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"Querida dama cristiana, ¡usted puede ser una maestra preparada, activa y eficaz!"
I. Introducción.
A. Queridas y respetadas hermanas de la iglesia de Cristo, ustedes hacen acto de presencia en esta ocasión motivadas, se deduce, por el deseo de mejorar sus aportaciones a la obra del Señor en la tierra, y les felicitamos por tan noble propósito.
B. El tema de esta conferencia es el siguiente: "Querida dama cristiana, ¡usted puede ser una maestra preparada, activa y eficaz!"
C. En la actualidad, ¿cuántas de ustedes funcionan como maestras en alguna congregación?
D. ¿Cuántas de las damas cristianas presentes anhelan, con toda sinceridad, ser maestras bien preparadas, activas y eficaces?
E. Al escuchar la palabra "maestra", ¿qué visión se forma en su mente?
1. ¿Visualiza, enseguida, a una mujer frente a un grupo de niños en un salón del lugar de reunión de la congregación?
2. Si esta escena es la única que se materializa en su visión de "maestra cristiana", entonces, a nuestro parecer, su visión es demasiado reducida, muy corta, sumamente limitada, restringida, de poco alcance.
a) Comparativamente, pocas mujeres cristianas reúnen las calificaciones para funcionar como diestras maestras en los salones de la "escuela bíblica" de la iglesia, imponiendo disciplina, impartiendo enseñanzas de tal manera que los niños y adolescentes aprendan, se apliquen lo aprendido y se acuerden de ello mucho tiempo después.
b) En cambio, la mayoría de las damas de la iglesia pueden prepararse, si tienen el deseo y ponen el empeño, para servir como maestras competentes en lugares y circunstancias fuera del local de la iglesia. Esta conclusión descansa en investigaciones sobre el rol de la mujer cristiana en el Reino espiritual, según lo definen las Sagradas Escrituras, pues, conforme a nuestros estudios, hay muchas clases de maestras cristianas, y no una sola, y muchos lugares donde enseñar.
c) La visión de este servidor de "maestra cristiana" no se limita al salón de la escuela bíblica sino que abarca unos cuantos ministerios adicionales. Quisiera comunicarles esta visión, humildemente suplicando que la hagan suya y que, de encontrarla acertada y meritoria, la compartan con otras cristianas. Tengo a bien descubrir los aspectos principales de la visión mediante seis interrogantes sencillas que cada participante en esta conferencia anotará, contestando cada una objetiva y concienzudamente.
II. La primera interrogante: "¿Cuáles son mis verdaderas calificaciones para maestra?"
A. Su auto evaluación honesta se fundamenta en el desglose y el análisis imparcial de sus atributos espirituales, talentos, personalidad, conocimiento, preparación académica, etcétera. Es preciso distinguir entre los que piense tener y los que tiene en realidad, entre los ficticios o imaginarios y los reales, pues no conviene que se engañe a sí misma, creyéndose calificada, cuando la verdad es lo contrario. Al hacerse una auto evaluación objetiva, podrá usted descubrir sus puntos fuertes, como también los débiles. Este procedimiento es de gran importancia en el proceso de su preparación. La auto evaluación cubre, entre otros, los siguientes factores:
1. Su edad.
2. Su reputación (testimonio) como cristiana.
3. Su fidelidad y responsabilidad como miembro de la congregación. ¿Asiste a todos los cultos, no faltando nunca a menos que sea por enfermedad u obligaciones de su trabajo secular? ¿Ofrenda generosamente? ¿Respalda las actividades evangelísticas y benévolas de la iglesia?
4. Su estado social (soltera, casada, divorciada, dos o más matrimonios).
5. Su conocimiento de las enseñanzas bíblicas. ¿Qué tan amplio?
6. Su preparación académica. Su dominio del idioma es de vital importancia. ¿Se expresa con soltura?
7. El alcance de su conocimiento y entendimiento de la naturaleza humana en todas sus múltiples y complicadas manifestaciones.
