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Comentario sobre...

 

“Hechos de Apóstoles”

J. W. McGarvey, M. A.

 
El apóstol Pedro predica el evangelio a Cornelio y los suyos, y estos son bautizados en Espíritu Santo y en agua, gráfica para el comentario de McGarvey sobre Hechos 10:34-48.

 

Parte Segunda

El evangelio se extiende por Judea y regiones comarcanas.

Sección III

Pedro predica en Judea y es enviado a los incircuncisos. Conversión de Cornelio y los suyos.

7.  Hechos 10:34-40.

    Versículos 34 y 35. Dio a Pedro esta ocasión la más feliz introducción a las observaciones que tenía que presentar, y como retórico entrenado, aunque no lo era, procedio a utilizarla. (34) “Entonces Pedro, abriendo su boca dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas; (35) sino que de cualquier nación que le teme y obra justicia, se agrada.” El pensamiento expansivo que aquí se expresa bastó al entender de Pedro, para romper los lazos exclusivos del pacto mosaico, y bastaría hoy para disipar de la mente humana la teoría igualmente exclusiva de una predestinación arbitraria de ciertos hombres y ángeles para un destino eterno. Es declaración positiva e inspirada de que Dios no acepta personas, sino carácter. Temerle y obrar justicia, y no otra distinción cualquiera entre personas, es la base para ser aceptable.

     Versículos 36 – 29. Como lo hemos observado, la experiencia que Cornelio le refiere a Pedro es tal que le conseguiría reconocimiento instantáneo como cristiano entre los protestantes modernos; pero, lejos de considerarlo como tal, Pedro procede a predicarle las palabras por las que puede ser salvo, y por lo pronto, como en Pentecostés, describe brevemente la carrera personal de Jesús. (36) “Envió palabra Dios a los hijos de Israel anunciando la paz por Jesucristo; éste es el Señor de todos. (37) Vosotros sabéis lo que fue divulgado por toda Judea; comenzando desde Galilea después del bautismo que Juan predicó, (38) cuanto a Jesús de Nazaret; cómo anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con El. (39) Y nosotros  somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; al cual mataron colgándole en un madero.” Las palabras con que introduce esta relación —"Vosotros sabéis"— nos dan a saber que ya Cornelio y sus amigos conocían de la carrera personal de Jesús, y que sabían que a los hijos de Israel había venido "anunciando la paz". Pedro recita la historia según parece con el propósito de confirmar la fe que le tenían, aseverando que él y sus colegas eran testigos de ella. Lo que no sabían aún sus oyentes era su propio provecho en aquel mensaje de paz que hasta ahora se habría considerado que era solo para beneficio de Israel.

     Versículos 40 y 41. En lo que sigue del relato viene el hecho remate del evangelio, como sucedió en el sermón de Pentecostés. (40) “A Este levantó Dios al tercer día, e hizo que apareciese manifiesto, (41) no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había ordenado, es a saber, a nosotros que comimos y bebemos con él, después que resucitó de los muertos.” Como  recomendando la evidencia de la resurrección, Pedro asevera aquí a sus oyentes un hecho que se ha interpretado por los descreídos de modo de hacerlo base para la objeción; esto es, que los testigos se eligieron de antemano. Dice que fueron elegidos por Dios, pero no hay duda que se refiere a que el que los escogió fue el Señor Jesús. Que Pedro o los descreídos sean los que tienen la razón en esto, depende por completo de los motivos para la elección. Si fueron escogidos por razón de estar dispuestos a testificar sin considerar los hechos, o si por la facilidad con que pudieran engañarse, bien pudiera tenerse como circunstancia sospe­chosa. Pero en ambos detalles lo contrario es lo cierto. Tal era la situación de los testigos que existía peligro inminente para lo per­sonal o lo de la propiedad de quien daba el testimonio, y así todo motivo de falta de honradez los incitaba a guardar silencio. Eran también los menos expuestos de todos a engañarse, por razones de su larga e íntima familiaridad con aquél que habrían de identificar. Por otro lado, si a todo el pueblo hubiera parecido, la gran mayoría no habrían podido testificar con absoluta certidumbre en cuanto a Su identidad. Luego, Pedro tenía razón, pues el hecho de que tales testigos se escogieron de antemano prueba que no se fraguó decepción alguna, sino que, al contrario, el propósito fue presentar testi­gos vivos entonces y los más fidedignos. Para Cornelio fue amplio el testimonio de Pedro, por el hecho de haber sido ordenado de parte de Dios por un ángel santo que mandara por Pedro, y ya la compañía presente había declarado estar lista para oír todo lo que se le había ordenado por el Señor (Versículo 33).

