Suscríbase para recibir notificaciones de nuevos artículos.

 

La parábola

de la cizaña

y el trigo

 

Esta combinación de fotografías de trigo y cizaña ilustra el estudio detallado sobre la Parábola del trigo y la cizaña en editoriallapaz.

 

Mateo 13:24-30, 36-43

Análisis pormenorizado

¿Sorprendentes conclusiones?

 

24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo…

En su contexto original, esta parábola, catalogada entre los textos más difíciles y controvertidos del Nuevo Testamento, fue pronunciada por Jesucristo, sentado él en una barca a orillas del mar de Galilea, delante de sus apóstoles y “mucha gente” (Mateo 13:1-2). “Gente” que Jesús identifica y caracteriza de la siguiente manera:

“Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane (Mateo 13:15).

“…este pueblo” era el pueblo terrenal de Israel durante el tiempo del ministerio del Jesucristo. “…este pueblo” NO era la iglesia. Hecho clave para el entendimiento de la parábola.

El “reino de los cielos” es lo mismo que el “reino de Dios”, el que había llegado a los israelitas en la persona de Jesucristo durante su ministerio en la tierra.

Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios(Mateo 12:28).

“…he aquí el reino de Dios está entre vosotros (Lucas 17:21).

“…es semejante a un hombre…” En esta parábola, “un hombre” representa “el reino de los cielos”. Este “hombre” es “el Hijo del Hombre” según el versículo 37. Jesucristo es el Hijo del Hombre. Así que, el “hombre” de la parábola es Jesucristo. Este hecho concuerda perfectamente con la llegada del “reino de Dios” en la persona de Jesucristo.

La “buena semilla” son “los hijos del reino” (versículo 38). Jesucristo “sembró” estos “hijos” en “su campo”.

Jesucristo “sembró” personalmente “hijos del reino” durante los tres años y medio de su ministerio personal. Se trata de sus apóstoles, de los setenta (Lucas 10) y demás discípulos (Juan 3:22; Marcos 9:38). Quizás, incluso, discípulos “secretamente” tales como Nicodemo (Juan 3:1-7; 19:39) y José de Arimatea (Lucas 23:50; Juan 19:38). “…aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga” (Juan 12:42). Decenas de miles se identificaron como discípulos de Cristo durante el ministerio terrenal de él. Así pues, no unos pocos “hijos del reino” sino ¡muchos!

El “evangelio del reino”, sinónimo de “la palabra del reino” (Marcos 13:19), recibido con gozo en mentes y corazones que lo oyen, entienden y obedecen, produce “hijos del reino” dondequiera y cuandoquiera se predique y se obedezca. Este “evangelio del reino”, término que aparece siete veces en los cuatro evangelios y Hechos de Apóstoles, debía predicarse “en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones” (Mateo 24:14).

Después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, los apóstoles se encargaron de la misión, en cumplimiento de la Gran Comisión (Mateo 28:18-20; Lucas 24:45-59; Marcos 16:15-16), preparando también a otros mensajeros competentes para aligerar y expandir tan magna obra. Ejemplo de estos es el evangelista Felipe, “que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo”, bautizándose “hombres y mujeres” (Hechos 8:12).

Comenzando, en Jerusalén, en el día de Pentecostés del año 30 d. C., con aproximadamente tres mil que se hicieron “hijos del reino”, veintenas de miles se añadieron, predicándose el evangelio del reino, o “palabra verdadera del evangelio”, “a todo el mundo” (Colosenses 1:5-6), ¡ANTES del AÑO 70 d. C! ¡Veintenas de miles de “hijos del reino”, tal vez cien mil para arriba, la mayoría de ellos de la raza judía! Cálculos basados en los números registrados en Hechos de Apóstoles y en la abundante información sobre viajes evangelísticos, etcétera, en los demás escritos del Nuevo Testamento.

Aunque el número sobrepasara un millón, a través de 45 años (desde el ministerio de Juan el Bautista hasta el año 70 d. C.), siempre habría personas buenas y justas, quizás muchas, de ambos sexos, jóvenes, adultos y ancianos, que, por circunstancias de ubicación u otras ajenas a su voluntad, no llegaran jamás a escuchar y obedecer al “evangelio del reino”. Muriendo quién sabe cuántas personas de esta categoría antes de la llegada de algún mensajero del evangelio. ¿Cuenta Dios a los tales entre sus hijos espirituales? Él sabe. Al respecto, el apóstol Pedro llegó a comprender que “En verdad… Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia(Hechos 10:34-35).

Todos estos “hijos del reino”, en todos los lugares y tiempos indicados, se exponían a que el diablo sembrara su cizañá, los “hijos del malo”, entre ellos.

