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Estudios sobre adorar “en Espíritu y en verdad”

Lista de los estudios que componen esta serie sobre la música en la iglesia

Música cristiana contemporánea, tradicional o bíblica

La cuestión del uso de instrumentos de música
en culto a Dios


www.cimpchile.wordpress.com
“Trabajando para Cristo. 1o Encuentro Coral y de bandas Cristianas.” Anuncio de la Corporación Iglesia Metodista de Chile. Cultos que giran en torno a “grupos corales”, “bandas cristianas”, “instrumentos musicales tocados vigorosamente”. “Trasfondos de música instrumental para mensajes, la Cena del Señor, la lectura de la Biblia y casi toda actividad religiosa.” “Encuentros” e “Institutos” dedicados a enseñar “Modern Worship” (“La Adoración Moderna”), la que se centra en “la música cristiana contemporánea”. “Espectáculos musicales cristianos de impresionante montaje, a la par con los espectáculos ofrecidos por artistas seculares renombrados.” “Masivo mercadeo de personajes y productos relacionados con la música cristiana moderna.” ¿Así se trabaja bíblicamente “para Cristo”? ¿Se complace él de tantísimo “trabajo” hecho en su nombre por el vasto “imperio de músicos cristianos modernos”?

RAZONES DE GRAN PESO para excluir los instrumentos de música del culto de la iglesia y de toda actividad espiritual.

Se recomienda seguir la secuencia de los estudios tal cual establecida. No pocos estudiosos de las Sagradas Escrituras han hecho evaluaciones negativas de estos escritos. Teniendo la "música cristiana contemporánea" una aceptación prácticamente universal, incluso hasta en congregaciones católicas romanas, a muchos les parece totalmente inconcebible la idea de que no haya autorización, o al menos apoyo implícito, en el Nuevo Testamento para tan popular forma de alabar a Dios. Quisiera asegurar al lector haber llegado este servidor a la posición expuesta en esta serie solo después de muchísimas horas de estudio, reflexión y oración. Le ruego, pues, muy encarecidamente, analizar estas materias con la mayor paciencia y objetividad posible. Ya sabrá usted que Dios repudió, en tiempos del Antiguo Testamento, cultos no autorizados por él (Levítico 10:1-3). También que Jesucristo dijo: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren" (Juan 4:23-24). No llenaríamos, pues, el criterio de Dios para “verdaderos adoradores”, adorando al antojo mío, o al suyo, "espontáneamente", ya que el criterio divino es "en espíritu y en verdad". ¿Peligra la salvación del cristiano que NO adore "en espíritu y en verdad"? De no haber usted leído la “Parte 1” de esta serie, le animamos a hacerlo antes de proceder con esta “Parte 2”.

Parte 2

Tres razones adicionales

-Según las traducciones más autoritativas,
el mandamiento del Espíritu Santo es “CANTAR”.

-En el Nuevo Testamento, no se encuentra ejemplo de cristiano o congregación alguna que tocara instrumentos mientras cantara
himnos, salmos o cánticos espirituales.

-Los “padres de la iglesia”, eruditos que escribían en griego,
se oponían al uso de instrumentos de música en la iglesia.
 

I.  Entre las razones de gran peso para excluir los instrumentos de música del culto de la iglesia y de toda actividad espiritual también se encuentran las tres que presentamos en esta “Parte 2”.

A.  Tratándose de la música en la iglesia, “CANTAR” es el mandamiento del Espíritu Santo, según las traducciones más autoritativas.

1.  Este mandamiento aparece en los siguientes textos del Nuevo Testamento.

a)  Efesios 5:19. Cantando... al Señor en vuestros corazones”.

b)  Colosenses 3:16. Cantando con gracia en vuestros corazones al Señor”.

c)  Santiago 5:13. Cante alabanzas.”

d)  En Efesios 5:19 y Colosenses 3:16, “cantando” es la traducción del griego “ado”, y en Santiago 5:13, “cante” es la traducción del griego “yallo”. Ya probamos concluyentemente, en la “Parte 1”, que en el Nuevo Testamento yallo y sus derivados significan “cantar”, o “cantar rasgueando las cuerdas del corazón”, y que no pueden tener otro significado.

