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Adornos, disfraces y extremos en la conducta de humanos


I.  Introducción.

A.  Salutación. Amados hermanos y amigos, este servidor se siente dichoso al tener la oportunidad de adorar a Dios y estudiar su Palabra juntamente con ustedes en este día.

B. “Adornos, disfraces y extremos en la conducta de humanos” es el título del mensaje para hoy.

1.  Básicamente, los seres humanos, tanto varones como hembras, adultos al igual que jóvenes, somos una raza inconforme e insatisfecha, fuertemente inclinada a alterar lo natural, normal y sencillo, ilusionada, supongo, con hacerlo más atractivo, ameno, deseable o excitante.

2.  Impulsados por esta propensión, solemos adornar todo a nuestro alcance. Curiosamente, también disfrazamos no pocas cosas. Los más atrevidos y temerarios de nuestro género se llenan de gran satisfacción, aun de excitación que raya en locura, al participar en, o siquiera observar, actividades llevadas a inauditos extremos estremecedores.

3.  “Contentos con lo que tenemos” no es, en definitiva, el lema del grueso de nosotros los humanos.

II.  Estudiemos nuestro uso de adornos. Decididamente, en este arte dominan las mujeres, superando por mucho a casi todo varón.

A.  Adornamos nuestras casas, patios, oficinas, otros lugares de trabajo, edificios públicos –incluso iglesias, parques, avenidas, calles, puentes, etcétera. Esta observación se hace sin intención alguna de implicar que esta costumbre de “adornar” sea inherentemente mala.

B.  Quienes veneran imágenes, osadamente violando el mandato “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” , también las adornan, poniéndoles vestimentas de “santa” o “santo”, cintas, coronas, collares, cadenas o anillos, usando algunos dueños hasta metales o piedras preciosas. Pero, las imágenes no agradecen sus ornamentos, pues siguen mudas y sordas, incapaces de levantar un dedo o dar un paso, lo cual hace a uno cuestionar sus alegados poderes. Al menos, a mi me hace dudar.

C.  Adornamos nuestra propia vestimenta, particularmente las damas a la suya.

D.  Y la abrumadora mayoría de los seres humanos también adornan su cuerpo físico.


Orissa, India. Bailadora demsa. www.nationalgeographic.com

1.  A extremos pintorescos llevan el arte ciertas tribus de gente autóctona que viven en territorios del Amazonas, de África, de Australia, de Asia, de Norte América e incluso algunas islas del Pacífico, por ejemplo, Nueva Guinea. Figuran entre muchos ejemplos: cubrir todo el cuerpo con lodo o ungüentos de distintos colores, pintar rayas, círculos u otras figuras en la piel, hacer hileras de cicatrices en los hombros, pecho y piernas de mujeres, insertar palitos o huesos agudos en las narices, las mejillas o las orejas y estirar el labio inferior tres pulgadas utilizando un disco de madera para el efecto. ¡Qué lindos se ven! Para ellos sí estas ornamentaciones realzan su atractivo. Certeramente, la belleza es relativa.

2.  El uso de prendas y maquillajes para adornar o embellecer, como se pretende, el cuerpo físico es casi universal. Extremos se registran en algunas culturas donde las mujeres de cierto rango se cargan de collares sobre collares, pendientes, aros, aretes, anillos y brazaletes tanto en los tobillos como en los brazos. En nuestra propia cultura , no pocas mujeres usan tatuajes, anillos en las narices, los labios, las cejas, las mejillas y hasta el ombligo, otras muchas prendas de distintas categorías, pestañas y cejas postizas, más cantidades de maquillaje. Además, tintan el cabello de anaranjado, amarrillo u otros colores exóticos, distinguiéndose también con recortes y peinados extraordinarios. Su obsesión con el cuerpo físico, con lo “in”, con las modas, con la belleza carnal, está plenamente comprobada.

E.  Hablando de belleza y adornos, tímidamente pregunto: ¿cuáles son las tres mujeres más lindas de esta congregación, de esta audiencia? ¿Quiere usted… quiere anotar sus nombres en un papelito?

1.  ¿Acaso cruzara rápido por su mente la hermosa cara y figura de alguna dama en particular? Pero, ¡bendito!, querido hermano, hermana, amigo, amiga: ¡ciertamente no llegamos a este lugar de iglesia para celebrar algún “Concurso de belleza física”! ¡Cuidado con el derrotero de los pensamientos de su corazón!

2.  Aclarando, la belleza física y los adornos externos no determinan, en absoluto, cuáles son las tres mujeres más hermosas de esta congregación, pues para su selección se siguen otros criterios totalmente distintos. Por ejemplo, las mujeres más hermosas de esta iglesia se describen en:

a)  1 Timoteo 2:9-10. “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad.”

b)  También en 1 Pedro 3:1-7. “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.”

(1)  ¿Se da cuenta usted? En estas dos listas, algunas cosas no cuentan para absolutamente nada. Es más: usadas sin moderación , ¡hasta pudieran descalificar! “Adornos de oro… perlas… vestidos costosos… lujosos… peinados ostentosos.”