Bien que la predicación del evangelio del reino siguiera después del año 70 d. C., y, además, la siembra de cizaña, le anticipamos que esta fecha la tenemos como crucial para una interpretación racional de la parábola del trigo y la cizaña. Sin pretensión alguna de tener la última palabra al efecto de lograr una exposición completamente satisfactoria y convincente. Así que, le suplicamos paciencia y objetivad, respetado lector, querida lectora, para el desarrollo de este humilde estudio.

“…su campo” es “el mundo”(versículo 38). Este “mundo” es, efectivamente, toda la Tierra. Como en Marcos 16:15, donde Cristo manda: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. La porción del “mundo” donde Jesucristo “sembró”, él mismo, personalmente, “hijos del reino” era el territorio terrenal de Israel en el siglo I. Los apóstoles nombrados por él, y los evangelistas (Timoteo, Tito, Bernabé, Felipe, Juan Marcos, Apolo y otros) preparados por ellos, llevaron el evangelio verdadero a “todo el mundo” (Colosenses 1:6), semilla pura que engendró gran número de “hijos del reino”.

Obviamente, el “campo-mundo” no es la iglesia.

 

25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

“…los hombres” serían, conforme al contexto de la parábola, mayormente los israelitas, tanto mujeres como varones, que “dormían”, moral, religiosa y espiritualmente, en la oscuridad de su ingenuidad, letargia, ignorancia e insensibilidad, no eximiéndose aquellos discípulos de Cristo medio dormidos, torpes de entendimiento, poco dados a la lectura, ignorantes de las maquinaciones de Satanás.

En particular, los del tiempo enfocado, a saber: desde el inicio del ministerio de Jesucristo hasta el año 70 d. C., cuando el templo judío y la ciudad de Jerusalén fueron destruidos.

“…su enemigo” es “el diablo” (versículo 39).

El diablo “…sembró cizaña”.

“…la cizaña son los hijos del malo”, es decir, del “diablo”. Conocido también como “el gran dragón, la serpiente antigua… y Satanás” (Apocalipsis 12:9). Estos “hijos del malo” son todos los que sirven de tropiezo, y… los que hacen iniquidad” (versículo 41).

Cizaña (Del bajo latín zizania < gr. zizanion, cizaña.). s. f. BOTÁNICA Planta gramínea de 
granos tóxicos, común en los prados y en los cultivos, que impide el crecimiento de los cereales.
(Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L. https://es.thefreedictionary.com/cizaña)

“Lolium temulentum, la ‘cizaña barbuda’, es la que más se parece al trigo (International Standard Bible Encyclopedia).

Para el período bajo la lupa, los “hijos del malo” sembrados por el diablo eran, mayormente, los fariseos, escribas, saduceos, profetas y maestros que daban más importancia a sus tradiciones que a la ley de Dios dada en el monte de Sinaí. “…habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición, les dice Cristo, añadiendo: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres(Mateo 15:6-9).

Fulmina contra ellos, exclamando:

Mas !ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

Para colmo, estos hijos del malo, “¡hipócritas!”, se empeñaban fanáticamente en hacer todavía más hijos del malo, pues Jesucristo observa: “…porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros(Mateo 23:13 y 15). ¿Cómo? Por obligarle a someterse a sus tradiciones y “mandamientos de hombres”.

 

El diablo “sembró” sus hijos malos “entre el trigo”, es decir, entre “los hijos del reino” de Dios. “…y se fue.” No activo en la misma medida todo el tiempo y en todo lugar, el diablo va y viene conforme a su agenda y oportunidades. Habiendo tentado a Jesucristo duramente por un tiempo, “acabada toda tentación, se apartó de él por un tiempo (Lucas 4:13). Se va; se aparta, pero ¡suele volver persistentemente hasta conseguir su propósito!

 

26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

“…la hierba” es sinónima del “trigo”. Sembrada la semilla de trigo y germinando, sale la mata de trigo. Madurando la mata, da fruto.

 “…entonces apareció también la cizaña.”

Esta “cizaña”, especialmente, la barbuda, se parece al trigo, pero sus granos son tóxicos. “Impide el crecimiento de los cereales”, es decir, de “los hijos del reino”.

Su parecido al trigo significa que los “hijos del malo” sembrados entre los “hijos del reino” se parecen en algunos aspectos a estos, semejanza que resulta engañosa para los “soñolientos, caídos del sueño, dormidos” ya identificados, los cuales, si consumen los granos tóxicos -falsos evangelios, soporíficas tradiciones religiosas, despistadas profecías e hipocresías- de la cizaña- su condición de “hijos del malo” se vuelve aún más grave.

La HIPOCRESÍA sería acaso el rasgo más sobresaliente de estos “hijos del malo” sembrados entre los “hijos del reino”. Rasgo que encubra otros todavía más peligrosos, por ejemplo: avaricia, envidia, egoísmo, odio, crueldad, violencia o malas intenciones de robar, aun matar.