8. El alcance de su experiencia en el arte de la pedagogía eficaz (la ciencia de impartir instrucción).
9. Los rasgos particulares de su propio carácter que resultan en afinidades naturales con las personas a quienes impartiera instrucción espiritual.
a) ¿Es usted extrovertida o introvertida?
b) ¿No hace acepción de personas? ¿Se parcializa con las personas de una raza en particular, de un rango social o preparación académica particular?
c) ¿Padece usted de algún defecto de personalidad? El ocho por ciento, quizás más, de la población sufre esta clase de aflicción. Entre los defectos de personalidad se identifican los siguientes: impulsivo, volátil, incapaz de sostener relaciones sociales estables; agresividad social (beligerancia hacia los demás), depresión severa, narcisismo (excesivo amor hacia su propia persona), dependencia exagerada, compulsivo-obsesivo; rigidez, perfeccionismo; esquizofrenia, etcétera. Quien tenga algún defecto notable de esta índole ¿cómo podrá ejercer exitosamente el ministerio de enseñar temas espirituales?
10. Sus talentos o dones particulares. ¿Es usted creativa? ¿Tiene la habilidad de ilustrar enseñanzas mediante dibujos, figuras, objetos apropiados, transparencias, cartulinas, etcétera? ¿Es dinámica en la comunicación, entusiasta, espontánea?
B. "¿A quiénes puede enseñar?" Habiendo apuntado y evaluado sus calificaciones particulares, tomando en cuenta también sus puntos débiles, el próximo paso es el de identificar y analizar los distintos grupos de personas a quienes pudría instruir.
1. Este procedimiento es parte de su preparación.
a) ¿A qué clase de grupo de personas quiere enseñar? Identificar las características del grupo. Por ejemplo, niñas de ocho a once años de edad, adolescentes, universitarias, madres solteras, madres casadas que trabajan en lo secular. ¿Por qué siente afinidad con el grupo identificado? ¿Por qué se considera apta para instruirlo? ¿Qué puede ofrecer usted al grupo?
b) Para que se prepare adecuadamente y funcione bien como maestra, es importante que tenga conocimiento de todos los grupos que necesitan instrucción espiritual y que escoja sabiamente entre ellos.
2. A continuación, identificamos algunos grupos que la mujer cristiana puede enseñar:
a) Los niños de un año hasta cuatro años de edad.
b) Los párvulos (de cinco a nueve años).
c) Los adolescentes (de diez a quince años).
d) Las señoritas de dieciséis a veintidós años, incluyendo universitarias, que aún residen con sus padres o familiares.
e) Las señoritas adultas jóvenes, de veintidós a treinta y cinco años de edad, que se han independizado de sus padres o familiares, trabajando en lo secular, viviendo en su propio hospedaje, apartamento o casa.
f) Las mujeres adultas jóvenes de veintidós a treinta y cinco años. Integran esta categoría al menos seis grupos distintos, a saber:
-Las casadas;
-Las no casadas que tienen hijos;
-Las divorciadas;
-Las víctimas de maltrato conyugal.
-Las que conviven.
-Las que se han casado más de una vez.
g) Las mujeres maduras (de treinta y seis a cincuenta y cinco años de edad).
h) Las mujeres mayores de edad (de cincuenta y seis a noventa años).
i) Las candidatas para "maestra" de las clases bíblicas ofrecidas en la congregación.
(1) Las candidatas para "maestra de niños, adolescentes o señoritas".
(2) Las candidatas para "maestra de las mujeres".
3. Ejemplo No. 1. La Hna. Gloria tiene veinticuatro años de edad y es soltera. Ella es fiel miembro de la iglesia, muy inteligente y goza de buen testimonio. Tiene un bachillerato en ciencias sociales y filosofía. Pretende instruir y preparar a un grupo de cuatro hermanas maduras para que estas puedan cumplir cabalmente la encomienda de Tito 2:3-5, según la cual las ancianas deben enseñar a las mujeres jóvenes muchos principios morales, sociales y espirituales. ¿Califica la Hna. Gloria para instruir y preparar al grupo que ha seleccionado? Dados los hechos de su vida, ¿ha hecho ella una selección práctica y sabia?