2.  Entonces, ¿qué acción realiza el verdadero adorador, el que adora “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24), al obedecer el mandamiento de cantar? Realmente sencillo, elemental. Lo que hace es ¡cantar! ¡Solo cantar! No canta, también tocando algún instrumento, pues si “tocara” en adición a “cantar”, la acción de “tocar” alteraría el mandamiento específico del Espíritu Santo. Le haría violencia. Daría por resultado ir más allá de lo comandado; ejecutar una acción distinta a la autorizada.

a)  Todo verdadero adorador de Dios, habiendo obtenido conocimiento de las normas divinas del Nuevo Testamento, entiende perfectamente que no debería “pensar más de lo que está escrito” (1 Corintios 4:6). Refiriéndose a la música en la iglesia, ¿qué es lo que “está escrito”? “Cante alabanzas.” “Cantando con gracia en vuestros corazones…” Por consiguiente, el verdadero adorador de Dios no piensa “más” allá de este preciso mandamiento explícito, claro, inconfundible. No piensa en añadir ninguna acción distinta a la de “cantar”. No presume que “cantar” implique cualquier otra acción, por ejemplo, “tocar la guitarra, el tambor, la trompeta, la batería”. Conociendo lo que dijo Cristo en Juan 4:23-24, comprende que Dios está buscando a un tipo muy particular de “adorador”, a saber, al que sepa adorar “en espíritu y en verdad”. Deduce que ningún otro tipo de “adorador” agradaría a Dios. Razona que si Dios está buscando a tal “adorador”, ¡no estaría buscando al adorador que adorara “espontáneamente”, a su propio gusto, al gusto de otros seres humanos, al gusto del diablo, al gusto del “hombre de pecado”, no haciendo caso de “la verdad” de Dios, ni adorando “en espíritu” sino más bien en la carne! ¡Que no se complacería Dios en el “adorador libre”, es decir, no sujeto a ninguna ley divina!

b)  Por cierto, todo verdadero adorador que adora “en espíritu y en verdad”, valoriza el significado exacto, sin ambigüedad, de las palabras particulares escogidas por el Espíritu Santo para dar a conocer la voluntad de Dios. También comprende perfectamente el sentido y las implicaciones de lo que señala el apóstol Pablo al declarar aquel ilustre apóstol, con luminosa claridad: “Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade” (Gálatas 3:15). Sabe, pues, que el Nuevo Pacto, sellado con la sangre vertida en la cruz, ha sido ratificado por Cristo mismo. Entiende que no debería añadirle nada. Estudiando el tema de “la música en la iglesia”, se pregunta: ¿qué reglamento al respecto se halla en el Nuevo Pacto, el “testamento” ratificado, de una vez para siempre, por Cristo? Encuentra la respuesta divina en Efesios 5:19, Colosenses 3:16 y Santiago 5:13. ¡Cantar! En nuestro idioma, cantar” es una acción específica que no incluye, ni por implicación, la acción de TOCAR instrumentos. Por lo tanto, el verdadero adorador jamás se atrevería a añadir “tocar” a “cantar”, pues comprende que hacerlo sería invalidar el reglamento del Nuevo Pacto sobre el tipo de música ordenado por Dios para su iglesia. Es acatador fiel de la voluntad de Dios. Su empeño es ser encontrado por Dios como “verdadero adorador”. Lo que piensen otros adoradores, se inventen o hagan, siguiendo sus propios criterios o antojos, no lo induce a desviarse por tangentes que agraden a los hombres pero no al Dios que ha expuesto su propio criterio sobre el adorador que desea hallar. No busca los aplausos de “adoradores” que se alaben a sí mismos, que se ensalcen los unos a los otros, que instiguen los unos a los otros a imitar a artistas mundanos, que provoquen a excesos descabellados de extasía carnal, sino que busca la aprobación de Dios.

“Cantar1. (Del lat. cantāre, frec. de canĕre). intr. Dicho de una persona: Producir con la voz sonidos melodiosos, formando palabras o sin formarlas.” (Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.)

(1)  Dominar el idioma griego antiguo no es requisito para que el verdadero adorador tribute a Dios adoración “en espíritu y en verdad”. Los eruditos en aquel idioma nos han dado traducciones conforme a su gran preparación académica y saber. Según ellos, “CANTAR” es lo que ordena el Espíritu, y cantar es lo que hace el verdadero adorador, no añadiendo instrumentos musicales.