El caso más infame de tal “cizaña” sería Judas Iscariote. Sembrado por Satanás en medio de los propios apóstoles (Lucas 22:3; Juan 13:21-30).

Creyentes dispuestos a matar. Otro caso de un manojo de creyentes en Cristo, del tiempo de su ministerio terrenal, cuya hipocresía fue puesta al descubierto mediante un diálogo fiero con él, manifestándose ellos como “hijos del malo”, se encuentra en Juan 8:31-59. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Estos judíos habían creído en Jesucristo, pero aún no eran “verdaderamente” sus discípulos.

El diálogo se torna peligroso. Al disertar Jesús sobre “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, aquellos creyentes se encolerizan contra él en gran manera.

Viendo Jesús su hipocresía, y dándose cuenta de que eran, en verdad, “hijos del malo”, los acusa duramente, diciendo:

“…procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. 

Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.

Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.

 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el DIABLO, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.”

Y se encendió el intercambio cada vez más hasta el extremo de que “Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue”.

¡CIZAÑA de la peor especie estos que decían creer en Jesucristo pero que resultaron ser hijos de su padre el diablo! Cizaña amenazante, peligrosa, dispuesta a matar.

Los judíos “cizaña” en la iglesia del siglo I eran principalmente los judaizantes. En Jerusalén, muchos millares de judíos habían creído en Cristo, “y todos” eran “celosos de la ley” abolida en la cruz (Hechos 15; 21:20). En la iglesia de Antioquía de Siria, los judaizantes eran tan agresivos e influyentes que hasta el apóstol Pedro y el evangelista Bernabé fueron arrastrados por ellos en su simulación, reprendiéndoles Pablo “cara a cara” (Gálatas 2:11-21).

 

27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

El “padre de familia” representa a “Dios el Padre” a quien los “los siervos” de la parábola dicen “Señor”.

Los “siervos” representan a los “ángeles” al servicio de Dios el Padre (los versículos 39 y 41).

 

28 El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?

“¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?” preguntan los “siervos”, o sea, los ángeles al servicio de Dios el Padre.

“Arrancar” quiere decir: “Arrancar una planta de raíz. Separar con violencia o con astucia a una persona de un lugar…” (Gran diccionario de Larousse. www.es-thefreedictionay.com/arrancar)

Parafraseando: “Señor Dios Padre, ¿quieres que vayamos a la Tierra, y que arranquemos de raíz, con violencia, la cizaña, es decir, a los hijos del malo sembrados entre los hijos de tu reino?”

El sentido de estas palabras es eliminarlos físicamente de entre los justos y buenos hijos del reino. Separarlos físicamente. Hacer que se aparten del reino; que se vayan; que no estén físicamente presentes entre los verdaderos hijos del reino. No descartando hacerlos morir físicamente de no haber otro remedio.

Tales acciones las podrían tomar solamente los ángeles al servicio de Dios, y eso no sin su previa autorización.

No son seres humanos los que hacen a Dios el Padre la pregunta “¿Quieres, pues que vayamos y la arranquemos?” No son los apóstoles, ni obispos (ancianos) de la iglesia, sino ÁNGELES.

“Hijos del trueno” reprendidos. Cuando algunos samaritanos rehusaron recibir a Jesús, los “discípulos Jacobo y Juan… dijeron: Señor, ¿Quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?” Jesús “los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois…” (Lucas 9:53-55). Su osadía los granjeó el apodo “Boanerges, esto es, Hijos del trueno” (Marcos 3:17). El “espíritu” de que son los verdaderos discípulos del Señor en la tierra no es el de arrancar y matar, de “perder las almas de los hombres” sino de “salvarlas”, el mismo “espíritu” que tenía Cristo (Lucas 9:56).

Un caso insólito de “arrancar”. “Cizaña” en la iglesia de Jerusalén era la pareja mentirosa e hipócrita Ananías y Safira. Descubiertos y reprendidos por el apóstol Pedro, los dos fueron arrancados súbita y violentamente de entre los hijos del reino, cayendo y expirando. No por mandato del apóstol Pedro, ni hombre alguno, sino por intervención divina y directa. Su ejemplo resalta espeluznantemente el verdadero sentido de “arrancar”.

Qué quede absolutamente claro: solo a los ángeles al servicio de Dios se les concedería la autoridad de “arrancar”. Nunca jamás a los obispos de cualquier iglesia. Estos, debidamente constituidos según las directrices de 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-10, pueden disciplinar espiritualmente de acuerdo con leyes y ejemplos del Nuevo Testamento. También lo pueden hacer los evangelistas debidamente seleccionados y adiestrados. Pero, ni los unos ni los otros cuentan nunca con autorización divina para torturar, encarcelar o matar a nadie, acciones que violan los preceptos más fundamentales del verdadero y único “evangelio del reino”.