4. Ejemplo No. 2. La Hna. Diana tiene treinta y cuatro años de edad, es casada y tiene tres hijos. Hace doce años que pertenece a la iglesia y todos los miembros la tienen en alta estima por su conducta intachable, como también por su conocimiento amplio de la Biblia. Antes de arrepentirse y bautizarse, llevaba una vida gravemente extraviada. Consciente de que muchas mujeres jóvenes están sumidas en esa vida vil, siente una gran preocupación por ellas y nace en su corazón el deseo de enseñarles el verdadero camino de la vida. ¿Califica la Hna. Diana para tal ministerio?
5. Conclusión: la mujer cristiana perspicaz y espiritual sabrá seleccionar sabiamente a las personas a quienes impartirá instrucción espiritual. Hará una selección práctica. Siempre tomará en consideración sus propias calificaciones. Si se trata de un grupo de personas, examinará las características y las necesidades de la colectividad, como también las de cada integrante.
III. La segunda pregunta: "¿Cuáles temas puedo enseñar?"
A. Hay dos categorías principales de temas:
1. Doctrinal (por ejemplo, la abolición del Antiguo Testamento, el establecimiento de la iglesia, el bautismo, el Milenio).
2. Moral (las normas de conducta).
3- Siempre y cuando tenga las calificaciones y haya hecho la necesaria preparación, la mujer cristiana puede enseñar casi todos los temas que pertenecen a estas dos categorías.
4. Ya que hay centenares de temas, quizás aun miles, en estas dos categorías, lo recomendable es especializarse en algunos, específicamente en los que tienen especial interés para usted y relevancia para las personas que le escucharan. Desde luego, en la Biblia hay temas fundamentales (por ejemplo, el plan de salvación) que toda mujer cristiana debe entender perfectamente y poder exponer con lucidez y persuasión.
B. En cuanto al criterio para la selección de temas específicos, conviene que el mismo sea altamente práctico.
1. "¿Domino a perfección el tema que pienso enseñar?" El deber de todo maestro es dominar a perfección, y no a medias, los estudios o cursos que ofrece.
2. "¿Responde este tema a las necesidades espirituales de las personas que lo escucharán?"
3. "¿Es, de veras, importante, edificante y bíblico este tema?"
C. Usted se prepara para la pedagogía espiritual identificando los temas bíblicos y morales de mayor importancia para las personas que le escucharán, seleccionando con cuidado el tema específico que presentará y estudiándolo hasta saberlo a perfección.
IV, La tercera pregunta: "¿A cuántas personas puedo enseñar a la vez?" La respuesta: de una sola persona a treinta, o más. Para actividades especiales tales como esta conferencia, la maestra capacitada puede enseñar a más de treinta personas a la vez, siempre y cuando reúna los atributos y talentos necesarios.
A. ¿Vale la pena instruir a una sola persona? Es posible que algunas damas respondan en lo negativo. "¿Enseñar yo a una sola persona? No voy a perder mi tiempo." Pero, amada hermana, analícelo bien: la instrucción de "tú a tú", es decir, cara a cara con una sola persona, suele ser la más eficaz y productiva.
1. Visualícese en este preciso momento como maestra en presencia de un solo miembro de la congregación que necesita, urgentemente, que alguien le brinde socorro espiritual. El alma en peligro puede ser una hermana que ha perdido su primer amor por Dios y su iglesia, enfriándose y apartándose del Señor. O puede ser una jovencita de la iglesia que está sufriendo serios trastornos emocionales. O pongamos que se trata de una hermana cuyo matrimonio está a punto de desmoronarse. O acaso algún miembro angustiado por una prueba fuerte que amenaza con derrotarlo.
a) Cara a cara con la preciosa alma en peligro, una sola alma solitaria al borde de perder la vida eterna, usted le brinda todo su apoyo espiritual, concentrando todos sus poderes de maestra y consejera cristiana en ella.
b) A su vez, la persona presta a usted toda su atención, pues no hay terceras que interrumpan o distraigan.
(1) De cierto, la relación de "tú a tú" es muy delicada por ser más íntima que la relación menos personal que caracteriza grupos.
