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El título de esta serie de tres mensajes es…

Cristo: sus puestos y oficios.

Número 2 de la serie

Esta pintura del bautismo de Jesucristo ilustra el sermón Cristo y el Espíritu Santo, en editoriallapaz.org.

Cristo y el Espíritu Santo

 

I. Introducción.

A. Salutación.

B. Tema anterior de esta serie: Cristo, el Cordero de Dios.

C. Segundo tema de la serie: Cristo y el Espíritu Santo.

D. ¿Por qué estudiar este tema?

1. Aprender la correspondencia y complementaridad que existen entre dos seres espirituales y celestiales, Cristo y el Espíritu Santo, quienes desean impactar la vida de todo ser humano que habita la tierra durante la Era Cristiana.

2. Informarse acerca de las obras y los poderes asignados por Cristo al Espíritu Santo en beneficio de quienes nos preocupamos por la salvación, tanto presente como eterna.

3. Descubrir a la luz algunos conceptos errados en torno a referidas obras o poderes, dando razones para clasificarlos como “errados”.

4. Esclarecer algunos textos bíblicos claves que tratan el tema, malinterpretados por algunos y tenidos difíciles de entender por otros. 

II. En lo concerniente a la obra redentora de Dios a favor de la humanidad perdida, el Espíritu Santo y Cristo están estrechamente vinculados desde aquel momento de la concepción milagrosa efectuada en la doncella judía María, hasta la crucifixión del Señor y su triunfo sobre la muerte, como también después.

A. María concibió del Espíritu SantoMateo 1:18.

B. El Espíritu Santo desciende sobre Cristo cuando este se bautiza. Lucas 3:22.

C. Jesucristo estaba lleno del EspírituLucas 4:1.

D. Jesús fue "llevado por el Espíritu al desierto" (Lucas 4:1). En estas circunstancias y escenas, vemos a Cristo como subordinado al Espíritu Santo, haciendo la voluntad del Espíritu. Al respecto, observamos que para aquel tiempo de su ministerio y vida, el Señor Jesús aún no había recibido “toda potestad… en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18). Notamos que Cristo no resiste al Espíritu, ni siquiera cuando este lo lleva por lugares duros de fuertes pruebas. Haciendo la aplicación relevante para nosotros hoy día, diríase que el que se llama “cristiano” tampoco debe resistir al Espíritu, ¿cierto?, ni siquiera cuando sus providencias nos conducen por caminos difíciles. Cristo se somete al Espíritu, dándonos el ejemplo de cómo obedecer el mandamiento que dice Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21).

E. Juan el Bautista también fue lleno del Espíritu Santo (Lucas 1:13-15).

1. Sin embargo, Juan el Bautista no hizo ninguna señal (Juan 10:41). No habló lenguas extrañas, ni echó fuera demonios ni sanó a enfermos. Qué conste: este varón estaba lleno del Espíritu desde el vientre de su madre, pero “a la verdad, ninguna señal hizo”.

2. El caso de Juan el Bautista constituye evidencia irrefutable de que el siervo de Dios puede estar lleno del Espíritu, aunque no posea don sobrenatural alguno. 

III. Resucitado Cristo, Dios le dio "toda potestad... en el cielo y en la tierra" (Mateo 28:18). Desde aquel tiempo en adelante, el Espíritu Santo se subordina a Cristo, acatando la voluntad del Señor y efectuando importantísimas obras a favor de los seres humanos pecaminosos, y por ende, en peligro de eterna condenación.

A. Cristo bautiza "en Espíritu Santo y fuego" (Mateo 3:11).

1. Bautiza "en Espíritu Santo".

a) El bautismo en el Espíritu no ocurrió durante el ministerio terrenal de Cristo. Juan 7:37-39.

b) Este bautismo comenzó en el día de Pentecostés del año 30 de la Era Cristiana. Hechos 1:4-5; Hechos 2:1-47.

 (1) Algunas señales de este bautismo en Pentecostés:

(a)   “Un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados” (Hechos 2:2)

(b)  “Lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de” los apóstoles (Hechos 2:3).

(c)  “Comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” Hablaban las lenguas natales de las personas presentes provenientes de distintas naciones (Hechos 2:4-8), y no lenguas angelicales o jerigonzas.