     Versículos 42 y 43. Con este boceto de la carrera de Jesús, y con la evidencia de su resurrección, Pedro procede en orden regular con el siguiente hecho: la comisión apostólica que les dio. (42) “Y nos mandó que predicásemos al pueblo y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. (43) A este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por su nombre.” La orden de predicar al pueblo se expresó en la comisión (Marcos 16:15), y lo de "testificar que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos", se comprende en el prefacio a la comisión: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mateo 28:18). Sin embargo, antes, durante su vida en la tierra, Jesús había declarado a los judíos que todo juicio le era dado y que el Padre a nadie juzga (Juan 5:21, 22). En la promesa de remisión de los pecados (Versículo 43) no hay que desentendernos de las palabras "por su nombre". La promesa es para todo aquel que crea en Jesús, pero es "por su nombre" que la promesa se hace efectiva. A estas mismas personas un poco más tarde se les mandó bautizar "en el nombre del Señor Jesús" (Versículo 48); y todos son bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19). Esto armoniza perfectamente con el precepto de Pedro en su primer sermón —"Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados"— pasaje que de ningún modo sostiene la doctrina de la justificación por la fe sola. La referencia de Pedro a los profetas como testigos de esta promesa es una sorpresa, especialmente por ocurrir inmediatamente después de referirse él a la comisión apostólica en la que hubo la declaración más explícita de ella. Su propósito no fue probablemente indicar una seguridad primaria en los profetas, sino mostrar que en lugar de ser una promesa nueva de Jesús solo, era una antigua que en general se enseñaba en el Antiguo Testamento.

 

8.  Los incircuncisos reciben el Espíritu Santo y se bautizan.
Hechos 10:44-48.


Versículos 44 – 46. El sermón de Pedro fue interrumpido y roto por un incidente que se ve solo en la historia apostólica y fue gran sorpresa para Pedro y sus acompañantes judíos. (44) “Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón. (45) Y se espantaron los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. (46) Porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios.” La razón del espanto de los hermanos judíos no fue el solo hecho de que los gentiles recibieran el Espíritu Santo, pues si Pedro hubiera terminado su discurso prometiendo el Espíritu Santo bajo las condiciones que se pusieron en Pentecostés, y los hubiera bautizado, esos hermanos habrían tomado como la cosa más natural que ellos recibieran el Espíritu. Y si después de esto, hubiera impuesto las manos sobre ellos, impartiéndoles el don milagroso del Espíritu, como en el caso de los samaritanos, no se habrían sorprendido tanto. Las consideraciones que los espantaron fueron, primero, que el Espíritu Santo fue "derramado" sobre ellos directamente de parte de Dios, como nunca lo había sido antes sobre otros que no fueran los apóstoles; segundo, que este raro don fuera concedido a los gentiles. Esta segunda consideración se explicará al discutir el propósito de este milagro con los versículos 47 y 48 adelante. El hecho de que este don del Espíritu se manifestase con el milagro de hablar en lenguas lo distingue del don del Espíritu prometido a todos los que se arrepienten y son bautizados (2:38); y el hecho de que viniera directamente del cielo, sin la imposición de manos apostólicas, lo distingue de aquellos dones concedidos a los samaritanos y que después concedieron a miembros prominentes de muchas iglesias. No tenemos otro evento con el que pueda clasificarse sino el don concedido a los apóstoles en Pente­costés; y así en efecto lo clasifica Pedro más adelante (11:15,16). Dice: "Como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo". Con estas palabras lo identifica como bautismo en el Espíritu Santo, y estos dos sucesos son designados así en el Nuevo Testamento. El primero fue la expre­sión divina de ser admitidos los primeros judíos al nuevo reino mesiánico, y el segundo, de los primeros gentiles.

     El bautismo de Cornelio y de sus amigos en el Espíritu Santo antes de su bautismo en agua se ha presentado instando que es evi­dencia de que la remisión de pecados ocurre antes del bautismo. Podía dar tal evidencia si la remisión de los pecados fuera algo simultáneo con el don milagroso del Espíritu, pero no pasa así. En toda otra instancia del don milagroso, la remisión de pecados la precedió. Esto fue cierto hablando de los apóstoles en Pentecostés, pues hacía mucho habían sido aceptados como discípulos de Cristo; fue cierto de los samaritanos que habían sido bautizados por Felipe antes que los apóstoles enviaran a Pedro y Juan que les impartieran el don milagroso; fue cierto de los doce discípulos en Éfeso a quienes Pablo impartió este don luego de haberlos bautizado (19:1-7); y fue cierto de todos los que en la iglesia de Corinto habían recibido dones similares (1 Corintios 14:7; 12:1-7). En ninguno de estos casos tuvo conexión alguna con la remisión de pecados; así en el caso que consideramos no se puede asumir tal conexión. Si se piensa anomalía que tal poder milagroso se manifestara en personas cuyos pecados no habían sido perdonados, recuérdese que fue milagro operado en estas personas para un propósito externo a las mismas (Véase adelante Versículos 47 y 48.), y que, aunque no estuvieran perdonadas, eran gentes piadosas según la fe judía. Si se ha de tolerar la idea de una anomalía, no la hay mayor en recibir momentáneamente un don milagroso del Espíritu que en la misión previa de un ángel a Cornelio para asegurarle que sus oraciones eran oídas y sus limosnas estaban en memoria ante Dios.