(2) Es comprensible que algunas mujeres cristianas, por lo sensible de su psiquis y espíritu, esquiven este tipo de relación, encontrando el acercamiento demasiado personal, temiendo descubrir los defectos de su propio ego o sus propias debilidades espirituales.
(3) Pero, si actúa usted, hermana, con valor, valiéndose con sabiduría celestial de las oportunidades únicas que ofrece tal relación, puede que logre la restauración de la hermana extraviada, la estabilización emocional de la jovencita afectada, la salvación del matrimonio tambaleante o el fortalecimiento del cristiano angustiado, agobiado y a punto de rendirse. Usted se dedica a enseñar y orientar a una sola alma. El fruto excelentísimo del esfuerzo concentrando en un solo ser es la eterna salvación de su alma. Su obra, lejos de ser pequeña o despreciable por tratarse de una sola persona, será registrada, lo afirmamos confiadamente, como "exitosa y grande" en los libros de Dios, y recibirá usted en aquel día la recompensa que el Todopoderoso otorgará a las mujeres que "ganan para sí un grado honroso", aplicadas las palabras de 1 Timoteo 3:13 no sólo a los diáconos sino a todo obrero competente, incluyendo a las cristianas que hacen obras valiosas que perduran.
2. Visualícese en este momento como maestra sentada frente a una sola persona inconversa a quien impartirá la Palabra de vida.
a) La "persona" en cuya presencia se encuentra usted, una sola persona, puede que sea alguien de su familia, una vecina, una amiga o cualquier alma deseosa de aprender el camino de la salvación.
b) La "persona" puede ser joven, adulta, madura o anciana.
c) Si usted instruye correctamente a la persona y ella obedece al evangelio, ¿qué ha logrado usted? ¿Un fruto insignificante por tratarse de una sola alma? ¡Absurdo! Usted habría logrado lo que tal vez pocas mujeres en esta asamblea hayan experimentado: ¡salvar una preciosa alma de eterna condenación!
d) Este servidor alberga la fuerte impresión de que muchas damas cristianas están perdiendo incontables oportunidades para evangelizar a más personas porque desestiman la idea de enseñar a una sola persona a la vez, error mayúsculo que también cometen sus contrapartes, los varones cristianos.
e) ¿Hay cien damas cristianas presentes para esta conferencia? De enseñar cada una y traer al Señor, durante este año, a una sola persona, ¡cien almas quedarían rescatadas del infierno! ¡Cien almas serían salvas! ¡Cien almas serían añadidas a la iglesia! Tremenda obra a favor de las almas extraviadas. Apliquemos el mismo concepto a la edificación espiritual. Cada hermana de esta hermosa asamblea de cien damas, instruye, orienta y ayuda a crecer espiritualmente a un solo hermano, a una sola hermana o a un solo joven de la iglesia durante los próximos doce meses. ¿Cuántos miembros reciben edificación? ¡Cien cristianos son edificados! Toda la iglesia se beneficia. Almas se fortalecen. Se renuevan ánimos. Se escapan del castigo eterno algunas almas que se deslizaban. ¡Gran obra realizada! Y todo porque cada hermana se preocupa, no por enseñar siempre a un grupo nutrido de almas, sino por una sola alma.
B. "¿A cuántas personas puedo enseñar a la vez?" Hay muchas opciones. A una sola, como acabamos de estudiar. También a más de una. Referente a enseñar a grupos, considere las observaciones siguientes:
1. Mientras más pequeño el grupo, más eficaz y productiva será la enseñanza.
a) Visualícese en este momento como maestra frente a un grupo de solo tres personas.
(1) Puede que sean tres hermanas recién convertidas, tres madres jóvenes frustradas y descorazonadas por el comportamiento notablemente negativo de sus hijos pequeños o tres personas que no han obedecido al evangelio.
(2) Se trata de solo tres personas. Pero, si usted fortifica mediante sus excelentes instrucciones espirituales la fe de las tres recién convertidas de tal manera que siguen perseverando, si cambia las actitudes de las tres madres jóvenes, si convierte aunque sea a una sola de las tres inconversas, grande y preciosa delante de Dios será su obra.