Acciones que, efectuadas durante largos siglos por sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales y Papas católicos romanos, bajo el manto sangriento de “Santa Inquisición”, han granjeado el oprobio, odio y rechazo de inmensas multitudes de almas, haciendo apartarse completamente de Dios a multitudes de almas indignadas, airadas y rebeldes a causa de tantísimas barbaridades asquerosas y criminales en extremo perpetradas por religiosos desalmados.

La respuesta de Dios el Padre a los ángeles no se hace esperar.

 

29 Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

Tomo la libertad de parafrasear, orando que esto no ofenda ni a Dios ni al lector.

“NO, mis queridos ángeles. ¡NEGATIVO! No irán a la Tierra, usando medios invasivos y peligrosos contra los hijos del malo hallados entre los hijos de mi reino. Son muchísimos a través de todo el territorio israelí y aun fuera, por todo el Imperio Romano, en las colonias judías de la dispersión. Entremezclados estrechamente con mis hijos verdaderos del reino. Quizás hasta predominen en algunos lugares. No se trata de trescientos o cuatrocientos manojos de cizaña sino de aun miles y miles. De miles de los hijos del malo sembrados mañosamente entre mis hijos del reino por Satanás. Hoy día, en el año 29, creciendo juntamente con ellos. Y mañana… y el próximo mes… y el próximo año. Y el diablo seguirá sembrando sus hijos malos entre mis hijos buenos y justos del reino.

¿Cuáles medios providenciales pensarían emplear ustedes para arrancar la cizaña? ¿Acaso plagas, enfermedades, relámpagos, tormentas, terremotos, elementos criminales, oficiales y soldados romanos, levantamientos, guerras? ¿Tal vez una plaga de muerte que dejara a todos los hijos del malo tipo “cizaña” fulminados en calles, casas y campos dondequiera en el vasto mundo romano?

Cualquiera acción violenta que tomaran contra ellos bien pudiera resultar en la muerte física de algunos de mis hijos del reino. ¿Arriesgarían ustedes arrancar el trigo juntamente con la cizaña?

Además, esta no es la hora para semejante intervención de parte suya. En la Tierra, se está viviendo el año 29 del siglo I de la era que multitudes identificarán como la Era Cristiana y otros, la Era Común. Aún no se ha llevado a su conclusión gloriosa el ministerio de reconciliación que está efectuando mi Hijo en la tierra. No ha sido establecida su iglesia. Ni ha terminado el tiempo programado para el pueblo electo de Israel. Además, un tiempo de transición entre el fin de la vieja ley mosaica y la institución de la nueva ley de mi Hijo ha de transpirar. Entonces, llegará la hora cuando esta cizaña de hijos del malo será arrancada sí.”

 

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega…” Dejad crecer juntos los “hijos del malo” y los “hijos del reino”. No todos los “hijos del malo” desde el menos malo hasta el más depravado figuran en el cuadro de esta parábola sino, específicamente, los que se introducen encubiertamente en el “reino”. Haciéndose pasar por “hijos del reino”, son, en realidad, todos los que sirven de tropiezo, y… los que hacen iniquidad” dentro del reino de Dios.

“…crecer juntamente…” Así que, crecen juntamente en el reino los “hijos del malo” y los “hijos del reino”. ¿Hasta cuándo crecen juntamente?

Después de la muerte física, ¡no crecen en el reino! El crecimiento en el reino de Dios toma lugar en la Tierra. Por lo tanto, crecen juntamente en el reino solo durante su vida en la Tierra. No crecen juntamente después de morir en la Tierra. No crecen juntamente durante cien, mil o dos mil años en el más allá de su vida terrenal.

En este contexto de la parábola, cada hijo del malo y cada hijo del reino permanece en el reino de Dios, en su relación de “juntos”, solo hasta morir físicamente. Muertos, ¡ya no están juntos!

Al morir el hijo del malo en su condición de pecador, su alma-espíritu va, o es llevada, a aquella región del Hades llamada “Tártaro”.

Al morir el hijo del reino, habiendo sido fiel hasta el fin, su alma-espíritu es llevada por los ángeles a la región del Hades llamada “Paraíso”.

Verdades reveladas mediante los casos del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31) y los de Jesucristo y el ladrón arrepentido (Lucas 23:39-43).

A propósito, al suicidarse la cizaña Judas Iscariote, ¿permanece su alma-espíritu hasta el día de hoy, del año 2019, en el “reino de Dios”? ¿Y también las almas de Ananías y Safira?