(2)  Pero, si el verdadero adorador desea profundizar en materias lingüísticas relacionadas con la música en la iglesia, y tiene “inteligencia espiritual” (Colosenses 1:9), y sabe acomodar “lo espiritual a lo espiritual” (1 Corintios 2:13), y está conciente del peligro de judaizar (Gálatas 5:1-4), sus estudios adicionales solo servirían para confirmar el que los traductores no han fallado. Confirmaría que “cantando, cante, alabando al Señor en vuestros corazones”, es, efectivamente, la única ley de música ratificada en el Nuevo Testamento. Verificaría que ado, yallo y yallontes no pueden tener otro significado en el Nuevo Testamento sino el de cantar.

3.  Problemas enormes, con ramificaciones muy complicadas, crea todo aquel que tome la siguiente posición doctrinal: “En el Nuevo Testamento, yallontes y yallo significan exactamente lo que significaban en el Antiguo Testamento: cantar salmos, acompañándolos con instrumentos musicales, pero también teniendo la opción de cantar algunos, si quisiera, sin tocar instrumentos”. El que sostiene confiadamente, y aun obstinadamente, esta posición doctrinal…

a)  Efectivamente, se hace más erudito, sabio y entendido en ciencias lingüísticas exactas, frecuentemente complejas y difíciles, que los traductores de las versiones más autoritativas de la Biblia.

b)  Además, para los efectos, el tal declara “defectuosos, incorrectos, deficientes”, los billones de ejemplares de las versiones de la Biblia, comúnmente tenidas por más correctas, los que circulan en el mundo entero.

c)  En adición, le incumbiría enseñar algo de griego y hebreo a cada creyente que quisiera ser verdadero adorador, o publicar y repartir en todo el mundo una nueva versión del Nuevo Testamento, en la que aparecieran las traducciones que los defensores de la música instrumental en la iglesia aseguran ser las correctas. Por ejemplo, Efesios 5:19 leería, según ellos: “Cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, y tocando instrumentos musicales en acompañamiento”.

d)  Afortunadamente, los traductores de las versiones reconocidas, universalmente, como las más correctas, concuerdan en sus traducciones de la terminología griega, la que especifica el tipo de música ordenado para la iglesia conforme al Nuevo Testamento. De modo que dejamos a los defensores de la música instrumental en la iglesia con sus dilemas, siempre deseando que cambiaran de convicción.

B.  En el Nuevo Testamento, no se encuentra ejemplo de cristiano o congregación alguna que tocara instrumentos mientras cantara himnos, salmos o cánticos espirituales.

1.  En el libro Hechos de Apóstoles, como también en las epístolas inspiradas dirigidas a iglesias o individuos, se encuentran directrices, o ejemplos, aleccionadores en torno a acciones tales como orar, celebrar la cena del Señor, predicar, enseñar y ofrendar. No se exceptúa la acción de cantar himnos, salmos y cánticos espirituales. Dado este patrón de revelaciones, si la iglesia del Siglo I, instruida por el Espíritu Santo, organizada y puesta en marcha por los apóstoles, no solo cantaba sino también tocaba instrumentos, esperaríamos hallar en los escritos inspirados, siquiera un solo ejemplo, claro e irrefutable, de su práctica. Pero, ¡no existe ninguno! ¡Ni alguna leve implicación o insinuación! Tan fácil hubiese sido haber presentado el Espíritu Santo algún ejemplo de música instrumental en alguna congregación, aludirse a algún cristiano que tuviera “el don de tocar el arpa”, emitir alguna regla que autorizara el uso de instrumentos. Pero, ¡nada! El apóstol Pablo exhorta a Timoteo “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos” (2 Timoteo 4:13). Si hubiese añadido: “y no te olvides traerme el arpa, para con ella alabar a Dios y avivar mi espíritu”. Pero, ¡nada! Ninguna mención de instrumentos en culto a Dios en sus escritos. Quien discrepe, citando “la trompeta… la flauta… la cítara” en 1 Corintios 14, descubriría una laguna en su entendimiento del texto, ya que el apóstol no está afirmando el uso de estos instrumentos en el culto sino que los nombra para enseñar que aun las “lenguas extrañas” habladas por algunos cristianos en Corinto deberían comunicar mensajes entendibles. “Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no dieres palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire” (1 Corintios 14:7-9). ¡Tomen nota los pentecostales y demás carismáticos que hablen lenguas jerigonzas, llamándolas “lenguas extrañas” o “lenguas angelicales”, no siendo sus “lenguas” ni las unas ni las otras!  Así que, brillan por su ausencia referencias al uso de instrumentos musicales en la iglesia del Siglo I.