2. Mientras más grande el grupo, más difícil será comunicar a cada integrante la materia preparada, lograr que todos presten atención durante todo el estudio y asegurar que cada uno se beneficie del estudio, poniendo por obra la enseñanza impartida.
a) Visualícese en este momento como maestra frente a quince mujeres.
b) No todas tienen el mismo entendimiento o capacidad intelectual. Algunas están interesadas en su clase; otras, no. Algunas susurran entre sí. Otras hacen comentarios pueriles o fatuos. En ocasiones, discuten entre sí. Exteriorizan toda suerte de emoción.
c) Solo una maestra bien capacitada puede manejar eficazmente tal grupo, imponiendo la disciplina, manteniendo un alto nivel de espiritualidad y produciendo resultados positivos.
d) Desde luego, hay temas que se prestan para grupos. La dinámica de grupos, controlada y canalizada, puede resultar positiva para el crecimiento espiritual de los participantes. El intercambio de ideas, opiniones, interpretaciones distintas, etcétera puede ser bastante edificante, sirviendo para explorar el tema al máximo y hacer aplicaciones prácticas, despertando más interés y deseo de madurar. Con todo, comparativamente, pocas mujeres llenan los requisitos para enseñar efectivamente tales grupos o clases. En cambio, muchas hermanas pueden prepararse al grado de enseñar a una sola persona a la vez, o tal vez a un grupito de dos o tres. Estas realidades nos llevan a la tercería observación, a saber:
3. Para la mujer cristiana, la mentalidad de siempre proyectarse como maestra frente a grupos nutridos de personas es contraproducente, tanto para la obra de la mujer en la iglesia, como para el crecimiento espiritual y numérico de la iglesia, y, por ende, para la obra evangelística del Señor en la tierra. Es la mentalidad de "no voy a enseñar a nadie si no puedo enseñar un grupo nutrido".
a) En términos de frutos para el Señor, la mujer que enseña a una sola persona persuadiéndola a obedecer al evangelio, produce más que la mujer que enseña a un grupo de quince, pero sin lograr conversión alguna.
b) La mujer que instruye a un grupito de dos o tres, obteniendo verdaderos cambios en sus vidas, produce más que la mujer que enseña a un grupo de treinta, logrando solo cambios superficiales y efímeros.
d) Desde luego, la maestra que enseña a un grupo de treinta logrando cambios importantes en la mayoría, produce más que la maestra que enseña y hace cambiar a solo dos o tres. Pero, ¿cuántas maestras son capaces de tal hazaña con un grupo de treinta y cuántos grupos grandes responden tan positivamente?
e) En resumen, el punto clave que quisiéramos que todas graben en su mente es este: cuando de la instrucción espiritual se trata, ustedes, las damas cristianas, no deben limitar su visión o su acción solo a la enseñanza de grupos numerosos sino reconocer la importancia y la eficacia de la enseñanza de "tú a tú" o en grupos pequeños.
C. Usted, estimada hermana, se prepara mental y sicológicamente para la noble tarea de la pedagogía espiritual, ajustando sus propias actitudes y conceptos sobre cuántas personas puede enseñar a la vez, a las realidades y normas que acabamos de considerar.
V. La cuarta interrogante: "¿Dónde puedo enseñar?"
A. De llenar los requisitos, y si los ancianos o los dirigentes de la congregación le nombran, puede enseñar en los salones del lugar de reunión dedicados a estudios bíblicos. Al no contar su congregación con salones de esta categoría, las clases bíblicas pueden llevarse a cabo en la sombra de un árbol o en cualquier otro lugar que se preste, aunque no sea lo más adecuado o cómodo.
1. Es sabio aprovechar al máximo las facilidades de la congregación, haciendo que lo invertido sea justificado.
2. Pero, sin restar nosotros importancia a las facilidades, pues tal no es nuestra intención, le animamos a tener en cuenta lo siguiente: limitar su radio de acción como maestra cristiana solo al lugar de reunión significa perder muchas oportunidades para impactar las almas a su alcance con el poder transformador del evangelio. Abra sus ojos a las posibilidades, a las opciones. Seguramente, habrá otros lugares donde usted puede ejercer el rol de maestra.