 

Este text box y su contenido pone de relieve el hecho de no crecer juntamente el trigo y la cizaña después de la muerte del cuerpo físico del hijo del reino y la del hijo del malo, enseñanza traída en el estudio de la Parábola del trigo y la cizaña en editoriallapaz.

 

 “…hasta la siega…” Esta “siega” de las almas-espíritus, tanto las de los “hijos del malo” como las de los “hijos del reino”, es efectuada al morir sus cuerpos físicos en la Tierra. Ya sea por causas naturales, ya por las de cualquier otra categoría, por ejemplo, motines, guerras, crimen, plagas, etcétera.

Ambos grupos ya estaban conviviendo en el reino en el día cuando Jesucristo pronunció la parábola. Se considera muy probable que algunos de cada grupo murieran en aquel mismo día. Y algunos, el próximo día… y el próximo… y el próximo. Y la próxima semana… mes… año… etcétera, hasta terminar el “tiempo de siega”.

Normalmente, una siega de frutos naturales en la Tierra no se realiza en un solo instante, ni en una sola hora, un solo día, una sola semana o siquiera en un solo mes. La siega de olivos, uvas, higos o granos (trigo, cebada, maiz) pudiera durar hasta varias semanas, aun meses.

El “tiempo de siega” de esta parábola Dios mismo lo determinaría conforme a sus designios particulares para el pueblo terrenal de Israel, enfocándose el tiempo de la transición de “pueblo particular terrenal-espiritual electo (Israel)” a “pueblo espiritual universal sin barreras de raza (la iglesia)”.

El “tiempo de siega” es “el fin del siglo” (versículo 39. Reina Valera 1960). Específicamente, “…el fin de este siglo” (versículo 40. Reina Valera 1960). ¿De cuál siglo? Interpretándose literalmente el vocablo “siglo”, “este siglo” sería el siglo que estaban viviendo Jesucristo, los hijos del reino y los hijos del malo -el trigo y la cizaña- cuando esta parábola fue pronunciada. El siglo I de la Era Cristiana, o la Era Común.

“…siglo” en la Reina Valera de 1960 es la traducción del griego αἰών. Según el lexicógrafo Strong, el significado del vocablo griego es: “propiamente, una era; por extensión, perpetuidad; por implicación, el mundo; específicamente (uso judío), un período mesiánico (presente o futuro): edad…”

“…fin” es la traducción de συντέλεια, vocablo que Strong define como “entero cumplimiento, es decir, consumación (de una dispensación): -fin”.

Llevado por el contexto de la parábola y todos los parámetros identificados hasta el momento, me parece muy lógico traducir αἰών como “era” o “período”, según las indicaciones de “propiamente” y “específicamente (uso judío), un período mesiánico” en la definición de Strong. Definitivamente, se trata, en la parábola, de “uso judío” y de un “período” (época, dispensación), cuyo “entero cumplimiento” o “consumación” se estaba efectuando durante el siglo I conforme a las revelaciones del propio Mesías Jesucristo en la parábola de la cizaña y el trigo.

Respalda esta conclusión Youngs Literal Translation -La traducción literal por Young. 39 and the enemy who sowed them is the devil, and the harvest is a full end of the age, and the reapers are messengers. 40 As, then, the darnel is gathered up, and is burned with fire, so shall it be in the full end of this age…” (Mateo 13: 39 y 40).

Traduciendo del inglés las cláusulas claves: “…la siega es la plena consumación de la edad… así será en la plena consumación de la esta edad…”

Además, the New Revised Standard Version39 and the enemy who sowed them is the devil; the harvest is the end of the age, and the reapers are angels. 40 Just as the weeds are collected and burned up with fire, so will it be at the end of the age. 

Traduciendo del inglés las cláusulas claves: “…la siega es el fin de la edad… así será en el fin de la edad…”

Bien pudiéramos traducir el vocablo inglés “age” también como “dispensación, era o época”.

¿Cuál “era, dispensación, época o período” se enfoca en la parábola de la cizaña y el trigo? La MOSAICA. Cuando el pueblo de Israel -solo el pueblo de Israel- estaba bajo el “antiguo pacto” dado a través de Moisés en el monte de Sinaí. Dispensación que duró aproximadamente dieciséis siglos, incluido el tiempo de transición de aproximadamente cuarenta y cinco años, tal vez aun hasta sesenta y cinco años, sin pretender especificar este servidor un lapso preciso para la transición. El “tiempo de transición” comenzó con el ministerio terrenal de Juan el Bautista, terminando, a mi entender, con la destrucción del templo judío y la ciudad de Jerusalén en el año 70 d. C.