(d)  La multitud presente en aquel día testificaba que los apóstoles hablaban “en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hechos 2:11).

(e)  “Muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles” (Hechos 2:43). Aquí no figuran los ciento veinte discípulos. Obviamente, estos no recibieron los poderes que Dios dio a los apóstoles.

(f) Este bautismo “en Espíritu Santo” se manifestó años más tarde en la casa de Cornelio y su familia (Hechos 10:44-48), los primeros gentiles convertidos al Señor. Pedro explica, diciendo: “…cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 11:15-16). Es del todo evidente que, para el apóstol Pedro, la promesa de Cristo a bautizar “en Espíritu” se cumplió en Pentecostés y en el caso de Cornelio y su familia. “…al principio” es una referencia indubitable a Pentecostés. “…como sobre nosotros” significa “de la misma manera”, es decir, directamente del cielo, sin la imposición de manos, oraciones o intervención humana de forma alguna. El entendimiento del apóstol Pedro debemos hacerlo nuestro, no inventando doctrinas erróneas sobre el bautismo “en Espíritu Santo” ni confeccionando estratagemas en el intento vano de imitar los sucesos de Pentecostés y la casa de Cornelio.

(2) En términos generales, los cristianos del Siglo I que recibieron dones sobrenaturales por medio de la imposición de las manos de los apóstoles (1 Corintios 12; Hechos 8:14-18) fueron hechos partícipes del bautismo en el Espíritu. De la misma manera participan en él todos cuantos se arrepienten, bautizándose “para perdón de los pecados”, pues no solo son perdonados sino reciben, además, “el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Nacen de nuevo del Espíritu” (Juan 3:1-7). Ya que nacer “del agua” significa “sumergirse en agua”, se deduce, pues, que nacer “del Espíritu” significa “sumergirse en el Espíritu”. Esto ocurre cuando la persona arrepentida y bautizada persevera en “la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42), andando y viviendo en el Espíritu (Romanos 8:1-16). No es indispensable ningún don sobrenatural, ni siquiera hablar lenguas extrañas, para evidenciar haber recibido “el don del Espíritu Santo”. Acuérdese de Juan el Bautista, varón de Dios lleno del Espíritu Santo, pero que ninguna señal hizo.

2. Bautiza "en fuego".

a) No se trata del fuego de las "lenguas repartidas, como de fuego" (Hechos 2:3) del día de Pentecostés, sino de pruebas.

b) Evidencias que sostienen esta interpretación.

(1) 1 Pedro 1:7"Sometida a prueba vuestra fe", como el oro "se prueba con fuego".

(2) 1 Pedro 4:12"No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido". ¿Se fija? El “fuego” del bautismo “en fuego” no es literal sino retórico. El mismo Espíritu Santo lo identifica: es el “fuego de prueba”. O sea, la “prueba” es el “fuego”, refiriéndose, en sentido figurado, a toda suerte de prueba para el cristiano. Ciertamente, no se alude al fuego del infierno, como tampoco el fuego de las últimas plagas (Apocalipsis 15 y 16). En definitiva, no hay alusión alguna a las “lenguas repartidas como de fuego” de Pentecostés. Así que, bautizar “en fuego” es bautizar en pruebas. Por lo tanto, los creyentes que oran, cantan o claman “¡Mándanos fuego, Señor. Mándanos fuego!”, ¡están pidiendo pruebas, y más pruebas! Desde luego, no lo entienden así, pero lastimosamente, a ellos son aplicables las palabras del Señor cuando dijo “No sabéis lo que pedís” (Mateo 20:22). Es más: en aquel mismo momento Cristo mismo enseñó que el bautismo “en fuego” es el de pruebas y sufrimientos grandes. Dijo: “A la verdad… con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados”, previendo sus propios sufrimientos, como también los que sobrevendrían a los apóstoles. ¿Se percata usted, querido hermano, amigo, del paralelismo y de las similitudes entre estos versículos?