B. Su propio hogar.
1. Primer ejemplo. Ponemos el siguiente caso hipotético: usted es una mujer joven casada, preocupada y alarmada por el libertinaje que observa en sus hermanas y primas, en las hermanas y las primas de su esposo, en las señoritas de su comunidad, en fin, en casi toda la nueva generación de adolescentes. Algunas ya le tienen confianza; le respetan. Bien sabe usted que si las invita a la iglesia, no es probable que acepten. Pero, ¿qué tal si las invita a su hogar para charlas informales acerca de acontecimientos (maltrato, abusos, violencia contra menores) y circunstancias (drogadicción, prostitución, SIDA, pornografía) morales y espirituales que están haciendo estragos en su propia vecindad, aldea, barrio o pueblo? Mediante el diálogo libre y ameno, se descubren a la luz las preocupaciones y los problemas que aquejan a la juventud, y se discuten posibles soluciones. Su influencia de "sabia consejera" aumenta entre las doncellas. Quizás algunas comiencen a manifestar curiosidad por la congregación a la cual pertenece usted. ¿Se imagina usted algunos frutos de tal actividad en su hogar?
a) En la comunidad donde usted reside, ¡su propio hogar se hace luz en medio de las tinieblas!
b) Quizás recapaciten algunas de las doncellas cambiando su modo de pensar, actuar y ser.
c) Tal vez algunas obedezcan al evangelio y se salven sus almas.
2. Segundo ejemplo. Usted invita a los niños de su comunidad para clases bíblicas en su propio hogar. Conduce la clase con la misma disciplina y responsabilidad que se imponen en los salones del lugar de reunión de la congregación: una hora fija, temas bien seleccionados y presentados, etcétera. Habiendo ganado la confianza, el amor y el respeto de los niños, los invita a la iglesia. Además, cabe la posibilidad de acercamientos a sus padres con la meta de concertar estudios bíblicos o invitarlos a la congregación.
C. En los hogares de familiares, amigas o compañeras de trabajo.
1. Habiendo conseguido la cooperación de los dueños, puede llevar a cabo en los hogares de ellos la misma clase de actividad descrita arriba en los "Ejemplos 1 y 2" de la partida "B".
2. No solo la categoría de enseñanzas de los ejemplos, sino otras también pueden efectuarse en su propio hogar o en los hogares de otras personas.
D. Usted, amada hermana, se prepara para impartir eficazmente la enseñanza espiritual seleccionando juiciosamente el lugar que más se presta para una obra fructífera.
VI. La quinta pregunta: "¿Cómo me preparo?"
A. Primero, es preciso purificar su propia mente y espíritu para la tarea sublime de impartir instrucción espiritual. Lo hace...
1. Cambiando el complejo de la inferioridad mental o espiritual (de afligirle tal complejo) por el espíritu de fe, poder y confianza que el Señor nos infunde.
2. Venciendo el temor y la timidez. "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7).
3. Eliminando el sentimiento de "despreciada" o "arrinconada".
4. Repudiando el espíritu de la dejadez espiritual o de la vagancia.
5. Deshaciéndose de una vez para siempre de la idea según la cual "los hombres de la iglesia son los únicos que pueden enseñar. Así que yo, siendo mujer, no tengo que hacerlo".
6. Refrenando y rechazando en su corazón cualquier impulso de "la vanagloria". ("Quiero ser maestra de una clase para que me reconozcan y me nombren los demás miembros".)
7. Extirpando de su mente y de su subconciencia cualquier intención de utilizar la iglesia o los ministerios espirituales para avanzar la causa de la "Liberación femenina", o cualquier otra agenda social parecida.
B. Habiendo librado su mente y su alma de todo espíritu malo, usted se prepara a sí misma para ser "maestra del bien" (Tito 2:3) haciendo lo siguiente:
1. Se auto motiva (se anima).
a) Usted escudriña y pesa la condición del mundo y de la iglesia, creando conciencia en su propio corazón, llegando a comprender claramente la necesidad apremiante de muchas buenas maestras en la iglesia y en la comunidad.
b) Medita y ora, creándose en su interior el sentido del deber: "Debo enseñar. No debo seguir obviando mi deber." Se hace solidaria del mismo sentimiento que el apóstol Pablo expresó al exclamar: "¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!" (1 Corintios 9:16). También piensa usted: "¡Ay de mí si no enseño el evangelio, aunque sea a una sola persona!"
c) ¿Por qué se dedican pocas hermanas a la enseñanza? Porque la mayoría no siente, en lo más profundo de su ser, la necesidad, la obligación, el deber de impartir instrucción espiritual.