La traducción “fin del mundo” en lugar de “fin de la edad” o “plena consumación de la edad”, la considero, personalmente, del todo desacertada y causa de graves interpretaciones erróneas de la parábola de la cizaña y el trigo, las que resultan conflictivas con varias doctrinas del Nuevo Testamento sobre el reino de Dios, juicios y destinos de almas.

¿Cuáles son los años de la “plena consumación de la edad” mosaica? A mi entender, serían más o menos los años desde el 64 hasta el 70 d. C. Llegando a su desenlace fulminante en el lapso de tiempo desde la ocupación y profanación del templo judío en el año 68 hasta su destrucción y la quema de Jerusalén en el 70 d. C.

No fueron los romanos que ocuparan y profanaron el templo en 68 d. C., qué conste, sino grandes gangas, aun ejércitos de hasta 40,000, de judíos sediciosos y depravados que eran puros ladrones, matones, homicidas desalmados y amotinados de la peor calaña. Se trata de los zelotes bajo el mando del tirano criminal Juan de Giscala, y, más adelante, por otro tirano criminal Simón de Gerasa al mando de 40,000 de su mismo espíritu. Todos introducidos en la ciudad de Jerusalén. Apoyados durante unos meses por 20,000 idumeos que engañaron y metieron clandestinamente en la ciudad. Un tercer tirano criminal, Simón, hijo de Gioras, se adueñó de la porción alta de la ciudad. Los tres tiranos peleaban constantemente los unos contra los otros en el templo propio, en sus recintos y fuera en áreas de la ciudad. A la vez, explotaban y mataban a los residentes de la ciudad desde los más ricos y poderosos hasta la gente humilde.

“Esos hombres hicieron del templo un fuerte para sí mismos… Se arrogaron el poder de nombrar sus propios sumo sacerdotes… Se burlaban de las leyes de Dios”, testifica el historiador presencial Flavio Josefo en su muy extensa obra Guerras de los judíos, Libros IV y V. Inmundos sin derecho alguno de estar en el templo, derramaron tanta sangre que se formaban charcos en los atrios del templo.

 

Este text box resalta el hecho de que el tiempo de siega, de la Parábola del trigo y la cizaña, se identifica como la plena consumación de la edad mosaica, conforme a la definición del griego por el lexicógrafo Young, hecho que rinda nula la aplicación de tiempo de siega al fin del universo material y del tiempo mismo.

 

Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla…” (versículo 30). Explicando Jesucristo la parábola a sus apóstoles, dice que los ángeles segadores “…recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (versículos 41 y 42).

Durante el “tiempo de siega”, arrancar, aún con gran violencia, a los hipócritas “hijos del malo” colados en el reino de Dios, acción que resulta en su muerte física. Luego, durante el mismo tiempo, recoger a las almas-espíritus de ellos, llevándolas a la región de Tártaro, en el Hades. No recogen a sus cadáveres sino al alma-espíritu entenebrecida de cada uno.

Recoged…” En esta siega, no recogen a las almas de todos los malos impenitentes de toda la Tierra y de todas las épocas desde el principio de la humanidad hasta el último día de su existencia sobre el planeta. Ni siquiera recogen a todas las almas de todos los malos de toda la Tierra durante los años ya fijados para esta siega. Reiterando: recogen solo a las almas de los hipócritas “hijos del malo” sembrados entre los “hijos del reino” durante los años ya determinados para la siega específica de la parábola de la cizaña y el trigo. Recalcando: se trata solo y exclusivamente de los años de la “plena consumación de la edad” mosaica.

DILEMAS que resultan cuando se enseña que esta acción de RECOGER los ángeles la cizaña y el trigo se ejecute una sola vez en el día cuando se acaben el universo y el tiempo y que se trate de todas las almas de todos los seres humanos desde Adán y Eva hasta el último.

Hoy día, ¿hay almas en el Seól-Tártaro, del Hades? ¿Cuántas? ¿Desde cuándo? Si las hay, ¿cómo llegaron?

Hoy día, ¿hay almas en el Paraíso, del Hades? ¿Cuántas? ¿Desde cuándo? Si las hay, ¿cómo llegaron?

Toda la información bíblica al respecto nos obliga a responder que sí. Positivo. Hay almas en ambos lugares desde las primeras muertes de seres humanos hasta el presente. Almas que fueron llevadas por los ángeles al servicio de Dios. ¡Millones incontables! Hoy día, los ángeles siguen realizando esta tarea y continuarán con la misma hasta el fin de la humanidad en la Tierra.

De recoger los ángeles en una sola instancia, a saber, el último día de la humanidad en la Tierra, a todas las almas de todos los seres humanos desde Adán a Eva hasta el último, ¡el Seól-Hades sería un lugar totalmente VACÍO!