(3) 1 Corintios 3:10-15. La obra de cada uno "el fuego la probará". Tomando en cuenta el contexto de estas palabras, comprendemos que el fuego que prueba las obras señaladas no es el del infierno, como lo explican desacertadamente algunos maestros, sino el de las pruebas. No hay obra alguna que sobreviva el fuego del infierno, ¿correcto? Sin embargo, el apóstol Pablo apunta en el texto: “Si permanece la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa” (3:14). Pasa la obra por el fuego, y “si permanece…”, es decir, si resiste el fuego… ¿El fuego de qué? Claro, de las pruebas.

B. Cristo envía al Espíritu de Verdad.

1. Juan 14:16-17.

2. Juan 15:26. Su "testimonio" el Espíritu lo da mediante señales y milagros. Hebreos. 4:3-4.

3. Juan 16:7-15.

a) El Espíritu Santo cumple a perfección su mi­nisterio, revelando “toda la verdad” a los apóstoles, y no tan solo una parte. Judas 3; Romanos 12:2"Para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

b) Por consiguiente, ¿con qué razón o justificación esperar más revelaciones de parte de Dios o Cristo, más verdades inspiradas, más profecías o más señales para confirmar la verdad?

4. El Espíritu Santo se manifiesta y obra en armonía con el espíritu y la naturaleza de Cristo.

a) Cristo hace todo organizadamente, sin confusión, turbación o caos. Exponiendo el mismo criterio, el Espíritu Santo manda: “Hacedlo todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40).

b) Ya que el Espíritu Santo condena griterías y alborotos, es imposible que él mismo sea el autor o instigador de cultos desorganizados y alborotosos. Efesios 4:31.

c) Tal cual Cristo, el Espíritu Santo es "santo", sabio, serio, sereno y sujetado. Ostentan estos mismos atributos quienes siguen al verdadero Espíritu Santo, estando lleno de él y sellado por él (Efesios 1:13-14).

IV. Cristo explica la obra del Espíritu Santo en el proceso de la conversión del pecador.

A. Juan 3:1-7. Dice que es necesario nacer del agua y del Espíritu para entrar en el Reino.

1. Nacer del agua significa bautizarse, sumergirse o zam­bullirse en las aguas. El bautismo bíblico es por inmersión, ejemplificado este modo en el mismo caso de Cristo quien se bautizó en el río Jordán, y no con unas gotas de agua derramadas sobre la cabeza.

2. Ya lo hemos notado someramente: el paralelo entre el bautismo en agua y el bautismo en Espíritu arroja luz sobre este último. Se implica una inmersión en el Espíritu. Se deduce que nacer del Espíritu es sumergirse en las enseñanzas y la vida del Espíritu.

a) Dios “nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18). ¿Qué es la fuerza divina que opera en el alma el nuevo nacimiento? Respuesta divina: “…la palabra de verdad”, o sea, el evangelio de Cristo.

b) Nacer del Espíritu es pensar en las cosas del Espíritu, ocuparse en las cosas de Él y vivir según Él, siendo guiado por Él. Romanos 8:5-14.

B. Mateo 28:19. Cristo enseña que es necesario bautizarse en "el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo". ¿Se da cuenta? No solo en el nombre del Padre y del Hijo, sino también en el del Espíritu Santo. Los tres dan el mismo testimonio (1 Juan 5:7). Los tres desempeñan papeles vitales en la obra divina de rescatar a los seres humanos de la perdición eterna. Pues bien, con sobrada razón, el bautismo bíblico se lleva a cabo en el nombre de los tres. 

V. Invitación.

A. Ya que todo esto lo hicieron Cristo y el Espíritu Santo por usted, por mi y por todo ser humano, le rogamos no desprecie tan magna obra ni tenga en poco la misericordia de Dios.

B. Permita usted, por favor, se lo suplicamos encarecidamente, que el Espíritu Santo haga su obra en el corazón suyo por medio de la poderosa Palabra que produce el nuevo nacimiento. ¿Cree usted en Dios, Cristo y el Espíritu Santo? Entonces, los próximos pasos son arrepentirse, confesar el nombre del Señor, bautizarse en agua y luego perseverar en obediencia y santidad hasta el fin de sus días o el retorno del Señor en gloria. 

 

Mensaje 1 de la serie Jesucristo: sus puestos y oficios. Cristo, el Cordero de Dios.

Mensaje 3 de la serie Jesucristo: sus puestos y oficios. Jesucristo: Fundador, cabeza, fundamento y Salvador de la iglesia.

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