     Este incidente de la conversión de Cornelio no puede en modo alguno tomarse como precedente para tiempos que siguieran, pues cierto, fue milagro, y hoy día no se obran milagros. Si fuera del otro modo, bien podríamos esperar que los pecadores vieran ángeles, como Cornelio, antes de perdonárseles sus pecados, como que recibieran el Espíritu como él.

     Versículos 47 y 48. La explicación verdadera de esta circunstancia rara aunque plenamente expuesta en la alocución de Pedro en el capitulo siguiente (11:15-18), claramente se denota en lo que sigue. (47) “Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? (48) Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.” Hay dos maneras de indagar el propósito de un incidente: O el propósito allí mismo se expresa, o se puede saber por el uso que se hace de él. Aquí no hay qué exprese el propósito del don del Espíritu, pero Pedro que lo supo, claramente lo indica por la manera en que hizo uso de él. Lo utiliza para quitar de las mentes de los compañeros judíos toda duda cualquiera que pudieran tener de lo adecuado de dar el bautismo a gentiles. Luego, éste es el propósito para el cual se obró el milagro. Además hallamos que después Pedro lo usó en Jerusalén para quitar las mismas dudas de la mente de los hermanos judíos (Véase última cita.). Sin disputa, pues, tal fue el propósito, y aquí mismo hallamos la razón por qué tal evento jamás volvió a ocurrir, ni se espera que jamás ocurra, porque una vez demostrado que los gentiles incircuncisos podían ser bautizados, la cuestión se dirimió para siempre y no hay lugar de volverse a discutir.

     Antes de la interrupción, Pedro había llegado al tema de la fe y la remisión de pecados. La siguiente idea que habría venido a sus labios, si él hubiera continuado según el modelo de su sermón de Pentecostés, seria el bautismo. Con todo, la interrupción no llegó a romper el hilo de su discurso; solo le dio ocasión para avanzar con mayor confianza a la misma conclusión que se proponía, pues, primero pregunta a los hermanos si hay alguien que impida el bautismo, y luego manda bautizar a los gentiles en el nombre del Señor. Recordemos ahora el hecho de que a Cornelio se le dio orden de que enviara por Pedro para oír palabras por los cuales él y toda su casa podían ser salvos (11:14). Pedro ha venido y habló esas palabras. Ha dicho de Cristo a la compañía, y en él creyeron los de ésta. Les dijo luego que se bautizaran, y así se hizo. Lo que al piadoso carita­tivo Cornelio que oraba hacía falta para ser cristiano ya se le dio, y nada se le ha exigido sino creer en Cristo y ser bautizado. Con esto termina el relato de otra conversión, y coincide en los detalles esenciales con todo lo que ha precedido de esta historia.

     Tendríamos gusto de saber más de Cornelio para juzgar si, aun en tiempo de paz la profesión de las armas se consideraba por los apóstoles compatible con el servicio al Príncipe de Paz. Es el único soldado de cuya conversión tenemos cuenta en el Nuevo Testamento y de su carrera después nada sabemos. No muchos años más tarde el ejército en el que tenía despacho desató la guerra más cruel e injusta contra los judíos, pero nunca llegaremos a saber en esta vida si siguió en el servicio allí durante todo ese periodo. Téngase en cuanta, con todo, que este es un caso de un soldado que se hace cristiano, no de un cristiano que se hace soldado. Da precedente para lo primero, no para lo segundo.

9.  Defensa de Pedro por este proceder. Hechos 11:1-18.

     Versículos 1 – 3. Pronto se dio informe por fuera acerca de la escena novedosa y alarmante que había acaecido en Cesarea. (1) “Y oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. (2) Y como Pedro subió a Jerusalén, contendían contra él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado a hombres incircuncisos y has comido con ellos?” Los que suscitaban esta queja contra Pedro se llaman aquí "los que eran de la circuncisión", pero arriba se dice en el primer versículo que habían oído del proceder de Pedro, no habían expresado aprobación de ello. Ahora van a recibir luz sobre el asunto, como Pedro la recibió, y el método en que esto se logró es muy instructivo.