A través de los siglos y las edades, la recogida de almas responde de varias maneras a circunstancias y eventos en la Tierra. Por ejemplo, a los muy particulares del día de la crucifixión de Cristo y los dos ladrones. Las circunstancias y eventos especiales proyectados por la Parábola de la cizaña y el trigo constituyen otro ejemplo.

“…primero…” Durante el “tiempo de siega”, arrancar “primero” a los hipócritas “hijos del malo” que se introdujeron encubiertamente en el reino de Dios. Una vez arrancados, atar sus almas en manojos, echándolas en “el horno” del Tártaro. Ellos son el problema. Ellos son los agentes de Satanás sin derecho alguno de estar presentes entre los verdaderos “hijos del reino”, enseñando falsas doctrinas, sembrando discordias cuyos frutos son divisiones, haciendo tropezar tanto a los hijos débiles del reino como a personas que se acerquen al reino en busca de apoyo espiritual y salvación. Ellos son los que hacen iniquidades que traen severos oprobios sobre el reino de Dios. Arrancarlos “primero”. Recoger sus almas satanizadas en manojos, echándolas en el Tártaro. Si los medios utilizados para arrancarlos resultan en la muerte física de algunos de los “hijos del reino”, recoged sus preciosísimas almas, llevándolas con alabanzas al Paraíso. Son “mártires de Jesús” (Apocalipsis 17:6).

“…atadla en manojos…” Atad la cizaña “en manojos”. Es decir, juntar en grupos a las almas de los “hijos del malo” que sufren muerte violenta por ser culpables de tropiezos e iniquidades mientras afirmaban pertenecer al reino de Dios, entregándolas como tal para ser quemadas en el “horno de fuego”.

Grupos de almas de fariseos hipócritas. De saduceos. De escribas. De falsos cristos. De falsos apóstoles. De falsos profetas, De falsos pastores. No procesar a cada alma individualmente sino a agrupaciones de ellas conforme a los rasgos particulares que las diferenciaban.

Agrupaciones de 5, 10, 50, 100, aun 1,000 o más, de “hijos del malo” que serían muertos en la misma hora, el mismo día. Libradas así sus almas de cuerpos mortales para sentencia de condenación al “horno” de Tártaro por ser almas contumaces, rebeldes a la voluntad divina, sediciosas, empeñadas en mantener y fortalecer el sistema de “pueblo electo terrenal israelí” que Dios había determinado terminar conforme a sus designios previamente divulgados proféticamente y confirmados infinidad de veces por Juan el Bautista, Jesucristo y el Espíritu Santo a través de los apóstoles.

Agrupaciones que el general romano Vespasiano y su ejército comenzaron a eliminar al entrar, en 66 d. C., por el norte de Israel, derrotando al sacerdote-general israelí Yosef ben Matityahu, conocido luego como Flavio Josefo, y su ejército en Galilea. Y que continuaban eliminando al bajar por Samaria y entrar en Judea.

Agrupaciones a granel que fueron eliminadas durante los tres años de sitio al que la ciudad de Jerusalén fue sometida por el ejército romano bajo el mando de Vespasiano, primero, luego, de su hijo Tito. Vespasiano fue nombrado emperador el 1 de julio de 69 d. C. Yéndose para Roma, dejó a su hijo Tito a cargo del sitio.

Agrupaciones que el general Tito, hijo de Vespasiano, eliminaría al subir desde Egipto en el año 69 d. C, entrando en Judea y conquistando ciudades y pueblos.

Eliminadas muchísimas durante el sitio por los conflictos bélicos intestinos entre facciones religiosas-políticas-criminales de las multitudes pilladas en la ciudad. Acorralados dentro de las murallas de la ciudad hasta más de dos millones de israelitas residentes y de la dispersión, más gran número de idumeos y de las fuerzas rebeldes-criminales de Simón que habían entrado forzosamente en la ciudad antes del sitio. “De la dispersión”, tratándose de cientos de miles, aun más de un millón, presentes para la pascua y pentecostés. Flavio Josefa testifica que más de un millón de judíos murieron durante el sitio y la destrucción de la ciudad de Jerusalén.

Eliminadas muchas agrupaciones de los “hijos del malo”, cizaña, al penetrar las defensas las legiones romanas, encendidos en ira los soldados romanos por las cuantiosas bajas que habían sufrido a manos de los fanáticos judíos. Desacatando el mandato del general Tito a no quemar el templo judío, maravilla del mundo de aquel tiempo, lanzaron antorchas dentro de los recintos del templo, estallando un fuego tan voraz que Tito y los soldados obedientes a él no lograron apagarlo.

Eliminadas las agrupaciones que aún quedaban cuando toda la gran ciudad de Jerusalén fue quemada, arrasada y dejada desolada. Ordenados los judíos del territorio israelí y de la dispersión a no volver, bajo pena de muerte, a pisar el suelo de la ciudad.