(2)  En cambio, otras valen para una puntuación alta: usar “ropa decorosa” , vestirse “con pudor y modestia” , ataviarse “con buenas obras” , tener una “conducta casta y respetuosa” , tener el “atavío… interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.

c)  Aplicando estos criterios, repetimos la pregunta: ¿cuáles son las mujeres más hermosas de esta congregación?

d)  En esta ocasión, deseo llamar la atención especialmente a la elocuente, fina y rica conceptuación del “atavío… interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”, pese a que no lo sea delante de los hombres.

(1)  Ornatos para el espíritu, y no para el cuerpo físico. ¡Esto es lo que Dios aprecia en sus criaturas humanas! Ornatos incorruptibles para el espíritu, y no baratos, malos o perecederos.

(2)  Mientras la mente carnal se vanagloria y se enorgullece por los adornos externos del cuerpo físico, el espíritu ataviado con los hermosos atributos incorruptibles divinos se torna “afable y apacible”, granjeando “grande estima delante de Dios”.

-“Afable. (Del lat. affabĭlis ). adj. Agradable, dulce, suave en la conversación y el trato.” Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

-“Apacible. (De aplacible ). adj. Manso, dulce y agradable en la condición y el trato. 2. De buen temple, tranquilo, agradable. Día, viento apacible.” Microsoft® Encarta® 2007. © 1993-2006 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

(3)  Mujer de “espíritu afable y apacible”. ¡Qué hermosa! ¡Qué dulce y agradable! Ella es quien gana nuestro “Concurso de belleza”, con tal de reunir también los demás atributos deseables, pues, aunque su físico exterior carezca de “atractivo” según criterios humanos, su espíritu pulsa con la luminosidad y el poder de cualidades celestiales, haciéndola más angelical que terrenal.

(4)  Ahora bien, esto de “ornatos incorruptibles para el espíritu” es tan aplicable al varón como a la mujer. Así que, varón de “espíritu afable y apacible”, ¡qué apuesto es! ¡Qué elegante! De gentil disposición, agradable en la condición y el trato, de buen temple, tranquilo. Quizá no le califiquen de “guapo” o “pollo” al mirar su físico exterior, mas no obstante su apariencia corporal, traspasa el velo de su carne su espíritu resplandeciente, inteligente y robusto, impactando, atrayendo, imponiendo.

-Según las Sagradas Escrituras, ni Jesucristo (Isaías 53:2) ni el apóstol Pablo (2 Corintios 10:10) eran bien parecidos. Sin embargo, encabezan la lista de las personas más influyentes de todos los tiempos –del pasado y del presente.

3.  Querida dama, doncella, varón joven o adulto, ¿ con cuántos ornamentos incorruptibles para su espíritu cuenta usted hasta la fecha?

a)  En el instante de partir usted, o yo, de este mundo, no valdrá ni un centavito prieto siquiera un gran baúl lleno de joyas, prendas y adornos, pese a que sean de diamantes, rubíes, perlas u otros materiales caros, o del artificio más ingenioso. Tampoco tendrá valor alguno cualquier otro bien material, y la apariencia física, cual sea, desaparecerá para siempre al disolverse el cuerpo carnal en polvo de la tierra.

b)  Por consiguiente, toda persona que se gloría solo o mayormente en adornos externos, acumulándolos y atesorándolos, o que se gloría en la belleza física y las apariencias materiales, en el instante de fallecer su cuerpo mortal quedará reducida a espíritu sin sustancia o valor, desinflado, vacío, triste condición a evitarse a toda costa, pues trae consecuencias verdaderamente indecibles.

F.  El Espíritu de Dios nos enseña claramente las dos cosas que debemos adornar. La primera ya sabemos cuál es: el espíritu de uno mismo. La segunda es “la doctrina de Dios”. “No defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador(Tito 2:10). ¿Cuáles ornamentos traigo que “adornen la doctrina de Dios” , sinónimo del evangelio? ¿Traigo cualidades y prendas morales que llamen atención al evangelio, haciéndolo más recomendable al inconverso? ¿Cómo “adornar” esta “buena doctrina” (1 Timoteo 4:6) de Cristo (Hebreos 6:1) si no la conozco o no la obedezco?

III. Peculiaridad casi exclusiva de nuestra raza perennemente inconforme, inquieta y bastante traviesa es el uso de disfraces, incluso máscaras. En este arte del “disfraz”, los antiguos actores griegos y romanos se sobresalían en dramas muy populares celebrados en teatros y coliseos a través de sus territorios. Esto, según la historia. Aún se utilizan máscaras y otras prendas de la misma categoría para algunas celebraciones o actividades de matices religiosas tales como: Halloween, o sea, víspera de Todos los Santos, Carnaval, fiestas patronales en honor al “protector escogido por un pueblo o congregación”, cultos a diosas o dioses autóctonos, sesiones espiritistas, etcétera. Desde luego, el disfraz sirve como efectivo medio para encubrir identidades verdaderas, pero valerse de esta medida en situaciones comprometedoras puede resultar perjudicial en extremo, acarreando daños personales y peligros aun de muerte física o espiritual, tanto para el usuario como para el engañado.