2.  A manera de contrarréplica, se citan Efesios 5:19 y Santiago 5:13 como ejemplos de textos bíblicos que evidencien el uso de instrumentos musicales en la iglesia primitiva. Se argumenta que se infiere el uso de instrumentos por el significado que tenían yallontes y yallo en el Antiguo Testamento. Las falacias de esta argumentación ya las descubrimos ampliamente. Tratándose de “inferencias”, de acuerdo con las razones presentadas hasta el momento para no tocar instrumentos en la iglesia, sobran razones para inferir que ningún cristiano o congregación del Siglo I los tocara. Esta inferencia se fundamenta en la total carencia de evidencias en el Nuevo Testamento para el uso de instrumentos musicales en las iglesias establecidas por los apóstoles. Tengamos presente el que los únicos apóstoles verdaderos del Señor, aquellos del Siglo I, juntamente con los profetas, evangelistas y maestros dotados de dones espirituales (Efesios 4:11-16), se desenvolvían bajo la supervisión del Espíritu Santo. Por consiguiente, si el Espíritu de Dios hubiese instruido a aquellos “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10-11) a incluir la música de instrumentos en el culto de la iglesia, ciertamente, alguna evidencia fehaciente de ello habría en el Nuevo Testamento. Pero, ninguna existe.

C.  La tercera razón de este grupo de tres también se reviste de gran relevancia e importancia. Consideremos unos datos de la historia cristiana. En los Siglos II, III y IV de esta Era Cristiana, vivieron unos varones eruditos conocidos, identificados por algunos teólogos e historiadores como “los padres de la iglesia”. Aclaramos que no los tenemos como tal, pero entendemos sí que sus aportaciones literarias se revisten de valor por varias razones que no detallaremos aquí. Sus voluminosas homilías en defensa del cristianismo ante los paganos y sus disertaciones doctrinales o exhortatorias ocupan varios tomos. Entre aquellos “padres” figuran Ireneo, Tertuliano, Teodoro, Gregorio y Ambrosio. Una pregunta clave para el presente estudio es la siguiente: ¿En qué idioma componían los “padres” sus escritos? Pues bien, ¡escribían en griego! Se trata de hombres cuya amplia preparación académica se refleja en sus escritos, y cuyo idioma literario, si bien no natal, era el griego. Esto significa que dominaban el griego de su época. Vivían en aquella área del mundo mediterráneo donde se hablaba el griego. Es de suponerse, pues, que tuvieran notables ventajas sobre lingüistas y lexicógrafos de los Siglos XVIII, XIX, XX y XXI, para quienes el griego no fuera su lengua natal, siendo más bien el griego de los primeros cuatro siglos de la Era Cristiana un “idioma muerto” para ellos. Ahora bien, interesante e instructivamente, ¡aquellos “padres” se oponían al uso de instrumentos de música en la iglesia! Hecho más que curioso si los vocablos griegos yallontes y yallo autorizaban, efectivamente, el uso de instrumentos musicales en la iglesia. Suponiendo que yallontes y yallo autorizaran el uso de instrumentos musicales en la adoración, seguramente aquellos “padres de la iglesia”, diestros en el idioma griego, hubiesen enseñado a la iglesia tan importante “verdad doctrinal”. Pero, ¡se oponían al uso de instrumentos en el culto de la iglesia! Se deduce, pues, que para ellos los vocablos yallontes y yallo no autorizaban, ni por implicación, el uso de instrumentos. Vamos a ponernos en sus zapatos. De haber ellos errado en el uso de los vocablos yallontes y yallo, sin duda se hubiesen expuesto al descrédito, aun a la burla de sus contemporáneos. El peso de estos hechos y consideraciones no lo subestima, pensamos, el estudiante imparcial del tema de la música en la iglesia.

 

-Más adelante en esta serie de estudios presentamos los comentarios de los “padres de la iglesia” respecto a la música en la adoración.

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-Parte 3. Comentarios de los "padres de la iglesia" en torno a la música en la iglesia. Su fuerte oposición a la música instrumental en la adoración.

Estudios sobre adorar “en Espíritu y en verdad”

Lista de los estudios que componen esta serie sobre la música en la iglesia

 

  

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