FIN definitivo del “tiempo de siega” de los “hijos del malo”, cizaña, promotores agresivos, belicosos, empedernidos, intransigentes, comprometidos a mantener y hacer prevalecer indefinidamente el “sistema pueblo electo terrenal israelí” que ya había cumplido, hacia cuarenta años, su papel primordial de ser el vehículo por medio de cual entrara el Mesías al mundo, trayendo el “nuevo sistema de pueblo electo espiritual, sin barreras de raza, bajo el nuevo pacto traído de parte de Dios el Padre para toda la humanidad, en contra distinción que para un solo pueblo”.

FIN del templo judío. Fin de los sacrificios continuos. Fin del sacerdocio levítico. Fin de las peregrinaciones anuales de grandes multitudes que acudían de todo el Imperio Romano para celebrar la pascua y pentecostés. ¡Ya no había templo ni ciudad donde celebrar aquellas fiestas solemnes ordenadas a través de Moisés exclusivamente para los israelitas!

FIN de la santa ciudad de Jerusalén, gloria del Israel terrenal.

FIN de la “plena consumación de la edad” mosaica.

FIN del tiempo de transición entre la época cuando la ley dada por Dios en el monte de Sinaí, por el mediador Moisés, estaba en vigor y la nueva época que ya había comenzado en el día de Pentecostés, del año 30, cuando el “nuevo pacto” del mediador Cristo Jesús fue validado como vigente.

FIN de la paciencia de Dios para con todas las agrupaciones de “hijos del malo” que servían de tropiezo para los verdaderos “hijos del reino”, tanto de los judíos como de los gentiles. Que obstaculizaban la entrada de gentiles, exigiendo que se circundaran y que se sometieran a los estatutos y ritos de Moisés.

TIEMPO para remover de una vez, de la vista, tanto de judíos como de gentiles, los dos grandes soportes del judaísmo ya espiritualmente ilegal, a saber:

El enorme complejo del templo judío, con sus espacios atrios y elegantes pórticos, y…

La santa ciudad de Jerusalén, la terrenal.

Ya habían servido sus propósitos. Ya los habían profanada, hacía décadas, los “hijos del malo”, particularmente, los que se hacían pasar por legítimos y consagrados hijos del reino de Dios, siendo, en realidad, un montón de hipócritas, inmorales, hacedores de iniquidades y orgullosos representantes de una religión que habían corrompido hasta la médula.

TIEMPO de dar el reino de Dios enteramente “a gente que produzca los frutos de él”. En cumplimiento cabal de lo dicho por Jesucristo, durante su ministerio terrenal, a los judíos de aquel tiempo. “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43).

“…recoged el trigo en mi granero” (versículo 30). En su explicación de la parábola para sus discípulos, Jesucristo dice: “Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (versículo 43).

No todo el “trigo” desde el principio de la humanidad en la Tierra hasta el último día del tiempo mismo.

Más bien, el “trigo” del “tiempo de siega” ya cuidadosamente determinado en este estudio. El “trigo” afectado por la cizaña. Hasta severamente. Aun muriendo a causa de la cizaña nociva, es decir, por la agresión física de los “hijos del malo” que se introdujeron en el reino de Dios. Incluso, los judíos y prosélitos “trigo” en Galilea, Samaria y Judea impactados por las batallas entre las fuerzas judías y las romanas, y los que no pudieran escapar de Jerusalén durante los durísimos y desastrosos tres años de sitio.

Muriendo los tales, los ángeles recogerían sus almas en el “granero” de Dios. O sea, se las llevarían al “Paraíso”, en el Hades. Como en el caso del mendigo Lázaro (Lucas 16:19-31) y el del ladrón arrepentido crucificado juntamente con Cristo (Lucas 23:43). Perteneciendo todas las almas en el Paraíso al reino de Dios, estos “justos” de la parábola de la cizaña y el trigo también “resplandecerían como el sol en el reino de su Padre”, ilustres por los sacrificios grandes que soportaron en la Tierra, aun muriendo por causa de la Palabra y el testimonio de Jesús. En el Paraíso, encuentran “a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios” (Lucas 13:28), hecho que respalda la observación al efecto de que “todas las almas en el Paraíso pertenecen al reino de Dios”.

 

 

Jesucristo explica para sus discípulos

la parábola de la cizaña y el trigo

 

36 Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. 37 Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. 39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. 40 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. 41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. 

 


 

  

¿Le gusta esta página? Por favor, ayúdenos a difundir la información por medio de compartirla automáticamente con sus amistades de Facebook, Google+, LinkedIn, y Twitter pulsando en los botones arriba colocados.

Derechos reservados. Permiso concedido para hacer una copia, o múltiples copias pero ninguna para la venta.