a su conocida capacidad en este respecto. El aserto que hizo que nadie podía ignorar la devoción de Éfeso al culto de Diana, o haber descendido del cielo su imagen, fue confesar adhesión a la causa de ellos, y la observación que hizo de que la incuestionable certidumbre de estos hechos debería darles quietud, aunque hubiese quien los contradijera, fue lo más apropiado para traer el orden que deseaba producir. Avanzando luego a la causa del disturbio, como abogado listo se desentiende de la verdadera acusación contra los discípulos, la de negar que las imágenes hechas de mano sean dioses, y declara que estos hombres ni son ladrones de templos ni blasfemadores de la diosa. Exonerarlos de tal cargo pareció a la mayoría, que "no sabían por qué se habían juntado", una vindicación completa de los que tenían presos. Luego, en cuanto a los que habían alborotado a la multitud por asuntos propios privados, el recurso legítimo era el tribunal de los procónsules. Esto fue con objeto de voltear al pueblo en su sentir, en contra de los plateros, que habían hecho a sus vecinos instrumentos para beneficio del gremio. Finalmente, la observación de la ilegalidad de aquella asamblea y de la imposibilidad de dar razón de aquel disturbio, fue para sugerir el peligro de parte de las autoridades romanas, de que se le impusieran multas a toda la comunidad; esto hizo que todo el que poseyera alguna propiedad tratara de alejarse lleno de ansiedad. La despedida formal, como si la asamblea hubiese terminado ya todo su asunto y una moción de cerrar la sesión se hubiese adoptado, fue el último artificio hábil del escribano que echó a la calle a la gente muy tranquila. Se felicitaron las autoridades de la ciudad, y su escribano, por haber aplacado la chusma feroz tan fácilmente; y los discípulos dieron gracias a Dios de haber escapado sin dificultad. Aun Gayo y Aristarco, que sin duda no tenían esperanzas de vivir, escaparon y llegaron a laborar y a sufrir más tiempo por la causa del Maestro. Viajaron con Pablo de Corinto a Jerusalén (Capítulo 20:3-4), y Aristarco fue compañero de prisión en viaje de Jerusalén a Roma (Colosenses 4:10).

 

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