2. Ora. Ora a menudo y con fervor por el ministerio espiritual de la enseñanza que proyecta llevar a cabo.
3. Se consagra para dicho ministerio. Se arma con la convicción de que se requiere su entrega total, inclusive un espíritu de sacrificio.
4. Estudia la Biblia. Concentra sus estudios en los temas que enseñará.
5. Estudia otras fuentes relacionadas de información (comentarios, revistas, folletos, mensajes y estudios grabados, etcétera).
6. Aprovecha los cursos avanzados que ofrecen algunas escuelas de adiestramiento, como también las conferencias o los talleres especiales organizados por congregaciones particulares.
7. Observa y aprende los métodos empleados por maestros exitosos.
8. Se orienta sobre los medios audiovisuales disponibles con el propósito de utilizarlos en sus presentaciones.
9. Analiza las características y las necesidades de la persona o del grupo que escuchará su enseñanza.
10. ¡Entra en acción! Los requisitos para ser buena maestra tienen gran importancia. La planificación y la preparación son indispensables. Pero, toda la empresa se reduce a meras ideas y proyecciones vacías de no tomar usted acción. Para la realización de la visión, el plan, el deseo, el propósito, ¡es preciso implementarlo! La acción se traduce en frutos palpables. La inacción resulta en frustraciones y derrotas. Pues, ¡a enseñar! Solo así, querida hermana, se hace usted "maestra del bien".
VII. La sexta pregunta: "Al enseñar, ¿cuáles deben ser mis metas?"
A. Para usted personalmente, en su función de maestra, las metas deben ser:
1. Dar lo mejor que pueda.
2. No conformarse con ser una maestra mediocre.
3. Ser competente, eficaz y productiva.
4. Presentar estudios interesantes, edificantes y de peso que produzcan verdaderos cambios en los oyentes.
5. Pulirse y perfeccionarse en el ministerio de la instrucción espiritual.
B. Sus metas para los que le escuchan deben ser:
1. Llenarlos de la verdad de Dios.
2. Cambiar vidas.
3. Salvar almas.
C. Fijar metas exactas y realistas para su propia persona en su calidad de maestra y para los que le escucharán es un paso vital en su preparación.
VIII. Conclusión.
A. En muchas de nuestras congregaciones hay una gran laguna: muy pocas de las hermanas funcionan como verdaderas maestras.
B. En muchas de las congregaciones hay una anomalía sumamente preocupante: la mayoría de los miembros son mujeres, pero esta "mayoría" se convierte en "minoría" cuando de la enseñanza espiritual se trata.
C. Por lo tanto, presentamos una petición y un reto:
1. Que las damas de las iglesias de Cristo abran sus ojos y capten una visión de todos los roles que pueden desempeñar en la iglesia, sin violar las restricciones por Dios mismo en 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2.
2. Que las damas cristianas se preparen adecuadamente, que se animen y que se activen, para que no haya esas lagunas en nuestras congregaciones, sino abundancia de obras hechas tanto por las mujeres como por los hombres a favor del crecimiento espiritual y numérico de la iglesia y en bien de las almas perdidas. ¿Cuántas de las presentes dicen "Amén" a esta petición y a este reto?
D. ¿Quiénes son las mujeres más bellas del mundo?
1. No son las modelos o las actrices famosas por su belleza física. No son "Miss Puerto Rico", "Miss Colombia", "Miss Perú" o "Miss Mundo".
2. Son las maestras cristianas eficaces y felices en el desempeño de sus ministerios que lucen escuetamente las virtudes hermosas de Dios y adornan su espíritu de muchas obras excelentes.
Para servirle en el amor de Cristo, Homero.