A.  Hablando de “extremos” en el contexto de “disfraces”, alguien me contó de un hombre y una mujer que se casaron, siendo cuarentones los dos, y un poco estropeados ambos por los años y los golpes de la vida. Con todo, el varón, antes de casarse, estaba muy ilusionado con su preciosa novia, ya que ella vestía bien, hasta de manera seductora en ocasiones, y lucía una cara alegre bastante atractiva. Pues, contentísimos, contrajeron nupcias, pasando luego las próximas tres horas en la recepción, comiendo, bebiendo y bailando. Por fin, se fueron para el hotel, y subieron al “suite de luna de miel”. Ya ebria aquella mujer, habiendo tomado demasiado vino y champaña, primero se quitó el traje de boda. Prácticamente inconsciente de sus acciones, procedió a quitarse la peluca, luego sus aretes y pendientes, enseguida las pestañas y cejas postizas, entonces todo su maquillaje, y terminó sacando de su boca la caja de dientes postizos. Observándola cada vez más atónito el esposo, ¡de repente sacó un grito espantoso y se desmayó! ¿Verdad que las máscaras pueden surtir efectos improvistos e indeseables?

B.  Más nos vale ser transparentes en esta vida, no engañando ni siendo engañados. ¿De acuerdo? ¿Cuán transparente soy yo ante el público, ustedes, la iglesia, mi esposa, mis hijos? Pensaba incluir a Dios en la lista, pero siempre soy “transparente” para él , ya que su mirada penetra todo disfraz, toda máscara. Mi espíritu, al igual que el suyo, está desnudo ante él. ¿Qué está viendo él en mí? ¿Muchos, pocos o acaso ningún ornato incorruptible?

C.  Los falsos apóstoles” y “obreros fraudulentos… se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia ; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:13-15). A esta realidad obedece el mandato del apóstol Juan: “Amados, no creías a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). ¿Está usted capacitado para discernir entre el “buen ministro de Jesucristo” (1 Timoteo 4:6) y el lobo rapaz que se viste de oveja (Mateo 7:15)? Posiblemente de ello dependa su salvación eterna, dado que aparecen los “engañados” en textos y contextos bíblicos nada alentadores respecto a la posible salvación del alma.

D. El hipócrita viste el disfraz de “santo sincero”, el altanero se pone el de “siervo humilde”, y así sucesivamente, tantos son los disfraces o máscaras religiosas, sociales, psicológicas, sentimentales, y por qué no decirlo, también “políticas”,  que solo hemos tocado por encimita el tema. El meollo del asunto es que seamos abiertos, francos y transparentes, conduciéndonos “con sencillez y sinceridad” (2 Corintios 1:12) en esta vida, pues claro está que ningún disfrazado será admitido a la presencia de Dios.

IV.  En el tiempo tempestuoso que nos toca vivir, está revolcando segmentos grandes de la población una manía alarmante, a saber, la de alterar drásticamente todo lo natural o normal. Los afectados por esta especie de locura llevan todo cuanto puedan a extremos descabellados, propulsados, así lo percibimos, por el fiero afán insaciable de experiencias cada vez más excitantes, intensas, exageradas, extrañas, anormales, contranaturales. “¡EXTREMO!” es el vocablo que dilata esta “manía”.

A.  “Deportes al extremo” (“Extreme sports), “Máquinas al extremo” (“Extreme machines”), “Ingeniería al extremo” (“Extreme engineering”), “Tiempo al extremo” (“Extreme weather”), “Transformación al extremo” (“Extreme makeover”). A lo cual podemos añadir: “Crudeza, vulgaridad, obscenidad, drogas, violencia, sexo y entretenimiento a extremos” vistos solo en las etapas más depravadas de la historia humana.

B.  El mundo de hoy todavía no presencia condiciones o eventos verdaderamente extremos. Los verá cuando sean derramadas sobre la tierra “las siete plagas postreras; porque en ellas se consuma “la ira de Dios” (Apocalipsis 15:1). Cuando ocurra “un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apocalipsis 16:18). Cuando “las ciudades de las naciones” caen (Apocalipsis 16:19). Cuando cae “del cielo sobre los hombres un enorme granizo” cuyo peso es de unas 75 libras (Apocalipsis 16:21). Lastimosamente, estos verdaderos “extremos”, tal cual el Diluvio en el tiempo de Noe, lanzarán a la perdición eterna a los impíos y recalcitrantes aficionados del “extremismo pervertido”.

V.  El llamado de Dios es a la cordura, la templanza, la serenidad, el amor a la verdad, a lo bueno; que vivamos en armonía con sus leyes naturales, morales y espirituales; que procuremos ornamentos incorruptibles para nuestro espíritu y su “doctrina” ; que seamos sinceros y transparentes, “irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15). ¿Qué le parece responder positivamente a su llamado en este día, en esta hora, en este lugar? ¿Cómo? Con resolución y valentía espiritual, poner su fe en él, arrepentirse de sus pecados, lamentando y llorándolos, pararse y caminar hacia el frente, confesar delante del público el nombre del Señor, luego bautizarse, es decir, sumergirse en agua “para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). Estamos aquí para recibirle y asistirle.

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