     Versículos 4 – 17. (4) “Entonces comenzando Pedro, les declaró por orden lo pasado, diciendo: (5) Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y ví en rapto de entendimiento una visión: un vaso como un gran lienzo que descendía, que por los cuatro cabos era bajado. del cielo y venía hacia mi. (6) En el cual como puse los ojos, consideré y ví animales terrestres de cuatro pies, y fieras y reptiles, y aves del cielo. (7) Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. (8) Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. (9) Entonces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió no lo llames tú común. (10) Y esto fue hecho por tres veces; y volvió todo a ser tomado arriba en el cielo. (11) Y he aquí luego sobrevinieron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mi de Cesarea. (12) Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de un varón, (13) el cual nos contó cómo había visto un ángel en su casa, que se paró y le dijo: Envía a Joppe y has venir a un Simón que tiene por sobre nombre Pedro: (14) el cual te hablará palabras por las cuales serás salvo, tú y toda tu casa. (15) Y como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como sobre nosotros al principio. (16) Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; más vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo. (17) Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” En este discurso Pedro se limita a narrar con cuidado los incidentes que se mencionan en el capítulo que precede, tales como llegaron a su propia observación, y la conclusión que de ellos deduce. Su argumento es que, una vez vista la visión, oída la voz y recibida la orden del Espíritu, que fuera con los que habían sido enviados por él, con propiedad entró a la casa del hombre, y que cuando vio que los gentiles a quienes había comenzado a hablar eran bautizados en el Espíritu Santo, no podía oponerse a Dios. Con esta última advertencia, tomada en su conexión histórica quiso decir sin duda que se habrían opuesto a Dios al negarse a bautizar a esas gentes, o si hubiera hecho diferencia en algún sentido entre ellos y los judíos. No menciona el hecho del bautismo, ni los quejosos lo habían mencionado. Estos solo mencionaron el delito de entrar en casa de gentiles y comer con ellos, dejando a un lado la mucho más grave falta de bautizarlos, pues si aquello era malo, mucho peor sería esto. Es un caso este en que lo menos abarca a lo más. En su contestación Pedro justifica en términos expresos el haber entrado a la casa y, por necesaria inferencia, el acto del bautismo.

     Versículo 18.  Relatar los hechos Pedro tuvo el mismo efecto en la mente de los objetantes que habían tenido en la suya. (18) “Entonces oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios diciendo: De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida.” En vez de ser fanáticos, como luego se dice que lo habían sido, estos hermanos judaicos que hasta aquí no sabían nada de la relación que gentes incircuncisas pueden tener con la iglesia de Dios, aceptaron la verdad al oírla, y aceptaron sin murmurar como si se vieran por fuerza obligados a aceptarla, antes con gozo cómo los que se alegran de verse libres de una convicción que les había producido ansiedad. No solo "callaron"; también "glorificaron a Dios" por lo que habían aprendido.

     En esta sección de la historia tenemos un ejemplo notable de una de las maneras en que los apóstoles fueron guiados a toda verdad, según la promesa del Señor en Juan 16:13. Por virtud de su inspira­ción, no sabía Pedro que los incircuncisos serían admitidos al bautis­mo; tampoco los otros apóstoles. Después que Pedro hubo bautizado a algunos incircuncisos, sabían por virtud de su inspiración que ha­bían hecho bien. Había sido natural que el Espíritu Santo hubiese iluminado internamente su comprensión en este tópico lo mismo que en otros, pero él escogió un método diferente en vez de ese. Por visiones dirigidas al sentido de la vista, por una voz dirigida a su oído, por recados que se le enviaron por mandato de un ángel, cosas todas reforzadas por solo una orden del Espíritu Santo, Pedro fue guiado a esta verdad nueva, y por el relato oral que él mismo dio a sus hermanos, éstos fueron llevados a la misma luz. Se convencieron, cierto, por los mismos hechos que Pedro, con la única di­ferencia de que a éste le llegaron por la observación directa, y a los otros por las palabras de Pedro que se lo contó. Precisamente por este medio llega el poder de todos los hechos de la Escritura a la mente y corazón de las gentes de hoy día, y así obra el Espíritu Santo en nosotros mediante la Palabra. Tal método tuvo la evidente ventaja en el ejemplo que consideramos en que estos otros hermanos, los inspirados como los no inspirados, no dependían de la declaración de Pedro de haber recibido una revelación interna para sí sobre tema tan importante; tal método hubiera dejado en la duda a algunos. Pero tan claramente como Pedro, pudieron ver la fuerza de la eviden­cia que los convenció. La consecuencia fue que, en medio de todas las controversias que después perturbaron algunas secciones de la iglesia con referencia a la circuncisión, jamás hubo intimación de duda acerca de lo apropiado de bautizar gentiles sin circuncidar.

 

  

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